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viernes, 14 de abril de 2023

The Fabelmans

El filme termina con un encuentro capital, llamémosle así, entre ese amante del cine que es Sammy Fabelman (Gabriel LaBelle) y el legendario John Ford, interpretado por el gran David Lynch. Sammy está haciendo que su pasión se convierta en su profesión, en éste especie de biopic libre sobre el propio director que dirige, el también ya legendario Steven Spielberg, quien será estudiado en el futuro como otro John Ford. Éste encuentro entre el joven Sammy, el joven Spielberg quien ha contado antes la anécdota de éste encuentro, podría ser un cortometraje. En éste pequeño encuentro John Ford ya es gigantesco. Vemos como la cámara pasa revista a los pósters de sus películas y ahí hay una tras otra obra maestra. John Ford, el todopoderoso, éste genio de grave e intimidante carácter, le preguntará dónde se halla el horizonte en los fotogramas de sus películas. Eso será todo lo que dirá, lo que le enseñará, ¿donde pones el horizonte en el encuadre? Esto parece poco, pero ha dicho mucho en realidad. Le ha hablado de hacer arte, es decir, de cómo filmas, cómo debes filmar, cómo vas a conseguir arte, cómo usas la cámara, como plasmas el tiempo, el contexto, a los personajes, la narrativa. Ford le dice con esto que no haga películas aburridas, está plasmando la diferencia de cierta manera entre un cine popular pero artístico y uno arty y minoritario, justamente con ese horizonte, tal cual como si le dijera a Lav Diaz, no dejes morir la cámara en la toma. Aun más, lo interesante, es que cuando el joven Sammy sale de la oficina de Ford, la mismísima cámara de Spielberg o el ojo cinematográfico rápida, inteligente y muy didácticamente pone en juego tres tipos de horizonte y queda más que claro todo lo que ha dicho igualmente de sencillo y clarividente el mítico director. Spielberg hace una película tal cual le ha dicho éste maestro, una película que en dos horas y media jamás aburre, se manifiesta ágil, de dotado ritmo, es cautivante, y aunque hablamos de un especie de biopic se enfoca y sintetiza muy bien momentos capitales en la vida del joven cinéfilo que fue y el futuro cineasta que será. No se dispersará ni habrá sobreabundancia de memorias. Desde el inicio Sammy va desarrollando su pasión por hacer cine, vemos sus progresos y actividades, sus primeros filmes amateurs (obras bélicas, westerns, películas promocionales escolares); así como la marcada influencia de chico y en familia de su primer encuentro con una película, ésta es The greatest show on earth (1952). Ahí descubre algo que lo acompañará siempre de cierta manera en su arte y a muchos directores de cine popular, que el cine recurre mucho a la violencia y al impacto visual, aun tratándose bastante de escenas y secuencias hechas con mucho cuidado y en un cierto orden clásico o amable a la vista. Sammy, con su cámara, detendrá el tiempo, cogerá una experiencia y podrá vivirla un millón de veces, como un tipo de catarsis y puede que hasta una fantasía; vivirá, comprenderá, un lugar para soñar, alucinar y experimentar el mundo, sin provocar ningún daño en su libertad creativa. Esto estará inspirado y escenificado en el descarrilamiento de un tren y el choque con un vehículo deportivo. Otra cosa que acompaña siempre al filme y al protagonista es la familia de Sammy, incluso se dirá directamente que tendrá que escoger entre uno y lo otro. Sammy curiosamente optaría por el cine si habría que escoger, pero nunca deja de sentir compenetración, un fuerte vínculo, con sus padres y hasta con sus hermanas. No obstante es muy indulgente con su madre, la que justifica su honestidad y libertad dentro de una infidelidad y ruptura, como quien no se debe a nadie más que a sí misma, aun siendo egoísta, y diciéndolo y justificando ese egoísmo por el que cree el amor verdadero. Spielberg muestra ésta infidelidad y endiosamiento de la madre muy meticulosamente, arma todo muy lento y claro, se ve venir, se argumenta y queda muy bien, aun siendo discutible. Spielberg llena su filme de mensajes bastante relajados y un poco indulgentes como éste, dentro de hacer un buen cine, muy visual, que no están tampoco mal y hasta son especie de consejos útiles frente a la dureza del mundo, pero la vida puede ser más complicada que lo que deja ver (por decir uno importante, se minimiza el dolor del padre, queda él medio anulado, invisible o en un muy segundo plano), como decir que el fumar marihuana asemeja el caos del mundo y ese relajo que uno debe asumir frente a éste, lo ilustra en la sensación y los efectos de fumar marihuana, lo dice desde la juventud de la imagen. También explica con un evento climático, con un inesperado tornado que persigue su locuaz y medio extravagante madre, como que el mundo no necesariamente tiene un gran sentido o no todo es muy coherente o profundo o implica una razón secreta (como aquellos que suelen decir que todo pasa por algo), da a entender nuestro libre albedrio y nuestra capacidad para decidir de manera simple y práctica, sin esperar demasiado o embrollarse en elucubraciones difíciles y sin salida muchas veces, lo cual es un buen consejo. Así mismo en otro consejo interesante que deja ver éste buen filme, analizando vivir en medio de tanta ruptura y un especie de caos o tener conocimiento de la vida vista como un limbo, no saber por donde ir o qué viene o cómo hacer para avanzar, en reflexión directa sobre el sufrimiento, dice como que hay que aguantar, fluir y esperar, que pase el sufrimiento simplemente, que las cosas naturalmente vuelvan al cause o pasen, y que hay que dejarse estar en el sufrimiento o mejor dicho no pensar en éste, tratar de minimizarlo emocionalmente, todo lo que puede sentirse propio del Zen o el budismo. Tiene muchísima gracia, entretiene bastante, ver la vida diaria de Sammy filmando a sus amigos o compañeros de clase y a estos haciendo de su primer público, durante su época del colegio, o ver cuando se enamora de una chica particular que está obsesionada con Jesús -en plan irónico de Spielberg- y la religión católica, interpretada por la novel, una jovencita muy bella, Chloe East, aun cuando lo de la novia juega a anécdota popular que asumen muchos como propia. Toda la secuencia con ella es de gran belleza y tiene un aire leve cómico muy bueno. Con el típico chico popular del colegio, del tipo deportista, fuerte y galán, Spielberg no se ensaña, más bien parece alentar la popularidad, como quien defiende los íconos, y de paso el cine comercial de autor. Éste chico es un poco patán pero Sammy/Spielberg lo reivindica, aunque el director le da una chiquita, habla con él de falsas expectativas, de tener que buscar llenar los zapatos (particularmente en el futuro) y de un engrandecimiento que puede no tener en realidad o puede perder, por eso en el resumen escolar donde Sammy lo pone como una celebridad él se siente intimado por esa figura que debe llenar. Pero finalmente, al menos, en el colegio, queda de éste chico popular un recuerdo memorable y al fin y al cabo justificado; con esto se trata también de la honestidad de las imágenes, a la que se deben los autores auténticos, aunque es un juego a su vez con los sueños y la ilusión del séptimo arte que se ve en la idealización que logra el ecran con sus historias y en particular el cine de Hollywood, con Spielberg como un gran autor o el mejor de éstas canteras. La ruta -que se ve venir, ante la excesiva confianza con el amigo- de la infidelidad de la madre es seguida muy detallísticamente, es gran parte de la trama. No es que Spielberg esté a favor del divorcio, nadie creo, pero como que lo entiende y toma incluso una posición, la que es muy contemporánea y muy liberal además, con un marido que más parece un cero a la izquierda pero que se dice que es especialmente inteligente (hablamos de un pionero con las computadoras), y a través de quien parece quererse indicar, de Burt Fabelman (Paul Dano), el padre de Sammy, que las emociones priman por sobre lo intelectual, la trascendencia más bien está en las emociones positivas que nos hacen sentir parece decir, también como síntoma de identidad del cine con el que Spielberg trata, le satisface y le hace sentir más y mejor realizado, al que se rinde su manera de ver y hacer el mundo con la gran pantalla. La elección del cómico Seth Rogen es una gran elección, está perfecto en su sencillez formal pero con una gracia cuidada y muy digna. Hay un trabajo de personalidad, de un tipo menos inteligente que Burt Fabelman, pero alguien que hace reír a Mitzy Fabelman (Michelle Williams), por ende la hace feliz, con menos esfuerzo y más naturalidad (y harta empatía), porque se parecen de paso, aun cuando Burt es un buen tipo, pero alguien ya demasiado pasivo y a ratos bastante nulo como pareja (ya no parece noble, sino medio tonto en realidad y es normal muchas veces ser así, inteligente para algunas cosas y todo lo contrario para otras), aunque al menos Spielberg lo hace ver como un padre un poco cómplice (y accesible) de su pasión. Cuando Burt dice románticamente que la madre de Sammy siempre será parte de su vida, aunque es cierto lo que explica (muy dócilmente, demasiado racional o contenido), suena más a telenovela o a melodrama naif (o al típico nerd que parece haber sido). Se endiosa abiertamente a la madre, con una Michelle Williams sobreexplotada, aunque con infaltable carisma y personalidad. No obstante ciertamente se le sobredimensiona, incluso peca de loca light, con mono incluido, literal (y simbólico si bien en ello el tipo luce más tranquilo de lo esperado). El filme como es condescendiente con el chico más popular (que incluye el nombre clásico de su tipo), con Logan Hall (Sam Rechner), hace pagar las culpas al lacayo abusivo, a Chad Thomas (muy bien Oakes Fegley), el chico que parece no tener ningún atributo y es en realidad un parásito y un antisocial. El filme no es tan contundente o no genera tanta empatía con lo judío (como que genera cierta indiferencia), se percibe de baja fuerza, los insultos de ésta clase también son muy manidos, pero Spielberg no lo explota demasiado tampoco, no exagera con éste tipo de empatía fácil, aunque también es, lógicamente, parte de quien es y se comprende siendo aparte una autobiografía, la que finalmente -para bien- es de cierta humildad biográfica. No obstante queda como rasgo de identidad, parte de un conjunto, pero su universalidad funciona mejor, los pasos de un coming of age común o más general, el colegio, la pareja o primera relación, la familia, hasta el tío viajero -de estilo circense- motivador de la profesión, la abuela de pocas pulgas -y visionaria de la realidad-, el amor por el cine que está por todas partes. Lo del matrimonio y la infidelidad es temática a lo Ingmar Bergman pero desde el estilo y el cine popular de autor made in Steven Spielberg o el mejor Hollywood moderno o el mejor cine popular americano, totalmente Spielberg, asumiendo una historia de relaciones afectivas pero de manera bastante dinámica y muy actual, llena de belleza aun en el dolor, dueña de una poética relajada y una mirada en pos del entendimiento de lo femenino con la madre como centro del universo (aunque se trate de la mirada de un hijo y no de un marido). Es un filme notable de entretenimiento, donde aunque muchos pueden creerlo algo narcisista por ser la vida del propio director, éste ha hecho una historia atractiva para muchos, una historia universal, que se puede leer independientemente, y aun así suena interesante que sea la vida de tremendo director y maestro. 

jueves, 21 de septiembre de 2017

Certain Women

El cine minimalista y de lo cotidiano, de lo pequeño y sutil, de la directora indie Kelly Reichardt adapta 3 cuentos de su compatriota la escritora Maile Meloy. En la primera historia Laura Dern es la abogada Laura Wells, mujer solitaria que tiene un affaire con un hombre casado. Tras el encuentro sexual, mimos femeninos y mucha despreocupación, ella se topa con un terco cliente, Fuller (un estupendo, muy natural, Jared Harris), que necesita dinero para curar consecuencias de un golpe que tuvo en el trabajo, pero le han dicho que no tiene chance de demandar a su empresa. El hombre no entiende y le sigue exigiendo ayuda a la abogada. El problema termina con una acción desesperada, poco inteligente. En la segunda historia una pareja de esposos –interpretados por James Le Gros y Michelle Williams- quieren la arenisca –rocas- de un amigo suyo para construir su casa; el hombre en cuestión, un anciano, sintiendo el paso del tiempo luce melancólico entregando lo que desean. En la tercera historia, la mejor del grupo, una joven cuidadora de caballos (Lily Gladstone) siente fuegos artificiales por una muchacha profesora nocturna de derecho (Kristen Stewart) que descubre casualmente al pasar por su lugar de trabajo. Ambas traban amistad y se suelen reunir terminada la clase a comer en un restaurante. Luego de la cena y la conversación la profesora debe manejar 4 horas de regreso a su hogar, y la cuidadora volver a su solitaria y humilde labor.

En la primera historia Fuller pasa de un hombre insoportable para Laura a un tipo con virtudes; de un ser extremo –impotente con su problema de salud; problema que más tarde nadie recordará- a un hombre coherente y simpático. Fuller brilla hasta en lo romántico. Caer bien hondo extrañamente lo recupera. En ese sentido las historias pueden ser bastante ligeras pero nunca malas. Éste relato hace hincapié en las apariencias, en conocer más a las personas. Fuller se describe tonto en un momento importante, pero sensible y muy humano y eso seduce a Laura. El resto es una elipsis matrimonial, al punto que uno puede imaginar escucharlos hablar de ésta anécdota –la primera historia- como un recuerdo muy romántico.

En la segunda historia un marido sintiéndose culpable pero mostrándose muy autosuficiente trata de contentar a su mujer (Williams), la que muestra carácter. La película es todo un canto femenino; en ésta realización la mirada les pertenece a las damas, pero dan cabida a pensar el comportamiento masculino (ante ellas). La talentosa Michelle Williams en su personaje también muestra sensibilidad, y no se enfoca -en principio- en el hombre que tiene al lado, sino medita la tristeza, soledad y silencio del anciano. Pero la vida es difícil y tiene ciclos. Otra lectura, con el marido que no es un personaje maniqueo (aunque simple), pero está más pegado al tipo poco empático a fin de cuentas, es que deben lidiar con la felicidad de su matrimonio, se entiende distanciamiento e indiferencia, de esto que la arenisca –sumada una hija típica, de espíritu rebelde- sea tan sugerente.

En la tercera historia todo es más emocional, solo que medio secreto, se vive mucha intensidad y sentimiento –aunque no es que exista mucha acción, todo es muy romántico, pero estando pegados a la realidad, a la timidez y a la personalidad sencilla y práctica- con aquellos encuentros que tienen de seducción silenciosa pero muy sugerente (escuchar, mirar atentamente con ojos embobados, mostrar una sonrisa perenne), viéndose a través de los detalles; preocuparse por la persona, no por la clase; plantear algo tierno y curioso, pero muy lógico y simbólico; y ya cuando la fuerza de amar –de mirar- surge gigante llega el arrebato y la pasión mayúscula –sin contacto físico sexual o alguno amoroso-.

El filme puede verse muy poco para un ojo distraído, enérgico o demasiado fijo en lo espectacular, pero las historias beben de los detalles y aunque no se trata de mucha argumentación sí de una gran proyección, de la potencia de lo esencial y diáfano. Es la fuerza además de la imagen, con momentos claves, pero delicados. 

jueves, 1 de marzo de 2012

My week with Marilyn


Abordar el papel de un ícono como Marilyn Monroe parece fácil cuando no se es muy serio, hacer una parodia o buscar alguna exageración sale en el acto, pero si queremos emularla lo más real posible el trabajo se convierte en uno de los más complicados. La actriz Michelle Williams, nominada al Oscar por éste papel, intenta tomar posesión de esa figura, sin embargo su hazaña no llega a ser la más fidedigna, no obstante hay un cierto parentesco; la inocencia, la sensualidad, la naturalidad con que se es artificial de cara al mundo, la banalidad, la inestabilidad emocional, la fuerza interior para afrontar el estrellato o hasta el aire tonto son signos que se ven en el personaje.

Monroe era más compleja de lo que se le atribuye aún cuando no desbordaba en inteligencia o en aptitudes superdotadas para el séptimo arte, que igual se rendía a sus pies bajo su dulzura, su calidad de boba, la simpatía de sus bondades corporales y sentimentales, la personalidad sencilla en el ecran o la naturaleza artística que siendo un estereotipo podía revolucionar la comedia ligera; una mujer que podía ser desequilibrada a espaldas de la pantalla y una diosa que despertaba la admiración y excitación de quienes se veían atraídos como un imán a sus encantos histriónicos y físicos, a su voluminoso trasero, a sus senos en punta, a su rubia cabellera, a su boca exhalante, a los ojos brillosos moviéndose hacia arriba en busca de las palabras; incluyendo a un cruel recriminador harto de sus tardanzas, engreimientos y torpezas, un Lawrence Olivier (Kenneth Branagh), que con todo su talento, su abundante experiencia en el teatro, su fama como director y actor, sentía el poder de la que fue la mayor estrella femenina de una época.

No solo se puede ver a Vivian Leigh siendo amable con ella mientras envidia su magnetismo sexual sino a un Olivier que confiesa que a pesar de su falta de técnica y lentitud en el estudio, ella era algo impresionante, una imagen que seducía al público, en el fondo era una roca de lo que parecía una capa de gelatina, una atracción que volvía locos a los hombres que caían en la red de sus momentáneas pasiones, como quien nos cuenta sus memorias junto con ésta diva, el director de documentales Colin Clark que siendo el tercer asistente en el circo de Olivier logra tener una corta relación con Monroe a pesar de atribuirse el título de nadie importante; un afortunado escogido por las extrañas decisiones de un ídolo, la que no duda en dejarse llevar por sus afectos cambiantes, dolida por la crítica de un Arthur Miller cansado de no poder pensar, de ser consumido por su gigantesca esposa.

Monroe se hace ardua de concretar, pero el filme del inglés Simon Curtis no desfallece ni se hunde sino se hace bastante entretenido y aceptable viendo como se graba la película El príncipe y la corista (1957) en que la rubia platinada viajó a Inglaterra para dicha realización. En medio yace un amorío con un menor y alguien común por ese entonces, las peleas con Miller y Olivier, una aventura romántica llena de fantasía idílica, la indomable personalidad de una estrella, los entretelones de una película. Me topo como resultado con un producto que contenta sin que sea tampoco tan memorable, es algo pequeño pero bien hecho.

Un pero resaltante es que Williams está lejos de llevar la belleza de Monroe aun poseyendo sus propios atributos ya que también es guapa y parece algo tímida/particular en persona, sin embargo su papel se hace discreto y menor por mucho que lo intenta, no llega a irradiar toda la potencia del aura de Marilyn Monroe; aunque lleva sus gestos, canta suave, seductora y acaramelada, luce fresca o distraída, sale vestida de Eva en repetidas ocasiones con ese desparpajo que daba tanta celebridad a esa dama que decía que dormía solo con perfume en el cuerpo y que podía ser siempre tan libre desnudándose sin ninguna preocupación. No nos sentimos con el corazón acelerado o encendido ni entusiasmado o curioso, como si sucede con la verdadera; no se nos da más que una imitación, segura y valiente pero solo una recreación que termina siendo decente sí, grande no, por lo que seguirá rondando el reto por buen tiempo más, si bien Williams merece todo nuestro respeto por su interpretación, demostrando que es una actriz prometedora e interesante que no deja de sorprendernos con esa actitud ganadora y constante que se puede ver en su filmografía; increíble viniendo de quien salió de esa pequeña serie de tv. llamada Dawson ´s Creek, para ya actualmente ostentar 3 merecidas nominaciones en los Oscar.

Otro actor relevante es Kenneth Branagh, también nominado a actor secundario en el Oscar, que por el tipo en sí hace una caracterización algo ridícula, un egocentrismo y apabullamiento que luego se transforma en cierta inseguridad, deseos de trascendencia pública y realizaciones emotivas; pero que se pierde un poco por el endiosamiento hacia Monroe que circunda en todo el filme, que aunque descrita en sus fallos, no funcionan más que para enaltecerla, y Olivier es otro fanático, se le dibuja en un momento como un talento que requiere el reconocimiento masivo al contrario de Monroe, y que quiere “utilizarla” para beneficiarse. Termina demostrando una debilidad oculta hacia ella pero no en el plano afectivo sino hacia su repercusión mediática.

Es una recreación algo dudosa, parece ser bastante amanerado y débil en su entorno fuera de un cargo que lo mantiene alto, incluso por el maquillaje; si ese era Olivier estamos ante un pequeño hombre, además se hace bastante voluble y no manifiesta carácter. Cualquiera intuye más de alguien que tenía una empresa cinematográfica y tenía mucha experiencia en la gran pantalla o en las tablas; podrían haberlo dejado mucho menos patético aunque se pretenda darle sensibilidad, inestabilidad y realismo, hacerlo de carne y hueso, y es que finalmente se presenta algo inverosímil. Branagh hace una interpretación que va de lo sabio a lo cómico, de lo amargado a lo endeble, pero no vemos por ninguna parte al Lawrence Olivier que dirigió y actuó en una película que le otorgó una estatuilla dorada, una disposición que requiere algo de convicción y virtud, que se hace extrañar. Visto por lo que es, Branagh hace una cierta caricatura, por ese extremismo que infunde está estupendo, pero como auscultación más profunda se queda corto.

El protagonismo se lo reparte Monroe con Colin Clark, de quien se basa la trama, el actor que le da vida es Eddie Redmayne, que cumple perfectamente sin robar cámara como se espera de él; dibuja la idea del tipo que más que guapo o impresionante es seguro de sí, hábil e inteligente. Sirve de nexo para darle libertad a la estrella, como el doctor que nos revela la enfermedad.

Una mención importante es la de Emma Watson, esa bella jovencita inglesa –al natural y simple lo es más- conocida por ser Hermione Granger en la saga de Harry Potter, que en lo personal se hace muy atractiva como la vestuarista que queda en segundo plano ante Monroe; en que de todas formas se hace arduo dejarla y eso juega a favor de la película. Se hace querer en los pocos minutos en que pasa como secundaria. Otra mención va para Judi Dench como una internacionalmente poco popular actriz británica en Dame Sybil Thorndike, la juiciosa actriz socialista que respetada por su edad y una cierta trayectoria en el país anglosajón apoya los desmanes en el plató de parte de la icónica americana (regaña noblemente a un condescendiente Olivier que impone que Monroe se disculpe con ella). Thorndike se hace poco trascendente y ese es el verdadero ámbito del filme, el eje del título lo abarca todo, lo cual agradecemos quienes gustamos de conocer algo más de esa bomba sensual que para el festival de Cannes 2012 tendrá un homenaje por los 50 años de su desaparición. Marilyn Monroe sigue viva y es irremplazable. 

jueves, 3 de marzo de 2011

Blue Valentine

Ésta es una pequeña película con una construcción intimista realizada por Derek Cianfrance en su segunda incursión en los largometrajes de ficción, con una historia donde se expone la ruptura de una relación que mientras avanza hacia su clausura mira hacia el inicio de ésta, te muestra como se enamoran Cindy (Michelle Williams) y Dean (Ryan Gosling). Ella se embaraza de otra pareja a la que abandona sin mayores explicaciones, en ese trance por casualidad cuando cuida de su abuela observa a Dean ir a recoger un dinero a casa de un anciano al que por su trabajo ha llevado sus objetos personales a un nuevo hogar. A él ella le impresiona y la sigue pero no llegan a mucho. Por otra acción del destino la encuentra en el ómnibus y la aborda con sus mejores tácticas, halaga su belleza y le hace reír, empiezan a interconectarse y luego de compartir momentos felices se casan. Todo va a la par, mientras se llevan terrible en el presente recuerdan como fue progresando el sentimiento entre ambos hasta oficializar su compromiso.

Dean es un buen hombre, acepta a la hija de Cindy como si fuera suya, es cariñoso y juguetón, también es amoroso con su esposa pero no encuentra reciprocidad de su parte, si tiene un defecto es que no es muy emprendedor, trabaja pintando casas en la mañana y el resto del tiempo lo pasa en su casa. En una de las muchas discusiones que tienen Cindy le saca a relucir que no tiene visión de mejoría, él que se siente muy contento con el tipo de vida que lleva discute sus argumentos con ahínco, tampoco es un tipo que se enfurezca excesivamente, se le ve tranquilo por personalidad, sin embargo él a ella ya no le importa, así como suena, lo ha dejado de querer, sin razón ubicable realmente en la trama, simplemente lo ha hecho y es por eso que no lo soporta. Los celos de Dean que pueden ser justificados la sacan de quicio en un momento y se baja del carro a respirar como quien ya no tiene paciencia para con el otro.

Para tratar de arreglar los problemas que tienen de no llevarse bien, como antes que todo solía ser perfecto, Dean la lleva a un hospedaje temático, hay una fantasía sobre Cupido y otra sobre el futuro, ellos escogen la segunda, en esa discreta metáfora surge una nueva confrontación, él queda borracho tendido en el suelo y ella encerrada en un cuarto luego de no llegar a consumar el acto sexual producto de la pelea, en medio de ésta llega a decirle que le pegue como suele hablarle para exasperarlo y que la tome con fuerza pero por su naturaleza no la quiere tener de esa forma, obviamente están en tremendo conflicto inllevable y ya arraigado en el corazón de la joven, luego temprano se retira al ser llamada para trabajar, Cindy es enfermera. Dean molesto al ver que no está, la busca y arma un alboroto en el hospital, le pega al doctor que se le ha propuesto a su mujer en otra ocasión y que no fue correspondido, y ya sin rodeos se lo dice, todo se acabó, ya no lo quiere, desea el divorcio. Él se va mientras la niña de ambos llora por quien se ha portado como un elogiable padre.

No hay mucho que decir de ésta cinta, los momentos memorables están en el pasado y lo insoportable en el presente, vemos el cambio que ha sufrido su amor, que no expone motivos, se trata de manifestar el quiebre sin nada más. Hay una escena dulce en que Dean toca una guitarra chica muy similar a un charango y Cindy danza vivazmente a su ritmo. Todo eso se pierde en el tiempo. No queda nada en la actualidad. El sacrificio y entrega de Dean en una mala época para su amada en donde incluso lo golpean por su culpa ha dejado de tener valor alguno, y a pesar de que se le ve con mucha disposición de subsanar el romance en su matrimonio no encuentra respuesta en la sensibilidad de Cindy, personaje que no luce como una mala persona pero que experimenta la sequedad de lo que alguna vez sintió por el hombre que la desposo y se hizo cargo de un embarazo ajeno mirado con un afecto verdadero. ¿Ella es fría?, cierto que lo es, pero quien no cuando dejas de amar, ¿Injusto?, puede ser pero los errores, la rutina y la dejadez van mermando lo que una vez fue tan apasionado. La película nos deja muchas preguntas que solo podemos imaginar y tratar de resolver a solas. Por ese lado es un buen tema a analizar.

Las actuaciones son buenas, sin embargo nada espectacular, son muy controladas, Williams y Gosling resultan bastante sencillos, como para que el público se sienta fácilmente identificado, eso no quita que sepan sobrellevar un guión de éste tipo. Ella exuda naturalidad, es el papel que mejor le da a Williams, la típica amiga o vecina simpática pero común. También está el cambio de aspecto físico de Gosling que le otorga compromiso con su performance aún sin que sea de grave esfuerzo, mientras su personificación tiene atributos escénicos. La frescura de Williams no la podemos catalogar tampoco de gratuita sino proviene de su habilidad interpretativa que aprovecha su tipo y la personalidad que parece poseer. Ésta es una cinta melancólica, resaltando a su vez su lado romántico, diseñada para hacernos sufrir, rememorar con Dean y esperar otra oportunidad de Cindy que nos envía el mensaje de que no hay que dormirnos con el amor.