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viernes, 13 de marzo de 2026
Training Day
Día de entrenamiento (2001), de Antoine Fuqua, con guion de David Ayer, se puede decir que es un clásico moderno, una película que pertenece a muchas cinefilias, además es una película que fue un hit comercial, y le dio un Oscar a Denzel Washington por actor protagonista, antes lo había ganado por actor secundario. Es una película cool. Es cierto que todos quieren serlo, pero la cuestión es conseguirlo. Es una película de entretenimiento, pero vaya que tiene mucha habilidad retratando la calle. Mucha gente se siente que es como la vemos en ésta película. El retrato es de los barrios bravos/peligrosos de Los Angeles. En el relato vemos que un policía corrupto, un verdadero demonio, Alonzo Harris (Denzel con 46 años) inicia en la policía anti-narcoticos, en su quehacer práctico, al novato Jake Hoyt (Ethan Hawke, con 31 años, y su primera nominación al Oscar como actor). Alonzo habla bastante, es bastante manipulador con la palabra. Es astuto, falso, perverso. En varias oportunidades se lo gana al novato, pero la recurrente corrupción que genera y el otro demora en procesar, hace que Hoyt llegue a un momento capital donde está apunto de ser asesinado por 3 pandilleros méxico-americanos, donde se luce muy bien Cliff Curtis, como el líder. Incluso uno de sus secuaces (Raymond Cruz) se muestra muy intenso y primitivo y es de tremendo realismo. Esa escena capital contiene mucho suspenso. Tiene que ser una de las grandes escenas del séptimo arte. Ahí lo vemos a Hoyt/Hawke metido en una bañera, doblado, esposado y con una escopeta en la mejilla, rodeado de malas palabras y sus ruegos, violencia/potencia en toda esencia y sin embargo cuidada, dentro de una puesta en escena muy verídica. Éste filme tiene momentos notorios de exageración pero es cine comercial, cine popular, busca despertar emociones. Llega de manera frontal, primaria, lo cual se perdona cuando no todo es perfecto porque es un filme de verdad entretenido, de esos que te sacan sonrisas auténticas y fáciles, que entusiasman, que te dan hedonismo puro y duro, claro. Alonzo es un protagonista que todo el tiempo está hablando y haciendo maldades, es complicado mantener el estándar de perfección, pero en mayoría lo consigue. Él se impone en un barrio bravo, a él lo detestan. Tiene una personalidad avasalladora, que no le importa más que hacer lo que le da la gana, algo imposible de sostener, una personalidad kamikaze, es como se dice en el hip hop, a real dog. Su carro es cool y la cámara ayuda abiertamente a hacerlo notar en varias oportunidades. Así mismo cuando entra a su barrio y sueltan palomas en aviso de que llega. Toda la parafernalia de las miradas de tensión y amenaza que los rodean es sustancial como retrato artístico dentro del entretenimiento, cuando ingresan a esos barrios donde hay mucha droga, repletos de pandillas, y sin embargo entre ellos tenemos familias y niños jugando. Todo el movimiento por esos espacios es notable y se dejará en claro al final que no todos son iguales. Se oye preciso -nunca mejor- de fondo Cypress Hill como banda sonora, así como se luce Snoop Dogg de invalido vendedor de crack y encima le dan una escena donde se ve toda la calle y perversidad de Alonzo. La cara cuando a Hoyt le dicen que acabe con el amigo ex dealer (Scott Glenn) es impagable, y en esa misma línea se percibe toda su recurrente perplejidad. Cada explicación del momento de su sentencia de muerte, cómo pierde su arma, cómo se halla solo, es un despertar argumental muy astuto. Lo mismo toda la preparación con la mafia rusa y tener que juntar mucho dinero. Alonzo dice tener todo planeado y así se va mostrando toda su perversidad, que busca sostener su terrible corrupción. Toda la historia del lobo entrenado para deshacerse de los otros lobos y proteger a las ovejas es de un cinismo mágico como cine. Eso empieza a engordarse desde el arranque. Ver a Eva Mendes desnuda, con 27 años, también es un plus. La cara de Hoyt lo dice todo, no puede creer a ratos qué está sucediendo. Alonzo es sin duda todo un personaje, todo un logro. La escena del policía arreglando la llanta funciona para embaucar, porque en el fondo Hoyt quiere ser un héroe, una estrella del departamento de narcóticos, aunque tiene material para serlo. Es interesante verlo desde la perspectiva de Hoyt, un buen complemento, un novato que resuelve, que se enfrenta a cosas complejas donde anida el miedo, un temor lógico porque remite a sobrevivencia, real, práctica. Cuando Hoyt dice estar incomodo por recibir dinero corrupto, y habla en serio de llevarlo al cuartel, tras lo que está en curso, una intervención policial, donde antes ironizan que está lejos de Starbucks, es de antología. Toda la sorna que se imprime. No queda ahí, le piden ya lo inaudito. Imaginemos ponernos en su lugar. Después está escrito, como dice el policía que hace Dr. Dre. Hay que matarlo. Hoyt sin embargo es el novato idealista, medio inocentón, pero con recursos físicos. Se deja llevar de cierta manera, como cuando queda drogado. Como que no se convence de lo que sucede, si bien todo pasa en corto tiempo y eso hay que tomar en cuenta. Igualmente la perversidad y el cinismo de Alonzo es de no creerse. También es un tipo lleno de abundante atrevimiento. Como se oirá, un oficial muy conocedor, con muchos años de servicio. Por su parte, Hoyt muestra excepcional valentía. Llegará a responder, prefiero ciertamente ir a poner multas a los estacionamientos.
viernes, 10 de febrero de 2017
Fences
Lo primero que denota el filme es que es una adaptación de
una obra de teatro (la del dramaturgo August Wilson con la que ganó el Pulitzer
y el premio Tony en 1987), lo cual se siente mucho, aunque no invalida el
producto. Lo que significa que hay muy pocos lugares como escenarios, el filme
yace dominado por la casa en los suburbios de Pittsburgh Pennsylvania de una
familia afroamericana, los Maxson; que se habla mucho, yo diría que harto; que
hay una exhibición austera en cuanto a elementos visuales (hay unos pocos
intersticios de ubicación y estética). Es la interactuación de unos pocos
personajes en un espacio reducido y recurrente. El patio donde el protagonista,
Troy Maxson, construye una cerca para su hogar.
Troy reniega de los blancos que no lo dejan/dejaron ascender
en la vida, desde que fue un deportista prometedor (sobre todo a su ver), aunque
más tarde se sabrá que presentaba propios puntos en contra. Troy está cansado
de cargar y recoger pesados tachos de basura en su barrio, quiere ser chofer
del camión de la basura, un trabajo que está destinado a los blancos, y el que
le representa más dinero, tranquilidad, un ascenso. Pero el filme que se ubica
en los 50s permite ver que los tiempos están cambiando en cuanto a los derechos
civiles y oportunidades de los afroamericanos. El hijo de Troy, Cory (Jovan
Adepo), puede desarrollar una carrera profesional en el futbol americano, pero
su padre -producto de cómo ve el mundo- lo restringe, lo obstaculiza. Lo que pasa
es que Troy es un hombre egocéntrico, todo cree que gira -y debe girar- a su
alrededor, y su familia y amigos son como su pequeño reino dictatorial.
Lo mejor de Fences es Troy, por supuesto; el retrato de este
sujeto es bastante rico, no obstante teniendo en cuenta que es una persona detestable,
en buena parte una mala persona, pero a la vez un sobreviviente. Los desaciertos,
fracasos y tantos golpes de su crecimiento lo constituyen y lo persiguen (de
esto que el béisbol se vive siempre en la trama). No podemos obviar que es tal
cual los hombres que se dejan llevar por sus frustraciones y malas experiencias,
y siembran a su paso daño, dolor, cargas, humillaciones y conflictos. Sin
embargo el filme quiere por una parte congraciarse con la figura de Troy.
Quiere que uno le comprenda, que incluso llegue a admirarle de alguna forma,
como un hombre complejo, y para el caso vemos a su esposa, la muy talentosa
Viola Davis como Rose Maxson, mujer de carácter, intensa, pero una simple ama
de casa dócil ante Troy, defenderlo y dirigirlo a la gloria, a razón de una “extraña”
nostalgia. La película es la convivencia de este hombre con su esposa, sus
dos hijos (uno de un previo matrimonio, un músico pobre y lambiscón), su
hermano mayor discapacitado, y su mejor amigo y compañero de trabajo, Jim Bono (Stephen
Henderson), que está espléndido en cada intervención.
El hermano discapacitado mental (Mykelti Williamson, Bubba,
de Forrest Gump, 1994) no está mal en su hechura y performance, que va y viene vagabundeando
en la trama, pero resulta efectista en gran parte, algo visto –no llega a impresionar
ni proporcionar novedad en realidad- pretendiendo ser la audacia/extravagancia del
filme. El que apunta a describir otra mala jugada de parte de Troy que presenta
ambigüedad en el amor hacia su hermano.
Ver cómo llegan hasta celebrar la existencia de éste hombre terrible
vale muy bien ver el filme, perdonando la verborrea, sobre todo del comienzo, y
escuchar como Troy abundante nos cuenta hasta lo más mínimo de su pasado y lo
que pasa por su cabeza. Este hombre dará una sorpresa tras otra. Es un retrato
popular –no solo afroamericano- de un tipo de ser humano que podemos constatar fácilmente
que existe. Denzel Washington lo interpreta con gran solvencia, provocando varias
escenas memorables, y otras disque memorables, hay para todos los gustos. La interactuación
de idas y venidas con el protagonista es intensa y prolífica, a ratos toma
mucha velocidad y luego como que explota, para, y vuelve a la carga. Troy
Maxson es como decía Forrest Gump, a colación de que Bubba está en el reparto, es
tal cual una caja de bombones.
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