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viernes, 10 de abril de 2020
Doctor Sueño (doctor Sleep)
El director de ésta película, Mike Flanagan, es un muy buen director dedicado al cine de terror. De su filmografia destaca a mi ver Oculus (2013), es una película que hasta da miedo. Flanagan aceptó tremendo reto con Doctor Sueño (2019), sabiendo que El Resplandor (1980) es una obra maestra del género. Lo que ha hecho con la secuela es algo bueno, aunque, claro, no al nivel de su predecesora. De todas formas Doctor Sueño es una buena película y una secuela decente. Uno debe pensar que toma algunos elementos de la original y hace su propia historia de cierta manera. Así se percibe mejor éste nuevo filme, un filme que es más Stephen King que cine arte. Es cine comercial, pero del bueno. Flanagan es muy talentoso para éste tipo de cine. En Doctor Sleep hay unos tipos, guiados por Rose the hat (Rebecca Ferguson), que suelen robar el último suspiro o alma de las personas, roban los poderes sobrenaturales de los elegidos y con esto mantienen la eternidad y la juventud. Como se ve suena novedoso para una secuela de El Resplandor y no desentona, su creatividad funciona, aunque, como menciono, pensando que es una historia propia más que todo. Es como si Stephen King hubiera intentado vencer al genio de Stanley Kubrick que antes dominó, y a través del cine se adueñó y reinterpretó la adaptación de su libro. Ahora Stephen King no lo vence, pero no queda mal parado. Vuelve Danny Torrance, interpretado de adulto por Ewan Mcgregor que me ha sorprendido con una actuación muy buena y, honestamente, antes de ver el filme tenia bastantes dudas con su elección. Danny es un hombre que lucha contra los vicios, contra el alcoholismo, igual que su padre, y sufre mucho tener el poder de resplandecer, suele huir de todo, pero, finalmente, con ayuda de un nuevo personaje, una niña afroamericana de mucho carácter, tendrá que hacerse cargo de la situación. Antes fue otro afroamericano quien le enseñó a defenderse de los muertos y la locura de su persecución; ésta vez una niña aventajada (Kyliegh Curran) será su soporte. Todo esto realmente no suena tan ingenioso, pero no es malo tampoco. Entre la historia de Danny y la pandilla de Rose the hat tenemos la acción del filme. Es un filme muy dinámico y entretenido. Aunque suene curioso decirlo ésta película tiene algo que la asemeja con los X-Men y así medio que se siente la propuesta pero sin ser una mala oferta, tiene su pequeño toque de autor. Flanagan ha salido victorioso de una obra que fácilmente pudiera haber sido detestable con semejante peso encima. No obstante, sin ser tan trascendental.
jueves, 4 de abril de 2013
Perfect sense
Ésta película corre el peligro de pasar desapercibida pero es muy atractiva y no resulta complicada aun llevando una notable
reflexión sobre la vida, en un aura bastante entendible como suele ser el
cine americano, y éste aunque es escocés lleva toda la esencia del cine
anglosajón mundialmente popular que se suele o se quiere imitar. Se hace
destacadamente por medio del talento y audacia del director británico David
Mackenzie. Es una propuesta sencilla y con actores conocidos que despiertan simpatía,
que pueden contener las distintas emociones que se requieren. Ellos son
sensuales; son convincentes en
representarnos en general. Exudan química natural.
Tiene una buena conjunción, de lo
más idónea para acarrear un público que no sea exigente, tranquilo, y dejarte pensando, apreciando más la pequeña fortuna de lo que damos por hecho, los
privilegios que no solemos notar y que hacen tan fantástica la existencia,
porque a pesar de una realidad que por lo general golpea a todos de alguna
forma existir es tan grande y es algo que debemos valorar. En el filme no se
usa ningún mensaje de estilo fácil en conmover y sacudir la mente pero el
resultado es ese, sino más bien se fusiona la verdad del mundo, dolor y placer,
amor y odio, mientras acaece un sentimiento muy humano pero en estado extremo,
el miedo, el hambre, la rabia y la pasión, luego se pierde un sentido, el olor, el gusto, el oído, la vista.
Lo
“particular” de padecer ésta extraña enfermedad que anuncia el fin de la humanidad,
tema muy repetido en la actualidad, es que al poco tiempo de sufrir una perdida
se intensifica el anhelo de subvertir ésta ausencia y volver a empezar, renacer
y buscar nuevas formas que suplan el sentido ido, siendo en parte algo normal
el aura de sobrevivencia, de la naturaleza que se amolda a continuar, pero que
ostenta una alegría especial que rejuvenece, que busca y encuentra nuevas
aristas y que brilla incluso un poco más ante la noción de que se sigue vivo y
hay que remontar la caída.
Tratamos con un optimismo notorio que se mueve bajo la catástrofe,
digamos que la realidad, que no teme ser dura y que combina tragedia y efímera
pero significativa felicidad de manera que suele ser difícil de afrontar pero
que se hace. Es un mensaje muy sano y poderoso que llega gracias al empaque, menos
naif que lo que se acostumbra, menos ilusorio, y es que aunque no se puede
negar su noción de fe a prueba de todo tantas veces eludido por un descreído
espectador contemporáneo, destila melancolía, algo muy humano sea dicho también.
Explaya sensibilidad pero junto con ambigüedades, complejizando y exhibiendo
algún grado de malicia.
El filme es romántico, hay una importante historia de amor
en la trama que se absorbe dentro de una filosofía mayor que engloba el paradigma
y leitmotiv de la película en las relaciones afectivas no solo entre seres
humanos sino que simboliza el nexo con todo lo tangible del mundo, cómo
afrontar/ver la vida. Es el enamoramiento de una bella epidemióloga, mujer independiente y muy
contemporánea, solitaria frustrada por varios pasados novios que la han
abandonado, y un bien parecido, seguro y exitoso chef, que es medio bastardo, como
se le dice ante su frialdad en las relaciones, en donde manipula a las mujeres, no las llega a querer o hacerse responsable. Se enamoran mientras juntos son
sacudidos por la epidemia.
En su relación chocan los sentimientos naturales de
todo lazo serio amoroso pero visto desde la ciencia ficción que más es un
recurso para cavilar, descubrir la realidad tal cual en algunas lecturas
hermanas, una básica y trascendental es desde la dificultad de relacionarse con
una pareja, como mantener la pasión, confiar en el otro, jugar y disfruta del
amor, vencer los miedos, ser fuerte y transparente, abrirnos, mejorar, sentar
bases firmes aunque no sea fácil, aunque se tienda a una cierta derrota futura,
y se hace a través del énfasis de algo atípico que hace lo mismo que haría el
tiempo o la incomunicación entre otros en otras circunstancias. Por ejemplo, tenemos los
gritos en la ira que dicen verdades dolorosas o la representación de las
cambiantes necesidades que van acercándose, sea el desnudar el alma para seguir alimentando la percepción, el aire
de entusiasmo, o gozar y compartir cierta superficialidad tan importante.
Otra lectura valiosa se da en el entorno, en ver como gira
el planeta luchando contra lo caótico y desesperante, como se comporta la gente
frente al que parece el lento apocalipsis, o al menos el fin de los tiempos
conocidos, su adaptación, su multiculturalidad, su resolución, su pesimismo y
su revitalización. El filme nos enseña dos tipos de ser humano, el que destruye
y engrandece el abismo ante la desilusión o la dureza y el que construye en los
embates de la existencia. Hay una bella retahíla de imágenes retenidas de tipo
artístico que enumeran el placer, como a
su vez otro grupo pero móvil en estados de violencia, muy fidedigno y evocativo, muy
subyugante y realistas en su propia clasificación.
Después hay un aura chocante e histriónica en cómo se dan
algunas exaltadas emociones producto del padecimiento epidémico, como en el caso de la gula en
que se comen flores, se toma aceite de cocina o se tragan pescados/carnes
crudas de forma grotesca hasta inducir el vómito. Sin embargo, los hay inicialmente más sutiles y graduales como el enojo y el amor, mientras que el miedo es toda una novedad
y llega completamente como una sorpresa; y estos hasta se confunden con la
relación de pareja que sobrellevan Susan (Eva Green) y Michael (Ewan McGregor), pero está, claro, la superposición del conjunto, que ya entendemos de que va, de lo que nos
queda un bello y poético desenlace, en la influencia positiva o no de lo que
nos rodea, en lo que no deja de ser una historia atrapante, que se puede
disfrutar de forma directa.
Un rasgo también del filme, aún muy a pesar del mundo, del
dolor, es que sobrevive la nobleza y cierta invocada inocencia, aunque el pesimismo sea tan poderoso. Y es que, mientras viva, si el hombre quiere
nunca estará vacío, como en el filme, aun perdiendo la batalla contra los
sentidos. La oscuridad no es el fin. Es una distopía que termina despertando el
ideal. Es una propuesta donde no se necesita ser romántico. Puedes absorberlo desde una necesidad
que invoca en la historia presente el disfraz de la espectacularidad salvaje y
enigmática, en un devenir que implica la tergiversación de la pasividad. No obstante ser romántico, como se puede ver en el filme, está en toda esencia, en el lugar correcto o menos pensado,
y no hay que rehuirle.
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