El Festival de Karlovy Vary, situado en Republica Checa, el presente año cuenta con el número 60 y es uno de los festivales más antiguos del mundo. Fundado en 1946. Es un festival A1, como Locarno o Rotterdam, y es uno que igualmente se distingue del resto. Éstas dos películas se encontraron en la sección llamada Proxima y es para dar a conocer a nuevos talentos, talentos llamémosles vanguardistas, pueden ser debutantes o autores poco conocidos aun. Ambas películas fueron premiadas en el evento.
33 Kokov
Ésta película recibió Mención Especial en el palmarés. Es el debut en largometraje de ficción de la pareja de esposos eslovacos Anna
Domcek y Simon Domcek. El filme fue producido por el eslovaco Ivan Ostrochovsky quien es también director de cine, pero ya con 5 largometrajes en su haber. Coproducida con Republica Checa. Se trata de una docuficción que previamente fue un documental del mismo autor. El filme abre diciendo que se basa en hechos reales. La película según estos hechos reales se basa en un ataque neo nazi a un hombre de ascendencia romaní, a quien dejaron en coma, creyeron haberlo matado, pero milagrosamente logró sobrevivir. Milan se interpreta a sí mismo y aparece con toda su familia en su diario vivir. Es guardia de seguridad y suele limpiar el establecimiento de trabajo. La película si uno no sabe nada de ésta podría leerse como si a un tipo su vida gángster le hubiera pasado factura, para coincidir en el mismo lugar, querer deshacerse de él y éste al rehacer su vida se sienta amenazado por su pasado, por algún acto de venganza. Según lo que vemos Milan teme por su vida porque uno de su atacantes, de hace más de 10 años atrás, acaba de salir de la cárcel. Milan se hace miles de ideas en su cabeza. También observamos una gran cicatriz en su cráneo rasurado. El trauma es grande. Su familia se ve afectada por éste recuerdo marcado, aun cuando el rudo de apariencia física Milan luce siempre temeroso y sensible, y hasta se muestra extremadamente inocente cuando juega con sus hijos pequeños, de alrededor de la adolescencia temprana. Se pone hasta una máscara de Batman que puede verse algo ridículo. El filme tiene un aire medio hiphopero. Ahí se le ve a Milan fumar marihuana, describir tatuajes, o coger un arma. E ir en el carro en ese estilo. Otra distinción es que la propuesta recurre a usar mucho las tomas cerradas o muy próximas. La intervención de un religioso de esos realistas, con calle o pasado quizá gángster o que podemos asumirlo en ese tipo de ficciones es bastante interesante. Es sumamente elocuente, cuando refiere a la existencia. La película me recuerda a la magnífica Cape fear (1991), pero de muy bajo presupuesto con un decente uso recurrente de la elipsis, que a ese respecto logra salvarse de la quema y logra ser un filme austero atractivo, sin tampoco exagerar la nota.
Se alzó con el Premio Especial del Jurado, el segundo lugar de la competencia. Ya es la tercera película del japonés Uchida Shuntaro. Es una película de gestos mínimos que recurre a un ritmo lento, pero donde lo que muestra suele ser amable. Versa alrededor de una familia. No obstante siempre hay algo que roza lo freak, levemente. La niña protagonista, Kozue, de 9 años, es peculiar. Su cara no es muy expresiva además, mira como si estuviera en blanco. Su padre le ironiza cuando ella le dice que no entiende algo que él le explica varias veces, como si fuera una costumbre. Para en la enfermería, suele andar sola -los niños pasan a menudo corriendo por su lado-, está como encantada con una caja para quemar cosas y el corte que produce es una extraña forma de afecto o de recuerdo o quizá una cierta reacción de autodefensa/limitación inconsciente. Ella siente curiosidad por un joven universitario de 21 años que ha ido al colegio a mostrar un teatro de sombras -el arte de contar historias- y que como Kozue también le gusta quemar cosas a escondidas. El chico también parece peculiar pero no se le ve para nada trasgresor o peligroso. Igual no tiene nada que hacer con la niña. Puede verse políticamente incorrecto (en buen uso), aun cuando todo parece muy inocente. Parece la caracterización de Ozu de un filme de Imamura. Polos opuestos. Es un filme que en su velo y austeridad puede hacer pensar mal o mucho más -no obstante hay cosas que coquetean con la nada en cierta forma en sentido de construcción narrativa como con la amiga del trabajo o la cadena que quema el muchacho-, debajo de tanta amabilidad y hasta convencionalidad como con el padre simpático -lo llega a decir la suegra- pero propenso al alcoholismo (aunque en otras películas beber alcohol parece recurrente sinónimo de felicidad), que toca la guitarra eléctrica -o lo intenta- y se percibe que se halla secretamente melancólico. Es una propuesta que parece versar sobre la depresión, con los hombres de la trama, pero como quien no lo sabe, la madre en realidad es el verdadero personaje notable. La madre tiene igualmente emociones -como deja ver Shuntaro-, pero se mantiene ecuánime y es un pilar firme que como las mujeres de antaño como tendencia social dan todo por su familia y generan momentos hermosos. Shuntaro adapta un cuento de su compatriota Kaori Ekuni.










