sábado, 7 de noviembre de 2026

Kokoro


La novela que adapta un talentoso Kon Ichikawa, de mismo título, Kokoro, publicada en 1914, le pertenece a Natsume Soseki y es una de las obras literarias más celebradas de Japón. Encuentro algo particularmente interesante y es que la novela me hizo pensar en que pudo haber inspirado nada más y nada menos que The Talented Mr. Ripley de Patricia Highsmith escrita en 1955, el mismo año de la película de Ichikawa. Las hallo con cierto parecido, aunque el tratamiento es distinto. Highsmith escoge el thriller, si bien psicológico, y poner a un protagonista con acciones criminales, cuando el protagonista de Kokoro es propio del drama y un quehacer más cotidiano, con una actuar más pedestre se le puede llamar, aunque con gloriosa hondura emocional y psicológica, mucha mayor sutilidad y mayor elegancia. La historia de Highsmith produjo 4 secuelas literarias suyas. El original de Highsmith es un libro muy exitoso. Incluso la saga completa. Su protagonista, Tom Ripley, es un gran personaje, muy cool dentro de lo perverso. Muestra muchas capas de personalidad. Es un tipo especialmente astuto, con tremenda mente criminal. Nobuchi (Masayuki Mori) en cambio es mucho más suave en cuanto a expresar que siente internamente. Guarda muchos silencios. Pero denota por ratos que acciones de su mejor amigo lo descolocan. Está confundido y fascinado con respecto a Kaji (Tatsuya Mihashi), como le pasa a Ripley. Siente envidia de él. No quiere que haga nada, que no tenga éxito en nada, aun cuando es su mejor amigo. Sólo quiere que se mantenga a su lado, como si la juventud fuera eterna. Existe una muy buena adaptación para el cine del libro de Highsmith, de mismo título, The Talented Mr. Ripley (1999), del británico Anthony Minghella. Ahí se ve que Tom Ripley quiere ser Dickie Greenleaf (Jude Law). En lo fantástico de la historia y libro de Highsmith, Ripley por medio de su alto coeficiente intelectual (aun auto-menospreciándose), frialdad y maldad, eso es lo que justamente logrará. Contra todo pronóstico. Porque el mal no suele pagar. Ripley va haciendo mientras va sucediendo. Es decir, no es que todo lo tenga plenamente planeado de antemano. Su ingenio lo va salvando. Nobuchi le quitará la vida que quería Kaji. Incluso lo destruirá, con lo que parecen pequeñas acciones. Nótense los parecidos, que no significa que sean historias iguales. Lo que es diferente es que Nobuchi se siente muy culpable, si bien ha aguantado 13 años así. Actualmente le ataca la misma melancolía de Kaji, aunque proviene de otro lugar, de otras circunstancias. Ésta melancolía lo nulifica. Incluso frente a su esposa, la dócil y anodina a un punto (o quizá ésta no es su historia), Shizu (Michiyo Aratama), quien verla tan presente en su existencia le recuerda que es lo que hizo, que es lo que ocurrió. Shizu no percibe nada. Ese pasado que ahora como maestro quiere revelarle a un alumno universitario que está fascinado con él, Hioki (Shoji Yasui), de 23 años. Kaji era depresivo. Trataba de hallarse en lo espiritual, y en lo filosófico, pero no lo conseguía. Cuando plantea ser una persona común y corriente, casarse, tener hijos, tener una ocupación regular, le cae un bombazo, producto de que Kaji es una persona muy frágil. Mientras Nobuchi es como todo joven, poco consciente de sus actos, poco reflexivo, sino más del capricho y el abrupto. Sus emociones no las entiende del todo y por eso actúa con maldad, sin darse cuenta del todo. Pero en eso entra a tallar ese extremismo que sienten los japoneses frente al deber moral.  A esa vera éste queda igualmente destruido por sus actos. Es interesante el manejo de las distintas edades en el libro, en cuanto podemos cambiar en 10-15 años, y en la película, que ha sabido capturarlo. El Nobuchi del presente no se parece al de su juventud. Nobuchi es ahora más sabio. Parece otra persona. Simplemente, Nobuchi no estaba hecho como amigo para Kaji. Desde el principio él estaba puesto en la cuerda floja. Su depresión lo tenía colocado en ese lugar existencial. Todo podía afectarle. Encima Nobuchi le discute prácticamente hasta lo mínimo. Le quita intención. Le quita voluntad. Le quita valor. Le quita sentido. De ésta manera existe montón de gente, es de lo más ordinario, aunque Nobuchi lo hace de manera inconsciente, puesto que él es un tipo común y corriente y no piensa en nada en realidad. Simplemente existe. Nobuchi incluso se vuelve maestro con relativa facilidad y no le importa mucho serlo en realidad. Mientras tanto el joven Kaji se halla desesperado, inquieto, por querer encontrarse a sí mismo y esto lo pone listo para la derrota. Su palpable apremio, puesto en una expresión de congoja. La vida suele fluir, buscarnos de alguna forma, más allá de nuestras rutinas y ahíncos, o en todo caso, son 2 puntos que llegan a encontrarse. Kaji no sabe que mucha gente que cree de sí mismo de que no puede hacer cosas terminan haciéndolo mejor que los demás. Esto no refiere a la perseverancia -que también es un camino, una fuente de enriquecimiento personal, aunque también asoma mucha gente que no ha nacido para algo en particular- sino en realidad al talento real, al que se le suele desmerecer en contraposición. Kaji aun no lo ha encontrado. Kaji también es muy voluble. Se rinde con facilidad, sin pelear por ningún ideal, quizá porque como muchos jóvenes aun está vacío. Nobuchi desde el lugar que él se halla, la superficialidad, lo llama impostor y él lo acepta con docilidad, como un espejo hacia su interior. Se halla solitario. A Nobuchi, el tiempo y la reflexión lo hará conocer/sentir el contexto entero y de ahí su fuerte culpa, que muchos verán rara, porque pocos la presentan. Pero que luce una introspección muy japonesa, con ese deber clásico cultural que sienten de lo que yace circunscrito a sus existencias. Nobuchi incluso llega a palpar la proclividad al suicido que presenta Kaji cuando le bota como broma el gorro al mar, lo cual es grave, porque no lo llega a procesar del todo, lo deja pasar. Momentos que más tarde con la edad los ha venido a descubrir. Nobuchi le ha robado su melancolía y su soledad también, curiosamente. Es como si se hubiera apropiado de todo su ser. Kokoro es muy sutil. Highsmith como típica americana lo ha hace ver mucho más ganador. Esto así mismo es un don, hacer de las cosas algo cool para una enorme cantidad de gente. Kokoro es una maravilla, pero requiere mayor atención, mayor refinamiento. Esa apropiación de Nobuchi es bastante interesante, porque sin querer le ha tocado un alma, lo cual no suele pasar, sino todo siempre suele ser lo fácil, lo mejor, pero en cambio ha comprendido su sufrimiento, sin sonar melodramático que lo es un poco. En eso la película tiene 2 partes bien mezcladas, bajo la apariencia de un secreto, el hurto y la culpa, bajo lo moral. Lo cual no tiene Tom Ripley. A él sólo le interesa una cosa. El poder, en todas sus variantes. Eso incluye el poder de atracción, cosa que ni Ripley ni Nobuchi obtendrán en realidad. Ellos en el fondo siguen siendo espectadores de existencias reales. Se quedaran en la superficie, aun con el poder entre sus manos. Kaji pudo no ser nadie, pero es algo que se queda sin saber. Nobuchi anímicamente se ha quedado perdido en el pasado. Ha detenido el tiempo. El joven Hioki es Nobuchi en otra dimensión. Surge una bella escena donde se observa flotar la cabeza de Nobuchi con las olas y le dan el alcance y se queda mirando, rememorando, arrepentido de sus resoluciones. Kokoro en japonés integra en su significado mente, psicología, espíritu, misticismo, y emociones en la palabra corazón, el paquete completo, y eso es lo que vemos.