El director de la película, Eduardo Casanova, es algo polémico, le gusta que estén hablando de él y hay gente que se lo toma demasiado en serio y siente antipatía hacia su persona, y esto rebota en apreciar su trabajo a veces de mala manera. Lo cual es injusto. El presente filme se puede decir que tiene algunos defectos, es una obra muy libre y por lo tanto va a conseguir equivocarse por momentos, pero en general es una propuesta muy entretenida, buena. Tiene gran intensidad. Hay un diálogo frenético y super irónico entre 4 hermanas vampiras rodeadas de blanco y rosa. Tienen tremendo maquillaje y prótesis. La recreación de las vampiras es de primera. Los diálogos fluyen con harta velocidad y nunca dejan de tener humor y dar plenamente en el clavo diciendo cosas curiosas e interesantes para el oído del espectador ansioso de divertirse y eso da mucho, tenemos harta diversión. Se nota que Casanova goza haciendo ésta película. Tiene escenas potentes, impactantes. Muy rebeldes. Hay partes de musical que salen de pronto y otorgan novedad y un poco de risa. Es una comedia de muy buen nivel, aun cuando puede ser esperpéntica. Lo del enano vendedor de sangre artificial no es lo más óptimo, no es el mejor chiste, y la línea del SIDA se siente muy superficial, pegada en realidad apenas a la narrativa (aun con obvia conexión de estigma vampiro-enfermedad), no aporta gran cosa, pero el filme en conjunto ostenta más de virtuoso. Maria León con tacos altos desnuda es muy erótica, muy bella, un deleite para la vista, aun como drogadicta. La parte del futuro tampoco es lo mejor, pero se entiende la idea, de que los homosexuales no se oculten, enfrenten su opción sexual a puertas abiertas. Se les iguala con los vampiros, con que los quieran matar siempre, que les tengan rechazo tan virulento. Para esto hay varias generaciones desencantadas, pero el final es positivo, optimista. Es una película que es un poco punk y puede herir susceptibilidades, pero cuando vaya al festival de Sitges, de aquí a unos 45 días, todo apunta a que será recibida con entusiasmo por muchos. Se pudo haber afinado más, sí, para hacerla mejor, pero éste tipo de filmes locos y muy libres también arriesgan bastante. Se nota que Casanova ama el cine, quiere ponerle su identidad, hablar de sus preferencias y lo que a él le emociona. Es una obra con mucha personalidad. En el futuro, pensar un poquito más, demorarse un poquito más, será productivo, pero no obstante no debe perder ese glorioso espíritu punk que brota tanto, su libertad, porque hay escenas muy desopilantes, que te mantienen gozando. Menciono especialmente a otra actriz, la joven Lucia Diez, de 29 años, muy bella, talentosa, prometedora.
miércoles, 20 de agosto de 2025
78 Festival de Locarno: Silencio
El director de la película, Eduardo Casanova, es algo polémico, le gusta que estén hablando de él y hay gente que se lo toma demasiado en serio y siente antipatía hacia su persona, y esto rebota en apreciar su trabajo a veces de mala manera. Lo cual es injusto. El presente filme se puede decir que tiene algunos defectos, es una obra muy libre y por lo tanto va a conseguir equivocarse por momentos, pero en general es una propuesta muy entretenida, buena. Tiene gran intensidad. Hay un diálogo frenético y super irónico entre 4 hermanas vampiras rodeadas de blanco y rosa. Tienen tremendo maquillaje y prótesis. La recreación de las vampiras es de primera. Los diálogos fluyen con harta velocidad y nunca dejan de tener humor y dar plenamente en el clavo diciendo cosas curiosas e interesantes para el oído del espectador ansioso de divertirse y eso da mucho, tenemos harta diversión. Se nota que Casanova goza haciendo ésta película. Tiene escenas potentes, impactantes. Muy rebeldes. Hay partes de musical que salen de pronto y otorgan novedad y un poco de risa. Es una comedia de muy buen nivel, aun cuando puede ser esperpéntica. Lo del enano vendedor de sangre artificial no es lo más óptimo, no es el mejor chiste, y la línea del SIDA se siente muy superficial, pegada en realidad apenas a la narrativa (aun con obvia conexión de estigma vampiro-enfermedad), no aporta gran cosa, pero el filme en conjunto ostenta más de virtuoso. Maria León con tacos altos desnuda es muy erótica, muy bella, un deleite para la vista, aun como drogadicta. La parte del futuro tampoco es lo mejor, pero se entiende la idea, de que los homosexuales no se oculten, enfrenten su opción sexual a puertas abiertas. Se les iguala con los vampiros, con que los quieran matar siempre, que les tengan rechazo tan virulento. Para esto hay varias generaciones desencantadas, pero el final es positivo, optimista. Es una película que es un poco punk y puede herir susceptibilidades, pero cuando vaya al festival de Sitges, de aquí a unos 45 días, todo apunta a que será recibida con entusiasmo por muchos. Se pudo haber afinado más, sí, para hacerla mejor, pero éste tipo de filmes locos y muy libres también arriesgan bastante. Se nota que Casanova ama el cine, quiere ponerle su identidad, hablar de sus preferencias y lo que a él le emociona. Es una obra con mucha personalidad. En el futuro, pensar un poquito más, demorarse un poquito más, será productivo, pero no obstante no debe perder ese glorioso espíritu punk que brota tanto, su libertad, porque hay escenas muy desopilantes, que te mantienen gozando. Menciono especialmente a otra actriz, la joven Lucia Diez, de 29 años, muy bella, talentosa, prometedora.
sábado, 16 de agosto de 2025
2551.03 - The End
El cine austriaco por una gran parte, como identidad cinematográfica, siempre busca retarse, en sentido de anhelar generar shock en los espectadores. Quizá sucede más así para los de afuera. Romper los límites. Como que enarbola el pensamiento que uno debe verlo absolutamente todo sin miramientos, tal si se encomendara a ser el difusor del realismo sucio del planeta o para el caso de una fantasía (submundo) lumpen, sentado sobre la base de lo miserable. El director Norbert Pfaffenbichler nos entrega una película sci-fi underground y digámosle experimental. Cierra su trilogía sobre un mundo apocalíptico, distópico, luciendo una tendencia lúdica con lo monocromático, homenaje al cine mudo, en el interior de una película cargada de energía, del espíritu de las películas de acción. Como menciona un slogan del filme, no existen tabúes para ésta obra y vemos hasta un buda crucificado o partes humanas (pequeñas cabezas) como alimento. El contexto es que hay una "humanidad" metida en lo que asemeja catacumbas, pasajes subterráneos, túneles. Estos sobrevivientes de una especie de explosión nuclear llevan máscaras de carnaval, muchos de arlequines o hasta algunos sacos con huecos o del tipo del KKK. Así vemos al protagonista, lleva una máscara de simio llena de piercings -hasta el típico de hoy en día, en la nariz- mientras el dictador de éste universo carga una máscara de un sol carnavalesco o el atributo de una planta carnívora. Ésta trilogía se une de manera sencilla a las otras, es una continuación que es efectiva por sí sola. El protagonista de la máscara de simio, que tiene de Hellboy pero mucho más básico (todo lo que vemos igualmente parece sacado de la imagen de algún infierno), lleva un abrigo que dice atrás: niño perdido, como en las cajas de leche americanas, y a él se le ha perdido uno y puede que él mismo lo haya sido. Lo encontrará como sirviente del dictador. Éste sirviente traicionará al régimen dictatorial por salvarlo en repetidas ocasiones. Es un filme que busca la novedad en los alrededores, en los pasajes/paisajes-túneles por los que pasa el héroe simio. El shock en todas partes. Así hay mucho paganismo, sacrilegio, o satanismo como salido del heavy metal, debajo de éste universo imaginativo, que es cine mudo sin intertítulos. En mucho es una película del shock estético/visual, mientras va de simple como narrativa. En una secuencia nuestro héroe simio recolecta arte moderno, en plan de reciclador. En una galería de "arte" para privilegiados pronto hay una ofensa producto de la soberbia y surge el caos. Llegan guardias con trajes salidos de una cuarentena. El héroe simio es muy torpe y siempre queda encarcelado. Tenemos un momento bastante freak y complejo cuando el protagonista se mete en una casa pequeña de madera que tiene mucho de utilería en lo visual y es introducido en su propia consciencia. Pelea, luego de tener sexo, con su propia identidad sexual, y termina hablando de curar su memoria. Toda ésta parte resulta a cierto punto ingeniosa. Bajo una luz blanca potente que te ciega los ojos, la cual desaparece contornos. Nos mete en un paraje onírico. El simio necesita retornar, que expone cierto clásico estado psicológico. El simio llega a estar totalmente fuera de sí, entra en plan Rambo-Wolverine-ConanElBárbaro, pero con mayor rudeza de explicites. La meta es matar al dictador y de eso va toda la película, igual que en el desierto apocalíptico de Mad Max, cuando se da cuenta finalmente que no se puede vivir bajo éstos regímenes de putrefacción (como nadie racional tampoco), aun cuando yace normalizado lo miserable en lo que los restos del planeta parecen un enorme mercado de baja catadura. Incluso los juguetes infantiles son réplicas de pequeños cadáveres. Hay escenas que parecen salidas de videoclips metaleros. De esa manera se divisa a una especie de striptisera de magia negra. Es una película curiosa, tiene su cuota de personalidad, aunque se percibe un poco ya vista, salvando montar algo con el sello del bajo presupuesto. Tal cual reza, es un viaje underground literal. Todo muy austriaco.
jueves, 26 de junio de 2025
La Haine
La Haine (1995) es la segunda propuesta del francés Mathieu Kassovitz y fue un hit, una película muy popular de cine social retratada en poco menos de 24 horas, una película que aman todos. Con ella ganó mejor director en el festival de Cannes y 3 premios César -los Óscars galos- como mejor película y mejor edición, y ese es un punto claro porque el filme aparte de ser super cool tiene una edición que va a la par con el habla veloz de la juventud marginal que bien retrata ésta película en casi todas sus expresiones y lo hace con personalidad. Tenemos de protagonistas a 3 muchachos recién salidos del colegio -en la vida real, veinteañeros, hasta alguno cerca de los 30 como Cassel- que no tienen oficio y yacen en los márgenes, en situación económica baja, en los llamados ghettos, zonas periféricas o suburbios, que tras saber de que unos policías corruptos han golpeado hasta dejar en coma a un amigo suyo son parte de las revueltas callejeras de los muchachos de éstas zonas. Generan riots (disturbios), volteando carros, lanzando bombas molotov, peleándose contra los llamados pigs, policías, de lo que el filme de Kazzovitz deja muy bien expreso -a través de varias conversaciones y hasta personajes secundarios- que no todos lo policías son iguales, que también hay buenos policías, que se encargan de cuidar a la gente. Los 3 muchachos protagonistas son un descendiente marroquí (árabe), Said (Said Taghmaoui); uno de Benín, Hubert (Hubert Koundé); y un judío -como el propio Kassovitz por entonces de 28 años-, Vinz (un excelente Vincent Cassel en los inicios de su carrera; nadie mejor para imitar la esencia de Taxi Driver, el hallazgo de un sentido que nos de pase hacia el futuro y no a la inversa). Es una lectura también sobre inmigrantes, así como de búsqueda de mayores oportunidades, y en medio hay una lucha por el orden, entre muchachos marginales y policías, de donde nace el título, el odio. En el filme vemos que hay mucho de slacker en ésta juventud a la que se suma el consumo de drogas, que se ven bajo cierto endiosamiento juvenil, pero con encontrar una jeringa tirada en pleno barrio habla de dependencia y decadencia también. Así mismo observamos muchas expresiones artísticas en ellos que el filme muestra muy bien, presenciamos breakdance en el metro; pinchar discos al estilo de la música electrónica desde la ventana de un edificio hacia afuera en el barrio. La cultura hip hop está por todas partes, incluso del reggae (como en la apertura documental). Yace gente matando el rato comiendo hotdogs en azoteas. Hasta participamos de la exhibición de un combate de muay thai en un coliseo de básquet. En un gimnasio de boxeo meten un vehículo tras una riot. Se interactúa con dealers con nunchakus y juegos de ruleta rusa al paso, que bien puede haber inspirado a Guy Ritchie, y así expresiones clásicas de juventud rebelde notablemente escenificadas en un blanco y negro que va a gran velocidad con una edición de verdadera gloria capaz de entretener al más intrépido, como la cámara desdibujando fondos incluida la icónica Torre Eiffel o la cámara girando alrededor de una fiera y tensa mirada analizando el entorno. También hay momentos que pueden leerse como graffitis verbales o filosofía de la calle como la anécdota del tren. Ésta historia señala ser parte del quiebre de la norma pero nos quedamos en el medio de ninguna decisión o partido, mientras las malas decisiones te castigan. Tal cual quien dice que uno siempre es un animal político. De igual manera se señala -con cierta ironía juvenil; bajando de una escalera mecánica- a un hombre de mediana edad de baja estatura de clase media -que pinta incluso de obrero- que es el que ama el sistema tal cual es y lo defiende con ahínco, como quien defiende un estándar de hombre promedio o que quizá teme los cambios y a ese modelo, Hubert desde su trinchera o subjetividad lo señala como el enemigo de los muchachos de los margenes. Hubert es un recién iniciado boxeador amateur que quiere una mejor vida, quiere salir del ghetto, aspira a una vida correcta digamos, pero no se decide, sigue atado a la inmadurez y al modelo de persona que es también ante muchos. Vinz es como el loquillo suelto (de quien curiosamente Hubert teme, puesto que se siente muy unido a sus camaradas; y por lo intenso, imprevisible y peligrosamente inmaduro que suele ser), inclusive divaga sin sentido en ver el espejismo de una vaca, una alucinación de su estado de inestabilidad general, pero puede que muchos estén dudando más de la cuenta de él, pero es que sus amigos saben que esconde un arma que perdió un policía en una riot, con la que alardea con querer vengarse. Ésta arma y su actitud representa a la juventud más violenta o más enfurecida o hasta menos pensante, la que quiere romper los límites por algún tipo de excusa. Tenerla provoca un viaje de suspenso en toda la propuesta que el final define muy bien. Es hora de despertar, de detenerse, el odio sólo engendra odio, odio contra el mundo, cuando el mundo no es tuyo, es de todos, para arriba, para el medio, para abajo. Ese es el mensaje. A través del arma tenemos muchos rodeos, montón de momentos de autocontrol, de autosabotaje y de acercamiento a la explosión emocional, de dejarse llevar por la ira. La película se mueve alrededor de una pequeña metáfora o pequeño cuento, un hombre cae de un edificio y dice que todo está bien (aún), mientras cae, porque no importa la caída, sino el aterrizaje. Y es cierto, literalmente, estrellarse es el fin. Esto alude abiertamente a la sociedad francesa y habla de que aún está a tiempo de salvarse de cierta manera (como cualquier sociedad o cualquier hombre), existe esperanza, o como quien dice, que uno se puede equivocar o fallar mil veces y sólo la muerte finalmente nos va a detener, tal cual quien dice que la vida es siempre una gran oportunidad de hacer lo correcto, de poder enmendar el camino.
martes, 3 de junio de 2025
Rififi
Ésta película lleva mucha fama encima y en efecto es un gran filme. Es un noir y una película de asaltantes. Hay un robo muy bien planificado, entrenado (alrededor de una sensible alarma, para una zona muy comercial, y con rondas policiales), gloriosamente escenificado, de una joyería, donde en el robo no se habla nada ni hay ninguna música de acompañamiento. Es un robo sin armas, puesto que de fallar esto indica más pena de cárcel. Los asaltantes son 4. El líder viene de estar en prisión, sin denunciar a nadie –tema que va en repetidas ocasiones-, es Tony le Stéphanois (el belga Jean Servais). Tiene 45 años. Con él está Jo (el austriaco Carl Mohner), el “muchacho” fornido, de aura bonachón. Lo tiene a Tony por su familia, como su primo mayor. A estos franceses los acompañan 2 italianos, según la narrativa, Mario Ferrati (Robert Manuel) quien es el gracioso del grupo; y el amigo que convoca, César el Milanés, nada más ni nada menos que el mismo director del filme, el notable director americano Jules Dassin –en su exilio en Francia- quien se otorgó dentro de su filmografía 6 roles como actor, aunque pocos son protagónicos. Aquí tiene una participación importante. En su personaje literalmente es el guapo del equipo, el conquistador de bellas mujeres y ahí entra a tallar su affaire con la cantante y bailarina –casi gimnasta- la hermosa actriz turca-francesa (futura musa de Fellini) Magali Noel quien canta –realiza una performance en un restaurante-bar- una canción en homenaje al leitmotiv del filme y título, Rififi, que significa peleas a puño limpio entre los hombres, los problemas entre hombres rudos. Para el caso, las siluetas se prestan para señalar el mundo criminal, a los gángsters. Noel hace tremenda performance. También se ve muy bella echada en la cama boca arriba con el cuello sobresaliendo mientras luce una expresión seductora. Una escena cuidada y llena de ingenio que dice mucho sin mostrar nada frontalmente. Noel hace de una vedette, accesible a fans atractivos y regalos, a aventuras con tipos malos. Trabaja en el local de un gángster, como si dijéramos dentro de la mafia italiana la familia Grutter, con Pierre a la cabeza (Marcel Lupovici, que tiene la imagen perfecta para el cine criminal, un iluminado antagónico sin demasiado requerimiento). Entre los malandrines que le acompañan es curioso ver a un drogadicto. Y también es curioso ver que ésta adicción será importante para confrontar a los enemigos. El final en el auto es muy histriónico, teatral y muy cinematográfico, de cierto suspenso en medio de mucho dramatismo. Hace pensar en ser inspiración para la obra maestra Un mundo perfecto (1993). El mensaje es que el crimen no paga, aun cuando Tony dice qué hay que vivir; es decir, hay que robar, aun cuando una línea menciona abiertamente que los verdaderos duros no son los hombres pobres o salidos de abajo que se vuelven criminales, sino los hombres pobres que escogen rehuirle al crimen. Tony es un criminal ranqueado, con reputación entre los gángsters, pero como en El Padrino (1972) tiene un código de vida que sigue, de no quebrar jamás la lealtad o de no hacer daño así nomás, quien justifica matar. Cree en el respeto criminal, como cuando en primera instancia le desagrada César por percibirlo como un modelo; él, así Pierre, tienen esas caras más curtidas –como por la edad- o más intimidantes. No obstante, aquí priman las acciones más que el aura de intimidación. La ambición pesa mucho, el dinero manda. Lo vemos transportando el dinero en maletín, un clásico ya desde entonces, con billetes que se ven bastante grandes. En el inicio, en el juego de póker, se observa que no se amilanan con nadie, éstas gentes son como perros de pelea, tal cual la propia canción para la película que interpreta Magali Noel. Igualmente, la mujer puede ser fuerte o valiente, retar el entorno, pero éste finalmente es un mundo de hombres, violentos, algo brutos, duros. Así se mira a Tony castigar con azotes la deslealtad de Mado (Marie Sabouret). La humilla. Es el submundo, no el mundo feminista. Tony habla sólo cuando es necesario. Mira con furia la realidad (para ello no se necesita tampoco de demasiada explicites). Él implica no tener nada suyo fuera de lo criminal, no conoce otra manera, similar al pensamiento del De Niro de Heat (1995). Esto también es vivir bajo el yugo de sus elecciones, por más astuto que se pretende. En el inicio le dicen literal que sin dinero no puede jugar (no puede hallar placer). Es el relato de lo criminal, pero vemos normalidad, momentos familiares, relaciones cariñosas y amables, no es que se trate de malvados a secas, pero si de gente sin otras miras para tener mucho dinero. En ello el filme, basado en la novela de Auguste Le Breton, es sencillo pero muy entretenido. Estamos ante un noir muy competente y no tiene nada de complejo. Cuando los policías detectan un carro sospechoso y revisan las anotaciones de las placas de autos robados estamos ante el ingenio puro y duro de un cine diáfano y potente.
domingo, 1 de junio de 2025
Welt am Draht
Ésta es una miniserie de 2 episodios y en total dura 3 horas 30 minutos. Es como si viéramos dos películas de promedio de tiempo (1 h. 40 min.). Una que continua en la siguiente. La dirige el alemán Rainer Werner Fassbinder. Adapta la destacada novela de ciencia ficción Simulacron 3, publicada en 1964, perteneciente al americano Daniel Francis Galouye. Es una obra muy interesante. Solemos pensar a los robots o las máquinas con alguna corporalidad, pero aquí se habla de la Inteligencia artificial y a estos robots como simplemente consciencia, percepción o pensamiento propio. Visto desde la filosofía, así mismo se inserta el ser humano en el mundo, puesto que el mundo es nuestra mente pensando en lo que nos circunda, es decir la realidad es nuestro pensamiento. Todo esto es parte de éste gran trabajo. La inteligencia artificial se proyecta como un pensamiento autónomo, pero aquí las máquinas no sojuzgan al hombre, es el hombre, el Dios que crea la inteligencia artificial, quien es el todopoderoso y muchas veces no tan bondadoso o justo. El retrato que vemos es como será Blade Runner (1982, que adapta obra de 1968 del gran Philip K. Dick) en cierta forma, las máquinas o la inteligencia artificial quieren ser como el ser humano, atrapados en sus designios, y esto consiste más que en una idea de sentido existencial o tener emociones –que las tienen- en obtener la libertad. Bajo ese planteamiento se trabaja con mundos simulados o virtuales, programas de computadora autónomos, pequeños mundos artificiales igualitos al del planeta. El hijo del hombre, la inteligencia artificial, emula al Dios-hombre, su imaginación no llega a tener limites. Repite patrones, descubre e inventa cosas. A esa vera se implica el thriller político, el thriller de la locura, propio de los 70s. Por un lado, tenemos a los empresarios codiciosos –aunque de manera bastante abierta- que quieren sacar ventaja del futurismo y por otro la subyugación de un mundo tipo 1984, pero aquí se trabaja la experimentación, el juego, la vanidad, humanas. La ciencia idealista está representada por los inventores del Simulacron 3, ellos son los héroes –simples personas o individuos finalmente; quienes hasta llegan a autopercibirse como la nada misma- que no pueden con el poder todopoderoso de los líderes de la humanidad, los dueños del planeta, que es algo gaseoso, indeterminado. En éste caso la inteligencia artificial tiene un halo de pequeñez, de “ordinario”, no obstante, de mucho potencial. Matrix (1999) bebe de aquí, además de que en la presente yace el espíritu de lo que será Blade Runner. La miniserie de Fassbinder es sólida de principio a fin, tratamos con una de sus mejores obras de su carrera. Lleva su impronta, pero sin exageraciones, hombres de color musculosos espolvoreados por aquí y por allá y mujeres guapas con pintas bastante liberales y promiscuas, fiestas de sutil lujuria, una cierta vulgaridad de clase alta cuando se sale de juerga. Es un sci-fi que no necesita de mucho artilugio extravagante en lo visual, todo se ve reconocible y así lleva total verosimilitud del mundo que propone, que sería levemente futurista en lo visual, pero lleno de ideas científicas y filosóficas, lleno de avanzada tecnológica racionalizada. Es una propuesta que seguramente desconcertó a muchas personas, pero que por ratos Fassbinder se encarga de explicar de manera sencilla y abierta en su narrativa, sino todo resultaría muy arduo de comprender para la época. Se pueden entender las manipulaciones de un programa de computadora y se mencionan hasta especies de clones. Lo importante aquí no es el cuerpo, aun cuando Fassbinder suele ser en su filmografía muy carnal, sensual, erótico en cierta manera, sino la mente, ser pensamiento, ser consciencia. Es una realización que mezcla lo intelectual con la acción y la adrenalina del thriller político setentero. Galouye se ve que fue un apasionado de la ciencia y un tipo muy creativo e inteligente. Aquí la ciencia convierte al hombre en un ente excepcional, la ciencia rompe toda naturaleza, rompe cualquier límite, es un canto a la inteligencia humana, aunque también habla de nuestra imperfección en cuanto al gran poder que representa, a caer en no ser idealista con ésta. La miniserie habla de la importancia de los idealismos, de vencer el narcisismo y el abuso del poder. Mal de muchos líderes, obtener poder y quedar obnubilado con éste, dejar de tener los pies en la tierra. Llamémosle, pensar en pos de todos. Es decirle a Dios que nos ame. Es decirle al hombre que ame a su prójimo. Es sentir empatía por lo que está bajo nosotros. El relato también es finalmente una historia de amor, de hallar a esa persona especial, capaz de salvarnos del peso del mundo. Aparece como cameo Eddie Constantine que inmeditamente nos hace pensar en Lemmy Caution y un pequeño homenaje a Jean-Luc Godard. Muy bien Klaus Lowitsch, en el papel de su vida, sumamente competente. Le da mucha identidad a ésta obra. Se la otorga el propio Fassbinder que de protagonista construye a un tipo de seductor –de 36 años; en varias facetas-, un sujeto típico del cine de acción, alguien quien de paso se le percibe muy alemán, aunque de poco tamaño de estatura. Sus escapes a pie y saltos son muy cinematográficos. Así como manejar un hermoso chevrolet corvette.
martes, 20 de mayo de 2025
Tardes de soledad
Ésta película va a mortificar o enojar a algunos y a producir felicidad a otros, refiriéndome a un alto estándar, no desde lo habitual. Es una película divisiva, se podría decir, pero sin ser estúpido o muy marketero el director catalán Albert Serra siempre ha gustado de crear un poco de polémica o debate. Muchos actores y directores de cine saben que en sus profesiones hay que buscar retos, distinciones. No todo el tiempo quizá, podemos pensar, pero al menos de vez en cuando, sobre todo cuando amas verdaderamente lo que haces y no solo se trata de dinero, que desde luego siempre es importante también. Los tontos mueren de romanticismo excesivo. No obstante, no es lo único a lo que aspira ni debe aspirar alguien apasionado de su arte. Es así que actores y directores apuestan por algo que rompa con lo convencional, que sea osado, que quiebre el confort (el suyo y el de los demás) mientras se aspira a ser memorable (valioso, justificado) rompiendo las expectativas comunes. Ahí se inserta éste documental, ganador de la concha de oro 2024, del festival de San Sebastián. Éste trabajo remite a la tauromaquia, la que representa la tradición y la identidad (para el caso, la española); y el progresismo mundial justamente discute todo ello, lo cual es parte latente de la actualidad. El documental de Serra se puede decir que a esa vera es políticamente incorrecto. La contemporaneidad implica poner ciertas nuevas reglas. Es algo que muta o que autoanaliza su mirada o posturas, pero por otro lado no se precipita ni cede a todo. El documental de Albert Serra es muy realista, muestra la tauromaquia en todo su esplendor, sin medias tintas, es tal cual es, no hay mentiras en lo que muestra. Es así que muchos van a odiar el documental y otros van a quedar anonadados o extasiados. Para quien ama la corrida de toros esto es ver la gloria misma. Para quien no, todo lo contrario, lo peor. Esto será inmediato, igualmente sin medias tintas. Serra muestra al torero peruano-español Andrés Roca Rey, de 28 años de edad, el mejor torero del mundo actualmente, haciendo su trabajo. Conocemos la tauromaquia de pies a cabeza a través de él, de la autenticidad de la cámara de Serra y de su protagonista. Es un documental antropológico impoluto. Roca Rey torea en varias oportunidades para la cámara que lo inmortaliza en pleno. Vemos a estos toros gigantes, bravos, intimidantes, salvajes, salir a éste coliseo romano moderno. Frente al poderoso animal se despliegan técnicas para acabar con éste que es en buena parte el espectáculo en sí. Hay un picador y un banderillero. Se le pica con una lanza y se le ponen 8 cuchillas en el lomo. Una vez sangrante y debilitado, el torero lo hace dar vueltas, atraído por el capote o la capa roja. En ello el torero se pega mucho a la bestia – cosa de cada uno- arriesgando su vida. Queda manifiesto en el documental. Roca Rey a menudo recibe heridas, cortes, embestidas. El toro cansado saca la lengua jadeante, babea, y finalmente recibe la espada que se incrusta en su espalda y cae moribundo. Lo acaban con un cuchillo en la cabeza y se lo llevan arrastrando con cadenas misma película Gladiador (2000). El torero celebra a veces exhibiendo las 2 orejas cortadas. Saluda con su montera, sombrero. Hay cierto acto de pavonearse, muy histriónico, muy artístico, en todo el ruedo. Una cosa particular es que la cámara de Serra prácticamente no muestra al público, es sonido a ese respecto (celebración), pero se entiende que se quiere centrar en lo específico del asunto, el toreo y el torero. Es arduo de ver. Serra no se guarda nada, todo está ahí para quienes odian y aman éste espectáculo. Es algo que tiene de primitivo y de elaborado. Ver esto es como si el torero representara a los antiguos primitivos matando un mamut. Una reminiscencia de sobrevivencia y desarrollo de una técnica. Vemos toda la preparación, como le ponen el vestuario al torero, es interesante conocer cada detalle a ese respecto. El torero tiene un ayudante para vestirse y con éste se reviste de cierto endiosamiento, cierto acto de admiración cultural y social. Serra encuadra desde distintos ángulos privilegiados. No hay banda sonora muchas veces, es ver el momento en todo descarnamiento. Al torero lo transportan en camioneta que lleva una cámara ahí dentro al estilo de las confesiones en taxis de HBO. Lo llenan de elogios. Roca Rey se mantiene sentado en el sillón principal muy natural, aunque se percibe en él la tensión acumulada de un acto que contiene riesgo, que implica vencer el miedo. No cae antipático nunca, es verdad, a pesar de que por momentos lo asumen como alguien salido de otro planeta, como vemos a su equipo de camaradas en la camioneta darle full respaldo con palabras. Ayudantes y compañeros del torero le demuestran admiración. Comparten el mismo sentimiento. Es difícil para quien escribe dar un veredicto, pero así también hay películas, hablando de las que realmente lo ameritan. Considero que Serra ha sido imparcial a cierto punto o eso se recoge de todo lo que observamos, donde se percibe empatía por cierta sensualidad que brota, aun en un mundo que luce machista. Y en otros ratos se le siente crítico en como muestra en primer plano al toro ser demolido, en poner la cámara donde las papas queman. El documental es bueno porque coge la esencia del torero, su lado humano, pero también muestra sin adornos qué pasa con el animal.
miércoles, 14 de mayo de 2025
La strega in amore
Damiano Damiani adapta en su película hecha a la italiana la celebrada novela corta Aura (1962) del mexicano Carlos Fuentes. Un escritor, historiador y/o un periodista, Sergio (el británico Richard Johnson), es un mujeriego empedernido. Se da cuenta que una señora de cierta edad lo anda siguiendo o vigilando. Intrigado y fastidiado trata de acercársele para confrontarla. Un día le muestran un aviso del periódico donde éste parece hablar exactamente de él profesionalmente, de requerir sus servicios. Todo lo atrae hacia esa extraña señora que lo persigue, Consuelo (Sarah Ferrati). Como es una mujer vieja, Sergio no quiere saber nada de ella. Pero de repente en la casona de Consuelo aparece una mujer joven muy bella, Aura, interpretada por Rosanna Schiaffino, una ex modelo en la vida real, que soñaba con ser la próxima sex symbol italiana del cine y que finalmente no llegó a consagrarse. A Sergio, Aura, le parece mentirosa y corrupta (y difícil), entonces queda prendado de ella o quiere agregarla a su lista de conquistas. El problema es que Consuelo está muy unida con Aura. Consuelo es la madre alcahueta, inseparable, como en cierta forma te recuerda a Psycho (1960). Recordemos además que Ti West dijo haberse inspirado en ésta magistral película en su última trilogía sobre la vejez. La strega in amore (1966) es un filme de terror que tiene mucho de cine negro. Aura por una parte así parece una femme fatale o una especie de viuda negra. Por ese lado, recuerda a Luna de Hiel (1992), el agotamiento de lo sexual en el ser liberal. Así mismo tiene injerencia que la condición económica de ellas no es muy buena y han sido una familia adinerada. Sergio no es rico, pero se le perfila hacia obtener de él algo similar, como comenta Fabrizio, en la performance del gran Gian Maria Volontè, quien ya había trabajado con Sergio Leone en 2 de sus populares spaghettis western, pero aun no estaba en su máximo esplendor como actor, no obstante, exhibe cierto desarrollo actoral. En dicho comentario de Fabrizio se sugiere que puede convertirse Sergio en alguien capaz de llegar a hacer cualquier cosa por Aura, como si fuera esclavo del vampirismo o un hechizo, tal como volverse fácilmente criminal. El apasionamiento es dibujado como entrar en una espiral de subyugación mental, perder toda facultad de discernimiento o mesura propio. Y esa será la lucha sutil. En un momento baila Consuelo y también Aura de manera desenfrenada, incitando a Sergio a la demencia. Los hombres aquí se degradan por su apasionamiento. Ahí se puede ver conexión con Japón (2002) de Carlos Reygadas, en otro sentimiento. Hay una carga erótica cuidada en Rosanna Schiaffino como objeto de deseo, pero donde Damiano Damiani se mantiene discreto, humilde, sobre todo a los estándares de su época o hasta incluso del cine italiano. Damiani prefiere hacer un filme clásico, gótico, que típicamente sesentero, o de cine B, aunque tiene su cuota de cierta ridiculez narrativa (como literalmente lo es lo de la matagatos), si bien no daña el conjunto. Con Aura existe cierta ambigüedad de si seduce hombres y se deshace de ellos. En esa dirección se dice que Fabrizio, el amante de Aura, es peligroso, un mal elemento. Es un poco la temática del reemplazo de la novela icónica El Cartero siempre llama dos veces (1934) y de mucho cine noir. El hombre es malo y se pide que lo anulen, para ocupar su lugar. No es cuestión de simplemente decirle que se vaya. Fabrizio parece más pasivo que agresivo, pero un juego de esgrima lo pone a lucir también pícaro. Es como si fuera en realidad, Aura, un castigo para los hombres que se pretenden astutos con las mujeres. Aura intenta dominar a Sergio. En todo esto entra a tallar Consuelo quien no quiere dejar pasar el tiempo, no quiere aceptarlo. Es la mujer que ha dependido mucho de su belleza y le mortifica envejecer. Pensemos que es lo mismo con el vampirismo, el derroche de sensualidad y la vida eterna. Como una enfermedad, Sergio, empieza a perder la cabeza por la mujer que considera físicamente espectacular, por su deseo de poseerla sexualmente. Llega a entender todo, pero podría ser demasiado tarde, ya ha cruzado la línea, ha ido enmarañándose, lo han embaucado, le han dado de su propia medicina. Éste filme es en realidad un relato de perdición que de reencarnación, si bien es en gran parte fiel al libro y una notable adaptación cinematográfica. El misterio es sencillo, pero está bien ejecutado, aunque se toma algunas licencias, maneja algo de trampa, que dejan oscilando la narrativa entre el terror y el noir.
sábado, 10 de mayo de 2025
L'Istruttoria È Chiusa : Dimentichi
Lo que sorprende inicialmente es que Franco Nero aunque hizo una carrera con varias producciones de bajo nivel es de reconocerle que es tremendo actor. Aquí realmente lo hace muy bien, es muy expresivo, sabe contener el miedo y el dolor de su personaje, sabe ser frágil y también valiente, todo de manera convincente y bajo contundente emocionalidad. El director del filme, Damiano Damiani, también es un gran director de cine, quizá muy poco reconocido para la buena calidad de sus películas, que no se revisten de demasiada materia, recurren bastante a lo esencial sin caer en lo monótono. Igualmente domina el cine de entretenimiento y lo hace con cierto grado de sofisticación en sentido de darle sustancia al cine de género que hace y que puede leerse hasta un poco intelectual, sin dejar las coordenadas de un cine accesible a cualquier espectador, hasta el más afín al de la acción pura y dura. El cine de Damiani es realmente seductor. Mantiene un alto nivel de atractivo como narrador. Su arte es interesante y al mismo tiempo se ve con mucho agrado hedonista básico. Nero interpreta a un arquitecto que cae en una terrible cárcel llena de mafiosos y asesinos producto de un choque accidental y su fuga. Es un hombre de bien, un hombre de dinero, un hombre incluso idealista a cierto punto, pero esto se pondrá a prueba producto de la ley de lo criminal, la ley de la sobrevivencia. En la cárcel conoce a un hombre realmente probo e intachable que es capaz de sacrificar su vida por sus principios. Vanzi (Nero) intenta hacer lo correcto, pero al tratar con un importante mafioso de la prisión, Salvatore Rosa (Claudio Nicastro), que uno puede confundir con el director de la penitenciaria y quien necesita deshacerse de Pesenti (Riccardo Cucciolla), el sujeto idealista que quiere señalar la culpa de cierta mafia empresarial, entra en una vorágine de miedo frente a la criminalidad de la prisión. Damiani maneja éste miedo como pocos, como se puede ver en el esquema y ejercicio dotado que coloca en su magistral película –valga la obviedad del título- I Am Afraid (1977), con los grandes Gian Maria Volontè y Erland Josephson. Hay un buen plan –que lleva cierta originalidad como película en toda su estructura hasta el final devastador y traumático- para sacar de en medio a Pesenti que lo involucra a Vanzi como fintiando su participación casualmente y en ese trayecto se ve como puede uno quedar fuera de circulación si chocas con los poderosos amos de la prisión. Es un filme que muestra muy bien la fragilidad de vivir o morir si te ponen en la lista de los enemigos oficiales o cuando estás como anillo para el dedo como prueba de legitimidad. Es de esa manera que muchos capos de la mafia se ganan el miedo y el respeto, por su cualidad de miserabilidad. Vanzi hace lo que puede para adaptarse, pero el lugar lo sobrepasa, como a cualquier persona de bien. El realismo del filme es potente, no cae en la caricatura, ni tampoco en la sobredimensión. Así el sistema para tener sexo (con la impresionante Patrizia Adiutori) en prisión es audaz y coherente. El dinero en la cárcel te puede ayudar, pero el poder (la pirámide) está primero. En ese ámbito Pesenti es un kamikaze, pero Vanzi es alguien mucho más pedestre y la pieza clave para el jaque mate en varios sentidos. Temer morir está en todos, pocos hombres pueden ser realmente heróicos, Pesenti es uno de ellos. Pero Salvatore es un demonio en toda la palabra. Igualmente, el cinismo y la frialdad del guardia al mando del centro (Turi Ferro). Hay diversos vínculos de amistad en prisión. Asistimos a muchos tipos de presos, como Biro (John Steiner), el eterno delincuente juvenil. También se apela a la dignidad del preso, como con Campoloni. Muchos estan expuestos a la fragilidad de la existencia, en un lugar donde es un pequeño reino donde favores esenciales valen más que la propia vida. Es el opuesto de la civilización idealista donde cada ser humano es importante. También hay una señalización de clases bajas empujadas a corromperse, como arguye el jefe de policía. Es una película pesimista, pero también la cárcel representa un submundo infernal.
domingo, 13 de abril de 2025
Sorda
Ésta película española tiene de protagonista a una mujer sorda de 40 años, interpretada por Miriam Garlo que en realidad es sorda. La película de Eva Libertad, su segundo largometraje y el primero en solitario, nos muestra la vida cotidiana de Ángela (Garlo), con su pareja, Héctor (Álvaro Cervantes), quien es oyente. Héctor se ve que es un buen marido y una persona amable y correcta. El relato muestra amor entre ellos, escenas románticas bien desarrolladas para parámetros de llamémosle arte, además Ángela muestra sensualidad. La película pasa por cierto feminismo expuesto desde su protagonista. Un feminismo que es un poco ombliguista o yoísta, más que pensar en la sobrevivencia o en los derechos igualitarios más importantes. El filme claramente es la historia de Ángela, quien tiene una actitud un poco de víctima frente a ser sorda. Ella llega a gritar abiertamente que es fastidioso ser sordo -poniendo una palabra mucho más leve en su boca- en un planeta dominante de oyentes, como si no le comprendieran (anhelando y pretendiendo un especie de 100%, lo cual puede resultar un poco iluso porque es habitual en el ser humano que haya una cuota de complejidad en ponerse en el lugar del otro, aunque esto no sea lo más óptimo, lo mejor para todos) o no se sintiera del todo integrada por el resto (negando ella misma a un punto el hecho de ser sorda o aun no aceptándolo al 100%). Quizá en realidad es que a ella se le complica más de lo usual, porque vemos que en la película todos son igual de amables y comprensibles que Héctor quien hasta se expresa normalmente con señas, y además muchas de sus amistades son igualmente sordas y se les ve felices. Ángela parece que en realidad es la que está metida en esa actitud de fricción frente a la vida o su condición. De ésta manera la vemos siempre mirar juzgando su realidad de sorda y a su entorno y, por supuesto, todos lo hacemos, pero en la película es constante, tanto que parece llevar cierta antisocialidad en su personalidad, pero de los que no quieren aislarse, sino como quien quiere que todo sea perfecto, y por un lado está bien ser un poco exigente. Ella se escapa a la discoteca a bailar sola, como quien se libera de sus pesares personales y/o sus responsabilidades (maternas), y no es que no sea humana y eso hay mucho en ella, un cierto engreimiento en la composición de su personalidad, lo cual contrario a lo que se puede pensar suena interesante de ver en una película, sin necesariamente alentar aquel comportamiento, observado que la maternidad es parte trascendental del crecimiento emocional y existencial de la mayoría de las mujeres. En Ángela muy a menudo está presente esa mirada literal (de su sensibilidad) de descontento (no expuesto inmerso en la melancolía, sino como disgusto que pasa desapercibido por otros), sutil digámosle, frente a sentirse un poco fuera de lo convencional, pero el problema en realidad parece en buena parte su actitud, aun cuando ser sorda de hecho que tiene sus dificultades particulares (como cosas donde sentirse fuera de cierta interacción), pero uno diría que con 40 años ya ella tiene experiencia de vida y debe haber aflorado en sí una necesaria resiliencia, lo que ciertamente es parte de existir, ya que todo ser humano tiene retos personales si bien distintos. Es ahí que en ella asoma ese feminismo yoísta, de estar siempre dispuesto para pelear y está bien ser fuerte (y todos podemos ser frágiles), pero tampoco se trata de exagerar la nota, porque el filme se ve super integrador (quizá es querer más). No obstante sin ser superficial o ligero en decirlo es aceptar la realidad -que tampoco es conformarse con un escenario injusto, incluso de la vida- y ponerle punche a todo. Ángela llega hasta anhelar que su hija por venir sea sorda (cree que hasta se le está menospreciando al criticar su deseo, y le fastidia que su esposo esté pendiente de como será la bebé a ese respecto, cuando es de lo más normal), lo cual suena un poco tonto, una integración que tiende a exagerar, propia de los tiempos actuales que llegan a excederse en cuanto a lo políticamente correcto o a un ideal hiperbolizado, quitándole visceralidad o vitalidad a la vida (que no puede ser mecánica ni aséptica, porque no nos identifica, ni a nuestra real evolución), que no significa decir que se acepte maltrato. Quiere como imponer su mundo y es normal, todos buscamos construir nuestro contexto, si bien la vida nunca es cálculo absoluto, no obstante puede ser más beneficioso y/o saludable ser más simple y buscar integrarse a lo demás, y la gente, claro, ser empática. La problemática del filme es de cierta austeridad, pero no deja de ser interesante, ver el mundo desde la personalidad particular de Ángela frente a su sordera, que ha creado la directora y guionista, sin que halla en Eva Libertad exageración de dramatismos, ni asomo de melodrama, o golpes bajos, sólo problemas comunes, metidos dentro de mucha modernidad. Es una película que se siente bastante personal y eso le agrega mucho a favor, leer la sordera desde el feminismo, aunque uno debata un poco y le critique por una parte, pero en ello también se muestra la riqueza de la temática y la sabiduría de la elección del cine español donde lo familiar se vuelve atractivo, profundo, dinámico y amable. Es una película donde la austeridad no es que signifique que no pase nada. La cotidianidad de la sordera se ve efectiva y genera atención e interés. No hay pocos momentos, hay muchos dentro de esa cotidianidad específica.
martes, 25 de marzo de 2025
Fiume o Morte!
Fiume o morte! (2025), del croata Igor Bezinovic, ganó el premio mayor del festival de Rotterdam 2025. Es un documental que recrea dramáticamente imágenes de archivo y le pone por momentos un poco de comedia en el asunto. La historia que se nos cuenta parece salida de la ficción pero todo es real, con una documentación pormenorizada de lo que se nos muestra. Lo que vemos todo lleva un soporte histórico que se justifica directamente en pantalla. Igor nació y creció en la ciudad croata portuaria de Rijeka y es ahí donde se contextualiza el documental. Narra la invasión del célebre escritor italiano Gabriele D’Annunzio que en 1919 con 56 años tomó la ciudad de Rijeka por entonces llamada Fiume, un lugar que era disputado por italianos y por la naciente Yugoslavia. D’Annunzio formó un pequeño ejército y tomó la ciudad, sin prácticamente resistencia alguna. Lo que le ayudó a conseguirlo fue que era muy respetado y admirado en Italia y no querían hacerle daño. La misma Yugoslavia miraba sin hacer nada por temor al poder italiano. D’Annunzio puede verse incluso como cierta inspiración para el mismísimo Mussolini que en 1921-22 pondría en ejecución el fascismo. El mandato de Gabriele D’Annunzio duraría 1 año y 4 meses, durante 1919-1920. No fue propiamente fascista, pero lleva cosas en común. D’Annunzio gobernó sin ser elegido, y aunque la ciudad era croata había mucha población italiana por entonces y era hacia ellos quienes gobernaba, incluso menospreciaba al propio pueblo croata. Bezinovic hace uso de sus compatriotas de Rijeka que participan en las recreaciones. Muchos lo toman a juego, con lo cautivante que llega a ser para montón de gente participar de una película. Actuar en ella. Hay una cantidad considerable que lo hace bastante bien. Las recreaciones de las fotografías, murales o pinturas por la población actual de Rijeka se ve muy profesional, muy detallista. Fácilmente se podría haber hecho una película no documental de lo que observamos (es como si asistiéramos por una parte a su preparación, si bien éste es un filme hecho y derecho y encima bueno). Llega a haber una banda significativa de hombres calvos que copian la apariencia física de D’Annunzio para verlos en acción y muchos son gente seria, profesionales consumados de otras carreras. La película es moderna y dinámica, no es la típica película rara ganadora del festival outsider o minoritario, sino puede entretener sin dificultad a cualquier espectador. Hay acompañamientos que podemos tomarlos por punks o juguetones como el uso de una batería en una pequeña banda al aire libre y canciones que te ponen en ritmo o te sacan una sonrisa. La historia se narra de una manera distintiva y al mismo tiempo para todo el mundo. Se puede aprender de datos curiosos y asistirlos de manera atractiva y además corroborado como documental. Sin duda, D’Annunzio era un tipo especial, muy particular, con su infaltable cuota de locura que es lo que suele anidar, algo, en toda originalidad. Lo que hizo es un acto de extravagancia extrema para quien era él, un célebre y talentoso escritor de cierta edad. Parafraseando a Pasolini, éste podía haber sido el capricho o engreimiento de un egomaniático. Pero además hay que tener bastante coraje. Se enfrentó a actos militares, recientemente terminada la primera guerra mundial, o donde podía anidar la violencia y la muerte. De hecho hubo gente que perdió la vida con ésta pequeña invasión. A esa vera lo señalan ligeramente como un especie de futuro Che Guevara; otros, un prototipo de fascista. De Italia recibió cuantioso apoyo, como de hasta un premio Nobel italiano, incluso Mussolini le donó dinero. Fue tremenda aventura para él que perduró durante 17 años después donde fue a vivir y que ha quedado de museo, y que sembró un background bastante anecdótico en la hoy Rijeka. Se exhiben en pantalla muchas historias -hay mucha información interesante- de esa época, alrededor del lema símbolo que pintan en paredes las milicias de D’Annunzio, Fiume o muerte!, el no querer irse por nada del mundo. Visualmente es un muy buen documental; a ratos minimalista, pero que sabe recrear sólidamente el pasado. También es curioso oír las tantas impresiones de los croatas contemporáneos sobre el pasado de su ciudad, sobre la llamada Fiume y D’Annunzio habiendo bastantes que participan con sus performances, puesto que la historia fue escrita por un tiempo por italianos, pero éste documental es croata, está dedicado a ellos y de ellos hacia el mundo, es ahora su historia.
lunes, 24 de febrero de 2025
Cristo se detuvo en Éboli
Cristo se
detuvo en Éboli (1979) adapta autobiografía del escritor italiano Carlo Levi
inspirado en la época que fue exiliado por antifascista a un pequeño pueblo de
Lucania, hoy llamada Basilicata. Dirige Francesco Rosi. A Carlo Levi lo
interpreta Gian Maria Volonté. Volonté le da enorme dimensión al protagonista
como un tipo empático con el entorno rural, con el campesinado, con la gente
humilde de Italia. En el pueblito con la autoridad estatal se dan
conversaciones sobre ser un caballero o pertenecer a las élites, y se hace
diferencia con la comunidad o el pueblo, pastores, campesinos, agricultores, a
los que directamente se les tilda de supersticiosos, y en efecto corroboramos
que muchos comentan de prácticas de esa índole. Muchas de las personas que vemos
se perciben como que no son actores, sino como que hacen de ellos mismos y le
dan mucho realismo al producto. El realismo del filme es muy bueno. Por las
casas de piedra blanca vemos chanchos enormes, cabras, montón de animales
pasean mostrando tremenda naturalidad. Así mismo muchas tomas muestran el
paisaje o ponen de fondo la infraestructura del pueblo y se ve como parte de
otro tiempo. El filme es de 1979 pero se siente tranquilamente como el año que
retrata, 1935. Levi (Volonté) tiene estudios de medicina, pero no ha realizado
prácticas y a pedido de la gente común, por la falta de doctores en la zona, al
saber de sus estudios lo persiguen para que cure a los enfermos. Esto y su
amabilidad y respeto hace que los humildes le estimen. Levi también defiende
sociopolíticamente a las clases bajas. Levi comparte camaradería con todo el pueblo, desde lo más alto
hasta lo más sencillo. En varias oportunidades se le observa cogiendo
contextos. Escucha de la guerra, participa del folclore. Hay momentos donde
éste conversa sobre sus filiaciones ideológicas. Vivir en una zona atrasada
digamos, o con pocos avances, muchas carencias, puede pasar como que no hay
demasiadas cosas que hacer (o contar), pero la propuesta de Rosi siempre
muestra quehaceres interesantes, aun cuando son los habituales de lo rural.
Muchas escenas son de enorme poder de realismo, como cuando los niños
mataperrean persiguiendo para lanzarle piedras al cura alcohólico del pueblo.
Levi, una mañana, duerme en un hueco dentro del cementerio, bromeando con
escapar de su exilio frente a un guardia que lo sigue. Hay hasta la adopción de
un perro. Irene Papas hace también un gran papel como la empleada de Levi,
provocando muchas excelentes escenas. Aunque Papas es griega parece una
italiana típica, de aquellas rústicas y muy campechanas. Lea Massari como la
hermana de Levi otorga además cierta sensualidad italiana o latina al ambiente,
aun en un breve rol. Desde que llega nuestro protagonista al pueblo hasta que
se va un año después el filme se muestra propio de un detallismo y poder
vivencial glorioso. Es un filme que hace sentir pocas dificultades
existenciales, aun cuando se yace en el exilio, vigilado de cierta manera, pero
la vida rural asoma muy tranquila, muy simple pero al mismo tiempo muy bella en
éste retrato. Le faltan cosas a la población, pero Levi con el grandioso
Volonté se muestra muy dócil frente al campo, se adapta con naturalidad, el
filme respira afecto con él, no asoma enojo o frustración de su parte frente a
su condición. El personaje siempre yace en calma, se le ve siempre en control,
siempre inteligente. Mucha gente propia de la ciudad seguramente se sentirían
abrumados o hasta aburridos en éste entorno, pero aquí se percibe verdadera adaptación,
aun cuando hay una presión que lo ha puesto en dicho lugar al protagonista,
pero también se percibe convicción, ser tal cual lo que pensamos. Esa
adaptación habla justamente de esto, de sentirse realmente identificado con la
gente humilde del campo y su manera de vivir. La autoridad del pueblo (Paolo
Bonacelli) tiene sus ideas propias de su clase, pero no obstante no parece mal
tipo. En éste lugar no existen diferencias indisolubles, tenemos comunicación,
no se exhiben enemigos o antagonistas terribles, hay la posibilidad de puentes,
pero apunta una carta de Levi que el gobierno de Roma o de Mussolini dictamina
una estructura y un sistema que fomenta las diferencias sociales. Es un filme
austero, pero de una austeridad narrativa que te atrapa, rica en naturalidad,
neorrealista. No es un filme de típica grandilocuencia, pero tampoco de
aquellos donde todo es anodino, vacío, insignificante. Donde no hallas nada,
donde no pasa nada, sino se respira vida, momentos, como cuando Levi cura a la
gente. Papas también transmite sensualidad desde lo llano. Ella parece estar
lista para una aventura sexual, una historia simple de puro y duro realismo
italiano. Es una historia rural que se destaca, de aquellas de las que no
esperas mucho y te terminan encantando.
domingo, 29 de diciembre de 2024
Dahomey
Documental ganador del oso de oro del festival de Berlín 2024. Dirige la francesa descendiente de senegaleses Mati Diop. Una de las ideas originales del filme se llega a oír de boca de una de las estudiantes que exponen su propio pensamiento -como todos los presentes- en un debate público de una Universidad -lo de los debates es algo habitual de ver en el cine africano-, hacer que las 26 obras de arte devueltas por Francia a la República de Benín muestren su lado místico que a la oradora señalada le produce temor, porque empalma con las artes mágicas populares que se practican por lo bajo en Benín según se manifiesta. Diop hace que una de las obras devueltas, la Número 26, hable con una voz que suena un poco como la voz de un demonio o propia de una película de terror, si bien también suena en parte al tono de la pronunciación que coge al hablar el africano. Ésta obra -la 26 en particular que toma protagonismo algo arbitrario- y el documental en sí habla de identidad, de relacionarse con lo más autóctono de su país, de la mano del rechazo al colonialismo francés que sin duda ha dejado una fuerte huella multicultural en Benín. Diop mediante el debate de los estudiantes expone un sinfín de ideas de nacionalismo africano. Hay pensamientos inteligentes en el ambiente universitario, pero también se les sienten muy desafiantes, algunos pasan por altaneros, que puede confundirse con gente problemática y quizá hasta contraproducente. Se percibe mucho político en ciernes, mucho intelectual revolucionario -que hasta uno lo dice abiertamente-, y como es típico, mucho ánimo de hacerse notar, de llamar la atención y, por supuesto, ¿cómo?, discutiendo. Más que pelear, las ideas deben oírse constructivas, llevar empatía como planeta, aunque con convicción. Llaman insulto que hallan devuelto únicamente 26 de lo que consideran son 7000 obras de arte que se llevaron los franceses. Llaman a la actual gestión del presidente de Benín un lavado de cara de su familia, que adjudican culpa de los saqueos colonialistas galos. El debate se oye más 80% como conflicto que de diálogo, pero hay ideas notables aun así, algunas son informativas además. El ambiente se pone picante y de manera muy simple se dice bastante. Es un documental abiertamente político, más allá de algunos adornos cinematográficos valiosos y una buena estética y profesionalismo en la documentación del traslado de las piezas africanas desde Europa. Como fuente para valorar la propia cultura, pensando que apuntan a que su país evolucione -aunque más que criticar se trata de crear, porque ser negativo es propio de cualquiera, la sabiduría real está en pensar en soluciones-, tiene su fuerza, maneja intelectualidad a rescatar. Una persona inteligente, en el debate, señala una respuesta audaz, que la cultura es intangible, está como decir en el aire o la cotidianidad del país. Otro lo complementa que así todos pueden recibirla, pensando en superar la pobreza. Hay que trabajar con el alma, junto con las motivaciones, siempre en un ambiente positivo, no del enojo, el buen líder siempre tiene que tener nobleza, porque cuando llega el poder (o la celebridad) eso es lo que lo define. También Diop ha sabido dar más alcances alrededor del debate, en términos autorales. No se ha quedado ahí, pero el meollo de todo es lo que dicen los estudiantes, propulsores -como el título señala- de volver a la gloria del reino de Dahomey (ponerlo en la palestra), el pasado de Benín y de donde nacen las obras devueltas. Se exhibe un manejo interesante de hacer hablar a la propia cultura (con la obra Número 26) y a esa vera querer unificarla con el poblador de Benín, si bien el feedback proviene de los jóvenes intelectuales. La cámara más tarde pasea simplemente por las calles en busca de la cotidianidad del poblador de a pie. En la propuesta se dice que es momento de pasar la antorcha y se manifiesta que ya existe ésta gente. No se enfoca en las personas hoy en día importantes, los que vemos llegar al Museo africano, aun cuando todos ellos muestran caras amables a la cámara, mediando trajes pintorescos, ricos en matices. Es un documental potente porque todo es bastante claro, fácil de entender, y no obstante tiene arte.
domingo, 15 de diciembre de 2024
Le mystère Koumiko
Éste documental es un filme ensayo perteneciente al francés Chris Marker, es uno de sus primeros trabajos, aunque ya tenía alrededor de una década de cineasta. Marker tenía 44 años cuando hizo ésta película que tiene una duración de entre 45 a 55 minutos, otra virtud, saber decir mucho, ser competente, en un transcurso que no abrume, que no se llene de tiempo muerto, o provoque desconexión o redundancia. Aquí hasta ocupa menos espacio al metraje promedio de 1 hora 30-45 minutos, observando que saber manejar el tiempo de lo que queremos exponer es atributo valioso en el cine, inherente al séptimo arte, así como saber editar, poder controlar el tiempo provocando riqueza intelectual. Marker estaba desarrollando sus habilidades de cineasta, su estilo de filmar, sus búsquedas reflexivas, humanistas, políticas, sociales, y ya en ésta propuesta exhibe excepcionalidad -hasta de pionero- como ensayista a través del cine. En 1964 filmaba los Juegos Olímpicos de Tokyo y como menciona como introducción conoció por casualidad a una muchacha japonesa llamada Kumiko Muraoka, que estaba en el rango de los 20 y 30 años. Decidió hacer un documental sobre su persona, y con ella reflexionar y conocer Japón, y de paso un poco el mundo. Es como si se hubiera enamorado, pensando más en lo platónico que algo más mundano. Desde el punto que se mire, algo más, o menos, doloroso. Marker es quien manda, siempre es el artífice, él se encarga del guion, del montaje, además. El filme se ve creíble de que Kumiko sea real, tal cual la vemos, aunque sin duda lleva del intelecto artístico que produce el conjunto de la guía de Marker, quien hace de voz en off, le conversa, la entrevista directamente y hasta le deja preguntas en el aire después de irse. A Kumiko la descubrimos en el estadio -como una espectadora más, entre la gente- y en adelante la vemos pasear por Tokyo, por tren, por las calles. La cámara también lo hace sola, muestras cosas complementarias. Es un filme que tiene a la joven de eje pero va más allá. Marker dice que es una chica común y corriente, pero así mismo tan especial como para hacerle una película, así como al Papa. Kumiko, nos explica, no es tradicional ni tampoco muy moderna. Mantiene un equilibrio en su personalidad, una donde se le ve sencilla, pero inteligente; amable, pero perspicaz. No es de esas mujeres que terminan fastidiando con sus engreimientos, y dice cosas, expresa pensamientos propios, pensamientos interesantes, y lo hace con pausa, con tranquilidad, con un aire de docilidad, de empatía. Se le siente real o simplemente lo es, aunque por la época cae como una mujer algo exótica, en especial para el europeo, pero desde un Tokyo en apertura y deseo de caerle bien al mundo tras su recomposición de la segunda guerra mundial. Demuestra mucha admiración por lo europeo, en un tiempo donde mucho japonés quería ser occidental en varios sentidos. Es un retrato propio de su época, y más su humanidad, su sencillez como ser humano, se amplia la lectura. Sobre todo con la habilidad de Marker para sacar lo mejor de su intelecto. No obstante sus respuestas son humildes, no suenan a pretender impresionar. Se le percibe realmente amable, dulce. Ella misma manifiesta que el amor y la ternura le mueven y que valen la pena sobre lo demás. Sin embargo dice respetar la violencia. Afirma no temerle y, de suceder, aceptar su devenir pasivamente, la muerte; así mismo se plantea cierto erotismo con lo japonés desde el sadomasoquismo que se expresa yace muy arraigado culturalmente. Si bien muestra que el japonés es muy adicto a las tradiciones que están por todas partes, como el folclore, también a la violencia -que se adjudica naturaleza del planeta-. Dejan ver en ellos un impensado carácter algo freak. En la apertura se desmiente señalando ironía que sean salvajes. Se menciona un comentario superficial de la gente que no conoce realmente Japón, de que los samuráis eran salvajes. Aun así tampoco dejan de ser humanos y no encajan sólo en la típica formalidad que muchos pueden creer inamovible, si bien se les conoce por una cultura basada en el respeto. En 1940 Japón iba a ser cede de las Olimpiadas, época de grandilocuencia, de egos deformes, y la segunda guerra mundial canceló la fecha. Ahora en 1964 todos sus jefes políticos saludan al resto del planeta. Japón se vuelve un lugar atrayente para cualquiera. En el documental se habla de varios estudios que tratan de comprender el país. Marker lo hace también a través de la mirada, de las respuestas, de la bella Kumiko que se acerca a una olla con sahumerio y ríe desmitificando el misticismo nipón, e incluso puede ser reduccionista con definir el espíritu japonés. Kumiko estudió en una escuela franco japonesa y tiene una mentalidad medio cosmopolita. Habla de cómo es el hombre japonés, cómo la observan a ella como mujer. Marker también pretende algo de seducción en su guion, como europeo. Hay un aura a lo Yoko Ono-John Lennon sobrevolando en el aire, sólo que lleno de simpatía. Kumiko sutilmente habla también de qué quiere, como mujer, de un hombre. Ella parece sentir algo de tedio con el exceso de amabilidad, de idolatría, y pretender, bajo la mención de observarlo en la mirada de los gatos (gatos que parecen enamorar al mismo Marker), un aire tal cual el título, de misterio, de ambigüedad, de poder ser un poco cruel, igual que tierno. Kumiko sin duda es una chica atractiva en muchas facetas, más allá de que pueda uno creerla aspirante a actriz. Se entiende que Marker le haya dedicado un documental; también, desde luego, provocando un ensayo con tantas aristas, a partir de una mujer hermosa, inteligente y fácil de querer, no habitualmente complicada, aunque ella declara que en su cabeza hay mucho desorden (complementado con su mención del mundo semejante a una ola). Sin duda está presente la magia del cine también, la ilusión, la fantasía, el romance, la mujer hecha poesía, como con las tantas tomas del rostro de Kumiko, hasta oír un piropo abierto del autor. Y en el trayecto hay demostraciones de kendo, nipones disfrazados de guardias ingleses mientras pretenden algo de comedia, la imagen de un búho gigante como publicidad pública que gira sus ojos intensamente, luces de neón a lo New York al son del tambor japonés tradicional, y hasta una secuencia celebrando similitudes con Los paraguas de Cherburgo (1964).
domingo, 8 de diciembre de 2024
Class Relations
Class Relations (1984) del matrimonio francés Daniele Huillet y Jean-Marie Straub adapta la novela inacabada Amerika de Franz Kafka. Todos los actores actúan de manera austera y abiertamente fría (sin adornos expresivos), con cero histrionismo, con mucho ascetismo. Es una película que trata de compaginar las distintas clases sociales produciendo una interrelación analítica, reflexiva si se quiere, y aunque los autores galos son ideológicamente socialistas -plasmado en sus trabajos- muestran también gente pícara y hasta abusiva entre la gente sin recursos. El relato tiene a un muchacho europeo, alemán, Karl Robmann (Christian Heinisch, en su única actuación en el cine), que ha embarazado a la empleada de su casa y su familia lo ha mandado lejos, a New York, por barco, para evitar el escandalo. Karl luce un chico básico en sus expresiones, en sus reacciones y posibilidades con la gente (sin embargo hace más de lo que se espera de él, de sus debilidades), hasta pasa por inocente e incluso frágil (no obstante se presenta intrépido para nadar sólo en tierras lejanas y desconocidas). Posee buena educación y luce a un punto culto. Se le percibe real a secas, destila mucha humildad para con la gente sin recursos. En el barco se debate en defensa del fogonero con quien entabla amistad y un aura de respeto hacia éste, y va más allá de las meras palabras o la demagogia, sino intenta solucionar sus problemas. Se puede señalar que hay cierto estado de injusticia en el ambiente del relato, en el planeta, en la humanidad, en la sociedad, en la convivencia, y es poner el lente sobre una realidad que se aplica común (aunque Kafka lo dimensiona hasta lo neurótico), muy propio también del mundo. Los fuertes pisan, dominan o subyugan a los débiles o unos buscan estar por encima del resto (sea de donde vengan), si bien esto es obviamente reprochable, implica proponer equilibrios, construir sociedades más factibles para nuestra humanidad. Karl en EEUU anhela ser independiente, quiere hacerse desde abajo, pero la situación es muy difícil. Kafka muestra, como suele hacer en sus escritos, al hombre que el peso del mundo lo opaca, lo hace ver pequeñito, y simplemente trata de remar hacia adelante como puede, como quien no tiene muchas armas para solucionar su propia existencia, contraer sosiego, paz mental, si bien posee ciertas ventajas en su habitad, como el estatus social, una familia poderosa, como el tío millonario hecho en América (Mario Adorf). Karl, y el propio Kafka (hombre de por sí complicado, embrollado mentalmente, y al mismo tiempo, muy inteligente, excepcional), siempre pretende un cierto idealismo que suele resultar poco práctico y que más bien lo pone en jaque frente a la vida. Karl se mete en mil problemas por no aceptar la existencia sencilla que le ha tocado vivir producto de sus privilegios sociales (sólo tiene que estudiar). La maleta y el paraguas de Karl se pierden una y otra vez, están expuestos al hurto constante. El joven enfrenta así la simbólica derrota frente al trato interpersonal, aunque él mismo se lo pone arduo, porque se pone en el plano de la gente de bajos recursos -dígase cierto primitivismo o violencia, el dictamen de la fuerza bruta- como con Delamarche (el director de cine experimental Harun Farocki que hace de un buen pillo, con 40 años de edad; un pillo cool además), sujeto que se quiere comer el mundo aun cuando no tiene muchas virtudes o ventajas y más bien coquetea con lo criminal, aunque todavía a baja escala. Delamarche es un vagabundo que no obstante se las arregla con su atractivo físico de enamorar a una cantante con dinero, solitaria y envejecida, con fama en descenso, interpretada por la gran actriz italiana Laura Betti que por entonces tenía 57 años. Delamarche tiene un amigo que es como el tonto u oprimido del dúo, Robinson, quien le cuenta sus cuitas, su vida menospreciada a Karl. Conversan en una azotea, a lo The room (2003). Huillet y Straub hacen uso de escenarios bastante austeros, ultra primarios, pero competentes, tal si estuviéramos metidos en una clínica, rodeados por el color blanco o como si nos encontráramos especialmente iluminados, con únicamente sus pocos personajes, no hay otra gente nunca, no hay extras. Manifiestan un estilo formal con un distintivo blanco y negro del metraje y una visualidad minimalista medio de aire futurista, propio de una unidad con las performances que hacen. Hay un quehacer sexual en la historia, la que se percibe de estilo Kafkiano, que no se siente fácilmente, que medio que sutilmente intenta pasar desapercibida, como con la empleada que entra de noche al cuarto de Karl y dice estar volviéndose loca por no hablar con nadie, lo cual es muy americano. Así mismo con la hija del profesor, que parece una chica liberal y quizá proponer un trio, o el intercambio de parejas; en todo caso, la permisividad. En esa mansión de aspecto aristocrático se puede entender una cierta propensión a la corrupción o la trasgresión de tipo sexual, pero metida en el cinismo u que se pretende ocultar en cierta manera -la liberalidad puede ser peligrosa, mostrar lo peor-. Karl no es mostrado muy interesado en lo sexual, no parece prioridad en su personalidad, algo que tenga fijo. Sus inquietudes son de otra índole, está vislumbrando su futuro, el camino a seguir, como ejercer el altruismo, un amor atípico y real por los demás. Lo de la empleada que embarazó da a pensar que fue un acto que al propio Karl lo ha cogido por sorpresa en todo sentido, no se intuye un acto deliberado, lujurioso, menos de clásico aprovechamiento de clase, de opresión, pero eso habla también de nuestra imperfección general, nuestra dificultad de poder trascender. No existe el ser humano perfecto se podría decir, sin sonar que por ello hay que aceptarlo, aguantarlo o permitirlo todo. Hasta un tipo como Karl falla miserablemente. También es la tendencia de Karl a empatizar con la gente humilde, un poco en dejarse llevar, ser algo un barquito de papel en el agua. No ve diferencias sociales, ve personas, no clases sociales. No obstante tampoco esperen la eterna telenovela. La obra de Kafka está por encima de esto, su poderosa particular ambigüedad y su complejidad abriéndose a empalmar mil aristas por algo lo sindican como un escritor importante de la literatura universal, y tanto Huillet y Straub aun en sus ideologías dominantes parecen respetar finalmente eso.
domingo, 24 de noviembre de 2024
L'Étrangleur
Ésta es una película un poco rara, rara no porque no la vayas a entender, sino porque algunas acciones no parecen las más comunes, algunas acciones son literalmente extrañas, como si los personajes salidos de la cabeza del francés Paul Vecchiali -que escribe en solitario el guion- fueran gente rara, pero tampoco es que ser asesino en serie pase por ordinario, sino, claro, es propio, como se dice en pantalla, de personas dementes, anormales. El relato abre con un niño pequeño castigado escapando de su hogar para querer huir en tren, pero se topa con un adulto y presencia un asesinato, algo que él tomará de modelo. Por un momento parece pasamos por una visión o sueño del futuro, producto de un enojo e impotencia que cambiará el rumbo de la vida de Émile (Jacques Perrin), pero puede ser otra cosa, puede haber una lectura de abuso sexual, pero el filme por ratos se plantea abiertamente artístico y se disuelve en la sutilidad y en un quehacer light arty. Artístico como quien pretende buscar el camino atípico. Se percibe del filme que hay mucho de Vecchiali, pero también se siente un ánimo lúdico (como infantil, aunque trabajando con las relaciones afectivas interpersonales) con la temática, disfrutar de construir el personaje de un asesino en serie, de la fantasía y libertad que proporciona. Pero a su vez se siente un Vecchiali (en los 40s, realizando una de sus primeras películas) entusiasmado, experimentando, con el aparato del cine y querer ser artístico, ganarse un lugar como cineasta de autor. No obstante no sólo es eso, porque se percibe un cierto gusto personal como de cabaret, algo entre pintoresco y un poquito huachafo, como si recurriera a disfraces, en el personaje de la actriz entrada en años, olvidada y melancólica o desesperada por compañía, que mete a cualquiera a su cuarto; o con las prostitutas que visten de marinero y se mueven a lo autómatas, fríamente, dentro de un espacio posiblemente cutre. Los homicidios del asesino en serie en que se convierte Émile -que sueña con ver a sus víctimas bailar alegres en el cielo y más que perversidad hay candidez- y de lo que va la película se manifiestan excesivamente suaves, no se exhibe ninguna violencia, ningún acto de horror, están propuestos hasta en el fuera de campo, casi no hay nada del hecho en sí. Incluso el asesino mata con chalinas blancas que el mismo confecciona. Se trabaja bastante una cierta emotividad o melodrama, sobre la soledad de las personas, aquellas que no tienen a quien amar. Émile mata porque se identifica con esa imagen, en no poder relacionarse profundamente con nadie, puesto que lleva hasta un problema mental. Éste asesino cree matar por compasión, para calmar el dolor de la soledad, del vacío existencial. Mata mujeres porque quizá se ve hasta reflejado en ellas, aunque desmiente ser homosexual en una escena en específico, como muchos pueden pensar al tener por ésta opción al mismo Vecchiali. Así se podría pensar en la auto-represión -sufre desasiéndose de las mujeres, cosa que no puede controlar- y el machismo circundante. La falta de un lugar de aceptación. Pero Émile es trabajado como un tipo en esencia, un sujeto sufrido, que le duele vivir y para hallar satisfacción cree que es samaritano, que le otorga descanso a las almas maltratadas por el mundo, o a la vera de sus limitaciones y elecciones. Es como que Émile en lugar de pensar hacia sí se articula en una labor semejante a un acto social, humanitario, cuando lo que hace es una monstruosidad, pero Vecchiali lo muestra todo muy suave (y de esa manera irreal), como si todo fuera una excusa para ejercer una sensibilidad existencial (el martirio de la soledad y las malas relaciones). El inspector de policía del caso (Julien Guiomar) quien luce como todo un personaje, resulta cómplice con su abierta pasividad, que se le puede entender de empatía, tal que con esto se señalara que todos los hombres son recriminables o si hubiera una fuerza mayor que dirige ese comportamiento colectivo. Por supuesto, se mete injustamente a todos en el mismo saco, como si hablara el feminismo más extremo o el cliché, más la composición melodramática y cursi del director. Un tipo ruin roba a costa de la muerte, denuncia general y más carne narrativa distintiva para el asador, que termina siendo una expresión lúdica con la pelea con navajas. La mujer -de cierta apariencia friki- que denuncia y se enamora a diestra y siniestra (la bella Eva Simonet, de expresión desorientada, pero curiosamente prometedor erotismo) es el señalamiento de la concepción del ser frágil, ligero y algo tonto que cae víctima de éste asesino en serie, o más, de la inconsciencia, del seductor per se. Se confunde compromiso (paciencia infinita) con hedonismo.
jueves, 21 de noviembre de 2024
Subject: Filmmaking
Éste es un documental bastante cálido, sencillo y está (así) bien hecho. Se basa en que el co-director de la presente película, el alemán Edgar Reitz, ahora de 90 años de edad, en 1968 trabajó un proyecto por entonces experimental en su natal Alemania. Quería que se dieran clases de cómo hacer/pensar cine como parte de la formación educativa de su país. Todo lo que vemos, incluido bastante material visto hoy como de archivo, el mismo documental de 1968, se puede corroborar fácilmente en la actualidad, todo lo que se muestra hablaron por entonces. Pero como todo lo que luego se acepta masivamente, hay que pelear por hacerle un lugar. Lo valioso nuevo por más contradictorio que suene -o quizá no tanto, porque lo bueno, te cuesta- tiene que luchar por ganarse el espacio dentro de lo establecido socialmente, popularmente. El documental de 1968 de Reitz es el resumen de éstas clases de cine, éstas clases piloto, con lo que él quería se hicieran películas que llevaran un estilo analítico, creativo, libre, horizontal, buscando el encuentro y desarrollo de una comunidad o colectividad, de un quehacer comunitario amable y despierto, desde cada propia voz. Buscaba dar herramientas. Que lo vieran accesible. Por ello trabaja con los alumnos, que fueron chicas de 13 y 14 años, el cómo hacer y pensar el séptimo arte, un cine de ideas, un cine de autor, no principalmente de entretenimiento, sino aunque podía ser sencillo, que sea intelectual, palabra tan temida y despreciada por muchos, como si pensar no fuera accesible a la humanidad. Lo que vemos en Subject: Filmmaking (2024) es el reencuentro (tras 55 años) de las alumnas de esas clases de cine que impartió el propio Edgar Reitz a los 35, consumado cineasta, pero mayormente de cine experimental por lo que a las mayorías no les parecerá familiar su nombre. No es un cineasta popular, pero sí respetado por los entendidos de cine. Uno podría pensar que la elección del cine que hizo éste director alemán -sumando su hiperbólica trilogía de Heimat- lo ha dejado medio desprivilegiado colectivamente, más allá de que ha tenido éxito en su campo y en sus ambiciones, pero lo que prevalece en él es que deja ver que ansiaba una vocación intelectual en su arte, ver el cine como una herramienta para pensar y que esa herramienta no sea ajena para muchos. Igual, hacer (buen) cine nunca es fácil. Pero su deseo parece auténtico en cuanto vemos qué tipo de clases impartió o pretendió en su documental de 1968. No se especifica el tiempo que se dieron las clases, pero se deja intuir que fue muy por debajo del tiempo que se anhelaba como parte de la currícula escolar, de 1 año siquiera. No obstante de éste experimento en particular salió algo interesante, que produjo conversaciones inteligentes con las alumnas, dentro de la edad y la sencillez del grupo. Fueron ellas casi 30, y lograron concebir cada una un cortometraje, conteniendo decente formalismo. Se produjo variedad de tipos de película que oímos ahora describir. El otro codirector, el alemán Jörg Adolph, filma el reencuentro, bajo un estilo sobrio. Se mantiene tras bambalinas. Oímos gente ya mayor, marcada por aquella experiencia, un evento que manifiestan de muy especial, aun cuando no se oye que pudieron desarrollarse en ésta profesión. Las voces del presente se escuchan nostálgicas, pero sobre todo contentas. No se percibe proclividad a sufrir frustración, como anunciaba un padre de familia en 1968, sino algo que valorar/valoraron por siempre. Tratamos con un canto de humildad. Puede leerse actualmente de algo muy normal lo que vivieron y conversaron, pero por entonces tuvo de visionario. Es una propuesta que no plantea ninguna grandilocuencia, se percibe como una obra bastante austera, sin ninguna dificultad para el público, llevadera, incluso estéticamente, profesional, un reencuentro amistoso más sencillo de lo que uno pensaría de haber formado parte de una película sobre una clase experimental, pero suficiente como para celebrar algo distintivo, algo que recordar y comunicar, de lo que se percibe en todas ellas, felicidad.
viernes, 18 de octubre de 2024
The Substance
The substance (2024), de Coralie Fargeat, es una película que lo da todo en la cancha. Es una película que empieza uno diciendo que es obvia en sus postulados, e inicialmente uno puede creer que está frente al Yorgos Lanthimos hollywoodizado o más popular, pero pronto nos damos cuenta que no, que Fargeat es aquí auténtica, real, compleja y pretende el hecatombe, firme, contundente, como el hombre avezado en caída libre que abre próximo del piso el paracaídas consiguiendo vencer el peligro y gozar de la adrenalina, llevando sus postulados hasta las últimas consecuencias, pero no dicho bajo el cliché, sino es la gran bomba tal cual, la práctica hecha verdad. Es una película que enaltece al cine de género y lo propone en toda alevosía, llegando al extremo, es una película que por momentos fastidia, desagrada abiertamente, lo hace adrede, como un Cronenberg llevado a la potencia máxima, donde se hace tremendo homenaje a la magnifica e incomoda The Fly (1986), y es más atrevida, más gory, más impactante, que la mismísima Scanners (1981). Hablamos de El hombre elefante (1980) mutando al humor negro, a la sátira social. Fargeat actualiza el impacto, haciendo lo que pretendía el Cronenberg jovenzuelo, descolocar al público; en ésta época. Pero Fargeat no sólo hace esto, sino se distingue, hace algo muy propio. Implica sátira, humor negro, sobre el temor y el rechazo a envejecer, porque muchas sociedades apuntan a marginar a la gente mayor o a la que empieza a entrar en años, como quien caduca comercialmente, sobre todo cuando el dinero implica vender placer, lucrar con el sexo, y el atractivo físico o erótico o sensual es tan determinante para jugar en esa tribuna, atraer el deseo, y en consecuencia la atención que genere billetes. Hay muchos momentos donde éste filme te fastidia, como con el uso de la comida grasienta. Con su tipo de humor, abiertamente plantea el extremo, hacer que hasta te moleste mirar la pantalla, lo hace explotando el ridículo en determinadas oportunidades, la falta de vergüenza, el ir hasta más allá de los límites, de lo feo, y lo hace con verdadero delirio y con una coherencia que subvierte su obviedad y se convierte en la reflexión extrema -el acompañamiento- de la que es ante todo una película de género, una propuesta que parece no estar destinada a una sala de cine, no a lo convencional, una obra que quiere que mucha gente abandone sus butacas. Curiosamente defiende el derecho a envejecer contento o seguro de sí, pero con un canto de irreverencia juvenil -también como lo es el espíritu del buen amante del cine de género- o de la sabiduría de los años que leen a las juventudes. Pero es un filme coherente. El final desquiciado con litros de litros de sangre y el monstruo en pleno teatro es simplemente el horror psicológico del rechazo de la vejez. Más claro, imposible. El menosprecio que se mete hasta en lo propio, en cómo nos percibimos, como señala la identificación con la estrella del paseo de la fama como punto de retorno tras una mancha de desperdicio de comida rápida. Ese recordatorio de un tiempo otrora de gloria que ha perdido trágicamente su valor, por una sociedad que desmerece una etapa natural de la existencia, como con aquello de que en realidad somos uno, puesto que esa vejez también somos y seremos todos, entonces para que negarla, para que producir complejos, miedos, humillaciones. Pensemos que en realidad llegar a viejo es un especie de triunfo, como quien llega a la meta tras una maratón. El filme es una crítica a la superficialidad del ser humano, de la sociedad. Del ego y la vanidad. A la cultura del espectáculo e incluso a la cultura del sexo, el velar únicamente por nuestros botones más primarios. La trama no hace lección de la inteligencia, de la personalidad, de la experiencia, sólo del cuerpo, en donde la sustancia, como elixir mágico, trata de negar lo natural, el ciclo normal de la vida. El filme satiriza nuestra superficialidad, nuestra búsqueda constante de hedonismo que nos puede llevar a lo peor de nosotros. La propuesta lo hace con entretenimiento extremo, como haciendo una Terrifier arty, festivalera, pero a la vez muy midnight madness, en que se le abre la mente a los del culto de la juventud -a la potencia del físico- mientras nos divertimos con la última locura del cine, puesto que Fargeat lo ha conseguido, ha marcado momento. Es una película a la que no se le puede negar el aplauso, no por tener tremenda profundidad intelectual, si bien es un mazazo como tema de negar la vejez, más allá de la lógica de querer vivir del sexo y esto no remite al coito sino a la fantasía que seduce, como a sus derivados. Sino porque no ha venido a engañar a nadie. Porque se siente que Fargeat es realmente fiel al cine de género. Una maravilla las actuaciones de Demi Moore -sobre todo en el humor- y Margaret Qually -con lo erótico de su rol-. Muy buen manejo con ambas de la desnudez además. También bien por el profesionalismo de Dennis Quaid prestándose para tantos planos detalle desagradables.
sábado, 14 de septiembre de 2024
L'empire
Ésta propuesta del francés Bruno Dumont es una película que tiene todo para ser señalada en primera instancia como una mala película, pero dicho entre comillas, porque se convierte en una obra aceptable, ya que abiertamente trata de ser irreverente, no teme que la cataloguen de una mala película, y plantea sus propias reglas con alevosía y realmente funciona. Entretiene bastante y hasta es interesante, por lo que es de esas malas películas -por su honestidad positiva o a favor- que en realidad son películas decentes. Es una propuesta que abiertamente es disonante, y así fácilmente puede encajar en el disgusto del público o de la mayoría o de los modelos convencionales y ser denominada una obra a reprobar, porque chirría en su conjunción. Esto es una vida campestre ordinaria europea con un mundo que coge algunos elementos como decir de Star Wars (1977) y lo mezcla hasta con un escenario bíblico con extraterrestres. El relato nos descubre el apocalipsis y al anticristo, pero lo hace de manera ligera, sin demasiadas pretensiones filosóficas, oscuras, temibles u esotéricas, ni siquiera muy alegóricas, aunque muchos seguramente verán alguna parodia política, pero en verdad sólo es Dumont (guionista del filme además) riéndose un poco con el séptimo arte, disfrutando del cine y su libertad como entretenimiento (arty), un lugar para proclamar o trabajar hasta lo imposible. El ser humano es importante para los extraterrestres quienes se hacen pasar por personas comunes y corrientes. En ello hay la típica manipulación del pensamiento enajenado de la invasión de cuerpos. Todo empieza muy casual, una ex esposa de pocas pulgas se lleva furiosa a su hijo para que de pronto aparezca un sable de luz y un acto provocador, como con las cuidadas (pocas) escenas eróticas donde, a lo Romeo y Julieta, una mujer (súbdito de otro mundo) se entrega a un demonio. El mismísimo Belzébuth aunque espacial (Fabrice Luchini) tiene un aire cómico. Lo vemos ahí lujurioso, contento, frente a una gorda vestida de sadomasoquista, en tacos altos y sin brazos, que le baila a pocos metros, una extraterrestre más, salida de la imaginación fresca de Dumont, quien por ratos parece hacer uso de la era victoriana, como contextualización parcial o hibrida, como también de la época de los reyes de Versalles, junto con una etapa medieval, de caballeros y equinos ubicuos. En el filme, tal cual se dice, el mal y el bien están entremezclados, y aun cuando unos se autodenominan o se dejan ver propios de la luz o el bien, pretenden un poco el mal y viceversa. Al final el universo conspirará contra lo extraordinario -la guerra de los mundos o de las galaxias- en favor de la "simplicidad" humana, esa que no contiene el deseo y la carne, o enarbola la liberalidad o la ligereza del encuentro sexual, como se deja ver en pantalla. Dumont hace cosas como para ganarse al público de a pie, especialmente al francés, tan cinéfilo, aunque nunca deja de hacer lo que le da la gana y esto se ve que le puede costar o le ha costado público en general. Es una película que se entiende tranquilamente, y más que decir que es una propuesta WTF, es una película que usa cosas ordinarias como base -en un 65% digamos- y lo espolvorea con sci fi y lo hace chocándolo entre sí, luciendo abiertamente incongruente, como ver diversas naves espaciales extraterrestres estéticas o laboriosas en medio de la limpia ruralidad gala que estimula pensarla un lugar de veraniego. Ver un sci fi en la piel de lo ordinario no es novedad pero tampoco es abundante y tiene siempre su encanto. Así mismo el ridículo no es defecto sino parte de la diversión estructural, como con un Belzébuth que recuerda a Mel Brooks, o la exhibición de una gendarmería clown bastante despistada.