jueves, 13 de diciembre de 2018

Thunder Road


Es una película que tiene humor pero también harto drama, con un personaje especial, un joven oficial de policía llamado Jim (Jim Cummings), que ha perdido recientemente a su madre y divorciado puede dejar de tener la custodia compartida de su hija de 10 años, Crystal (Kendal Farr), y esto lo derrumba por completo, lo lleva a cometer error tras error.

Jim es una buena persona, aunque el filme se pone un poco perverso con él, en su mirada se puede leer en un momento que parece sopesar el querer asesinar a su ex mujer, ya que no puede vivir sin su hija a quien adora. Y no es el único momento así. El filme que dirige y escribe Jim Cummings juega con esto en pequeñas puestas en escena, muy sencillas, pero notables, como cuando Jim pelea con su mejor amigo y en un momento la cámara deja de mostrarlo para pasar a exhibir a toda la policía alborotada con Jim, y es ahí que la cámara muestra la razón al abrir el campo de visión, y es que Jim inconscientemente ha desenfundado su arma.

Momentos como éste hacen ver al protagonista impredecible, pero aunque puede ser algo violento –aunque no lo admita- tanto como un niño viejo o un tipo muy maduro y un gran orador o una persona desenfrenada que puede dejarse llevar por sus emociones, un tipo de múltiples personalidades, la imagen que más perdura es la del final, de nobleza, cuando salta de humor en humor, del llanto a la alegría, de la conmoción, el enternecimiento, a la plenitud y al agradecimiento de la vida, pero no desde lo fácil, sino desde los peores golpes de la vida, cómo perder a quienes más quieres o quien eres en la sociedad o lo material. Por todo ello, como se percibe, es un filme muy rico en profundidad, y todo desde lo claro, amable y directo.

El filme se enfoca también en los matices de la personalidad, la que no agrada del todo, que tiene altibajos con otros, lo cual puede oírse muy normal, pero aquí se maneja especialmente bien, con la relación de Jim y su hermana o con su ex esposa o incluso con su hija y su madre. El filme va descubriendo puntos débiles en todo el mundo, también producto de situaciones. Ésta propuesta también tiene su dotada cuota de humor, mucho en la verborrea, expresividad facial e intensidad de la personalidad del protagonista. La manera como la película maneja las relaciones humanas es tremenda virtud, inclusive con los afroamericanos, habiendo integración pero mucha naturalidad, poco paternalismo y honestidad. Inclusive descubrir porque se llama el filme Thunder Road tiene un uso logrado, aunque directo, más práctico.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Las mejores películas del 2018


Son las mejores películas últimas que he podido ver durante el 2018, sólo pongo las mejores a mi criterio. No tienen orden alguno.

1.       The Disaster Artist
2.       As boas maneiras
3.       El hilo fantasma
4.       La película infinita
5.       Western
6.       El amante doble
7.       You Were Never Really Here
8.       Revenge
9.       El vigilante
10.   La casa lobo
11.   Matar a Dios
12.   Les garcons sauvages
13.   Annihilation
14.   Ayer Maravilla Fui
15.   Un beau soleil intérieur
16.   Damsel
17.   Al otro lado del viento
18.   El infiltrado del Kkklan
19.   Lembro mais dos Corvos
20.   The Ballad of Buster Scruggs
21.   Thunder Road
22.   Wiñaypacha (La mejor película peruana del 2018)

martes, 11 de diciembre de 2018

La balada de Buster Scruggs


Es una película perteneciente a los hermanos Coen que se divide en 6 historias que versan sobre el western. En la primera historia que designa el título al conjunto conocemos a Buster Scruggs (Tim Blake Nelson) y reina la parodia, la ironía, sobre un pistolero y lo salvaje que es el oeste, el sobrevivir siendo un forajido. También brilla por la música, clásica de la región del sur. La mayoría de historias son muy sencillas, pero muy bien tratadas, entretenidas de ver, visualmente imponentes además. Otra historia tiene a James Franco como un rustico asaltante de bancos. Aquí vemos un ataque de indios muy potente, y no va a ser el único, habrá otro con un tal Mr. Arthur (Grainger Hines) que se robará el show a último minuto en otro relato, aun cuando la relación intelectual que manejan Bill Heck y Zoe Kazan inicialmente es notable, despierta curiosidad de hacia dónde se dirige éste segmento.

Al filme no le falta el humor, todo tipo de comedia. Igualmente es atractiva la recreación física de los personajes, los Coen no han buscado que sean personas embellecidas, sino todo lo contrario, más bien realistas, y pasan muchos por bastante humildes y hasta alguno por feo. En una de las historias se luce irreconocible Tom Waits como un viejo buscador de oro que le habla a Dios negando la derrota. Ésta pequeña historia se halla llena de sorpresas. Tiene a su vez toda la magia de los cuentos pioneros del genial Jack London. La mejor historia –por el personaje- es la del actor sin extremidades, interpretado por Harry Melling, que tiene un rostro sumamente expresivo, sobre todo en lo referente a la melancolía. Aunque su personaje vale por ser un gran orador lo mejor son sus gestos tan significativos. En ésta historia le acompaña Liam Neeson, que al igual que Brendan Gleeson en otro relato, tiene una injerencia menor, pero elevan el nivel del conjunto con su presencia y experiencia.

Por último sobresale una historia sobre una simple diligencia –como en otra hay una caravana de colonos- llevando distinta gente a un nuevo pueblo. Dentro del carro se ponen todos los presentes –supuestamente gente respetable- a conversar, hasta discutir, sobre cómo cada uno ve el mundo desde quien es cada quien y aquí se trabaja mucho distintos tipos de dualidad. Pero lo mejor llega después (aun), cuando la historia se convierte en una (sugerente) historia de terror, mezclando un uso poco trabajado todavía en el cine, de western con horror. El filme utiliza la mención de los míticos y despreciados caza-recompensas de manera magistral. Éste relato recuerda un poco a Bola de Sebo, de Guy de Maupassant, pero la vuelta de tuerca es atacar directamente a una señora digamos que honorable, a una señora tradicional, familiar.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Lembro mais dos Corvos


En el documental de Gustavo Vinagre un transexual, Julia Katharine, como si estuviera en un pequeño escenario de teatro le habla al director que yace fuera de campo, le cuenta sobre su vida, sobre su sexualidad –que es lo que suele llamar más la atención y nos tiene en primera instancia aquí escuchándole-, y su afición al séptimo arte que llama su salvación frente a la depresión, e invoca una vida dura. Julia habla con mucha soltura y facilidad, tiene habilidad como narradora y su (casi) monólogo –con intervenciones muy breves y contadas del director- entretiene y es interesante. Julia refiere que a los 8 años descubrió por completo su tendencia sexual con un abuelo tío de 55 años que aunque no se quiere victimizar porque se sentía mujer y la concibió como una primera relación se da cuenta que en realidad si fue una relación de abuso sexual, de pedofilia. De ésta manera, su vida se va mostrando -aunque ésta la rehúsa a concebir así-como una historia triste. Pero su cinefilia también otorga respiro al filme, como su elocuencia y actitud positiva frente a todo finalmente.

Lo bueno del filme es que no ahonda en lo tradicional, en esa parte sexual tan determinante en Julia y en la transexualidad, quien también ha experimentado con ser una actriz porno amateur. El filme se apoya en la personalidad amable de éste medio especie de personaje, porque Gustavo Vinagre también construye uno con una pequeña puesta en escena, un escenario de estilo japonés, dándole a Julia una vestimenta de geisha y servir el té a la manera tradicional nipona –no obstante, Japón es parte de su identidad familiar y vivencial, además-. Pero esto es breve también. Katharine, nombre escogido en honor de -la mítica y dicen también de vida secreta extravagante- Katharine Hepburn, vuelve a su calidad de narradora de su vida. Ahí brilla en su cierta delicadeza para hablar, pero abriéndose al mundo.

Nuestra narradora tiene una anécdota con el perfume Chanel No. 5 que es bastante curiosa, cruel, pero a su vez lleva ironía. Julia de cierta manera intenta desmentir que solo sea un ser sexual –también tiene cierta despreocupación o dejadez por su apariencia física, aunque esto lo toma como una autocrítica-; la cinefilia ocupa entonces otra dimensión importante de su personalidad. Julia conoce muy bien el cine arte, idolatra también a la legendaria Vivian Leigh, actriz sufrida, maniacodepresiva; conoce a Bergman, a Mizoguchi y a Ozu, a éste último lo llama su favorito, y lo describe muy bien; se siente identificada con Terms of Endearment (1983), en su relación con su madre, parte trascendental de quien es y de quien habla bastante. Aunque llega a decir que Nymphomaniac (2013) le queda chica, le parece inocente, al lado de sus experiencias sexuales, es notable que opte por mostrar otra dimensión de su ser.

Hay momentos donde la alegría natural de Julia se convierte en melancolía, el filme del brasileño Gustavo Vinagre logra coger algunos de estos momentos, como cuando hace sonar una pequeña cajita musical. Julia dice ser una mala actriz, pero espera desarrollar una carrera, ir creciendo con el tiempo y la práctica, como su heroína, Katharine Hepburn. Julia menciona amar los premios tipo los Oscars y trasnochar mirándolos en youtube. Ella es insomne, y hoy el filme aprovecha uno de estos habituales días para contarnos su historia, su vida, que como cuando finalmente mueve la cámara hacia la ventana nos descubre que no estamos frente a ningún escenario de teatro, a una puesta en escena, sino a la mismísima realidad.

domingo, 2 de diciembre de 2018

La estrategia de la araña (Strategia del ragno)


Athos Magnani hijo (Giulio Brogi) va al pueblo donde murió su padre, donde lo mataron, quien se ha convertido en un héroe para éste pequeño pueblo italiano, la ficcional Tara. Athos Magnani padre murió luchando contra los fascistas, cuando planeaba matar al mismísimo Mussolini. En Tara el hijo interactúa con los 3 mejores amigos de su padre y su amante, Draifa (Alida Valli). El filme de Bernardo Bertolucci juega con el doble al tiempo que presenta a padre e hijo con ayuda del presente y el pasado.

Para diferenciar a Giulo Brogi que hace de ambos Magnani el filme utiliza simplemente una bufanda roja que lleva el padre y una actitud más decidida, como un semblante enojado o serio de éste; el hijo es más de rostro meditabundo y observador. Con ésta sencillez tenemos dos protagonistas en la misma persona, algo importante porque veremos por mucho tiempo como se presentan junto a los demás personajes que mantienen idéntica figura, es decir, edad. Brogi es de lo más austero en su interpretación, pero es realmente efectivo.

Es importante diferenciar padre e hijo para entender pasado de presente, aunque una posible lectura apunta que el hijo se fusionará con el padre y a la vez el presente con el pasado. Esto se percibe en especial con el envejecimiento repentino de las vías del tren. A esto también se le puede agregar que en el filme predomina la manipulación de la idea de que Athos sea un traidor o un héroe, haciendo difícil decidirse por una opción, que es donde yace la maestría del creador original de la historia, el gran Jorge Luis Borges, en su cuento “Tema del traidor y del héroe”, quien con mucha sutilidad plasma una escritura de múltiples miradas con apenas unos pocos detalles puntuales y aparentemente sencillos, pero sorprendentemente ricos.

Bertolucci hace un filme muy competente, uno que logra coger la esencia del original de Borges, y aunque muchos pueden creer que es fácil conseguirlo no lo es en realidad porque son 2 lenguajes distintos y pasar la maestría de la literatura al cine siempre es harto arduo. Uno puede obtener algo sobresaliente, pero muy diferente, como le pasa a Michelangelo Antonioni adaptando el magistral cuento de Julio Cortázar, Las babas del diablo, creando Blowup (1966), una película descaradamente arty, pero divertida e interesante a un punto, pero bastante diferente al original, e incluso bastante menor a su grandeza. Bertolucci no, es artístico, personal, original y curioso en cierta medida, pero coherente y digamos que de cierta manera fiel al magma de Borges, como que comprende notablemente bien el libro. Y rompe con lo que solía decir Hitchcock, que un libro no tan sobresaliente solo puede crear una película notable. Una curiosidad también es que La estrategia de la araña (1970) no es un filme muy conocido y aquí existe una injusticia, porque es realmente una muy buena propuesta.

El filme de Bertolucci es un filme que no recurre a muchos elementos, no es un filme grandilocuente ni fastuoso, ni siquiera en extravagancia, pero es un filme complejo aun así. Y nuevamente es que coge la esencia de Borges, tal cual su escritura. Apenas recurre a cierta poética como con las ancianas sentadas en la carreta de bueyes explicándole al protagonista la situación a puertas de entrar a la memoria de la ópera de Rigoletto. Igualmente la mención del genio de Shakespeare es simple en el filme, muy didáctica, pero invoca al mismo tiempo el metalenguaje, que es donde también trabaja Bertolucci buscando romper con el tiempo, con los personajes, con los propios límites de la narrativa.

Mientras, no descuida la belleza de la narrativa, el arte de contar (y crear modernidad), proponiendo novedad. Conocer a los tres viejos –propulsores de una golpiza variopinta, paradójicamente divertida, curiosa, pero no ridícula- y sentirse atraído por la amante del padre tiene un aire de misterio, de ir contra lo convencional, pero sin caer en la incoherencia. Finalmente (casi) todo tiene sentido. El filme se explica, dice un diálogo que uno no es uno, sino muchas personas, un cúmulo de contradicciones. La obra puede ser catalogada de imperfecta, aunque sea genial, porque no explica en profundidad el lado traidor. No obstante se entiende que esto remite a la complejidad de las personas. Simplemente pudo dudar, aunque finalmente la originalidad vence al destino.

jueves, 29 de noviembre de 2018

La commare secca


Debut cinematográfico de Bernardo Bertolucci que escribió el guion junto a Pier Paolo Pasolini y el guionista y también director de cine Sergio Citti. La maravillosa Accattone (1961) ya los había reunido, Sergio Citti fue coguionista de Acattone junto a Pasolini, donde el hermano de Sergio, el gran Franco Citti, sería el protagonista; y Bertolucci sería asistente del director.

La cosecha estéril (La commare secca, 1968) puede remitir en un inicio a Ryūnosuke Akutagawa, a su cuento En el bosque, donde diferentes personas hablan de un mismo caso proponiendo distintas perspectivas para resolver un crimen. Rashomon (1950), de Akira Kurosawa, adaptaría gran parte de ese cuento. Lo mismo parece hacer la película de Bertolucci, pero finalmente el crimen entre manos se resuelve directamente, aunque como una arista más de la figura geométrica. No hay nada que interpretar, todo está ahí a la vista, claro como el agua, pero hermosamente contado.

El filme muestra mientras tanto personajes propios de una época austera, de necesidad económica, tienen mucho del Pasolini inicial. Un chiquillo pícaro roba a parejas románticas en un bosque. También es el típico ladrón cobarde. En las mejores secuencias de presentación de personajes –que es de lo que se trata en realidad la película- tenemos a un vividor y a su mujer (unos geniales Alfredo Leggi y, en especial, Gabriella Giorgelli), una arrendadora de inmuebles, que orgullosa muestra a su “marido”, un tipo de vida alegre. Un joven militar en lugar de lucir estricto, o disciplinado, se muestra como un muchacho inmaduro. Va molestando -bromeando- a las bellas mujeres con las que se cruza en la calle.

Los mejores personajes de ésta propuesta son Francolicchio y Pipito, dos muchachos pobres, de quienes no vemos familiares, parecen dos aves solitarias, que sueñan embobados y hambrientos con comer ñoquis o pasteles de papa, y pronto pueden ver sus sueños cumplidos al conocer a unas chiquillas. Ambos son musicales, alegres y positivos, aunque se tornen algo criminales, y ahí vuelve a intervenir la figura de Pasolini, con un tipo con dinero que quiere –como con putos- algo con ellos. De las mejores escenas –de aplastante naturalidad- es que se pongan a cantar a capela o a reír sueltos como ríos viendo las féminas bailar.

En el filme hay momentos poéticos, hermosos visualmente, aunque sencillos, como con el soldado dentro de un túnel con mujeres haciendo de peatonas, o con Pipito gritándole a Francolicchio que yace nadando a la distancia, cuando Pipito frustrado, desesperado y melancólico grita no saber nadar. Por último tenemos al hombre de los zapatos raros, suecos, zapatos de madera. Todo bajo las luces del interrogatorio policial, con los policías ocultos en las sombras, muy secundarios porque en realidad es la historia de sus variopintos personajes, pobladores del imaginario italiano clásico, y el crimen suena más a pretexto y así se resuelve.  

miércoles, 28 de noviembre de 2018

Luna de papel


Luna de papel (1973), de Peter Bogdanovich, es una película tierna y dulce, de las mejores suyas. También es muy divertida. La relación que se forma entre padre e hija, en la vida real, y padre e hija supuestos en el filme es maravillosa, entre Moses Pray (Ryan O'Neal), un pícaro, un estafador, pero un tipo simpático, gracioso, para el espectador, y Addie Loggins (Tatum O'Neal), niña que en el entierro de su madre, pareja fugaz de Moses quien asiste al entierro, le es entregada para que la lleve donde su tía.

No obstante en el camino la niña descubre que Moses es un estafador, inventa llevar de encargo biblias a viudas que encuentra en el periódico rindiendo tributo a sus maridos, mujeres que manipula para ganar compradoras, sentimentales y medio obligadas, en medio de la época de la Depresión Americana, los 30s, en el sur estadounidense. Conocido esto, la niña en lugar de decepcionarse o asustarse muestra que también es muy pícara y aún más audaz que quien cree su padre, y lo ayuda a vender las biblias. De ahí en adelante la niña exhibe otros engaños, al igual que Moses, hasta meterse con un contrabandista de alcohol y éste resulte tener un comisario de hermano, con lo que el asunto tendrá sus repercusiones.

En ésta propuesta no se busca castigar la vida licenciosa de Moses, no es esa clase de película, sino divertirse con él y la niña, por eso estamos más cerca de la comedia, aunque suave, del entretenimiento ligero, con una pareja de compañeros poco comunes de cierta manera. No es extraño que Tatum O'Neal ganase el Oscar, más allá de la primera impresión, aun a los 10 años de edad y en su debut en el cine, porque realmente está espectacular, y el filme de Bogdanovitch le exige bastante, la mayor parte de la película se trata de sus aventuras y astucia. Ella incluso genera un plan maestro para deshacerse de una pareja romántica de su compañero de correrías, alguien que compite por su atención y llevaba la partida ganada, con la interpretación genial de Madeline Kahn, como una artista y medio mujer de la vida –también se enamora-, pero que al igual que Moses paradójicamente exuda simpatía, exotismo y complicidad del público, donde lo negativo no consume su imagen general.

A ese respecto el filme es audaz, propio de una época de sobrevivencia, donde todo el mundo carga a la pobreza, no solo literal, también simbólica; nadie es juzgado con rigidez, más bien hay ligereza y mucha tolerancia con lo que habitualmente nos mantendría alejados. De todas maneras vender biblias no suena tan terrible, aun cuando estriba sobre la muerte de alguien, pero esa es la picardía, ironía, travesura y libertad del filme que busca ser intrépido.

No es típico que una niña haga de antihéroe, sin tampoco ser una comedia de trazo grueso, pero es más importante el vínculo que forma con el que cree su padre, aun cuando éste se basa en pequeñas estafas. Esto no toma mayor trascendencia, producto a su vez que hasta la policía rural tiene de corrupta, a la que se le suma un buen toque vulgar, rustico, propio de la imagen popular del sur. Todo es ligero y veloz, así mismo el castigo a Moses no lleva demasiado melodrama. La separación es lo capital, y es curioso a un punto que sea la niña la que solidifique su vínculo, que sea ella la que lo mantenga. El filme se apoya bastante en la pequeña, y aun así no resulta incoherente o fantasioso, tiene mucho realismo, lo cual es tremenda virtud, proponer mucha naturalidad con algo poco visto, una niña realmente astuta.

El filme es cálido y amable, y se mueve dentro de una mezcla perfecta, de consistencia, humor y relajo, tiene de ligera, de entretenida, pero sin perder un interés mayor, y no se adscribe al drama tampoco, aquí no existe llanto, pero igualmente no hay burla fácil.  El filme también se las arregla para ser sensible, en medio del hambre y la extrema necesidad de una época. La gente es propia del imaginario del sur, gente más tosca. Bogdanovich tiene habilidad para retratar el opuesto a la que llamaríamos su realidad. También papá e hija encajan y al mismo tiempo sobresalen; no rompen la figura, aun siendo especiales. Maridajes en su punto, así debería llamarse éste filme; un filme familiar a fin de cuentas, pero una película que le va a encantar a todo el mundo, que tiene la sensibilidad en la medida y brilla a través de ello.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Expectante


Segundo largometraje de ficción del peruano Farid Rodríguez Rivero. Recuerda los filmes de Eduardo Quispe, en su economía, sencillez formal y austeridad, pero la realización de Rodríguez Rivero tiene tomas y, en especial, seguimientos de sus personajes, mucho más competentes. Tiene tomas sencillas, pero bien ejecutadas. Conceptualmente es muy básico. En los filmes de Eduardo Quispe se tiende a hablar mucho, a tratar de profundizar en algún tema o simplemente dejar volar la mente en diferentes puntos. Digamos que Farid prefiere lo puntual y común, lo intrascendente, el diálogo del día a día, que imaginar un cine intelectual. El filme es un logro técnico en comparación al llamado cine indie nacional en general, pero en las coordenadas de lo esencial. El protagonista camina con sus amigos a comprar unos sanguches y más tarde acompaña a dos amigas. En estos trayectos la cámara se luce eficiente, ágil y estética. Ésta pasa al frente o los sigue por detrás sin crear secuencias o encuadres imperfectos. El filme gira alrededor de la inseguridad de nuestra ciudad, Lima. La propuesta abre con el muchacho protagonista observando por la ventana; logra mirar a la distancia a una patrulla. Se encuentra solo en su hogar, de un rato a otro coge un fierro –lo que suena algo un poco irónico, o extremo- y camina por dentro de las habitaciones. En estos momentos uno puede imaginar que tratamos con una película de terror, pero es por un breve lapso. Luego pasa el filme a la intrascendencia, con los amigos, chiquillos aficionados a los juegos de vídeo que escuchan la música bailable que les ha tocado vivir. Hacen chacota, se toman el pelo mutuamente, escuchamos un lenguaje coloquial, pero no demasiado vulgar. Pertenecen a la clase media o media alta, dentro de un distrito seguro, con sus incontables rejas y guardias nocturnos –la ubicua noche imprime su misterio-. Pero aun así la atmósfera va de la mano de aquella experiencia real que cuenta una compañera. Ella describe un asalto en plena calle, lo mismo que articulará esa caminata solitaria del protagonista en su regreso a casa, donde cada vehículo que pasa cerca o cada persona apoyada en un poste generan expectativa, ¿ocurrirá algo? Ésta propuesta alienta ese pequeño estado de conciencia en el espectador, de temor, que bien apunta el título, aunque resulta algo obvia en sus postulados. El filme en su parte gruesa narrativa nos muestra a chicos comunes, chicos felices, muy bien descritos en su afición al anime, a la modernidad. Se ve una película relajada (humilde), fresca. Es un buen inicio, para pasar a un filme más atrevido, más original; pensemos que no demasiado lejos tiene tampoco el cine de Hong Sang-soo, en cuanto a economía, austeridad y a sencillez formal, solo que éste despliega mucho más recursos.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

El infiltrado del KKKlan (BlacKkKlansman)


Éste filme de Spike Lee se ubica en el pasado, es una historia de mediados de los 70s, una historia real, pero se emparenta con el presente, con el gobierno de Donald Trump, que incluso al final vemos en imágenes reales cómo neonazis americanos generan disturbios y no son rechazados firmemente por el presidente del país. Una línea de diálogo señala que no cree que un presidente como Trump fuera a existir, hablando en general, pero el filme de Spike Lee pone la mano sobre la llaga, ironiza un poco también a ese respecto.

En el filme hay un trabajo conjunto, entre dos héroes, uno judío, Flip Zimmerman (Adam Driver), que no es muy practicante de su fe, pero con la investigación se sentirá identificado; y un afroamericano, Ron Stallworth (John David Washington), el primer policía negro de Colorado Springs. Ambos logran infiltrarse en el moderno Ku Klux Klan. Stallworth es la voz en el teléfono y en las negociaciones y tratos; y Zimmerman es el cuerpo, la figura en el lugar. El filme habla del abuso policial que también remite a la época y gobierno de Trump, pero Spike Lee como su personaje aún guardan fe, distinguen, entre los buenos policías y los corruptos y violentos, que asesinan afroamericanos, por estereotipos o por racismo. En ello Harry Belafonte, en su labor de activista, describirá al mínimo un brutal asesinato de éste tipo.

La propuesta de Spike Lee presenta varias aristas y puntos de vista alrededor del racismo. Esto admite discutir la mirada del resentimiento y la violencia como respuesta a los supremasistas, que deja en claro la presencia y el discurso de un joven intelectual al estilo de Malcolm X,  Kwame Ture (Corey Hawkins), dirigiéndose a los estudiantes de color que están que se debaten en qué hacer, en cómo reaccionar ante la discriminación. A la cabeza de los estudiantes está una activista y bella mujer, Patrice (Laura Harrier), que aparte de ser la sección romántica del protagonista, será el punto medio o decisivo finalmente de cómo piensa el director. Ahí entra a tallar Ron Stallworth que enfrenta al racismo, no es un ente pasivo, pero tiene la mente abierta y es tolerante, sabe separar el grano de la paja, como policía y como ser humano, está abierto a llevarse pacíficamente con los blancos, pero luchando contra los racistas, por eso su intervención en el KKK es capital, cosa que sucede producto de su iniciativa, porque también es un policía emprendedor.

Por un lado tenemos a un extremista y estudioso afroamericano en Kwame Ture, y por el otro a un doctor racista interpretado por Alec Baldwin, ambos exponen sus discursos brutos, peligrosos y oscuros o agresivos. En la práctica el líder, la mano dura, del KKK, la representa Felix Kendrickson (un magnifico Jasper Pääkkönen), ya que Walter Breachway (Ryan Eggold), el líder formal de Colorado Springs, es un tipo suave, de poco carácter, y quien es el que le abre la oportunidad de integrarse a Ron Stallworth en la figura de Adam Driver, pero con la personalidad de la interpretación de John David Washington, lo que genera una gran ironía cuando el máximo líder, David Duke (Topher Grace), es engañado, burlado, por Ron con quien suele tener conversaciones racistas sin percatarse Duke que sólo sabe de estereotipos, y que Stallworth representa un afroamericano inteligente, educado, sano y ganador.

Lo interesante del filme también es que Spike Lee recurre a gente común, no a grandes estructuraciones de protagonistas, en esa línea tenemos a la esposa robusta de Kendrickson, una sencilla ama de casa, pero una extrema racista, producto también del amor e influencia que siente por su marido, aun cuando éste es un salvaje, un criminal. Ella es Connie (Ashlie Atkinson), que es determinante en la conclusión del filme, uno que tiene un final abierto porque ésta situación racista sigue en pie gracias a un gobierno como el de Trump, según nos indica el director, ya que Spike Lee es muy notorio en dejar ver sus ideas políticas y sociales.

Aunque el grupo político estudiantil tiene mucha ira y se le percibe propenso a entusiasmarse con figuras como la de Kwame Ture, a ser manipulados hacia la violencia, el policía afro Ron es más abierto a trabajar con blancos, a integrarse, a generar inclusión y compañerismo mutuo. En la policía hay un mal elemento, un tipo racista y abusivo, un tipo con poder manejado negativamente, el filme de Spike Lee lo distingue, y hace que el enfrentamiento sea lógico, sea especifico, y no generalizado, esa es la influencia saludable de un héroe como Ron. Éste agente y mal elemento, Andy Landers (Frederick Weller), no es un estereotipo, es más bien del tipo que uno no lo percibe extremista, sino naturalizado, fresco, como muy seguro de sí. Es lo instituido que viene a derrumbar la película, mirando siempre hacia el presente, no tanto en la obviedad del asunto que ya cae por conocimiento, por ello Felix Kendrickson más que discurso y efectismo representa primitivismo y furia, aunque su criminalidad tiene poco de exageración.

El filme no genera demasiado humor, no es que sea especialmente gracioso, pero es bastante entretenido, muy ágil, muy relajado, muy ligero. John David Washington es un policía efectivo, valiente, pero de esa consistencia –tal cual sus movimientos de karate, cuando se fastidia-, igualmente Adam Driver, que como actor representa el relajo por antonomasia, y que va meditando su judaísmo de manera ciertamente inocente –muy opuesto a la inteligencia de un Philip Roth-, quizá hasta lleve una leve ironía muy contemporánea. Topher Grace sí produce gracia intrínsecamente, como líder máximo del KKK, aun articulándose seriamente, de manera ofensiva o sofisticada. Laura Harrier también es una gran pareja, forma con David Washington un dúo perfecto, redondo. Sus diálogos sobre Blaxploitation son cool e interesantes, así mismo su percepción de dos filmes indicados de racistas, El nacimiento de una nación (1915), que es una mención clásica, y Lo que el viento se llevó (1939), que es más discutible.

martes, 20 de noviembre de 2018

What's Up, Doc?


What's Up, Doc? (1972) es una de las mejores películas de Peter Bogdanovich, una obra por la que se inmortalizó en la comedia, en la historia del séptimo arte, y es una screwball comedy, una película alocada, una película de enredos. La película de Bogdanovich se hace algo complicada de seguir exactamente, en querer saber cómo 4 maletas idénticas terminan mezclándose entre sí y generando un estado de locura, de caos, de tremendo desorden. Pero eso no importa, lo que interesa es reírse con esto. El filme se reta, va al extremo de la anarquía y eso gracias a una simple maleta de cuadrados que llevan distintos personajes.

Otro punto capital del filme es la presencia de una genial Barbra Streisand, que puede parecer que la mueve la sinrazón, porque genera el caos de la nada, más allá de que desde el arranque se ve que le produce a todo mundo accidentes o desperfectos por naturaleza, pero su andar lo motiva en realidad una simple atracción, un flechazo profundo, un amor a primera vista, o quizá un capricho, por Howard Bannister (Ryan O'Neal), un profesor estudioso de unas rocas ígneas musicales con las que ha formado una teoría y lo llaman un arqueólogo musical. Bannister es un tipo de lentes, un hombre formal, digamos que aburrido, pero es su atractivo físico el que hace que Judy Maxwell (Barbra Streisand) lo persiga, hasta hacerse pasar por su esposa e incluso a “obligarlo” a que acepte esto.

Lo gracioso viene a ser también que Bannister tiene una prometida, Eunice Burns (una muy graciosa también Madeline Kahn), que hace de la típica esposa dominante y poco agraciada. En un momento con ella llegaran a la apoteosis cuando un televisor se incendie y destruyan una habitación de un hotel, uno de los puntos de máximo desorden de la propuesta. Ya para eso la confusión con las maletas estará sembrada. No solo Bannister y Judy tienen cada uno una de la maletas endemoniadas, sino también una vieja rica llevará sus joyas en una igualita, desatando la codicia y corrupción de los empleados del hotel a donde todos irán a parar. A su vez la cuarta maleta le pertenece a un sujeto que parece un espía, seguido por alguien que quiere hacerse con los documentos secretos del gobierno que lleva encima.

El filme de Bogdanovich realmente es alucinante apretando los botones hacia el caos, hacia el absoluto despelote, hay ratos en que la confusión es enorme y, desde luego, la risa abundante. El incendio en el hotel no es nada, viene mucha más diversión. Salen a la calle y como en una película de acción surge una persecución en vehículos con hasta cuatro autos siguiéndose. Pero antes sigue la buena broma con el robo de un triciclo que produce una de las imágenes más clásicas de la historia de la comedia moderna, con Streisand y O'Neal subidos en éste. Entre ellos hay lugar para destellos de comedia romántica. Existen momentos tiernos, aunque no es la típica comedia romántica, es más una comedia de enredos.

Hay dos movimientos clásicos muy graciosos en el filme que me vienen a la mente. A un empleado poco agraciado le dan la misión de que seduzca a la vieja de las joyas, y el hombre no sabe mejor forma de detenerla para una conversación que ponerle cabe y derribarla al piso, algo que puede sonar ridículo, pero que también se puede ver de manera seria en el debut en el cine de Tom Hanks que en el slasher He Knows You're Alone (1980) recurre a éste artificio. El otro es que una cruel Judy manda a Eunice –su designada competencia en el amor- a una casa de miedo donde aguardan unos gángsters por las joyas de la anciana. La imagen de Eunice es impecable, aunque sea en buena parte un estereotipo; toda ella produce mucha gracia. Igualmente el actor Kenneth Mars como un malvado musicólogo engreído y celoso de Bannister es sumamente entretenido.

En la casa del director de la fundación, de Frederick Larrabee (Austin Pendleton), llegamos hasta un segundo momento de frenética locura. Una persecución muestra un triciclo de repartidor convirtiéndose en dragón chino y otra desnuda su esencia como un festival de disfraces, tal como lo son las maletas. En el juicio se manifiesta todo de lleno, como última gracia, se dicta que no se entiende nada, cosa que el filme de Bogdabovich maneja perfectamente de la manera más sencilla, pero proponiéndose anárquico, libre, potente, práctico y muy humorístico, en la que es una de las mejores screwball comedy que ha dado la gran pantalla, una hazaña moderna teniendo a genios como Ernst Lubitsch y Howard Hawks como antecesores, y manipulando nada menos que el show de Bugs Bunny.