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domingo, 3 de agosto de 2025

Punishment Park


Punishment park (1971), del inglés Peter Watkins es un filme político y social frontal, se le podría llamar el filme definitivo de una época, que refleja en toda fuerza el conflicto entre los jóvenes socialistas y el gobierno americano. Los jóvenes americanos defienden a las minorías, combaten/rechazan la guerra de Vietnam y hacen notar las diferencias sociales, la pobreza de su nación, aun cuando EEUU es un país rico y lleno de oportunidades. Se contextualiza en el gobierno de entonces, el de Nixon. El filme es curioso porque es un falso documental, pionero en su tipo. Muy realista cogiendo lo histórico, su tiempo, y también es un thriller, una película de sobrevivencia, donde los policías y militares persiguen a los jóvenes rebeldes, activistas, por el desierto, con la consigna de que intenten huir/llegar hacia una bandera americana (como si les dijeran que le demuestren amor a su nación, tal si fuera un acto de redención o una cura) para al poco tiempo ser perseguidos en un juego donde se insta a pensar en la brutalidad policial y la represión. Es una película que aun siendo tan clara políticamente se da bastante entretenida. A pesar de cierta posible incomodidad es harto dinámica e intensa. Hay juicios donde se da a escoger a los jóvenes revolucionarios entre ir a la cárcel o entrar al punishment park. En estos juicios se ven a los jóvenes fuera de sí, defendiendo con mucha energía sus ideas, frente a jueces y conservadores que chocan ideológicamente de manera abierta, mostrando la furia de ésta juventud y la misma furia del otro lado. Se representan las ideas de cada bando de forma potente, si bien la postura que se expone más es la de la contracultura. Policías y activistas son entrevistados, expresan sus posiciones, enfocándose en la reacción a las protestas. En la huida se desarrolla enfrentamiento y mueren oficiales y también muchachos rebeldes. Se analiza la violencia que se genera por las ideologías. Los malos parecen ser los perseguidores que se ven bien básicos -siguen ordenes; dicen defender simplemente a la gente que paga sus impuestos, manifiestan que no hay otra cosa en ellos- pero uno no empatiza fácilmente con los jóvenes revolucionarios que vemos en pantalla. No son expuestos pacíficos o naturalmente tratables, sino histéricos y hippies, aun cuando pueden verse algunos promedio. Hay un retrato que refleja a la gente en esencia, con su -algo visto- hoy a estereotipo. Cuando el filme se pone distópico, o a lo 1984, en el juego de punishment park parece que estamos ante un thriller puro y duro o la emulación de un juego de video y se vuelve enormemente disfrutable. A esa vera puedes leer toda la política como superficial, como un background de personajes de acción o como jugadores que hacen una presentación o introducción antes de empezar éste especie de juego mortal mediático. La prensa tiene un rol en ésta exposición de época, que muestra muy lógico al formato documental, aunque los policías los señalan de interesados monetarios. Es una obra seria. La representación política también es interesante de por sí y sorprende su cierta precisión. Es una película que para su época pudo ser bastante polémica, bastante osada, aun cuando tiene igualmente mucho de lúdica. Es una propuesta fácil de ver, de entender todo y está muy bien hecha, es de esas películas que aunque son hiper políticas pueden gustarle a mucho público, lo cual es una verdadera novedad, sobre todo cuando las películas políticas no suelen ser tan furiosamente entretenidas. Es creativa, aunque (perfectamente) sencilla, como falso documental. Es bastante representativa de su época, de épocas de mucha lucha social, de guerra fría, de ideologías que se tenían mucho enojo entre sí, de toda esa efervescencia que se podía leer como crisis, y busca de temple. 

sábado, 2 de noviembre de 2024

Denominación de origen


Ésta película ganó el Premio Especial del Jurado (segundo lugar) en la competencia principal y además el premio del público en el Festival de Cine de Valdivia 2024. Es una docuficción, es decir, tiene partes reales como un documental a lo que suma cosas ficticias o imaginarias o que la convierten por un lado en un relato de entretenimiento. Como se puede parafrasear al mismo director, al chileno Tomas Alzamora, que sale brevemente en los créditos, ¡estamos haciendo una película! El formato documental permite recurrir a elementos de austeridad con mayor efectividad de empatía como narrativa al tener un presupuesto más humilde entre manos o menos recursos estéticos o de producción de arte. También la propuesta se puede leer como un mockumentary, un falso documental. Lo que se nos cuenta versa alrededor de que activistas de la comuna de San Carlos quieren que sus longanizas tengan denominación de origen, que se distingan como únicas o especiales oficialmente, con registro público o estatal e incluso internacional. Hasta llegan a traer a una chef extranjera (polaca) para solventar su anhelo. El filme se puede apreciar por varios momentos como una comedia ligera, con su pinta bien de pueblo o popular, con look de campechanía. El relato tiene a 4 activistas que son algo La venganza de los nerds (1984), con un DJ subido de peso -con estudios de computación- pero con bastante personalidad; un viejito rural productor pequeño de longanizas que le han puesto un nombre muy sugerente, el tío Lelo; una travesti medio que parece una señora, de esas simpáticas y amables a la que la vemos congeniar con la mayoría; y un abogado de esos que uno imagina hacer lo que sea para salvar el día, de los que señalar de recurseros, si bien nos dice que no le interesa el dinero sino las causas justas. Y es cierto. Todos pegan de bonachones, de grupo de amigos y activistas buena onda. La película nos enseña como su movimiento, MSPLSC (Movimiento Social por la longaniza de San Carlos), quiere distinguir su embutido nacional, comunal, a los Sancarlinos. Están convencidos de su calidad. El enemigo es la comuna de Chillán que se lleva los laureles con las ventas de las longanizas, les roba el reconocimiento. Quizá porque manejan mayor mercado o albergan más inversión. Pero los Sancarlinos ya están hartos y quieren justicia. Ésta es una película sencilla, pero realmente entretenida, y logra ser más que decente sin presentar nada demasiado rimbombante. Luce creatividad de a pie se podría anotar. Estos activistas no son especialistas y ahí se trabaja la comedia, y también el dicho de que el que quiere (de verdad), puede. Empiezan a triunfar, a meterse y vencer a la burocracia, a esa montaña que parece no escalable. Es el éxito sutil de la voluntad, del pequeño gran hombre. No obstante es también la historia de Babel y de no querer salir de la caja, que recuerda un poco al Visconti social. El formato enfrenta a la audacia (como siempre quiere detenerle; el soñar en grande, apuntar alto, con originalidad), la pasividad a la valentía, la irregularidad a la mentalidad empresarial (pero en pos de la colectividad). Todo dentro de lo ligero. En ese sentido es notable ver un cine popular tan solvente -tan nacional- sin pretender mucha política -o mantenerla discreta- mientras se es muy digno como arte. 

miércoles, 17 de julio de 2024

L'hypothèse du tableau volé


La inteligencia humana es inacabable, siempre un lugar para sorprenderse en infinidad de áreas y lugares y el arte es uno de sus medios para pensar y mostrar justamente toda esa cualidad de admiración que uno siente hacia la mente del ser humano, llamémosle creatividad, uno de los pilares más importantes del mundo. El chileno Raúl Ruiz disfrutaba realmente con el cine, es parte de ese grupo de amantes del arte que desnuda pasión. No todo es popularidad sino buscar hacer algo especial con ese medio que tanto amamos. Ruiz es popular, sólo que entre los amantes del cine más arty, pero representa igualmente a una minoría. Éste filme es un mockumentary. Seguramente Ruiz habría visto F for fake (1973), aun cuando lo suyo trabaja creando algo muy personal, muy propio. A Ruiz se le nota que como todo apasionado de su profesión le gustaba experimentar, generar novedad y el cine tiene mucho de ello con el amante y con el gestor hardcore del cine. Es un espacio para generar (algún tipo de) entusiasmo virgen y así sucesivamente, aun cuando se ha recorrido bastante. El que de verdad se apasiona por algo se mueve en ésta religión, la de jamás dar todo por hecho. Hipótesis del cuadro robado (1978) da para muchas ideas y mucha plasticidad interpretativa. Es una película que se fija a una investigación, que comanda (es quien la piensa) un coleccionista de arte (Jean Rougeul), coleccionista que analiza 7 cuadros que yacen según él en una serie que veremos a través de tableaux vivants, una mezcla entre teatro y museo de cera. Ésta ligazón de los cuadros vivientes parecen aludir de paso al séptimo arte y de ésta manera Ruiz se mueve sobre la teoría cinematográfica, como sobre la crítica de cine, un lugar para enriquecer el arte, para enriquecer una película. No sólo es juzgar, mucho menos banalmente o ligeramente, o ser simplista y fijarse en aprobar o desaprobar, sino se trata de que ese artefacto entre manos se proyecte intelectualmente, profundizar en éste, aportarle más belleza, generar una experiencia más grande. No sólo es una mirada fría, enconsertada y limitada, sino una que justamente maneja semejantes reglas al director de cine. Pero Ruiz también satiriza un poco al coleccionista, al interprete. Deja en el aire que de cierta manera es positivo que se sugiera y no se de todo servido, para que el artefacto nunca se acabe, que todo no esté dado por hecho. Es así que la ambigüedad manejada en el tipo de producto estudiado es ardua, sobre todo cuando falta un cuadro de los 7 para la interpretación. Se dicen muchas cosas interesantes y hasta descabelladas, se habla de oscuridad, se mencionan cultos satánicos, se atribuyen códigos ocultos que llevan todo a parar a lo andrógino. El filme se inspira en la literatura, los ensayos, las novelas y la filosofía del francés Pierre Klossowski. El nombre del pintor de los 7 cuadros es sacado por Ruiz de la imaginación de Klossowski, llamado Tonnerre. Es una película que también se burla un poco de la censura, por digamos una ideología política o que atañe a cierta moralidad. Al ser un producto ambiguo y que estila sugerir no explicitar es destinado para pocos, sin embargo la investigación de éste mockumentary alude ser un caso vox populi que incluye la intervención y decisión del estado e incluso involucrar a toda la sociedad, que se deja ver que se infla demasiado el globo y esto hace pensar en lo arbitrario, en la dictadura, en la ignorancia del poder. Ciertamente hay indicios backstage de criminalidad -bajo una difícil elipsis apoyada en la cultura y la lectura de una novela- y se encuentra el sacrificio de algún tipo de revolucionario pedestre inspirado lejanamente en un santo. No obstante entra el humor de no verlo -o no poder entenderlo- y más preocuparse por momentos inocentes o plantearlo simplemente a través de la desconfianza, como con la mitología griega y la absurda guía de un espejo -que sigue a otro y a otro- o elucubrar corrupción por medio de templarios (expuestos como simples soldados) que yacen como tomando el té en una partida de ajedrez frente a un enigmático observador, entre amigos, camaradería, no alude a Dios ni a la guerra en sí. Puede ser ésta además una lectura hacia el cine comercial en general. Es una película que tal cual lo expresa no pretende resolver directamente el caso -nunca aparecerá el cuadro robado- sino tira los hilos del espectador mediante una muy buena puesta en escena con recursos visuales sencillos, pero con tremenda estética, gran formalidad, elegante, culta, como si paseáramos por un bello museo. 

miércoles, 1 de mayo de 2024

Late Night with the Devil

Late night with the devil (2023) de los hermanos australianos Cameron y Colin Cairnes es una película curiosa, exhibida como metraje encontrado, sobre el último programa de un late show de los 70s, y que hace de un mockumentary, pero que no es tan preciso o fiel al cien por ciento al estilo de realismo que requeriría como documental porque se toma ciertas libertades como mostrar detrás de cámaras demasiado íntimos o donde la cámara no es lógico que esté y hace además uso de un complemento narrativo que implica meterse en la psiquis. El anfitrión, Jack Delroy (David Dastmalchian), quiere firmar un jugoso contrato para una nueva temporada, pero se mantiene segundo en el rating y ha preparado un super programa, donde quiere demostrar la existencia del demonio. Para esto tal cual un programa nocturno de entrevistas planea un debate y tratar de impresionar a su público y a los televidentes. Cada cosa del late show está perpetrada al mínimo detalle de realismo que en mucho se siente que estamos viendo el programa en la tv, con toda esa ambientación de los 70s que además otorga un plus a la propuesta. Van saliendo los invitados, la película se cuece lentamente, dedica un buen tiempo a crearse credibilidad como programa. Inicialmente se hace una presentación de quien es Jack Delroy y se le asocia, típico del sensacionalismo farandulero, con una secta satánica. Ésta misma secta puede ser vinculada con una de las invitadas, en sí el filme se divide en varios frentes del terror y se les puede unir si prestamos atención y vencemos su cierta ambigüedad. Una de las invitadas es muy llamativa, se dice que está poseída por un demonio y una terapeuta paranormal la viene cuidando y es la que puede hacer contacto con ese monstruo que lleva en su interior. El filme se adereza más con la existencia de un ilusionista que se dedica a desmentir toda prueba sobrenatural. Cada uno, como es habitual en los programas nocturnos, va mostrando sus habilidades y la razón de yacer invitados, de proponer una noche especial. Es un filme que se avala mucho de su fuerza/realismo como programa nocturno y cada invitado es un espectáculo en sí mismo. Hay tremenda secuencia que pretende fundamentarse en el ilusionismo y el hipnotismo que genera un buen momento de tensión. Pero el plato fuerte llega para el final, donde la recreación de El Exorcista (1973) hasta hace uso de lo cósmico. Es una película realmente sencilla, pero no deja de ser atractiva, sobre todo por el final, o a partir más o menos del momento sucio de la exhibición de la posesión. Es una historia sobrenatural, pero que justifica todo su universo. El anfitrión también alude ser un personaje cínico y sin escrúpulos, demasiado ambicioso para su propia seguridad, pero como es una celebridad y un notable showman es alguien que se gana al público con facilidad. También el relato tiene una fuerte relación con sacrificios humanos y el demonio se escabulle en cada rincón, apreciando que es el real invitado más importante de la noche. Finalmente es un programa que consigue lo que se ha propuesto, pero como así mismo es habitual en el cine de terror nadie vivirá para celebrarlo, sino será la crónica de un despelote anunciado. En ese sentido es más coherente que muchas otras películas del género en cuanto al caos como espectáculo en sí pero al mismo tiempo obteniendo consecuencia. 

viernes, 3 de agosto de 2018

Análisis de sangre azul


Los españoles Blanca Torres y Gabriel Velázquez hacen una película bastante curiosa. No todo es perfecto –hay cierta inverosimilitud narrativa, cierto lado algo torpe-, pero luce interesante como propuesta. Mediante película de 16 milímetros y super 8 hacen un mockumentary (un falso documental). Recrean estéticamente una película como found footage (metraje encontrado). Trata del hallazgo de un hombre en la zona española de Los Pirineos, apodado por sus rasgos físicos como El inglés. Éste hombre al haber perdido la memoria es trasladado por quienes lo hallan a un sanatorio. Quien filma lo que vemos se dice es el Dr. Pedro Martínez quien realiza estudios psiquiátricos al inglés. Después se habla de antropología y de genética en la zona de Los Pirineos. Éste mockumentary hace uso de archivos, de documentales etnográficos de la zona, haciendo el filme más fidedigno. Sin saber nada de ésta película puede hacerte medio dudar, todos los actores están muy bien, aunque hay demasiado material, además de que cuando se habla de la idiotez de algunos pacientes pierde cierta seriedad, aunque de la manera como hablan de la genética suena propio del año a que remite lo que vemos, 1933. Es también cine mudo, con diálogos escritos en la pantalla. A la vez es una película de ficción, una historia que muestra la vida de un personaje, el inglés, un paciente psiquiátrico, que todo señala pertenece a cierta aristocracia, y luego se adjudica ser el dueño del valle de Valdelomar, nombre que remite al director español José Val del Omar, cineasta experimentador y aficionado a la cultura española, al costumbrismo ibérico. La creíble recreación estética, elaborada al más mínimo, y el discurrir de un personaje enigmático que remite a cierta fantasía local hacen de éste filme uno atractivo de apreciar, tanto como arte como por narrativa.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Halloween Maratón 2015


¿Quién puede matar a un niño? (1976)


Ésta es una obra de culto, dirigida por Narciso Ibáñez Serrador, que tiene cierta originalidad, en hacer de los niños unos homicidas colectivos dentro de una muchedumbre impersonal. Como apertura e introducción hay una soporífera parte documental de unos 12 a 15 minutos entre créditos que da a entender que la indefensión de los niños puede llegar a trastocarse tras tantas matanzas históricas hacia ellos. Lo único anormal en la trama es que los criminales infantiles asesinan por puro placer, convertidos al mal sin mayores justificaciones (haciéndose cargo con el hipnotismo), en medio de su ternura natural, rostros angelicales y sus sonrisas luminosas que en pantalla quitan harto miedo, y aunque adolecen de mayor perversidad y terror su accionar está decentemente narrado en aquella isla deshabitada de adultos, porque han sido sistemáticamente eliminados por los pequeños diabólicos, tras un arranque de misterio –luego especialmente explicado- en la playa como si se tratara de un ataque de pirañas, con objetos punzocortantes. El filme tiene de guías protagónicos a 2 turistas británicos, una pareja de esposos, que van de la costa de Benahavís (Málaga, España) a una isla llamada Almanzora y se hallan con un ambiente de total abandono, desértico, muy bien tratado. Se percibe cierta ambigüedad del marido, de Tom (Lewis Fiander), que hiciera pensar que algo esconde, porque al inicio no transmite lo que pasa a la dulce Evelyn (Prunella Ransome), pero puede que sea porque ella está embarazada. Es un filme de terror de aire clásico, pero que deja ver cierta precariedad, aunque su historia está contada con bastante fluidez y es muy entretenida. Tiene sus grandes escenas, como cuando Tom armado con una metralleta corta se topa frente a frente con el grupo gigante de niños en las blanquecinas calles, donde haciendo gala de un poderoso dramatismo, aunque seguridad no le falta, como un grato rasgo de personalidad, piensa bien cómo resolverse y termina metido en un remate de liberación y frenesí de cómo se ve el escenario a la vista convencional, en ese duelo que invoca Evelyn, también potente en su histrionismo al tener una mala semilla.  

The Keep (1983)


Famoso por sus películas de crimen, thrillers y de aventura, Michael Mann, perpetra una película de terror en sus inicios, solo ésta dentro de su obra conjunta, que tiene a una fortaleza o torreón ubicada en un pueblo rumano como espacio de horror en fuerzas oscuras que buscan salir al mundo, con un demonio de fornido cuerpo humano detrás de unas cruces de plata y un encierro, al que veremos aparecer con pelos y señales y usar su particular forma de matar (quedando perfecta la escena de los cuerpos regados al lado de una tanqueta abandonada). El contexto es la segunda guerra mundial, en 1941, y la invasión de soldados nazis, liderados por el despiadado Kaempffer (Gabriel Byrne) que trata de corregir los supuestos errores de un militar más débil para el régimen y que en el fondo es un secreto disidente, Woermann (Jürgen Prochnow). En ese trance, se hace uso de un investigador judío avejentado sacado de un campo, interpretado por Ian McKellen, acompañado de su hija, dictada por la bella y naturalmente provocativa actriz poco conocida Alberta Watson, que genera un romance como intergaláctico, y en ello el filme tiene un aspecto medio astral, a través de Glaeken (el actor de larga trayectoria, aunque de roles secundarios, Scott Glenn). Es un filme tipo pulp, pero bien narrado, con una neblina omnipresente, y una atmósfera como de sueño, luego pesadilla, evanescente. Tiene su toque de misterio, de sencillo esoterismo, y es particular con un demonio tipo el mutante Apocalipsis de los X-Men, como que la lucha final no excede el ridículo, sino resulta rápida para bien de la película.

Near Dark (1987)


La única película de terror en la filmografía de la famosa directora Kathryn Bigelow, ganadora del Oscar por En tierra hostil (The Hurt Locker, 2008). Estamos ante una historia de vampiros, con el aditivo de tener al sol como gran protagonista, ya que los quema a estos seres míticos, como el uso de transfusiones de sangre como parte trascendental. Se trata de que un cowboy de nombre Caleb (Adrian Pasdar) conoce a una chica como ninguna, resulta una vampiro, enamorándose de Mae (Jenny Wright), surgiendo un fuerte lado romántico que guía la película, contrastado en cierto mismo aspecto con el lado perverso de querer tener a una niña en el grupo, producto de la soledad que reina en este tipo de vidas al borde del límite y estar escondiéndose. Se retrata un estado criminal que yace emparejado con la esencia vampírica, como cuando entra el grupo de vampiros liderado por Jesse (el prolífico Lance Henriksen) a un bar y hace de las suyas. Es la travesía de una especie de juergueros nocturnos que hacen maldades en su libertad tenebrosa y sobrevivencia, al alimentarse de personas, sin que haya nada especialmente grotesco en el filme, sino algo muy comedido, en realidad. Bill Paxton se roba el protagonismo en su rol de un cowboy enloquecido (estamos en el sur de EE.UU.), que es terrible como vampiro, en la figura de un tipo inmaduro, burlón y buscapleitos. El filme no es grandioso, pero se ve curioso, y desde luego, resulta entretenido, dentro de un estilo naif y bastante amable.

Bad Taste (1987), Meet the Feebles (1989) y Braindead (1992)


Todos conocemos a Peter Jackson por la famosa trilogía de El señor de los anillos, premiada por el Oscar (la tercera parte con 11 estatuillas doradas), y que le ha traído un contundente grupo de fanáticos en todo el planeta, acompañada de su nueva trilogía y una continuación de aquel mundo, El Hobbit, pero hay otro Peter Jackson que quizá no todos conozcan, el de sus primeras obras, donde era todo un loco de atar, con una desfachatez e irreverencia de lo más imponente. Era un goce mayor, personalmente me gusta más que el último, aunque se entiende que quisiera pasar a otro nivel, y ese es el cine del Hollywood digamos, si pensamos en un cine con harto poder adquisitivo y muy popular. Pero el Jackson de sus tres primeras películas era terrible en su descaro, en su poderoso gore, o en su realismo sucio, o en el simple goce de una idea de plena juventud cool.

Su debut, Mal gusto (Bad Taste, 1987), es tremenda película en el género, de esas que a temprana edad hay que ver para gozar de su total pureza cinéfila, una de glorioso cine B, siendo la propuesta perfecta para un director lleno de vitalidad y hedonismo que no mide más que el entretenimiento rabioso e intenso que puede brindar, como esa oveja haciendo meh y explotando resulta toda una declaración propia de la edad y su efervescencia. La premisa es sencilla, unos alienígenas quieren hacer de la gente comida de fast food, por lo que atacan un pueblo neozelandés, sin saber que se toparan con un grupo de paramilitares gubernamentales que como unos Rambo harán un combate abierto y descarnado con armamento pesado. Se hace uso de un gore brutal, liderado por el propio Jackson interpretando a Derek (también a un extraterrestre retardado), una mezcla de Harry Potter, un nerd y un combatiente descabellado, todo lo que propiciará la delicia del espectador, retándose a sí mismo cada vez más.

Ese parece ser el sentir de Jackson, de superarse con su siguiente película, y es que el reto crece, no mide límite alguno a la hora de narrar toda la idiosincrasia enfermiza del grupo, de lo que es terrible la corrupción y perversión de ésta parodia de los Muppets, titulada El delirante mundo de los Feebles (Meet the Feebles, 1989), que vez cada cosa en una escala de putrefacción que realmente sorprende su exceso, toda su locura, dentro de un éxtasis de irreverencia, que termina en una matanza alucinante que tiene gran visualidad sucia y exige al espectador mucha tolerancia, si no da de lleno con el que ama la extravagancia y el desenfreno. Los Feebles son drogadictos, inmorales, mujeriegos, glotones, peligrosos, pornográficos, egocéntricos, abusivos, criminales y un etcétera de la peor calaña, en medio de la corrosiva ilustración de un espectáculo de variedades para la televisión, que atañe a la fama y al manejo del negocio, como a todos los integrantes de una escena teatral. El filme prácticamente no da respiro, salvo mediante un pequeño romance entre un erizo o puercoespín aspirante e inocente y una perra lanuda o bella y tonta secundaria de baile, ya que el protagónico es de una morza, productor y gángster, llamado Bletch, y un hipopótamo y cantante principal de grandes proporciones de nombre Heidi, que son una relación de interés económico y artístico por un lado y por el otro una dependencia del maltrato y la infidelidad. Aunque no es propiamente del género del horror es grotesca y encaja perfectamente en otro tipo de terror.

Pero si esto no fuera poco el siguiente trabajo de Jackson logra lo imposible, superar a sus predecesoras. Éste filme es una larga continua orgía de gore, apabullante e increíblemente salvaje, en perpetua novedad, donde el ingenio de la propuesta se luce demasiado poderoso e incansable, en los desmembramientos, transformaciones y agresiones que sufren unos zombies en aumento, tras las víctimas de una fiesta. El protagonista, Lionel Cosgrove (Timothy Balme), los enfrenta, en especial con una cortadora de césped, con la que hace mil destrozos de cuerpos y un baño de sangre por donde patinar. Todo a partir de que éste hijo de mamá, sojuzgado por ella, ve que su progenitora es mordida por un exótico y macabro mono rata, que la convierte en una muerta viviente, y la hace un germen que contagia a muchos otros, provocando el caos y la anarquía absoluta. El momento del cura practicando kung fu con los zombies es de antología y mucha risa. Lionel no sabe cómo solucionar tantos ataques y contagios, pero el pobre Lionel asume toda la responsabilidad de contenerlos. Muchos de estos zombies yacen deformes y son desagradables, se portan como niños traviesos e hiperactivos siempre hambrientos, o hasta pretenden copular entre ellos. Lionel lo hace producto de aun reconocer amor por su madre desfigurada, sacrificando incluso su amor idílico por Paquita (Diana Peñalver). El filme se centra en lo imparable del asunto, provocando hilaridad ante su desborde cada vez más audaz, hasta la llegada del monstruo final como en un sádico y entretenido videojuego.

The Addiction (1995)


Película de terror de corte filosófico y existencial sobre el vampirismo como estado de drogadicción, dirigida por Abel Ferrara, donde la protagonista, Kathleen Conklin (una estupenda Lili Taylor), mientras piensa su tesis para un doctorado en filosofía, tras algo imprevisto va poniendo en práctica toda la reflexión intelectual que va surgiendo producto de un cambio físico, descubriendo la naturaleza del mal y su relación con el vicio, entre otras ideas que va recurriendo a la mención de importantes pensadores, en blanco y negro, en un notable cine arte articulando el género del horror de forma profunda, con citas rimbombantes pero funcionales a los hechos que presenciamos, cuando la esencia de matar(nos) nos hace sentir culpables, pero nos descubre quienes somos en verdad, como con esa pregunta obligatoria de rechazar la agresión, enfermedad o invasión entre manos con una decisión firme, que no ocurre por cobardía, aceptando la sentencia, esa que nos lleva hasta desear el suicidio, perder nuestra identidad, y errar por el mundo, ser simplemente, la nada, esa adicción. Ni un espectacular y sabio rol de Christopher Walken como un vampiro redimido, un especie de pastor de la calle (luego llegará el oficial), puede doblegar un abismo asumido, una caída violenta hacia la dependencia absoluta (de ahí esa inscripción en la tumba, y ese fantasma en que nos convertimos). Ésta es una película con sus momentos de acción, de entretenimiento directo, aunque austeros, pero yace más sumida en el lenguaje del mejor arte pensante que toma pretextos e imaginación para plasmar ideas mayores, todo en un empaque de sensualidad, música hip hop, modernidad, urbanidad y su toque indispensable de ordinariez para paliar la grandilocuencia intrínseca de la pasión por lo culto.  

The Green Inferno (2013)


Todas las películas de mi lista de terror de éste año apuntaban a la curiosidad, no tanto a la excelencia, eran obras a revisar y a ver con qué me encontraba, luciendo atractivas a priori por sus motivos propios y particularidades, por lo que había posibilidad de hallar películas de mala calidad o pésimas a secas, acotando que la delicia de todo cinéfilo está en su apetito por los descubrimientos, dicho esto hay que agregar que The Green inferno tenía críticas adversas por cantidad, por lo que su estreno en EE.UU. se prolongó, llegando incluso después de Knock Knock (2015), que sin ser maravillosa es mejor película que ésta de caníbales, que es un subgénero del terror, y que tiene su tótem o máximo tope en Holocausto Canibal (1980), una película brutal, salvaje, legendaria, polémica, con un gore realmente contundente (hay un desmembramiento pormenorizado que es un goce mayúsculo para los fanáticos de éste estilo explícito) y muerte de animales en toda naturalidad y detallismo que a más de un animalista ha de torturar, tanto como si la película la viera un indigenista, ya que hay ritos de índole sexual que los hacen ver dignos de la  peor barbarie y atraso cultural. No obstante, la propuesta también acomete contra la misma supuesta civilización, en aquellos exagerados documentalistas que se divierten con el dolor de los indígenas, en una lectura que resulta muy infantil. Holocausto Caníbal es para estómagos fuertes, una película bastante dura y descarnada que puede afectar sensibilidades, pero que siendo precursora del metraje encontrado y ostentando un grado de horror muy alto, mediante una contundente honestidad, dentro de su precariedad, suciedad y descaro, es una obra justamente destacada del terror, por más faltas que uno le quiera encontrar, es un prominente goce para amantes del género, y del subgénero de canibalismo en la selva. No solo provoca más bien hablar de ella, sino de Knock Knock, más que de The Green inferno, que es un filme con actuaciones deplorables, en ello hasta podríamos hablar de homogeneidad, de lo que la protagonista, la chilena Lorenza Izzo, más tarde esposa del director, siendo limitada como actriz llega a sobresalir, aunque en lo particular me quedo con otro chileno, con Ariel Levy, que hace de un líder activista desgraciado que es tan falso e inmisericorde que el contraste entre sus luchas sociales y políticas por la jungla y su subrayada hipocresía no solo es otra calamidad del guion, sino que de lo extremo se hace involuntariamente simpático, teniendo gracia su caricaturización, como la de un lugarteniente caníbal distintivo calvo que lleva siempre un hueso como de quijada de burro en la mano y que es profundamente bochornoso. Ni siquiera la líder caníbal interpretada por nuestra compatriota Antonieta Pari se salva de darle dignidad terrorífica al grupo de indígenas, los que a cada rato se ríen infantilmente de sus maldades y voraz hambre, en lo que pudo ser una comedia de lo ridícula que es, pero como va en serio, uno no puede más que rascarse la cabeza con cada tontería que va mostrando Eli Roth. Es a todas luces un filme de muy baja categoría, uno del montón, con efectos especiales poco cautivantes, tanto como un gore para muertos o principiantes, salvo por una parte en el choque del avión y unos cuerpos que perecen en el tránsito, después todo está desprovisto de algún tipo de audacia, habiendo un suicidio salido de una mente ingenua y harto ociosa en su imaginación, como que aquellas hormigas carnívoras puestas como castigo y los empalamientos yacen desprovistos de la más mínima magia. Hay un desmembramiento con robo de pierna amputada de por medio, por un niño, en que cada ocurrencia es peor que la anterior, como que se haga un preparado de carne humana mientras los demás caníbales esperan su parte como quienes aguardan por el repartidor de pizza. The Green inferno es realmente mala, incluso de las que no llegan ni ahí pero de esa manera entretiene. Mejor ver Knock Knock, que aunque no infringe miedo y uno no compra la lectura de no aguantarse a la metáfora de la pizza gratuita, entretiene en esa idea formal de una malacrianza perversa, de lo que Lorenza Izzo y Ana de Armas funcionan mejor vistas de esa manera, ya que no son Ingrid Bergman, mientras Keanu Reeves luce harto profesional dejando todo de sí sin ser ninguna luminaria. Como dice una de las pintas de las chicas sensuales y torturadoras, dejadas en la casa: el arte no existe, y a eso se aboca Eli Roth en ésta pieza, o sea, a dar un pequeño entretenimiento que no se toma en serio, pero que tiene una buena factura, bastante, para lo que es, en un trabajo tratado con mucha mayor atención, ingenio y delicadeza que The Green inferno.

What We Do in the Shadows (2014)


Mockumentary, de Jemaine Clement y Taika Waititi, sobre la vida cotidiana de 5 vampiros que viven en Wellington (Nueva Zelanda), la que es una comedia de terror de mucha simpatía, con bromas buena onda, en tono ligero pero cuidado, que tiene sus audaces ocurrencias en humanizar la imagen del vampiro, y burlarse de los lugares comunes de éstos seres míticos aplicando una figura de reinserción social a lo contemporáneo. Se divierten en sana ironía, versando en el típico soltero cuarentón, dentro de un grupo de simpáticos, seductores, cool, graciosos, extravagantes, hiper-sensibles, engreídos, camaradas, y uno, Viago, más remilgado de la cuenta (que tiene su propia historia a lo Titanic, 1997, cómica). Estos compañeros de vivienda irán desentrañando a la cámara su particular forma de vida, como invitar tallarines a su víctimas por preámbulo y hábito, practicar la tortura o escenificar bailes a los amigos (así, en el mismo saco), seducir a humanos para que sean sirvientes a cambio de promesas de eternidad, ver por la popularidad (véase la sub-trama de La Bestia) o ir a fiestas y discotecas a divertirse, en alegato de integración entre especies de horror, enfrentando a los hombres lobo de paso. Conviven con la humanidad, a la que no desprecian, pero deben lidiar con sus apetencias y sobrevivencia, más marcada en el milenario Petyr que luce como Nosferatu (1922).

Enterrando a mi ex (Burying the Ex, 2014)


Comedia de terror ligera, pequeña y simpática, del maestro del terror Joe Dante, que tiene obras memorables como Aullidos (The Howling, 1981) y Gremlins (1984) que si uno espera fuegos artificiales en una película suya mejor volver a verlas que ver ésta. De muestra dos escenas legendarias: ese hangar con toda la tropa de hombres lobo del lugar a punto de salir enfurecidos de cacería contra sus descubridores; y la de toda la pandilla de los Gremlins en una sala de cine disfrutando frenéticos de Blanca nieves y los siete enanos. Enterrando a mi ex es una propuesta más bien humilde, que entretiene lo justo únicamente, en la historia y leitmotiv irónico de no saber terminar con una pareja, aquí convertida en zombie tras una promesa de amor eterno hecha de momento, casualmente escuchada por un objeto demoníaco cumplidor de deseos. La ligereza es formal en el filme, no solo estructural, sino argumental y en su lectura cómica, pero consiguiendo ser bastante fluida y bien contada, mediante protagonistas básicos. Max (Anton Yelchin) que atiende en una tienda de juguetes de terror y es amante del cine del género deberá lidiar con la resurrección de la autoritaria y exigente Evelyn (Ashley Greene) que es una ambientalista, de lo que Dante se mofa haciéndola antipática en su fijación hacia la salud, a comparación del amor ideal que representa la dulce, relajada y cool Olivia (Alexandra Daddario) que vende malteadas híper calóricas y lo único que busca es estar con alguien agradable y común sin mayores problemas, en la que es un ente de juventud pura y llana, como pretende toda la película. Vemos hasta a Max movilizarse en una patineta con timón que lo hace ver medio nerd. Es una historia con poco terror, pero tiene de filme bien cinéfilo, de culto al cine B de horror. Max no sabe qué hacer con su ex, ella no entiende terminada la relación, aun muerta, ni siquiera Evelyn está del todo consciente de su posición de zombie y de su extrañeza en el mundo, aun cuando se tiene por una grata persona, aunque suelen dejarla por imponer sus reglas, aun teniendo un plus de que es muy sexual, por lo que hay varias bromas al respecto. Es una película para reírse, en tono tranquilo. Dante perpetra ocurrencias con gran oficio.

Tales of Halloween (2015)


Ésta es una antología compuesta por 10 cortos con un máximo de 10 minutos de duración cada uno, de los que hay que decir que tienen cohesión como grupo, en cierta notoria similitud narrativa y hasta argumental en medio del truco o trato y del contexto del suburbio americano, una buena factura y sobre todo en contener mucho sentido del humor e ironía bajo el espíritu del hombre medio, en la mezcla de jovialidad juvenil y la madurez en las formas. El mejor relato es Friday the 31st, de Mike Mendez, donde un Jason Voorhees o un asesino del hacha monstruoso halla su némesis en un pequeño y risible extraterrestre ofendido, surgiendo un festín gore. Le sigue This Means War, de John Skipp y Andrew Kasch, que es audaz como premisa, aunque la ejecución es pedestre, en la lucha de dos vecinos que tienen su propio estilo de conmemorar Halloween, exhibido en su patio y en la decoración por la celebración, uno es la conjunción del heavy metal y el gore, el otro todo lo que conlleva lo clásico, de lo que el fastidio mutuo se apodera de ellos. Entre los integrantes del conjunto hay tres nombres famosos, digamos, Darren Lynn Bousman (Saw II, III y IV), Lucky McKee (May, The Woman) y Neil Marshall (The descent), pero sus historias no son particularmente especiales. The Night Billy Raised Hell (Bousman) presenta al diablo mismo representado en un vecino poco querido quien se encarga de escarmentar a un niño travieso, de lo que en realidad es más mala suerte que castigo justo. En Ding Dong (McKee) una bruja interpretada por la seductora Pollyanna McIntosh (The Woman), de amplios e ineludibles pechos (a cada rato se los acomoda), quiere un niño, pero sus intenciones no son probas con éste, y al no tenerlo tortura a su heroico marido que se cuida de no complacerla en dicho pedido, habiendo una lectura muy sarcástica, y estilística, más que un cuento entretenido. Bad Seed (Marshall) hace que un experimento traiga como consecuencia que una calabaza se vuelva una homicida, para lo que una detective bastante seria, como el estilo narrativo, se encarga de las pesquisas. La antología peca de imperfecta, como de nadar en aguas conocidas, tener cierto background ñoño o poseer algún remate poco digno o nada original dentro de su composición, pero cada relato a la vez tiene su gracia y encanto, con los que muchos se han entusiasmado.

martes, 29 de septiembre de 2015

La visita

Buen número de personas le consideran su retorno al éxito, al buen cine, al respaldo del público y de la crítica, del director indio M. Night Shyamalan, aun con un presupuesto bastante bajo, en un filme de metraje encontrado (found footage) y mockumentary, sobre la visita de dos chicos de 15 y de 13 años a la casa de sus abuelos, a los que nunca han visto ni conocen y quienes yacen distanciados de su madre por fugarse de joven del hogar con un pretendiente, la que separada está pasando una semana de descanso con una nueva pareja, al igual que los chiquillos en una granja en Pensilvania, mientras la adolescente Becca (Olivia DeJonge) graba un documental sobre su visita, con la ayuda de su hermano menor, Tyler (Ed Oxenbould).

Una cosa que engancha rápido con el espectador es la indudable simpatía que trasmiten los dos muchachos, su rapidez mental y audacia, su madurez, alegría e intensidad, de lo que el niño se pone a rapear continuamente, es su hobby, aunque es lo de menos, hasta puede ser molesto en ese sentido, pero en donde se asume cool, desenfadado y mayor. También podemos ver que tienen conflictos propios de su edad y las circunstancias clásicas de disfuncionalidad familiar americanas, como que Becca le tiene resentimiento a su padre por su abandono del hogar (generando un lugar de drama emocional, habiendo más de uno al respecto), y por otro lado no se siente bien consigo misma, mientras Tyler sufre de excesivo cuidado con los gérmenes. Ellos manejan el rumbo del filme, y le otorgan efervescencia, como que Shyamalan le da credibilidad, ritmo y naturalidad a la idea de la cámara entre sus protagonistas.

Sobre lo más importante, si da miedo o no, si funciona, debo decir que el giro central de la propuesta, como a media hora de acabar el filme, tiene de potente sorpresa terrorífica (lo cual es importante no conocer, que irá hacia la lógica interna del artefacto, concluyendo en su redondez narrativa), conteniendo un buen susto, el mejor de la película, fuera de su sencillez argumental, produciendo una grata nueva funcionalidad, entre el desenfreno y el hallazgo, generando suma incomodidad y una peligrosidad palpable, impredecible, en un cambio de figura, donde la comprensión se torna en tensión, lo raro en pánico, estando por encima de la enarbolada desconfianza, de aquel tira y afloja de una hora de metraje discreto y naturalista, en el anido de los consuelos. Véase esa prominente ocurrencia fuera de lugar que no sea lo macabro en meter a la nieta a limpiar en el interior del horno, como en un cuento de brujas, que es parte del físico de la abuela. Después ya no se trata de juegos menores como la persecución debajo de la casa que genera un estado siniestro, justificado con lo cotidiano, ni de solo pequeños hechos freaks, misteriosos o abruptos, aludiendo la longevidad, que yacen calmados por el sentimiento, sino de una amenaza en desbocado in crescendo, partiendo de esa ruptura y llamado del suspenso, cuando marcan las nueve y media de la noche y la abuela Doris (Deanna Dunagan) hasta blande un filoso cuchillo, en una oscuridad e inestabilidad que alude verbalmente, como poseída por el cine de terror nipón, en la forma de un espectro, moviéndose aterradoramente, no siendo todo, porque el abuelo John (Peter McRobbie) es otra fuente de miedo, de sorpresas.

La visita es un pequeño punto de inflexión positivo en el cine de Shyamalan. Observemos su recorrido, está la gloria y máximo logro, con su obra maestra, El sexto sentido (1999); su segundo reconocimiento de talento en El protegido (2000), las que simbolizan su mejor momento creativo; su etapa discutible pero aún rescatable, a un punto de culto, con Señales (2002) y El bosque (2004), donde muchos vemos ridículo donde otros hallan genialidad; su estado de caída tras La joven del agua (2006), tratando de sobrevivir a la lucha entre el odio y el amor hacia su séptimo arte, hasta llegar al rechazo masivo con Airbender, el último guerrero (2010), y After Earth (2013), de lo que hoy nos llega su humilde rejuvenecimiento, no espectacular como para celebrar efusivos, como no lo es el trance futbolero del niño venciendo una tara risible, pero sí una propuesta decente en general. 

miércoles, 18 de enero de 2012

Exit through the gift shop

El año 2011 en los Premios Oscar dieron como ganador a Inside Job, la película con la temática de mayor importancia de la noche que lleva mucha actualidad, aparte de estar muy bien dirigida y solventada con amplia información detallada al milímetro, sin embargo la obra dirigida por Bansky sabe contundentemente como la más ingeniosa y original de dicha gala; artísticamente hablando es una obra maestra, una propuesta redonda que no solo entretiene sino que su ironía reflexiva es de una audacia magistral.

Thierry Guetta, un francés radicado en Estados Unidos se presenta como el máximo protagonista del documental que en parte está asociado con los llamados mockumentaries, esos falsos filmes que aparentan realismo investigativo pero que se adscriben a la ficción. Éste hombre se presenta como un tipo extremo que suele grabarlo todo compulsivamente y que teniendo a un primo que hace arte urbano, denominado space invader, en alusión al jueguito antiguo de matar alienígenas que van descendiendo hasta el suelo de la pantalla, empieza a perseguirlo en sus andanzas ilegales de pegar su logotipo en espacios intrincados y vistosos, para pronto convertirlo en una nueva afición, ir detrás de esos rebeldes que quieren dejar su impronta al aire libre con mensajes irreverentes, burlones y libertarios.

Para éste galo es solo un pasatiempo que no tiene meta tangible aunque suele decir que pretende hacer una recopilación admirativa de esos artistas y lo único que hace es acumular videos en cajas guardadas. No obstante a través de su dedicación graba infinidad de instantes alrededor del mundo que de otra forma se esfumarían en poco tiempo, hasta que oye mencionar a un tal Bansky, el más grande personaje del grupo de quien se desconoce su identidad y al que le precede la osadía de llegar a pintar mensajes sarcásticos y pacíficos en el muro que divide a Palestina de Israel.

El entusiasmo no se hace esperar y Guetta busca conocer al mito, que por asuntos del azar lo consigue y entabla con él una relación de amistad que llega a la emulación de ese genio, bribón y outsider, sin embargo eso es solo una capa de la que la realización se coge para dar el golpe decisivo en una sorpresa que nos provoca la hilaridad desde su feroz acometida en la defensa de los ideales que identifican al movimiento underground de unos locos que pintan, esculpen, distorsionan, pegan, crean y se manifiestan contra cierto orden establecido, queriendo dejarse observar y existir en su propias reglas.

En el filme vemos a Bansky dar declaraciones cubriendo su rostro y afectando su voz para no ser ubicado. Él es el artífice de ésta gracia virulenta contra el mercantilismo, el materialismo, la falsa imagen y sobre todo la crítica de que el arte puede ser tan vacío y arbitrario en lo contemporáneo que ha perdido la esencia y cualquier mediocridad puede ser elevada a la categoría de obra maestra.

Su creación lleva un espíritu que lo desliga de la estética elitista pero que mantiene una inconfundible relevancia introspectiva abierta a todos los ciudadanos comunes y no se adscribe como él mismo lo expresa a la fama ni al dinero aún teniendo la oportunidad de hacerse millonario ya que muchos cabezas huecas consideran su obra cultura pop y pueden pagar cuantiosas sumas por un Bansky, lo mismo que un Van Gogh o un Rembrandt.

El dinero aturde, la ambición de nuevas experiencias y el deseo desmedido de posesiones más originales y raras se hace pelea en el siglo XXI, por eso no extraña que a una galería de exhibición de éste seudónimo celebre, se hayan hecho cita varios personajes públicos como estrellas de cine entre otros solícitos acaudalados, deslumbrados por extravagancias como la de un elefante pintado vulgarmente que además creó sensacionalismo para el enojo de los protectores de animales.

Y justo en ese lugar es cuando entra en acción la mofa con la intromisión de Mister Brainwasher, el alter ego de Guetta que con una exposición absurda, tosca y excesivamente insípida (destrozando a su vez el leitmotiv que articula el arte urbano) remece L.A. durante dos meses convirtiéndose en el nuevo Bansky en donde la felicidad del público por una obra en la estela de Andy Warhol le grita el título de talentoso a un tipo que parece un señuelo para mostrar la idiosincrasia de que considerar arte a cualquier cosa es pan de cada día.

Genialidad que proviene paradójicamente de la contracultura en un saboteo indirecto de cualquiera que quiera romper con la lógica de su filosofía de vida y que levanta la cabeza con orgullo con ésta actitud y trampa de uno de sus mejores representantes que bien merecería para él y sus compinches (los auténticos por supuesto) mayor reconocimiento para su grito personal proveniente del anonimato y de la ciudad mientras otros timadores ya quisieran tener alguna chance para aturdir al mundo con alguna minusvalía artística. Una fantástica película por donde se vea, que hará reír y pasar un momento de ferviente y verdadero culto.

lunes, 7 de febrero de 2011

Aún sigo aquí


Éste documental según han afirmado sus autores, Joaquin Phoenix y Casey Affleck, Affleck lo dirige, ambos comparten el guion, dicen que es una película de ficción que finge ser esa forma de archivo, pero lo que vemos parece real si bien todo el asunto de convertirse en rapero dejando la actuación por parte de Joaquín Phoenix parece una tontería increíble. Por ese lado podemos creerles pero lo que observamos luce tan espontáneo que admite la duda. Lo que presenciamos resulta patético, presentando a Phoenix como un estropajo. No puede quedar peor, si bien se llega a sentir conmiseración por su estado.

Phoenix inhala cocaína en repetidas oportunidades, se acuesta con una prostituta y aspira droga de uno de sus pechos, le arrojan una ventosidad en el rostro, luce por un año como un loco, con el cabello desordenado y largo, la barba descuidada y lentes oscuros, una panza prominente y una actitud que repele el buen trato humano, insulta y minimiza a sus amigos, habla incoherencias. Su cántico de hip hop se presenta desastroso en cada ocasión que lo hace. Quiere ser reconocido en su nueva actividad a pesar de la clara falta de talento. Golpea a un espectador de uno de sus presentaciones musicales, vomita; llora tras pasar vergüenza y ser razón de burlas en el programa de David Letterman. Es imitado inmisericordemente, como un retardado y un tipo sucio, por Ben Stiller, en un evento que reúne a cuantiosas estrellas de cine. Los medios de comunicación difunden la noticia de la mofa en que se ha convertido.

¿Y todo para qué?, ¿es verdad que Phoenix ha caído tan hondo, al aborrecer su gran carrera actoral por una nueva esperpéntica inmersión en el hip hop o es la actuación de su vida como han querido llamarla los creadores de éste documental? Ciertamente el filme es un golpe bajo para quienes lo tenían en un pedestal y por donde se le mire es deprimente, porque de cómico no tiene nada, fuera de que creamos que Phoenix realmente está fingiendo lo que vemos y haya logrado concretar el papel de un perdedor disfrazado de gloria del cine.

Casey Affleck, quien además es cuñado de Joaquín, como director es terrible, porque su actor principal da la espalda a la cámara, no se le ve bien el rostro en incontables tomas, los diálogos son insignificantes, se mueve y es seguido sin un encuadre correcto, se demuestra mucha improvisación técnica. Claro, podemos decir que es parte de que trata de ser lo más realista posible; pero sin profesionalismo en la realización, ¿de qué estamos hablando?

Pasan artistas reconocidos por la filmación, Edward James Olmos llega a darle consejos de las elecciones de la vida en un discurso que avala el decadentismo del retirado actor. Ben Stiller aparece con un guion de cine, el cual Phoenix rechaza menospreciándolo y abandonando el lugar. Hay abrazos con actores como Bruce Willis, Jack Nicholson, Billy Cristal, Danny Glover, entre otros, pero en rápida intervención, producto de un evento benéfico que comparte con ellos. Sean Combs es el productor musical al que Phoenix busca para promover su faceta de cantante y para sorpresa del espectador acepta ayudarle, antes explicándole que necesita invertir mucho dinero, y en su estudio llega a decirle sorprendentemente que tiene dos canciones valiosas.

La película gira en base al deseo de Joaquín de ser cantante de hip hop, empecinado en triunfar en algo que considera más verdadero que el cine donde se considera solo un títere. Ver éste documental te deja la idea de que se permiten denostar de la hermosa actividad del séptimo arte, que no es lo que parece. Phoenix está lejos de ser lo que cualquiera puede pensar que es, una estrella glamorosa, inteligente y triunfadora, con una vida acomodada, buena educación y simpatía, que está rodeado de gollerías y mucha relevancia artística bien llevada y que se ve perseguido por el deseo de la multitud de conocer su idílica y extraordinaria existencia. Nada de eso se ve en la película, porque él se muestra como un pobre diablo que vive desordenadamente y desorientado e insatisfecho con sus propias decisiones. Parece un tipejo insoportable e incapaz mentalmente que hace películas pero que detrás no tiene virtudes personales.

Joaquín Phoenix es uno de los actores que más me agradan, siempre proveyendo a las películas de emociones y transmitiendo sentimientos, con performances envolventes y creíbles, que te ensimisman y te hacen cómplice de su estética, te convierten en fiel seguidor y admirador de su obra, pero aquí a uno lo sacuden y le dicen que nada de eso representa en realidad. Durante la cinta se hace inaguantable en su manera de manifestarse, deja de ser objeto de deslumbramiento para hacerse sentir desagradable, aunque al final cuando se sumerge en el lago nos apiademos de su infelicidad y sintamos lastima por él, sin embargo su arrogancia, inmadurez y retardo mental quedan circulando en nuestra cabeza con decepción tremenda.

Phoenix luego apareció coherente, elegante, delgado, bien peinado y sin barba en un par de festivales europeos, en Italia y Francia, presentando el documental como de ficción junto con Casey Affleck. Si es así, que todo ha sido una gran mentira y solo una interpretación, únicamente me queda decir que no se repita, que ha sido una idea bastante absurda y que el año que perdió no ha valido la pena por una realización tan deplorable. Espero verlo con normalidad en películas complejas y seguir creyendo que lo que he visto aquí ha sido solo una farsa olvidable, una travesura desbordada, un error de proyecto, un año sabático de terror, algo que hay que sacar de la consciencia para recuperar la imagen del actor que tanto a uno agrada, porque en todo caso si su vida personal así fuera, que la supere y que se dedique a lo que domina, hacer cine serio. Por bien de su persona y alegría de sus seguidores.