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miércoles, 23 de agosto de 2023

A strange path (Estranho caminho)

Éste filme brasileño arrasó en el festival de Tribeca 2023, ganó mejor película internacional, mejor guion, mejor fotografía y mejor actor para Carlos Francisco quien hace del padre del protagonista. David (Lucas Limeira) es un joven cineasta que está promocionando una película suya experimental que es una película de terror también, pero lo que a él más le importa es conectar con su padre tras ya muchos años del divorcio de su madre y tiempo de no verlo. David es un joven bastante educado aunque sencillo y va en busca de su padre, una persona solitaria y de carácter fuerte pero no un mal hombre. Como suele pasar los papás suelen distanciarse muchas veces cuando hay rupturas matrimoniales; aquí se da la imagen clásica del hombre duro, pero David quiere recuperar el vinculo e insiste con él y éste finalmente lo recibe en su casa. No es un mal padre pero está acostumbrado a su soledad, con tan solo una vecina -mayor también- que hace de affaire relajado. Vemos la cotidianidad en la ciudad de su infancia. Va a la playa, pasea por la zona. La película de David la llegamos a ver, la coloca para visionarla en busca del entusiasmo del padre para que vea en quien se ha convertido. David no reclama nada, quiere simplemente el amor del padre. Muchos optan por ideas complicadas, pero el director Guto Parente se ha decidido por lo más simple, espolvoreando algunos pequeños detalles cómplices de este filme que también es de cine fantástico y un poquito de terror. En un momento se nota que a Guto no le hubiera sido difícil hacer uno que asuste. Estranho caminho luce como de bajo presupuesto o de cine independiente y éstas obras funcionan sobre todo por el ingenio. Lo tiene en una medida, por optar por una sencillez formal y amabilidad en su lograda empatía del amor de un hijo por su padre distanciado. La trama es un pequeño ajuste de cuentas contra una realidad que debió ser mejor tratada (aunque fue lo que suele ser), así vemos que Gerardo, el padre, ha escrito un libro con lo que David hubiera querido tener en su existencia. Al mismo tiempo es un pequeño llamado a todo papá, a ser mejor persona; a hallar no sacrificio, pero si una más resistente visión en cuanto a la lucha contra las normales desilusiones de la vida, ya que al fin y al cabo todos nos parecemos. El libro que escribe Gerardo es de autoayuda y tiene un cierto toque ñoño, aun cuando Gerardo puede generar momentos de alucinaciones siniestras. La originalidad de éste filme, configurado en la amabilidad, radica en manejar múltiples cosas con suavidad y mucha facilidad de identificación desde una obra de aquellas que tienen una cierta leve aura camuflada a cine de guerrilla y a outsider, como si alguien rudo se esforzara en hablar con mucha cortesía, como quien demuestra con su hacer que el mundo finalmente no lleva etiquetas o tiende a romper las reglas cuando ambiciona el arte. 

domingo, 19 de diciembre de 2021

The novice


Ganadora de mejor película en la competencia nacional, americana, y mejor actriz para la protagonista, Isabelle Fuhrman, en el festival de cine de Tribeca 2021. Es una de las 5 nominadas a mejor película en los Independent Spirit Awards 2022, premios que han vuelto al cauce eligiendo películas con un tope mucho menor al de las grandes producciones Hollywoodenses, distinguiéndose nuevamente de los Oscars. Es el debut en dirección de cine y guionista de la experimentada editora de sonido Lauren Hadaway. Es una película que tiene personalidad en su estética, tirando para colores azules, turquesas, compaginando con el frio de la zona. También trabaja bajo la estética de la tensión y el nervio, del sudor profuso y constante, del esfuerzo duro y parejo, que llega a sentirse de cercanía de crisis y quiebre, siempre al filo de caer, de explotar, de rendirnos al cansancio, así mismo de perder, de ser finalmente derrotados. La protagonista se llama Alex (Isabelle Fuhrman) y es novata en el equipo de remo de una Universidad, está en su primer año universitario, es una ganadora neta, una chica que ama esforzarse, más que talento es la motivación máxima en persona, casi como comercial de marca deportiva, como Nike, ropa que vemos que llega a usar. Alex quiere ser la mejor del equipo de remo, la vemos luchando dentro de un alto nivel. Ella no cree en los pronósticos -que le tiran para abajo como novata- ni siquiera en ganarse la amistad de sus compañeras, ella es competitiva a mil y quiere ser la número 1, hasta llega a la obsesión, a la fijación (casi) absoluta. El filme es éste retrato de esfuerzo extremo, de atleta excepcional, y lo hace muy bien. Tiene cierta redundancia, pero es sobre todo un éxito de pasión por el deporte, acometido desde la élite. Es un retrato deportivo muy crudo, muy real, muy rudo y duro, puede que un poco incómodo, tiene su impacto, aunque exhibido con mucho dramatismo, el sudor se siente, salpica fuera de la pantalla. Además hay romance lésbico, la chica protagonista es queer. Éste retrato romántico se siente parte solamente, no es lo más importante, pero está decentemente tratado; lo más grande aquí es el deporte y es otro logro del filme, la naturalidad de la elección sexual, aunque tiene un cierto tonteo del día a día en la relación. No obstante hasta se comparte habitación. Ésta propuesta puede sonar a critica hacia la obsesión (destructiva) dentro del deporte, pero al mismo tiempo es contundente con aquello de ten cuidado con lo que aspiras o asume la grandeza de tus sueños, que no va a ser fácil. Es un filme que se siente bastante indie, pero bien ejecutado. Puede quizá exagerar un poco y en algo redundar, pero está lleno de virtudes, un largo sostenimiento que habla de ingenio y solidez general.  

sábado, 12 de julio de 2014

The Rocket


Éste filme australiano ganó el reconocimiento de mejor ópera prima en el festival de Berlín 2013, como el de mejor actor para el pequeño Sitthiphon Disamoe, junto al premio de la audiencia, en el festival de Tribeca del mismo año, lo cual al respecto de éste último galardón resulta bastante lógico, siendo uno de aquellos que priorizan enternecer, y empatizar emocionalmente –tocar la fibra del corazón- con el espectador, pero sin llegar a cuotas donde la autoría, el relato entre manos y el arte desaparecen frente a las ansias comerciales.

Se nos cuenta las desgracias de un niño que carga con una supuesta maldición, de acuerdo a la tradición y el folclore de la tribu a la que pertenece, donde los gemelos son señal de mala suerte, de penurias a su alrededor, como contra cualquiera de sus vínculos, lo que genera miedo e ira, incluso entre la propia sangre, que en la fuerte creencia en la superstición –entendiéndolo desde el siglo moderno, con un manejo voluble, flexible y redimible, en una historia que tampoco exagera el uso de ese lugar común, si bien es el leitmotiv del filme- y las tantas carencias, como el dolor de la nación, implican un arduo ser y existir para Ahlo, Sitthiphon Disamoe (en dos planos que agreden al pequeño protagonista, juntos y separados, ante la desconfianza y el descargo ajeno), para lo que él debe enfrentarse con la pobreza y cambio de hogar de sus padres y abuela, que son obligados a trasladarse por su cuenta producto de una construcción de desarrollo (hay en conjunto una sosegada crítica social, a un costado de lo implícito, algo muy leve sobre el quehacer del estado y de ciertos privilegiados, pero también sobre lo cultural, lo cual genera equilibrio, dándose el predominio a la capacidad de narrador de cuentos que tiene el director Kim Mordaunt), estando contextualizados en los remanentes de los bombardeos americanos contra el país, ante la repercusión de la guerra de Vietnam.

En el camino familiar cada calamidad es achacada a Ahlo, un niño como cualquiera, juguetón y sumamente despierto, que además tiene talento para lo científico y lo manual, lo que le abrirá la oportunidad de sacarse de encima la idea de ser pájaro de mal agüero; ensalzado ese sentir por casualidades, travesuras, errores, y las circunstancias siempre extrañas e impredecibles del yacer en el mundo, como alguna defunción importante en su núcleo familiar ante la distracción y el cansancio, asunto que sobrevolará de distintas maneras sobre la trama, que se ubica en Laos, la muerte, en un pueblo que vive de ceremonias fúnebres y demostraciones de devoción y recuerdo latente tras una realidad de amplia mortalidad post-coyuntural, a razón de la guerra, sumado el accidente, por la precariedad social, y la enfermedad a esa vera. Es entonces que Ahlo tendrá en sus manos una gran responsabilidad, darle una mejor vida a su familia, rebatiendo el “designio” de su nacimiento.

El filme es relajado, todo al fin y al cabo se lo toma con ligereza, sin demasiada preocupación, hasta con lo místico puede presentar un toque irrespetuoso, una mirada contemporánea, desde un sentido, claro, la inocencia en el acto, salvo dramatizar para empatizar con el niño, siendo a veces muy obvio, en el rechazo, y en parte simplista. Pero es que se trata de una propuesta amable, familiar si se quiere. Sin embargo debo decir que tiene cualidad en ello, armando muy bien el clima y los antecedentes, para ir al título que preciso se ha dado, el de “El cohete”, haciendo nuevamente manejo de la tradición y lo folclórico, lo cual invoca el mismo equilibrio antes mencionado. Si esto sirve para limitar o lucir ignorante, también funciona para unir a la gente, ser feliz con tu cultura y hallar un sentido positivo y optimista a la existencia. La lluvia invoca todo ello, como también juego, ingenio, esfuerzo y broma, entretenimiento. El filme no engaña a ese respecto, no pretende demasiado.  

Señala el pasado pero desde la neutralidad del historiador sin nacionalidad ni crítica, sin compromiso que no sea la superación, el olvido, pasar la página (léase como una lectura sencilla, facilista, algo lejana, buena onda, en una especie de misticismo positivo, o lo que es, entretenimiento puro), haciendo gala más bien de su uso como cuento, transpolar los bombardeos angloamericanos a la sustancia ficcional del cohete específicamente, como leyenda, en el tigre que duerme, dejando de ser bombas, sino fuegos artificiales, algo esperanzador y hermoso.  Como se dice, que manía de recordar los momentos dolorosos; en un canto de mirar al frente.

El relámpago en el cielo es el lenguaje que el filme atribuye a lo que los otros se lo dan a la cabeza de toro macabra, lo diáfano por sobre lo oscuro, un intercambio, ver distinta la realidad, como quien se compromete con la felicidad, esa que destruye toda señal de arcaísmo, lo reinventa, lo hace saludable. Acalla la preocupación con la risa, de ahí las alusiones inocuas, simples, a falos con los cohetes, o al acto sexual y la micción en la costumbre indígena de hacer llover. Ni qué decir del tío raro, vestido de púrpura, un vago y alcohólico, que imita a James Brown, el toque curioso, en quien prima el desenfado controlado, y al que se le trata de dar dentro de toda su imperfección, una pizca de respeto, una luz de inteligencia, de conocimiento, que sirve para ayudar al cometido de la construcción del cohete. Es un personaje simple acorde con lo que indica, que va en la ruta de lo creíble dentro de su cariz efectista, mientras que por otro lado redunda, se hace demasiado notorio, el cariz de alegría infantil. No obstante sí que surte el efecto anhelado. Aparte del logro de tener escenas bellas tanto Alho como Kia se ganan nuestra indudable simpatía (mucho más él, claro, un héroe humilde, que depende también como niño de su tantas veces difícil familia, como de su audacia y personalidad temprana), de ahí que los rodeos del desenlace también lleguen a puerto con el espectador, perdonándole algunos recursos manidos, tantas veces inevitables, habiendo tanta agua bajo el río. Quiere el filme llegar a la gente, que como cometido le decimos, misión cumplida (decentemente), y a ver otra película. 

domingo, 12 de enero de 2014

The Broken Circle Breakdown

Ganadora del premio del público en el festival de cine de Berlín último, y mejor guion y actriz en el festival de Tribeca 2013. El director belga Felix Van Groeningen  trae frescura en su cine que suele congeniar entre lo cool, un halo de eterna juventud que debe enfrentarse a la dureza de la vida, y -a esa vera- lo dramático que llega hasta el melodrama.

Dagen zonder lief (2007), que traducida sería "Con amigos como ellos", no es la más recomendable de sus películas, y aun así no es una mala propuesta, pero sí bastante menor como opción, siendo lo importante de su mención que permite ver el estilo de éste cineasta, aunque en estado menos elaborado. La historia retrata como una muy buena amiga de antaño aun joven, vital y guapa pero con un novedoso teñido de cabello rubio regresa a su ciudad origen y se reencuentra con sus viejos amigos, que son igual de alocados que ella, solo que están pasando por un trance, empiezan a madurar a la fuerza, a razón de la realidad que golpea, más por el pasar del tiempo que otra cosa, algo intrínseco; sin embargo siguen teniendo ese espíritu libre de irse a emborrachar, hacer diabluras –uno tiene un bar de desnudistas, un segundo tiene al padre de su novia como ayuda con un trabajo en su empresa, que no le gusta, y otro labora con la informática desde su casa - y solo querer divertirse, aunque empieza a agotárseles, y dado el caso central de Kurt deben enfrentarse a la frustración de una etapa adulta que nos descubre la importancia de tomar seriedad en la vida, que en Van Groeningen  significa -como muchos argumentan- que hay que mantener la posibilidad del escape para tomar aire, y luego aceptar lo que viene, si bien la forma de entenderlo es bajo un quiebre mental violento. El belga en esta obra resulta muy superficial, se deja llevar en buena parte por la fiesta que impone, a pesar de que luego la desestabiliza, pero que al final ello resulta poca cosa. No obstante al exponer a los personajes bastante extrovertidos, imperfectos, débiles emocionales e inestables se hace de la contundente presentación de la locura de una edad que empieza  a mutar. No será ésta obra una maravilla de la introspección porque nada en lugares comunes y parece no pretenderse más que como una lección existencial sumamente pequeña, pero tiene su toque de entretenimiento con retrato y mensaje desde lo buena onda. Seguramente es bastante olvidable, pero para los curiosos y a los que les gusta lo juvenil puede gustarles.

De helaasheid der dingen (2009), que puede titularse "Los desafortunados", parece una toma de consciencia del director –que luego traiciona o agota porque se decanta por un giro de último minuto, tras explotar el desastre que es lo que hace cautivante su filme aun siendo más de lo mismo, solo que en un país europeo- o asumir lo que antes no concretó, o quizás solo dibuja una injusticia del mundo que corrige con la ilusión facilista. Si vemos que en la anterior película se muestra tolerante con la inmadurez, que claro lo entiende seguramente como mantener la alegría de la temprana edad, como que se las juegan por la felicidad. Este filme carga con un error que llevará The Broken Circle Breakdown, que se repite en él, su simpleza en cuanto a lo que deciden sus criaturas, su ligereza para contarnos una historia, imitando el cine americano comercial que no llega a capturar en toda su habilidad si bien aprueba y llega a agradar, que en ésta anterior película se presenta como un golpe de suerte, querer ser escritor, que no a través del trabajo duro –aun no hablando de un oficio de empleado, los que hace ver sumamente desagradables y a lo que le damos la cuota de veracidad, al menos- para lograr el éxito. Y al respecto, creemos que no basta solo enseñar penuria, pobreza,  y a razón de ello dibujar un (común) disgusto que culpa el pasado con el cual también es condescendiente (siendo curioso que teme convertir esta realización en un melodrama y más tarde lo aborda en toda ley, como antes con la inmadurez y su devenir en la vida, en que tampoco en la presente puede evitar dejarse llevar, porque en el filme muchas vivencias idiotas se llegan a disfrutar), aunque en lo práctico revierte un lastre -aunque sea el de un padre que en su calidad de vago tenia buenos sentimientos debajo- y un contexto que dirige mucho nuestra realidad, algo que en Van Groeningen le falta asumir mejor, puede que porque se pretende naturalista o documentalista en su ficción de alguna forma, no quiere inmiscuirse mucho en sus ilustraciones de personalidad y de reflejo de ello, pero eso denota que el fondo que imprime a sus filmes suele ser muy endeble, algo que le acompaña, y únicamente le salva pensar que sus retratos son los de personas tan sencillas que no ameritan más de parte de él. Aunque como fuera, es un filme que no podemos negar que genera atención,  divierte, y mucho, y eso hace complicado clasificarlo, no se le pude criticar del todo, porque asoman aciertos en su imperfección. Su mayor problema es que se pretende sencillo, pero también es su basa, porque atrapa.

The Broken Circle Breakdown es su culmen, es mejor que las anteriores pero carga con algunos fallos habituales, y más que eso diríamos que son rasgos ya de identidad, de estilo. En esta oportunidad su trascendencia toma más seriedad, se afianza más, pero aunque ciertos comportamientos tienen su lógica padecen de cierta irreflexión, y es que lo del tatuaje y reiniciar -como anteceden los sobrenombres- se trastoca, pierde su efecto mayor, y puede ser romántico y melancólico pero improductivo, contradictorio. Nuevamente hay un final sorpresivo que resulta a un punto frío aun en su efectismo y llamado emotivo, exagerado, pero que sigue el código de un subgénero y por lo tanto es idóneo. Lo que tampoco luce descabellado como opción dada las circunstancias, sino un acto de nuestra debilidad e imperfección, esa que hay que reconocer que retrata muy bien Van Groeningen sin aspavientos. Sus protagonistas propician que uno se enamore de ellos, son simpáticos, calan siendo inocentes y frescos en sus juegos de afecto, y eso ayuda mucho más a entablar conexión con el conflicto. Su química es impecable, creemos en ese Alabama Monroe que se queda volando en el aire. Como lo de los pájaros chocando contra  el vidrio, al no ver lo que es, primero como fuente de comprensión de la muerte en lo literal, y luego en la metáfora de la imposibilidad de aprender. Tanto como en el dulce gesto de las calcomanías de águilas como una sanación/salvación temporal, anímica. Que sin embargo, aunque no todos, muchos superan lo que parece imposible.

Lo mejor, su música bluegrass, un tipo de sonido country más profundo, como se dice. Sus composiciones y cantos dentro de un espectáculo versado sobre un sentir de proximidad o en los lugares de reunión familiar otorgan bastante fuerza escénica, se ganan al espectador, hacen brillar el drama llenándolo de un aura especial y con ello el logro formal de la propuesta que toma un cariz audaz y seductor, cómplice, actual. También está mucho más logrado que antes el quitarle solemnidad al filme, con los flashbacks y las rememoraciones de los tiempos compartidos, que van explicando como un rompecabezas el contexto, aunque también sirvan para la lágrima, al comparar momentos.

El filme nos cuenta como Didier (Johan Heldenbergh) y Elise (Veerle Baetens) se enamoran, siendo ella tatuadora –que hay que decir que los abundantes tatuajes de su personaje lucen sensuales y no vulgares a diferencia de lo que siempre se ve, y no le restan afabilidad o ternura- y él músico de folk, tocando el banjo y cantando la música autóctona norteamericana –un amante de EE.UU desde su natal Bélgica, y anotamos que su crítica no es hacia un país, sino hacia una política-, que ante una duda inicial enseguida logran consolidar su amor y tener una niña, que luego se enferma y les lleva a replantearse la vida; y en ese trayecto de pena decidir por un camino, y son dos las respuestas consiguientes, mientras pelea el ateísmo y la fe. Ella cree en el cielo pero rompe sus reglas, él no y las refuta enarbolando un anhelo de cambio a través de su experiencia íntima. La resolución de cada uno genera crítica, una pasiva (hacia Dios) y otra activa (hacia el hombre), y la que más se apodera del filme es la racional.

Esta película es un melodrama y por ende tiene su lado que estimula mucho las emociones, y es inevitable sentir que se nos instiga a sufrir a través de la historia, mientras la sencillez que no en la forma porque utiliza todos los tiempos y uno va conociendo detalles que hacen de background y anticipando momentos ante esa estructura, juega a favor como en contra según el criterio y nuestra sensibilidad como la propia exigencia. Aunque afirmamos que esta propuesta no es nada del otro mundo, sigue parámetros comunes, y no representa una historia compleja de seguir siendo Van Groeningen naturalmente propenso a no dejarse absorber por un ritmo y un entendimiento más arduo, sin embargo la historia por tener una temática delicada crea un alcance mayor, como cavilación existencial, que apela a nuestros sentimientos más puros y más definitorios, y hay que decir del belga que no se excusa de aprovecharlo, de presionar hacia la compenetración primaria. Pero con su buena mano, logrando que le prestes atención, que disfrutes su narrativa mientras procesas su desgracia, en un relato dulce y amargo, como el mismo bluegrass, en donde letras melancólicas o cargadas de sentimiento se dan con una melodía vital, vibrante, que valga la paradoja produce el baile, y es que es una buena señal ante las adversidades, el aceptarlas y seguir adelante, el palpar la idiosincrasia de la vida, y el mundo, y respirar.