domingo, 19 de julio de 2026

El partido


El (co)director de la película, Juan Cabral, junto a Santiago Franco, se nota un tipo inteligente. Proviene de una carrera exitosa en la publicidad y uno lo nota enseguida, como con la elección de la película, escoger un tema tremendamente ganador, que atraiga a muchos, sobre todo a sus compatriotas, pero que va más allá porque llega a todo amante real del deporte, punto importante junto con el arte y la música, que hacen más grande a la humanidad y a quienes los practican. Qué mejor que el fútbol, donde Argentina se destaca muy en especial. En el deporte más popular del mundo. Mejor aun si hablamos de un Mundial histórico como el de 1986 donde ganó Argentina, por segunda vez, y con el mundial de Messi de Qatar del 2022 llevan tres veces ganándolo. Ese mismo 1986, Maradona con 26 años de edad produjo su leyenda, haciendo ganar a su país por 2 a 1 frente a Inglaterra, en un partido recordado particularmente por todo el planeta, lo que brinda absoluta existencia a la propuesta, en cuartos de final, con los 2 célebres goles anotados por él, llamados La mano de Dios y El barrilete cósmico. Se convirtió en un mito para su gente y para la historia del fútbol, como dejan ver los 8 entrevistados principales de la película, entre ingleses y argentinos, de ese legendario partido de 1986. Cabral es coguionista con Franco y la idea central para hacer el filme es suya. Adaptan el libro del periodista deportivo argentino Andrés Burgo publicado el 2016. Otro apunte de la genialidad de la elección es que se estrenó en mayo, en el festival de Cannes 2026, y casi a la par, a sólo unos días de diferencia en el mismo mes, tuvo su estreno comercial en Argentina, cuando un nuevo mundial se está viviendo desde junio, siendo hoy 19 de julio dentro de unos minutos la final entre Argentina y España, que conciben una final maravillosa porque son efectivamente los mejores equipos de éste Mundial. España por hacer un recorrido prácticamente perfecto, derrotando a 2 potencias del fútbol como son Francia y Portugal, cuando muchos veían favorito a Francia que tiene a Kylian Mbappé con 27 años de edad como el actual máximo goleador del mundial con 10 goles, e igual con 22 en la historia de todos los mundiales, seguido de Messi con 8 tantos en el presente y 21 en todos los mundiales, que con 39 años de edad ha demostrado a mi ver ser ya hoy el mejor del mundo. Y Argentina porque ha sufrido para ganar -ha estado a punto de perder en varias ocasiones produciéndose mucho dramatismo- pero ha mostrado su calidad futbolística para remontar, dentro de una pasión sinigual y motivación excepcional, con Cabo Verde, Egipto (donde en cerca de 30 minutos faltantes marcó 3 goles superando el marcador de 2 a 0), e Inglaterra (por 2 a 1, a 85 minutos de partido y a los 92) cuando para el minuto 55 iban perdiendo frente a un equipo poderoso de la mano del capitán y goleador Harry Kane que marcó 6 goles en éste Mundial y el prometedor goleador Jude Bellingham con 23 años que se ha coronado con 7 goles como el máximo goleador histórico inglés de un mundial superando a su compatriota Gary Lineker que es uno de los entrevistados estrellas del presente documental y uno de los mejores de su país. Inglaterra es uno de los más brillantes equipos históricos y contemporáneos. En el mundial actual ha quedado en tercer puesto venciendo en cuartos de final a tremendo equipo en Noruega, liderado por el goleador recientemente hiper popular a todo nivel masivo, jugador prometedor y estrella Erling Haaland de 25 años que ha marcado 7 goles y se queda con el tercer puesto en goleadores junto a Bellingham. La película describe muchas coincidencias donde la disputa entre Inglaterra y Argentina llega a convertirse en un partido muy importante para ambos, aunque más para Argentina. No todo es enojo, también se habla de méritos ingleses y agradecimientos, al ser los creadores de las reglas del fútbol o institucionarlo desde 1863; y de sembrar directamente la semilla futbolística en Argentina, por curioso que suene. Pero está la guerra de las Malvinas ocurrida en 1982 donde Inglaterra ganó lógicamente, por tener de lejos un poder militar mayor. Y que le ha quedado doliendo a Argentina. Pero el documental de Cabral y Franco busca fomentar una especie de reconciliación y manifiesta mutuo respeto y hasta admiración y cierta amistad, como con ese cierre sentimental donde los entrevistados estrellas juegan al futbolín. Así vemos en archivo como un ex veterano inglés llora recordando las muertes de sus contrincantes en la guerra, a los que no considera enemigos sino sus iguales, seres humanos. La guerra tiene un aire político propio de su época para ambos lados que puede que vaya más allá de simplemente adjudicarse el control del lugar. Tanto un lado como el otro tienen sus justificaciones como país, y éste documental deja ver las inglesas, mostrándose sentimental por el lado de los argentinos que llevaron la peor parte de la guerra al hallarse en desventaja al enfrentar una potencia. El partido histórico se va describiendo muy detalladamente, por medio de montón de pequeños diferentes tiempos, engrosando de manera muy rica el contexto, al uso del libro de Burgo que exhibe varias anécdotas interesantes. El filme está repleto de ellas. En esto se hace muy atractiva la figura del entrenador de Argentina de entonces, Carlos Bilardo, a quien se le debe mucho el triunfo de su país en el mundial de 1986, y quien es todo un personaje de esos harto curiosos. Los 3 jugadores ingleses escogidos para entrevistarlos son piezas importantes del Mundial. Lucen perfectas sus elecciones una vez visto/oído lo que ofrecen para el documental y no como inicialmente parece, que son pocas voces. El filme tiene una estructura sólida, con los jugadores por separado mirando un ecran en una sala íntima, analizando el mundial del 86. Lleva harto material de archivo que se ve notable para explicar cada mínimo momento, sin perder nada de ritmo, porque es un filme muy ágil, sin mucha recarga visual, en un estado de acuerdo con el ritmo, que no satura, sino relaja la mirada, mientras el filme se siente cálido, muy poco conflictivo, si bien toca temas de esa índole o es el meollo del partido, la rivalidad emocional y sentimental, aunque ambos países se muestran fuertes psicológicamente. La precisión de las remembranzas es un plus, como ver desde varios ángulos el gol con la mano que hizo Maradona, e ir hasta después del mítico partido. Los entrevistados ingleses son el goleador Gary Lineker que se muestra siempre muy tranquilo, humilde y bastante amable. El delantero John Barnes que demuestra en pantalla en repetidas ocasiones mucha admiración por Maradona. Y el arquero Peter Shilton que fue el capitán de su equipo en el partido y al que se le ve más nacionalista que sus compañeros entrevistados, que es de lo más normal. No obstante puede atribuírsele de alguien muy serio frente a la información que le presentan Cabral y Barnes, con cierta salvedad de dejar algún rato para pasar por simpático. La propuesta describe muy bien, de manera fresca, porqué ellos tres fueron tan importantes durante el partido. Se siente más compleja la intervención directa de los entrevistados ingleses, puede que porque es más laborioso de construir frente al público objetivo que sentimentalmente se sentirán del lado argentino. Del lado albiceleste está Giusti, Burruchaga, Ruggeri, Valdano y Olarticoechea. Éste último fue factor importante del triunfo porque salvó del empate a Argentina, aunque quizá poco se habla de ello. 

lunes, 13 de julio de 2026

A Slight Case of Murder


Ésta es otra de las películas del americano Lloyd Bacon que se destacan de su filmografía y es otra comedia del noir o de gángsters, donde mostró habilidad, llena de humor negro. Es una screwball comedy. Lleva un tono en varios ratos seco, inmerso en una propuesta de notable ritmo, muy dinámica. Su humor tiene momentos afilados como cuando bromean con los cadáveres de los rivales del protagonista, el capo mafioso Remi Marco, interpretado por el mítico Edward G. Robinson quien hace de un tipo que tras llegar la legalidad del comercio de cerveza plantea volverse un empresario honrado, sin embargo ahí vemos que los prestamistas pretenden jugarretas. Hay varias bromas entre ser alguien vulgar y querer ser personas más refinadas, como con la manera de hablar o dirigirse a la gente, que está bastante trabajado con la esposa de Marco, con Nora (Ruth Donnelly). Se oye una broma como que ella viene de abajo en sentido de ordinariez. La parafernalia de ser legal es ser al mismo tiempo rico y elegante, ver ahí también oportunidades. Marco tiene tres hampones que hacen de sus sirvientes en la transición a la legalidad. Sobresale Allen Jenkins entre estos secuaces quien parece salido de una película de gángsters de Martin Scorsese o, mejor dicho, parece un típico italoamericano. Edward Brophy es otro secuaz, pero más abiertamente cómico, torpe. El entendimiento de qué ha sucedido en la casa con un robo se mueve dentro de lo rápidamente práctico, funcional, porque el filme tiene mas que ofrecer o derivar e interrelacionar. En una fiesta a lo Bachelor party (1984), estilo cine clásico, donde el suegro millonario hipocondriaco dice que la casa está llena de idiotas y lunáticos, tenemos a un policía -habiendo hilaridad con reconocer quien es y a que viene- y a un asesino en pleno plan criminal pululando en una mansión llena de mafiosos, ex-contrabandistas y apostadores, junto con una esquiva alta suma de dinero que podría resolverle la vida a Marco. Es una película que opta por soluciones básicas, pero que generan mucho movimiento. Maneja muy bien el caos, sin perder elegancia clásica. No obstante tiene un humor que a veces se pasa de fino/sutil, pero con mucho uso de la jerga más inocencia para sacar risas atentas. También hay bromas que identifican perfectamente el mundo de los matones, con lo pedestre. Como elemento extra está el niño huérfano Douglas Fairbanks (Bobby Jordan con 15 años) con un lado humanitario y social de Marco. Es una película que se le puede sentir con altibajos -donde asoma sequedad para bien y para mal o cierto silencio negativo- o de camino sinuoso o como que aguantas el aliento para soltar finalmente el aplauso, pero el conjunto es memorable, si bien rompe un poco el molde en distintos (ambos) sentidos, con cierta humildad pero con personalidad que puede ser imperfecta, incluso con un talentoso y maestro en el género noir como Edward G. Robinson. Es notable (sólida) la representación del matrimonio que hacen Robinson con 45 años de edad y Donelly con 42. Su interacción se percibe como un plus, que vuela más allá de la popularidad. Llevan todos los valores clásicos imperecederos, tal quien dice: en las buenas y en las malas; o en lo ilegal y lo legal para más humor negro.  

sábado, 4 de julio de 2026

Larceny, Inc


No sé que me apasiona más, si escribir de cine o ver películas, aunque en el fondo en mi caso es indisoluble. Ver películas es para todos, para cualquiera, a todos nos gusta el cine en distinta medida. Está instalado en toda vida. No implica ninguna intelectualidad necesariamente y así pasa en la mayoría de los casos. A ese respecto funciona para esto lo de sólo dejarse llevar por la película, que está bien, lógicamente. Para eso cada quien se especializa en algo o debe hallar su real virtud. Como planteaba Truffaut, dirigiéndose al público que lo llenaba y el cine o el quehacer que lo identificaba, para él se trata de coger -ver a través de- la empatía básica o lo emocional (que así mismo está bien, pero es parte de algo más grande), como bien lo define su obra más icónica, los 400 Golpes (1959), con su aspecto sentimental y autobiográfico, que hay que decir que ciertamente es una buena película. Leer películas es en realidad un don, una habilidad especial, aun cuando muchos no lo entienden así. Me refiero a pensar por uno mismo y profundizar en lo que vemos. Ofrecer creación. No simplemente copiar o citar, refiriéndome de paso a lo académico. Mayormente se ofrecen datos, info, incluyendo así los libros de cine, pero pensar el cine es justamente algo particular. No porque cualquiera no pueda pensar, todos poseemos un cierto grado de reflexión, pero profundizar -leer realmente el cine- es precisamente lo que hace que el séptimo arte me genere a mí tanta pasión. Hablo en primera persona: No puedo sentarme a sólo ver. Yo veo el cine como un acto muy personal, autodidacta, auténtico, especial, de descubrimiento intelectual y creación (que incluye la propia teoría). Larceny Inc (1942), del americano Lloyd Bacon, es todo un descubrimiento. A éste director no suele mencionársele mucho, si bien está de cierta manera canonizado dentro del cine clásico, aun cuando tiene cierto perfil bajo. Es una comedia del noir, como quienes hacen comedias del terror, aunque éstas últimas son más habituales. Se podría decir que Bacon se especializó en ello dentro de un paquete más grande donde también tuvo tradicionales noir y hasta alguno célebre. El protagonista es un ícono del cine de gángsters, de los más grandes del género, Edward G. Robinson, como "Pressure" Maxwell, quien yace acompañado todo el tiempo de 2 compinches, Jug Martin, interpretado por Broderick Crawford con 31 años -que se le ve joven y fornido, no gordo- que hace de un tipo un poco tonto, y Weepy Davis (Edward Brophy), quien, cuando Pressure intenta que sea maltratado para sacar algún provecho, contesta: "Esas no son mis líneas", mi párrafo, mi performance diríamos, ese no soy yo, que es una buena respuesta, con lo que Jug termina haciéndolo siempre. El filme abre con un partido de béisbol que es algo engañoso porque después se muestra que es dentro de una célebre cárcel americana y así se mueve la trama, entre lo criminal y lo familiar. Cuando salen de prisión, Pressure y Jug piensan en volver a los negocios ilícitos. Así se presenta el robo de un banco, pero terminan comprando una tienda de venta de maletas. El plan sigue en ejecución. Jug no puede dejar de delinquir, está como acto reflejo en muchos de su gags. Es una película screwball comedy también y no falta el caos, los golpes, lo abrupto, los movimientos toscos, la intensidad, la palabra rápida de vez en cuando. Pressure tiene la habilidad de convencer a la gente y así se gana, medio sin querer, a sus vecinos, a los negociantes de la misma calle de su tienda. Toda ésta interacción lleva inocencia e ironía. Curioso es ver que su hija adoptiva, interpretada por Jane Wyman con 25 años, es enamorada por un vendedor/manufactor de maletas que trata de convencerla, como si ella fuera una clienta, de venderle un matrimonio inmediato. También aparece el gran Anthony Quinn con 27 años como un criminal de temer, que atemoriza incluso a Pressure. El filme inicialmente se toma su tiempo, pero se vuelve luego dinámico como buena screwball comedy. Pressure llega a hablar bastante y a esa vera se arma, aunque con un poco de lentitud, de manera notable el inicio del filme. Es una película memorable, pero tiene un poco de perfil bajo, si bien hay espectáculo. Tiene sus escenas de extrema comedia, como las tantas que provoca el hueco para entrar al banco que es donde gira el filme junto a caerle paradójicamente bien a todo el mundo, no enterados de sus verdaderas intenciones que es donde se produce mucha comedia. Es una propuesta que parece inspirar una película más popular, más celebrada, The ladykillers (1955). Incluso hay una línea que dice que estos tres chiflados más parecen asaltantes de viejitas que criminales de peso. La popularidad es más fácil de sobrellevar, genera entusiasmo inmediato en general, pero yo siempre me pregunto: ¿me gusta lo que escribo?, ¿me gusta leerme?, y sigo escribiendo.