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lunes, 2 de octubre de 2017

A Ghost Story

Ésta película trata de un fantasma, del lugar común más inocente al respecto, un hombre (Casey Affleck) muere, exactamente a los 13 minutos de comenzada la película, y no se va a ninguna parte, no decide cruzar la puerta de luz hacia se supone que el cielo, y se queda  en la tierra cómo una sábana con 2 agujeros por ojos. Sale de la morgue y camina así de sencillo hacia su hogar donde su gran amor (Rooney Mara) sufre horriblemente su pérdida y se come un pie de manzana frente a nosotros por 5 minutos, es decir, en tiempo real. Es el momento melancólico Jeanne Dielman (1975) más la patata/papa de The Turin horse (2011).

Ese hombre, ahora tan sólo una sábana con 2 agujeros, nuestro protagonista, se dedicará a observar en silencio qué viene después de su muerte en su mundo perdido. El filme tiene un centro muy cautivante; no es ninguna película de terror aun con elementos suyos. La película es primero la observación del vacío que le ha dejado éste hombre a su amada y como su figura se va difuminando y va surgiendo su olvido. La propuesta logra trascender su simplicidad, su estado mínimo y su “artificioso” inicio, el que huele a imitación de cine arte minoritario, se siente un poco forzado. El filme maneja muy bien la especulación y el lugar común sobre los fantasmas, presenta en su última parte viajes en el tiempo, ciclos de vida, algo de reencarnación, cuentas pendientes, patrones. Ese hombre se fue temprano y abruptamente y presenciamos su camino para conseguir la paz.

Tener a éste tipo de protagonista en manos del director David Lowery, el mismo director de la maravillosa Ain't Them Bodies Saints (2013), no es un acto de irreverencia, como inicialmente lo es Frank (2014) por mencionar una película con similitudes, aunque sí una curiosidad y audacia, pero terminan siendo películas más profundas de lo que uno creyó en principio. El filme como con Rooney Mara y sus sublimes y sugerentes silencios reflexivos en Ain´t Them… se moverá a través de ellos con su fantasma, que se enoja, se frustra y sufre sin poder hablar, pero debe aceptar la muerte. Un personaje de "relleno" lanza un largo monólogo sobre que nada trasciende al final porque todo se terminará olvidando, perdiéndose, destruyendo, a raíz de si no existiera Dios, en quien Lowery cree.

El filme escoge como razón del mundo al amor, el vínculo íntimo y humilde es la trascendencia. No lo pomposo, grandilocuente, la fama, la inmortalidad, ni siquiera el arte. El filme es un hermoso cuento romántico, mucho dolor y una aventura mística para sanar. La historia del filme y la solución son muy básicas, incluyendo la manipulación de la información temática. Lo distintivo es el empaque, la forma de contarlo. Tenemos un inicio lento, pero una fragmentación (detallismo) que se hace interesante al revisarle más tarde; poco diálogo y mucha observación, pero con ritmo y fuerza escénica; un largo monólogo (lógicamente) autosuficiente y algo pedante, pero que luego queda poéticamente contrastado, respondido; mucho “rodeo” -algo confuso- por el final,  efervescente, siempre novedoso y sobre todo justificado, lo que hace de éste filme uno bien engranado, donde brilla personalidad. Además, Lowery suele continuar e inspirarse donde la mayoría pone el final.

martes, 28 de febrero de 2017

Manchester by the Sea

Un conserje antisocial, hermético y dejado/agobiado del mundo recibe la noticia de que su hermano ha muerto finalmente (tenía el tiempo contado), y le deja a su cuidado a su sobrino adolescente, a Patrick (Lucas Hedges, que luce maravillosamente espontáneo), por lo que debe volver a su pueblo natal, Manchester by the Sea, donde le espera un profundo dolor -que prácticamente ha destruido su alma- y un traumático recuerdo, que unos potentes flashbacks nos revelara, desnudará todos sus vínculos afectivos, a través de flashbacks que por rara vez son más que decorativos o de mínima repercusión en la trama, sino que complejizan la narrativa dramática, funcionan al mismo nivel que la línea central del presente.

Lee Chandler (Casey Affleck), amaba a su hermano mayor (Kyle Chandler), con el que tenía un fuerte vínculo, que llegaba hasta su hijo Patrick, reflejado en el salir de pesca y disfrutar del mar en un barco familiar, y es cuando le avisan de él que no duda en correr a verlo a Manchester by the sea, a pesar de la triste historia que tiene en ese lugar y de la que quiere pero no puede escapar. El filme evita ser lacrimógeno por el tipo de protagonista que tiene, que expresa su dolor no relacionándose con mujeres (se queda mudo en su compañía), peleando en el bar por tonterías, viviendo austeramente y lejos de Manchester by the sea, y mediante una indiferencia del que solo rueda por el mundo, pero es con el retorno y su interrelación con la gente de su pueblo natal que conoceremos qué es lo que le mortifica, oíremos del pasado que lo tiene hundido. Hay que entender que tenemos entre manos una historia de esas que suelen buscar exprimirle el corazón al espectador, sin embargo, el director, dramaturgo y guionista Kenneth Lonergan se las arregla para bajarle, controlar, balancear, el nivel de sentimentalismo del filme, sólo perdonándole una recurrente música conmovedora de acompañamiento – en  manos de la compositora canadiense Lesley Barber, y de música clásica muy sugerente- y la recreación visual de los hechos que afligen a Lee, como también un reencuentro (magistral) con el personaje que hace la grandiosa Michelle Williams, y en el que Affleck, desde luego, está a la altura, aunque más impresionante de él sea la imagen del interrogatorio policial.

El filme tiene una narrativa que ahonda con fuerza en el conflicto y dolor de Lee, es explicativo hasta en lo más mínimo, todo queda plenamente claro en la película, y algunas veces incluso subrayado, no necesariamente de forma verbal, la mayor de la veces son las imágenes  las que redundan o sobreexponen que está sucediendo en el interior de Lee y con su  entorno, no es necesario lanzar una escena de llanto o de sufrimiento abierto, sencillamente se expone la actitud del protagonista, que deja ver más que claramente el meollo. Mientras tanto Casey Affleck a ratos se deja ver muy relajado, casi como que no estuviera ni actuando, sino comportándose como él mismo, e igualmente en el arranque  del filme da la sensación de que el guion lo ha coescrito Casey también, al menos hasta que vemos el punto de inflexión en la vida de Lee.

Patrick es un mujeriego, promiscuo y un éxito con las mujeres, sin remordimientos ni fastidios de por medio, con tremenda madurez/control. Patrick es la perfección andando, no importa que sea un muchacho flacucho y pelirrojo que puede pasar por nerd ante quien lo vea por primera vez. Lo suyo es ser el líder de una banda de rock y ser un as del deporte, es más, en más de un deporte, como él mismo llega a vociferar defendiéndose frente a tener que dejar Manchester by the sea, como para que nadie tenga dudas, es decir, es lo más cool que puede haber, en contraste con el perdedor de su tío Lee. Este contacto es parte importante y abundante de la trama, a través del decidir de la custodia de Lee, ver el mundo del que se está perdiendo (donde está parado), y conocer su pasado, por medio de esos magníficos flashbacks. No obstante tampoco hay que equivocarse con el muchacho, creerlo superficial, Patrick es la nobleza, la inteligencia y la profundidad además, y hasta tiene un resbalón psicológico –muestra híper sensibilidad, por ver el cadáver de su padre, cuando parecía muy tranquilo con esto- pero que solo le dura una noche, para volver a disfrutar de los favores de su amigas, con (casi) el permiso de los siempre actualizados padres, como no dejar perder sus paseos en barco y su afición al mar. 

El filme es complejo, pero entendible, en su auscultación del dolor, solo que tiene varios puntos discutibles y otros débiles, como la figura del cristianismo en la trama, que luce inteligente como argumento de desligamiento y da para pensar bastante, pero que se ve floja en la recreación en sí (no ayuda para nada la presencia del simpático Matthew Broderick, aunque sí la breve mirada a la escultural figura desnuda de Gretchen Mol como una alcohólica). Kenneth Lonergan tiene mucha capacidad argumental, es muy inteligente y puede trasmitirlo amablemente, sabe muy bien trabajar la diferencia entre teatro y cine recurriendo a ambos. Como en Margaret (2011), con esa muchacha apasionada que busca ser profunda y comprometida con el planeta (Anna Paquin), de muy bellas piernas, exhibidas en varias oportunidades cerca del fetiche, que se le presenta la gran oportunidad de ser trascendente con un accidente y negligencia que causa una muerte, explicada legalmente de forma increíble, comprensible, y que habla de su desconexión familiar y crisis personal. Margaret es una magnífica película, que no teme la antipatía de su protagonista. 

lunes, 7 de febrero de 2011

Aún sigo aquí


Éste documental según han afirmado sus autores, Joaquin Phoenix y Casey Affleck, Affleck lo dirige, ambos comparten el guion, dicen que es una película de ficción que finge ser esa forma de archivo, pero lo que vemos parece real si bien todo el asunto de convertirse en rapero dejando la actuación por parte de Joaquín Phoenix parece una tontería increíble. Por ese lado podemos creerles pero lo que observamos luce tan espontáneo que admite la duda. Lo que presenciamos resulta patético, presentando a Phoenix como un estropajo. No puede quedar peor, si bien se llega a sentir conmiseración por su estado.

Phoenix inhala cocaína en repetidas oportunidades, se acuesta con una prostituta y aspira droga de uno de sus pechos, le arrojan una ventosidad en el rostro, luce por un año como un loco, con el cabello desordenado y largo, la barba descuidada y lentes oscuros, una panza prominente y una actitud que repele el buen trato humano, insulta y minimiza a sus amigos, habla incoherencias. Su cántico de hip hop se presenta desastroso en cada ocasión que lo hace. Quiere ser reconocido en su nueva actividad a pesar de la clara falta de talento. Golpea a un espectador de uno de sus presentaciones musicales, vomita; llora tras pasar vergüenza y ser razón de burlas en el programa de David Letterman. Es imitado inmisericordemente, como un retardado y un tipo sucio, por Ben Stiller, en un evento que reúne a cuantiosas estrellas de cine. Los medios de comunicación difunden la noticia de la mofa en que se ha convertido.

¿Y todo para qué?, ¿es verdad que Phoenix ha caído tan hondo, al aborrecer su gran carrera actoral por una nueva esperpéntica inmersión en el hip hop o es la actuación de su vida como han querido llamarla los creadores de éste documental? Ciertamente el filme es un golpe bajo para quienes lo tenían en un pedestal y por donde se le mire es deprimente, porque de cómico no tiene nada, fuera de que creamos que Phoenix realmente está fingiendo lo que vemos y haya logrado concretar el papel de un perdedor disfrazado de gloria del cine.

Casey Affleck, quien además es cuñado de Joaquín, como director es terrible, porque su actor principal da la espalda a la cámara, no se le ve bien el rostro en incontables tomas, los diálogos son insignificantes, se mueve y es seguido sin un encuadre correcto, se demuestra mucha improvisación técnica. Claro, podemos decir que es parte de que trata de ser lo más realista posible; pero sin profesionalismo en la realización, ¿de qué estamos hablando?

Pasan artistas reconocidos por la filmación, Edward James Olmos llega a darle consejos de las elecciones de la vida en un discurso que avala el decadentismo del retirado actor. Ben Stiller aparece con un guion de cine, el cual Phoenix rechaza menospreciándolo y abandonando el lugar. Hay abrazos con actores como Bruce Willis, Jack Nicholson, Billy Cristal, Danny Glover, entre otros, pero en rápida intervención, producto de un evento benéfico que comparte con ellos. Sean Combs es el productor musical al que Phoenix busca para promover su faceta de cantante y para sorpresa del espectador acepta ayudarle, antes explicándole que necesita invertir mucho dinero, y en su estudio llega a decirle sorprendentemente que tiene dos canciones valiosas.

La película gira en base al deseo de Joaquín de ser cantante de hip hop, empecinado en triunfar en algo que considera más verdadero que el cine donde se considera solo un títere. Ver éste documental te deja la idea de que se permiten denostar de la hermosa actividad del séptimo arte, que no es lo que parece. Phoenix está lejos de ser lo que cualquiera puede pensar que es, una estrella glamorosa, inteligente y triunfadora, con una vida acomodada, buena educación y simpatía, que está rodeado de gollerías y mucha relevancia artística bien llevada y que se ve perseguido por el deseo de la multitud de conocer su idílica y extraordinaria existencia. Nada de eso se ve en la película, porque él se muestra como un pobre diablo que vive desordenadamente y desorientado e insatisfecho con sus propias decisiones. Parece un tipejo insoportable e incapaz mentalmente que hace películas pero que detrás no tiene virtudes personales.

Joaquín Phoenix es uno de los actores que más me agradan, siempre proveyendo a las películas de emociones y transmitiendo sentimientos, con performances envolventes y creíbles, que te ensimisman y te hacen cómplice de su estética, te convierten en fiel seguidor y admirador de su obra, pero aquí a uno lo sacuden y le dicen que nada de eso representa en realidad. Durante la cinta se hace inaguantable en su manera de manifestarse, deja de ser objeto de deslumbramiento para hacerse sentir desagradable, aunque al final cuando se sumerge en el lago nos apiademos de su infelicidad y sintamos lastima por él, sin embargo su arrogancia, inmadurez y retardo mental quedan circulando en nuestra cabeza con decepción tremenda.

Phoenix luego apareció coherente, elegante, delgado, bien peinado y sin barba en un par de festivales europeos, en Italia y Francia, presentando el documental como de ficción junto con Casey Affleck. Si es así, que todo ha sido una gran mentira y solo una interpretación, únicamente me queda decir que no se repita, que ha sido una idea bastante absurda y que el año que perdió no ha valido la pena por una realización tan deplorable. Espero verlo con normalidad en películas complejas y seguir creyendo que lo que he visto aquí ha sido solo una farsa olvidable, una travesura desbordada, un error de proyecto, un año sabático de terror, algo que hay que sacar de la consciencia para recuperar la imagen del actor que tanto a uno agrada, porque en todo caso si su vida personal así fuera, que la supere y que se dedique a lo que domina, hacer cine serio. Por bien de su persona y alegría de sus seguidores.