El director de la película, Eduardo Casanova, es algo polémico, le gusta que estén hablando de él y hay gente que se lo toma demasiado en serio y siente antipatía hacia su persona, y esto rebota en apreciar su trabajo a veces de mala manera. Lo cual es injusto. El presente filme se puede decir que tiene algunos defectos, es una obra muy libre y por lo tanto va a conseguir equivocarse por momentos, pero en general es una propuesta muy entretenida, buena. Tiene gran intensidad. Hay un diálogo frenético y super irónico entre 4 hermanas vampiras rodeadas de blanco y rosa. Tienen tremendo maquillaje y prótesis. La recreación de las vampiras es de primera. Los diálogos fluyen con harta velocidad y nunca dejan de tener humor y dar plenamente en el clavo diciendo cosas curiosas e interesantes para el oído del espectador ansioso de divertirse y eso da mucho, tenemos harta diversión. Se nota que Casanova goza haciendo ésta película. Tiene escenas potentes, impactantes. Muy rebeldes. Hay partes de musical que salen de pronto y otorgan novedad y un poco de risa. Es una comedia de muy buen nivel, aun cuando puede ser esperpéntica. Lo del enano vendedor de sangre artificial no es lo más óptimo, no es el mejor chiste, y la línea del SIDA se siente muy superficial, pegada en realidad apenas a la narrativa (aun con obvia conexión de estigma vampiro-enfermedad), no aporta gran cosa, pero el filme en conjunto ostenta más de virtuoso. Maria León con tacos altos desnuda es muy erótica, muy bella, un deleite para la vista, aun como drogadicta. La parte del futuro tampoco es lo mejor, pero se entiende la idea, de que los homosexuales no se oculten, enfrenten su opción sexual a puertas abiertas. Se les iguala con los vampiros, con que los quieran matar siempre, que les tengan rechazo tan virulento. Para esto hay varias generaciones desencantadas, pero el final es positivo, optimista. Es una película que es un poco punk y puede herir susceptibilidades, pero cuando vaya al festival de Sitges, de aquí a unos 45 días, todo apunta a que será recibida con entusiasmo por muchos. Se pudo haber afinado más, sí, para hacerla mejor, pero éste tipo de filmes locos y muy libres también arriesgan bastante. Se nota que Casanova ama el cine, quiere ponerle su identidad, hablar de sus preferencias y lo que a él le emociona. Es una obra con mucha personalidad. En el futuro, pensar un poquito más, demorarse un poquito más, será productivo, pero no obstante no debe perder ese glorioso espíritu punk que brota tanto, su libertad, porque hay escenas muy desopilantes, que te mantienen gozando. Menciono especialmente a otra actriz, la joven Lucia Diez, de 29 años, muy bella, talentosa, prometedora.
miércoles, 20 de agosto de 2025
78 Festival de Locarno: Silencio
El director de la película, Eduardo Casanova, es algo polémico, le gusta que estén hablando de él y hay gente que se lo toma demasiado en serio y siente antipatía hacia su persona, y esto rebota en apreciar su trabajo a veces de mala manera. Lo cual es injusto. El presente filme se puede decir que tiene algunos defectos, es una obra muy libre y por lo tanto va a conseguir equivocarse por momentos, pero en general es una propuesta muy entretenida, buena. Tiene gran intensidad. Hay un diálogo frenético y super irónico entre 4 hermanas vampiras rodeadas de blanco y rosa. Tienen tremendo maquillaje y prótesis. La recreación de las vampiras es de primera. Los diálogos fluyen con harta velocidad y nunca dejan de tener humor y dar plenamente en el clavo diciendo cosas curiosas e interesantes para el oído del espectador ansioso de divertirse y eso da mucho, tenemos harta diversión. Se nota que Casanova goza haciendo ésta película. Tiene escenas potentes, impactantes. Muy rebeldes. Hay partes de musical que salen de pronto y otorgan novedad y un poco de risa. Es una comedia de muy buen nivel, aun cuando puede ser esperpéntica. Lo del enano vendedor de sangre artificial no es lo más óptimo, no es el mejor chiste, y la línea del SIDA se siente muy superficial, pegada en realidad apenas a la narrativa (aun con obvia conexión de estigma vampiro-enfermedad), no aporta gran cosa, pero el filme en conjunto ostenta más de virtuoso. Maria León con tacos altos desnuda es muy erótica, muy bella, un deleite para la vista, aun como drogadicta. La parte del futuro tampoco es lo mejor, pero se entiende la idea, de que los homosexuales no se oculten, enfrenten su opción sexual a puertas abiertas. Se les iguala con los vampiros, con que los quieran matar siempre, que les tengan rechazo tan virulento. Para esto hay varias generaciones desencantadas, pero el final es positivo, optimista. Es una película que es un poco punk y puede herir susceptibilidades, pero cuando vaya al festival de Sitges, de aquí a unos 45 días, todo apunta a que será recibida con entusiasmo por muchos. Se pudo haber afinado más, sí, para hacerla mejor, pero éste tipo de filmes locos y muy libres también arriesgan bastante. Se nota que Casanova ama el cine, quiere ponerle su identidad, hablar de sus preferencias y lo que a él le emociona. Es una obra con mucha personalidad. En el futuro, pensar un poquito más, demorarse un poquito más, será productivo, pero no obstante no debe perder ese glorioso espíritu punk que brota tanto, su libertad, porque hay escenas muy desopilantes, que te mantienen gozando. Menciono especialmente a otra actriz, la joven Lucia Diez, de 29 años, muy bella, talentosa, prometedora.
sábado, 16 de agosto de 2025
2551.03 - The End
El cine austriaco por una gran parte, como identidad cinematográfica, siempre busca retarse, en sentido de anhelar generar shock en los espectadores. Quizá sucede más así para los de afuera. Romper los límites. Como que enarbola el pensamiento que uno debe verlo absolutamente todo sin miramientos, tal si se encomendara a ser el difusor del realismo sucio del planeta o para el caso de una fantasía (submundo) lumpen, sentado sobre la base de lo miserable. El director Norbert Pfaffenbichler nos entrega una película sci-fi underground y digámosle experimental. Cierra su trilogía sobre un mundo apocalíptico, distópico, luciendo una tendencia lúdica con lo monocromático, homenaje al cine mudo, en el interior de una película cargada de energía, del espíritu de las películas de acción. Como menciona un slogan del filme, no existen tabúes para ésta obra y vemos hasta un buda crucificado o partes humanas (pequeñas cabezas) como alimento. El contexto es que hay una "humanidad" metida en lo que asemeja catacumbas, pasajes subterráneos, túneles. Estos sobrevivientes de una especie de explosión nuclear llevan máscaras de carnaval, muchos de arlequines o hasta algunos sacos con huecos o del tipo del KKK. Así vemos al protagonista, lleva una máscara de simio llena de piercings -hasta el típico de hoy en día, en la nariz- mientras el dictador de éste universo carga una máscara de un sol carnavalesco o el atributo de una planta carnívora. Ésta trilogía se une de manera sencilla a las otras, es una continuación que es efectiva por sí sola. El protagonista de la máscara de simio, que tiene de Hellboy pero mucho más básico (todo lo que vemos igualmente parece sacado de la imagen de algún infierno), lleva un abrigo que dice atrás: niño perdido, como en las cajas de leche americanas, y a él se le ha perdido uno y puede que él mismo lo haya sido. Lo encontrará como sirviente del dictador. Éste sirviente traicionará al régimen dictatorial por salvarlo en repetidas ocasiones. Es un filme que busca la novedad en los alrededores, en los pasajes/paisajes-túneles por los que pasa el héroe simio. El shock en todas partes. Así hay mucho paganismo, sacrilegio, o satanismo como salido del heavy metal, debajo de éste universo imaginativo, que es cine mudo sin intertítulos. En mucho es una película del shock estético/visual, mientras va de simple como narrativa. En una secuencia nuestro héroe simio recolecta arte moderno, en plan de reciclador. En una galería de "arte" para privilegiados pronto hay una ofensa producto de la soberbia y surge el caos. Llegan guardias con trajes salidos de una cuarentena. El héroe simio es muy torpe y siempre queda encarcelado. Tenemos un momento bastante freak y complejo cuando el protagonista se mete en una casa pequeña de madera que tiene mucho de utilería en lo visual y es introducido en su propia consciencia. Pelea, luego de tener sexo, con su propia identidad sexual, y termina hablando de curar su memoria. Toda ésta parte resulta a cierto punto ingeniosa. Bajo una luz blanca potente que te ciega los ojos, la cual desaparece contornos. Nos mete en un paraje onírico. El simio necesita retornar, que expone cierto clásico estado psicológico. El simio llega a estar totalmente fuera de sí, entra en plan Rambo-Wolverine-ConanElBárbaro, pero con mayor rudeza de explicites. La meta es matar al dictador y de eso va toda la película, igual que en el desierto apocalíptico de Mad Max, cuando se da cuenta finalmente que no se puede vivir bajo éstos regímenes de putrefacción (como nadie racional tampoco), aun cuando yace normalizado lo miserable en lo que los restos del planeta parecen un enorme mercado de baja catadura. Incluso los juguetes infantiles son réplicas de pequeños cadáveres. Hay escenas que parecen salidas de videoclips metaleros. De esa manera se divisa a una especie de striptisera de magia negra. Es una película curiosa, tiene su cuota de personalidad, aunque se percibe un poco ya vista, salvando montar algo con el sello del bajo presupuesto. Tal cual reza, es un viaje underground literal. Todo muy austriaco.
viernes, 15 de agosto de 2025
78 Festival de Locarno: Nova '78
Éste documental lo dirigen Aaron Brookner y Rodrigo Areias. Se basa en la restauración (y composición) del material que filmó Howard Brookner, tío de Aaron, durante La Nova Convention de 1978, un encuentro de 3 días en New York en honor de las ideas de William S. Burroughs, quien estuvo presente en todo el proyecto donde ejerció de inspiración. Hubo encuentros, performances, musicales, exposiciones poéticas de índole alternativa, experimentales, representando a la contracultura, con rostros muy representativos de la época de los que muchos han quedado consolidados vistos desde la actualidad. Burroughs con 64 años asiste a comidas, habla de política interna e internacional y hasta acompaña/participa directamente de algunas performances. Es la contracultura representada en su figura. Burroughs es todo un personaje. Sale jugando con un cuchillo que lanza a una mesa, disparando armas hablando de una cierta asociación de autodefensa de minorías. Frontalmente defiende en un pasaje a la homosexualidad en EEUU del ataque de un político. El mismo Allen Ginsberg refleja en todo momento esa apertura sexual y es muy cercano de Burroughs. Ginsberg también hace una performance en honor de su amigo. La Convención tiene exhibiciones donde se habla de arte sin encasillarla, donde prima mucha libertad que hasta dudan definiéndola, lo hacen reduciéndola a cualquier expresión, como propio del arte moderno, quitándole toda grandilocuencia, por ello muchas de las performances pueden ser un poco ridículas o de muy poco formalismo o bastante como en estado bruto. Se siente si bien algo de intelectualidad -hay escritores, psicólogos, filósofos presentes, pertenecientes a la contracultura- también un cierto aire hippie, de mucho relajo. No obstante Burroughs viste con traje y es un hombre mayor y así es su imagen, el que a ratos puede ser distante, aunque pinta de viejo medio loco, de aspecto literal formal pero perteneciendo a lo extravagante. Se ausculta, se fundamenta, la idea de arte que tenía ésta especie de comunidad liderada por Burroughs, que era como autoadjudicarse de futuristas, como si fueran a ser ellos el futuro, quienes son, como se expresan, como se comportan, que hacen, así íbamos a ser o eso creían, jugando un poco a lo sci-fi en los discursos. Aluden los sueños como viajes a otros planetas y esos sueños lo viven a través de convertirlos en arte, sueño literal -aunque no tan inconsciente- que muta en revelación puesta en práctica, así como cada performance señala algún pensamiento de Burroughs, a quien llegan a llamar un tipo de profeta o visionario. Oímos el método que tenía Burroughs para generar arte. Es todo un gurú, quien llega a decir que deberían escuchar más a Andy Warhol para que el mundo sea mejor. Pasea en carro por Manhattan a lo Cosmópolis (2012). Se puede ver claramente porque quiso Cronenberg hacer The naked lunch (1991). Se defiende el uso de drogas con Timothy Leary que exhibe un panel de debate. Éste Leary recuerda a Altered States (1980), lo que es recoger el pensamiento de una época de experimentación. Las performances llevan un estado de cierta ironía aunque leve hacia el statu quo si bien el documental nunca lo hace motivo central. La composición escoge un camino que tiene mucho de show de variaté. Hay una sola escena donde algunos policías yacen como vigilantes afuera del teatro de la convención, pero pasa por poca cosa, nada especial. Estos performers parecen un poco niños fastidiados, mezcla de imperfección y libertad, pero se percibe más ironía que furia. Más hay calma. Cuando la cámara enfoca los rostros de estudiantes, o los jóvenes seguidores de rockeros outsiders, el público presente, muchos si bien fans tienen cara de sorprendidos, como quien mira algo que no comprende del todo. Las poesías recitadas tienen un cierto aire a lo Ed Wood, aun cuando lo hace gente de cierto renombre. Tenemos presentaciones de Philip Glass, John Cage y de Laurie Anderson, pero todo desde lo austero. No se puede negar tampoco que de lo que vemos parece el club de los loquillos. Detrás están esos estudiantes que aman literalmente lo arty, que la viven como se podría decir. Burroughs hace una performance de una autopsia y no tiene nada que envidiar a ninguna película de terror. Las mejores performances son las de Patti Smith y Frank Zappa. Zappa dice que no le gusta leer literatura, pero dentro de sus excepciones le encanta Naked Lunch (1959), aunque para muchos seguramente es más fácil identificar Yonqui (1953). Zappa lee un pasaje del libro, compartiendo su entusiasmo. Patti Smith ante la ausencia de Keith Richards (Susan Sontag también se escapó), que dijo iría a la convención, bromea con que no tiene en realidad mucha importancia que no esté presente. Ofrece 12 dólares en total pensando en los que pedirán su devolución por no estar él. Patti Smith canta y toca en honor de Jim Morrison, a 7 años de su muerte. Luce el encuentro de muchos amigos. Es un documental atractivo como experiencia de una época.
domingo, 10 de agosto de 2025
Santiago
Lo primero que anotar de éste filme es que el director de la película el brasileño Joao Moreira Salles dice que el documental es más su mirada que la de quien se basa. Queda claro que Moreira Salles aplica su subjetividad y hasta dice que el documental no refleja una relación afectiva próxima horizontal -haciendo un especie de mea culpa como conclusión- sino la del hijo del patrón y el mayordomo que sirvió fielmente a su opulenta familia durante 30 años. El filme se basa en el mayordomo argentino Santiago Badariotti Merlo. Él le habla a la cámara de quien es, a qué entregó su tiempo, su existencia, y en que lo ocupa actualmente. Ésta subjetividad del director llega a decir o dar a entender como que de cierta manera Badariotti ha desperdiciado su vida (como un tipo de Iván Ilich proletario), como quien habla de diferencias (luchas) de clases, deberes, y realmente ser libre y hacer lo que a uno le plazca, o poder hacerlo, como que la vida lo ha limitado y el propio Badariotti se ha autolimitado en esa caja social. Se puede entender que ésta subjetividad de Moreira proviene de cierto socialismo, aun cuando él representa justamente otro lugar de la pirámide. Igualmente se puede tener la lectura de que le habla a todo el mundo, en ser uno mismo y hacer lo que de verdad llevamos en el corazón, más allá de cualquier limitación, aunque suene un poco a algo ilusorio, fantasioso, un simple arrullo moral, si bien motivacional, o quizá puede que a un poco de cinismo. Lo que se equivoca el filme es que Badariotti parece que sí hizo lo que quiso, sólo que muchas veces le damos importancia a cosas que la muerte terminará olvidando o minimizando bastante, que le pasará hasta al más narcisista. No podemos ocultar que la muerte no engaña, es implacable. Así como quienes son realmente autónomos dan lugar a lo que realmente quieren, aunque el mundo tampoco se lo pone fácil a la mayoría y muchas responsabilidades, lo que implica madurez, también requieren de mucho sacrificio. Pero a grosso modo no es tampoco arduo optar por cosas simples que el mundo tiene mucho de ello, más allá de cualquier cuento publicitario de excepcionalidad, incluso de casos particulares. Badariotti pasó muchas décadas recopilando, escribiendo, sobre las aristocracias del mundo. Como Moreira Salles tiene un cierto aire socialista o puede que sea un tipo de disculpa esto le parece una especie de perdida de tiempo, como hablando de cierto absurdo. Te da por recordar Ikiru (1952). Suena lógico pensarlo de cierta manera, más allá de la simpleza de la escritura, apuntes, o porque está copiando, como hace la mayoría, y no creando en realidad nada, que eso es lo más complicado, raro. Recopilando, citando, archivando simplemente. No obstante sin duda esto lo ha mantenido entretenido, un hobby que lo ha tenido entusiasmado por años. Él mismo dice que con esto ha vencido la soledad en su vida. Badariotti gusta de la alta cultura, se nota instruido, le atrae la música clásica, el teatro, la ópera, las plantas, lee mucho. Habla de manera sencilla, pero mucho de todo eso que le gusta. Se podría decir que es culto, "pobre" pero culto. Tiene una personalidad bastante expresiva. Denota mucha soltura, mucha facilidad de palabra, relajo, incluso un poquito de extravagancia. En un momento a lo Godard quiere que le filmen sólo las manos en movimiento. Cosa a la que accede enseguida el director. También se ha de apuntar que le piden que toque las castañuelas, recuerdo de infancia del mismo director. Uno pensaría, no sé, que lo va a hacer mal, tras tanto entusiasmo alrededor, pero lo hace de manera que brota mucha gracia en su performance, y efectivamente tiene su encanto, y así todo el documental. Es un personaje con sus aires -tiene su notorio engreimiento- pero que aun así cae naturalmente simpático. Uno hubiera pensado que el filme se enfocaría en su clase social, del tipo reivindicativo, como se suele estilar, también porque eso es de más fácil empatía que justamente hablar de lo que muchos llaman lo burgués, pero no es así, sólo al final se le coloca una reflexión general de esa índole que engloba todo el producto. El filme luce muy suelto, harto fluido, aun cuando vemos que le dan muchas instrucciones como si estuviera en un comercial de televisión. Es un documental entretenido, simple en realidad. Lo vemos a Badariotti en gran parte hablando desde su cocina y tiene sus buenas anécdotas. También revela sobre la opulencia de los Salles. El padre fue diplomático y ministro, pertenecía a la élite de su país. A Badariotti se le ve que le gustaba ser mayordomo, le encantaba la vida de los ricos. Como no pudo serlo ésta ha sido su manera de pertenecer a ese mundo al que le dedicó toda su existencia, dentro y fuera de su labor. El documental también alude a analizar que pasos seguir para hacer un trabajo cinematográfico que pase por interesante para mucho público, asunto que se nota porque hay más de una década de diferencia entre el primer intento y concluirlo. Indaga con la voz en off por donde moverse. Alude tres planos estéticos, tres fotografías representativas. Piensa en Werner Herzog. Así mismo parece implicar querer ser auténtico y de esto que suelte un mea culpa que más que destruir lo que ha hecho es en el fondo que lo justifiquen los demás, como quien se presenta humilde para ser aceptado. No está mal, porque es un documental solvente, el personaje por sí mismo vale haber intentando el filme, había materia. Es mejor personaje de lo que muchos pueden creer, si bien éste trabajo revela la liviandad de la existencia, pero no solo la de éste mayordomo, sino la de todos.
sábado, 9 de agosto de 2025
A Falecida
Ésta es la ópera prima del brasileño Leon Hirszman basada en la dramaturgia del célebre autor de su país Nelson Rodrigues, con guion de Hirszman; y del legendario director Eduardo Coutinho, en el segundo guion de su carrera y antes de hacer un largometraje. Es una película que hace pensar en la representación en el cine, puesto que la identificación y la empatía de ideas -más allá de ser discreto o tratar de ser lo más polite o neutral posible- puede ser punto importante en que una obra se vuelva o popular o exitosa, que no obligatoriamente tiene que ver con crear trascendencia, profundidad o arte. En épocas donde la reivindicación de la mujer, su hegemonía, es notoria como búsqueda, sumando el feminismo tan ubico del presente, desde en particular la liberalidad o el alejamiento de la figura familiar ésta obra juega en esa cancha, no obstante driblea la pelota para ambos campos aunque no igual, para así terminar dando a todos un poco o algo de favoritismo. Se exhibe a una mujer que dice abiertamente en un momento (en el tranvía) que ninguna mujer debería pertenecer a ningún hombre, es decir, clama su libertad sexual, que sería su soltería pensando normalmente, pero ella está casada y secretamente desilusionada de su marido, o sea, descontenta de su matrimonio, donde no hay hijos y sólo una vez se hace mención de ésta ausencia como un especie de deterioro, en voz de mujeres mayores. Zulmira, en la performance debut en el cine de la talentosa Fernanda Montenegro con 36 años de edad, guarda un secreto muy importante para ella, el que le dejará como despedida en su lecho de muerte a su marido, Toninho (Ivan Candido). Zulmira misma le indicará que hacer y como toparse con la que será tremenda sorpresa, compartir una desilusión -como quien quiere que padezcas tanto como la misma persona- y hasta humillación desde distinto lugar. En un comienzo el filme se pone extraño, Zulmira quiere que su prima se muera (no tenemos aun background), a poco de que se le señale por una adivina que una rubia le quiere hacer daño. Por boca de Toninho, Zulmira piensa justamente en ella. Hay un odio palpable hacia ésta prima, incluso sabiendo de sus desgracias. En cierta manera porque Zulmira no puede ser como su prima, una mujer que fue su mejor amiga de joven y vive en su mismo barrio, pero de la que yace distanciada. ¿A qué se debe ese odio? La prima yace en fuera de campo. Lo sabremos cuando se devele el secreto dedicado especialmente para Toninho a quien lo veremos llorar al final, cuando se cumple (y ya no sirve) su anhelo de dinero. Toninho ciertamente no es el marido perfecto, pero se le puede ver como semejante a muchos, demasiado simple para su propia salud, de cara a cierta "sofisticación" de su mujer, aun cuando en mucho ella es bastante pedestre. Zulmira no puede ser la típica mujer del hogar, como lo ha logrado ser su prima. Ella siente enojo recordando o dando a entender que su prima fue una mujer muy caliente digámosle. Quisiera que su marido la haga pecar. Zulmira -quien es un personaje por naturaleza exagerado- lleva un peso social, por eso quiere morir, y en lo que parece un sutil surrealismo su deseo se cumple como por arte de magia, como el sueño húmedo de un fetichista. Ella misma clama que si quiere morir, ella lo hará, porque manda sobre sus designios. Como se puede leer también es una critica a la religión, a los designios de Dios. Ésta propuesta parece enfrentar simbólicamente la playa con la biblia, cosas que son bastante representativas para Brasil en especial. La película, a través de Zulmira, es astuta y debate con el marido su situación existencial. Hace que Toninho de cierta manera la apoye moralmente con sus pensamientos donde el sexo es importante, sólo que Toninho no sabe que piensa en realidad debajo de todo y en eso el filme parte de misterioso y un poco raro. De pronto como que a Zulmira se le ha metido en la mente matar a su prima. Lo dicen los de la funeraria, que son capitalistas netos, si bien de barrio. Timbira (Nelson Xavier) es el seductor amante de las Zulmiras, le encanta la idea de que absolutamente todas las mujeres sean objetos sexuales, cero ataduras, cero formalismos. Es como decir que el formalismo (el deber, el sacrificio) es para tontos. A razón de la intención de dar un golpe, como dicen, estos llaman locas a las mujeres, difíciles de entender. Inesperadas. Inclasificables, se podría decir. Pero Zulmira se explicará bien finalmente, es una inconforme de los roles sociales, y proclamará la liberalidad. Parece decir: nadie nos quitará lo bailado, aun cuando Toninho querrá una pequeña revancha, algo como para que no sea el filme una burla, que hoy en día algunos aplauden. La reivindicación económica se presenta tal una lectura de lucha social, del incólume al dolor y al amor, o ponerle precio a todo, pegar de proxeneta. Es una película donde todo el mundo a fin de cuentas pierde, a razón de quien hizo lo que le dio la gana sin importar consecuencias, es así que morir es una justificación, tras el delirio. El entierro exhibe melancólica ironía, si bien el muerto no siente nada. El hombre pensando en el billar y en los partidos de fútbol es así visto de canalla. Lavarse las manos no suena a ningún crimen -que hasta más de uno se ríe de la ocurrencia-, pero hasta allá puede llegar la peculiaridad de un cliché. Toninho parece simplemente poca cosa, aun cuando la lectura de justicia social no lo verá así. No obstante las expectativas pueden ser el verdadero detonante. El conocimiento de la esencia. La inconformidad de una vida simple, donde no hay héroes, donde no hay aventura. Zulmira quiere dejar en claro su punto frente al mundo, he ahí el verdadero factor de la ambición del lujo último. La última revancha existencial diría Zulmira. En una escena llora por algo que parece ínfimo, en realidad es el enrostre interior (enferma de convenciones sociales). En otra escena (catarsis), ríe sensual/libre frente a la lluvia bajo otra introspección elíptica. No obstante el filme se apiada un poco del pequeño homo sapiens.
domingo, 3 de agosto de 2025
Punishment Park
Punishment park (1971), del inglés Peter Watkins es un filme político y social frontal, se le podría llamar el filme definitivo de una época, que refleja en toda fuerza el conflicto entre los jóvenes socialistas y el gobierno americano. Los jóvenes americanos defienden a las minorías, combaten/rechazan la guerra de Vietnam y hacen notar las diferencias sociales, la pobreza de su nación, aun cuando EEUU es un país rico y lleno de oportunidades. Se contextualiza en el gobierno de entonces, el de Nixon. El filme es curioso porque es un falso documental, pionero en su tipo. Muy realista cogiendo lo histórico, su tiempo, y también es un thriller, una película de sobrevivencia, donde los policías y militares persiguen a los jóvenes rebeldes, activistas, por el desierto, con la consigna de que intenten huir/llegar hacia una bandera americana (como si les dijeran que le demuestren amor a su nación, tal si fuera un acto de redención o una cura) para al poco tiempo ser perseguidos en un juego donde se insta a pensar en la brutalidad policial y la represión. Es una película que aun siendo tan clara políticamente se da bastante entretenida. A pesar de cierta posible incomodidad es harto dinámica e intensa. Hay juicios donde se da a escoger a los jóvenes revolucionarios entre ir a la cárcel o entrar al punishment park. En estos juicios se ven a los jóvenes fuera de sí, defendiendo con mucha energía sus ideas, frente a jueces y conservadores que chocan ideológicamente de manera abierta, mostrando la furia de ésta juventud y la misma furia del otro lado. Se representan las ideas de cada bando de forma potente, si bien la postura que se expone más es la de la contracultura. Policías y activistas son entrevistados, expresan sus posiciones, enfocándose en la reacción a las protestas. En la huida se desarrolla enfrentamiento y mueren oficiales y también muchachos rebeldes. Se analiza la violencia que se genera por las ideologías. Los malos parecen ser los perseguidores que se ven bien básicos -siguen ordenes; dicen defender simplemente a la gente que paga sus impuestos, manifiestan que no hay otra cosa en ellos- pero uno no empatiza fácilmente con los jóvenes revolucionarios que vemos en pantalla. No son expuestos pacíficos o naturalmente tratables, sino histéricos y hippies, aun cuando pueden verse algunos promedio. Hay un retrato que refleja a la gente en esencia, con su -algo visto- hoy a estereotipo. Cuando el filme se pone distópico, o a lo 1984, en el juego de punishment park parece que estamos ante un thriller puro y duro o la emulación de un juego de video y se vuelve enormemente disfrutable. A esa vera puedes leer toda la política como superficial, como un background de personajes de acción o como jugadores que hacen una presentación o introducción antes de empezar éste especie de juego mortal mediático. La prensa tiene un rol en ésta exposición de época, que muestra muy lógico al formato documental, aunque los policías los señalan de interesados monetarios. Es una obra seria. La representación política también es interesante de por sí y sorprende su cierta precisión. Es una película que para su época pudo ser bastante polémica, bastante osada, aun cuando tiene igualmente mucho de lúdica. Es una propuesta fácil de ver, de entender todo y está muy bien hecha, es de esas películas que aunque son hiper políticas pueden gustarle a mucho público, lo cual es una verdadera novedad, sobre todo cuando las películas políticas no suelen ser tan furiosamente entretenidas. Es creativa, aunque (perfectamente) sencilla, como falso documental. Es bastante representativa de su época, de épocas de mucha lucha social, de guerra fría, de ideologías que se tenían mucho enojo entre sí, de toda esa efervescencia que se podía leer como crisis, y busca de temple.
sábado, 2 de agosto de 2025
La mujer insecto (Nippon konchuki)
El título del filme hace alusión a la difícil sobrevivencia económica de una mujer en un mundo regido por hombres. Ella es una mujer del campo que es embarazada a la fuerza, luego abandonada por éste que se convierte en su marido y expulsada del trabajo tras su amante ascender de puesto en una textilería. Es entonces que Tome, interpretada por Sachiko Hidari, en la performance más celebrada de su carrera, ganando un oso de plata por mejor actriz en la Berlinale, decide irse a la gran ciudad. El filme hace hincapié en que los hombres son abusivos y aprovechados en general, muchos ayudan a cambio de favores sexuales, aun cuando disimulan las formas y las amabilidades. Pero se ve también aunque a una mujer sola le es arduo sobrevivir en ésta época, partiendo de comienzos del siglo XX, que ella accede a esos abusos y aprovechamientos, se acopla sin reclamar demasiado -¿o a quien?- y es parte de ese mundo de corrupción ofrecido por el machismo y el poder. El título habla de la sobrevivencia de alguien muy pequeño frente a un universo enorme y a cierto punto donde hay que buscar doblegar el miedo de existir, salir a pelear como se puede y en eso entra a tallar muchas faltas a la ética y que nos rebota de cierta manera al avalar el abuso. Se dice que la prostitución es rentable, que fuera de ella te esperan como 6 trabajos y mucha explotación. No vemos violencia, sino una resignación interesada. Tome es el insecto que enfrenta la muerte frente a tanto depredador gigante, y en eso ella parte buscando alimentarse y vestirse, y un hogar donde vivir, pero poco a poco esto se vuelve en ambicionar más, a gustarle el dinero, y ella misma se convierte en un ente poderoso a un punto y abusivo igualmente. Empieza como housekeeping de un burdel oculto y termina engañada para que se prostituya (hay perversa ironía con la virginidad), pero rápidamente se adapta y se vuelve mano derecha de la dueña. Logra aprender y se saca de encima a su jefa, la reemplaza. No obstante se debe a un hombre de negocios que la manipula. Éste mal hombre no duda en seguir prostituyéndola de vez en cuando. Tome va a una iglesia nipona tradicional y contradictoriamente, cuna de algunos cínicos, de ahí es descubierta para la prostitución. La señalan como si llevara un karma, que anida en ella a ese respecto el castigo/pecado de la lujuria. Tome por momentos puede ser perversa de lo astuta y pícara que se presenta. En otros ratos se ve frágil y golpeada por su entorno, como si encima de su persona hubiera siempre alguien más frío y cruel corrompiéndola, síntoma de cierta esencia social. Tome le dice a una amiga suya del pasado que ve en ella ese mismo rasgo de facilidad para pecar de su propia personalidad y pronto hace que se prostituya hallándole clientes como su manager. Midori (Masumi Harukawa) tiene un novio que tiene un aspecto un poco de tipo idiota (bajo la imagen clásica de un leñador), de los que pintan de muy sensibles, pero no obstante permite que ella se prostituya de lo más tranquilo. Hasta ahí llega lo terribles que son en esencia muchos tipos con las mujeres. Midori es guapa y voluptuosa pero está realmente enamorada, pero como bien dice Tome, Midori es una chica de esencia fácil, lujuriosa. Es otra que se adapta sin problemas a la prostitución. El filme las hace ver simpáticas como personas, pero sin duda es de esa gente que rompe los modelos habituales y son fácilmente corruptas, pero no lo parecen a simple vista. El padre de Tome en el relato no es su padre real, es el tonto del pueblo, pero no obstante estos tontos pueden ser unos verdaderos bichos, como cuando "inocentemente" el padre le pide leche a Tome, que le deje besarle las tetas, y ella, que a mucha corrupción la ve de lo más normal, accede, hasta públicamente. Shohei Imamura si bien usa formas clásicas en su narrativa es bastante pesimista con la humanidad. Es el opuesto, igual de exagerado en otra dirección, que Yazujiro Ozu. Imamura hace ver normal adaptarse a la corrupción y éste es un retrato que no se siente sano, que descree de la humanidad, es un realismo parcial, pero él da a entender que es dominante, y se diría que si bien su mirada vale, falla un poco vista como normalizada o muy general, así como el idealismo puede ser ilusorio cuando se ve como si fuera lo único. Es una película a complementar con otros mundos, otra parte de nuestra idiosincrasia social y humana. El cine justamente es eso, no una mirada, sino muchas miradas, muchos estudios, muchas perspectivas, muchos universos. He ahí su riqueza, cotejar diferentes puntos de vista, diferentes ubicaciones, diversas contemplaciones, diferentes cines, lo cual es bueno, porque hace que uno no se canse, ni que el séptimo arte se agote o se pierda en el millón de repeticiones, si bien tampoco hay que plantear pseudo (forzada, vacía) originalidad, sino que el cine se sustente de verdad. El cine está para hacerte pensar, el arte real nunca existe para dejarse llevar, consuelo de tontos, si bien el entretenimiento puro y duro es para simplemente alegrarse/empatizar con lo casual o la intensidad. El cine como arte es comprensión, meditación, visión, y el trabajo nunca está dado completo, es un diálogo con el intelecto, nunca un dogma.
sábado, 12 de julio de 2025
Intentions of Murder (Akai satsui)
Cuando hay mucha agua bajo el río sorprende hallar una película que te muestra nuevas aristas-formas de una temática y eso es justamente ésta película, perteneciente al japonés Shohei Imamura, quien fue invisible a Hollywood donde prefirieron a Akira Kurosawa. Se veía como de pensamiento distinto al castigo existencial de las mujeres amorales o de las prostitutas, que traducía en aceptarse opuesto al cine de Mizoguchi y mucho más aun del de Ozu que le parecía un poco irreal, posiblemente demasiado blando o que destilaba exagerada inocencia. No obstante, el festival de Cannes le otorgó 2 palmas de oro declarando su favoritismo. Pero no pensemos que Imamura lo consigue vistiéndose de gratuito, o convenido disimulado, artificial, o gestor de lecturas para convencer fácilmente pintando de “revolucionario” sino mantiene siempre la coherencia, el razonamiento argumentado, autenticidad y verdadera inteligencia. Cada giro es comprensible, cada manifestación de complejidad se sostiene, así todas las tantas novedades que exhibe tienen justificación, no porque se explique abiertamente o como para tonto sino porque el arte te hará pensar. Tenemos a una mujer casada quien su mismo marido cree algo especial, como si fuera exótica, puesto que es un poco gordita, pero bella, cuando las mujeres niponas suelen ser menudas, aunque la trata como si fuera él superior a ella, además de que tiene un trabajo digámosle intelectual, trabaja en una biblioteca o lugar de archivos estatales. El marido tiene una amante, partamos de ahí, una amante que se desvive por él y quiere ser su nueva esposa. Ella camina hasta su casa cuando sabe que no está, le habla a la esposa sin conocerla, y de cara a ella, duda de decirle quien es en realidad, pero no puede, pero lo quiere hacer de verdad, se le siente ese gran deseo en toda fuerza. El poder del cine en pleno. El marido es alguien que la trata a su mujer como a una sirvienta y ella acepta sin protestar, tanto que ni siquiera hay registro oficial de su matrimonio y eso la deja a ella en desventaja dentro de su sociedad. Carga a cuestas una historia de terror, la historia de su abuela, un estigma, una posible declaración de su destino. Un día sale de viaje el hombre y un ladrón -un sujeto de baja estatura que yace siempre sudoroso- busca robar en su casa, pero termina abusando de la joven esposa. Con una escena que primero sutilmente muestra sus gruesas piernas y su voluptuosa cadera de lado. Como si la cámara –donde además está precisada la mirada del espectador que capta toda la intención- fuera la mirada del ladrón tentándose con la carne. Encima éste ladrón que tiene un pasado miserable, desesperado, se sabe moribundo, siente que no tiene ya nada que perder. La curiosidad es que la mujer, que realmente –sin buscar menospreciar, literalmente- es un poco ignorante, pero tiene no obstante su raciocinio, se debate en ¿que cosa va a hacer ahora? Teme contarlo porque cree que su marido más bien le aplastará al saberlo, creerá que es una mujer fácil –asunto que es el tema en el que gira el filme-, entonces ella calla. Pero piensa varias veces en matarse, hasta tirarse debajo de un tren, trenes que parecen gustar mucho al director -y es que agregan poética y estilo- porque los vemos mucho, pero como todo ser humano se aferra a la vida como puede, por fuerza mayor, y declina varias veces de su pensamiento. La actriz que hace de la mujer violada, dentro de una escena muy bien hecha, muy cuidada, pero al mismo tiempo muy sugerente, incluso sutilmente erótica, es Masumi Harukawa. No está mal, pero no es una luminaria, pero sin duda está perfecta en ésta película, posiblemente la película de su vida, aun en su larga carrera. Son maravillosas las escenas caseras donde ella está sola pensando, porque Imamura la hace pensar mucho, desde su sencillez, trabaja mucho con lo psicológico, porque el problema es aparte de violencia, un problema muy mental, una difícil lucha interna. El filme se pone nuevamente novedoso y el ladrón dentro de su locura y desparpajo, y verse libre de su acto perverso, se cree enamorado de Sadako (Harukawa) y, como ese pensamiento machista o de hombre rudo de forzar las situaciones, quiere imponerse frente a la mujer de la que su docilidad o tonta bondad y excesiva humildad la mantiene como una presa para los malos hombres. Una lectura que puede leerse es que la prostitución es una clase de abuso también, aprovecharse de gente débil de mente. No digo frágil, porque no lo es, pueden aguantar bastante. Si bien simple, ella se enfrenta al problema por sí sola y el problema es grave, la excede. No confía en su marido, que es un mal marido, si bien no se le demoniza, sino como que se ve común a muchos, de los tipos que sólo piensan en sí mismos. La película pondrá a Sadako como una especie de heroína, y aunque puede verse algo ignorante y a ratos demasiado dócil hasta la idiotez, se le otorga en otros giros hasta picardía, hasta astucia. Es como si alguien pequeño se terminara burlando de alguien más grande, o como si el marido pegándola de superior terminara burlado por una persona que se le pinta de tonta, o como si finalmente el sirviente se volviera de cierta manera el amo y él simplemente haga la finta de su poder sin verdadera dignidad. Una burla perversa de la propia vida, o del ser que ha sorteado el mal y contra lo improbable lo ha vencido. Ha vencido su propia concepción en varios sentidos, sus mil limitaciones, pero no se produce engrandeciendo a la mujer, como película que convierte a alguien ordinario en un superhombre, sino que desde la sencillez de uno y las tantas reales debilidades logra vencer el mal, el destino. Ella se ve atrapada, derrotada, perdida, llama a la muerte, se siente a la deriva, se deja llevar en mucho. Hay una gran escena onírica, psicoemocional. Ella cae al vacío. Así se siente. Aun cuando el mal quiere justificarse por su idiosincrasia miserable, de maltrato existencial, incluso la madre del ladrón fue una prostituta derrotada por sus elecciones, por la vida, la simbología de la oruga triunfa, la lascivia, la trasgresión, la aventura, la carne, el pecado, todo con elegancia, con delicadeza, pero conteniéndolo, haciéndolo percibir, aun cuando el ladrón no es el modelo perfecto, todo lo contrario, un dilema, un gran problema, aun cuando todo puede ser simplemente la gratificación de no vernos castigados por nuestra sensualidad. No refiero al ladrón, sino a ella. La mano de Imamura es la del genio, que deja ver todo sutilmente, pero sin ser nunca oscuro. Todo puede ser la representación argumental de la simple fantasía, un erotismo no del coito, sino de los detalles, de los cortejos, de contentar y potenciar la psiquis y todo sabemos que no hay nada más poderoso que el poder de nuestra mente. Esto es entender el arte. Y en todo ese trayecto Imamura pone emoción, muchas emociones, muchas escenas gloriosas y todo desde la cotidianidad familiar, que sin forzar nada o perder la identidad nipona se recoge universal. Incluso la comicidad en la piel de la amante que parece una periodista cliché jamás desentona, se acopla perfectamente. El desenlace está lleno de giros veloces, tensión, soltura, tensión, soltura, castigo, salvación, castigo, salvación..., en una película que lo escabroso se trabaja como cine clásico, con amabilidad. Todo se siente. Así preguntarle a un niño si quiere suicidarse con su madre (adoptiva, que lo ama con pasión) no suena sórdido, sino a devaneos de una mente pequeña que no entiende del todo lo que dice, como quien yace medio perdida. Es la imprevisibilidad de la existencia, ser pequeños frente al universo y sin embargo, siempre dando pelea.
jueves, 26 de junio de 2025
La Haine
La Haine (1995) es la segunda propuesta del francés Mathieu Kassovitz y fue un hit, una película muy popular de cine social retratada en poco menos de 24 horas, una película que aman todos. Con ella ganó mejor director en el festival de Cannes y 3 premios César -los Óscars galos- como mejor película y mejor edición, y ese es un punto claro porque el filme aparte de ser super cool tiene una edición que va a la par con el habla veloz de la juventud marginal que bien retrata ésta película en casi todas sus expresiones y lo hace con personalidad. Tenemos de protagonistas a 3 muchachos recién salidos del colegio -en la vida real, veinteañeros, hasta alguno cerca de los 30 como Cassel- que no tienen oficio y yacen en los márgenes, en situación económica baja, en los llamados ghettos, zonas periféricas o suburbios, que tras saber de que unos policías corruptos han golpeado hasta dejar en coma a un amigo suyo son parte de las revueltas callejeras de los muchachos de éstas zonas. Generan riots (disturbios), volteando carros, lanzando bombas molotov, peleándose contra los llamados pigs, policías, de lo que el filme de Kazzovitz deja muy bien expreso -a través de varias conversaciones y hasta personajes secundarios- que no todos lo policías son iguales, que también hay buenos policías, que se encargan de cuidar a la gente. Los 3 muchachos protagonistas son un descendiente marroquí (árabe), Said (Said Taghmaoui); uno de Benín, Hubert (Hubert Koundé); y un judío -como el propio Kassovitz por entonces de 28 años-, Vinz (un excelente Vincent Cassel en los inicios de su carrera; nadie mejor para imitar la esencia de Taxi Driver, el hallazgo de un sentido que nos de pase hacia el futuro y no a la inversa). Es una lectura también sobre inmigrantes, así como de búsqueda de mayores oportunidades, y en medio hay una lucha por el orden, entre muchachos marginales y policías, de donde nace el título, el odio. En el filme vemos que hay mucho de slacker en ésta juventud a la que se suma el consumo de drogas, que se ven bajo cierto endiosamiento juvenil, pero con encontrar una jeringa tirada en pleno barrio habla de dependencia y decadencia también. Así mismo observamos muchas expresiones artísticas en ellos que el filme muestra muy bien, presenciamos breakdance en el metro; pinchar discos al estilo de la música electrónica desde la ventana de un edificio hacia afuera en el barrio. La cultura hip hop está por todas partes, incluso del reggae (como en la apertura documental). Yace gente matando el rato comiendo hotdogs en azoteas. Hasta participamos de la exhibición de un combate de muay thai en un coliseo de básquet. En un gimnasio de boxeo meten un vehículo tras una riot. Se interactúa con dealers con nunchakus y juegos de ruleta rusa al paso, que bien puede haber inspirado a Guy Ritchie, y así expresiones clásicas de juventud rebelde notablemente escenificadas en un blanco y negro que va a gran velocidad con una edición de verdadera gloria capaz de entretener al más intrépido, como la cámara desdibujando fondos incluida la icónica Torre Eiffel o la cámara girando alrededor de una fiera y tensa mirada analizando el entorno. También hay momentos que pueden leerse como graffitis verbales o filosofía de la calle como la anécdota del tren. Ésta historia señala ser parte del quiebre de la norma pero nos quedamos en el medio de ninguna decisión o partido, mientras las malas decisiones te castigan. Tal cual quien dice que uno siempre es un animal político. De igual manera se señala -con cierta ironía juvenil; bajando de una escalera mecánica- a un hombre de mediana edad de baja estatura de clase media -que pinta incluso de obrero- que es el que ama el sistema tal cual es y lo defiende con ahínco, como quien defiende un estándar de hombre promedio o que quizá teme los cambios y a ese modelo, Hubert desde su trinchera o subjetividad lo señala como el enemigo de los muchachos de los margenes. Hubert es un recién iniciado boxeador amateur que quiere una mejor vida, quiere salir del ghetto, aspira a una vida correcta digamos, pero no se decide, sigue atado a la inmadurez y al modelo de persona que es también ante muchos. Vinz es como el loquillo suelto (de quien curiosamente Hubert teme, puesto que se siente muy unido a sus camaradas; y por lo intenso, imprevisible y peligrosamente inmaduro que suele ser), inclusive divaga sin sentido en ver el espejismo de una vaca, una alucinación de su estado de inestabilidad general, pero puede que muchos estén dudando más de la cuenta de él, pero es que sus amigos saben que esconde un arma que perdió un policía en una riot, con la que alardea con querer vengarse. Ésta arma y su actitud representa a la juventud más violenta o más enfurecida o hasta menos pensante, la que quiere romper los límites por algún tipo de excusa. Tenerla provoca un viaje de suspenso en toda la propuesta que el final define muy bien. Es hora de despertar, de detenerse, el odio sólo engendra odio, odio contra el mundo, cuando el mundo no es tuyo, es de todos, para arriba, para el medio, para abajo. Ese es el mensaje. A través del arma tenemos muchos rodeos, montón de momentos de autocontrol, de autosabotaje y de acercamiento a la explosión emocional, de dejarse llevar por la ira. La película se mueve alrededor de una pequeña metáfora o pequeño cuento, un hombre cae de un edificio y dice que todo está bien (aún), mientras cae, porque no importa la caída, sino el aterrizaje. Y es cierto, literalmente, estrellarse es el fin. Esto alude abiertamente a la sociedad francesa y habla de que aún está a tiempo de salvarse de cierta manera (como cualquier sociedad o cualquier hombre), existe esperanza, o como quien dice, que uno se puede equivocar o fallar mil veces y sólo la muerte finalmente nos va a detener, tal cual quien dice que la vida es siempre una gran oportunidad de hacer lo correcto, de poder enmendar el camino.
lunes, 23 de junio de 2025
The Laughing Policeman
Adapta la novela de misterio de mismo título perteneciente a los suecos Maj Sjowall y Per Wahloo. Posiblemente la novela más celebrada del dúo. El director Stuart Rosenberg no fue tan estricto al parecer con la adaptación y se puede percibir de ello en que a pesar de que puede verse como una trama compleja hay muchas pistas falsas en el ambiente, pistas las cuales se desechan de manera donde la gran pantalla y el thriller ponen sus fichas. Es un filme que más allá de la apariencia de arduo de resolver posee bastante adrenalina y además tal cual señala un slogan de producción, tiene bastante realismo, un realismo que para parte de la actualidad puede herir susceptibilidades o pasar por políticamente incorrecto. Me parece que refleja muy bien el ambiente policial, así como el ambiente de barrio, la calle, como dentro de la comunidad de color, los burdeles de striptease y hasta Chinatown o la comunidad gay. El contexto es en San Francisco. El detective principal lo interpreta Walter Matthau quien ya se perfilaba como actor de comedias, pero aquí para la época hizo su gran paréntesis como actor más serio, literalmente, digámosle. El siguiente año haría igualmente de policía protagonista en la mega famosa –de las que no tienen detractores- The Taking of Pelham One Two Three (1974), una película más de entretenimiento puro y duro, un noir de cine popular. Matthau hace de un policía sin tanta cosa encima, algo curioso pensando que su personaje es parte de una reconocida saga policial en la literatura. También puede ser que alguien lo eligió pensando en el título, jugando con lo inesperado, con romper con el lugar común y de paso mostrar justamente algo de sarcasmo. El detective que interpreta es de los que no se hallan felices con sus vidas, dentro de la monotonía y la indiferencia familiar, mientras están obsesionados con su profesión y la corrupción que tienen que resolver. Éste detective de paso deja ver que tenía un affaire con la mujer de su mejor amigo, con quien se obsesiona por resolver su caso, quizá por un mea culpa. Éste compañero de la policía muere asesinado, investigando sobre una prostituta en sus horas libres. De la misma manera es interesante ver que el meollo criminal se relaciona con un asesino de esos locos que matan en masa y que el modus operandi se repetirá como si fuera un accionar serial. Un super plus es la performance y el personaje que hace Bruce Dern. Es un detective de policía del tipo que tiene rasgos detestables y otras cosas rescatables, que pueden saltar entre el bien y el mal o rozar los límites. Dern hasta coquetea con lo sospechoso por el tipo de personalidad que tiene, de esos policías que se les adjudica de muy pedestres, propios de la misma calle que retrata tan bien Stuart Rosenberg. El filme tiene también ratos como de un poco muertos que no le ganaran fanáticos, pero que agregan más verosimilitud a la propuesta, sobre todo a esa vida del protagonista que bien define el título irónico. Tampoco es que las pistas falsas sean vacías del todo porque agregan un ecosistema de variopintos caracteres. La figura de la calle es bastante nutrida, hay pequeños gángsters, proxenetas, dealers o hasta vendedores de armas ilegales. Exhibe un panorama bastante completo y por ahí se instala muy bien Matthau y Dern como comiendo en las cocinas de restaurantes austeros. El quehacer de buddy movie también se maneja con cierta originalidad, puesto que llega a sobrevolar estar la vida en peligro de uno de ellos en ese compañerismo, tras su cuota de ambigüedad, tal lo muestra una interactuación con otro detective, que bien ejecuta Louis Gossett Jr. En éste compañerismo no asoma comedia, pero sí esquina. Es una propuesta curiosa, que se le puede criticar ciertamente, pero que en general es verdaderamente atractiva, vale la pena, mucho mejor que ver algo sin real personalidad o sin proponer algún tipo de reto formal. Hay que tomar en cuenta que se distingue aun hoy, como adaptación de una saga literaria renombrada y con bastante agua bajo el río, cosa que tiene peso, porque uno no quiere ver nuevamente lo mismo, de ningún tipo de cine.