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sábado, 6 de marzo de 2021

Druk (Another round)


Ésta película, candidata por Dinamarca, es la favorita a ser nominada a película internacional en los Oscars 2021. La dirige el danés Thomas Vinterberg, un director ciertamente talentoso, aunque como la mayoría con altibajos en su filmografía. El guion corre a manos de Vinterberg y de otro director de cine danés, Tobias Lindholm, que antes han trabajado juntos como guionistas -con la dirección de Vinterberg- en The Hunt (Jagten, 2012) que fue nominada al Oscar 2014 a película internacional, igualmente con el hiper talentoso actor Mads Mikkelsen. Lindholm, con A War (Krigen, 2015), película que dirige y es guionista en solitario, también fue nominado a mejor película internacional en los Oscars 2016. Vinterberg después de Lars von Trier debe ser el director de cine más conocido de cine arte de su país. Trier es polémico, públicamente torpe y hambriento de notoriedad, y por ello mucho menos querido, aunque más curioso y original en general. No obstante Vinterberg tiene harto talento para hacer cine amable con autoría, notable, realmente bueno. Druk (2020) tiene la tesis de que el ser humano necesita de cierta cantidad de alcohol en el cuerpo como algo positivo para su desempeño social e intelectual, como también para ser feliz. Esta premisa se pone en práctica en el filme, incluso literalmente. 4 amigos de mediana edad toman para hallar equilibrio en sus vidas, trabajos y familias. En el trabajo uno podría pensar que más bien surge una desventaja al no estar uno en todos sus reflejos, pero curiosamente en el filme los 4 amigos, que trabajan en el mismo colegio, en distintas áreas, como profesores, muestran mayor capacidad y sobre todo empatía con sus alumnos (algo que tampoco es poca cosa). El protagonista central de los 4 amigos es Martin (Mads Mikkelsen), tiene problemas conyugales, y poco a poco el alcohol se convierte en su escape mental y anímico. Todo podría conducir a la obviedad de convertirse uno en un alcohólico, pero el filme que está al tanto del lugar común logra trascender, tiene habilidad como historia; hay algo de caos por andar medio borracho, pero no es definitorio, ese no es el mensaje (no es un mensaje moralista o no va por ahí, sino sería anti-moderno, cosa que nadie quiere ser finalmente), aun cuando Dinamarca es un país en especial de exceso en su juventud etílica -entiéndase por ello de cierto caos y anarquía-. Esto es parte de un conjunto (lo negativo del alcohol), que tenerlo en cuenta es razonable e inteligente, no se puede negar, pero tampoco ser absoluto. La tesis del filme no aprueba ni desaprueba en totalidad la ingesta de alcohol, ni una ni otra, es como decir, es bueno el alcohol efectivamente, pero con cuidado, porque podemos terminar fatal, como perder el trabajo, destruir la estabilidad familiar y nuestra reputación, en lugar de mejorar en estos aspectos, como es lo que se busca. El filme también trata con la edad y el envejecimiento -cosa que nos compete y nos competerá- y todo lo que conlleva, en que gente mayor puede y quiere mantener el espíritu fuerte, la intensidad, el espíritu joven, aunque es inevitable que la juventud es más osada y más extrema, menos reflexiva si se quiere. Pero el filme pone a gente de mediana edad a comportarse como muchachos en cierta manera, y no los juzga, esto porque simboliza vitalidad y alegría, frente a un apagamiento que estos amigos sienten producto de sus responsabilidades familiares y trabajos sin apasionamiento, pero también es (algo) cosa de actitud, si bien parece un poco irremediable que la edad trae consigo aburrimiento por llamarlo de manera simple. No obstante es cuestión ciertamente de personalidad, claro; de automotivación existencial. No de ser chiquiviejo (diría yo), sino de como nos vemos y lo enfrentamos. El filme busca el alcohol y cierta nostalgia por quienes fuimos de jóvenes, como quien te dice sutilmente que no dejes apagar ésta mecha de locura juvenil. Aunque disminuya, te dice, no la mates, no te dejes morir en las monotonías y en lo agotamientos. Al final es como el baile del que todos los amigos hablan, del baile legendario de Martin, que promete ser célebre y ciertamente lo es. Muy bien Mads Mikkelsen aquí en particular (dentro de una actuación sólida, digna de nominación, digna de uno de los grandes actores del cine), la coreografía o el doble o todos juntos.

miércoles, 24 de abril de 2013

La caza


Uno de los nombres más famosos del cine actual de Dinamarca es el de Thomas Vinterberg que junto con Lars von Trier fundaron el Dogma 95 y de quien su película, La celebración (1998) fue el emblema de dicho movimiento cinematográfico. Ya con la madurez que le otorga una nutrida filmografía nos trae la presente que gira alrededor de la declaración de una niña que dice que un adulto de la guardería a la que asiste le ha enseñado los genitales. Eso crea toda la ira del pueblo, de los amigos y conocidos de dicho personaje. Incluso pone en juego su nueva relación afectiva y le crea mucho dolor a su hijo que solo puede verle en contadas ocasiones por no estar en su custodia al yacer divorciado. El acusado se llama Lucas (Mads Mikkelsen), el que instantáneamente ha pasado a convertirse en un tipo apestado y repudiado de ser un hombre probo, querido y hasta admirado por su nobleza, por su ecuanimidad y su alegría para compartir en su trabajo con los niños. Para luego hallarse solitario, esta vez no por iniciativa propia sino por la dura realidad que le acontece.

El filme es bastante equilibrado en tanto los ataques como las reacciones liberadoras aunque tiene una dirección y no es la más típica claro está, quizá por ello se echa en falta un cierto efecto mayor para con el espectador, porque esto termina ocurriendo, crea una cuota de indiferencia, sin embargo esto tiene de valioso e inteligente porque no se regodea en un tema polémico, provocativo, de los que suelen confraternizar con las emociones del público y compenetrarlo hasta dirigirlo hacia el punto clave, contra la fuerza de donde proviene ese abuso tan chocante para nuestras consciencias y sentimientos humanos, el enfermo detrás de la pedofilia . Es decir no busca la manipulación primaria pero tampoco nos entrega una dramatización demasiado poderosa (le pesa mucho el temor a transformarse en un telefilme ya que el asunto es siempre proclive a serlo, hoy en día tocar sucesos similares ya es visto como un melodrama tópico), y no es que se extrañe un efectismo barato sino hilar en el arte que sin utilizarnos nos haga asumir el tema en toda su magnitud, y en ello desgraciadamente le falta un poco, no obstante se entiende porque sus alegatos son otros, su base aun así tiene buena firmeza porque lo que quiere es ponerse en el sitio de Lucas.

Predomina un velado estudio donde estaría nuestra violencia reflejo o respaldo (aun no siendo exacto), la que exuda e instiga un acto tan vil, como el abuso sexual infantil, que nos vuelve irracionales frente a ello, que nos convierte inmediatamente en verdugos, que como vemos anticipa las conclusiones y las investigaciones policiales, de ahí que la propuesta prefiere enseñarnos nuestra reacción, hacernos ver nuestros pensamientos figurativos y desde ahí no podemos quitarle su toque de virtud argumental esencial. Sin embargo también puede ser algo banal, y hasta peligroso (aunque es inevitable en todo el tema, optando por la atención del otro daño, el otro peligro innato), dando el filme forma y luz al ente acusado con características que lo envuelven en un aura de heroísmo. Se enfrenta a la enajenación del conjunto justificada a un punto pero prematura por la naturaleza de creer que los niños no mienten aun acosta de olvidar a quienes señalan; lucha contra el abuso y la injusticia, habiendo una paradoja, es decir reina el caos, la confusión, y todo por una sensibilidad y moral que aturde aun teniendo un sentido que la avala pero que se remite a lo que significa y al nexo afectivo general y directo con la “victima”, un ser humano indefenso e inocente, más que a los hechos consumados.

El director danés comprende seguramente el doble papel del conflicto pero opta por la posición menos tocada, la más endeble en cuanto a tener defensa; interpreta como que se pueden cometer errores, que subyace una pasión que nos ciega por completo, Vinterberg plantea apoyar a un hombre en un caso aún no demostrado de pedofilia, no cabe duda que es algo duro de decidir y lo que escoge algo en parte atrevido, porque el filme se enfoca en ello aunque tiene a favor –o no- que lo explaya hacia ese lado aún sin develar el desenlace. Y es que uno teniendo la noción de que es un filme europeo no sabe cómo terminará, vas temblando mientras lo ves, subyacen muchas naturales expectativas aunque el autor las disminuye, las vuelve más ligeras, no obstante el final resulta una ineludible revelación. Hasta el último minuto uno desconfía de todos.

El filme se enfoca además en la amistad, hay una fuerte carga sobre esto en la trama, entre el padre de la niña de la coyuntura (lo que hace la historia más peliaguda), interpretado por Thomas Bo Larsen, y el papel de Mads Mikkelsen, escogido mejor actor en el Festival de Cannes 2012 y que con su labor sostiene fehaciente que se haya convertido en el más destacado de su país en su profesión, uno de los nombres que giran alrededor del mundo. Su exuberante enojo en el toque de fondo en la iglesia tras la docilidad y tranquilidad de su personalidad en todo el relato es uno de los momentos más prodigiosos en cuanto a haber asumido -y revelar- tanto sufrimiento enclaustrado, siendo vital en este filme, ayudando a generar el toque pequeño pero necesario de ambigüedad y el solvente respaldo que se engendra en su hechura, en su semblante tan sugerente sin caer en la abierta expresividad, el demostrar un autocontrol convincente y aun con esto poner sentimientos en su personaje.

Toda la recreación con bastantes características no urbanas, como los bosques, el nado en el río o la cacería son impecables, denotan una cierta vuelta en el pasado pero notablemente no juegan a ninguna caricatura de incivilización, que sería lo más manido y fácil, sino más bien es un relato que conjuga aristas como con aspectos bastante modernos. El tema es instintivo, apela a nuestra más profunda humanidad y eso no es anacronismo. Pero hay que decir que más funciona la adaptación del entorno geográfico del título, la caza (en el original “Jagten”) que su metáfora, porque esta tiene un alcance menor, no es algo que impresione, el venado representa la inocencia, aunque el alegato de su muerte con la exposición del filme nos deje pensando, nos otorgue una lectura extra a tener en cuenta y sea coherente con lo que hemos presenciado, que de eso hay mucho y todo en el aire relajado de Vinterberg.