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viernes, 24 de junio de 2016

El Conjuro 2

Llamada Expediente Warren: El caso Enfield en España, dirigida por James Wan, quien ya es uno de los grandes directores contemporáneos del terror, que plantea un cine de apoteosis, un espectáculo del cine de terror, alejado de la pequeñez y la intrascendencia que consume al género (más allá del cine de terror de autor, y el entretenimiento puro y duro bueno que salta la valla), en un cine comercial tal cual las películas de los superhéroes, una cita con la grandilocuencia que invoca la sala de cine, vía el dominio de Hollywood en el mundo. Pero también un cine de terror clásico, con las armas modernas a su disposición. Y aunque lo comercial le cobre falta de originalidad, sabe aprovechar otras virtudes. Como esos sobresaltos e imágenes abruptas acomodadas audazmente por la cámara y en especial gracias al sonido violento, al que siempre cae uno, en alguna de estas recurrentes trampas, perpetradas a  ratos con buena preparación (el camioncito de bomberos), y otras con burdo efectismo (el viejo fantasma apareciendo detrás del televisor). Esto dependiendo, abruma o divierte, pero es un complemento que funciona con el público, como un goce primario e inmediato, en esta oportunidad no es del todo malo como en otras películas menos ingeniosas en su aplicación.

La película se sostiene por sus múltiples vínculos sentimentales, bien convocados, como en los que relacionan a toda la familia Hodgson entre sí, desprotegidos por varios flancos, económicamente (viven en medio de la crisis de los 70s, a puertas del neoliberalismo y de la labor de “La dama de hierro” Margaret Thatcher), sin la figura paterna y ahora atacados por una presencia fantasmal de un antiguo inquilino. Los Hodgson llegan hasta tener lazos sentimentales con vecinos e investigadores paranormales locales. Como con los vínculos del matrimonio Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera Farmiga), con el miedo a una premonición de la muerte del amado marido, bien definida en aquella transformación de freaks y solitarios incomprendidos, creer y sufrir tempranamente lo paranormal, a convertirse en investigadores, serios estudiosos, exorcistas y conferencias de lo sobrenatural, demoniaco y espiritual, bajo el soporte de la iglesia; de lo que queda la pregunta ante los detractores: ¿por qué no tener una fe cristiana y tener nexos con la institución eclesiástica?, cuando el filme es todo lo clásico que quiere ser. Lorraine por su parte sufre también de agotamiento e intimidación por la persecución de los demonios, teniendo gran injerencia en el filme al ser la que viaja internamente a ese limbo de fantasmas. Por lo que tenemos un background bastante sólido con ellos, que tienen sus propios temores e inseguridades, albergando además a una hija involucrada por su trabajo.

El filme es uno completo, lleno de accesorios (como su antecesora, aunque no demasiados de terror), a pesar de no poseer una historia memorable, de lo que mucho es el juego que los fantasmas en general permiten, y donde Wan mete hasta un susto con The Crooked Man (El hombre torcido), una especie de Boogeyman, salido de un zoótropo, y que recuerda a The Babadook (2014). El filme se presenta con una buena introducción, una que “roba” el meollo del asunto de la historia real de Amityville. También el caso Enfield es basado en hechos reales, que suscitaron controversia si era invento de esta familia de clase humilde, o verdaderos, como se ve en el filme cuando la chiquilla miente y se advierte el interés de que el estado les subvencione una mejor casa, pero es ahí que Wan hace otro alarde de ingenio, un quiebre.

En la interesante historia de Amityville, que se recoge, un joven veinteañero llamado Ronald DeFeo mató a sangre fría con un rifle a toda su familia mientras dormían, confesando más tarde que una voz oscura indeterminada lo incitó a hacerlo, por lo que la posesión en El Conjuro 2 invoca el posible homicidio, como cuando la hija, llamada Janet, de 11 años, es poseída (algo recurrente que va y viene en ella), y coge un cuchillo de una mesa apuntándolo a cualquiera que se le acerque, pero esto es solo sugerido brevemente, más implicado en la premonición que tiene Lorraine de una monja endemoniada (una “irreverencia” justificada, y que se dice tendrá un spin-off), ese otro nivel al que se pliega la propuesta cuando agota una primera etapa bajo la sombra del fantasma del sillón, quien se presta de pretexto para casi cualquier susto (el mejor, el de la mordedura entre la podredumbre), diciéndose luego, de una pequeña preparación, que peor que un espectro enojado que no se quiere ir, es un demonio, y aparece uno alrededor de una pintura –por algo los Warren son coleccionistas de raros objetos demoniacos- en la casa de los Warren en EE.UU. (dicho de paso, que ridículo susto el del cuadro en movimiento, igual a la imitación de Elvis con la canción “Can't Help Falling In Love”, la cual se perdona solo porque es el momento familiar, tierno, de la película y el lugar de trasmisión de afectos de la pareja).

La historia se contextualiza en el norte de Londres, en Enfield, como bien se ve al poco de una presentación fulgurante tipo pop turístico, pero con la música del grupo punk rock The Clash con la canción “London calling” de fondo, para pasar a la precariedad dominante de la Inglaterra setentera, que gracias al cielo no pretende emular al cine social, sino sugerirlo, como en la presencia y lenguaje de los Hodgson, en especial detrás de la bella actriz Frances O'Connor, convertida en mujer humilde al cuidado de 4 hijos y la pesadilla del poltergeist y el exorcismo. 

miércoles, 13 de abril de 2016

Bone Tomahawk

Bone tomahawk (2015), el debut celebrado de S. Craig Zahler, es una película que mezcla el western con el terror, algo que casi no existe o no suele trascender, específicamente con el subgénero del canibalismo, donde es como si John Ford tuviera que lidiar con Ruggero Deodato. La mayor parte del metraje, casi hora y media, es típico western, de bajo presupuesto, pero saludablemente serio y muy bien hecho, incluso hay un rescate que recuerda a Centauros del desierto (The Searchers, 1956) y un vaquero (anti)héroe a William Munny de Los imperdonables (Unforgiven, 1992), el vanidoso y dandy John Brooder (Matthew Fox) que cuenta haber matado más de 100 indios incluyendo mujeres y niños, y que no demora en cargarse en el trayecto a 2 mexicanos sin saber a ciencia cierta si son o no asaltantes en esta tierra de nadie que es en buena parte el oeste. Brooder es uno de los cuatro hombres civilizados y del lado de la ley que tienen que salvar a una mujer y  a un joven compañero de una tribu de indios sin mayor identificación que considerarlos trogloditas, ellos son: el inválido Arthur O'Dwyer (Patrick Wilson) que tiene una pierna rota y es esposo de la bella dama que van a rescatar, por lo que le urge ir y nada le detendrá; el anciano, viudo y ayudante bonachón Chicory (un irreconocible Richard Jenkins);  y el sheriff Franklin Hunt (Kurt Russell), el hombre de acero.

El filme en la última media hora se transforma en una película de terror, con el antecedente de que han profanado un cementerio indio (con la breve participación de esa leyenda del cine explotation y del terror, Sid Haig, El capitán Spaulding), y que los salvajes hayan ido al pueblo por venganza, o simplemente se vieran arrastrados por la curiosidad de los rastros del vagabundo y ladrón que hace David Arquette en una endeble performance. La propuesta vira en el gore y en la lucha desigual entre el bien y el mal de la forma más violenta, fría e impiadosa, pero a la vez inteligente (sumado a que casi no existe score o banda sonora y se imprime una sequedad narrativa, que aporta al filme más bien, aunque a sacrificio de disminuir los fuegos artificiales), contra unos extraños indios espolvoreados de blanco y dueños de un esperpéntico silbido producto de una joya incrustada en la tráquea, de lo que a ese respecto se ha trabajado una figura bastante básica, pero que acentúa la brutalidad de sus acciones. El filme previo al terror ahorra espectacularidad y, desde luego, imaginamos que gastos, con un western que es muy sencillo, pero formal, habiendo ese ámbito donde los héroes son gente ordinaria, no muy culta y se percibe en las conversaciones, no vulgares pero sí bastante humildes y algo inocentes adrede, habiendo también cierto humor negro en esos diálogos, y esa audacia de hablar de algo intrascendente pero curioso, típico de buenos guiones, en ese sentido hay mucha palabra, y no resulta ni ridícula ni pesada, sobre todo cuando yace muy presente, como las que discuten las relaciones de matrimonio y la inteligencia o como leer en la bañera sin mojar los libros.

El filme en gran parte es como que no pasara nada importante, en el recorrido que lleva a interrelacionarse al grupo del sheriff en medio del desierto tras los trogloditas, en ese punto puede que a muchos les parezca una propuesta sosa y larga, sin embargo toda esta descripción, aventura y comunión de la banda yace bien formada (el viejo, el cojo, el Billy de Kid dandy y el “bruto” idealista recio líder), va creando un background y una aclimatación que habla de trabajo individual por sobre la forma del contexto que es bastante austera, y de la solvencia y sumo peso de las interpretaciones, todas destacadas en el orden de la necesidad. El aspecto rudo y firme de Kurt Russell que dibuja al clásico cowboy héroe o de excepción (pero que tiene momentos de tocar piso que dan cierto balance), el engreimiento y la fría supervivencia de Matthew Fox (hasta ese final a lo teniente Dan Taylor, Forrest Gump, 1994, con esa línea cáustica y políticamente incorrecta de “soy demasiado vanidoso para vivir lisiado”), el cariz de granjero tipo clase media de Patrick Wilson (el americano promedio haciendo lo correcto, convirtiéndose en héroe frente a las circunstancias, producto de un intrínseco aire poético y romántico, como el de la carta para la amada, donde no es la estética, sino los sentimientos y las emociones lo que cuenta), y el tipo humilde, gracioso, leal y simpático de Richard Jenkins, el Walter Brennan o el Thomas Mitchell de la película, donde en el trayecto pelean, se ayudan, ríen juntos, se admiran mutuamente, en un trato sin demasiados adornos, pero lleno de momentos “especiales”, formando una banda entrañable de alguna forma, provocando esa magia que plasma confabulaciones y emociones y es tan vital para soportar hora y media de “simples” correrías, sumado a que la brutalidad de los indios tiene sentido (aunque la propuesta no es que busque lo políticamente correcto, sino se afirma en su creatividad, humor negro y verosimilitud, teniendo sus propias reglas), de lo que estos indios no resultan insalvablemente incongruentes con el conjunto, aunque no sean típicos del western por su exageración y gore en el primitivismo y la deshumanización absoluta de los contrincantes, más allá del eterno cliché de secundarizar como enemigos bárbaros y poco justificados a los indios, de lo que en este filme son producto de la imaginación y el género del terror, monstruos salidos de oscuros actos primarios, asesinos por naturaleza, crueles caníbales (profesando un sentido de comunidad, en aquel silbido, y creer en la espiritualidad), peligrosos, magnificados y temidos incluso por sus propios congéneres.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Young adult



El director Jason Reitman se vuelve a reunir con la guionista Diablo Cody tras su buena fusión en Juno (2007) con la que Cody ganó el Oscar, una stripper y reconocida bloguera que saltó a la fama con su primer libro, Candy girl: a year in the life of an unlikely stripper (Diario de una stripper, en español). Reitman ha demostrado que es un creador talentoso contando con dos nominaciones a mejor director a la estatuilla dorada luego de cuatro películas dirigidas.

Su actriz principal es Charlize Theron que hace de Mavis Gary, una mujer divorciada de 37 años de edad que pasando por un mal momento en la escritura de libros para adolescentes decide ir a su ciudad natal en busca de su amor de juventud. Sin embargo el inconveniente que lleva pretender su unión con el pasado es que Buddy Slade (Patrick Wilson) es un hombre felizmente casado y acaba de tener una niña, por lo que se le envía una invitación para celebrar su nacimiento, que para ella es una señal del destino y de su situación conyugal, en favor de su aspiración a reencauchar un romance.

Ésta comedia de humor negro no tiene mucho de risa y sí bastante crueldad en su exposición de los llamados perdedores, en una sociedad que juzga a los seres humanos sin clemencia. Mavis es una chica que se cree especial, no solo por guapa sino por haber salido de un pueblito en donde todos son considerados promedio, además habiendo sido popular en el colegio y la reina de la promoción, por lo que vuelve creyendo que encontrará la adoración de quien ella llama su alma gemela. No obstante la verdad es más salvaje de lo que puede imaginar y será como una cachetada a su ego que la terminará aproximando a un lamentable desenlace, con quien a diferencia de ella es un verdadero estereotipo, un nerd grueso que está mal de la piernas y del órgano sexual producto de una golpiza de abuso escolar al creerlo homosexual.

La vuelta de tuerca o trampa final que nos depara Cody en el guión es aplastantemente desconcertante, que sólo salva a la protagonista tras una concesión que la deja intacta en su locura pero que ya nos ha desvelado la esencia real patética de quien es sustancialmente.

Mavis no puede ni debe adaptarse al pasado como tampoco lo harían los que luchan sin querer contra ella (con quienes ha crecido), no estarían bien en su mundo, Minneapolis, conocida sarcásticamente como la pequeña manzana, en alusión a New York. Minneapolis es una ciudad avanzada en comparación de su insulso y diminuto hometown.

Estamos ante una opinión dura sobre las relaciones humanas en donde las personas ordinarias viven vidas tranquilas y realizadas sin grandes ambiciones ni problemas, a contraste de la protagonista que en lo más destacado y alto del éxito está derrotada, solitaria, vacía y se mueve en la superficialidad.

Por donde se mire éste es un filme sin gracia o encanto pero no absurdo sino muy inteligente, sin embargo seco hasta el tuétano y que te deja frío ante su realismo pavoroso. En su visionado, se acomete contra outsiders o emprendedores de capa caída, que quedan mal parados, aunque son rescatados a último momento, albergando una mejor sobrevivencia o quizá un cambio, desubicados del contexto en que el gran golpe llegará para sacudirlos y derrumbarlos, equivocados en su sobredimensión personal y ridiculizados hasta el cansancio, quitándoles la dignidad, en donde la empatía para el espectador no funciona si tienes corazón.

Theron es natural en su representación al resto de los mortales, cuando bebe gaseosa de la botella o al día siguiente del acto pone cara de asco ante un gesto de mimo del acompañante sexual, y a su vez muy guapa hasta deslumbrarnos cuando quiere apabullarnos con su estética de modelo. Resulta muy cool en su performance de mujer joven adulta moderna y segura de sí hasta la demencia. Mavis se comporta extraña en sus decisiones, ya que ir a enamorar a un hombre casado porque cree que están destinados a ser la eterna pareja, a costa de daños colaterales -la esposa y la recién nacida- que ella justifica, no parece lógico. La mujer de Buddy también se muestra bastante cruel, pero aparenta ser inocente y bien intencionada, pero cómo no ver que tiene la vida que Mavis pudo tener, con su ex, con su ilusión de juventud, y que contrasta brutalmente con su fracaso actual. 

Matt Freehauf (Patton Oswalt) se lo hace ver, el parásito de Mavis, la rémora que es aceptado en su universo y que solo puede hundirla mucho más en un oportunismo ocasional. De la boca del rengo sale una crítica directa, además. Le dice: cuando te mirabas incasablemente en el espejo yo estaba en mi mejor época y tú no me veías. Pero suena a palmadita en el hombro para el corpulento fanático de Star Wars, y lo que es más irritante, hacer leña del árbol caído, cuando la dama ha tocado fondo.

El asunto son las falsas efigies y lo que es la felicidad, el mensaje es sigue tu propia ruta, circunscríbete al entorno que te sea propio, aunque apuntando a destacar y elogiar la normalidad de la clase media anglosajona, aun siendo una cinta rebelde e independiente al mainstream.

Mavis no puede con esos padres que cuchichean detrás suyo generando lastima sobre ella y que de hecho repercuten en todo éste drama (aunando el propio desequilibrio), o que guardan la foto que delata su fracaso matrimonial porque su ex marido es agradable a contraposición de ella que solo despierta fastidios por su egocentrismo e imposición de abarcarlo todo bajo su liderazgo. Pero también hay algo de lo que le hace ver la hermana menor de Matt, que la envidia y la mediocridad subyuga a la mayoría de gente del pueblito. Y sí, duele y pica el filme, una hazaña para el cine que no se congracia -en grandes rasgos- con nadie, aunque permite aire en cada capa sacudida.

Arrancarse cabellos y ser proclive al alcoholismo juegan a desdibujar límites hacia el abismo mientras vamos descomponiendo la figura de la independencia, la libertad, la soltería, la escritura o el atractivo físico, todo es menos de lo que implica, sea siendo una redactora fantasma en una serie moribunda o con modeladores de senos que al descubrirlos restan voluptuosidad. Hay una desmitificación de un orden establecido que seguro contentará a algunos, sin embargo seguirá siendo muy poco para ir a contracorriente del deseo de lograr lo que Mavis tiene y se destruye.

Young adult (2011) es un filme audaz sin lugar a dudas, pero pobre en cuanto a emociones, a hacernos soñar y a ser optimistas, está plagado de conformismo, de una misericordia miserable, de una crudeza y sarcasmo que no produce confabulación sino fastidia y que se ajusta a mostrar lo que es en realidad la existencia en éste planeta pero que viene con aspereza por más que quiera otorgarse un aire ligero y superado. Claramente es buena la propuesta pero todavía extraña, es difícil de asimilar, muy en la línea de lo que hace Reitman, un cineasta con bastante futuro, que hace honor a la creatividad personal, a trabajar en lo complicado, como la rubia actriz sudafricana haciendo papeles de antihéroe, saliendo de la gratuidad de su belleza para ser algo distinto a lo que se espera de su persona, sin que eso merme atributos irrefutables e inevitables, pero los tres -Cody, Reitman y Theron- muestran estar dispuestos a romper el molde y por lo tanto a ganarse un nicho importante en el séptimo arte.