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miércoles, 6 de febrero de 2013

Silver Linings Playbook


David O. Russell regresa dos años después de The fighter (2010) a competir en los Oscar, ostenta 8 nominaciones, 1 más que su anterior participación en la que su película logró alzarse con 2 estatuillas, una para Christian Bale y otra para Melissa Leo en actores de reparto. Esta vez los 4 puestos a interpretaciones están convocados y es una hazaña que se repite tras treinta años que no sucedía, desde Reds (1983) de Warren Beatty.

El filme es una comedia romántica que no evita serlo desde luego, y sería una mala crítica decir que trate de no seducirnos con algo de sencillez, buena onda, algo de comedia ligera y afecto que son los atributos generales de este subgénero, sin embargo para hacer la diferencia logra no regodearse en el lugar común mientras es efectiva en su idiosincrasia, es lo que tiene que ser pero con más ingenio, cierta originalidad, buena estructura y un valor rescatable de complejidad de lo que se acostumbra y por ello que la tengamos postulando a los premios de la Academia. Su primera hora está bastante creativa (desde lo identificable) y atractiva hacia un paso más allá de ser solo para románticos y asiduos al actual entretenimiento light por antonomasia, con un tipo al que conocemos como Pat (Bradley Cooper) que es bipolar y atraviesa ciertos conflictos en su vida, es un perdedor que trata de resarcirse y tomar camino (en lo más primario e indispensable, pareja, optimismo o amor por existir y estabilidad emocional), estando desempleado (no es tampoco que sea un tipo con muchas ambiciones), tratando de manejar problemas mentales de adaptación social (a los que él mismo parecía no reconocer y estar en un estado con algunos exabruptos y alteración, pero después vemos que sí, la carta que escribe al final nos lo confiesa, sobre un tiempo que tiene pensando en su estabilidad afectiva de la que parten todos sus problemas y desequilibrios, así lo enfoca y resuelve el filme) y con una orden de restricción de no acercarse a su esposa a la que hallo teniendo sexo en la ducha con otro hombre al que golpeó naturalmente enardecido, y eso le llevó a ser recluido por 8 meses en una institución mental por mandato de un juez.

El filme luego inevitablemente pierde fuelle, no se vuelve insoportable pero pierde el encanto primigenio y ya no asume el estado bipolar, lo simplifica bastante, y es que el filme lo ve de forma bastante superable y es una opción que tampoco resulta desestimable (no es un filme trágico ni dramático recordemos), al final es algo que se trata de que uno se recomponga en una introspección personal y asumida, cambie dirección, encuentre nuevos motivos, se calme y sea más pacífico y vea el lado bueno de las cosas como reza el título en español. Los miedos psíquicos no son abordados con la profundidad necesaria –aunque una canción alude idóneamente a ello, solo eso- y la medicación es superflua –la toma cuando le da la gana-. La salida es el amor, en ello yace el vínculo con una mujer, Tiffany (Jennifer Lawrence) que también tiene problemas de sociabilización que la han llevado a recibir pastillas pero en ella es algo menos conflictivo, muy cool como se luce en el diálogo en la mesa (parecen dos freakys que se echan el chiste de su extravagancia), y se resuelve también con bastante sencillez, una muerte muy íntima implica un pequeño trauma, que le acarrea  a ella volverse una especie  de adicta al sexo casual, se acuesta con 11 hombres de su trabajo, y cuando ve a Pat no parece la excepción (qué valiente él, resistirse a esta completa belleza, joven pero madura e inteligente, sumamente guapa, de cuerpo atlético y segura de sí aunque eso no lo vea aun al tener una obsesión  –no tan lógica vista con detenimiento y eso el filme permite verlo-). Y del rechazo nace una secreta –y no tanto para el espectador- atracción y una personal reflexión que también le redirige y le permite salir de su atolladero, una unión en que se siente pronta a ser valorada (una constante en un mundo donde amplifica lo sexual), algo que no halla con facilidad. Aparentemente ella parece ser una mujer del montón, un buen polvo eso sí pero de una noche (o de un par), sin embargo es su desequilibrio emocional el que oculta lo maravillosa que es como persona, y en su compenetración y conocerse (tranquilos, mediante trotes diarios, diálogos punzantes por ambos lados –el por enfermedad, sin la gracia y el filo audaz de As good as it get (1997) dejemos en claro aunque se viene a idea, y ella por inteligencia-  y el pretexto de un concurso de baile, no es que tampoco Russell reinvente la comedia romántica debemos acotar pero pues juega bien sus fichas; junto con lo importante de que hay química, nada complicado con Jennifer Lawrence que es extremadamente espontánea y dotada para la película). Todo se va gestando gracias al buen tacto y visión de Tiffany que sabe lo que quiere una vez que siente el flechazo (el que le digan que no), y es entendible, la nueva mujer de siglo XXI -si me permiten la falta de pudor en el habla- son más de acción y practicidad que de otra cosa. Y lo ve como el príncipe que le va a llenar el vacío que siente, la va a complementar, sin esfuerzo, muy natural aun no siendo del todo fácil lograrlo, es la otra mitad como espeta el cliché, aunque no sean los típicos ejemplos al uso, y esa rotunda imperfección fuera de que sean muy atractivos los dos es la que los acerca –aparte de la ironía, que no es para tanto y creo que es flagrante en su inocencia, de que él la ve más loca a ella- y los hace verse en el contrario, ella lo anticipa, los defectos son como heridas de guerra. Tiffany lo busca pero parece que él la necesita más, y realmente están a la par.

Es un filme muy simplificador, muy alegre a fin de cuentas, sí, la bipolaridad ya está presentada y adaptada al contexto (ya es una rasgo de esa personalidad que relacionamos con el protagonista), que recurrir a ella continuamente  o sobreexplotarla explícitamente cambiaría el sentido del filme, recordemos siempre el título que es muy determinante en lo que encontraremos, y se busca movilidad, pero eso de todas formas hace que pierda el poder de su trama para ir a otra parte (que hay que decir que yace dentro de su propia coherencia). De llegar a ser golpeado por su padre tras derribar accidentalmente por una mala reacción a su madre o de gritar alterado en medio de la madrugada por una nimiedad –que comparto sin enardecimiento por supuesto, el desenlace de Adiós a las armas de Ernest Hemingway es lo más ilógico que uno puede imaginar, léase la metáfora del filme, no estamos para ese tipo de desasosegantes e inesperadas tragedias- pasa a ser casi invisible a comparación de su primera mala e imprevisible conducta, a verse como un sujeto bastante estable, capaz de pensar dos veces sobre las consecuencias  de su conducta (algo en cierta medida razonable pero claramente insuficiente, aunque la existencia es impredecible por lo que démosle el beneficio de la duda, porque es un caso especial y ha pasado por mucho, viniendo de un procesamiento mental), y bueno el filme termina usando momentos menos impresionantes en su segunda parte, el hermano llamándole perdedor en contraposición de sí como triunfador no es del todo inverosímil pero parece una carta demasiado abierta, la apuesta que luego se normaliza (y resulta mejor así) está bien pero va sobre agua muy conocida (pero es tan perspicaz el director que echa a bromear con el resultado de la calificación, de ese penoso 5, y ahí uno recuerda Pequeña Miss Sunshine (2006), no tan loser y desenfadada en su escena de baile pero igual de limitada en cuanto a sus cambios de ritmo musical). Russell en algunos momentos claves trata de zafarse  de ello y resulta innecesario en parte, naciendo la pregunta, ¿hasta qué punto la originalidad ataca la naturalidad? y esa será siempre una lucha eterna, un requerimiento del éxito de que una película sea vista como obra maestra, y habrá cosas que no se puedan evitar como otras que transformar. El padre explicando que debe ir por ella o él diciendo que su amor no es de golpe sino ya lo sentía y lo veía de un tiempo atrás, como sería en la realidad.

En el filme hay tres tipos de locura, la de Pat que hay que curar, desde enfocar la vida más que observarla como una enfermedad, que es lo que hace el relato, la de Tiffany desde la que todos aceptan y quieren hasta emular, y la del personaje de Robert De Niro, que es la que a él mismo no le importa, que es tal cual, que ni le pasa por la cabeza algún arreglo, y parece más común de lo que creemos, sus supersticiones y sus arrebatos de violencia los siente muy justificados, pero el fanatismo por su equipo es bastante irracional. La escena en que Tiffany explica con estadísticas que estar en compañía suya es algo que brinda suerte más que lo contrario es de las más curiosas y audaces que alguien puede darle a un tipo raro, como jugar con sus propias reglas. Para ello Lawrence es lo mejor del filme, ella se empapa en su interpretación, resulta fuerte, atrevida y debajo destila sensibilidad y carisma; lo contiene en repetidas oportunidades. Vuelve a lograr el mismo nivel superior de actuación precedente en cada intervención de ésta trama, como si fuera un alarde de contundencia, de asimilación, nada de migajas ni de contados estados sublimes, ella es fehaciente, y sin duda  esa persona de la que se reviste no sería ni la mitad de encantadora en la vida real sino fuera por su compenetración y su participación. Su enojo y reacción en el café, otro punto potente del filme, memorable,  la colocan como una de las mejores actrices que Hollywood tiene para ofrecer. 

Chris Tucker siempre me ha parecido insoportable, su voz chillona y su comedia me hacían creer que su mejor actuación era la de Jackie Brown (1997) donde  solo sirve para que lo metan en la cajuela de un carro y le metan dos tiros, sin embargo parece reivindicarse con un papel simpático en este filme, y sin dejar de ser afroamericano pero uno mejorado. En cambio Jacki Weaver a la que como no adorar en Animal Kingdom (2010), que para quien escribe entregó la mejor actuación de las nominadas en su categoría ese año, está muy endeble. No entiendo que le ha hecho yacer nuevamente nominada. No ha hecho nada. De Niro está bastante bien pero mucho menor de lo que se suele mencionar, tiene un papel secundario peculiar y visible pero nada del otro mundo en realidad. Y Bradley Cooper está cada vez mejor, más que cumplidor y si sigue en esa forma se convertirá en un estupendo actor, que todavía se siente que le falta, aunque definitivamente ya es una estrella.

El filme es típico americano, pero enarbola una cotidianidad gringa de la que suele convertirnos en cómplices, casi sin darnos cuenta (incluso habiendo football americano, algo que no ha calado en el mundo, que no se suele practicar como deporte en general pero que es muy nacionalista). Arte del que solemos alimentarnos en una cultura universal aprendida desde sus canteras cinematográficas, porque suele entretenernos ya que lleva todo lo que suele tocarnos como seres humanos, romance, felicidad, superar problemas, vivir la familia (algo más latino) y no preocuparnos tanto, y poder ver el lado positivo de las cosas, ya que ciertamente para males la vida misma.

sábado, 12 de marzo de 2011

Animal Kingdom

Ésta película australiana dirigida por David Michod en su primer largometraje es sobre una familia criminal. Todo empieza para Joshua “J” Cody cuando encuentra a su madre muerta por sobredosis; durante 17 años ha vivido alejado de sus parientes y pronto descubrirá cual es el motivo de la medida de su progenitora. Esto sucede cuando decide llamar a su abuela Janine (Jacki Weaver) para que le ayude con el funeral ya que la vio encargarse del de su abuelo. Entonces, desde ese momento ella lo adopta en su hogar, lo lleva a su casa. En ese lugar conoce a sus cuatro tíos, Craig, Barry, Darren y Andrew; todos ellos son criminales, asaltantes de banco o comercializadores de droga, cada uno tiene una personalidad distinta y sus propias metas. Craig es el que maneja más dinero de ellos estando metido en las drogas y le ha comprado el apartamento a su madre, Darren el más joven de los hermanos le ayuda pero es el más pacífico del grupo, Barry espera retirarse de los actos delincuenciales porque tiene un buen dinero invertido en la bolsa y ya tiene su propia familia mientras que Andrew conocido como Pope es el diablo en persona, es un psicótico que ha puesto en peligro a todos porque la policía quiere atraparlo a toda costa infraganti. En base a ese eje arranca la película y los problemas mientras Pope de ahora en adelante será el leitmotiv que dibuje la ruta por la que transite el filme.

Irán siendo perseguidos uno por uno producto de sus actos de violencia y venganza, en un juego que explica perfectamente uno de los diálogos del policía encargado del caso de la muerte de dos compañeros, en la voz del oficial Lecky (Guy Pearce) que dice que existen dos clases de hombres metidos en el submundo, los viejos árboles robustos y ancestrales y los insectos que viven a su cobijo. Y Joshua inmiscuido por sus familiares en sus actos delictivos deberá aprender esa dura lección que bien ha definido el policía. Su abuela Janice está al tanto de los negocios sucios de sus vástagos y los defenderá a capa y espada, es una mujer cínica, inmoral, de temer y de gran fortaleza anímica; suele tener la costumbre de besar en la boca a sus muchachos. Es una actuación digna de celebrarse, nominada al Óscar como mejor actriz de reparto, siendo ella un verdadero encanto diabólico y crucial en el hampa. Y a la par junto con los Cody está un policía corrupto y un abogado mafioso, ellos les ayudaran a librar sus batallas.

Joshua tiene una novia de nombre Nicky que es una chica rebelde y liberal que en pocas palabras hace lo que quiere con la venia de sus padres que son permisivos, con ella comparte largas siestas y comidas en su casa, la chica también se relaciona con los tíos de “J”, es una muchacha temeraria, que suele drogarse y que está enamorada de Joshua. Lentamente el peso que genera Pope hace que policías corruptos usen sus peores tretas para castigarlo, el contraataca y empeora la situación. Joshua es parte de todo eso porque se encarga de conseguir el auto para la trampa que le colocan a unos policías. La investigación del caso hace que sea interrogado desatando lo que ronda toda la película y también es explicado, el miedo que hace moverse desesperadamente a ésta clase de personas que metidos hasta el cogote en el lado contrario a la ley recurren a sus más bajos instintos. Pope es el peor, el que moviliza al resto, el que no tiene escrúpulos ni respeta a su propia sangre, en un momento no contiene su atracción por la novia de Joshua y la lleva cargada a otra habitación luego de contemplarla lascivamente; molesta sin razón alguna a Darren con preguntas inoportunas y descaradas sobre si es homosexual y lo trata de cobarde cuando son arrestados; desconfía de su hermano Craig quien en cierto momento muestra inestabilidad y le refuta a su madre que porque lo defiende, habla mal de él a sus espaldas como se ve desde el principio en la conversación que sostiene con Barry durante su estancia en el supermercado antes de que la policía haga su acto sangriento, también de su sobrino por quien no siente la mínima misericordia y llega a causarle un grave perjuicio que lo trastoca para siempre al decidir si ser un insecto o un milenario árbol que es un concepto que está en toda la película, incluso quiere deshacerse de él como también en otra escena lo intenta la abuela despiadada tratando de convencer al policía corrupto relacionado con los Cody de la necesidad de eliminar al nieto porque representa un riesgo para la organización y en donde luce toda su putrefacción moral en una demostración magistral de matriarca protectora. Jacki Weaver deja la sólida impresión de que debió llevarse la estatuilla dorada luego de semejante cátedra de actuación, como cuando se topa con el oficial Lecky y sonriente le pregunta por su investigación expresando que espera que encuentre a los culpables, el policía le dice que pronto se desmoronaran y ella le responde sin el menor rubor que no siente remordimientos.

Una de las redadas tras uno de los Cody se materializa predecible y excesivamente teatral que demuestra falta de contención en el entusiasmo colocado en la dirección, yace demasiado preparada para impresionar y se nota el efecto, con la excusa de que el delincuente se encuentra fuera de sí porque lo tienen por sospechoso. El desenlace de la cinta es enredado, no se decide por una firme resolución de las que se dejan ver, da muchas vueltas y finalmente opta por algo más inesperado pero justo lo que la película necesita.