martes, 21 de abril de 2026

Resurrection


Ésta película tiene dos secuencias anexas, una introducción como presentación y un cierre de esa presentación, y en sí son 4 relatos los que contiene. La dirige y es el guionista el chino Bi Gan. Es una propuesta en realidad bastante simple de entender, pero tiene un concepto general de sci-fi que la hace más intrincada, que es un homenaje al séptimo arte, como fuente de sueños, que quiere decir, de vida, esa vida que uno sufre y al mismo tiempo lo llena de felicidad puesto que está cargada de emociones, esas que tantas veces nos ponen las cosas más arduas. El concepto general hace pensar en Holy Motors (2012), con alguien que no es un actor pero vive muchas vidas. El filme abre con una puesta en escena fantástica que utiliza de ejemplo a El gabinete del doctor Caligari (1920) y el expresionismo alemán. El hombre monstruo come flores y es un proyector en sí mismo. Lo acompaña la actriz taiwanesa Shu Qi como si fuera la presentadora de una función de cine. La vemos aparecer mucho en salas de exhibición, proponiendo cierta nostalgia de alejarnos un poco de esa tradición. Es a través del cine que vivimos muchas existencias, a través de la imaginación. Una de las historias es cine negro contada de manera misteriosa y onírica, sobre un asesino en serie y la investigación de un policía. Es en mucho un juego de estética y contarlo de manera no tradicional. Pero la trama es básica. Éste asesino es un seductor que enloquece a la gente. En un momento se hace mención de una maleta, pero finalmente se declara que el secreto es él mismo. Posee una connotación elíptica sobre las pasiones sexuales, pero el relato está muy cuidado. Tiene algo de Dark city (1998). Otra historia es sobre un hombre que lleva cierta culpa y cuando cuida un monasterio budista participamos de que un diente suyo termina siendo toda una sorpresa. El filme se contextualiza en el invierno y en soledad que le dan mucha personalidad al cuento. El relato del niño psíquico es pura ternura y se plantea con estafadores, pero anida en los afectos que por la vida dura uno tarda en hallar, pero finalmente definen nuestras existencias, nos transforman, como pasaba en Central do Brasil (1998). El último cuento es un alarde técnico, como nos tiene acostumbrados éste director. Es sobre hallar el amor verdadero y vivir la noche más intensa de nuestras vidas. Yo nunca he mordido a nadie, dice una hermosa jovencita china (Li Gengxi). Yo nunca he besado a nadie, dice el muchacho enamorado. Ambos se pasean -él la persigue- por callejones, karaokes y burdeles. Se presenta dentro de un contexto criminal. Todas las historias sobresalen por su manera creativa de contarlas, aunque son en sí bastante sencillas, salvo la del invierno budista que suena particularmente curiosa y es la mejor del grupo. El filme habla de delirio, pero en realidad es una película muy amable, fácil de que le guste a muchos. La parte del sci fi hubiera dado una película perfecta si hubiera sido más clara, si se hubiera definido mucho mejor. Ésta se siente fallida, aun cuando hasta se le muestra como cine mudo. Es una película que pretende ser un poco extraña, pero aunque busca hacer cine en toda la palabra y lo consigue en buena parte, es decir, juega con las formas de narrar, es en mucho tradicional, una buena narradora de cuentos. Jackson Yee con 25 años, muy famoso en Asia, hace de protagonista en todas las secuencias, como anuncia el título. 

domingo, 5 de abril de 2026

Send help

Sam Raimi vuelve a sus orígenes, a sus mejores películas, a su humor negro. Aunque es en mucho un thriller (aventura, acción), también una comedia de terror como sus magníficas Evil Dead I (1981) y II (1987) o la estupenda Drag me to the hell (2009), mostrando menos notoriedad a ese respecto. La película empieza con una mujer llamada Linda (Rachel McAdams con 47 años de edad) que es de esas personas que no son populares, es una solitaria, que tiene digamos poca presencia física y social, trabajando en ello en el descuido higiénico y en lo antisensual con la naturalmente bella McAdams, pero sin requerir de ningún efecto en especial o muy elaborado, y es creíble así, sin forzar demasiado nada. Ella es empleada de una empresa donde espera ser promovida a un alto cargo, pero suelen pasar de ella, y así justamente pasa cuando el hijo del dueño hereda la empresa y Linda le termina desagradando, producto de que él es el opuesto, un tipo llamémosle popular, agraciado, muy social y además superficial. Éste jefe, Bradley Preston (Dylan O'Brien con 34 años de edad, que lo hace muy bien, poniendo muchas caras humorísticas bastante solventes), humilla abiertamente a Linda. Así queda el panorama, entre el hombre popular y la mujer marginal dentro del mismo trabajo, jefe y empleado, aun cuando Linda es muy capaz intelectualmente en lo suyo, merece el ascenso, sin embargo no lo obtiene. Éste es el arranque del contexto por el que se moverá toda la película. Surge un viaje en avión y ambos terminan de únicos sobrevivientes del accidente aéreo, varados en una isla en Tailandia. El filme tiene mucho gore brutal, como cuando Linda mata un jabalí o cuando mueren los demás pasajeros del avión. La película se parece un poco a Misery (1990), con la pierna rota y Linda haciendo de enfermera, o con cierta atracción perdonavidas. Hasta de lo que parece imposible. Hay un querer enamorarse. El filme coquetea un poco con ello o con la "improbable" amistad clásica de la buddy movie. No obstante Raimi resulta más perverso. Linda cuenta una historia macabra de su pasado y la película recorre un poco ello, salta a poner a la protagonista en un rol oscuro, si bien Bradley se mantiene dentro del cinismo y su posición privilegiada, de superioridad, cosa que termina dando nuevas oportunidades a Linda de quedar mejor, aun cuando llega a mostrar maldad por querer ser aceptada, como quien a ese respecto puede llegar a ser capaz de cualquier cosa. La palabra asesinato resonará en el ambiente sintiéndose una insoldable culpa, algo difícil de manejar, si bien parece ser una lucha por ganar un extraño respeto/afecto, aunque bastante recriminable, en donde entra a tallar, más que una mirada social, la libertad de estar dentro de una comedia de terror y tener a dos perros de pelea enfrentados, con uno aprendiendo a defenderse, cosa que funciona en ella al conocer profundamente los programas sobre sobrevivencia física, situación que sucede en la isla, incluso a través de Bradley que quiere deshacerse de ella hasta físicamente, cuando Linda se aferra a él, al que parece el amor imposible, donde yace la irreverencia, lo políticamente incorrecto, del filme. En general luce una película imperfecta, pero atractiva aun así. El momento de querer amputarle un miembro no queda del todo bien. Tenemos escenas de humor que resultan simplonas, aunque pretenden audacia. Se exhibe una burla que a ratos funciona y a otros no, a raíz de cambiar los papeles, cuando Bradley muestra su inutilidad de niño rico frente a la chica rústica que plantea manejarlo. Cuando Bradley se lanza al mar con su bote improvisado se siente como un cartoon y tiene gracia. El filme ostenta sus momentos divertidos, por otra parte. Hay, así mismo, momentos sensibles a lo comedia romántica, pero dentro de una obra de antihéroes, lo que la hace una propuesta más curiosa. La música de Blondi, one way or another, sirve para ironizar la situación, lo macabro, con un toque feminista, como es la idea de la canción en si misma. Más una cierta perversidad aprendida. Aunque en parte inocente, no obstante hablamos de corrupción. Como quien expresa que para ser cool se necesita de un poco de maldad que no picardía, aunque todo aguantado por el humor negro.

Good Luck, Have Fun, Don't Die



Ésta película la dirige el americano Gore Verbinski, con guion de su compatriota Matthew Robinson que ha ido engordando su guion con el tiempo, llenándolo de ideas y cómplices. Ya a Verbinski se le veía antecedentes para hacer un filme como éste, con su anterior película, A Cure for Wellness (2016), que era algo extraña y algo intrincada pero también dispersa y un poco vacía dentro de su ambigüedad, pero la de ahora rompe con todo, es un millón de veces más extravagante y bastante mejor, si bien se ampara en la ciencia ficción y la sátira que aguantan mucho. Ésta película recoge montón de tipos de locura, como una de Philip K. Dick de que la gente con la que convivimos cercanamente están en realidad actuando. Recuerda a muchas películas de esa clase, pasando por una reinvención de Terminator (1984). El filme habla del presente -en esa línea hay un panel publicitario que se puede ver de fondo cerca del restaurante de contexto, a lo They live, 1988- con un problema en ciernes o creciente, tanto como del futuro próximo, en base a la tecnología, criticando mucho el uso de celulares haciendo que los adolescentes parezcan literalmente zombies, a lo ataque de una película de George A. Romero. La amenaza del apocalipsis es la inteligencia artificial (sumado el deterioro del clima, el de los recursos naturales y el habitad natural de la tierra), que exhiba pensamiento propio, tome control de la humanidad y cree un mundo virtual a lo Matrix (1999), donde curiosamente el hombre promedio cree va a hallar un lugar de mayor felicidad, que el hombre del futuro (Sam Rockwell, que luce carismático y se presta para hacer buen humor) denuncia de generador de paliativos ficticios y breves para mantenerte en lo mismo (como si consumiéramos una droga), cuando buscar lo real representa sustancialidad, aludiéndose a los verdaderos afectos y disfrutar como antes de salir al aire libre y hacer cosas prácticas. Es una película sobre viajes en el tiempo, pero en realidad sólo llegamos a ver uno desarrollado. El lugar de partida es un restaurante típico de Los Angeles, lo mismo que hacía la curiosa aunque menor Kill me again (2025), que posee una premisa de sci-fi particular en que los criminales pasan por una terapia futura, en una vuelta del tiempo constante a un lugar clásico para aprender a manejarse correctamente, como si fueran ratas de laboratorio, pero que en mucho es un canal de tortura para el preso. La película hace uso de flashbacks donde cuenta la vida de parte de la banda que sigue al hombre del futuro, el que parece un mendigo y ahí entra a tallar otro lugar común, el del loco vagabundo que vive en las calles, con el que lo confunden frecuentemente. En los flashbacks vemos mucha sátira como la de los adolescentes dominados mediante su adicción por el celular, por una entidad (empresarial, gubernamental) oscura, lo que es parte también de las ideas habituales conspiranoides. Así van desapareciendo los profesores de los que se dice que se están tomando un tiempo sabático, bajo la idea de que algo tienen que ver los adolescentes mandones, prepotentes, mimados. Algo parecido sucedía en otra película curiosa, pero de terror, Weapons (2025), aunque con los alumnos, niños, como víctimas, culpando, al revés, a una maestra, de su desaparición. En dicha película no se puede dejar de mencionar que se manipula mucho lo ridículo y el misterio de manera magistral para hacer un filme a destacar como conclusión, con esa gran malvada que es la tía Gladys (Amy Madigan, quien ganó el Oscar por ésta performance), que recuerda un poco a La tía Alejandra (1980). En otro de los flashbacks (historias, viñetas) en que luce una buena actuación Juno Temple se menciona a los clones -satirizándolo dentro de la realidad americana de los tiroteos hechos por adolescentes marginados en las escuelas- y como van a reemplazar a los seres humanos por gente mecánica, alineada a un orden, al gusto del poder se podría decir en otra lectura conspiranoide, teniendo en la anterior historia a Michael Peña como ese tipo de persona y además antisocial, los que curiosamente terminan siendo los héroes del filme, como la princesa (Haley Lu Richardson) que tiene alergia a la tecnología y por ello es fácil que caiga de freak en la sociedad contemporánea. Ella cuenta la tercera historia, donde se habla de Matrix a la inversa, la gente entregándose a la simulación que es de paso asociada a la adicción, el sedentarismo y el videojuego. La propuesta da a entender que todo nos empuja hacia allá, inmersos en los avances tecnológicos, producto de la ambición, la fascinación y la curiosidad humana, junto al deseo de éxito y hasta de espectacularidad, o la falta de sociabilidad y de afectos en otros. Somos empujados hacia el mundo virtual. La película propone una critica en cuanto a alejarse del mundo real, ese mundo anterior a los celulares inteligentes. El relato menciona directamente que la inteligencia artificial es ineludible en todas las alternativas del futuro, por eso el hombre del futuro pretende una salida para que el software no nos controle, sino que sea benigno, manejable, que el ser humano no pierda su independencia, no caiga en el lugar de lo fantástico, donde vemos la capacidad de narrador de cuentos de los hombres que viene desde la mitología griega con el Centauro por decir algo mencionado en el filme, y así vemos un gato gigante con cuerpo de caballo y en lugar de pelos tiene pequeñas cabezas de crías. El filme juega al metacine y el hombre del futuro advierte que cualquier cosa puede aparecer para pelear con ellos, misma Furia de Titanes (1981). Así se bromea con pandilleros -comprados baratos- con máscaras de cerdo aludiendo a policías, de la misma manera como en Matrix aparecían muchos Agentes Smith, otro recurso del cine conspiranoide y las teorías estrafalarias. El hombre del futuro también tiene su flashback/historia y todo queda perfectamente pegado (lección aprendida), habiendo buenas sorpresas como una a lo Sarah Connor. El inventor de la IA es una mezcla entre el niño del fantástico episodio remake It's a good life, dirigido por Joe Dante en Twilight Zone: The Movie (1983), y los psíquicos adolescentes de Minority Report (2002), otra de las joyas del sci-fi inspiradas en Philip K. Dick. Se puede leer que es una película de aventuras igualmente, con una banda de héroes escogidos al azar por el hombre del futuro, con gente que se ve común en el grupo, como ver un guía boy scout nerdy, un taxista de Uber o una mujer gorda que sólo quiere comer pie, enfrentados a llegar hasta el niño sabio, que tiene en sí un añadido audaz e irónico como producto de Amazon, dentro de una puesta en escena acompañada paradójicamente de efectos de computadora como buena parte del filme. Con los robotitos que parecen juguetes, el niño Zen y los alambres vivos de una gran computadora se pinta en escena una imagen de tipo anime sci-fi. La banda de héroes improbables buscan destruir la IA controladora del planeta, mientras como en un videojuego perdemos y volvemos al inicio, volvemos a empezar hasta poder ganar el juego, resetearlo y pasar a otro.