Mostrando entradas con la etiqueta Quentin Tarantino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Quentin Tarantino. Mostrar todas las entradas
jueves, 10 de febrero de 2022
Django & Django
En éste documental del italiano Luca Rea se hace un homenaje a Sergio Corbucci, enfocado en sus western, en sus spaghetti western, a través de sobre todo una larga entrevista a Quentin Tarantino que bien define a Corbucci, lo llama el número dos en el legendario western europeo y se entiende que hizo lo suyo para su cimiento, ayudó a popularizarlo, si bien se dice que Corbucci apostaba siempre donde había mucho público, maestro del cine de género. Solía expresar que nunca ganaría un Oscar, pero hizo cuanto quiso, se divirtió de verdad e impuso su personalidad, tomando de la novela gráfica, del cómic, en sus excesos, proponiendo harta violencia y rompiendo con formas impuestas, arriesgando y provocando su propia coherencia y arte, incluso siendo astuto en lo político, también poniéndole ironía en ello. Amó Italia y al cine, amo el western, amo al gran público y a la popularidad. Lo que hace Tarantino en éste documental es hacer crítica de cine -es como ver un entretenido vídeoensayo tras otro analizando la obra del director italiano-, aunque valiéndose de mucha información previa (como se aprecia en el complemento y la justificación de las propias palabras del mismo Corbucci), aun cuando al final opta por su invención, intelectualidad, razonamiento e imaginación, pero siempre con su pasión y personalidad, su hablar rápido y nutrido, su emoción como si estuviera actuando, su cinefilia brava, auténtica, su amor notorio por el cine y su admiración por Corbucci de quien se exhibe muchas cosas que lo inspira en su película de Django y se ve que no sólo fue un blaxploitation, sino que coge más allá de lo evidente de Corbucci. Es ver como un filme se nutre de otros, no copiando o no en toda esa fea palabra, sino agregando un background (un poco de piso) a lo propio y Tarantino lo hace sin ser demasiado obvio, pero validándose de cine como el de Corbucci, donde éste documental deja manifiesto quien es de paso Tarantino, cómo se mueve y cómo piensa, porque es tan interesante. Es un filme que habla del maestro (Corbucci), alguien especial, y del alumno aventajado (Tarantino), otro ser memorable.
Labels:
cine documental,
crítica,
Luca Rea,
Quentin Tarantino,
séptimo arte
lunes, 17 de febrero de 2020
Once upon a time in hollywood
Tarantino puede ser banal, pero también muy entretenido. Tiene secuencias fuera de serie como cuando Brad Pitt va en busca de un doble abandonado con unos hippies, interpretado por el master Bruce Dern, y se ve como un escenario de terror -género maravilloso- donde los hippies pueden actuar primitivamente contra el doble de cine que hace Pitt. El filme se carga de suspenso por ese entonces, donde suma un dotado manejo de cámaras. Otra secuencia alucinante es cuando Pitt lucha contra un vanidoso y sobredimensionado Bruce Lee pero aun sí un buen peleador; Tarantino demuestra mucha imaginación y hasta suena crítico contra la leyenda del arte marcial. El western en blanco y negro que articula DiCaprio -otro género adorado- también muestra bastante encanto. DiCaprio es un tipo más soft en la película, mientras Pitt hace de un tipo duro y fuerte hasta los huesos, pero sumamente leal al personaje de DiCaprio, que hace de un actor famoso venido un poco a menos. En el filme se muestra la vida de Sharon Tate (en los zapatos de la hermosa Margot Robbie) y el ataque del grupo de Charles Manson. Pero Tarantino apela a la libertad del cine y exhibe un final hermoso, aunque irreal. La propuesta también tiene harta violencia, como con un lanzallamas y quemar vivo a criminales. Es un filme entretenido, que se dedica a eso, más que a tener alguna historia, o maneja una desenvoltura maestra con el hedonismo. Tarantino sabe manipular el ritmo como los grandes, su filme dura 2 horas treinta y tanto y poco se sienten. Éste cine es harto pop, y muy cinéfilo, y dice lo que le place, como cuando refiere al spaghetti western, que tiene su magia y placer, pero también remite al descenso profesional de los actores. Buena dupla de compadres la que hacen Pitt y DiCaprio, cargada de sensibilidad y hombría al mismo tiempo. A Tarantino se le quiere en especial porque es un cinéfilo confeso que hace muchas alusiones a su sapiencia cinematográfica que se mueve sobre el cine de culto, el cine internacional en parte placer culposo y el cine de clase B de cierta manera y porque busca el hedonismo rabioso y auténtico, no trata de ser trascendente -que también es bueno-, trata de que la pases bien y así es con Once upon a time in Hollywood, una película más propia de un director bien cuajado, que se conoce bien, que alguien intrépido en realidad, pero teniendo entre manos una película jugosa.
sábado, 2 de enero de 2016
The Hateful Eight
Todo filme de Quentin Tarantino es una
celebración del entretenimiento, despierta fanatismos, y también por
supuesto rechazos. Yo me coloco en la línea de vitoreo hacia su
séptimo arte, porque realmente uno se la pasa bien con sus filmes, aun siendo
tan largos. Éste dura casi 3 horas, pero lo valen y vuelan ya que son tremendo
divertimento, y éste western no es la excepción, aunque luzca rabiosa y
descaradamente misógino (trapea el piso con la actriz Jennifer Jason Leigh),
ultra violento y no le faltan los apelativos de negro que afectan
sensibilidades en su país. Más claro no puede ser, a Tarantino le importa
un bledo la corrección política, al igual que la intelectualidad. Lo suyo es
entretener a las masas de forma gloriosa, vibrar en la rebeldía inocua
contemporánea, cargándose de furia e irreverencia, de lo que a Tarantino le
sale un marcado lado afroamericano en la presente película. Lo suyo es en un ecran que lo aguanta todo, y no necesariamente es lo que uno anhela allá afuera en lo real,
como es el caso que todo el conjunto nada en lo repulsivo y la amoralidad, pero
como es entretenimiento, ficción, una trama a capturar nuestra atención más
superficial, uno no se lo toma en serio y simplemente se deja llevar por el
delirio, aparte de que como siempre posee un gran guion que distingue al
producto de la mayoría. Dicta una cierta vulgaridad que festeja como
retribución y reivindicación de los afroamericanos, como vemos en aquella historia del
sexo oral en venganza hacia un masacreador esclavista, que no resulta una
escena memorable, porque la llaneza de éste mal gusto pega a un punto,
pero a muchos les va a parecer jocoso, audaz y desfachatado.
De los ochos odiosos primero lleva la batuta Kurt Russell
como el cazarecompensas John “El ahorcado” Ruth en una etapa donde todo gira alrededor
de una diligencia moviéndose en la nieve, quien transporta a la rustica, lengua larga
y perversa asesina Daisy Domergue, interpretada por Jennifer Jason Leigh, que deja todo en la
cancha y tan maltrecha se gana -fuera del discutible “mensaje”- su nominación a
los Globos de Oro 2016. La lleva ante la ley para ser como dice el sobrenombre ahorcada,
teniendo sobre ella un trato muy plano y bruto (viendo que varios personajes están
dibujados por la vulgaridad y lo primario, lo cual tiene de realismo, aunque
también sean capaces de conmoverse, tener algún respeto y sentir admiración
como con la pertenencia de una carta del presidente Lincoln). En el
camino en plena ventisca recogen a dos individuos con los que el filme se
reparte el mayor protagonismo, uno es el mayor Marquis Warren (Samuel L.
Jackson),
un ex militar del ejército vencedor de la guerra civil americana, convertido en
cazarecompensas; y el otro el nuevo sheriff, Chris Mannix (Walton Goggins), que
va a recibir el cargo, dentro de una performance que resulta cierta sorpresa.
La diligencia se detendrá en una mercería y ese es todo el
escenario y contexto de la propuesta, mayormente
a puertas cerradas, donde yacen cuatro sujetos, los otros 4 odiosos, descontando
al chofer de la diligencia, interpretado por James Parks, que tiene poca
injerencia en el relato y el apelativo de odioso le queda lejano o grande, ya
que luce inocuo, en comparación de la vistosa maldad, participación intensa y
putrefacción física del rol de Jason Leigh. Entre estos cuatro
odiosos el más llamativo o digamos que más laborioso en su argumento aunque
casi no se mueva de un sillón es el viejo general confederado Sandy Smithers
(Bruce Dern), que yace acompañado del mexicano Bob (Demian Bichir) que no tiene
la más mínima gracia en su figuración. No obstante está bien actuado como el
administrador temporal de la mercería, y no le faltan sus buenos diálogos,
marca de la casa, como todos los portan, siendo harto conocido de que Tarantino
llena sus filmes de conversaciones y extensos párrafos verbales superficiales,
pero a la vez interesantes, cáusticos o curiosos, tal cual ráfagas de metralleta,
que son tan animados, frescos y ricos como narrativa, que en lugar de caer en
la verborrea abrumadora, más bien cautivan, son parte importante del placer
general. Otro odioso es el inglés y supuesto verdugo Oswaldo Mobray (Tim Roth) que
tiene su audacia en la elegancia y manejo de la dicción, como lo hace Bichir en
el lugar común; y por último tenemos a Joe Gage (Michael Madsen) que hace de su
personaje eterno, un tipo rudo, temido, ruin, cruel e impredecible pero que
tiene la ironía de decir de que las apariencias engañan postulando de que en
realidad es del tipo que da un largo viaje para visitar a su madre, o sea un
ser noble.
En ese contexto esperamos que el agua hierva, surja algún
pretexto y empiece a acaecer lo ineludible, dentro de la mayor sencillez en los
motivos, pero que estriba en el genio de como lucen las acciones, que hasta Channing
Tatum puede pasar por Tarantiniano con apenas un diente defectuoso, como lo
hiciera antes con Brad Pitt, aunque el rol resulte en
parte más funcional que creativo en sí, en donde el guion, claro, gana de otra forma. Es entonces que esperamos que empiecen a matarse entre sí, a estallar el gore más sanguinario y una gran anarquía
visual; aguardamos impacientes de más y apoteósico entretenimiento, que
siga asomándose la crueldad a razón de la sobrevivencia e interés más pedestre
(una gracia es que no hay medias tintas para matar en el acto, saltándose ciertas
convenciones de consciencia, los personajes en ese aspecto son siempre
excesivos), con la previa de una interrelación constantemente indagatoria que
llega a un envenenamiento y hay que buscar al culpable, al puro, bien conocido y
clásico estilo de Agatha Christie, pero sumergidos en el genio e intrepidez del
siempre finalmente distintivo Tarantino que consuma muchos giros en la trama y
una estructura narrativa de cierta creatividad, bajo una noción aventajada del
ritmo y un trato totalmente irrespetuoso con sus criaturas, en que a ninguna le
perdona nada bajo la noción de ser detestables, empujando todo el cuadro al
límite en las condiciones menos glamorosas y desmitificadas con lo cual poco de
western clásico tiene, haciendo gala del humor negro, con lo que cumple con
el espectador dándole toda esa locura y frenesí que uno busca en su cine y a quien no hay que pedirle más coherencia que darnos un buen momento de personajes
atrapados esperando estén a punto de explotar.
Labels:
cine americano,
comedia,
crítica,
misterio,
Quentin Tarantino,
séptimo arte,
western
jueves, 24 de enero de 2013
Django desencadenado
Los filmes de Quentin Tarantino, por quienes le adoran, que
son legiones, son esperados con mucha expectación, cada propuesta suya busca
propagar el aprecio personal de su director por algún género o subgénero del
cine, siendo un hombre que suele buscar disfrutar y trasmitir su pasión por el
séptimo arte. Reservoir dogs (1992) es su
visión de unos asaltantes a bancos en una cinta de crimen en donde mucho se da
en solo cuatro paredes al mejor estilo del misterio. Pulp Fiction (1994), su
obra magna, es un neo noir que nos remite a tres historias concatenadas por
algunos personajes en que se da tributo a las historias pop de las pulp, novelitas
baratas dispuestas para el entretenimiento. Jackie Brown (1997) es su blaxploitation
en una nueva historia de crimen, con la participación de una famosa musa del
subgénero, Pam Grier. Kill Bill volumen I y volumen II (2003, 2004) es su versión
de las cintas de artes marciales, acción al más puro vistoso estilo sangriento oriental.
Death proof (2007), su grindhouse, es un explotation en toda regla, otra muestra de
su amor por la cultura cinematográfica popular américa, un slasher y acción sobre
autos musculosos. Malditos bastardos (2009) es su cinta de guerra en una revisión histórica
muy libre y extravagante en que los judíos logran tener participación activa
frente a los nazis cambiando el devenir natural de la historia, donde ni Hitler se
salva de la fantasía redentora. Y llegamos hasta su última realización, Django
Unchained (2012), su spaghetti western que toma de homenaje uno de los más
famosos que se han hecho, el Django (1966) de Sergio Corbucci, imitado hasta el
cansancio y con incontables secuelas, un filme rabiosamente disfrutable que ha
logrado calar en la cultura de todo el mundo, en Perú también como concederle
un sobrenombre a un asaltante peruano de bancos.
Los que no quieren a Tarantino suelen desmerecerle diciendo
que suele plagiar obras míticas descaradamente, y pues la realidad es que el
autor americano es un tipo cool que suele admirar y abordar algunas ramas y
derivaciones del cine teniendo de base ciertos referentes e influencias
concretas, y simplemente buscar hacer su propia versión, su reinterpretación, y
darles su particular estilo, nada malo, ya que nos ha entregado maravillas que
se desprenden de ese malicioso descrédito (véase un halo de ironía en el
mencionar del parecido de la trama con una leyenda alemana, del héroe germano Sigfrido,
el rescate de la amada del mismo nombre en manos de una amenaza que librar valientemente).
Django desencadenado toma ideas del original, como suele ser la costumbre de éste reciclador americano, el racismo de los gringos del sur por lo mexicanos,
los encapuchados y su persecución masiva (transportado luego a las raíces en el Ku Klux Klan) o el azote de una mujer comprada que es importante en la historia.
La primera hora empieza con la presentación tomada del Django
primigenio en su banda sonora compuesta por Rocky Roberts y en la misma
tipografía de los créditos y presentaciones. En esa primera parte se liga en
buena porción al original, pero luego en la segunda hora se desprende de ello
totalmente y más se parece a la forma de Jackie Brown, con una calma
inteligente en que se despliega una argumentación contextual en un aura en gran
parte realista e identificable, a diferencia de tener una base histórica central
tergiversada como en Malditos bastardos o Bastardos sin gloria (en Latinoamérica),
que suena mejor, en el ex esclavo negro que es cazador de recompensas y asesino
de blancos, muy en la línea del blaxploitation en que se sobredimensiona, se
fantasea y se vuelve un epicentro al hombre de color. Los últimos cuarenta y
cinco minutos de éstas casi tres horas de película se da el esperado combate en
donde se aniquila salvajemente a los enemigos y vuelve de cierta forma al
primer Django, como en el original en que apenas con 10 o 15 minutos restantes
se define y concluye la historia con muertes determinantes. Tarantino en las muertes recurre al gore, a la
explicites pero propia de un espectáculo, exagerado, aparatoso, irreal, más
cerca del entretenimiento y del relajo.
Sobre los personajes el más destacable, imposible de no
notarlo y darle su lugar, es Samuel L. Jackson, que le debe dos de sus más
celebres premios a la obra de Tarantino, el Bafta de 1995 a actor secundario por Pulp Fiction y el oso de plata a mejor actor en la Berlinale de 1998 por Jackie
Brown. Su performance de un esclavo
servil y perverso es sumamente loable. Encorvado, cojeando y envejecido lo suyo
es pura máscara, compenetración con el papel y transformación en el sentido más
elogioso. Si alguien tenía dudas con él o no lo conoce en toda su medida ya
debe ponerlo en su lista más próxima de élite interpretativa. A continuación le
sigue, el que ha sido unánime, Christoph Waltz, ganador del Oscar 2010 por
Bastardos sin gloria y nominado por la presente película, aporta sarcasmo,
coherencia, carisma e intrepidez. Sobre Jamie Foxx hay que decir que está bastante
correcto pero no logra impresionar, que tampoco significa que no convenza o que
falle. Sin embargo no es que Django o el spaghetti western en general sea un
lugar para la celebración histriónica del héroe o antihéroe ya que suelen ser
secos, fríos, de poca expresión física y de palabra y no resulta demasiado exigente
en cuanto a dramaturgia, aunque Foxx se da en una soltura muy típica de la
imagen del afroamericano a la par del estilo de Tarantino en que se habla mucho
y se da una personalidad fluida. Y
llegamos a Leonardo DiCaprio, como el antagonista principal, y es una elección
de un papel valiente, bien asumido, y sabemos que al director americano no le
tiembla la mano para despachar a figuras famosas como Robert de Niro, Harvey Keitel
o Kurt Russell, por lo que es la crónica de una muerte anunciada. El villano es
un reto para el actor aunque en el espectador más sencillo sea un motivo subyugante
de enojo y desprecio que remite a un lugar menor que al del héroe. DiCaprio
como Don Johnson (un rescate al igual que con John Travolta y Daryl Hannah, o
en otra medida, siendo más exacto decir una elevación de rol en Robert Forster
o Michael Madsen) se enfundan en personajes malvados que son racistas, pedantes
y hasta insufribles. Un logro, algo muy bien tratado, con fuerza y credibilidad.
Esos son los cuatro más resaltantes, viéndose a Kerry Washington en la dama que hay que salvar
con un actuación con altibajos, a ratos bien y a otros no, muy desapercibida sino fuera que es un importante motivo de
la película. Mención especial de una actriz secundaria Laura Cayouette que es
deliciosamente despreciable en su engreimiento, refinamiento, sentido del humor
y vanidad. Luego hace un cameo muy
insignificante realmente Franco Nero, pero que nos dice irónicamente que se ignora
al Django original, cosa que por supuesto no se hace para nada sino que es un
homenaje y un goce hacia ese precedente de éste nuevo filme. Tarantino también actúa
y solo se divierte, se le antoja, como en Pulp Fiction en que de entrometido le
mandan a preparar café, mientras en la presente lo despachan a lo grande.
Otro inconfundible rasgo de Quentin son sus diálogos o monólogos
en sus personajes, que se humanizan por su sociabilización verbal y no se toman
tan en serio pero no se anula su esencia, esquivando el estereotipo y el ser
cuadriculado, mostrando la cotidiana e inevitable superficialidad e
intrascendencia de las personas. Estos son extravagantes y ridículos algunas
veces, otros a su vez memorables, y hasta reflexivos como en Pulp Fiction y la
explicación de la lectura de un evangelio en la vida de un asesino. Resaltan
algunos en Django, absurdos como en los encapuchados y los huecos de sus cubiertas,
en una incursión de un guion ingenioso, irreverente y saludablemente divertido
(Tarantino es guionista en sus filmes, ha ganado un Oscar por su trabajo en
Pulp Fiction, y está en su tercera nominación en el rubro a la estatuilla dorada
este 2013), donde vemos que sale Jonah Hill como cereza de pastel dando el
toque en toda regla. Otros como el de porque perdonar a Django en la justificación
de Stephen, en Samuel L. Jackson; y el de los tres puntos del servilismo de un
negro enmarcado en la prueba de un cráneo, en Calvin Candie, Leonardo DiCaprio, son interesantes pero funcionales, más cerca de la trama, pero
a su vez con la infaltable audacia argumental que suele usar Tarantino para definir a alguien. En esa misma línea se rescata otro indispensable, en
el momento en que se entiende el ser un asesino caza-recompensas al dudar Django de matar a un hombre buscado
que está arando tranquilamente la tierra con su hijo, habiendo una lógica que
trata con algunas imágenes reprobables, que se desligan del bien y el mal y se
asoman a dar un razonamiento del otro, normalmente relegado a su anulación. Hay
un enriquecimiento general muy propio de esa libertad y complejidad humana que
por supuesto no equivale a ser aceptada. Django no es un héroe al uso, desde el
principio sabemos que crea sorpresa verle libre montando en un caballo como un
blanco a dos años antes de la guerra civil americana, y su moral y personalidad
tampoco lo es, tiene rasgos negativos y una necesidad de impureza, como en el
caso del negro asesinado por los perros mientras él decide no salvarlo.
Y aunque suelo ser sordo con las bandas sonoras ésta vez no
he podido abstenerme y he compartido y me
he sido cómplice de ellas, y no podía ser de otra forma ya que está el
legendario Ennio Morricone en la labor, que ha trabajado en el mejor spaghetti
western de la historia, el bueno, el feo y el malo (1966) de Sergio Leone. Su canción Ancora Qui, cantada por la italiana
Elisa Toffoli en la muestra del interior de Candyland se hace muy idónea y
bella, inconfundible, no pasa desapercibida de ninguna manera. Con él hay bandas sonoras del compositor Luis
Bacalov que tiene amplia experiencia en el subgénero. En la primera hora hay una
repetición del estilo en los soundtracks que equivalen a un estribillo representativo
en ciertas escenas. Después hay música moderna de onda afroamericana, hasta
un rap, o en otro registro una canción de música folk, hecha por autores contemporáneos americanos. Esto afirma que Tarantino
más que emular un spaghetti western característico
hace una versión muy personal, muy libre y desenfadada, además de muy actual y
renovada, como un Scarface (1983) reinterpretando a las mafias desde hoy en
día, hace lo mismo. La temporalidad se quiebra bajo nuevas reglas, están porque
son históricas y contextuales pero el estilo lo invade y domina todo como en
Kill Bill y Malditos bastardos (Death Proof si es más respetuosa y es
porque lo oficial no le queda lejos a la
personalidad de Tarantino).
Es un filme imperfecto como la mayoría de los suyos que
recriminarle una disminución de ingenio en sus últimas propuestas luce injusto,
porque sigue siendo fiel a sí mismo, sigue siendo él mismo, sigue siendo
atrevido, sigue bebiendo de la cultura pop, de
subgéneros en buena parte menospreciados, haciendo algo grande y sin perder su
esencia de entretenimiento, que de eso trata, de sentir satisfacción con el
séptimo arte, siempre entusiasta, en un tema visceral (el racismo) aunque relajado y aun así no
menos importante como cine.
Labels:
cine americano,
crítica,
drama,
Premios Oscar,
Quentin Tarantino,
séptimo arte,
western
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


