viernes, 29 de julio de 2022

Llovizna


Llovizna (1978), del mexicano Sergio Olhovich, es una película de postulados obvios de critica social, sobre el menosprecio hasta lo criminal hacia los indígenas mexicanos. El filme es simple, un hombre va a cobrar un dinero -una suma importante- que tiene que llevar a su jefe, éste hombre es Eduardo (Aarón Hernán). Al ir por carretera su pequeña camioneta se atasca en el barro y 4 indios, como los llama el filme, le ayudan a salir de ahí, pero estos albañiles venidos del campo que cargan con la pena de una muerte reciente (a manos del abuso policial) le piden que los lleve. Eduardo que es sumamente racista acepta por obligación, pero todo el viaje se lo pasa entre el miedo y la desconfianza, y el enojo con maltrato hacia el padre de estos indios, que por la muerte de su hija pequeña, dolido, anda alcoholizado y por ende se comporta un poco mal producto de la intoxicación, pero Eduardo no lo comprende, no sabe tampoco de la muerte, aparte de que tiene toda la pinta del tipo indolente, déspota y cruel con los indígenas, reflejando, señalando y denunciando Olhovich el comportamiento de su sociedad. El viaje se convierte en una aventura de temor y un poco en expectativa psicológica, si bien todo es físico y práctico y bastante sencillo. Eduardo imagina incluso ser asesinado por los indios para robarle su dinero. El filme tiene momentos ridículos como cuando Eduardo echa a correr gritando para que lo salven, de su imaginación diríamos, y luego regresa en medio del WTF que deben tener los indios en la cara ante éste arrebato de miedo y que parece locura. No obstante no son tan rápidos y no suelen captar mucho de lo que en realidad pasa con Eduardo. Pero es por el obvio racismo de éste hombre, y sentirse superior ante ellos y verlos como una amenaza para su falsa autoproclamada civilización. Un indio en especial interpretado por el talentoso Salvador Sánchez lo mira extrañado y algo molesto por tanto menosprecio claro, pero trata de apaciguar lo imposible de apaciguar, porque son prejuicios y racismo muy hondo lo de Eduardo. Desde el principio vemos que Eduardo es un tipo típico de su clase, una machista y colonial; él es el clásico mujeriego, aunque lleva el pan a la mesa de su casa y finge ser el ideal familiar y laboral. Su mujer también es la condescendencia en persona y el respaldo de todos estos defectos maritales y de su sociedad. No hay mucha complejidad en el protagonista, lo suyo es proclamar la tesis y la denuncia del filme. El viaje tiene su hilaridad, así como su pequeño suspenso; en el camino más miedo da la policía (que es corrupta) que los indios, pero quien convence a Eduardo, que llega hasta el epítome de éste racismo. No hay medias tintas en éste filme, incluso no hay humanidad. No obstante aunque es una obra muy básica, es entretenida de ver y puede que hasta humanice un poco al espectador. La denuncia es propia del cine latinoamericano comprometido de su época, con las reivindicaciones sociales, época de cambios también.  

jueves, 28 de julio de 2022

Tel Aviv on Fire


Tel Aviv on fire (2018), del director palestino Sameh Zoabi quien radica y es catedrático en EEUU, compitió en la sección Horizontes del festival de Venecia 2018. Horizontes es una sección ecléctica pero que apuesta por las nuevas expresiones o nuevos lenguajes del cine. En la sección se hizo merecedor del premio de mejor actor su protagonista, el actor palestino Kaiz Nashif, que realmente demuestra tener talento, y aunque no ha tenido una carrera tan reconocida es uno de los actores principales de una película icónica palestina, su debut como actor en el cine, Paradise now (2005). Kaiz es Salam, un hombre serio y formal, pero a quien se le achaca curiosamente de lo contrario, de ser indisciplinado en su vida, pero la oportunidad de ayudar en el guion de una popular telenovela que produce su tío le cambia la perspectiva aunque esto tiene de elipsis. Salam no sabe escribir guiones, pero conoce muy bien el idioma hebreo y los diálogos requieren de ese idioma. La telenovela que graban, Tel Aviv on fire, habla de la relación romántica entre un general israelí y una secreta para él guerrillera palestina. Todo el mundo -judíos y árabes- ve ésta telenovela, pero esperando distintas resoluciones. Salam trabaja en Palestina, en Ramallah, pero vive en Jerusalén Este y tiene que cruzar una garita de control israelí. El militar encargado de la garita, el capitán Assi (el israelí Yaniv Biton), al saber que Salam es guionista de la telenovela favorita de su esposa quiere hacer que éste ponga cosas en su favor y de la mirada sionista. Como gran curiosidad está ver que Assi tiene talento natural para el cine y Salam lo usa de apoyo para aprender. Se entabla una cierta amistad, pero lo que divide a palestinos e israelís pronto aflora, lo político, lo social, incluso la telenovela está ambientada en la guerra de los 6 días, en 1967. Salam está también en parte obligado a obedecer al capitán al tener que pasar diariamente por su puesto de seguridad. Éste control hacia los palestinos deja en claro esa fricción entre los 2 pueblos, sin tener que recurrir a algo más descarnado, hay sutilidad. Los soldados pueden ser toscos en su trato, aunque Salam es muy educado e inteligente y sabe no chocar contra ellos. Salam es un tipo muy tranquilo, hay un cierto ideal en él de comportamiento y personalidad, aun cuando hay una elipsis que lo sentencia de vago y se conoce que le ha roto el corazón a la mujer que ama, a Mariam (la bella palestina Maisa Abd Elhadi). Entre Mariam y Salam hay un simpático y ligero romance muy bien tratado, aunque sin tanto vuelo ni riesgo. La actriz principal de la telenovela que graban en la trama, Tala (la belga de ascendencia marroquí Lubna Azabal), tiene una muy buena participación como ésta estrella popular que hace, pero que tiene sus ínfulas artísticas, y en sí el filme lo dice literalmente, hay ganas de querer hacer dinero y también de querer hacer arte, arguyéndolo desde una telenovela, lo pop. Tala exhibe una pequeña elipsis también; de cierta forma aunque no es vulgar se le pretende seductora aunque discreta con Salam, a quien tilda de genio, y con esfuerzo duro y motivación éste lo logra, el filme lo hace sin grandes pretensiones, así va todo en general, con un estilo relajado, pero competente, dentro de un filme sencillo, amable, pero muy bien hecho. El capitán israelí gusta del hummus, clásica comida árabe, con esto se entable cierto diálogo sutil. Pero como bien dice el filme, tampoco uno puede engañarse y no ver que existen diferencias, fuertes conflictos y que los militares israelís no son tampoco mayormente dóciles, y nuevamente entra a tallar la delicadeza expositiva, pero sugiriendo que puede haber amenaza y abuso, y violencia y hasta muerte, como suelta aquel secuestro, aunque sin proponer mucha tensión o atmósfera de sofoco (no obstante acotando que hay una gran escena con el muro que divide). Ésta propuesta se erige como comedia, si bien no llega a ser todo lo obvia en ello. Su tono y exposición luce a cine familiar, sin perpetrar un grado de ñoñez que impida hacer un filme para adultos con cierta dosis de exigencia artística. Tras poner un poco de matices en el filme, aun cuando la producción no solo tiene de europea sino hay coproducción israelí, el relato apuesta por plasmar conciliación y al mismo tiempo cierta audacia, proponiendo lo que se ve mucho en la historia entre manos y personajes, aun desde lo popular, es decir, amor por el arte, y proclamando la felicidad hacia el prójimo desde la identificación, el romance y de cierta manera la reivindicación existencial, que esto último lo dice incluso directamente el tío y productor. Mientras tanto Salam palpa el éxito, sin ser rimbombante, siempre humilde.  

martes, 26 de julio de 2022

The actress


La actriz (2021), corto de 6 minutos del americano Andrew Ondrejcak, puede verse como un monólogo de una intimidad, a través de 6 películas que conllevan 6 actuaciones, dentro de un pequeño escenario y una sencilla pero decente puesta en escena que recrea esos filmes. Nuestra protagonista es la actriz trans de origen filipino y también directora de cine Isabel Sandoval. El corto es a su vez una reinterpretación que pasa por 3 lecturas, la actuación o ser actor, la transexualidad y el mundo mismo. Esto está complementado con cada película escogida, con su concepción original. El primer escenario es el del cine de Douglas Sirk. En lo que vemos tenemos a la actriz como una mujer sufrida, melodramática, se menciona pretender y que todo es falso. Refiere a la ilusión de realidad que crea el cine, pero dentro del sentimiento está como uno percibe la existencia. Se deja en el aire que vivir indica falsedad, frustración y resignación, dentro de un halo romántico. También es curioso que en la interactuación no le comprenden, es como si ésta estuviera hablando de ciencia ficción. Luego pasamos a otro tono y tipo de mujer, la actriz se mete en la piel de la imponente Marlene Dietrich, mujer que no era en realidad una beldad, pero que tenía tanto carácter que uno veía quien ella quería que vieran. Marlene era de imagen andrógina y era bisexual, no temía ser quien es. No obstante ella habla de llevar disfraces o máscaras, de estar muy maquillados y arreglados, lo dice con ironía y frescura, quitándose desde lo literal halagos, y al mismo tiempo dice más. Pero acota que al final siempre sale quien uno es. Habla también del espectáculo. Con los disfraces se siente como los payasos o comediantes; pueden trasmitir alegría, pero pueden ocultar sus verdaderas emociones. A continuación la actriz es Isabella Rossellini, estamos en Terciopelo azul (1986). Ahora representa una mujer de fuego que maltratada yace cansada esperando que alguien le salve. Es decir hay un estado emocional que superar. Con La naranja mecánica (1971), es querer ser aceptado, por el cine, por ser trans; por el mundo. En Barbarella está el gen de atracción, que puede ser simplemente la empatía, pero hay un tono propio del carnaval, que es también muy LGBT. Pero pronto, la actriz se autocuestiona. La protagonista se dice única pero también un poco freak. Finalmente con Malick se invoca el amor para crecer, la mirada es humilde. Es querer que nos quieran. 

domingo, 24 de julio de 2022

Jacob's Ladder


El británico Adrian Lyne ha hecho películas que han sido muy populares, como la inquietante Atracción Fatal (1987) o la romántica melancólica Una propuesta indecente (1993) que son películas decentes, aunque no tienen la venia general o el entusiasmo de la crítica, quizá porque a algunos Adrian Lyne les despierta ojeriza, como culparlo de efectista, vacío (videocliptero) y sobredimensionado con su película híper marketera 9 1/2 semanas (1986) que tampoco hallo tan mala o desgraciada como apuntan muchos, sin tampoco tenerla por ninguna obra trascendental del erotismo como quizá se ha pretendido. Lyne también tiene dentro de su filmografía a Flashdance (1983), una película que tiene culto. La escalera de Jacob (1990) apunta a ser su mejor película o la que unánimemente salvan de la quema conjunta, la que suele aparecer muy seguido en las listas de las mejores películas de terror de la historia del cine. Ésta película es bastante interesante y tiene su aporte de distinción, como mezclar religión, sea católica o cristiana, con la lectura de múltiples dimensiones y múltiples vidas interconectadas, cosa que hoy en día es la sensación al ser utilizada por los, tan populares actualmente, superhéroes. En un momento el protagonista, Jacob (Tim Robbins), deja en claro que desconocer que montón de nombres provienen de la biblia es ser ignorante, esto se traduce a la religión en general. Puedes creer o no en la religión cristiana o católica que es a donde apunta el filme, pero no puedes negar su existencia, los lugares que ocupan en el mundo. Sobre todo la católica en América Latina y la cristiana en EE.UU. El filme de Lyne también es frontal al decir que muchas veces estamos destinados a morir en cierto tiempo, pero al querer vivir a toda costa, rompes con algo del universo, y aparecen literalmente los demonios y también esto simboliza la locura, las alucinaciones, las secuelas de guerra que padece Jacob de Vietnam. Jacob sufre de distorsiones macabras, como ver cabezas sin rostro agitándose con frenesí. También sufre de paranoia y se ve perseguido por el servicio secreto americano, literalmente un carro trata de atropellarlo, mientras tanto autos explotan donde dentro hay amigos y ex compañeros veteranos de Vietnam, incluso es raptado en una inmersión y secuencia pesadillesca de lujo llevado Jacob en camilla por pasadizos lúgubres donde hay cadáveres y pedazos de mutilaciones humanas en esquinas, para pasar a un hospital psiquiátrico (sufrir de eletroshock) y cuarto de tortura. Jacob delira y se ve fehacientemente cuando sale de la nada su quiropráctico, a ratos entra en un estado de absurdo y locura, hasta caer en la fiebre. Jacob estudió filosofía, fue catedrático, y ahora trabaja de simple mandadero para el correo. La filosofía la tenemos como símbolo nietzscheano y germen de locura; lo de empleado de correo como precarización existencial. Jacob yace en la confusión. Se confunde su vida sentimental, se mezcla en todo distintas posibilidades/dimensiones. En una está divorciado y vive con una mujer sensual que de verdad lo ama, aunque yace en un estado de existencia semi-destruida y cerca de desbarrancarse al abismo. En otra tiene aun a su mujer y sus tres hijos y habla con ella entre bromas sobre un sueño húmedo, que es la mujer de la otra vida. Pero pronto asoma algo innegable, Jacob ha perdido a uno de sus hijos, a Gabe de 10 años de edad, interpretado por Macaulay Culkin, que ese mismo año saltaría a la fama por su icónica actuación en Mi pobre Angelito (Home Alone, 1990). Gabe es un punto de inflexión en la vida de Jacob, por eso es determinante cuando éste le enseña esa otra escalera como sanación espiritual. Gabe, como explica el filme, es el destino consumado, cómo debió ser, por eso aquí no hay demonios, sino ángeles. Aquella casona de la vida familiar es el punto de fuga astral. Lo del experimento militar y del gobierno versa sobre las clásicas conspiraciones paranoicas, tiene algunas cosas que no suenan tan a gran idea o realista, pero el filme al final explica que las drogas utilizadas como experimentación científica en Vietnam es un hecho real. La escalera de Jacob tiene un marcado lado místico, bello y de muy discreta melancolía, y aunque es siempre claro y busca ser popular no cae en la obviedad, como cuando una negra risueña -que se acerca seductora y ligera- le dice a Jacob que su mano expresa que él en realidad ya está muerto. Durante esa misma fiesta en una gran escena  y poderosa estética se ve un monstruo o demonio erótico al estilo de la mítica Posesión (1981). 

jueves, 21 de julio de 2022

S4D3


S4D3 (2021), del argentino Raúl Perrone, es un mediometraje de 48 minutos y es parte de la vertiente más experimental de Perrone. En ésta propuesta se trabaja con la imagen, personalidad, esencia y los libros del Marqués de Sade y hasta se le pone dentro una atmósfera de cine de terror y de criminalidad, que tiene un poquito del thriller de Hitchcock como con la mujer con el cuchillo amenazador, vengativa de lo que parece un ajuste de cuentas con una pareja que es mujeriego y un libertino, interpretado por Gastón Pauls que deambula medio inconsciente por hombres y mujeres, sensualidad realizada de manera cuidada y proyectando mucho más desde poco. Perrone maneja una parte dominante de literatura de Sade y otra de realidad actual y le pone su impronta (o la adorna) incluso en la psicología del famoso Marqués, quien parece un alma sufriente, que está manejando demonios internos -como sería natural pensar o así es la mayoría- y tiene conflictos morales, de esto que en Pauls haya un estado de alcoholismo que oculta una cierta melancolía con quien uno es y no puede dejar de ser. Pero Sade también es un tipo sin remordimientos, alguien que se asume plenamente en la lujuria, en la perversidad, en el sexo, incluso en la corrupción que muy seguramente no asume ni ve así (como algo negativo necesariamente), es decir es una figura de la amoralidad y eso presenciamos en los otros 3 episodios siendo el primero con Pauls el que rompe un poco el molde, si bien a ratos éste sonríe libidinoso como quien no piensa detener su personalidad corrompida y ésta dosis de melancolía oculta en el alcohol es secundaria finalmente, convirtiéndose más en una muestra de bohemia y juerga nocturna, a puertas de lo que parece representar a la Torre Eiffel. El segundo episodio recuerda a la mejor película de la filmografía del director catalán Albert Serra, a la muy lograda e interesante Historia de mi muerte (2013). El Sade del segundo episodio parece un vampiro quien recibe la visita de dos mujeres, dos damas de sociedad, que ven en como come éste Sade -que alude sangre- un mensaje de peligro y vulgaridad y se llenan de terror, ese mismo que maneja el episodio, incluso desde el sugerente movimiento que hace pensar que yacen en una carroza clásica francesa (sin ver el vehículo de ninguna forma). Igualmente ver que el "vampiro" y las damas suelen estar en movimiento en su sitio, ellas desde un estado de inquietud, él de su excitación, parecen aludir o sugerir actos sexuales, que terminan en la deformación de querer huir, de repulsión. El tercer episodio es menos de corte clásico como el anterior por donde pasaba la imagen del asesino en serie, de Jack El Destripador, de corte elegante. El tercer episodio es ver a un especie de aristócrata y hombre con cierto poder abusar de éste hasta la impunidad criminal. Más que una imagen de satisfacción sexual mutua o fantasía sadomasoquista, desde romper límites, como pensaríamos de Sade, es más bien de abuso contra la mujer, de violencia o sumisión no consentida, quizá un tipo de denuncia contra el machismo. En éste tercer episodio se percibe una crítica Pasoliniana, al abuso de poder de los ricos; o quizá es solo el retrato de la época, de esa que llevó a los franceses a la revolución contra el abuso desde los privilegios. El último es como un resumen mediante lo que parecen fantasmas, que también es el estilo formal de Perrone, las disolvencias, las superposiciones, los reflejos como en el agua o la imagen comprimida en círculos pequeños con el resto de la pantalla en negro. El Marqués de Sade es percibido como un depredador.

martes, 19 de julio de 2022

Pleasure


Pleasure (2021), debut en el largometraje de la sueca Ninja Thyberg es una inmersión en la industria porno americana. Tenemos de protagonista a una sueca de unos 24 años, interpretada por la novel actriz Sofia Kappel, tratando de convertirse en una estrella de la industria pornográfica. Bella (Kappel) es una chica en onda imitativa o adaptativa hiphopera, típica de su edad y la efervescencia juvenil, de la búsqueda de ser cool y un especie de líder de la pandilla, todas esencias propias de la cierta inmadurez e intensidad natural o clásica juvenil. Bella no está preparada para la industria porno, a leguas le falta el carácter y no puede enfrentar los requerimientos sexuales tan exigentes físicamente, son violentos, demasiado primitivos, son gente que puede ser muy bruta o tosca en su faena literal, aun cuando siempre se explica qué se va a hacer y tratan de que siempre haya consenso y en lo posible sepan qué van a enfrentar, que muchas veces por su quehacer sexual tan descarnado y tan intenso y duro no es muy fácil, aun cuando se vende el video porno como que todo es disfrute y sí lo hay, pero también se percibe claramente que Bella carece de esa perversidad y excitación tan sexual donde no puedes andar disculpándote o andar con timideces o creer que estas haciendo daño (o vengándote), que es todo lo que se ve en la última escena con la actriz porno idealizada, la bella y real actriz porno Evelyn Claire que supone ser una top que no tiene restricciones, que lo hace todo y siempre con una sonrisa coqueta y superficial, indestructible. Esto justamente desde el principio no vemos en Bella, que lleva cara de mujer sufrida, siempre tiene cara de miedo, de duda, de expectativa a lo que pueda salir mal, parece más bien una chica demasiado normal para éste asunto. Si bien esto exige dosis de vulgaridad vemos que con Evelyn Claire hay una figura de estética hermosa y cierta elegancia aunque suene contradictorio decirlo y esto es parte de la fantasía del porno y también un cierto engañamuchachos para postulantes que no saben a lo que se enfrentan. Esto es lo que engaña a Bella (presencias glamorosas y muy relajadas como las de Evelyn Claire), entonces cree que no va a ser duro o difícil, pero ella llega al colmo, la vemos padecer como una colegiala un trio con afroamericanos, a los cuales se les sobredimensiona un poco. Quien ha visto porno o sabe de ello puede ver que éstas mujeres pueden ser bárbaras, muy crudas y fuertes, en cambio Bella parece que está aprendiendo a tener sexo, es de lo más común y, pues, si estas en una industria como ésta es ridículo intentarlo si eres así, ahí esta la lección más clara, que esto no es un juego, por más que haya cierta ambición de fama, con descredito también, pero además mucho dinero y una vida de lujuria y locura efervescente en sus propias reglas de trasgresión y liberalidad extrema que requiere una amoralidad demasiado poderosa y una piel de cerdo para no autodestruirte. Aquí, vemos a la industria porno real participando, o sea están dando su conformidad si se quiere con lo que expone la película y el mensaje es ese, no te metas si no vas a poder asumirlo, no va a ser fácil, tiene cosas como lo que pasa con Bella, la que incluso teme sufrir de una violenta violación. Además hay la posibilidad del menosprecio y abuso masculino como con el actor porno que le disgusta el miedo inicial de Joy. Pero el filme es claro también en que siempre se busca la aceptación de lo que se va a hacer, y puede ser muy duro, como con el sadomasoquismo que (irónica y paradójicamente) escoge Bella seguir. Las escenas de sexo de ésta propuesta son muy cuidadas (usan desenfoques, apagones, movimiento y armados, puestas en escena artísticas), no son explícitas, aunque se dejan ver varias veces partes sexuales frontales de hombres; en general habla de arte porque imitan escenas que son naturalmente fuertes, logra el entendimiento del poder de lo que invoca. El filme tiene un aire medio marginal cool en el mundo de los postulantes al porno, con una Bella siempre en onda hiphopera, en su trato, en su ropa, en esas fiestas a las que va, propio del típico muchacho americano y el que imita mucho el mundo. Hay una escena donde Bella se quiebra, ella cree que la han tratado mal aun cuando hacía sadomasoquismo; había un trato de sumisión violento como expresión de fantasía sexual propia de esa perversidad que exige hacer pornografía o incluso el sexo, que aunque no es cosa de maltratar o humillar o hacer sentir mal la excitación implica cierta libertad y, digamos, malicia si se quiere, pero Bella pide auxilio a su madre. Luego regresa y hay un vuelco un poco naif y rápido hacia el mundo top del porno, el filme más que documentar se vuelve una ficción, una historia y presenta postura y drama peliculero, no esperen algo rígido, quizá por ello la industria ha aceptado participar de éste retrato, al creerlo también una ficción, la de la chica extranjera en pos del sueño al que no está preparada ni tiene las facultades. Enfocarlo en el maltrato, en la culpa, en la humillación o el abuso suena realmente a no entender el porno e incluso un poco el sexo en general. También ésta gente es humana y simple y no son luminarias, no esperen tampoco todo amabilidad o buena onda, que como se llega a decir, también es dinero el que están trabajando, tener la paga al final del día para todos, o sea puede surgir enojo, maltrato verbal y como es sexo y excitación uno también puede excederse, todo esto poco se percibe, hay más un cuidado por no exagerar el abuso, si bien Bella siente que no puede con este requerimiento de perversidad y esa brutes que se le exige, no lo puede asumir, aun cuando le dicen siempre y deteniéndose que todo es performance. De ello saltan de la rudeza a la explicación y a la consolación, pero no se puede negar lo que es, que esto no es juego ni va a dejar de ser lo que es, no es solo la belleza de Evelyn Claire, ese halo de modelo, o la vida cool de la liberalidad, también es aceptar que es sexo duro y con gente dotada y experta en romper límites o llevarte al extremo, ese es el verdadero mensaje o lección. Bella no pertenece a éste mundo, está muy marcado el sentir de quien es Ninja Thyberg, una chica normal, pero inteligente, y pues el sexo para la gente normal es mucho algo mental, no sólo físico; yacer como los chanchos, entre chanchos bravos y violentos, pues no es el común denominador, aun cuando todos podemos ser perversos en el sexo. 

lunes, 18 de julio de 2022

Sean eternxs


Sean eternxs (2022), del argentino Raúl Perrone, fue presentada en la competencia argentina del Bafici 2022 (El festival de cine independiente de Buenos Aires). Nos muestra a unos muchachos en su mundo, pero en particular en un recinto deportivo y de entretenimiento que hace de correccional de vida y locura juvenil; oímos por buen tiempo una voz en off, de uno de ellos, de que son joyitas en recuperación, tratando de alejarse de la delincuencia y de las drogas. Ésta es una docuficción, en mayoría parece un documental donde estos jóvenes protagonistas se interpretan a ellos mismos. No hay muchas muestras de narrativa, más es verlos actuar, revolotear, en su cotidianidad, donde Perrone les pone hasta cierta poética, cierto toque melancólico también aunque no todas las imágenes coordinen con ello, pueden estar tranquilos y de fondo se oye un sonido dulzón. Vemos amistad y mucho compañerismo, mucha identificación entre ellos, pero también hay un cierto halo de seducción y sensualidad, de ambos géneros, la chica alta de los lentes de sol, los chiquillos duros del barrio. Perrone muestra también mucha realidad sin adornos, vemos la humildad de algunos lugares de Ituzaingó, son chiquillos de barrio los que escoge la cámara, cargados de personalidad, orgullo sin exageraciones, un poco de vanidad, algo de risa llana, cierta fuerza, llenos de aretes y piercings, muchos tatuajes y su acompañamiento variopinto musical, rock, blues, cumbia electrónica, una canción emblemática de Soda Stereo, o folclore con carnaval y circo. En un momento suena una canción de rock y echan a correr tres personas y la cámara aérea los sigue desde el cielo produciendo poesía visual, fuerza expresiva y anímica. Perrone maneja emociones en su filme, estos jóvenes trasmiten mucho, están cargados de sentimientos, aun cuando lucen firmes, pero las drogas y la criminalidad y oír sus recuerdos nos hace pensar en dolor secreto, oculto en sus acciones criminales. La cámara se mete a la piscina a verlos "pelear", jugar, tontear, inmersos en el agua. Perrone plantea creatividad desde un recinto lleno de novedades, hasta se practica lucha libre olímpica. Es un filme que no teme demorarse en las tomas, detrás de coger esencias y crear estilo. No hay nada demasiado importante, y al mismo tiempo estamos conociendo la personalidad y el alma de la juventud del barrio. Conocemos a las personas detrás de los errores, de las faltas, de las carencias, de los golpes de la vida. Son aun chiquillos. Los seguimos, viéndolos pasear en moto o caminar por las calles llenas de grafiti. Todavía pueden hacer el tonto. Perrone muestra que pueden ser carismáticos, sin ser ningún tipo de modelo, pero también capaces de entender, de ayudarse, de hacerse feliz, de sonreír y amar el mundo. 

sábado, 16 de julio de 2022

Arrebato

 


Arrebato (1979), del español Iván Zulueta, prefigura en cierta manera a la perturbadora Videodrome (1983), pero es como si lo hiciera desde el cine de Alejandro Jodorowsky, es decir, con mucha ridiculez, absurdo WTF sin ninguna posibilidad de argumentación decente, harta ñoñez, mucho vacío, insipidez e ineptitud. Lo de la insipidez puede ser porque en parte es cine underground y en realidad aunque se reviste de terror y misterio es sobre un homosexual y su movida en el mundo de la drogadicción, éste homosexual se llama Pedro (Will More), y es muy inseguro que debe tomar drogas para sentirse un tipo aventurero, pero también tiene una gran pasión por el cine aunque como alterego de Zulueta no tiene mucho talento y llora literalmente ante sus carencias artísticas, hasta que conoce a José (Eusebio Poncela) y éste lo inspira aparte de que tiene una relación homosexual con él. José tiene también una pareja femenina, interpretada por Cecilia Roth que hace de chica irreverente, liberal y superficial, objeto para encamarse sin más y ser rebelde, típico de sus actuaciones y de cierta esencia española, ser muy sexuales y libres teniendo siempre presente a la comunidad LGBT. El filme como terror tiene que la cámara dicen que es como si tuviera vida o una maldición, o que por ella llegan sin que los vean unos vampiros, representación velada de la drogadicción. El filme se mueve en lo undergound, intenta ser notoriamente cool con un aire bien español, liberal, desenfadado, pero no encandila, Roth llega a bailar como homenaje a las películas mudas o al baile clásico galo y lo hace bastante mal, repleta de ridiculez, aunque intenta ser simpática, graciosa y atractiva sexualmente. Poncela tiene algo de gracia como éste tipo mediocre haciendo películas de género y su vida de perdedor con personalidad, pero el filme no le da más vuelo que la apariencia de loser cool. Will More actúa bastante mal, pero como fetiche de Zulueta le da personalidad e identidad al producto. Aparece la hija del actor Fernando Fernán Gómez, Helena, que hace de mujer de la juerga, simplemente acompañante de vacilón y corrupción, tiene la curiosidad que la voz que tiene suena como la de un travesti y ésta voz le pertenece en realidad al director Pedro Almodóvar. La prima Marta (Marta Fernández Muro) luce terrible riéndose todo el tiempo, como si no pudiera contenerse o estuviera con efectos de la droga o fuera un poco lenta si bien pretende lo contrario, literalmente parece querer comerse la cámara. Lo de que la cámara de cine grabada en super8 pueda ocultar algo siniestro y esté consumiendo a Pedro luce un poco interesante, aun supurando Jodorowsky por las venas y no tanto lo que será la maravillosa e inquietante Videodrome. Hay un manejo de ello ciertamente un poco curioso, dándole vida a algo que parece tontería, como con el extraño color rojo de los fotogramas, o usando imágenes de viajes, ciudades y diario vivir que también es la búsqueda de aventura y mundo de Pedro quien tiene tendencia suicida. Es así que se  mezcla pasión por el cine, drogadicción y autodestrucción, pero desde lo que está medio suavizado, lo que está hecho para pasar por mucho más ligero de asimilar de lo que en realidad es. La cámara como las drogas le roban la vida, el alma, a Pedro, ocultando como el cine underground un cierto mundo perverso o de romper límites, que puede recordar un poco a lo que veremos en Cruising (1980). Es un llamado al submundo de la perdición, aunque bajo la ilustración Jodorowskiana. 

jueves, 14 de julio de 2022

Naufragio


Naufragio (1978), del mexicano Jaime Humberto Hermosillo, adapta el cuento Tomorrow de Joseph Conrad. Una mujer en la mediana edad, Amparito (Ana Ofelia Murguía), extraña vehementemente a su hijo, espera su retorno con ansías, a Miguel Angel (José Alonso). Él se fue hace cinco años, y dicen que murió en Vietnam, a poco de irse a EEUU. Pero Amparito no cree o no quiere creer que está muerto. Muchos la tienen por un poco loca, por culpa de una espera fantasiosa, tan marcada. La vemos incluso ensimismada en ello en medio de la lluvia, a costa de su salud. Poco más de la mitad del filme es vivir esperándolo. Entra a tallar que Amparito comparte su casa con una inquilina, una muchacha, con Leticia (Maria Rojo). Leticia está tan compenetrada con Amparito que las une un gran cariño y Leticia sueña con el retorno de Miguel Angel también, quiere ser su pareja, lo ha idealizado de la mano de su compañera de vivienda. Leticia revolotea una fantasía con Miguel Angel. En la vida diaria Amparito se la pasa pensando en su hijo, buscándolo, hablando siempre de él. Mientras tanto Leticia y Amparito yacen en un trabajo de obviedad burocrática. Las vidas de ambas mujeres es pesada, estresante; incluso porque Leticia se niega a ser una aventura sexual. Puede entonces que entre a funcionar la imaginación ante tanta pesadez y dolor, y Leticia pase por un especie de sueño. Sucede lo que parece imposible, pero se maneja muy fácilmente. Medio mundo cuenta historias sobre que le pudo haber pasado a Miguel Angel. Pareciera que éste ya no fuera una persona sino una invención, un cúmulo de fantasías. Pasa hasta por estafador, soñador, marinero, aventurero, hombre de tatuajes eróticos, soldado, etc. Miguel Angel representa el macho cool, incluso bajo cierta ausencia; está envuelto en un halo de seductor nato. Leticia se derrite por él, en esto Hermosillo es muy frontal; la cosa va directa al grano, al erotismo más llano. Pero ya lo dice el título, estamos presenciando un naufragio, la gente hundiéndose, ahogándose, aunque se vea medio sutilmente, medio escondido, haya respiro. No obstante Amparito llegará a nadar en el melodrama. Sólo parece salvarla el afecto más grande y motivador, el de su hijo, aunque también le crea dolor. Es así que Leticia vive a través de los ojos de Amparito y posiblemente lo hará viceversa. El filme tiene de novela romántica, pero como tratamos con un naufragio nunca dejará de faltar el realismo duro de la existencia, como si la vida se ensañara. Sin embargo Leticia tiene carácter, tal cual deja ver el trato con el mejor amigo del pasado de Miguel Angel. Leticia si bien se deja influenciar en su personalidad por una mujer más clásica como Amparito, se le puede observar cierto feminismo en su manera de comportarse. Leticia detona ser una sobreviviente y ella puede ser el escape de una más agotada Amparito (aunque éste es un Naufragio se cuela un irrenunciable optimismo). 

lunes, 11 de julio de 2022

Flux Gourmet


Flux Gourmet (2022), del británico Peter Strickland es su película más personal y más extravagante, pero está muy lejos de ser la mejor de las suyas, y tampoco quiere serlo, sino es más una declaración de libertad y clamar ser un autor muy personal o quizá mayor, invocar que uno tiene un mundo muy propio y la voluntad de hacer arte a nuestro gusto y placer, es decir, en total libertad, para ello hace metacine, habla del propio mecanismo de hacer películas, y del cine en general, habla de ser un autor extraño en el cine también, aventurarse en cierta vanguardia quizá, pero al mismo tiempo satiriza ese mundo del cine, poniendo una Academia o Residencia de hacer películas, ilustrada en una casona de una mujer rica, una mecenas y productora, una amante del arte y de la misma extravagancia. Ésta productora representa la élite, la aristocracia, o la disque mente superior, pero en ello hay una mujer mimada, muy engreída y caprichosa también; ésta especie de productora aristocrática es Jan Stevens (Gwendoline Christie). Igual de engreída y caprichosa y artista en estado de gran identidad y trascendencia personal es la directora de las raras performances que auspicia Jan, Elle (la rumana y fetiche del director, Fatma Mohamed, que aparece en todas sus películas y lo hace bastante bien dígase de paso). Elle representa la idea del director de cine, pero la ironía de Strickland vuela alto, refleja más, refleja cualquier tipo de artista en pos de clamarse un genio con estilo, un verdadero artista. Elle comparte escenario y performances con 2 ayudantes, Billy (el británico Asa Butterfield, el del filme Hugo Cabret que actualmente tiene 25 años de edad y hace de un chico un poquito marginal) y Lamina (la siempre curiosa Ariane Labed, fetiche del cine de su esposo real Yorgos Lanthimos), que parecen sus súbditos, que ella los ha adoptado como su familia bajo su yugo (y genialidad digamos); ellos son los técnicos, los que manejan lo electrónico o digamos que los que hacen las películas, los sonidistas o editores de sonido por ejemplo, que eso literalmente son aquí, le ponen sonido u oyen o hacen a la comida hablar, es decir ésta extravagancia genera las performances distintas, esto es el arte en sí (y desde luego se une lo visual o lo estético, como por ejemplo mundos asépticos como hospitales o salas psiquiátricas, o ver la imitación performativa de como se mata a un cerdo). Las performances escogidas para éste tiempo en la Residencia, Productora, Academia y Espectáculo en vivo es justo toda la película, que siguen un camino "impensado", pero éste camino tiene un sentido finalmente, y lo representa el periodista encargado de grabar cada proyecto y entrevistar a los artistas, Stones (el griego Makis Papadimitriou), que sufre de gases, sufre en toda la palabra por ello, no solo porque se habla de que hasta puede enfermar y morir por ello (y le harán en vivo hasta una colonoscopia que es también otra performance), sino porque le crea tremenda vergüenza y lo hace sentirse menos que todos los participantes y personajes de la Residencia, ironías y obviedades aparte. Las performances de Elle mezclan sonido electrónico, cuando Strickland siempre ha trabajo en su cine con el sonido creando personalidad propia, con la comida gourmet (agrega esto), asistiendo con el filme a un plato de Delicatessen artístico, pero también invocará el misticismo del séptimo arte, su cualidad de sanación que es nuestro trayecto narrativo y búsqueda, que es otra forma curiosa de representar lo que en realidad es la introspección del cine, la reflexión, meditación y/o la intelectualización. A Strickland le va mejor la comedia arty e intelectual -una de esas películas que se hacen una vez en la vida- que a Ingmar Bergman, lo cual aunque no es un tipo de película que tenga fácilmente cautivar al público o a mucha gente y ser denominada obra maestra no le ha salido tan mal, pero es lo que es. De paso La Residencia al tener de show extravagante en vivo con un pequeño público selecto asistente -con performances escatológicas incluidas, y Strickland puede no ser siempre muy sutil, como con el olor de una vagina para manipular a un muchacho- hace recordar a la última película de David Cronenberg, Crimes of the future (2022). Tenemos enfrente un reparto de actores no muy populares o conocidos, pero yacen perfectos en su elección y entrega arty, como con el Doctor que hace el actor británico ya mayor Richard Bremmer que está en grado notable de supurar ironías en particular.

Psycho II


Psicosis (Psycho, 1960) es una de las mejores películas del maestro del suspenso, el thriller y el terror Alfred Hitchcock, y top 10 de la historia del cine de terror. Hacer una buena secuela suena complicado, pero al cabo de 23 años aparece Psycho 2 (1983) y es una película con cosas a criticar pero bastante bien para ser la secuela de una obra tan redonda, tan grande. La dirige el australiano Richard Franklin, tótem del exploitation de su país quien a los 12 años de edad vio la emblemática película de Hitch y empezó a soñar con convertirse en cineasta. Franklin vino a estudiar a EEUU y logró un primer sueño, tener de invitado al mismo Hitchcock en una presentación a su cargo. Quien diría que el fan número 1 de Psicosis y de Alfred Hitchcock lograría dirigir al cabo de 3 años de la muerte del maestro la primera secuela de ésta gran película y haría algo bastante interesante, destacable, aunque, lógicamente, mucho menor. El guionista de Psycho 2 tampoco sería cualquiera, fue el talentoso Tom Holland, si bien recién empezaba como guionista y tenía 40 años cuando escribió el guion de la secuela. Estaba a 2 años de debutar como cineasta con una muy buena película del género, la notable Fright night (1985) y a 5 de marcar un hito en el terror como director y guionista con Chucky (1988). El filme tiene ratos que parece cine de bajo presupuesto o telefilme, como en su apertura con el juicio; tiene ratos que parecen cine B, con cierta cotidianidad y americanismos, pero en general tiene muchos momentos buenos y es bastante interesante, tiene una investigación sólida, sobresale en su manejo del misterio aun nadando en aguas tan conocidas y un background a respetar y que hasta homenajea abiertamente. No se guarda de clamar su admiración por Psycho pero tiene la voluntad de la cierta novedad y la propia personalidad. Contiene sus curiosas y decentes vueltas de tuerca. Hasta agrega reinterpretaciones como en esa reconstrucción y enaltecimiento de las bases de qué es Psycho y quien es Norman Bates y su relación enfermiza con su madre que es la apoteosis final, de cierre, con su saborcito a Viernes 13 (1980) y a Mrs Voorhees (Betsy Palmer). Da más vida, contenido, a antiguos personajes como la hermana de Marion Crane, interpretada nuevamente por Vera Miles, quien tiene un poco de mujer histérica, y bastante de vengativamente cruel. Anthony Perkins está perfecto, como siempre, en su papel capital, es un Norman Bates más humano, pero igual de freak, de inestable, luchando contra no perder la razón nuevamente, pero ahí aparecen notitas malsanas y misteriosas llamadas de teléfono, ambiguas, diversas, pero finalmente serán precisadas y con su toque creepy. Psycho 2 juega al asesino secreto, aun cuando todo apunta a Norman Bates y nunca deja de estar en la mira, pero agrega buenas sospechas, aun cuando no hay muchos personajes. A ratos Norman habla de manera ridícula, pero está en su papel; en esto se entiende un porqué y hasta la propuesta agrega su argumentación con cierta irónica escena maestra de cuento de terror bajo la chimenea al final de la jornada, hablando de las jornadas que tapan cadáveres con carbón o sumergen autos y pertenencias en el pantano. Puede que el filme peque un poco de demasiado explicativo, al querer dejar todo siempre muy claro y temer perder el lugar de ser un filme amable y fácil de entender para el público, pero también en sus aportes narrativos e investigación exuda ambición y pudo quedar extraño más que complejo. Psycho 2 tiene una interacción curiosa, pero bastante decente también, entre un Norman Bates cincuentón y que se sabe de él públicamente que es un antiguo asesino en serie absuelto por demencia aunque tiene un trato afable y humilde con los demás, con los pocos que interactúa porque está un poco aislado, y la joven de mesera de 23 años, Mary (Meg Tilly). Esa es otra buena ocurrencia, hacer de Norman Bates un cocinero de restaurante de carretera; ésta ocurrencia huele a cine B, pero se maneja con mayor sabiduría. Dicha relación, entre Mary y Norman, es el centro del filme. Cómo se da la conclusión (el culpable en lo oficial) con el disfraz de la madre disecada es un alarde de atrevimiento, tensión e ingenio, donde nunca se pierde la coherencia, si bien toda la secuencia se acerca al despelote y la mala broma. Los asesinatos son secos y rápidos en general, sencillos, pero ese que atraviesa desde la boca el cráneo es de una brutalidad y maravilla macabra. Mención especial de Robert Loggia y Dennis Franz que están como anillo al dedo en sus personajes secundarios. Tilly tiene pinta de chica sencilla, muy poco sensual, pero cuando cerca de la cama se saca las botas de amazona luce apetecible, y entra a tallar que Norman Bates tiene un trauma tan grande con su madre que luce incapaz de cumplir sexualmente con alguna mujer, y ahí hay una lectura, no sólo de impotencia, también del magma que nace de la inspiración real de Robert Bloch, la definición sexual del asesino en serie Ed Gein. No obstante Norman dice que Mary huele bien, ¿y a qué huele?, al recuerdo de la madre posesiva. 

sábado, 9 de julio de 2022

The empty man


The empty man (2020), debut del americano David Prior, fue la sensación de las redes sociales el año pasado en varias listas que la ponían como la mejor del año y tanto entusiasmo ha dado en el clavo. Prior ha hecho una película notable. Empieza muy en deja vu, un poco acartonada, pero estos primeros 20 minutos es una introducción de algo que sellará un círculo perfecto, que al final propondrá mucha originalidad. The empty man empieza como una historia de investigación de asesino en serie con algo sobrenatural esotérico detrás, mediante un ex policía convertido en detective privado, mediante James Lasombra (el novedoso y bastante decente como actor James Badge Dale). A cerca de media película salta el primer gran susto en pantalla y un gran descubrimiento (en un puente y no solo es el impacto de la toma sino que tiene sustento argumental), uno de muchos que vendrán, y éste filme será incluso un poco intrincado de comprender en su totalidad. Tiene cosas de poco común comprendimiento o de cierto arduo acceso (como que tiene de misticismo budista, pero al servicio del imaginario del género), como aquello de imponer background a través de la telepatía para poder manipularte y es que éste filme está lleno de propósitos, aunque macabros, oscuros y por el final bastante perversos. Hasta media película es como visitar el hollywood de la infancia, pero cada vez la apuesta subirá de valor y de exigencia imaginativa hasta plasmar hasta violencia gore. Es un cierre magistral (completamente lógico aunque complejo; o lo que hubiera querido ser, la aun no así despreciable, pero menor, Hereditary, 2018), que es como indica el poco sutil subtitulo que le han puesto en español (El mensajero del último día). La actriz Marin Ireland tiene un papel secundario, pero que se puede recordar. Suele hacer de personas sufridas, le va bien al drama, quizá por su tipo de rasgos faciales, pero es una buena actriz, como lo ha demostrado en la muy buena  The dark and the wicked (2020) y es un nombre a recordar. La joven actriz en sus veintitantos Sasha Frolova también se destaca, luce harto creepy, hace muy bien de chica filosófica, extraña. Su aparición como la hija de la mejor amiga de Lasombra salta el primer rato de inquietud en la historia y lo hace desde simplemente ponerse a hablar, dice cosas esotéricas, habla de mecanismos poco habituales de la mente, se siente un cierto WTF, que queda explícito con la actitud, personalidad y respuesta verbal de Lasombra, que dice ser un tipo siempre práctico y muy simple aludiendo a la gente de donde nació y como se les suele definir, es como un estribillo de presentación. El filme de Prior es muy ordenando, todo es milimétrico y muy bien explicado, hay mucho detallismo y claridad y eso no lo hace en absoluto un mal filme pues es el hollywood diáfano, inteligente y poderoso de antaño, el de la infancia, el de los 80, el de los 90. Pero más tarde se transformará en el cine perverso y moderno de hoy en día, también desde lo notable, cerrando una conjunción perfecta. Al filme se le suman las sectas, luego hay metraje encontrado y hasta terror psicológico, pero todo desde la coherencia, desde el orden, no está para rellenar o crear la sensación de enriquecimiento forzado o gratuito. El filme tiene escenas emocionantes y hay buen suspenso. The empty man juega a las llamadas intimidantes por teléfono para asustar a lo Scream (1996) y tiene de leyenda urbana a lo Candyman (1992), es así que se fabrican 2 realidades, una real con un asesino suelto que puede ser parte de una especie de tribu y una sobrenatural con un hombre del saco detrás. The empty man está llena de muchas formas de terror, pero todas manejadas con justicia y creatividad. 

viernes, 8 de julio de 2022

Misery


Misery (1990), de Rob Reiner, es una de las mejores adaptaciones cinematográficas de un libro del prolífico Stephen King (dueño de tremenda imaginación y sin duda maestro del género de terror), escritor que ha sido llevado a la gran pantalla en montón de oportunidades. En Misery se puede pensar que Stephen King hace justicia a su memoria quizá o entrar en ese juego anecdótico, como el bullying escolar -quizá bajo el cliché de algún gordito abusivo- o incluso con el retrato de una pareja, si pensamos en que la escritura se alimenta también de nosotros mismos, no solo de lo interesante que encontramos alrededor. Misery a cierto punto es políticamente incorrecta, sobre todo para hoy en día de feminismos furiosos y ubicuos, porque uno puede sacar una lectura adicional de Annie Wilkes (la gran Kathy Bates, que por ésta actuación se hizo merecedora del Oscar), uno puede pensar con Wilkes cómo son las mujeres en general, es decir sin exagerar, pues Wilkes es una psicópata, una criminal, uno puede pensar que las mujeres suelen tener esos cambios radicales de humor y reacciones fuertes de imprevisto que tiene ella, esa bipolaridad de la protagonista, de señalar los tantos cuidados que hace para quien manifiesta amar y en otros ponerse muy fastidiosa y hasta violenta cuando algo le disgusta. Wilkes es un personaje riquísimo y desde lo frontal y claro. Soy tu fan número uno, le dice varias veces a su escritor favorito, a Paul Sheldon (el querido James Caan, que hace tan solo 2 días atrás acaba de morir), a quien ha secuestrado, y deja ver un poco que hasta pudo ser la que ocasiono su accidente (le dice que lo venía siguiendo y que sabia que pronto se iría). La parte donde se ven las piernas hinchadas y deformes de Sheldon como también la parte donde se venga Wilkes con el martillo al conocer el odio que le tiene el discreto Sheldon son terror puro, se siente escozor. Otro momento glorioso es cuando falla de manera muy simple un plan maestro de Sheldon de quitarse de encima a Wilkes. Ya cuando leemos el libro de recuerdos de la psicópata, y sabemos quien es en todo detalle, resulta la cereza del pastel pues el magnífico y macabro personaje ya está super consolidado. El disparo con la escopeta es violencia en toda alevosía y una obra de arte del poder de locura y con quién tratamos. Misery es un puerco y una mujer sufrida destinada al abismo (muerte que hace temblar hasta el espectador cuando Wilkes pierde los papeles), lo cual es la propia enfermera desequilibrada, en el horror de lo extremo y otro acto recurrente de política incorrecta en tiempos de tolerancia cero, todo lo que hace una genialidad de ésta película aun cuando la lucha entre Wilkes y Sheldon llegue a lo más vulgar (y realista), a la acción pura y dura desde la expresión de ninguna ciencia, sino de la desesperación y lo bruto. Sheldon es un escritor de fan de pueblo, y esa aura de llaneza es otro plus del filme que se maneja con veracidad para que aquella gruesa mujer de apariencia humilde aparezca en su vida como la pesadilla en persona. Cuando ella se sincera y dice ser poca cosa para él, Sheldon ni se inmuta, no miente, no la consuela, así es de dura su vida, aunque esa misma dureza sea la que lleva en la personalidad Wilkes, y sea tan devastadora. Recuerda un poco a la enfermera y asesina real Martha Beck de la que se basó Los asesinos de la luna de miel (1970). Richard Farnsworth con 70 años como el sheriff del pueblito donde vive cerca Wilkes es también tremendo acierto. Aunque es bien viejito y pasa por débil físicamente es inteligente y lleva una muy buena investigación. Además el sherriff y su ayudante secretaria complementan la imagen de la relación macabramente afectiva entre Wilkes y Sheldon. La enfermera y el paciente forzado parecen dentro de una comedia romántica perversa. El sheriff complementa, suaviza y balancea, la imagen general con una situación de pareja de amantes adultos viejos que tienen sus fricciones pero se lo toman con relajo e ironía y amabilidad. También es curioso pero bien hecho como relaciona el Sheriff una línea del libro de Misery con una respuesta de la enfermera psicópata, más el carácter intratable desde lo público. Inicialmente parece será una tontería, como el ritual de Sheldon al terminar de escribir un libro, lo de que el sheriff quiera leer la saga de Misery como pista, pero llega a tomar mucho sentido y hasta audacia. 

martes, 5 de julio de 2022

Ahed´s Knee


Ahed´s knee (2021) del israelí Nadav Lapid, ganó el premio del jurado en el festival de Cannes 2021. Es una película en buena parte convencional, pero tiene su toque de curiosidad. Parece hacer hincapié en la lucha contra la censura, la censura desde el poder político, del gobierno, poniéndolo desde el Ministerio de cultura en la trama. El tema es el que define mucho al país de Lapid, cómo Israel maltrata a Palestina; y desde ahí cómo desde el gobierno manipulan la información y el pensamiento de su población hacia éste maltrato y destrucción. Pero lo curioso es que el filme de Lapid tiene apoyo del gobierno como vemos en la introducción de los créditos y pareciera no existir en realidad censura o quizá Lapid nos está diciendo que lo que no existe es debate o reflexión, no se dialoga el tema dentro de la gente de a pie o población israelí, ellos no quieren discutirlo, pensarlo y son como autómatas incluso viendo una película crítica. Se comportan -o quieren comportarse- como robots que no quieren sentir culpa ni consciencia para no perder su hegemonía y existencia y quizá subsistencia en el territorio. Lo otro de la trama que visionamos es que hay gente israelí que parecen buenas personas, se comportan con amabilidad y educación, lucen sensibles y tranquilos, no parecen hacer daño alguno, como la protagonista y el objeto de afecto de la historia presente, Yahalom. No obstante ella tiene un puesto alto en el Ministerio de la censura y es parte del engranaje que mantiene subyugada a Palestina y contiene tranquila la consciencia de la población israelí, detiene su reflexión y mea culpa o cualquier cambio hacia los palestinos, que también aunque no se diga hablamos de una guerra con distintos niveles luchando entre sí, los palestinos son más débiles. Yahalom es una mujer atractiva en muchos sentidos para a quien solo conocemos como Y (Avshalom Pollak). Y es un director rebelde digamos, hace películas denunciando a su pueblo y esa es la idea, de estar yendo contra gente que parece hasta inocente, buenas personas, como Yahalom quien lo contrata, es decir que ayuda a que éste gane dinero y progrese; claro, se dirá, dentro del sistema de la censura o del mandato del gobierno. Es como ganarse a todos a una causa conjunta. En un momento Y hace tremenda catarsis, de esas de gran emotividad, grandilocuentes, teniendo incluso algo ridículo en ello de lo tan abierto del sentimiento, se percibe cierta exageración, sumada al artificio de las formas. Y parece caer al suelo por el manejo de las tomas, qué es lo que cierran o dejan ver, pero al final aparece sobre el pecho amamantador de Yahalom, quien lo comprende, le complementa y le afirma las ideas, parece incluso llorar y sufrir con él. Es decir, hay conocimiento de todo, pero como expresa en un momento Y, la guerra no existe, es invisible. Es así que cuando sufre Yahalom por culpa de Y, éste se convierte en un monstruo, en un tipo que se siente patético. En el aire queda la noción de que atacar a Israel es atacar también a gente buena; Israel se lleva muy adentro para la mayoría de judíos, de esto que Y diga que hay que vomitar, expulsar del cuerpo al propio país para hablar, y luce muy difícil, más allá de que el gobierno intente destruirte, que ese no es el temor de Y. El título hace referencia a todo director o disidente judío del orden reinante en Israel y el filme de Lapid es cómo se percibe ésta disidencia en acción. Y es un tipo muy cool, un alterego del propio Lapid seguramente. Pero Israel parece ser mucho más que cualquier judío y al mismo tiempo todos están atentos de que los menos sufran. ¿El filme de Lapid sigue las pautas del Ministerio de la censura que se menciona en la trama?, hay amor, hay mención familiar y un poco de rebeldía, y es cierto en parte, pero deja espacio para profundizar, por lo que finalmente no es así, aunque no existe censura, es aceptación de una palabra más grande que uno mismo y de la que dependen compatriotas "inocentes", como la bella Yahalom. En otro momento Y deja suelto adivinar quien pudo ser en uno de sus recuerdos, queda la duda, ¿el líder de actos colectivos militares, el soldado obediente o el desertor asustado?, es como que sólo existen éstas posibilidades. No hay héroes, parece decirnos aquí, en un tono de cierto relajo y juego estético. Lapid adereza su propuesta con un toque de impronta personal y a ratos hasta sutil y no tan sutil ironía, escuchamos Welcome to the jungle de Gun´s and roses cuando se habla de denuncias y vemos a unas mujeres soldado hacer coreografías de fantasías en un encierro militar. Además Lapid hace de la misma cámara como si ésta fuera literalmente un doble de lo que percibe y siente el protagonista. Puede incomodar el artificio, pero también resulta original.