lunes, 20 de agosto de 2018

Harold y Maude


Ésta es una película trasgresora aunque amable, con humor. Le pertenece a Hal Ashby. La trasgresión está en el enamoramiento de un muchacho en los 20, Harold (Bud Cort), de una mujer a punto de cumplir 80, Maude (Ruth Gordon). El filme no es realista, tiene un tono más de simpatía, más de diversión, más hippie como lo conocían al director. La relación amorosa es más propia de la amistad y de la reunión de dos personas extravagantes, en las orillas opuestas de la existencia, uno en la efervescencia de la vida y otra en el ocaso de la suya pero tan iguales en sus locuras y en la felicidad y empatía que sienten de estar uno cerca del otro.

Harold es un muchacho hijo de una familia millonaria que quiere que el chico deje de ser un freak y se adapte socialmente, para ello su madre, la sra. Chasen (Vivian Pickles), le prepara citas para que pueda elegir una esposa. Cada reunión con una chica especialmente estudiada termina mal, producto de que Harold tiene una fijación con la muerte, el suicidio, y suele aparecer muerto en su propia escenificación de efectos especiales. Inicialmente, en la apertura del filme, esto resulta impactante, ver a un chiquillo suicidarse con pelos y señales, ahorcarse, el tener una imagen creíble ante nuestros ojos, muy fuerte. Pero enseguida se explica que esto es parte de la personalidad del muchacho protagonista y pasa a ser un juego de la película, presenciar suicidios más vistosos que otros.

Maude no se queda atrás, también es muy excéntrica, justamente conoce a Harold en un entierro, ambos suelen ir –sin conocer de quien se trata- y al verse tanto se hacen amigos, comparten el mismo pasatiempo. Maude también es de espíritu hippie, ama el medio ambiente en particular. Tiene un lado criminal pero tomado como jocoso, suele robar autos, no se dice cómo pero igual se los lleva, y se burla de paso de la policía, algo muy hippie. La relación de Maude y Harold es sorprenderse mutuamente, simplemente divertirse. El filme a ese respecto se dedica a poner locura tras locura, es una película muy libre, casi sin narrativa. Lo que trata es de lo extravagante que son sus protagonistas y celebrar su rareza.

Harold va al psiquiatra, aparece conversando con él en varias ocasiones, hay un empeño en que sea convencional, normal, pero lo que vemos es que se acepta tal cual, como un freak. Maude es más una reacción, como víctima del Holocausto. Hay una escena que se asume el fin de un coito, pero no tiene nada de impúdica visualmente, es más ocurrente que otra cosa. Maude a pesar de que es muy vieja nunca es ridícula, punto a favor del filme en su buen manejo del personaje. Ruth Gordon yace en estado de iluminación, y Bud Cort físicamente está perfecto en el papel. También como buen filme hippie hay una ironía hacia la guerra representado en el tío Víctor (Charles Tyner), amante del ejército.

The Tin Star


Es una historia de mentor y alumno entre Morgan Hickman (Henry Fonda), un ex sheriff convertido en cazarecompensas, y un reciente sheriff, Ben Owens (Anthony Perkins). Owens es un tipo valiente, terco y muy ético, pero aun inexperto y por ello está expuesto a un oeste salvaje que puede quitarle la vida por su torpeza. Cuando Hickman lleva un cadáver en busca de su recompensa conoce a Owens y pronto entablan un vínculo que termina en la enseñanza de Hickman para que Owens sea mejor sheriff, no pierda la vida.

En el pueblo de Owens hay muchos personajes interesantes. El antagonista es el robusto Bart Bogardus (Neville Brand), un pistolero rudo que no respeta la ley y por lo mismo tampoco a Owens, tal como un caso de bullying en que Owens que no le teme debe finalmente vencerlo. Bogardus es una mala semilla, una mala influencia para el pueblo. Entre lo atractivo de la hechura del pueblo está que convive gente salvaje, propensa a la violencia que no necesariamente son tipos unidimensionales, son sólo gente común, con personas muy queridas, como el doctor Joe McCord (John McIntire).

El filme opta por un movimiento original, no se encasilla con Bogardus sino lo complementa con 2 asaltantes de caminos, independientes de su criminalidad, Zeke McGaffey (Peter Baldwin) y Ed McGaffey (Lee Van Cleef). También en el filme hay 2 héroes, mentor y alumno. Como mentor, Hickman, es repudiado en el pueblo por ser cazarecompensas, por preferir matar a quienes persigue. La línea entre el orden y el pecado por llamarlo así es muy tenue, pero el idealista Owens querrá definir la situación en su pueblo.

Tanto mentor como alumno se nutren mutuamente. Hickman le habla mucho a Owens sobre cómo ser un sheriff capaz, lo que suele decir es coherente, inteligente, pero hay una sobreexposición de sabiduría, se siente que hay muchas palabras en el ambiente. Hickman también está dibujado como un tipo desilusionado de la gente, pero tampoco lo hacen muy difícil, rápidamente se encariña con un niño, Kip Mayfield (Michel Ray), que hay que mencionar que es muy carismático. Por ahí pasa una línea de no odiar a los indios ni a los extranjeros. Nada del otro mundo, pero vale su inclusión. La madre de Kip es la actriz Betsy Palmer que todo amante del terror conoce, como la madre de Jason Voorhees.

Ésta propuesta de Anthony Mann tiene 2 líneas narrativas centrales dadas por los héroes. Owens tiene todo para ser un héroe, pero le faltan algunos tips, a ratos es demasiado ingenuo. Es algo gracioso cuando se sorprende de que un criminal le dispare cuando trata de arrestarlo pacíficamente, aun cuando está mostrando bondad como sheriff. Pero, claro, nadie quiere que lo ahorquen o ir a la cárcel. De todas maneras es notable que a Owens se le de mérito, aun son épocas no tan cínicas o pesimistas. El filme tiene la magia del cine clásico, es de 1957.

Hickman no se cansa de decirle a Owens de que lo mataran como sheriff por cómo ve el mundo y se comporta, y Owens no se cansa de entregarle una estrella de la ley a Hickman, con lo cual es interesante notar que lo heroico no remite al más dotado, y que se aprecia a la juventud, capaz de influir en un viejo ducho, conviviendo dos mundos. El mensaje es bastante sano, ser apto parte de la convicción, de creer en uno, aunque detrás, perfilando lo que será la maravillosa The Man Who Shot Liberty Valance (1962), está Morgan Hickman, de manera menos trágica y más participativa de Owens en el terreno de lo salvaje.

viernes, 17 de agosto de 2018

Man of the West


Man of the West (1958), de Anthony Mann, es un western de mucha acción y violencia. A una mujer, a Billie Ellis (Julie London), unos bandoleros la obligan a desnudarse frente al grupo y amenazan constantemente al héroe con violarla aun cuando la creen su mujer. El héroe, Link Jones (Gary Cooper), es un ex outlaw que fue criado como un hijo por el pistolero y criminal Dock Tobin (Lee J. Cobb).

Se cansó y decidió cambiar. En un pueblito finalmente confiaron en él, nos dice el propio Link; y se casó y tiene 2 hijos. De éste pueblito donde lo han perdonado lo envían con dinero en busca de una maestra. Pero en el camino el tren en que va es asaltado y se rencuentra con su antigua pandilla, con Tobin. Mucha información sobre Link es dada verbalmente, porque el filme prefiere enfocarse en las escenas de acción y en la tensión entre Link y la banda de Tobin.

Un defecto marcado del filme es que Gary Cooper para éste western estaba ya viejo, pero hace de un hombre más joven, incluso es mayor que Lee J. Cobb pero no obstante Cobb hace de su padre adoptivo. A Cooper visualmente se le nota su edad, pero aun es un hombre ágil de movimientos, como lo muestra una pelea a puño limpio, larga, bastante coreografiada, y su talento para interpretar su papel. Hay diálogos que suenan notoriamente fallidos, dentro de la narrativa del protagonista, pero Cooper se muestra con aplomo y se puede paliar.

Por lo demás es un buen western, la brutalidad del oeste se ve especialmente en el abuso a la mujer, a Billie, una parte efectivamente desagradable pero cuidada en el filme, sugerente, pero potente. Las escenas de acción son muy buenas, poner a un pueblo fantasma de escenario es una gran idea. El filme trata como Link debe enfrentar su pasado, debe volver a regirse a la violencia, aunque ésta vez lo hace del lado de los buenos. No es un filme muy profundo, pero sí bastante entretenido. Cooper primero se hace ver débil, y va creciendo, hasta volver a ser el temido outlaw que fue antes, ese que despierta la admiración de Tobin.

La relación padre-hijo entre Tobin y Link es una relación de corrupción. Link sabe que éste hombre lo moviliza hacia ese lugar, lo vuelve alguien despreciable. Tobin es un tipo que está muy bien escenificado, es un ser que denota maldad y vulgaridad, pero aunque tiene en su banda gente muy fiel prefiere curiosamente a Link que no le corresponde, quien a pesar de que disimula se le nota y lo dice un diálogo. Ésta parte que puede parecer un poco ilógica más bien enriquece al filme porque la vida es de caprichos y contradicciones. También se debe a que Link fue un outlaw muy duro e inteligente, en cambio los de la banda de Tobin son más lentos y engreídos aunque sádicos, hasta hay un mudo al que se le achaca idiotez.

Lo mejor del filme es la horrible y prolongada tensión entre Link, sus amigos del tren y la banda de Tobin, y más tarde la pelea a tiros en el pueblo fantasma. La huida de unos de los criminales en estado agonizante es de una belleza sublime, la toma de la secuencia hasta el final es de esos detallismos muy artísticos y cinematográficos que uno suele amar y llamar séptimo arte, proporcionando mucho drama y visualidad.

viernes, 10 de agosto de 2018

Pueblo Viejo


Pueblo Viejo (2015), del huancaíno Hans Matos Camac, es un western andino, con el uso de nombres en quechua y aymara como el del sobrino del llamado Principal, Supay (Alberto Nue), que significa demonio, el personaje más duro que enfrentará el héroe, el misti -que traducido es criollo u hombre blanco- Eduardo Camac (Cristhian Esquivel). El Principal es el hombre más poderoso del pueblo, de la región, y éste va cambiando, a medida que se impone la ley del western. El Principal Don Abelardo (Juan Manuel Ochoa) es un tipo que se aprovecha de todos. Finalmente cuando sucede la pelea entre Don Abelardo y el hermano menor de los Camac empieza digamos que la acción. El filme en realidad carece de escenas intensas, es un filme muy calmado, que se toma su tiempo además, que recorre el (clásico) drama familiar y social, la lucha contra el poder abusivo. La historia de amor la provee la actriz Mayella Lloclla, sugerente, pero aun así algo erótica en su amalgama con una pequeña argumentación. En los momentos de acción pareciera que fuera un filme defectuoso, pero en realidad éstas escenas excesivamente austeras, apagadas, alejadas de todo espectáculo, en momentos de confrontación claves, las volvemos a ver más tarde en mejor estado como una revelación, la maquinación de Supay. Finalmente esto toma distinción, como esa lentitud y actitud como dormida del filme y genera un cierto encanto que palia el sentir de imperfección dominante. Es rescatable su personalidad andina, aun recurriendo tan sólo a lo elemental, el paisaje rural, unos cuantos nombres autóctonos, la denuncia social. No es un western típico, debido sobre todo a que no posee intensidad, no es un filme de grandes escenas de acción, no es un filme de género en toda la palabra. La última escena de acción que es la más directa es muy básica, pero sus formas se sienten como identidad, hay una coherencia. Es un filme humilde, pero simpático. Tiene a ratos su toque arty en la puesta en escena, como con ese cuarto de cárcel desnudado al mínimo en que pasa sus días el héroe. También se puede sentir la presencia de José María Arguedas en esas escenas de las reparticiones de agua, tan burocráticas, insustancialmente formales. No es una propuesta tampoco demasiado social, prefiere ser un tipo de entretenimiento, un filme contemporáneo, y así se percibe con la figura del Principal, quien sepulta sus homicidios él mismo a pico, le rezan mujeres en secreto, es un tipo duro que se impone al resto y luego quizá se termina corrompiendo, lo cual se acerca a la esencia del western aunque en la combinación con lo andino mediante la lógica de lo rural.

jueves, 9 de agosto de 2018

Sobredosis de amor


Comedia de Jesús Álvarez Betancourt que es una mezcla de comedia de cine americano, sexualidad bien mente abierta e identidad nacional. Con la sexualidad se juega mucho y en ello no es tan pegada a la realidad de nuestro país, es mucho más atrevida y bastante libre, exagera un poco, quiere ser muy open mind, pero carece de cierta naturalidad, no es tan realista, parece propia de la sociedad de un país europeo.

En su sexualidad se siente muy ligera en todo sentido, en lugar de liberadora. Pero como es una comedia esto hace que a nadie le importe mucho su sexualidad o no lo tome en serio. Otra cosa resaltante es que prefiere la amistad que el amor verdadero, aunque dice que ésta es su verdadera historia de amor, y aunque puede ser poco afín al pensamiento mayoritario y normal se rescata su originalidad. No obstante en su tratamiento, el carácter voluble y superficial de la protagonista de éste amor-amistad, hace aguas por muchas partes.

Es una propuesta que da muchos giros y lo hace tan seguido que pierde coherencia y tiende a fallar, aunque le sobrevive cierta novedad, el intentar hacer algo distinto. No resulta como esperan pero denota un filme con cierta personalidad y deseo de hacer algo propio, una comedia novedosa. Centralmente pesa la amistad por sobre el amor verdadero confundiendo los lugares, pero hay una subtrama que señala el orden natural de las relaciones amorosas. Hasta ahí llega su constante indefinición, que le cobra factura, incluso con un remate dizque audaz que suena a golpe de boomerang y deja más bien desamparada a su heroína.

Por todo más parece inmadurez, superficialidad, algo de estupidez y absurdo lo que maneja a Jimena (Gianella Neyra), la protagonista, éste ser confundido en aguas raras, en cuanto a corresponder al amor impulsivo y medio caprichoso de sus 2 mejores amigos –tras un lugar común, que ellos se enamoren-, interpretados por el dúo Renzo Schuller y Gian Piero Díaz. Gianella Neyra aporta credibilidad, refleja bien la personalidad de su rol, tiene carisma, actuando, como solemos decir, como un calzoncillo más, una mujer que se comporta y es tratada igual a los hombres con los que comparte una fuerte proximidad de amistad.

El filme no es muy gracioso, pero hay una indudable empatía especial como peruanos, las formas son propias del Perú, aunque específicamente no seamos tan relajados como sociedad como la protagonista. Gian Piero Diaz interpreta a un chico más formal, más recatado, algo más ganso, mientras Schuller es el mujeriego, el loquito suelto y solitario. A Schuller se le conoce por ser un tipo gracioso, pero no hay que olvidar que tiene su talento para actuar. No obstante su personaje está lejos de ser sólido, es caricaturesco y a ratos ridículo.

Aunque es una comedia sorprende un poco –no es lo común- que los amantes sean retratados con un halo de idiotez –aunque se entiende también por quienes son el dúo de amigos y la comedia que se les suele atribuir-, como con la pelea con el novio. Incluso el futuro esposo de la protagonista (un carismático Arap Bethke) hace de un modelo, de alguien delicado y pretencioso, pero finalmente se opta por hacerlo dulce, muy aguantador y amable, parece la versión común de un extranjero buscando novia latinoamericana, sólo que más refinado físicamente.

Definitivamente no es una película memorable, está cargada de defectos y mil cosas recriminables, y aunque suene algo masoquista decirlo necesitamos de más películas como ésta, aun cuando tenga momentos tan ñoños que den vergüenza, comedias románticas que quieren salir del molde y llevan ésta empatía especial de vernos reflejados en el cine, aunque en parte haga uso también del formato extranjero. Por último mencionar a Pietro Sibille, actor respetado que suele buscar la distinción, que hace de un personaje esperpento.

martes, 7 de agosto de 2018

Bixa Travesty


Documental de los brasileños Kiko Goifman y Claudia Priscilla que sigue a un travesti que se hace llamar Linn da Quebrada que muestra su espectáculo de baile pop -hay harto twerking- y voz por la libertad absoluta de los homosexuales, con canciones atrevidas, desenfadadas sobre su homosexualidad, sobre su travestismo, en forma agresiva. Dice las cosas de la manera más directa, incluso mostrando desnudos, el órgano masculino y su manipulación, como mensaje de rebeldía y postura de impacto, de una fuerte definición. Linn da Quebrada interactúa con sus amigos, como con integrantes de su grupo musical, y va explayando sus ideas sobre su condición sexual. No busca ser una mujer sino un travesti, es decir, un hombre con inclinaciones femeninas pero que proyecta su órgano sexual original. Éste documental no guarda la mínima compostura, tiene mucho de vulgar, mientras es totalmente franco, dispara a fuego abierto. Linn da Quebrada hace todo tipo de performances trasgresoras. En éstas épocas no escandaliza tanto, no es ningún tipo de hito, ha llegado tarde, pero es firme, tiene una voz potente. Puede que haber tenido cáncer le haya dado ese autodescubrimiento, esa ofensiva como activista de su propia condición homosexual. Hay una parte de archivo de su enfermedad mezclada con su agresividad performativa. Linn da Quebrada también habla en la radio y se autodefine como un gay negro travesti de las favelas, con lo que su activismo incluye lo social, la lucha contra la marginación de distintos cauces. Es una propuesta que no se guarda en nada, que tiene muchas escenas fuertes homosexuales, aunque exentas de coito. El concepto gira alrededor de exposiciones artísticas propias del arte moderno. El protagonista tiene una muy buena voz más allá de las letras a quemarropa, y en cierta manera el filme parece un musical, tiene un lado soft, o cálido, agregando el compañerismo, la amistad, la militancia gay y la gravitación de todo un entorno –artístico y argumental-, ateniéndonos a un activista brutal, de los tiempos que corren.

sábado, 4 de agosto de 2018

Ayer Maravilla Fui


Sci-fi mexicano, cine fantástico, perteneciente a Gabriel Mariño que pone de centro de atención a un ente no identificado que toma cualquier cuerpo, cualquier forma humana, aunque no lo premedita, es como algo que le sucede y debe lidiar con ello. El filme no abunda en argumentación, pero es bastante efectivo y sugerente, con el ente que es un ser solitario y melancólico enamorado de una peluquera, llamada Luisa. Éste ente pasea por México DF y recuerda al ángel enamorado de El cielo sobre Berlín (1987).

En un momento, Ana (Sonia Franco, ganadora de mejor actriz en el festival de Morelia 2017, además de primera o segunda mejor película mexicana), la forma del ente que más predomina en la narrativa del filme, le cuenta un sueño a su amada, le revela su condición fantástica. La propuesta pone al ente con la única motivación de ser pareja de Luisa cuando tiene la dificultad de perder su aspecto físico y tener que volver a enamorarla. Parece algo fácil de resolver, simplemente contarle, convencerla a toda costa, pero aunque no se da razones el ente enamorado no lo dice abiertamente, sólo finge contarle un sueño. Claro, dirán, sino pensará que está demente. Pero ahí están esos especies de origamis.

El filme se atiene a la dificultad de lo sobrenatural para volver a ser amado, en la siempre empática consideración de que el amor debe trascender lo físico. No obstante tomemos en cuenta que el ente ama una figura precisa, a Luisa, y hasta llora con su fotografía. Aparte de éste atractivo centro escueto fantástico se maneja como cine indie, proveyéndose de bellas escenas, de la mano del siempre leal, creador de profundidad, plástico, proveedor y efectivo blanco y negro, con un estilo de cine arte de expresividad poética en el deambular callejero de Ana junto a unos breves clásicos divagues filosóficos existenciales, que hacen una buena conjunción, aunque con el anciano apuntaba mucho a lugar común. Pero la idea audaz propia del sci-fi le da harto vuelo. Suma también el tener una relación lésbica, engrandecida por la indistinción de género y edad, que propone un costo, el esfuerzo.

La trama plantea vencer la personalidad, el background, nuestra visión del mundo, hacer ver que el amor es lo que llena y mueve todo, aunque mediante el uso de lo mínimo. Es difícil ser tan gaseoso, como aquel ente cambiante y amoldable a todo. El filme juega con que la identificación del ser sea suficiente, no importando absolutamente nada de lo externo –lo físico-, pero hablando del cambio de una mujer joven a un anciano con parkinson la cosa se pone bastante complicada o peor, con la duplicidad, y es ingenioso como algo tan pequeño, éste eje del ente cambiante, un ardid intelectual, albergue su buena complejidad para reflexionar e intentar quizá desestimar una de las esencias del amor.

Da para pensar mil cosas, poner posiciones. Defender la no definición sexual, la libertad total; o la fuerza de lo físico, y no es algo estético, en cuanto a un solo tipo de belleza, pero si un aprecio personal de un físico. La propuesta exige mucho más que el deterioro, es decir que el amor verdadero debe ser propio de la ceguera y las feromonas. La personalidad tampoco está demasiado trabajada, no observamos gran distinción, se trabaja con personajes muy ordinarios, básicos, haciendo más ardua la aceptación. El enamoramiento surge por sencilla amabilidad, por un acto de ayuda, es la cotidianidad y llaneza de la mayoría, le habla al hombre común.

viernes, 3 de agosto de 2018

Análisis de sangre azul


Los españoles Blanca Torres y Gabriel Velázquez hacen una película bastante curiosa, no todo es perfecto –hay cierta inverosimilitud narrativa, cierto lado algo torpe-, pero luce interesante como propuesta. Mediante película de 16 milímetros y super 8 hacen un mockumentary (un falso documental). Recrean estéticamente una película como found footage (metraje encontrado). Trata del hallazgo de un hombre en la zona española de Los Pirineos, apodado por sus rasgos físicos como El inglés. Éste hombre al haber perdido la memoria es trasladado por quienes lo hallan a un sanatorio. Quien filma lo que vemos se dice es el Dr. Pedro Martínez quien realiza estudios psiquiátricos al inglés. Después se habla de antropología y de genética en la zona de Los Pirineos. Éste mockumentary hace uso de archivos, de documentales etnográficos de la zona, haciendo el filme más fidedigno. Sin saber nada de ésta película puede hacerte medio dudar, todos los actores están muy bien, aunque hay demasiado material, además de que cuando se habla de la idiotez de algunos pacientes pierde cierta seriedad, aunque de la manera como hablan de la genética suena propio del año a que remite lo que vemos, 1933. Es también cine mudo, con diálogos escritos en la pantalla. A la vez es una película de ficción, una historia que muestra la vida de un personaje, el inglés, un paciente psiquiátrico, que todo señala pertenece a cierta aristocracia, y luego se adjudica ser el dueño del valle de Valdelomar, nombre que remite al director español José Val del Omar, cineasta experimentador y aficionado a la cultura española, al costumbrismo ibérico. La creíble recreación estética, elaborada al más mínimo, y el discurrir de un personaje enigmático que remite a cierta fantasía local hacen de éste filme uno atractivo de apreciar, tanto como arte como por narrativa.

jueves, 2 de agosto de 2018

Casanovagen


Documental de la alemana Luise Donschen. Se trata del gen del libertino Giacomo Casanova en la vida diaria de nuestra pequeña mundanidad, en todo lo que elige mostrar la directora como formas de la seducción y el placer, mediante un toque extravagante, arty y algo irónico. Vemos a unos biólogos, todo muy científico, estudiar unos pájaros, asociados con nuestra humanidad, aludiendo un poco de ironía feminista, o suena demasiado ordinario pensar en la herencia genética de la promiscuidad, aun en las aves –las que saltando de un lado a otro, perseguida la hembra por el macho, tiene humor-. Vemos el carnaval y la iglesia, la iconografía y niños jugando en un bosque, aventura y fe representan seducción y placer. Una dominatriz juega con su esclavo sexual y el hipnotismo se hace presente para generar orgasmos. Esto es lo más obvio, pero también un poco incómodo. Un arlequín induce al público a tomarse fotos, las góndolas y el paisaje seductor de Venecia hacen pensar en la fiesta. El filme pone pequeños momentos y nos hace imaginar cosas con ellos, no todo es efectivo, pero el planteamiento general está ahí como recordatorio. Mucho de lo que vemos es vago, intenta generar una cierta conmoción, un qué demonios estamos viendo, tal cual cuando unas personas van a una galería de arte y se quedan pasmados frente a la pintura de unas flores. ¿Qué ven?, arte o nada, una segunda imagen o quizá el filme se burla un poco del espectador. El raro y genial John Malkovich mientras se quita un amado disfraz de teatro comenta del tema, la seducción, Casanova. No importa demasiado lo que verbaliza el filme, se oyen como absurdos o engañosa trascendencia. Ésta propuesta es motivar una reacción, ganarse al público con un WTF. El cine contemporáneo, minoritario y arty haciendo de las suyas. Ver a Malkovich aun sin prestarle mucha atención a lo que habla tiene de cautivante, como a veces la extravagancia per se. El filme fiel a ello cierra con el baile moderno de un joven, entre agraciado, sensual y gracioso.

Matar a Jesús


Matar a Jesús (2017), de Laura Mora Ortega, es una película que tiene una magnífica recreación, bastante cautivante. Todo el recorrido por los lugares marginales de Medellín es perfecto. Hasta el más mínimo momento tiene gran fuerza escénica, visual. La historia en sí es bastante sencilla, pero solvente. Una chica ve morir a su correcto y admirado padre en manos de un sicario en moto y una vez que se topa con él en una discoteca se plantea matarlo. Pero antes se le vuelve próxima, indaga, toma confianza, mientras piensa en comprar un arma, sólo que al conocerlo se mezclan sus emociones.

Ésta premisa, querer acercarse, andar con él, es algo más elaborado de lo que uno haría, quizá busca el momento preciso para matarlo, tenerlo cerca, a punto, pero la interacción le rebota. Aunque la protagonista, Paula (Natasha Jaramillo), viene de una clase social más alta se mezcla sin dificultad con el submundo criminal del muchacho, de Jesús (Giovanny Rodríguez). El joven le enseña el uso de armas –que yace muy presente- y la pasea en moto. Paula nada en un lago con Jesús; miran la ciudad desde la altura, el paisaje urbano imponente.

Éste vínculo afectivo no es congruente, pero es el conocimiento del otro, del tipo distinto, que aflora. Se da cuenta ella que Jesús es un mero ejecutor, como él mismo menciona, y la violencia que hay en Medellín es la verdadera culpable, el chico es un peón, uno más del montón, propio de la pobreza y la falta de instrucción. El quehacer de la muerte del padre de Paula más que seguramente tiene que ver con algo político, nunca se aclara.

En un momento se oye decir que nunca llegará al fondo del asunto, que nunca atrapara al gestor intelectual, se echa la culpa a la maquinaria. El filme pretende con la simbología del nombre del sicario hacer la gracia de evitar la violencia, buscar la misericordia, es algo complicado pero es no seguir con la cadena, es también comprender la situación. La solución es un trabajo grande, que queda sin mencionarse.

El filme prefiere ser intenso, un lugar de emociones, al tiempo de mostrar fielmente los lugares, el barrio, la fiesta, la vida del delincuente, es vivir el submundo. Lo mejor de la propuesta es ésta contextualización, éste neorrealismo local. Después es muy simple, hasta falto de profundidad y un poco incongruente. Pero, desde luego, no es la solución más violencia –como lo dice aquel vomito simbólico, aunque ridículo para los que la acompañan-, Jesús es pieza pequeña de algo mucho más profundo, aunque tampoco merece impunidad.

La interactuación entre Paula y Jesús es potente, la cosa es no pedirle mayores justificaciones con la violencia de Medellín, no pretende dar soluciones, sino señalar simplemente que se trata de la cadena más baja. Es pensar en un mundo deplorable, de marginalidad, inconsciencia, brutalidad, una juventud arrastrada hacia la normalidad de la criminalidad.