miércoles, 4 de noviembre de 2026
Under the Blossoming Cherry Trees
Ésta película de 1975 la dirige Masahiro Shinoda. Adapta un cuento de 1947 de Ango Sakaguchi. Asistimos a una introducción que es capital para lo que veremos. Se habla de que hoy en día los japoneses comparten debajo de los árboles de cerezos en flor de manera familiar, feliz, pero éste relato nos cuenta de otra época, siglo XII, donde cuando caían las flores de los cerezos el que estaba debajo perdía la razón. Esto es parte del folclore y la leyenda nipona que trabaja el relato. Nuestro protagonista, a quien se le conoce como un hombre de la montaña, interpretado por Tomisaburo Wakayama, con 46 años de edad, robusto, voluminoso, llamémosle un tipo de tamaño grande, suele asaltar él sólo a la gente que pasa por su montaña -y matarla- y de paso secuestrar mujeres. Él suele decir que todo alrededor de ella le pertenece, hasta las aves. Es un hombre bastante tosco, rústico, primitivo. Pero la idea que gira sobre su persona está expresada de manera sutil y uno puede no darse cuenta del todo. Éste hombre de la montaña cuenta que le gusta ir debajo de los árboles de cerezos cuando florecen, es decir que éste rito que acostumbra practicar es el que lo ha convertido en quien es. La mujer desquiciada que le indica que corte cabezas no es otra que la afirmación, el reflejo, de su propia consciencia (en varios sentidos), el truco y la burla del demonio. Así el hombre de la montaña llega a convertirse en un asesino en serie. Es curioso imaginárselo cuando va recién a cambiar el campo por la gran ciudad, cuando quiere moverse a Kioto, que es el lugar que se refiere como simplemente la capital, según la época en que se contextualiza el relato. Planea ir a un lugar repleto de gente, a diferencia de su soledad en la montaña. Notoria libertad, más fácil para hacer de las suyas, un territorio descampado, con lo fácil que se le hace de esa manera asaltar a los raros y aislados transeúntes de la zona, pero en cambio la ciudad parece algo muy distinto. Verlo adaptarse a ella, a la abundancia, a mayor exceso, psicológicamente, materialmente, es otro gran acierto del relato y la película. Uno se pregunta, ¿cómo será ahora en Kioto? Una pregunta que se enfatiza porque se le observa muy primitivo, muy salvaje, poco articulado. Pasar por impune en la ciudad es como ingresar a las ligas mayores. No obstante el hombre de la montaña lo hace aun con mayor barbarie de por medio. Produce mucha fama en el anonimato. Su amada novia, interpretada por Shima Iwashita con 34 años de edad, se entretiene con muchas cabezas cercenadas que le trae el asesino. En lo macabro del asunto, ella hace de directora de teatro con los cuerpos mutilados. La novia del asesino rápidamente pone las cosas en claro. Se hace denotar especial. Le dice que tiene que acabar con las otras concubinas. Mientras tanto se divierte viendo como las persigue y las va matando sin miramientos. Ya desde que hace que la lleve sobre su espalda por largo trecho, hasta su nuevo hogar, lo cual es simbólico, se ha consumado un pacto. Es ella, ésta mala mujer, éste árbol de cerezos en flor dominador, una belleza que enceguece/embrutece, la que manda. ¿Y qué habrá de ahora en adelante?, muchos caprichos, ausencia absoluta de contención. Es una película de terror muy entretenida, muy cool a ese respecto, entrando en ese universo de fantasía y ficción que no tomamos en serio, de cine de género, que se disfruta sin contemplación, donde no hay juicio moral, sino está por descontado. Inmerso en lo clásico, si bien hay gore. Muchos pueden ver en la figura a un matrimonio clásico, otros cualquier amor apasionado, furioso, en como el hombre bien macho busca contentar sin chistar a la mujer que ama, que lo tiene loco. Premiado con encuentros sexuales. Provisto del cuerpo de una mujer muy hermosa. Y más. Una compañera total. Son la misma persona. Porque lo que ella pide es justamente lo que lo tiene a sus pies, la esencia de su brutalidad. La de éste enorme oso salvaje. Forman una pareja compenetrada a lo Bonnie and Clyde, pero seriales, bestiales, carnales. En lo cool del cine de acción, el thriller, que tiene la película, entran a tallar unos criminales que han sido perdonados y son cazarrecompensas bajo mandato oficial. El hombre de la montaña "inexplicablemente" es similar a un samurái sin dueño, es muy buen combatiente. La posibilidad de que haya sido un samurái puede remitir a un pasado temprano, antes de convertirse en el hombre de la montaña. Tenemos la pintura gigante de un gallo que acompaña representativamente su nuevo hogar, un especie de templo abandonado. La película hace hincapié en la perversidad, sin concesiones.
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