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viernes, 11 de abril de 2025

Mickey 17


Ésta es una película de entretenimiento y yo diría de cine puro y duro. Uno puede hallar correspondencias políticas, pero esto es como pensar más en el deja vu y no en lo random. No faltará pensar que habla del fascismo y de Elon Musk como el próximo creador de Skynet. Pero el filme no necesita de esto, es entretenido tal cual, aun cuando por ratos puede pasar por un poco anodino. Hay momentos donde falta más originalidad y más espectáculo, uno que te saque del lugar común, pero habiendo tanta agua bajo el río es complicado tenerlas todas con uno en cuanto a sorpresa, novedad y creatividad. Pero el filme cumple su función, tiene su cuota decente de originalidad y espectáculo. Al director cool Bong Joon-ho, creador hábil de un propio cine social, actual, moderno, se le nota cierta madurez, parece estar más realizado consigo mismo en cuanto a querer impresionarnos, pero se le nota aun, como es lógico, pasión por el séptimo arte, pero va de la mano de su experiencia y del personal cine que ha hecho. Se le nota más cerca del triunfo de The host (2006) que de la caída de Snowpiercer (2013), pero tiene de ambos, mejorando donde falló en ésta última. Mickey 17 (2025) es una película más intrigante que Snowpiercer la cual en el papel prometía mucho, se oía muy cool. El filme tiene una historia de un muchacho (Robert Pattinson, si bien tiene 38 años) que ha hallado un trabajo peculiar, se ha vuelto un prescindible, alguien a quien se le desecha sin problemas, que se usa para experimentación científica, producto de que puede ser clonado con facilidad, devolverle la vida y sus memorias, aun cuando se percibe un claro menosprecio con quien es como persona y, sí, se puede entender de cierta sociedad, sea ser juzgado por parámetros intelectuales o económicos o ambos. Mickey (un muy talentoso Robert Pattinson) es un muchacho sin rumbo, que se deja llevar por el entorno, en particular por un amigo más astuto que él (Steven Yeun, quien también está en estado de gracia), y así termina metiéndose en un embrollo criminal que lo lleva a ir inconsciente a convertirse en un prescindible. Aquí se podría pensar que algo superior, el destino podría ser, junto con las oportunidades, medio que lo han empujado hasta ahí o le ha terminado encasillando. Pero en realidad nunca se deja de leer que Mickey siempre ha tenido y tiene opciones, si bien tiene que crearlas o creer en sí mismo. La trama, una circunstancia en especial, que consideren que ha muerto nuevamente y le den vida al siguiente clon suyo, Mickey 18 (que lleva un toque personal de perversidad y picardía; cada uno tiene algo diferente), hará que mejore su intelecto, y que sea menos pusilánime con existir, que se valore más y a la vida misma que se adjudica. Es querer vivir (amar la existencia) y no solo eso, vivir bien. Todo esto está metido en un especie de gobierno menor o sucursal dentro del mandato oficial de la humanidad, como señalando que el ideal se mantiene intacto, perdura, aunque haya que hacer arreglos más abajo. Éste pequeño reino está dirigido por un personaje ridículo, digámosle farandulero, un amante de la celebridad, del autobombo. Muchos dirán que esto es propio de la época en que vivimos, un representante acorde con el presente, pero también es una fuente para fabricar bastante humor negro que incluye algo de quehacer grotesco (como Pattinson, muy en estado físico natural y potente visualidad, cayéndose desnudo de la máquina que una vez muerto, muchas veces salvajemente, lo clona). De paso para generar la autocrítica de nuestros tiempos (como le pasa a todo cambio de la sociedad). Mark Ruffalo hace de éste personaje notoriamente caricaturesco el cual debe ser juzgado en esa medida, al ser su performance abiertamente exagerada, por tanto eficiente al humor y parodia que practica. Aparte hay una historia complementaria, de descubrimiento científico (si bien es comprendernos a nosotros mismos), con una invasión de Aliens, que habla de humanizarnos frente a los animales en general, que recuerda a (la buena película que fue) Okja (2017), partiendo de mayor extravagancia, a través de los insectos (lo feo o desagradable), y a esa vera esperar lo inesperado, la bondad donde no la solemos pensar. Esto puede leerse como una lectura antibélica, frente a pequeñas guerras donde un poder mayor o que se siente así enfrenta a un poder muchísimo más humilde (aun cuando se está descubriendo otro mundo). Puede que sea como decir que en ello la tara principal es otra a lo que se suele estimar. Manifiesta un diálogo que estos Aliens blufean. No tienen el poder que hacen creer. Es más querer (ser valiente y, si se quiere, justo) que tener (recursos). Éste es un llamado al planeta (medioambientalista, animalista, de multiculturalidad, de convivencia). No obstante es normal que uno mire con recelo lo desconocido. Tampoco se trata de subestimar -que es el elemento principal del relato en varios sentidos-, de no reflexionar, de no tomar precauciones. Es un llamado de mejorar la sociedad, de pensar qué hacer, tal como se discute tanto la ciencia que plantea el futuro, que controla el personaje de Ruffalo y la que hace de su mujer (la simpática Toni Collete, aunque tiene un papel opuesto). Ellos proporcionan humor ligero, humor esperpéntico a un punto. Invocan banalidad. En cuanto a lo romántico, la actriz Naomi Ackie implica liberalidad, feminismo y ciudadanía del mundo. 

sábado, 5 de enero de 2019

Burning


El coreano Lee Chang-dong hace un filme prodigioso y sutil con ésta adaptación de un cuento de Haruki Murakami, todo es sugerente y ambiguo en el filme. Uno puede tratar de interpretarlo, pero se entiende que puede haber más de lo literal. En general se entiende que un hombre compite con otro por el amor de una mujer; uno de los hombres es común y más pobre en varios sentidos, Lee Jong-su (Yoo Ah-in), mientras el otro es rico y mucho más sofisticado, igual en muchas cosas, Ben (un maravilloso Steven Yeun).

Lee es un tipo un poco lento o, más bien, de los que miran y se guardan sus pensamientos, que tienen dudas, anda achicopalado o es propio de silencios y miradas. Ben es algo perverso, astuto, parece jugar con Lee y con su entorno. Ben suele decir que hace todo por diversión, y puede uno llegar a pensar en American Psycho (2000). Esa es la idea que anida en la mente de Lee, que tiene mucho de sospechoso también. Puede que Ben sea un desdoblamiento, aunque el filme da a entender muchas cosas hechas por Ben y hay correlación con el entorno. Pero cuando Lee quema un invernadero parece un momento tramposo y estar haciendo de Ben sin darse cuenta, aunque puede parecer que trata de incriminarlo a su vez.

Lee tiene obsesión con Ben, hay una fuerte envidia ahí, más allá de los celos por Hae-mi (una entregada y talentosa Jun Jong-seo). Ben se nota que no está tan interesado en Hae-mi; ella en cambio como es una chica voluble y algo fácil, aparte de un poco rara, sí se siente atraída por Ben, pero al mismo tiempo por Lee. Todos estos intercambios entre los tres dan mucha materia para imaginar mil y un cosas, gracias también a que el filme riega montón de lugares ambiguos, como con el gato primeramente invisible o el cuarto sucio y luego limpio. Pero al mismo tiempo el filme es literal, simplemente pudo desaparecer Hae-mi, ya que tenía muchas deudas, además de que con el pozo queda la idea de que puede ser una mentirosa compulsiva.

El filme da pie a que uno lo manipule bastante. También el final visto literalmente es de una brutalidad y fuerza descomunal, verlo así tal cual es impresionante y una expresividad artística. Pero se puede entender como el hartazgo de las frustraciones, aunque algo demencial. Puede ser el sueño recurrente del protagonista, un anhelo oculto y no tan oculto. Ben con el comentario de los invernaderos deja la puerta abierta a la especulación y la imaginación, pero pudo ser simplemente ganas de perturbar a Lee, una maldad, que al final le cobra factura.

Ben es el malo de la película teniendo a Lee por nuestro supuesto héroe, muy entre comillas, ya que queda medio mal desde su rareza, cuando lo vemos masturbándose en el cuarto de Hae-mi, incluso hasta soñarla masturbándolo -lo sensual, tan propio de Murakami-, representación de un ego solitario en movimiento. Lee también tiene de malvado, como termina en el final –en una de las versiones-, o igualmente todo puede ser producto de su escritura, por cuando aparece viviendo en el cuarto de Hae-mi más tarde. Pero ese final también puede ser una catarsis, aunque a un lado salvaje, y en otro, no literal, borrar su fastidio. De todas maneras es un final brutal como novela, y eso puede bastar y sobrar.

Tampoco faltan las escenas domésticas y cotidianas –campo, ciudad- muy bien esparcidas y ejecutadas, los momentos de pasar el rato, que explotan en escenas poderosas como cuando Hae-mi se desnuda del pecho, se híper-sensibiliza, se pone eufórica, luego decae en llanto. Todo es discutible, cada uno de los tres protagonistas puede presentar una versión y hasta más de una, es la libertad de la interpretación en lo plástico de la ambigüedad. Lee o Hae-mi pueden tener problemas de normalidad, ya lo dice las relaciones de familia o la soledad, mientras Ben es sólo un demonio asiático, un pretexto para inquietar el gallinero.