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domingo, 11 de octubre de 2026
Predestination
Habrán unas 6 adaptaciones en el cine de novelas y cuentos de Robert A. Heinlein, uno de los grandes maestros de la ciencia ficción de origen americano. La presente película me parece la mejor que se ha hecho hasta la fecha, junto con Starship Troopers (1997). Es sorprendente que sea una película del 2014, cuando obras renombradas de la literatura realizadas recién, en tiempos tan avanzados y tan bien hechas, es algo muy poco común. Los directores son los hermanos gemelos australianos Michael y Peter Spierig. El cuento de Heinlein que se está adaptando es sumamente ingenioso, una maravilla realmente, algo especial, muy singular, pero construirlo/recrearlo en el cine bastante a menudo es complicado, arduo. Hartos fallan. Muchos se conforman con hacer la película, creen que simplemente hacerla ya es el logro, lograr que se encuentre en la pantalla, pero el arte y la trascendencia son otra cosa, algo superior. Hacer historia en el séptimo arte es otro pedigrí, otro tipo de autor, requiere verdadero talento. Se hacen millones de películas, en montón de países, todo el tiempo. Lo importante es conseguir la trascendencia, hacer una buena película, hacer algo distintivo, memorable, algo único. Ir más allá del nacionalismo o sólo ingresar como dato en algún inventario. Hacer una película requiere tecnicismo, elementos materiales, pero éste es finalmente vacío frente al relato, a una realidad en sí, a lo que se nos cuenta, lograr una película interesante, intelectual o un entretenimiento que destaque. El realismo, conseguir una realidad es importante, cumplir con los elementos requeridos -de buen estándar- para la construcción visual. El tecnicismo es el soporte para conseguir ésta realidad, como hacer por lo general imperceptible la cámara, colocar los ángulos, las transiciones de la imagen, generar el movimiento del ojo, tanto como proponer una estética, un universo particular. En hollywood se usan/contratan operadores, especialistas, técnicos, en diversas áreas. Estos no producen arte por sí mismos, sino que están a la orden de lo que cuenta un autor quien en conjunción produce la trascendencia, unifica todos los elementos, construye algo unitario bajo su tutela, su mirada, de la mano de ésta comunidad de empleados a su servicio, conseguidos por el productor, así como la inversión. El tecnicismo por sí mismo no tiene valor, sino fuera como el cine experimental, un aparato para impresionar sin entendimiento de por medio, algo sensorial, simple impresionismo, efectismo. El tecnicismo cobra verdadero valor cuando sirve a algo que implica pensar, construir un relato, una realidad, una cosmovisión. Éste puede traducirse en un realismo propio de cine de entretenimiento puro y duro, un lugar de emociones a flor de piel, esenciales, primarias, instintivas, de intensidad visual, acciones frenéticas a la vera de tramas sencillas, fáciles de seguir. Reducir el cine a una postura no es estar pensando en cine, en la riqueza y trascendencia de sus posibilidades, de su libertad. La mayoría no lo quiere así. El cine es una puerta abierta al pensamiento, a todo lo que concibe nuestra humanidad. El cine es un lugar para sentirse bien, para entusiasmarse, para pensar y soñar positivamente, para ampliar el intelecto en sí mismo. El cine te humaniza, al conocer sustancialmente todas las facetas del ser humano. Así, te hace mejor persona. El cine se divide en géneros, pero al decirle cine de género estoy hablando de cine de entretenimiento puro y duro. Las palabras se mueven en contextos, se enriquecen en el uso, no son sólo literales. Esto justamente hace que me identifique con la literatura, el uso libre y enriquecido de las palabras. Lo cual se traduce en mayor intelecto, creatividad, originalidad. El academicismo no me interesa. La ciencia incluso se construye primero y ante todo con la creatividad. Crear algo nuevo implica ser libre. Romper con los parámetros. Por eso yo no soy seguidor de los que copian, aun cuando suelen verse mejor. Impresionan a los más lentos pero que no saben que lo son. En un mundo de ciegos, el tuerto es rey. Ésta película te da pistas al vuelo para entenderla, aunque entender todo de manera precisa/perfecta es imposible, porque es como bien dice sobre la serpiente que se muerde la cola y ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?, y gira interminablemente sin poder aprehenderse donde en realidad arranca (aunque lo vemos como un habitual gran relato contado a un barman, a cambio de unos tragos). Así ésta trama de viajes en el tiempo tiene una gran curiosidad, el unipersonal. He ahí la grandeza de la historia de conocer a cada una y sus relaciones. Un policía del tiempo o del futuro interpretado por Ethan Hawke persigue a un terrorista, ese es el punto de partida. Es interesante oír algunas cosas, como mirarnos desde distinta perspectiva, revisar de esa manera nuestro recorrido. Cómo nuestros pensamientos construyen nuestra vida y podemos estar errados. Es una lección de percepción. En ese lugar está ese deslumbre donde surge el descubrimiento de que en realidad era una joven muy bella. Nuestros sufrimientos pueden construir una mala personalidad o llevarnos a cometer muchos errores futuros. Acarrearnos a la soledad, al rechazo, al auto menosprecio, a la violencia. Creerse por encima del resto puede ser un boomerang por otro lado, aun cuando en efecto seamos muy/más inteligentes. Igualmente vernos feos ante la sociedad. Acompañar la versión de la marginación. Dejarse arrastrar por ésta. Inicialmente cuando salió el personaje cambiado de sexo, lo que se notaba, interpretado por la australiana Sarah Snook, pensaba tirar la toalla. Me dije, no otra historia más de los tiempos que vivimos, pero el filme se basa en una novela de 1959 y el filme no sólo es original con éste uso, sino que se justifica plenamente. Es una pieza de algo más grande/complejo, para que se cumplan ciertas relaciones vitales del sci-fi entre manos, sin remitir de manera obligada a un elemento ubicuo de la contemporaneidad. El filme habla de que uno es culpable del mal en su vida, lo cual es una perspectiva curiosa, poco pensada, poco asumida. Solemos pensar en todo menos en nosotros como culpables de nuestro devenir, aun cuando la protagonista fue una bebé huérfana, abandonada, y esto marcó su existencia, creo su aspereza, al igual que su embarazo, asociado con la mala suerte, un destino destructivo. Pero se trata también de las decisiones que tomamos, a pesar de percibir que algo nos empuja al abismo. Importa así mismo cómo miramos el mundo, cómo nos relacionamos con éste. Es una película contada con ánimo de entretener y lo consigue sin dificultad. Se podría decir, aparte de entender todos los cambios e interconexiones producto de los viajes en el tiempo, que es una película "ligera". Esto habla de lo que siempre menciono. La profundidad/sustancialidad no es sinónimo de inexplicable o incomprensible. La genialidad que hace uso de la claridad es el mayor logro de un intelecto superior. Es una propuesta que te suelta detalles para que entiendas mejor, que es honesta, pero requiere pensar, lógicamente. En esa línea oímos ideas conjuntas, como con la canción yo soy mi abuelo, o cuando el protagonista se quema la cara le comentan que ha cambiado bastante ya hecha su reconstrucción o cuando se dice que los viajes en el tiempo producen delirio, desequilibrios. Es una película donde el ingenio se juega una pizca de ridículo, así se siente como entretenimiento, pero esto es parte de su grandeza, vencer ese riesgo. Lo mismo se puede pensar de cuando se publicó el cuento de Heinlein. Como sci-fi es bastante notable el relato. Exhibe un halo de perfección con todo lo que está unido.
lunes, 7 de septiembre de 2026
Solaris
Solaris (1972), del ruso Andrei Tarkovsky es una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia del séptimo arte, que adapta la novela del mismo nombre del polaco Stanislaw Lem, novela de 1961 que es considerada un hito dentro del sci-fi de la literatura, con un Lem que prefirió colocarla en la ficción, pero contiene mucha ciencia, ensayo y filosofía. Solaris es una película honesta, que destaca intelectualmente porque sostiene lo que propone, una obra tremendamente profunda que uno puede llegar a comprender, a pesar de que la idea general suele dar más crédito a lo críptico -e incontables veces gratuito- y así lo valoriza, creyéndolo más complejo, cuando la profundidad dentro de la claridad, que tampoco entregarlo todo servido sino hay que pensar también, es el mayor logro de una mente privilegiada. Los hermanos Strugatski han confesado que la obra de Lem ha sido una inspiración para ellos y se puede ver que su famosa novela Roadside Picnic (1977) que Tarkovsky convirtió en Stalker (1979) tiene semejanzas con Solaris, pero a mi ver Solaris es una mejor película y novela, aun cuando Tarkovsky prefería Stalker. Encuentro a Solaris con mucha más sustancia, profundidad, mejor filosofía y existencialismo. Al ver tanto drama -hay imágenes de cuerpos moribundos y caminatas afiebradas-, uno de los 2 científicos y psicólogos que acompañan al protagonista en la estación espacial, el Dr. Snaut (Juri Jarvet), dice algo como, no conviertas un problema científico en un "común" sufrimiento de amor, y es tal cual, está latente la hondura filosófica, aun cuando lleva una sólida lectura existencial -que vista en conjunto gana muchísimo más- o visto de manera más pedestre, va sobre amor y sufrimiento, al igual que memoria que duele, ausencias, aunque también del vacío existencial y la decadencia. El filme hace notar nuestra simplicidad como humanidad frente a poder abarcar mayor conocimiento, aludiendo temor, a la vera de nuestra natural dependencia humana hacia otros seres humanos, como podemos ver que el protagonista pasa. Kris Kelvin (Donatas Banionis) es un científico/psicólogo enviado al planeta Solaris donde hay una estación espacial y un enorme océano que lo cubre todo, el que tiene vida en sí mismo e intelecto superior, extraterrestre. Kelvin ha perdido a su mujer, Hari (la bella Natalya Bondarchuk), hace 10 años atrás, cuando estaban distanciados, y él como que quiso dejarla. Actualmente carga con la culpa de su muerte, porque ella se suicidó, y el amor que mermó ha vuelto a surgir en él. Para eso Lem hace una lectura bastante interesante sobre el sueño. El océano de Solaris genera clones, producto de los pensamientos, cuando uno duerme. Se mete en el inconsciente -o la consciencia- y materializa lo que llevamos muy arraigado en nosotros, que deviene en una lucha existencial, la que produce no sólo miedo, sino vergüenza y depresión. El sufrimiento como algo innegable para todo ser humano, sea como sueño o como realidad, que yacen muy ligados entre sí. Hari es una mezcla entre replicante (Blade Runner, 1982, basada en las ideas de los 60s y comienzos de los 70s de Philip K.. Dick) y ser de Matrix (1999, palabra y concepto que se menciona directamente en la trama de Solaris). Ambas películas parecen recoger ideas de la presente película o tienden puentes entre ésta. El concepto de sueño se entiende como cuando pensamos en el deja vu o que ya todo está escrito, y en Solaris es que los sueños -el acto de dormir, habiendo una curiosa mención a la novela el Quijote- fabrican literalmente nuestro camino "terrenal", lo cual se llega a decir puede hasta crear cosas descomunales, señalando libertad en ese acceso. Así mismo el filme se puede leer como poseedor de muchos elementos del cine de terror. Los llamados invitados pueden tenerse por fantasmas que están ligados a nuestro existencialismo, como lo manifestaba El sexto sentido (1999). Hari muere y resucita, literalmente, porque sigue presente producto del pensamiento de Kelvin y las características del océano de Solaris, éste especie de Dios, de ser superior y al mismo tiempo mundo extraordinario, artificial, como deja apreciar el final cuando la lluvia cae desde adentro sin haber correlación natural o normal desde el cielo. Igualmente es interesante ver el concepto de replicante que maneja Hari como clon y materialización mental, que puede aprender y sentirse humana, convertirse en más que un ser artificial, auto-percibirse, pensar por ella misma y ayudar a Kelvin, entenderlo. Es una lucha entre las emociones más fuertes y la mirada científica, que lo arguye el Dr. Snaut y el Dr., Sartorius (Anatoliy Solonitsyn) resaltando a la ciencia y de paso su valor ético. Hari atribuye frialdad a Sartorius, además que la mira de menos, como una rata de laboratorio. Hari, desde su posición, no ve a la pasión como un defecto sino todo lo contrario. El guion lo escribe Tarkovsky junto con Friedrikh Gorenshteyn y se puede observar que Tarkovsky pone su pequeño grano de arena en la trama o se le siente bastante compenetrado con lo que adapta, como se percibe al respecto de la presencia de los padres de Kelvin desde un recuerdo en particular con la madre lavándole una simbólica herida -como quien puede sacarlo del caos de la culpa y el vacío o que lo siente así con su sola presencia- que hace pensar que lo inspiraría más tarde en algo en El espejo (1975). La proyección mental tiene muchas posibilidades, pueden ser cosas muy distintas, como lo que se puede suponer lleva a la muerte a uno de los científicos, o ver a un niño de 4 metros de altura, tras la niebla que construye las figuras como si manipulara arcilla, o a un enano escondiéndose en la estación espacial, o al candelabro flotando sin gravedad. Es ser parte de un universo donde la mente lo puede todo. De la trama recogemos que el misterio -no poder resolverlo- más bien alimenta la vida y la felicidad. Se dice que la muerte parece llegar cuando acaba el misterio -si bien muchos se van sin saber mucho- o cuando entendemos muy bien el mundo, lo que representa amar y sufrir. Del mismo modo se apunta que la razón de existir radica en ser simplemente feliz. El que es feliz en general no se pregunta mucho -aunque la calma también facilita la reflexión-, pero lo curioso viene a llamar la puerta con que siempre asome el sufrimiento, un disparador de pensamientos. Tenemos un poco de juego por parte de Tarkovsky, divaga un poquito, pero el filme tiene argumentos sólidos en varios aspectos. La propuesta tiene ratos que no se sienten propios de un sci-fi, como cuando se colocan a debatir en una sala de estudio o que Hari se ponga a fumar, pensativa, o mande una carta de despedida. Luce como si fuera un cierto defecto, pero así mismo es proponer a la ciencia ficción como algo más que futurismo y acción con tecnología, sino un lugar para pensar al ser humano y su evolución como tal.
domingo, 21 de junio de 2026
Stalker
Ésta película de ciencia ficción del ruso Andrei Tarkovsky prácticamente no tiene efectos especiales, pero maneja mucha fantasía. Es ciencia ficción hecha con gran inteligencia. El lugar donde se filmó es Estonia, durante su época soviética. Los lugares parecen postapocalípticos, y son fábricas químicas, rieles en desuso, hidroeléctricas, bunkers, infraestructura derruida y abandonada, rodeada por el desgaste, de naturaleza, con territorio con agua empozada, muchos charcos y hasta como si recorriéramos un submarino. No ver personas por ninguna parte y observar de vez en cuando perros callejeros ahonda en el abandono. En ese terreno se alude cayó un meteorito y el sitio es conocido como La Zona, un lugar mutante, que cambia de apariencia como si tuviera vida. La Zona tiende trampas. A esa vera la gente mayormente desaparece o algunos enloquecen, por eso el ejército la tiene cercada y prohibida. La curiosidad es que hay un cuarto donde se dice se cumplen deseos. El Stalker del título lo interpreta Alexander Kaidanovsky y es un guía que lleva gente ilegalmente a La Zona. Como La Zona cambia de forma ir siempre es una aventura. Esto produce nuevos peligros para el Stalker y sus clientes. El Stalker es un hombre que encuentra su significado de ser en transportar a la gente a ese espacio. Siente un vacío existencial, se concibe poca cosa, pero llevar personas a La Zona y que de alguna manera hallen la felicidad, que siente le es esquiva por una depresión crónica, le da sentimiento de autovalidez. Es como en Fight Club (1999), cuando, en una escena maravillosa, Tyler Durden le ruega al mafioso dueño del bar donde se hacen las peleas clandestinas. Lo derriba al suelo y le suplica que no le quite el bar porque su vida son éstas peleas que ocurren ahí y sin ello no es nada, su vida no vale nada. Igual el Stalker, justamente cuando quieren destruir La Zona y el cuarto de los deseos. Piensa lo mismo. Se pone a llorar, a rogar. El Stalker es un hombre común y corriente, más allá de ser el guía. Igualmente, a fin de cuentas, sus 2 nuevos clientes. Uno llamado El Escritor (Anatoly Solonitzyn, el actor que más le gustaba a Tarkosvky y que realmente es notable; trabajó con él en 4 de sus 7 largometrajes para cine; murió 3 años después de ésta película a los 47) y otro El Profesor (Mykola Hrynko). El filme tiene partes filosóficas y otras partes psicológicas. Hay una argumentación bastante interesante de porque es mejor ser frágil (o sensible) que fuerte (estar seco) para trascender en cualquier cosa. También se habla -se lee- del apocalipsis bíblico. El Escritor se coloca una corona de espinas como Jesús. En sí el filme está lleno de creatividad visual, estética, desde lo real, pero que en su diseño de producción o de arte y su puesta en escena genera cierto vuelo fantástico plegándose perfectamente al sci-fi. Da la sensación de estar observando algo distintivo y al mismo tiempo reconocible. He ahí la sabiduría de Tarkovsky para escoger las locaciones y plasmar la adaptación de la novela Roadside Picnic publicada en 1972, perteneciente a los hermanos rusos Arkady y Boris Strugatsky que se encargaron del guion de la película, pero si bien Tarkovsky no aparece en los créditos como guionista se nota que sí participo en mucho en la escritura estructural y guía, como que la película es distinta a la novela, no es del todo fiel. Hay versos leídos como parte de la trama que pertenecen al padre de Tarkovsky y están bien ensamblados. Se percibe también una parte mística y religiosa en Stalker (1979) que recorre toda la propuesta, cosa que era siempre muy importante para Tarkovsky. Así mismo se habla del arte en sí y de la ambición humana por manejar a otros, a la gente, como quien reflexiona sobre la propia URSS y una cierta desilusión sobre su utopía. Se podría decir que hay vasos comunicantes entre los Strugatsky y el genio de Tarkovsky, pero igualmente se perciben pensamientos habituales en él. Tanto el guía (a lugares inaccesibles o de difícil acceso), como el profesor (el científico) y el escritor (de arte) son puntos que se observan de intelectualidad, aun cuando yacen medio perdidos en el mundo. No obstante pelean con sus egos, plantean humanismo. Dudan de sus propias facultades. El filme es una aventura por ir de la civilización donde se percibe caos y desolación, como parte de un paquete, a La Zona, un espacio que supone un cuarto donde hallaremos la paz. Los lugares que recorren los tres personajes son atractivos como buena película de aventuras. Posee estéticas ingeniosas, como el lugar con los montículos de arena fina, las cascadas al lado de los restos de paredes gigantes o el recorrido por el extenso túnel de acero a la escalera hundida en el agua sucia. Curioso es ver que no muere nadie de pulmonía, porque duermen sobre charcos de agua provocando una puesta de escena memorable, visualmente hermosa. En un diálogo se dice que la vida sin misterio o sin asuntos sobrenaturales es aburrida. El escritor parece ser rico, pero no es feliz. Critica la falta de autenticidad, el querer agradar a toda costa, ser dependiente de la aceptación externa, donde él mismo hace un mea culpa general que lo tiene desdeñando el arte. Al profesor su mujer le ha engañado, también es infeliz, sin embargo siente que el altruismo vale más que el propio éxito. Miente con querer el Nobel. Ahí lo vemos contestar un teléfono en medio de la nada, de lo imposible. A La Zona se le atribuye una naturaleza extraterrestre y se percibe con la hija del Stalker algo parecido a 2001 Odisea del espacio (1968), una fusión o una injerencia cósmica. La Zona más que un lugar de deseos cumplidos, practicidad, es un espacio para pensar la existencia de manera profunda, más allá de la superficialidad y lo aparente. Es igualmente una promesa, fe, de una vida mejor, que alude al cielo. Esto indica una auscultación que puede llevar a la decepción y consiguientemente a la locura. La Zona es una inteligencia superior. A La Zona no se puede llegar frontalmente sino nos destruye. El viaje por una parte literal se siente como quien se mete a un campo de concentración, como si estuviéramos en la segunda guerra mundial. Exhibe escenas con tomas muy próximas de larga duración, parecidas a La Ascención (1977). Vemos tres cabezas calvas por buen tiempo, de cerca en movimiento, mientras se dejan llevar por el viento. Así también Tarkovsky filma por ratos desde las espaldas como lo hará Béla Tarr. Es un viaje que aunque no tiene de terror implica mucho el miedo en el avance, en la caminata. El Stalker lo hace porque es su manera de sentirse vivo, más que atribuirse heroísmo. Alisa Freindlich hace de la esposa del Stalker y tiene escenas muy intensas, llenas de emotividad. Muestra un bonito cuerpo que deja ver en sus contorsiones en el suelo. Solonitzyn, de manera talentosa, hace del típico tipo que suele divagar, quedarse pensando, con la mirada perdida como le es habitual, sin manifestar melancolía sino un discreto enojo, en sus expresivos ojos celestes. Igualmente puede ser reprochable, tener de negativo, como buen actor todoterreno. Es una película que puede leerse en parte como de acción, mirarse llena de practicidad. Ir por un lugar extraño, misterioso, como esas tantas historias de islas o selvas recién descubiertas, pero desde lo mínimo, donde la actividad motriz no es muy intensa, pero donde tenemos la sensación de que algo malo acecha. El Stalker siempre está atento, precavido, un poco tenso, lanzando su tuerca envuelta en un trapo con nudo como cábala por donde proseguir. Muy buen uso del sepia para trasmitir sensación como de estar rodeados de sutil destrucción, de vejez, en otras formas a La Zona. Levantarse de una cama, donde duerme padre, madre e hija chica, nunca ha sido más artístico que con Tarkosvky. Igualmente el final con los vasos es muy teatral/dramático, en el buen sentido, dentro de un juego de niños. Una demostración de que para impresionar nada mejor que el intelecto ante todo.
domingo, 5 de abril de 2026
Good Luck, Have Fun, Don't Die
Ésta película la dirige el americano Gore Verbinski, con guion de su compatriota Matthew Robinson que ha ido engordando su guion con el tiempo, llenándolo de ideas y cómplices. Ya a Verbinski se le veía antecedentes para hacer un filme como éste, con su anterior película, A Cure for Wellness (2016), que era algo extraña y algo intrincada pero también dispersa y un poco vacía dentro de su ambigüedad, pero la de ahora rompe con todo, es un millón de veces más extravagante y bastante mejor, si bien se ampara en la ciencia ficción y la sátira que aguantan mucho. Ésta película recoge montón de tipos de locura, como una de Philip K. Dick de que la gente con la que convivimos cercanamente están en realidad actuando. Recuerda a muchas películas de esa clase, pasando por una reinvención de Terminator (1984). El filme habla del presente -en esa línea hay un panel publicitario que se puede ver de fondo cerca del restaurante de contexto, a lo They live, 1988- con un problema en ciernes o creciente, tanto como del futuro próximo, en base a la tecnología, criticando mucho el uso de celulares haciendo que los adolescentes parezcan literalmente zombies, a lo ataque de una película de George A. Romero. La amenaza del apocalipsis es la inteligencia artificial (sumado el deterioro del clima, el de los recursos naturales y el habitad natural de la tierra), que exhiba pensamiento propio, tome control de la humanidad y cree un mundo virtual a lo Matrix (1999), donde curiosamente el hombre promedio cree va a hallar un lugar de mayor felicidad, que el hombre del futuro (Sam Rockwell, que luce carismático y se presta para hacer buen humor) denuncia de generador de paliativos ficticios y breves para mantenerte en lo mismo (como si consumiéramos una droga), cuando buscar lo real representa sustancialidad, aludiéndose a los verdaderos afectos y disfrutar como antes de salir al aire libre y hacer cosas prácticas. Es una película sobre viajes en el tiempo, pero en realidad sólo llegamos a ver uno desarrollado. El lugar de partida es un restaurante típico de Los Angeles, lo mismo que hacía la curiosa aunque menor Kill me again (2025), que posee una premisa de sci-fi particular en que los criminales pasan por una terapia futura, en una vuelta del tiempo constante a un lugar clásico para aprender a manejarse correctamente, como si fueran ratas de laboratorio, pero que en mucho es un canal de tortura para el preso. La película hace uso de flashbacks donde cuenta la vida de parte de la banda que sigue al hombre del futuro, el que parece un mendigo y ahí entra a tallar otro lugar común, el del loco vagabundo que vive en las calles, con el que lo confunden frecuentemente. En los flashbacks vemos mucha sátira como la de los adolescentes dominados mediante su adicción por el celular, por una entidad (empresarial, gubernamental) oscura, lo que es parte también de las ideas habituales conspiranoides. Así van desapareciendo los profesores de los que se dice que se están tomando un tiempo sabático, bajo la idea de que algo tienen que ver los adolescentes mandones, prepotentes, mimados. Algo parecido sucedía en otra película curiosa, pero de terror, Weapons (2025), aunque con los alumnos, niños, como víctimas, culpando, al revés, a una maestra, de su desaparición. En dicha película no se puede dejar de mencionar que se manipula mucho lo ridículo y el misterio de manera magistral para hacer un filme a destacar como conclusión, con esa gran malvada que es la tía Gladys (Amy Madigan, quien ganó el Oscar por ésta performance), que recuerda un poco a La tía Alejandra (1980). En otro de los flashbacks (historias, viñetas) en que luce una buena actuación Juno Temple se menciona a los clones -satirizándolo dentro de la realidad americana de los tiroteos hechos por adolescentes marginados en las escuelas- y como van a reemplazar a los seres humanos por gente mecánica, alineada a un orden, al gusto del poder se podría decir en otra lectura conspiranoide, teniendo en la anterior historia a Michael Peña como ese tipo de persona y además antisocial, los que curiosamente terminan siendo los héroes del filme, como la princesa (Haley Lu Richardson) que tiene alergia a la tecnología y por ello es fácil que caiga de freak en la sociedad contemporánea. Ella cuenta la tercera historia, donde se habla de Matrix a la inversa, la gente entregándose a la simulación que es de paso asociada a la adicción, el sedentarismo y el videojuego. La propuesta da a entender que todo nos empuja hacia allá, inmersos en los avances tecnológicos, producto de la ambición, la fascinación y la curiosidad humana, junto al deseo de éxito y hasta de espectacularidad, o la falta de sociabilidad y de afectos en otros. Somos empujados hacia el mundo virtual. La película propone una critica en cuanto a alejarse del mundo real, ese mundo anterior a los celulares inteligentes. El relato menciona directamente que la inteligencia artificial es ineludible en todas las alternativas del futuro, por eso el hombre del futuro pretende una salida para que el software no nos controle, sino que sea benigno, manejable, que el ser humano no pierda su independencia, no caiga en el lugar de lo fantástico, donde vemos la capacidad de narrador de cuentos de los hombres que viene desde la mitología griega con el Centauro por decir algo mencionado en el filme, y así vemos un gato gigante con cuerpo de caballo y en lugar de pelos tiene pequeñas cabezas de crías. El filme juega al metacine y el hombre del futuro advierte que cualquier cosa puede aparecer para pelear con ellos, misma Furia de Titanes (1981). Así se bromea con pandilleros -comprados baratos- con máscaras de cerdo aludiendo a policías, de la misma manera como en Matrix aparecían muchos Agentes Smith, otro recurso del cine conspiranoide y las teorías estrafalarias. El hombre del futuro también tiene su flashback/historia y todo queda perfectamente pegado (lección aprendida), habiendo buenas sorpresas como una a lo Sarah Connor. El inventor de la IA es una mezcla entre el niño del fantástico episodio remake It's a good life, dirigido por Joe Dante en Twilight Zone: The Movie (1983), y los psíquicos adolescentes de Minority Report (2002), otra de las joyas del sci-fi inspiradas en Philip K. Dick. Se puede leer que es una película de aventuras igualmente, con una banda de héroes escogidos al azar por el hombre del futuro, con gente que se ve común en el grupo, como ver un guía boy scout nerdy, un taxista de Uber o una mujer gorda que sólo quiere comer pie, enfrentados a llegar hasta el niño sabio, que tiene en sí un añadido audaz e irónico como producto de Amazon, dentro de una puesta en escena acompañada paradójicamente de efectos de computadora como buena parte del filme. Con los robotitos que parecen juguetes, el niño Zen y los alambres vivos de una gran computadora se pinta en escena una imagen de tipo anime sci-fi. La banda de héroes improbables buscan destruir la IA controladora del planeta, mientras como en un videojuego perdemos y volvemos al inicio, volvemos a empezar hasta poder ganar el juego, resetearlo y pasar a otro.
martes, 10 de febrero de 2026
Privilege
La cuestión con el cine para quien escribe es buscar películas realmente interesantes, valiosas, destacables, alimentar la autenticidad y seriedad de una pasión, que se distinguen sin ser gratuitas, efectistas, vacías, efímeras, sino que argumentan, sostienen pensamientos, sostienen variedad de miradas. Se mantienen en el tiempo otorgando valor a su procedencia. Se trata de obras que trascienden. El cine es arte en toda la palabra, como la literatura, como la pintura, etc., cuando, como en todo, hay talento, por encima de la idea común sobre éste. Aun cuando no se trata de forzar nada. Es ser lo que uno quiere, tienes cualidades sostenibles para, que realmente sea, más allá del papel. El cine es un lugar donde se puede intelectualizar todo. El cine no sólo es entretenimiento o artificio (un lugar de tecnicismos comunitarios). No sólo es colocarte en modo piloto automático. Tampoco es únicamente -y no está mal que lo sea, sino es parte de un conjunto, de ser muchas cosas- un acto social, masivo, colectivo, popular, simplemente placentero (hay muchas variaciones de esto). Bajo mi perspectiva, lo que busco, es un lugar para pensar el mundo. A través del poder de las imágenes y elucubrar creativamente cómo mostrarlas, qué exhibir. En esto encaja la presente película del británico Peter Watkins, que como su compatriota George Orwell, supo trabajar notablemente alrededor de la distopía y las realidades sociales y políticas. Lo que quiso debatir y donde se identificaba. En el presente filme tenemos un sci-fi discreto, bajo un futuro muy próximo -los 70s- a la fecha del filme (1967). Hay una figura de un cantante de pop -el número uno que yace en todas partes- que se ha vuelto un especie de profeta, un tipo que crea opinión masiva rápidamente (ahí yace la ironía de la publicidad de comer 5 manzanas al día y generar un consumo popular o una industria y los cruzados y el nacionalismo en pos de las guerras), que influencia bastante en las masas. Involucra el liderazgo, una figura destacada. Ser famoso pasa por lo mismo. La cuestión es que éste cantante de pop se auto-percibe como la nada absoluta, es una creación de la empresa que representa, que está detrás de él. El cantante Steven Shorter (Paul Jones, un cantante real) no es que sea una mala persona, incluso está cargado de dudas y miradas perdidas, sólo que es simplemente anodino por sí mismo, aun cuando es un buen cantante. Los genios son los que están detrás de él, que desfilan con sarcasmo por la trama (peinándose cuidadosamente o tocando la bateria), pero ven más que todo hacer dinero (hay un poster con Shorter celebrando un puñado de dinero en su mano, celebración de su riqueza). Como el estado y la iglesia están muy pendientes de la opinión pública compran la imagen del cantante. En muchas cosas es un filme obvio, pero se presta para el pensamiento. El guionista es el americano Norman Bogner, un escritor de bestsellers en la vida real. No es que toda figura pública tenga que ser la voz de la consciencia o meterse a hablar de cosas que quizá no le competen, lo político y lo social, pero Watkins se define de esa manera y quiso incluso que otra gente famosa piense igual. El mensaje puede variar dependiendo la celebridad. He ahí lo que señala el filme. En un momento se dice que no se quiere diversidad de opinión (debate) o incluso que no se quiere que la gente sea individualista y creativa en realidad. El filme se puede ver como quien anhela que las figuras famosas deberían ver por un mundo mejor, si bien Watkins lo usa para sus propias ideas, lo que él cree. La propuesta critica que en verdad esa felicidad no venga sola, que no sea honesta. La felicidad es pasajera, va y viene, que ver que algo te la proporcione como arte o entretenimiento me parece muy bueno. Yo diría más que suficiente. Pero no se debe pretender un fanatismo ciego, como vemos en muchas demostraciones de la película (histeria). La idea es no perder la consciencia desde ningún lado. Al final cuando Steven dice odiar al público por lo que se ha convertido, un dios vacío de personalidad, entra en el olvido. El enrostre de la banalidad. Muchos podemos pensar que reflexionar más de la cuenta también no siempre termina siendo saludable. Vivir también es practicidad, no exagerar, todo no es filosofía. Aceptar el proceso, aceptar las frustraciones. La música está para alegrar, para emocionar, como así miraba Truffaut el cine o ir a la sala de exhibición, un proceso comunitario, un proceso emocional, una experiencia social. Éste filme me hace pensar, y el pensamiento que me da es que entretenerse, ser feliz a esa vera, es también algo valioso. Cuando un artista te proponga algo, simplemente pensemos que nos ofrece. Puede ser sólo buena música y eso es mucho también. Puede ser muy fastidioso cuando un personaje se vuelve muy político. Porque eso no es lo que ha hecho que uno se acerque a esa persona. El problema es que Steven Shorter es un monigote. Es ahí que la modelo real Jean Shrimpton -muy bella eso sí; aunque no es una luminaria no actúa mal tampoco- entra a tallar. Curioso que una modelo -una de las primeras supermodelos-, siendo su máximo atributo o fundamento sólo la belleza física, sea una fuente de reflexión, sea la que desencante a Shorter de su universo (si bien alude al amor), hable de la falta de personalidad propia. Ésta es una película curiosa. Muchos de los hits musicales de Shorter son propios de la época y de la música de Paul Jones. La canción Libérame (con los policías como los malvados, la autoridad, pecando al querer ganarse al público a toda costa, otro mal endémico), es poder ser uno mismo, que bien enfrenta la distopía del filme. Muchas canciones suenan melancólicas y se oyen bastante bien. La sátira tiene su encanto, con su sequedad por ratos en el estilo, en otros tiene intensidad. Es un filme de culto. En mucho se puede ver cómo el poder destruye muchas veces a los profetas, como se intentó con Jesús. Otra crítica es que muchas entidades no quieren perder simplemente su lugar. Watkins hizo siempre el cine que quiso. El individualismo de la película remite a un capitalismo reflexivo, autocritico, capitalismo como evolución. El título habla de valorar el privilegio de ser importante. Si está en ti ser un verdadero líder, hay que hacer mejores a los demás.
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domingo, 16 de noviembre de 2025
Repo Man
Repo Man (1984) es una película de cine B, una película de medianoche digamos, un sci-fi de bajo presupuesto. Da en el clavo en todo, se zafa de ser una película de cine B más, aun cuando al director en su debut, el británico Alex Cox, se le nota que quiere ser irreverente, quiere ser cool y uno puede querer ser y no lograrlo, pero Alex Cox si lo consigue. Ésta es una merecida película de culto. Alex Cox ama el punk, y quiere ser entretenido. El protagonista es justamente un joven punk, un pequeño criminal en potencia, Otto (Emilio Estevez, con 22 años de edad), quien entra a trabajar como agente de reposición de vehículos, un repo man, un tipo que recupera autos embargados que llevan un precio por su hallazgo y devolución. Otto halla un mentor en Bud (Harry Dean Stanton, con 58 años). Bud le dice, hay que parecer un detective, verse formal. Le expresa que todo Repo Man ama la intensidad, la aventura, de paso un poco el crimen, si bien se mueven dentro del límite. Lo que hace un Repo Man parece que fuera algo delictivo, pero es legal. Otto es punk, pero se le ve humilde frente a comportarse como un criminal. Es más un muchacho sólo un poco rebelde. Se puede decir que en realidad es un buen chico. Otto es bastante simple, puede ser tonto a ratos. Es típico de su edad. Se podría decir que ser punk en el filme es un estado de eterna juventud. Así llegamos a oír humor sobre formalizar una familia, una pareja o tener hijos, como quien se jubila, y dejar de lado la trasgresión o la incorreción. Suena Iggy Pop en el soundtrack. Vemos a los Repo Man en acción, en mucha acción de su labor. Son como un grupo de camaradas, pero hay fricciones también en los equipos y hay diversas agencias en competencia. Es una película que tiene actores curiosos en su reparto. El afroamericano Sy Richardson es un poco más del tipo de armas de tomar. No le espanta lo criminal, como cuando intercambia disparos contra una casa de donde no quieren que les quiten el auto. Hay en la película varias frases memorables o ideas que disparan momentos. Se dice -para sortear el miedo, para autoconvencerse del riesgo, andar de relajado- que nadie mata por un auto en EE.UU, como manifestando que es algo ordinario tener uno, hablando de los más básicos o tradicionales. Pero es una idea sarcástica puesta en el ambiente, porque hay tremendos bolondrones/quilombos por los autos. El filme se basa justamente en estos, en los autos, como si dijeras, el mejor amigo del hombre. Para eso Alex Cox hace una película brillante a esa vera, aun cuando pasa por simple, una película de entretenimiento puro y duro. Otro actor/actriz curioso/interesante es Richard Foronjy como Plettschner, un policía que se ve identificado con John Wayne y tiene un aire a Poncherello, si bien para eso están los personajes de los hermanos Rodríguez. El filme se ubica en Los Ángeles, por las calles más picantes de la ciudad. Los Repo Man se mueven como decir por los asuntos en conflicto del pueblo, de lo que puedes sentir un discreto aire social, como al vagabundo que le hacen puñito, aunque Cox ironiza en varias oportunidades sobre política y creencias religiosas. Aunque a los Repo Man puedes confundirlos con criminales o policías corruptos o tipos fuera del sistema (que algo leve llevan), son en realidad clase trabajadora y no sólo ello, están a pesar de todo llenos de optimismo, son gente de espíritu fuerte/joven y de ambiciones económicas, como todo buen gángster, en el mundo popular, dígase de paso. Los Repo Man están esperando el gran golpe de su vida. Pasa por la pantalla mucho latino y mucho afroamericano. Vemos mucho barrio. Ya desde su ópera prima se nota que a Cox le atrae lo latino. Se tiene mucha imagen de tipo duro, aunque al natural, sin rimbombancia. Cox maneja su cuota de humor negro e ironía en su propuesta y hasta de tontería juvenil. Tiene un lado sci-fi muy libre que es más juego que otra cosa, pero suelta varias ideas como lo conspiranoide, el ataque de extraterrestres, el peligro nuclear, los viajes en el tiempo, hasta tenemos una previsualización de Volver al futuro (1985). Así igualmente destaca Vonetta McGee con 39 años de edad, la parte romántica de la magistral El gran Silencio (1968). Vonetta tiene su gran momento en la sala de interrogación, el hospital. El filme tiene conversaciones del tipo de los locos que matan el rato entre bebidas (aquí mientras queman basura en un cilindro de metal, a lo bien casual), pero como es un sci-fi se convierte en realidad. Es una película que entretiene bastante, está llena de buenos momentos, hay persecuciones en autos y su buen suspenso de cine B, cómo quien se vaporizará con la maletera del auto.
sábado, 16 de agosto de 2025
2551.03 - The End
El cine austriaco por una gran parte, como identidad cinematográfica, siempre busca retarse, en sentido de anhelar generar shock en los espectadores. Quizá sucede más así para los de afuera. Romper los límites. Como que enarbola el pensamiento que uno debe verlo absolutamente todo sin miramientos, tal si se encomendara a ser el difusor del realismo sucio del planeta o para el caso de una fantasía (submundo) lumpen, sentado sobre la base de lo miserable. El director Norbert Pfaffenbichler nos entrega una película sci-fi underground y digámosle experimental. Cierra su trilogía sobre un mundo apocalíptico, distópico, luciendo una tendencia lúdica con lo monocromático, homenaje al cine mudo, en el interior de una película cargada de energía, del espíritu de las películas de acción. Como menciona un slogan del filme, no existen tabúes para ésta obra y vemos hasta un buda crucificado o partes humanas (pequeñas cabezas) como alimento. El contexto es que hay una "humanidad" metida en lo que asemeja catacumbas, pasajes subterráneos, túneles. Estos sobrevivientes de una especie de explosión nuclear llevan máscaras de carnaval, muchos de arlequines o hasta algunos sacos con huecos o del tipo del KKK. Así vemos al protagonista, lleva una máscara de simio llena de piercings -hasta el típico de hoy en día, en la nariz- mientras el dictador de éste universo carga una máscara de un sol carnavalesco o el atributo de una planta carnívora. Ésta trilogía se une de manera sencilla a las otras, es una continuación que es efectiva por sí sola. El protagonista de la máscara de simio, que tiene de Hellboy pero mucho más básico (todo lo que vemos igualmente parece sacado de la imagen de algún infierno), lleva un abrigo que dice atrás: niño perdido, como en las cajas de leche americanas, y a él se le ha perdido uno y puede que él mismo lo haya sido. Lo encontrará como sirviente del dictador. Éste sirviente traicionará al régimen dictatorial por salvarlo en repetidas ocasiones. Es un filme que busca la novedad en los alrededores, en los pasajes/paisajes-túneles por los que pasa el héroe simio. El shock en todas partes. Así hay mucho paganismo, sacrilegio, o satanismo como salido del heavy metal, debajo de éste universo imaginativo, que es cine mudo sin intertítulos. En mucho es una película del shock estético/visual, mientras va de simple como narrativa. En una secuencia nuestro héroe simio recolecta arte moderno, en plan de reciclador. En una galería de "arte" para privilegiados pronto hay una ofensa producto de la soberbia y surge el caos. Llegan guardias con trajes salidos de una cuarentena. El héroe simio es muy torpe y siempre queda encarcelado. Tenemos un momento bastante freak y complejo cuando el protagonista se mete en una casa pequeña de madera que tiene mucho de utilería en lo visual y es introducido en su propia consciencia. Pelea, luego de tener sexo, con su propia identidad sexual, y termina hablando de curar su memoria. Toda ésta parte resulta a cierto punto ingeniosa. Bajo una luz blanca potente que te ciega los ojos, la cual desaparece contornos. Nos mete en un paraje onírico. El simio necesita retornar, que expone cierto clásico estado psicológico. El simio llega a estar totalmente fuera de sí, entra en plan Rambo-Wolverine-ConanElBárbaro, pero con mayor rudeza de explicites. La meta es matar al dictador y de eso va toda la película, igual que en el desierto apocalíptico de Mad Max, cuando se da cuenta finalmente que no se puede vivir bajo éstos regímenes de putrefacción (como nadie racional tampoco), aun cuando yace normalizado lo miserable en lo que los restos del planeta parecen un enorme mercado de baja catadura. Incluso los juguetes infantiles son réplicas de pequeños cadáveres. Hay escenas que parecen salidas de videoclips metaleros. De esa manera se divisa a una especie de striptisera de magia negra. Es una película curiosa, tiene su cuota de personalidad, aunque se percibe un poco ya vista, salvando montar algo con el sello del bajo presupuesto. Tal cual reza, es un viaje underground literal. Todo muy austriaco.
domingo, 1 de junio de 2025
Welt am Draht
Ésta es una miniserie de 2 episodios y en total dura 3 horas 30 minutos. Es como si viéramos dos películas de promedio de tiempo (1 h. 40 min.). Una que continua en la siguiente. La dirige el alemán Rainer Werner Fassbinder. Adapta la destacada novela de ciencia ficción Simulacron 3, publicada en 1964, perteneciente al americano Daniel Francis Galouye. Es una obra muy interesante. Solemos pensar a los robots o las máquinas con alguna corporalidad, pero aquí se habla de la Inteligencia artificial y a estos robots como simplemente consciencia, percepción o pensamiento propio. Visto desde la filosofía, así mismo se inserta el ser humano en el mundo, puesto que el mundo es nuestra mente pensando en lo que nos circunda, es decir la realidad es nuestro pensamiento. Todo esto es parte de éste gran trabajo. La inteligencia artificial se proyecta como un pensamiento autónomo, pero aquí las máquinas no sojuzgan al hombre, es el hombre, el Dios que crea la inteligencia artificial, quien es el todopoderoso y muchas veces no tan bondadoso o justo. El retrato que vemos es como será Blade Runner (1982, que adapta obra de 1968 del gran Philip K. Dick) en cierta forma, las máquinas o la inteligencia artificial quieren ser como el ser humano, atrapados en sus designios, y esto consiste más que en una idea de sentido existencial o tener emociones –que las tienen- en obtener la libertad. Bajo ese planteamiento se trabaja con mundos simulados o virtuales, programas de computadora autónomos, pequeños mundos artificiales igualitos al del planeta. El hijo del hombre, la inteligencia artificial, emula al Dios-hombre, su imaginación no llega a tener limites. Repite patrones, descubre e inventa cosas. A esa vera se implica el thriller político, el thriller de la locura, propio de los 70s. Por un lado, tenemos a los empresarios codiciosos –aunque de manera bastante abierta- que quieren sacar ventaja del futurismo y por otro la subyugación de un mundo tipo 1984, pero aquí se trabaja la experimentación, el juego, la vanidad, humanas. La ciencia idealista está representada por los inventores del Simulacron 3, ellos son los héroes –simples personas o individuos finalmente; quienes hasta llegan a autopercibirse como la nada misma- que no pueden con el poder todopoderoso de los líderes de la humanidad, los dueños del planeta, que es algo gaseoso, indeterminado. En éste caso la inteligencia artificial tiene un halo de pequeñez, de “ordinario”, no obstante, de mucho potencial. Matrix (1999) bebe de aquí, además de que en la presente yace el espíritu de lo que será Blade Runner. La miniserie de Fassbinder es sólida de principio a fin, tratamos con una de sus mejores obras de su carrera. Lleva su impronta, pero sin exageraciones, hombres de color musculosos espolvoreados por aquí y por allá y mujeres guapas con pintas bastante liberales y promiscuas, fiestas de sutil lujuria, una cierta vulgaridad de clase alta cuando se sale de juerga. Es un sci-fi que no necesita de mucho artilugio extravagante en lo visual, todo se ve reconocible y así lleva total verosimilitud del mundo que propone, que sería levemente futurista en lo visual, pero lleno de ideas científicas y filosóficas, lleno de avanzada tecnológica racionalizada. Es una propuesta que seguramente desconcertó a muchas personas, pero que por ratos Fassbinder se encarga de explicar de manera sencilla y abierta en su narrativa, sino todo resultaría muy arduo de comprender para la época. Se pueden entender las manipulaciones de un programa de computadora y se mencionan hasta especies de clones. Lo importante aquí no es el cuerpo, aun cuando Fassbinder suele ser en su filmografía muy carnal, sensual, erótico en cierta manera, sino la mente, ser pensamiento, ser consciencia. Es una realización que mezcla lo intelectual con la acción y la adrenalina del thriller político setentero. Galouye se ve que fue un apasionado de la ciencia y un tipo muy creativo e inteligente. Aquí la ciencia convierte al hombre en un ente excepcional, la ciencia rompe toda naturaleza, rompe cualquier límite, es un canto a la inteligencia humana, aunque también habla de nuestra imperfección en cuanto al gran poder que representa, a caer en no ser idealista con ésta. La miniserie habla de la importancia de los idealismos, de vencer el narcisismo y el abuso del poder. Mal de muchos líderes, obtener poder y quedar obnubilado con éste, dejar de tener los pies en la tierra. Llamémosle, pensar en pos de todos. Es decirle a Dios que nos ame. Es decirle al hombre que ame a su prójimo. Es sentir empatía por lo que está bajo nosotros. El relato también es finalmente una historia de amor, de hallar a esa persona especial, capaz de salvarnos del peso del mundo. Aparece como cameo Eddie Constantine que inmeditamente nos hace pensar en Lemmy Caution y un pequeño homenaje a Jean-Luc Godard. Muy bien Klaus Lowitsch, en el papel de su vida, sumamente competente. Le da mucha identidad a ésta obra. Se la otorga el propio Fassbinder que de protagonista construye a un tipo de seductor –de 36 años; en varias facetas-, un sujeto típico del cine de acción, alguien quien de paso se le percibe muy alemán, aunque de poco tamaño de estatura. Sus escapes a pie y saltos son muy cinematográficos. Así como manejar un hermoso chevrolet corvette.
viernes, 11 de abril de 2025
Mickey 17
Ésta es una película de entretenimiento y yo diría de cine puro y duro. Uno puede hallar correspondencias políticas, pero esto es como pensar más en el deja vu y no en lo random. No faltará pensar que habla del fascismo y de Elon Musk como el próximo creador de Skynet. Pero el filme no necesita de esto, es entretenido tal cual, aun cuando por ratos puede pasar por un poco anodino. Hay momentos donde falta más originalidad y más espectáculo, uno que te saque del lugar común, pero habiendo tanta agua bajo el río es complicado tenerlas todas con uno en cuanto a sorpresa, novedad y creatividad. Pero el filme cumple su función, tiene su cuota decente de originalidad y espectáculo. Al director cool Bong Joon-ho, creador hábil de un propio cine social, actual, moderno, se le nota cierta madurez, parece estar más realizado consigo mismo en cuanto a querer impresionarnos, pero se le nota aun, como es lógico, pasión por el séptimo arte, pero va de la mano de su experiencia y del personal cine que ha hecho. Se le nota más cerca del triunfo de The host (2006) que de la caída de Snowpiercer (2013), pero tiene de ambos, mejorando donde falló en ésta última. Mickey 17 (2025) es una película más intrigante que Snowpiercer la cual en el papel prometía mucho, se oía muy cool. El filme tiene una historia de un muchacho (Robert Pattinson, si bien tiene 38 años) que ha hallado un trabajo peculiar, se ha vuelto un prescindible, alguien a quien se le desecha sin problemas, que se usa para experimentación científica, producto de que puede ser clonado con facilidad, devolverle la vida y sus memorias, aun cuando se percibe un claro menosprecio con quien es como persona y, sí, se puede entender de cierta sociedad, sea ser juzgado por parámetros intelectuales o económicos o ambos. Mickey (un muy talentoso Robert Pattinson) es un muchacho sin rumbo, que se deja llevar por el entorno, en particular por un amigo más astuto que él (Steven Yeun, quien también está en estado de gracia), y así termina metiéndose en un embrollo criminal que lo lleva a ir inconsciente a convertirse en un prescindible. Aquí se podría pensar que algo superior, el destino podría ser, junto con las oportunidades, medio que lo han empujado hasta ahí o le ha terminado encasillando. Pero en realidad nunca se deja de leer que Mickey siempre ha tenido y tiene opciones, si bien tiene que crearlas o creer en sí mismo. La trama, una circunstancia en especial, que consideren que ha muerto nuevamente y le den vida al siguiente clon suyo, Mickey 18 (que lleva un toque personal de perversidad y picardía; cada uno tiene algo diferente), hará que mejore su intelecto, y que sea menos pusilánime con existir, que se valore más y a la vida misma que se adjudica. Es querer vivir (amar la existencia) y no solo eso, vivir bien. Todo esto está metido en un especie de gobierno menor o sucursal dentro del mandato oficial de la humanidad, como señalando que el ideal se mantiene intacto, perdura, aunque haya que hacer arreglos más abajo. Éste pequeño reino está dirigido por un personaje ridículo, digámosle farandulero, un amante de la celebridad, del autobombo. Muchos dirán que esto es propio de la época en que vivimos, un representante acorde con el presente, pero también es una fuente para fabricar bastante humor negro que incluye algo de quehacer grotesco (como Pattinson, muy en estado físico natural y potente visualidad, cayéndose desnudo de la máquina que una vez muerto, muchas veces salvajemente, lo clona). De paso para generar la autocrítica de nuestros tiempos (como le pasa a todo cambio de la sociedad). Mark Ruffalo hace de éste personaje notoriamente caricaturesco el cual debe ser juzgado en esa medida, al ser su performance abiertamente exagerada, por tanto eficiente al humor y parodia que practica. Aparte hay una historia complementaria, de descubrimiento científico (si bien es comprendernos a nosotros mismos), con una invasión de Aliens, que habla de humanizarnos frente a los animales en general, que recuerda a (la buena película que fue) Okja (2017), partiendo de mayor extravagancia, a través de los insectos (lo feo o desagradable), y a esa vera esperar lo inesperado, la bondad donde no la solemos pensar. Esto puede leerse como una lectura antibélica, frente a pequeñas guerras donde un poder mayor o que se siente así enfrenta a un poder muchísimo más humilde (aun cuando se está descubriendo otro mundo). Puede que sea como decir que en ello la tara principal es otra a lo que se suele estimar. Manifiesta un diálogo que estos Aliens blufean. No tienen el poder que hacen creer. Es más querer (ser valiente y, si se quiere, justo) que tener (recursos). Éste es un llamado al planeta (medioambientalista, animalista, de multiculturalidad, de convivencia). No obstante es normal que uno mire con recelo lo desconocido. Tampoco se trata de subestimar -que es el elemento principal del relato en varios sentidos-, de no reflexionar, de no tomar precauciones. Es un llamado de mejorar la sociedad, de pensar qué hacer, tal como se discute tanto la ciencia que plantea el futuro, que controla el personaje de Ruffalo y la que hace de su mujer (la simpática Toni Collete, aunque tiene un papel opuesto). Ellos proporcionan humor ligero, humor esperpéntico a un punto. Invocan banalidad. En cuanto a lo romántico, la actriz Naomi Ackie implica liberalidad, feminismo y ciudadanía del mundo.
sábado, 14 de septiembre de 2024
L'empire
Ésta propuesta del francés Bruno Dumont es una película que tiene todo para ser señalada en primera instancia como una mala película, pero dicho entre comillas, porque se convierte en una obra aceptable, ya que abiertamente trata de ser irreverente, no teme que la cataloguen de una mala película, y plantea sus propias reglas con alevosía y realmente funciona. Entretiene bastante y hasta es interesante, por lo que es de esas malas películas -por su honestidad positiva o a favor- que en realidad son películas decentes. Es una propuesta que abiertamente es disonante, y así fácilmente puede encajar en el disgusto del público o de la mayoría o de los modelos convencionales y ser denominada una obra a reprobar, porque chirría en su conjunción. Esto es una vida campestre ordinaria europea con un mundo que coge algunos elementos como decir de Star Wars (1977) y lo mezcla hasta con un escenario bíblico con extraterrestres. El relato nos descubre el apocalipsis y al anticristo, pero lo hace de manera ligera, sin demasiadas pretensiones filosóficas, oscuras, temibles u esotéricas, ni siquiera muy alegóricas, aunque muchos seguramente verán alguna parodia política, pero en verdad sólo es Dumont (guionista del filme además) riéndose un poco con el séptimo arte, disfrutando del cine y su libertad como entretenimiento (arty), un lugar para proclamar o trabajar hasta lo imposible. El ser humano es importante para los extraterrestres quienes se hacen pasar por personas comunes y corrientes. En ello hay la típica manipulación del pensamiento enajenado de la invasión de cuerpos. Todo empieza muy casual, una ex esposa de pocas pulgas se lleva furiosa a su hijo para que de pronto aparezca un sable de luz y un acto provocador, como con las cuidadas (pocas) escenas eróticas donde, a lo Romeo y Julieta, una mujer (súbdito de otro mundo) se entrega a un demonio. El mismísimo Belzébuth aunque espacial (Fabrice Luchini) tiene un aire cómico. Lo vemos ahí lujurioso, contento, frente a una gorda vestida de sadomasoquista, en tacos altos y sin brazos, que le baila a pocos metros, una extraterrestre más, salida de la imaginación fresca de Dumont, quien por ratos parece hacer uso de la era victoriana, como contextualización parcial o hibrida, como también de la época de los reyes de Versalles, junto con una etapa medieval, de caballeros y equinos ubicuos. En el filme, tal cual se dice, el mal y el bien están entremezclados, y aun cuando unos se autodenominan o se dejan ver propios de la luz o el bien, pretenden un poco el mal y viceversa. Al final el universo conspirará contra lo extraordinario -la guerra de los mundos o de las galaxias- en favor de la "simplicidad" humana, esa que no contiene el deseo y la carne, o enarbola la liberalidad o la ligereza del encuentro sexual, como se deja ver en pantalla. Dumont hace cosas como para ganarse al público de a pie, especialmente al francés, tan cinéfilo, aunque nunca deja de hacer lo que le da la gana y esto se ve que le puede costar o le ha costado público en general. Es una película que se entiende tranquilamente, y más que decir que es una propuesta WTF, es una película que usa cosas ordinarias como base -en un 65% digamos- y lo espolvorea con sci fi y lo hace chocándolo entre sí, luciendo abiertamente incongruente, como ver diversas naves espaciales extraterrestres estéticas o laboriosas en medio de la limpia ruralidad gala que estimula pensarla un lugar de veraniego. Ver un sci fi en la piel de lo ordinario no es novedad pero tampoco es abundante y tiene siempre su encanto. Así mismo el ridículo no es defecto sino parte de la diversión estructural, como con un Belzébuth que recuerda a Mel Brooks, o la exhibición de una gendarmería clown bastante despistada.
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lunes, 19 de agosto de 2024
The Beast
La propuesta del francés Bertrand Bonello bebe del cine de los/las Wachowskis y es una película de ciencia ficción que mediante un mecanismo futurista, y se dice que lo que hoy es magia o misticismo mañana será ciencia, o como decir lo que hoy es ficción mañana será una realidad, trata de purificar la mente o convertir a las personas hacia un estado más de perfección o mecánico, con lo que se producirán menos errores y muy poco sufrimiento en nuestras vidas, pero nuestra protagonista, Gabrielle (Léa Seydoux), no quiere sacrificar para conseguirlo al que considera su amor verdadero. No desea perder sus emociones y en ello el filme defiende la existencia del dolor, del miedo o de las fuertes ansiedades, porque se nos dice que todo esto nos hace sentir vivos, como quien no quiere rendirse ante la inteligencia artificial o el futuro (lo que en cierta manera alude el vacío), ese que mediante sueños o simulación le pasa revista a las múltiples vidas de un ser humano. El relato es por un lado como estar dentro de una sesión de psiquiatría. Se quiere sanar de las imperfecciones (que debemos atravesar rumbo al nirvana) y esto es justamente ser feliz con La Bestia, la que representa la mala suerte, el dolor y la muerte. Gabrielle siente un amor muy fuerte, muy real y es capaz de hasta enfrentar por éste a un asesino en serie en potencia. Es aferrarse a alguien y no querer soltarlo, las razones en el fondo son tenues pero el amor muchas veces no contiene explicación, pero aquí aplica trascendencia por tener o desaparecer las emociones en general, lo que nos hace humanos, lo que nos hace sentirnos vivos. La existencia pasa por aferrarse a lo difícil de asir, a lo que parece condenado o condenarnos al fracaso. En el futuro todo parece manejable, todo parece fácil que hasta la liberalidad no contiene ningún tipo de señalamiento de corrupción en una habitación destinada para ello, pero esa liberalidad se percibe muerta y eso es por lo que en el fondo lucha nuestra protagonista. Ella se topa con los mismos errores o constantes, aun cambiando de contexto, y en ello se puede entender que se anhela una salida espiritual más que una tecnológica. Gabrielle se ve como una persona básica y algo torpe, como quien además se acoge a cierto primitivismo. Bonello fabrica una narrativa creativa a un punto. Cuando parece recorrer el lugar común logra pegar el salto hacia la novedad, dejándose entender. Las 2 historias de vida de Gabrielle están bien narradas, de por sí son atractivas. El filme está despojado de contener mucho ornamento visual, si bien siempre hay nivel estético. El sci-fi es hacer ver a Gabrielle más que un ser humano, una actriz interactuando con sus memorias, inspirada en alguien pasando por algún casting de principiante, con una Seydoux mostrando talento todo el tiempo y con un George MacKay que en adelante hay que recordar. Gabrielle se introduce en un aparato a lo Cronenberg y termina sorprendiéndose con los Trash Humpers (2009). La trama del filme es como rebobinar una cinta una y otra vez, que recuerda a Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004).
lunes, 11 de marzo de 2024
Save the Green Planet!
Save the Green Planet (2003) es el debut del coreano Jang Joon-hwan y es una de las películas más celebradas del último cine coreano. Es un filme que maneja diversidad expositiva, es por una parte una sátira de ciencia ficción, y también es un thriller clásico coreano de los muy buenos, teniendo mucha fama como país al respecto, y por último plasma mucha extravagancia e irreverencia pero de la buena, de la que se llega a comprender y a ser uno cómplice. El filme tiene de protagonista a Lee Byeong-gu (Shin Ha-kyun), un chico estudioso de los aliens que cree firmemente que los extraterrestres están por invadir y destruir el planeta. Para eso hay extraterrestres encubiertos como personas en la tierra desde hace tiempo y nuestro protagonista piensa que uno de ellos es Mr. Kang Man-shik (Baek Yun-shik), un empresario super conocido y millonario quien según Byeong-gu va a recibir a los aliens. Es entonces que Byeong-gu lo secuestra y lo lleva a su hogar que está muy bien camuflado en el campo. Era un sauna y baño para mineros, luego un centro de apicultura, lugar que es como un bunker que Byeong-gu ha acondicionado para poder torturar en plena libertad -más tremendo humor negro y mala sangre- al empresario, quien es un hueso duro de roer y en lugar de estar blandito, yace fiero y retador como un león, aun bajo las circunstancias de hallarse atrapado por un especie de demente que está segurísimo de que es un extraterrestre y donde entra a tallar una comedia muy satírica. A Byeong-gu lo acompaña su novia en su secuestro macabro, una gordita, equilibrista de un circo, Su-ni (Hwang Jung-min), que también se presta para el humor negro y la consabida tortura y quien adora a su pareja y le es leal radicalmente, sin límite alguno, habiendo una historia de amor freak entre ellos. La cosa se pone perversa cuando detrás de todo hay un asesino en serie y un quehacer oscuro que hacen del presente un thriller en toda regla. Para eso entra a tallar un policía de esos admirados o de culto pero oficialmente losers, el inspector Choo (Lee Jae-yong), quien emprende por su cuenta y astucia la búsqueda del empresario. El momento que descubre la casa aislada de madera como en una pradera y en altura es como si una película de terror le diera la bienvenida y al espectador. Al inspector Choo le dice un joven oficial y fan, como bromeando, que parece un vagabundo, se ve un poco descuidado, y en sí tiene un aspecto bastante peliculero, en un filme que tiene un lado bastante cool hedonista, pero acompañado de otras expresiones y estéticas. A Byeong-gu se le suma un background sólido, interesante y curioso, que le da ambigüedad moral y mucha libertad al mismo tiempo, donde representa la crueldad y también una cierta lastima, y a la vez pivotea como el salvador improbable a lo Taxi Driver (1976). Es una película que nunca deja de presentar novedades, como cuando surge humor naif y terror al tapar pistas. Los personajes del filme son al estilo coreano, siempre algo descocados e intensos, de los que no temen ser perversos y al mismo tiempo cómicos o hasta lastimeros, o perversos con el humor. Es una película que no tiene pierde, que es un viaje rocambolesco de los valiosos, que se toma mil riesgos pero que da en el clavo y nada en la empatía, consiguiéndolo sin entregarse fácilmente.
martes, 2 de enero de 2024
Rollerball y The blood of heroes
Rollerball (1975)
La dirige el canadiense Norman Jewison. Es la película por esencia de los deportes futuristas expuestos en distopías. Está basada en el cuento de 1973 del americano William Harrison quien se encarga del guion y denota ser fiel a su procedencia literaria, a su austeridad en general. Rolleball es más compleja que las películas de su tipo, no obstante opta por planteamientos simples finalmente, como lo del poder controlador de una empresa fantasma -ubicua pero sin identificarse específicamente- que hace de Gran Hermano, con el deporte como nexo popular conquistador/pacificador de las masas. Un deportista de élite, Jonathan E. (James Caan, en una de sus actuaciones más memorables), ha batido todo récord y se ha convertido en un héroe nacional, la máxima celebridad mundial, y cómo haciendo una lectura de la vida de (y quien fue) Muhammad Ali se sostiene que nadie puede ser más grande que el sistema o el orden establecido. Se señala que el deporte en sí debe pesar más que cualquier individualismo, y sin tanta cháchara, con una ambigüedad y misterio light, se le pide a Jonathan E. que se retire, pero Jonathan E. no quiere, aun cuando el deporte se pondrá más rudo, más especial, con él. En el mundo distópico del filme, el poder busca que la gente esté desprovista de profundidad. El poder se encuentra representado en especies de empresarios, a los que se les ve como millonarios entre engreídos y caprichosos y seres robóticos, repetitivos. Estos empresarios ambicionan controlar todo y a eso se dedican. A esa vera los subyugados (la población) tratan de congraciarse con el poder y es así que la mujer amada de Jonathan E. se va de su lado, donde luce en mucho semejante a una dama de compañía. Ella, igualmente, parece una autómata, curiosamente representada por la modelo y actriz sueca Maud Adams. La presente es una película de ideas sin demasiado desarrollo. Hay una atmósfera típica del mundo distópico, un estilo sobre esto, de cierta inquietud, pero es mínimo. El deporte expuesto es extravagante y tiene escenas violentas bajo esa batuta. Tenemos motos, golpes, balones, un velódromo. Es un mix de prácticas deportivas, pero tiene mucho del hockey. Presenciamos muchas secuencias de éste deporte futurista llamado Rollerball y si bien tiene sus momentos emocionantes carga cierto sinsentido como deporte, falta un poco de mayor credibilidad. A Rollerball parece que le falta más sustancia. Es como una promesa trunca ante cierto estado de ambición conceptual. No deja de ser una propuesta atractiva, pero a todas luces había material como para hacer algo más especial, aunque de todas formas la parte deportiva tiene su destaque, su cuota de originalidad. Se siente que coge de muchas partes sin ahondar, en ello lo hace más decente con Antonioni que con Kubrick.
Ésta es la única película que ha dirigido el célebre guionista David Webb Peoples, guionista de obras maestras como Blade Runner (1982) y Unforgiven (1992) y de la interesante Twelve Monkeys (1995). The blood of heroes (1989) es sólida en su credibilidad como una combinación entre football americano y gladiadores romanos. En la película de David Webb Peoples el deporte es la puerta hacia pertenecer a la élite, al grupo de los privilegiados, dentro de un mundo postapocalítptico como del tipo de los desiertos de Mad Max. La trama es una historia de sueños y segundas oportunidades. The blood of heroes es una propuesta básica esencialmente, no obstante, tiene varios elementos deportivos reales/reconocibles muy bien expuestos en éste mundo distópico. Es plenamente competente, efectiva y notablemente entretenida (con un protagonista, interpretado por Rutger Hauer, que tiene potente pinta de legendario). The blood of heroes se presenta de manera muy frontal y sencilla donde en ese trayecto está llena de empatía de cara en particular a los que les encantan las películas de acción de los 80s y 90s, de la época dorada de éste cine, y para los que aman el deporte. Maneja muy bien la emotividad, la que yace en su punto, presentando a dos personajes valiosos enfrentados a la fragilidad y a su sensibilidad de cara a la existencia y a sus sueños y metas de ser mejores, como de salir adelante. Sus historias y luchas son una preparación para entender y ser plenos en el mundo. Estos personajes los interpretan con mucho talento Joan Chen y Vincent D'Onofrio. Éste último venía de impactar a todos, de ganarse mucha admiración, con su papel en Full Metal Jacket (1987). Joan Chen es una mujer muy fuerte en varios sentidos, especialmente ruda para destacar en el deporte, en la distopía de un tiempo futuro. Tiene que serlo si quiere tener éxito. Buscar vencer las dudas que suelen presentarse frente a una enorme exigencia, no sólo física, muy competitiva (muchos quieren llegar hasta la cúspide), sino existencial, para cumplir sus sueños, complicados, escurridizos para muchos. Incluso debe ser un poco cruel dentro de una cierta firmeza para conseguir sobresalir. El filme plantea solventar la resistencia corporal y auto-motivacional. Kidda (Chen, la que aunque visualmente bastante rústica mantiene cierto atractivo físico) se exhibe además dentro del papel romántico (compañera pasajera del protagonista), inmersa en una existencia en todo sentido áspera, difícil de disfrutar, muy poco embellecida, como aludiendo cierto cine social. Hauer como el mítico Sallow representa al hombre curtido, pero sin vanagloriarse o pintar de que lo sabe todo porque ha sufrido. Él es un samurái, un verdadero gladiador, un hombre experimentado y humilde, que sabe qué tiene que hacer/potenciar para vencer, que entiende qué ha perdido, qué no tiene y qué quiere y qué va a conseguir (por su mentalidad de campeón). Conoce la gloria máxima y la caída en el olvido, como el poema de Kipling. Sabe cual es el camino para volver a la cima. Es el estratega por antonomasia. Su figura es la de aquellos que hablan poco, pero es un maestro, de los jóvenes que lo admiran en silencio, quienes saben quien es, más allá de las engañosas apariencias. Sallow es el hombre que promete, con acciones, como líder, el futuro. Joan Chen tenía 28 años y Vincent D'Onofrio 30 y señalan justamente juventud. Hauer tenía (preciso para el rol) 45, la edad donde el deporte suele dejarse por lo general de practicarse en alta competitividad, y esto habla de la mediana edad y querer alcanzar de cierta manera lo "imposible" o remar contra las probabilidades.
jueves, 14 de diciembre de 2023
Zardoz
martes, 3 de octubre de 2023
No One Will Save You
Ésta es la segunda película del americano Brian Duffield de 37 años. Se estrenó en Disneyplus y en sus plataformas, Starplus y Hulu. Duffield tiene su buena experiencia como guionista y aquí se encarga del guion también y le sale algo bastante creativo y de tremenda visualidad, es entretenimiento puro y en grande, una fiesta de cine popular inteligente y distintivo. La idea es sencilla, es un filme muy práctico, una joven de unos 26 años, Brynn (Kaitlyn Dever), carga una fuerte culpa de su niñez, vive sola, es una chica independiente que le va bien económicamente, pero en su pueblo no le quieren mucho, ella de todas formas se le ve que trata de estar bien emocionalmente, pero en el fondo ese peso que lleva lo tiene que enfrentar y esto sucede con lo menos pensado, una invasión extraterrestre. Todos los seres humanos son vencidos fácilmente, pero no Brynn que da gran pelea, pero más que destacarla como una heroína de acción es verla tratar de sobrevivir simplemente, de manera sencilla, frente a un poder mayor, pero que se deja o se le puede golpear o ella puede hacerlo. Es en ese lugar donde hay tremendas, realmente tremendas, peleas con los extraterrestres, pero no del estilo de artes marciales o con armas de fuego sino de manera básica. Esas luchas son bastante divertidas y a pesar de ser increíbles, ya que una pequeña muchacha llega a enfrentarse incluso con un alien delgado como una araña pero gigantesco, no cae en ningún ridículo, sino son goce pleno. Pero, claro, estamos frente a una película de ciencia ficción, no porque no puedan existir los extraterrestres (que aquí lucen bastante reales o reconocibles), sino que Brynn llega a matar varios de una manera tan frontal y básica aunque con su saludable cuota de resistencia, que es excelente pirotecnia. Ella presenta una sobrevivencia y defensa de aspecto totalmente espontáneo, sin ningún tipo de ayuda especial ni técnica alguna, y así contra todo pronóstico le favorece a la propuesta, resulta un filme super logrado y excepcional. No obstante en el fondo es una pelea física perdida, pero que da muchos grandes momentos de cine, pero igualmente el meollo de todo es otro y es que Brynn supere su (justificado y terrible) trauma, algo sinceramente difícil, pero el filme se presenta efectivo siendo ligero en todo sentido, aunque con una visualidad y efectos especiales super jugosos y potentes al uso, como quien de verdad quiere compartir entusiasmo, ya que Duffield es ingenioso trasmitiendo hedonismo por lo que está haciendo. El filme es tan físico que hasta casi no tiene diálogos, aun cuando uno podría darle una lectura psicológica al relato, pero más divertido es tomarlo como un gran evento de fantasía y ciencia ficción, uno muy libre, con una home invasion de extraterrestres, y como con ese final a lo cine indio, echarte a bailar y agradecer tan entretenido fabuloso viaje imaginativo, con cosas reconocibles y a la vez tratadas con una libertad novedosa, sin caer en mucha psicología moderna; es más, puede pasar desapercibida. Más que apelar a la locura, es a la misericordia y ahí se trabaja con el heroísmo.
lunes, 20 de marzo de 2023
Sputnik
Éste es el debut (el 2020) del ruso Egor Abramenko y está en proyecto su segundo largometraje. Es una película sci-fi y de terror. Tenemos muchas sorpresas en el filme y buen manejo del contexto histórico, mediados de los 80s, estando no muy lejos el fin de la URSS. El filme se contextualiza en la Unión Soviética, con la caída de una nave espacial rusa que yacía alrededor de la tierra y que trae un ente alienígena del espacio. Éste es un filme comercial (ruso), que tiene algunos momentos vacuos propios de ello, como momentos que lucen algo mecánicos, y momentos de show o de supuración de histrionismo, muy conocidos por el cine en general, pero es bastante interesante asumiendo la investigación sobre un astronauta ruso sobreviviente del colapso -que va desde el comienzo del metraje hasta el final- y con él se van deduciendo cosas, como a través de la medicina y la ciencia y eso va al servicio del terror. Es un filme estructuralmente fácil de seguir y entretener, el que es innegable que es notable, que tiene su curiosidad, inteligencia y cierta audacia. Cada hallazgo que describe al ente extraño del espacio es atractivo y bien fundamentado. En la trama tratan a los astronautas soviéticos como héroes, y al astronauta en cuarentena se le analiza en ésta obra desde cierta amoralidad que es parte importante y bien trabajada en la propuesta, no por una vía política sino humana. La protagonista o heroína, la Dra. Tatiana Klimova (Oksana Akinshina), tiene una historia de identificación con quien es el astronauta estudiado, Veshnyakov (Pyotr Fyodorov), quien es un tipo engreído y es visto como un galán de paso en repetidas ocasiones (esto es trabajado muy superficialmente, funcionalmente). La Dra. tiene carácter (el filme la describe más o menos así: la gente inteligente es profesional, pero no sigue ordenes, sino entendimientos) pero también muestra sensibilidad; un éxito la diversidad de emociones que proponen los personajes. El filme tiene gente que se descubre cínica y mentirosa sin caer en el cine rutinario, desde habernos engañado o convencido, o gente que cambia de actitud o maneja ambigüedad (excelente en particular el personaje de Yan y la actuación de Anton Vasilev), lo cual no es tan habitual de ver en el cine comercial. Los personajes se rigen mucho a ejercer novedad, es una película de novedades constantes, novedades sólidas, desde el cine de género, desde el entretenimiento sin complejos. El filme es claro, su inteligencia trabaja con la diafanidad, su novedad está al servicio del entretenimiento pero al mismo tiempo es interesante. Es un filme por momentos humilde, y en otros, mayormente, muy competente, tiene muy buenos efectos especiales, cómo maneja al ente extraterrestre es bastante loable. Éste parece un Gremlins más austero, pero se metamorfosea un poco o su cuerpo es plástico, cambia de volumen y su posición física ejerce notorio cambio estético, a ratos parece un animal salvaje, en otros un humanoide. La historia trabaja alrededor de la simbiosis y del parásito, todo lo explica muy bien; la trama y la doctora rusa protagonista yacen continuamente estudiando al ente, es como un relato dedicado a ello, siempre de la mano pensando-palpable en estar en un ambiente distinto, en la tierra, donde nos centramos en el ente raro y en su consistencia y violencia biológica, presenciamos una interacción humana-extraterrestre desde lo científico, pero al mismo tiempo hay buen terror, excelentes escenas de acción y de ciencia ficción, todo lo intelectual digamos está al servicio de lo visual y del hedonismo, es cine comercial y cine de género inteligente y sin ser oscuro o exquisito. Para los amantes de la inspiradora y magistral Alien (1979) va a ser tremendo goce éste filme, que tiene su propia personalidad y originalidad.
miércoles, 22 de febrero de 2023
Alphaville
Una definición que yo diera del ser humano sería que es una fusión entre motivaciones y percepciones. En Alphaville (1965), de Jean Luc Godard, tenemos la versión propia del cine del 1984 de la literatura. Aquí en éste sci fi de bajo presupuesto (que yo llamo cine audaz) el hombre es un robot, un especie de autómata, desprovisto de motivaciones y percepciones. Al hombre que presenta ideas distintas al mundo totalitario -sea capitalista o socialista- del Dr. von Braun en su ciudad de Alphaville lo destruyen, ¿cómo lo destruyen?, lo vuelven inofensivo, inocuo, le quitan la libertad de pensamiento y creatividad, lo convierten en un ente sin motivaciones, entonces en un ser triste, le quitan las percepciones, su propia manera de ver el mundo, y es un ser vacío. Alphaville medio que es la respuesta a la modernidad, refiriéndonos entre otras cosas a la liberalidad sexual, al destruir del amor y de la poesía, así como de la consciencia. El ser humano es de ésta manera que tenderá a lo corrupto o a la perversión, no reflexionará, no amará primero antes de desear tener sexo, no tendrá ideales o moralidad, sino será como un animal, de extremo liberalismo. Es el mundo que no pretende límites morales, y que no se compromete con nada, donde no se tienen responsabilidades, y todo esto se convierte en vacío, nos hace seres autómatas. Los que no sufren del lavado de cerebro masivo, de una futurista corrección política actual, morirán en esa gran secuencia de la piscina, donde Godard hace uso de la natación y el nado artístico para hacer poesía, justamente con la destrucción de la libertad de pensamiento y de los compromisos humanos, exhibe poesía -arte- con la muerte. Las lealtades morirán en un fusilamiento que parece reunión o cena de camaradas de filosofía y dictadura, bajo el yugo del simbólico Alphaville, y del Dr. von Braun. Vemos mujeres ejerciendo la prostitución como domésticas de hotel, mujeres que parecen modelos; también presenciamos bellezas desnudas en sugerentes cubículos de vidrio. Éste filme parece la respuesta al desborde de la libertad sexual de la época que deja de lado lo clásico, lo básico, lo primordial, el amor, el romance, el enamoramiento, así como aflora en Godard el compromiso con sus semejantes. ¿Finalmente que es todo el viaje del agente Lemmy (Eddie Constantine), en éste noir, en éste cine criminal, mezclado con sci-fi de bajo presupuesto?; es el rescate de una autómata (la bella Anna Karina), es aprender la palabra amor, la palabra ahora repudiada, prohibida, porque ya no se quiere proponer poesía, sino que simplemente se disponen de cuerpos al servicio de uno. No hay que ser moralista en exceso, el sexo es junto al comer y el sueño generadores de felicidad y paz, y uno puede disfrutar de la libertad sexual, sobre todo si es joven o sin ataduras, pero no podemos desestimar que lo que nos define como humanidad es esa palabra significativa llamada amor, y eso hace que la vida no sea sórdida y solo carnal, sino que exista poesía, romance, observando que el mundo se embellece mediante sus abstracciones. Tampoco se trata de una sobredimensión de complejidad o, peor, caer en la oscuridad, sino en lo útil y que deriva sin problemas o con cierta facilidad en lo vivencial; de la misma forma también todos podemos aprender, el mundo puede ser siempre mejor. Una vida práctica debe ser sinónimo de una existencia sana, la sencillez arrulla tranquilidad, hay que buscarla, tal cual esas escenas de acción de combate de Lemmy donde Godard hace ingenio aunque con toque arty de goce primario.
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