miércoles, 17 de julio de 2019

Ensayo de un crimen


Un niño recibe una cajita de música y oye una historia con ella que lo define durante su existencia. La cajita dicen tiene un poder, ésta mata a los enemigos de uno. Archibaldo de la Cruz (Ernesto Alonso) crece con la seducción de su infancia, con la idea de esa cajita de música, es decir, del asesinato. Durante su adultez planea matar a alguien, a una mujer, pero nunca puede llegar a ser el autor de ningún crimen, hay una suerte de destino de esquivar que lo lleve a cabo; sucede, pero nunca es por su mano. Archibaldo parece una buena persona, es rico, refinado, simpático y muy educado, pero esconde esa perversidad, quiere ser un asesino. Luis Buñuel perpetra ésta maravilla de película, con ésta ironía como leitmotiv. Hay una escena donde Archibaldo muestra su maldad en toda potencia, quema un maniquí doble de una persona que quiere matar, vemos todo como una escena de terror. Observamos el plan siniestro que quería llevar a cabo y, como siempre, quedó frustrado. Archibaldo es un seductor, aunque no es un tipo tan atractivo. Pero su verdadera motivación es perpetrar un homicidio. La bella Rita Macedo hace tremendo papel, como Patricia Terrazas, una mujer desenfadada, sexual, avispada, una mujer promiscua en plan de juego, aunque finalmente fiel. Tiene una escena fetichista con sus tacos altos en un casino que la dibuja de cuerpo entero como una bomba sexy. Carlota, otra mujer en la vida de Archibaldo, se pliega lúdica también a la dualidad y a la corrupción, es una mujer que aparenta ser devota católica pero anda con un hombre casado. Archibaldo se enamora de ella, quiere casarse, pero termina queriendo matarla tras descubrir su affaire. El filme como con la monja repite la ironía del esquive de la calidad de asesino de Archibaldo, hombre sofisticado y perverso, como el filme de Buñuel.

martes, 16 de julio de 2019

The Ox-Bow Incident


Éste filme tiene un arranque fenomenal, con un Henry Fonda buscando entusiasmo en peleas de bar, para terminar desmayado por un botellazo del cantinero. Todo en son familiar por más extraño que suene. Así se presenta el filme, nos habla de un pueblo donde todos son como una gran familia que deliberan y debaten juntos, aunque tengan diferencias y rencillas de paso. El debate central y meollo del filme lo ocasiona la muerte de un ganadero, un hombre ejemplar y muy querido, ha sido robado su ganado y asesinado. El pueblo, los amigos, los compañeros, los vecinos, la comunidad, enardece, quieren venganza, quieren hacerse cargo de los asesinos, para eso quieren ir a buscarlos, atraparlos y lincharlos, ahorcarlos. El debate surge porque antes algunos pretenden que se les arreste y pasen por un juicio, pero la mayoría no quiere tanto tramite, están furiosos, quieren el linchamiento. Deliberan rápidamente, y salen en busca de los asesinos, la gran escena se muestra con montón de jinetes cabalgando. El filme se define por la justicia en manos de la gente contra la de la ley. La consciencia viene más tarde con un toque sentimental, con una declaración de por medio. El filme tiene un mensaje claro y muy certero. Es también una propuesta entretenida, muy ágil, muy simpática, aun cuando acción no es que abunde, es más un drama, una película para pensar dígase aunque no sea para nada compleja de ver. Como uno de los bandoleros está Anthony Quinn aunque como secundario. The Ox-Box Incident (1942), de William A. Wellman, es un filme en su punto de tiempo, dura menos de hora y media, y es muy potente.

jueves, 11 de julio de 2019

La muerte en este jardín (La mort en ce jardín)


Luis Buñuel hace una película de aventuras, con un país equis en América latina que está gobernando por militares y que un día prohíben a los extranjeros extraer diamantes. Esto genera el choque entre los extranjeros y el gobierno dictatorial. Así comienzan las persecuciones, se forma un grupo que quiere escapar, se van rumbo a la selva del Brasil. Un extractor de diamantes, Castin (Charles Vanel), quiere casarse con la prostituta local, con Djin (Simone Signoret), ella lo considera viejo, pero por interés acepta. De esto saldrá una pequeña aventura sorpresa más adelante, con francotirador incluido. El héroe es un tipo corrupto en varios sentidos, un tipo violento con las mujeres, Shark (Georges Marchal), un ladrón que simplemente sobrevive como puede y se une al grupo de la fuga. Michel Piccoli es el padre Lizardi, un tipo común, curiosamente una rara avis de Piccoli que en el cine hace de mucho hombre extraño y extravagante. Junto a ellos la hija sordomuda de Castin (la hermosa Michèle Girardon). El filme recuerda el cine de aventuras de John Huston, pero con un toque de personalidad propia. Buñuel es más bruto para escenificar los comportamientos. El filme es bastante práctico, tiene buen ritmo. Está explicado con suma facilidad, pretende la movilidad. No hay grandes protagonistas, están a media caña, les falta grandeza, por más que se intenta, pero se distinguen, no son personajes planos. Las acciones son decentes e interesantes, pero muchas muy simples, aunque es un filme que escapa del rótulo final de típico. Shark es un tipo bastante rudo y aporta cierto realismo, aunque carece de carisma. La mort en ce jardin (1956) es una película entretenida, pero no una gran película. Esta propuesta es una mezcla mexicana con francesa. Un nado entre europeo y latino. Sobresale la actuación de Piccoli.

jueves, 4 de julio de 2019

Ferat Vampire (Upír z Feratu)


Que un auto sea un vampiro suena híper extravagante y original, pero el resultado es un filme extraño para el cine de terror, pero interesante aun así. El auto en cuestión tiene un desenvolvimiento más discreto que algo potente y terrorífico, el terror es más anexo por otras cosas que por el propio auto; el auto vampiro, el ferat, más bien tiene una especie de investigación, comprobación, de que en efecto es un vampiro, y el trabajo en ello parte de un tipo que es freak y cuenta esto a un doctor (Jirí Menzel), el doctor se convence porque el ferat implica a un mujer que él ama, una  enfermera, Mima (Dagmar Havlová). El filme gira en base a un rally, el ferat va a competir en éste rally. Mima va a conducir el auto, ya que la anterior piloto murió, supuestamente chupada su sangre por el ferat. En el filme hay un juego del doble con ésta mujer, Luisa (Jana Brezková) y su hermana Clara (la misma Jana), presentándose como una alucinación, un juego de terror, donde muchas mujeres quedan confundidas. Esta propuesta tiene su complejidad, es algo intrincada de entender. Mima y Luisa tienen sus vidas vinculadas, la morgue las espera. El doctor Marek es el padrote, las seduce a ambas, aun cuando tiene la pinta de nerd. Ferat Vampire (1982) es un poco seria con su investigación de hacer ver al ferat como un vampiro, esto se dilucida al final finalmente, antes todo busca comprobar los supuestos disparates de un tipo. Esto del ferat vampiro hace percibir al filme raro, porque no busca hacer terror barato, terror básico o intenso, es algo más sutil, el auto chupa la sangre por el pedal, hay una adicción y dependencia ahí, esto se conjuga con la pasión por el automovilismo y el deseo de éxito y reconocimiento. Mima ama el automovilismo, igualmente como Luisa lo amaba, ambas están dispuestas a morir por ello. También tiene influencia que un vampiro chupa la sangre a alguien y la vuelve dependiente de su hechizo, es como una esclavitud la que genera, hipnotiza a la persona, roba el alma. Ambas cosas van de la mano, la pasión por el automovilismo y el vampirismo, hay una fusión sólida en esto en la presente propuesta. Luego veremos hasta el rally en acción. Aparte el checo Juraj Herz espolvorea terror en el filme, pequeños sustos, pero también coloca una pesadilla potente con el ferat a lo Cronenberg, con un auto latiendo como la carne, lleno de sangre. El rally que es auténtico está bien inmerso en el filme. La compañía Ferat tiene una administración y directores que da a entender a un capitalismo violento, un capitalismo depredador y corrupto. El filme tiene su erotismo, pero nunca deja de lado su historia. La escena con las botellas en la cama es chocante, pero el filme da una explicación freak, así se ve un poco el filme. Es un cine de terror raro, particular, cine de autor con su roce con el ridículo en el que nunca cae. Ferat vampire no será una obra maestra, pero es una película bastante curiosa.

Vampire doll


Un hombre llega excitado en taxi bajo una intensa lluvia en busca de su novia a un lugar apartado en el campo, y se da con la sorpresa de que está muerta, la ha dejado de ver 6 meses y se iba a casar con ella. Se queda a pasar la noche en la casa de la madre de quien iba a ser su futura esposa, de pronto ve pasear por fuera a la joven, sale corriendo a buscarla. Afuera está su tumba, bien a la japonesa, de pronto la tiene muy cerca, ella llora y le dice que la mate. Enseguida él promete curarla, en eso a la mujer le brillan los ojos de amarillo y abre grande la boca, muestra dientes afilados, el sujeto en cuestión va a morir. El hombre desaparece –como en un sueño- y su hermana va en su búsqueda. Así empieza la película, y tiene una buena consistencia, como cuando el visitante despierta por el ruido, ve por la cerradura de la puerta y ve a alguien mecerse en una mecedora, luego ya no hay nadie, y se pregunta si era ella, Yuko, su novia, la muerta. Una muñeca cae al piso y se rompe en pedazos; por la ventana ha pasado un fantasma. El filme tiene encanto, así de terrorífica y clásica es. Michio Yamamoto hace su primera película de una trilogía (The Bloodthirsty Trilogy), con una mujer bella vampiro. El filme anexará mucha historia, con el pasado de la familia de Yuko. En la casa gótica donde caen las victimas espera la señora misteriosa de la madre de Yuko y su sirviente jorobado, chato, grueso y retardado. El sirviente quiere matar al novio de Keiko, la hermana del hombre muerto de la apertura. Esto da cierta risa, porque el sirviente retardado se mueve autómata a ayudar a la familia a quien sirve, siempre está al acecho de saltarle encima al novio, mientras éste esquiva hachas y armas como puede para sobrevivir. Keiko también pasa las de Caín en la casa, es sedada, secuestrada, encerrada se topa con la vampiro. Hay momentos así de buenos, de convincente suspenso. La mujer vampiro es efectiva y se suman historias. El campo como contexto es fértil en sustos. La casa señorial brilla como punto de terror en medio de la inmensidad. Los pasajes de la casa se prestan para el miedo, para el sobresalto, en cualquier momento puede salir la vampiro, que ronda. En medio de todo Keiko y su novio sospechan, escuchan llorar a alguien, van a ver. La madre de Yuko se mantiene seria, vestida bien japonesa, su seriedad se percibe de demencia, se mantiene fría. Es una película que gira en torno de la casa señorial y su imponente soledad, donde se guardan secretos tétricos, salvajes. Las posibles víctimas solo son Keiko y su novio, pero se dan muchos sustos con ellos, se proyecta bastante el peligro aun así. A ratos aparece la vampiro. El sirviente también como asesino propone su cuota de terror y muerte, aunque haga escapar algunas risas. El filme no se oye perfecto con la ensanchada historia familiar, pero tiene buenos sustos.

miércoles, 3 de julio de 2019

Lake of Dracula


No es muy común ver un Drácula japonés, y eso es lo que nos trae Michio Yamamoto. El filme es muy práctico y lleno de momentos de terror, de sustos, de suspenso. Uno de los buenos es con una paciente de hospital infectada por el monstruo. Akiko Kashiwagi tuvo un encuentro con Drácula a la edad de 5 años y creció con esa visión que ella creía un sueño. Pero Drácula la perseguirá hasta su casa del lago. El ataúd llega así en una camioneta de lo más simple. Drácula se dedica a convertir en no muertos a quienes se cruza. Akiko y su novio, el Dr. Takashi Saeki, investigan la situación. Es un filme entretenido, pero no plus ultra, aunque tiene su pequeña originalidad con la aclimatación de Drácula a un japonés, pero en general parece una película europea, la propuesta está bien occidentalizada, y esa es la curiosidad que quería ofrecerle Michio a la gente de su país. Todo es clásico del mundo vampírico, se ha respetado bastante la leyenda occidental. Es un filme algo lento, con su melodrama con el miedo que siente Akiko. Es un Drácula más de terror que sensual, pegado al que hiciera la Hammer. La atmosfera es gótica de la misma manera, con su toque a añejo, a nocturno, a frío.

domingo, 30 de junio de 2019

Falbalas


Ésta película es una genialidad del director francés Jacques Becker y del séptimo arte. Falbalas (1945) tiene de protagonista a un modisto de alta moda, Philippe Clarence (Raymond Rouleau), que suele enamorar a mujeres, pero solo como juego, aquí le dicen como comedia, como aventura pasajera sexual y no formalizar con ninguna, para luego abandonarlas sin miramientos ni concesiones, esperando ellas un trato distinto. Cuando conoce a la novia de su mejor amigo, a Micheline Lafaurie (Micheline Presle), de lo más fresco busca hacer lo mismo, y lo consigue, logra acostarse con ella, un poco forzándola con su imponente seducción al estar medio reacia a ser infiel –pero se siente fuertemente atraída-.

No obstante al proponer el juego, la comedia, con ella, inesperadamente Clarence siente algo excepcional por ésta mujer, queda flechado por primera vez en su existencia. Sin embargo la historia terminará como todo un melodrama, muy triste. Pero viendo más atrás, la seducción es atractiva, efectiva, rápida, como toda la película, ella luce hermosa con la cámara posándose rendida a sus pies sobre su rostro atractivo, brillando la fémina bajo una luz santificadora, endiosándola, aunque Clarence se porte inicialmente como un perro con ella, donde la personalidad del protagonista será un duro golpe de realidad.

Clarence es alguien que nada en la imperfección, tiene bastante de recriminable y así lo toma la película, no es para nada un héroe. No obstante Clarence es un hombre de éxito en muchos campos, un tipo seguro de sí, pero ciertamente se perpetra cruel al pasar por encima de su mejor amigo sin ninguna pena, que lo hace desde el principio y éste -una persona de abierta nobleza y lealtad- ni cuenta se da. También hay una historia extra con una mujer del trabajo de la moda que yace enamorada locamente de Clarence, que fue una antigua pareja de estas pasajeras que él tiene, pero quedó prendada ciega por él, continuando asediándolo, esperanzada, ahí Clarence se notará insensible en más de una oportunidad, comparando ambos devenires y volviendo a ser atacada el aura de múltiple éxito del protagonista.

La película que nos convoca ahora fácilmente ha debido inspirar a Paul Thomas Anderson para hacer Phantom Thread (2017). Falbalas es maravillosa, algo terrorífica en un comienzo, y así de la misma manera termina, con el delirio de Clarence sobre un objeto inanimado. El mundo de la moda está retratado con maestría, no apunta a ser dominantemente femenino por convención natural sino se percibe universal, y ni se siente, parece un contexto como cualquier otro, aunque muy bien representado.

El filme de Becker traiciona a Clarence tanto igual que él lo hace con la buena fe de las mujeres. Hay que notar que aunque Clarence se luce como un galán o un romántico es un tipo aprovechado por costumbre, juega con los sentimientos de las damas, las utiliza y las bota, aquí las mujeres no son liberales, buscan sexo con amor. Por todo esto Becker finalmente se pone del lado de las mujeres, y Micheline se vuelve heroica como ave fénix, aunque Clarence termina dando pena a último minuto, pagando por sus actos sin oportunidad de redención.

Daniel Rousseau (Jean Chevrier), el novio de Micheline, inicialmente da la impresión con su pinta de ser un gángster italiano, pero es más dócil que el pan, muy controlado, pero bien trabajado, aunque atípico al uso cinematográfico. Se suele ver a su tipo de personaje más desaforado, más torpe. Notable también que Falbalas no haga uso de un exceso de sutileza, sino es una propuesta muy clara, evita los eufemismos, aunque es delicada como cine clásico, nunca será vulgar. No necesitamos ver dormir juntos a Clarence y Micheline para saber que han tenido un encuentro sexual. Pero las cosas se dicen por su nombre, y así funciona ejemplarmente, para sorpresa de muchos. Falbalas guarda unos minutos finales llenos de suspenso, minutos finales gloriosos para el cine.

sábado, 29 de junio de 2019

El azar (Przypadek)


Ésta película versa en tres versiones del devenir futuro de un muchacho que tiene fuerte nexo político con el estado de su país; en una parte con comunistas que son el gobierno y en otra con gente que está contra el comunismo que hacen periodismo clandestino. El muchacho se llama Witek Dlugosz (Boguslaw Linda) y es un estudiante de medicina. En una versión Witek abandona su carrera de medicina y se mete al partido comunista, se pone con el orden hegemónico de su tiempo. Witek hace de enviado especial para sofocar una revuelta y se da uno de los momentos clímax del filme, pero en general es un filme pesado. Al mismo tiempo vemos la relación de Witek con una joven de su infancia, habiendo bastantes escenas eróticas y artísticas junto a ésta mujer. No obstante repercute en ellos el orden del partido comunista. En otra versión Witek pertenece a un grupo anticomunista y tiene además una relación con una mujer casada de su grupo habiendo más un estado político-social que erótico entre ellos. Por ultimo en la tercera versión Witek es neutral, ni pro ni contra el comunismo, piensa en tener familia y desarrollar su carrera de medicina aun cuando el decano lo ayuda, lo encausa profesionalmente, pero el decano tiene problemas políticos. El filme abre bien arty, con unos cuerpos muriendo en un hospital –sabremos que uno de ellos será el de la madre de Witek-, luego el padre del protagonista yace moribundo melancólico confundiendo su futuro y Witek pequeño aparece despidiéndose de una niña a la que promete volver a ver. El azar (1987) es un filme muy político y se hace difícil que uno se entretenga realmente, aunque tiene sus escenas agraciadas, de buen cine arte. El director polaco Krzysztof Kieslowski muestra a Witek corriendo desesperado hacia un tren y en el trayecto empuja a una vieja y hace que una moneda ruede hacia un vagabundo que luego toma una cerveza como centro de unión de todas las versiones. Estas escenas son arty igualmente, son pequeñas genialidades visuales, pero lo político está tan enraizado en todo que la propuesta agota. Las escenas eróticas ayudan, pero se suman conversaciones pesadas con casi todas las parejas que pasan por la existencia del protagonista. La última yace de pie completamente desnuda frente al umbral de una puerta, esta escena es muy sensual que destaca entre todas por su naturalidad y fuerza.

jueves, 27 de junio de 2019

Faster, Pussycat! Kill! Kill!


El director de ésta propuesta, Russ Meyer, hacia películas de segunda categoría, pero la presente película es una súper película, una obra de arte popular, una obra maestra del entretenimiento. Lo tiene todo como goce mayúsculo. Ostenta una malvada de antología, Varla (Tura Satana), que mata a puño limpio con golpes de karate. El filme abre con carreras de auto informales, con tres mujeres pandilleras de cuerpos esculturales, especialmente de tetas grandes, fisonomía distintiva del cine de Meyer. Estas tres mujeres se topan con una pareja de novios jóvenes donde el hombre quiere lucir la velocidad de su auto, su eficacia al volante, y Varla le hace el alto de la peor manera, al estar dotada de un ego gigantesco y peligroso. Luego las tres bellas pandilleras terminan en un rancho de un hombre en silla de ruedas que guarda una cuantiosa fortuna y conocen a sus 2 hijos, uno es un Hulk gringo de cierto retardo, el otro es un cowboy común, de valores, aun con este padre. El filme es pura acción, Varla hace todo en sus manos para no ser acusada de nada y querer llevarse la fortuna escondida. El tipo en silla de ruedas (Stuart Lancaster) es un sujeto perverso por su lado también, tiene sed de venganza de matar mujeres, pero se topará con la horma de su zapato en la temible Varla. El filme es uno de sobrevivencia donde Varla querrá deshacerse de todo testigo. Faster, Pussycat! Kill! Kill! (1965) tiene el erotismo medido, cuidado, al servicio del relato. No son necesarios argumentos profundos, solo es dejarse llevar por su intensidad, por su acción, todo es hacer, más que pensar, y así es hedonismo puro, la sencillez en estado de gracia.

viernes, 21 de junio de 2019

Las margaritas (Sedmikrásky)


El filme es simple y a la vez no tan simple. Simple porque la propuesta trata de dos muchachas hermosas locas que se dedican a las mataperradas, a disfrutar de la vida haciendo locuras e incomodar al resto banalmente con sus libertades, con su deseo de tontear. Y no tan simple porque muchas de las cosas que hacen tienen pequeños efectos cinematográficos o parece simple juego “absurdo” y es difícil de cogerlo en la memoria. Se tiende a disfrutar lo que hacen, como cine, pero también a olvidarlo.

En un restaurante hay un espectáculo de Charleston, las chicas se dejan llevar por el baile y empiezan a hacer desmanes, a desenfrenarse, a ponerse intensas, haciendo que todo sea cómico como en una película muda de slapstick. En otro momento la rubia le corta el vestido a la de cabello negro, a la mejor amiga u hermana, y ésta en un efecto básico de edición le corta con la tijera un brazo, luego se decapitan y sus cabezas bailan, más tarde todo el escenario se hace picadillo, diminutos cuadritos, en total estado de juego. Es un filme de momentos así, de disfrute efímero, con unas muchachas simplemente vacilándose.

A ellas las veremos mostrándose lúdicas con tijeras, comen con éstas como cubiertos, apelando al festín, al fuego, al poder, a lo impredecible y a la violencia. Las chicas dicen que el mundo está corrupto entonces argumentan que no tienen por qué ser tampoco intachables, también serán corruptas, no hay regla que las detenga. Sobre socialismo –capitalismo, con el primero (socialismo) se topan con un jardinero trabajando concentrado en lo suyo y llaman algo hermoso a lo que hace, luego roban unas mazorcas y se extrañan que el trabajador no les llame la atención. Con el segundo (capitalismo), entran a una fábrica, se meten apiñadas en un pequeño ascensor de carga, y al abrir una puerta terminan en una cena de lujo donde aún no han llegado los invitados y como ellas son adictas a la comida como estado pleno de goce y diversión se dedican a tragar, a destruir todo orden y a lanzarse la comida.

Una se viste con una cortina, se trepa sobre la mesa de agasajos, camina sobre los alimentos, pisoteándolos rebeldemente, se burla del modelaje. Es la belleza al servicio de la personalidad, no la belleza vacía, tal cual preguntan filosóficamente, pero a su vez son libres para hacer de tontas en mil oportunidades. También se burlan de la edad, de los hombres mayores exitosos –mientras se le rinde pleitesía a la juventud-, con los que salen y terminan aprovechándose de ellos, en comilonas que estos pagan, para luego hacer que el tren se los lleve; los humillan y los desechan, bajo mímica cómica. El filme no es uno sexual, no hay escenas subidas de tono, a lo mucho vemos a la rubia salir desnuda tapándose sus partes más íntimas con cuadros de mariposas disecadas, siempre en estado de broma naif, pero sabiendo del poder sexual, de su poderosa femineidad.

Se burlan de tener pareja, también lo hacen de cualquier hombre, con uno que llama y expresa estar enamorado en el teléfono y ellas ignoran por completo sumidas en sus locuras. Es un canto de feminismo como entretenimiento, de fuerte e imponente personalidad, de extravagancia amable, como aparecer jugueteando a menudo en una piscina, echadas al lado, semejante a unas muñecas, o cuerpos en absoluto relajo. Las margaritas (1966), de la checa Vera Chytilová, es pura irreverencia alegre, un llamado a no aburrirnos nunca, a ser intensos y felices siempre, aunque haciendo mataperradas, portándonos como niños malcriados.