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miércoles, 20 de junio de 2018

Los espías (Les espions)


Es una película intrincada que luego se resuelve bien y se entiende perfectamente, que también tiene una constitución muy paranoica. El protagonista es el doctor Malic (Gérard Séty), un psiquiatra que desesperado por mantener solvente su centro de descanso médico acepta esconder a un espía, llamado simplemente como Alex (Curd Jurgens). Esto desencadena mucho juego, que contiene mucho de teatro del absurdo y humor negro, alrededor de la guerra fría.

Cada acción parece un disparate y todo un enredo en quienes son los espías, a donde pertenecen, si a EE.UU., a la URSS o trabajan al mejor postor. Para ello el doctor Malic nada en cierta ambigüedad de estar demente, y ve en su casa gente extraña apoderarse del lugar de sus empleados anteriores, conocidos o de confianza, que entran al trato de las traiciones. Sin mucha justificación se aceptan muchas cosas absurdas y así se despliega la mayor parte de la película, en un estado medio psicológico y otro de aventura e intriga de espionaje.

Por ratos el filme pareciera ser sarcástico con el thriller, y quizá atentar contra ese sobrenombre que le pusieron algunos al director del filme, a Henri-Georges Clouzot, del Hitchcock francés. Y de paso ansiar una genialidad del género. El filme tiene muchos giros e imprevistos, ataques y contraataques, desde puntos impensados y muy libres pero finalmente coherentes. De algo tan pequeño como dar asilo a alguien se da mucha intriga y suspenso. El tono no es muy serio, es de exageración, pero presenta un humor de cierta manera escondido.

Los espías (1957) tiene a Véra Clouzot con un rol irrelevante, como una paciente de Malic, ésta se presta para llamar la atención, pero no representa mucha gracia. Éste filme no es muy conocido ni celebrado, parece una anomalía en la filmografía de Clouzot, pero no es una mala película, es interesante, te mantiene con curiosidad, aunque uno no la tome en serio, ya que se toma con mucha gracia tanta importancia a la guerra fría.

También tiene un despliegue original de tanto espía junto como perro, gato y ratón, de tanta plasticidad y flexibilidad en su interactuación, en cómo compiten por lo que parece un pretexto bastante básico, en cómo terminan justificándose después de tanta locura.  Es un filme bastante teatral, fácilmente puede llevarse al teatro, en su mayoría yace en un único lugar, la casa de reposo del psiquiatra, donde el sótano se mezcla con el bar.

Hacen ver a todos los personajes raros, no es un filme para todo el mundo, es complicado de agarrar el humor que plantea, y el juego de espías con su absurdo no encasilla en el thriller habitual, aquí las muertes son muy artísticas, no hay mucha bala de por medio, no hay espectáculo de acción, hay un toque muy clásico, refinado, aunque con humor. Pero por todo esto es una novedad como película, un lugar imaginativo, sin tampoco sobredimensionarla.

lunes, 11 de junio de 2018

El salario del miedo (Le salaire de la peur)


Señor thriller perteneciente al francés Henri-Georges Clouzot, ganador de excepción del oso de oro –La Berlinale- y de la palma de oro –Cannes-. En un país latinoamericano no especificado gobierna una empresa de extracción de petróleo, la compañía americana Southern Oil Company, que es la mayor fuente de trabajo y de explotación del lugar. Muchos pobladores mueren producto de las extracciones. Es una tierra de nadie donde la policía está comprada y donde no hay trabajo. El mensaje suena antiamericano. Dice una línea, donde hay petróleo ahí están siempre los americanos –aludiendo aves de rapiña-. Por esta razón estuvo recortada por partes en su exhibición en EE.UU., pero en la actualidad tranquilamente se ve completa.

El salario del miedo (1953) tiene una gran representación de cada uno de sus personajes, en los 4 seleccionados para una misión suicida, una misión muy peligrosa. A cambio de 2 mil dólares que para entonces era una suma astronómica estos hombres deben transportar en camiones bidones de nitroglicerina, cuando al menor movimiento esto puede explotar. Deben llevarlos por carreteras descuidadas, en mal estado. La pericia de los camioneros se pone en la más difícil práctica, creando un filme de mucho suspenso, emocionante. El trayecto está lleno de pruebas a su ingenio, a su sobrevivencia. Todo expuesto de manera realista.

Uno se encariña con los personajes, que son hombres duros, sufridos, solitarios y con pasados oscuros algunos, aunque no tan gentiles, como Mario (Yves Montand), el personaje principal, que maltrata -aunque sea rastrera- a una mujer que está enamorada de él (Véra Clouzot). Éste personaje femenino hace aguas por todas partes, parece forzado. Impone un dramatismo innecesario, no posee gran línea argumental. Véra Clouzot era la esposa del director, puede haberla colocado más por su parentesco, aunque en Les diaboliques (1955) está perfecta.

De los 4 protagonistas tenemos aparte del corso Mario, quien es el galán macho man, aunque tiene sus ademanes engreídos, al italiano Luigi (Folco Lulli), un hombre robusto algo sobrado que sufre de los pulmones y debe abandonar el trabajo y el pueblo, en un filme que abre enseñando el territorio con un niño desnudo de las piernas jugando con cucarachas en un charco. Otro es Jo (Charles Vanel), también corso, un ex gángster, muy próximo a Mario. Entre Jo y Luigi hay una gran escena de reto, de esas míticas del séptimo arte. El cuarto es el alemán Bimba (Peter van Eyck) que es un tipo que ha sufrido el nazismo y tiene un espíritu kamikaze.

Ésta película no es como una de Hollywood donde nadie suele morir así nomás cuando se es principal, por lo tanto no hay que encariñarse mucho con los protagonistas porque ésta película europea no escatima nada por su imaginación. Esto puede sonar algo medio recriminable, porque cada muerte duele, pero también tiene un trabajo escénico poderoso, en especial el del espacio lleno de líquido de camión que es otra de las grandes escenas del filme. Ésta propuesta está cargada de novedades y algún pequeño misterio.

martes, 31 de mayo de 2011

Las diabólicas (Les diaboliques)

Realizada en 1955 por el director francés Henri-Georges Clouzot, trae la fina capa de un terror más sutil y paciente que el que se hace hoy en día. La historia nos ubica en una escuela e internado de niños perteneciente a la pareja Delassalle. El principal y esposo, Michel (Paul Meurisse), es un hombre déspota y maltratador, especialmente con su mujer, Christina, la actriz Véra Clouzot de nacionalidad brasilera que estaba casada con el cineasta de éste filme y la que murió a los 46 años de edad producto de un ataque cardíaco dejando sólo tres actuaciones en toda su carrera. Su personaje es la que realmente ostenta el dinero que ha invertido en la unidad escolar en la que labora de maestra siendo muy querida por los pequeños. No obstante su marido es quien lo aprovecha luego de que fuera un pobre diablo que mejoró su condición social desde hace ocho años cuando se unió en matrimonio con Christina a la cual ultraja constantemente y hasta llega a poseerla como si fuera un objeto. También para colmo él tiene una amante a vista y paciencia de su cónyuge hasta sacárselo en la cara frente a ésta, la profesora Nicole Horner (Simone Signoret) que tiene un cariz cínico y descarado.

En el inicio de la película se nos describe la personalidad de Michel que compra vino barato para sus empleados y da comida rancia a los alumnos, suele avergonzar a su esposa en público e incluso no solo abusa de su persona emocional sino físicamente llegando a prodigar su infidelidad por toda la institución. Tanto Christina como Nicole extrañamente son amigas aún compartiendo el mismo hombre y los descaros de su mano que puede ser la razón de esa cercanía. La primera es débil, cándida y dócil; la segunda es enérgica, decidida y osada. Nicole logra convencer a Christina de matar a Michel; para hacerlo idea un plan perfecto que conlleva atraerlo a un apartamento fuera de la ciudad y sedarlo con una bebida para luego eliminarlo. Lo llevan a cabo con algunas dificultades pero lo logran, drogándolo y ahogándolo en la bañera; esto sucede no muy avanzada la película y es alrededor de éste incidente que girará el relato.

Más tarde sucede lo inexplicable. Al lanzar el cuerpo de Michel a la piscina sucia del colegio, al esperar bajo bastante tensión que se encuentren sus restos, incluso cuando los niños juegan cerca del agua hasta sumergirse en ella y terminan pidiéndole a un trabajador que desagüe el estanque en busca de unas llaves, se dan con que ya no está en ese lugar, ha desaparecido sin dejar rastro. Desde aquí empieza el misterio y el desarrollo del concepto de la cinta.

Ésta es una película con mucho dramatismo e histrionismo. Presenciamos la lucha entre Nicole y Christina bajo emociones de culpabilidad y miedo sacándose en cara la presión y participación mayor de la amante como la colaboración de la otra y el mutuo ataque dividiéndose la responsabilidad mientras desatan conjeturas y viven al filo de la navaja. Se da una persecución por saber dónde se halla el cadáver, por parte de Christina que se ve más afectada y más decidida a resolver el caso. Surge la intervención de un viejo sabueso, Alfred Fichet (Charles Vanel), que investiga a costa de recibir un sueldo de tener éxito con el paradero del desaparecido, siendo contratado sin querer por la dama Delassalle.

A la narración se le van agregando elementos que incrementan el enigma como la incertidumbre. Se dejan pequeños rastros como que hay un fantasma rondando o crece la duda de si lo han matado verdaderamente para lo que ellas mismas se convencen de que en efecto lo han hecho y toman las rarezas como sucesos que buscan desentrañar vehementemente.

La carga de preocupación la absorbe gravemente Christina, que cae enferma actuando muy desequilibrada por el asunto que la envuelve. Nicole es más fría y se mantiene al margen apoyando a su compañera que está tan desesperada que hasta quiere confesar el crimen. Para colmo, como para volverse loco, un niño dice haber visto al director recientemente, pero nadie le cree y lo castigan. Sin embargo al tomarse la foto general del alumnado y el profesorado juntos aparece en el reflejo de una ventana el rostro de Michel. Christina se quiebra, sumida en el pánico y en el remordimiento.

La trama se maneja con efectividad durante las casi dos horas de duración, con esa calma y exhibición controlada y metódica propia de los clásicos. La expresividad de ambas mujeres son bien desplegadas, sobre todo por el lado de Christina que lleva todo el peso de la historia. Su sufrimiento y su embrollo la dibujan con un realismo sólido. El desenlace cumple con ser atractivo y cierra el círculo con ingenio. ¿Al final el niño sigue mintiendo o es que continúa diciendo la verdad? ¿Qué es lo que ve o es sólo un invento?