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sábado, 17 de abril de 2021

Promising young woman, Minari, Judas y el mesías negro y El juicio de los 7 de Chicago

Estas 4 películas están nominadas al Oscar 2021 en mejor película. 


Promising young woman

La película de la británica Emerald Fennell empieza como una película extraña y poco a poco toma coherencia, pasa de algo oscuro a algo racional, aunque nunca deja de tener cierta fantasía e irrealidad. Es una película que denuncia el abuso sexual escondido en la ingesta de alcohol y en la liberalidad mal entendida, mal entendida porque es abuso y no libertad. Las mujeres son alcoholizadas o caen en el alcohol por error y son abusadas. El filme señala el aprovechamiento de hombres que creen estar cumpliendo con affaires o pintan de buenos tipos, pero en realidad hacen actos de abuso sexual. Esta propuesta es un filme de género, un thriller, tiene harta adrenalina y novedad. Es un filme con momentos algo ridículos, pero es una obra que tiene su cierta extravagancia positiva. No es un filme propio de un gran premio, es más entretenimiento, pero está bueno que el cine sin etiquetas premie también el cine de género, que puede tener sus obras maestras, sus obras grandes también. Esta no es, pero entretiene. Tiene un momento totalmente inesperado por el final. Carey Mulligan actúa muy bien. Bo Burnham como el novio es una elección particular, pero trasmite personalidad y simpatía, aun bailando una canción de Paris Hilton como manera de seducción y humor. Es una película que se deja ver. Imposible que halla ganado el Bafta a mejor película británica por encima de The father (2020), pero no es una mala película, te mantiene interesado y divertido al menos.


Minari

La película de Lee Issac Chung tiene de autobiográfica, trata de una familia de inmigrantes coreanos que dejan California, una vida de monotonía y dependencia laboral y pequeñez económica, por el sueño del padre de familia, del joven Jacob (Steven Yeun), de cultivar comida coreana en una granja de Arkansas, en el sur americano, en los 80s. Jacob lleva a su esposa y a sus 2 hijos pequeños. La esposa no está contenta, pero Jacob se mantiene firme, aun acosta de sacrificar perder su familia. Está decidido a sobrevivir y luego a triunfar. La esposa, Monica (Yeri Han), en un momento dice yacer decepcionada, haberle perdido la fe a Jacob, cuando éste escoge la granja, defender su sueño de prosperidad y libertad. Jacob vive tenso, preocupado, en constantes peleas, pero sigue trabajando duro. Un tipo que es como medio el loco del pueblo, muy creyente en su fe a Dios, hasta lo fanático, viviendo algo descuidado, lo apoya; éste hombre, Paul (un sobresaliente Will Patton), es más de lo que parece, es alguien positivo en la vida de Jacob, éste es un gran personaje, igual que el de la abuela, aunque ésta tiene de efectista. La abuela llega de soporte familiar, la gran actriz coreana Yuh-jung Youn, en la que es otra relación en conflicto, así como de los esposos entre la abuela y el niño pequeño, David (Alan S. Kim, pequeño talentoso). El niño le dice a la abuela que no es una abuela de verdad porque no es tierna ni angelical sino medio relajada, medio viva, audaz. Pero no es una mala abuela, ni muestra malos sentimientos, en realidad si es pura bondad. Entre estos 2 grandes personajes, la abuela y el apoyo en el trabajo, y 2 conflictos centrales familiares y un sueño con dificultades tenemos una buena película, cálida, humana, veraz y con su sustancia. Es una película straight, directa, clara, pero potente y honesta, tiene alma, tiene novedad. No hay discriminación ni tampoco ésta familia coreana no es que no pueda adaptarse, su dificultad es tener éxito en su siembra y que puedan vender los productos a las mismas tiendas americanas de comida coreana, que los inmigrantes coreanos les compren y consuman lo suyo en territorio americano. La cosa es sobrevivir hasta entonces, que el banco y las deudas no se los traguen antes. Hay una escena donde un tipo rural menciona la quiebra y el suicidio como presente en el sueño, puede sonar extremo, pero el filme de Issac Chung deja esa posibilidad en el ambiente, la trabaja bien. Por todo vale la pena verla, es una buena carta de presentación de los inmigrantes coreanos en EE.UU y luego en otros lugares en general, y como el Minari -vegetal que cambia de nombre por país oriental- de todos los asiáticos.


Judas y el mesías negro 

Esta película sorprende un poco, es una película sobre un grupo de izquierda armado, con una mirada aunque no de elogio exacerbado, no hay prácticamente negatividad o critica hacia ellos, en medio del país de las barras y las estrellas. Este es un filme político, respetuoso en gran medida y hasta romantiza un poco la vida de Fred Hampton (Daniel Kaluuya), líder de Las Panteras negras, grupo revolucionario afroamericano. El filme habla como el FBI de J.E. Hoover, pone a Bill (Lakeith Stanfield) dentro de Las panteras negras, a una rata -como ellos le llaman a los delatadores o topos-, un soplón, quien destruye toda la organización al acabar con Hampton. Este es un filme muy bien narrado, interesante, claro, potente y al mismo tiempo bastante entretenido, pero serio. Hampton da tremendos discursos, menciona hasta al Che Guevara. Es un poco la historia de unos terroristas, como los veía el FBI y la seguridad americana, he ahí que sorprenda en cierta medida. Hampton sin embargo se ve que era un tipo pensante, no tan violento, realmente apasionado de que el pueblo mejore su vida, de que los afroamericanos mejoren su manera y estilo de vivir, remonten su clase social pobre. Los panteras negras tenían colegios y hasta querían construir iglesias. Daban ayuda social. Sus armas estaban enfocadas en los cerdos, como llamaban a los policías, sus enemigos. La brutalidad policial hacia los afroamericanos es parte fundamental de que ellos se formaran como organización. También aunque poco se menciona las panteras buscaban defender los derechos civiles de la gente de color, pero desde las armas. El problema con las panteras negras es que era un grupo no solo de izquierda -sin que el filme satanice o siquiera critique ésta opción política- sino que ejercían violencia, no dudaban en usar las armas o la fuerza bruta. El director Shaka King pone a las panteras bastante ecuánimes, mesurados, en sus acciones, aunque con discursos bastante intensos y agresivos. Hay un pantera que mata a un policía a sangre fría cuando era perseguido y abaleado, pero la policía también muestra esta sangre fría en el filme. La madre del revolucionario caído dice que el legado de su hijo debería ser mucho más que el de un asesino; es así que el filme trata de mostrar más que la violencia de la organización, y esa es su verdadera meta. También la parte amorosa en la vida de Hampton lo humaniza y a la vez lo muestra como un líder nato, auténtico e idealista. La parte del traidor es sobresaliente y constante, Stanfield construye a una persona con matices, efectivamente una rata, traidor múltiples veces, pero también alguien algo tonto, débil de carácter en el fondo, oportunista también no se puede negar aunque se percibe sutilmente, y que era fuertemente presionado y manipulado por un agente del FBI en especial, Roy Mitchell (Jesse Plemons). Bill quiere dejar de ser una rata, y no puede. Es un filme notable, aun cuando las panteras negras dan para mayor crítica negativa, como que para el FBI eran comparados con el KKK, en el opuesto, los veían como ese tipo de amenaza radical. El filme se pone bastante del lado de las panteras, y de Fred Hampton, se intenta ponerlo como ícono afroamericano. En un momento incluso en conversación entre gente del FBI se ve que hay racismo entre ellos. 


El juicio de los 7 de Chicago

Es de resaltar que el director de ésta película, Aaron Sorkin, es tremendo guionista, un hombre muy inteligente. Ha concebido con el guion de ésta película una propuesta sumamente entendible, fácil incluso, de lo que normalmente sería complicado de entender; ha hecho de lo arduo casi un paseo por el parque. Pero ahí está el problema también, se ha pasado al otro lado, ha hecho una película a lo (viejo) Disney, le ha quitado toda salsa, todo picante, toda malicia, y ha dejado un producto totalmente descafeinado, hasta inocente. Ha hecho de un tema bien político que ni se perciba así, sino como una obra de entretenimiento, un filme hiper Hollywood, un filme super comercial, aunque con un tema interesante detrás. Es meritorio hacer de un tema que por lo general sería quizá pesado o aburrido o puede que algo impenetrable un filme tan sencillo y transparente. Su defecto es que esto se ha exagerado, le ha quitado vida, le ha quitado realidad, le ha quitado incluso su verdadera consonancia en cierta manera, ha logrado la inocuidad absoluta. Se dicen cosas que no se ven igual. Nadie luce amenazador, todos parecen muppets o algo así. Se agradece que haga accesible lo inaccesible, masivo lo difícil, pero crear algo tan superficial tampoco es bueno para la existencia de la trascendencia del cine o el arte, es dejar de ser exigente y evitar retarse. 

lunes, 28 de diciembre de 2015

Steve Jobs

De arranque hay que decir que ésta película es para quienes quieran ver otro lado del hombre detrás del genio, sacrificando cierta empatía hacia éste, o quizá más bien no, sino todo lo contrario, viendo su imperfección y apreciándolo mejor en todo su concepto y honestidad, tomando en cuenta que el filme es algo cruel con su figura más personal, y le desmitifica de alguna forma, aunque más tarde lo reivindica en resarcir parte trascendental del argumento en el reconocimiento y demostrado afecto en el tiempo hacia su primera hija llamada Lisa, interpretada por tres caras de la dulzura, por Makenzie Moss, Ripley Sobo y Perla Haney-Jardine. Se basa en el libro de Walter Isaacson, con guion del destacado e inteligente Aaron Sorkin, en manos de la dirección del gran Danny Boyle.

El filme se vive a través de mucho diálogo y conversación en estado frenético, bastante vivo y un estupendo ritmo que sopesa y disminuye la sensación de verborrea, evitando el agotamiento del espectador ante el disparo continuo de información, a veces técnica y en parte difícil de coger en toda su contextualización, aunque acotando que el filme se basa principalmente en datos comunes pero íntimos de la vida de Steve Jobs, y pueden pasar por no grandes cosas en realidad, como el no reconocer a su primera hija en primera instancia, y ver como la madre Chrisann Brennan (Katherine Waterston) lucha por convencerlo de que les dé una mejor vida aun habiendo pasado por un juicio donde Jobs salió mejor parado con la manutención de ésta hija, tras una relación pasajera. Jobs tampoco reconoce el mérito de la Apple II y a esa vera al mayor compañero inicial de su carrera y éxito en el mundo de las computadoras personales, Steve Wozniak (Seth Rogen, demostrando que puede ser serio cuando se requiere, sin descollar pero haciéndolo dignamente), en un acto de individualismo, cierta traición y egoísmo, pero también de táctica y encumbramiento, ya que Jobs era un hombre no sólo muy firme en la mayoría de sus decisiones y un perfeccionista neto, también era un visionario y un astuto hombre de negocios.

La trama se centra en un equipo que quiere criticar a Jobs, pero finalmente guarda aprecio hacia su genio y por ende hacia él, como reconocer haber estado en lugares claves de su vida a pesar de todo. Se ve como Jobs se enfrenta al CEO de Apple John Sculley (Jeff Daniels, competente y veraz), dentro de un balance, entre el aprecio (hasta lo paternal), la competencia innata por el poder y la base de un interés personal. También participamos de su fuerte interrelación laboral, respaldo (incluso familiar) y asistencia, con quien se hace llamar su esposa de trabajo, con Joanna Hoffman (la talentosa Kate Winslet), jefa de Marketing de Apple. Por último para contener la figura de la trama yace el rol del buen Michael Stuhlbarg, como Andy Hertzfeld, miembro primigenio del grupo de la primera computadora personal Macintosh, y al que hace pasar por apuros. Todo yace enfocado tras bambalinas, de tres acontecimientos determinantes en la carrera profesional de Steve Jobs, el lanzamiento de tres computadoras personales, la Macintosh, la NeXT y la iMac.

Se busca dibujar al hombre tras sus defectos y carencias, pasando por estudiar los complejos que cargaba encima producto de la adopción, que genera el sentido de cómo se reflejaba con otros, en el anhelo de absoluto control, uno que sentía un deber contener en su existencia, habiendo cierta lejanía emocional hacia el afecto a los demás centrándose más en sí mismo y en sus necesidades. Es interesante ver en el interior de éste magnate e intelectual de las computadoras y el entretenimiento (Pixar, el ipod, el primero no tratado, o éste último apenas esbozado más que como sentido y distinción emocional, que es el leitmotiv del filme) mientras se moviliza en su espacio de mayor ilustración y siendo visitado repetidamente en el pleno ejercicio de sus facultades como director de orquesta, tal cual si estuviéramos detrás de un teatro mirando lo que oculta cada obra, acompañada de una música intensa y una edición audaz que de la mano de muy buenas actuaciones el producto fluye y brinda un espectáculo de suma calidad y dotado manejo de argumentos.

El soporte principal, desde luego, es la performance de Michael Fassbender como Steve Jobs que sin parecerse físicamente a su personaje hace una actuación memorable, acorde con esa capacidad especial, fuerza, que suele ostentar éste genial actor. Le otorga agilidad, poderosa representación interna (sin melodrama) y sostenibilidad a una intensa personalidad. Logra manejar tanta exigencia de humanización, largos textos y surgir en medio de tantos cambios en el trayecto profesional, como a definitorios choques con compañeros y cercanos que cimentaron un legado y una psicología que muchos admiran, por más que haya revelaciones de su intransigencia y dureza como ser humano. Así la obra nunca opaca al genio, hay que decirlo, sino simplemente enseña algunas debilidades, quizá a veces exagerando la obviedad de sus postulados en ciertos diálogos picantes, bravos, tratando de arrojar alguna verdad más allá de lo conocido, pero que queda en el aire como complemento accesorio, sobre todo porque la relación con Lisa finalmente brilla en el reconocimiento de ella bajo múltiples muestras de amor en el propio trabajo, a pesar de cierta distancia e indiferencia, lo cual queda de alguna manera más bien como parte de cierta anécdota, y no tanto el bullying que uno pudiera creer de ésta adaptación, que ciertamente tiene en una cantidad, pero que no merma tratar con el gran personaje que fue. Véase que se diga que nunca perdía un debate y hasta apostaban al respecto, tanto que existan justificaciones en su proceder, por lo que cada desmedro, dígase “ataque” o sinceramiento tiene un asidero a la par. Deja pie a completar la figura o se intuye de esa manera, fuera de hacer de la trama una especie de critica humanitaria y un quehacer irreverente si se quiere, frente a la mitificación, como si el filme fuera un cierto abogado del diablo, de cara a querer distinguirse de la mayoría. 

sábado, 11 de febrero de 2012

Moneyball

El significado de Moneyball sería -siendo literal- algo como El dinero en la pelota, y se basa en el libro del novelista americano Michael Lewis que lleva el mismo rótulo agregando el subtítulo de El arte de ganar un juego injusto, y de eso va la trama, de lograr superar limitaciones económicas y por ende resultados desfavorables ante la desproporción de elementos que enriquezcan material y profesionalmente a los equipos. Para lograrlo, para salir del escollo, se hace mediante estadísticas o el uso de la inteligencia, como reza una traducción al español: rompiendo las reglas, ya que en el beisbol o en cualquier otro deporte todos los deportistas sabemos que se trata de vísceras o de una espontaneidad que suma a la técnica y está perfecto, quien podría dudarlo, sin embargo qué de tratar de analizar el campo con nuestras propias virtudes y dar soluciones mediante una detallada estrategia que haga que un jugador mayor e importante sea reemplazado por tres menores aunque con alguna cualidad que implique reunir la ventaja que ejerce un único e inalcanzable -por ser costoso y excepcional- deportista, también está bien ¿no es cierto? Tenemos un bonito fundamento, la unión hace la fuerza y todos podemos tener una oportunidad; y si vemos que un grupo técnico lleva a la cabeza a un idealista capaz de ir hacia adelante enfrentándose a todos con su liderazgo y convicción mediante un nuevo método innovador que logra proponer batir un récord de hace casi 60 años, ¿qué tenemos ante nuestros ojos? Tenemos una magnífica película que no solo enseña múltiples destrezas intelectuales puestas en práctica desde el personaje “pequeño” sino que además ayuda a que el resto pueda ser mucho más adaptado al medio, convirtiéndose en ese gigante que invierte 1,4 millones de dólares pero con solo 261 mil dólares. Visto sin atención no parece gran cosa, claro, no obstante si alguien asume que se enfrenta con Goliat siendo David estoy seguro que sentirá que lo que ha hecho es una hazaña y eso es, el logro de 20 triunfos seguidos de un equipo de beisbol cercano a la invisibilidad llamado the Athletics de Oakland en una obra que reivindica el sueño que todos merecemos, y desde la realidad, porque esto ha sucedido.

Billy Beane (Brad Pitt) es el general manager que perpetró esa pequeña locura que no es para nada irrelevante sino un buen incentivo que invita a seguir intentándolo, siendo realmente bastante para quien haya vivido un triunfo difícil que revierta esa falta de ilusión que nos dice que no podemos ganar, entendiendo que esa audacia que se nos puede hacer indiferente por culpa del tramposo escepticismo, al carecer de fastuosidad, hace -para quien lo note- que el mundo se convierta en un lugar más bello, ya que logros como éste, donde no se nos dan con regularidad ni facilidad sino lo ganamos a costa de sacarle la vuelta a esas estadísticas que a primera vista nos parecen enemigas, son enormes para los que se imponen retos.

La ejecución de una teoría experimental traerá como consecuencia la gloria en una nueva marca en la liga americana de uno de los deportes más apasionantes y conocidos del mundo, el beisbol, que quien escribe ésta crítica confiesa haberlo practicado rudimentariamente de niño. Beane, un estratega caza jugadores, que plantea el mapa de ruta anterior a la decisión del entrenador, pone los elementos humanos dentro de la cancha y tiene de mano derecha a un joven economista de Yale dedicado a la asesoría deportiva en cuanto a registros de atletas, Peter Brand (Jonah Hill). Beane sacará a flote la habilidad matemática de éste muchacho, en su segunda chance para brillar tras una mediocre y frustrada carrera como beisbolista; Beane busca la dignidad de aquellos rebeldes que al final del día logran el éxito, bajo la luz de la excepción que alimenta el alma de la humanidad.

Beane vive en el juego, y el juego son tipos como él, pasión y afecto por la pelota, arte por hombres que se asocian a toda prueba, como reza el título. Ésta película no solo lleva un fondo universal, la batalla por las metas a costa de las desventajas contextuales, la identificación con los valores y la camiseta, sino que éste hombre tiene prioridades que se basan en sentimientos más que en cualquier otra gollería –por lo general naturalmente aceptada- como desliza el filme, al rechazar 12, 500,000 dólares en la oferta de gerente general de un equipo famoso, los Red Sox de Boston. Pero Beane quiere mantenerse cerca de su hija que no comparte casa con él al estar divorciado, y quiere seguir con los Athletics que creyeron en él, aún haciendo cambios osados, de cara a lo convencional, y proponer riesgos.

La propuesta cuenta con un guionista de primera en Aaron Sorkin que ganó el Oscar a guion adaptado por el filme La Red social y que el 26 de febrero postula a su segundo trofeo en la misma categoría para los Oscars. Los diálogos y las frases sobresalen abiertamente, con la característica de la precisión, mostrándose altamente notables sin ser oscuros o imposibles, con eso que genera confabulación en el público sensible pero despierto. Junto a Sorkin yace un director con oficio, talentoso, en Bennett Miller que con su segundo largometraje llevó a Philip Seymour Hoffman a ganar la estatuilla dorada por el rol principal en la película Capote en que Hoffman demuestra un despliegue interpretativo memorable mimetizándose como solo los camaleones del séptimo arte logran hacerlo ante la batuta que un buen cineasta indica; cada uno desde su posición profesional. Miller lo consigue relacionando el magma de la mítica novela “A sangre fría” con el acercamiento entre el excéntrico escritor creador de la novela periodística, Truman Capote, y el asesino Perry Smith. Hoffman también actúa en Moneyball como el seco, simple y rudo entrenador del equipo de los A´s de Oakland.

El filme tiene circunstancias débiles en que no trasmite emotividad, no convencen algunas escenas o se respira esa sensación, que caen en que están ahí para dar forma aun siendo en parte indispensables como el reclutamiento de Brand o el intercambio de perfiles en el teléfono, teniendo el aire de verse repetitivas dentro del recorrido que lleva el séptimo arte, como suele pasar en el cine de Hollywood en que se perciben ciertos sitios comunes que parecen propios de una clase de drama en que se enseña el mismo gesto una y otra vez a los alumnos aplicados. La cotidianidad también tiene poco recurso, llevando a favor que no se sale de un ambiente próximo que no básico pero que aunque lleva buena estética no tiene nada de originalidad.

El ritmo se maneja con una decencia que en general evita ser simplista escapándose de acarrear superficialidad, logrando desatar en oposición a algunos fallos antes mencionados el vértigo en otros lugares claves -sobre todo en el partido decisivo de la historia- que residen en la combinación rápida de tomas de detalles, en los zoom, en las panorámicas, en las expresiones, en el cambio del marcador, en el grito del público eufórico y en una tensión dinámica que nos ponga en ese escenario, que hay que hacerlo sino no vibramos pudiendo convertirse en algo soso sin apreciar que la sangre circula por nuestro cuerpo y eso no ha de faltar.

Tenemos a un Brad Pitt en un momento especial y trascendente -ya que a su personaje no solo le importa su carrera sino cimentar una evolución- sacando su vena meditabunda que expresa mucho con una postura facial; un plano de su rostro muestra más sentido que cuanta palabra se pueda pronunciar. Es en su caracterización protagonista de triunfos y derrotas, en sus movimientos, en la amargura o la calma, en el entusiasmo tras bambalinas, que conquista; parece un hombre común y natural en el que puedes confiar tu futuro aunque suene atrevido; la suya es una actuación de emociones a ratos sutiles y a otras explosivas, maneja ese cambio sin perder coherencia, tiene una figura que se involucra con el resto y la aceptamos en toda la complejidad del que fluye próximo en el ecran. Contiene una nominación justa, que pasará desapercibida para algunos espectadores rígidos, pero que debiera haberse ganado el respeto de quien sepa no cegarse con la traba de solo observar una cara agraciada, al tipo de Leyendas de pasión o para muchos el irrevocable cowboy sensual de Thelma y Louise. En ésta oportunidad luce más maduro y mejor artista.

Muchos se han sorprendido –justamente- con la nominación del jovencito voluminoso Jonah Hill que viene de hacer comedias para adolescentes de olvido inmediato, y que le han dado implacablemente, negándole el lugar obtenido. Pero, ciertamente, frente a nombres consolidados como Branagh, Von Sydow o Plummer le generaría a cualquiera un ataque cardiaco si saliera vencedor, no obstante hay algo de sabiduría en elegirlo, ya que es saludable proponer iconos nuevos con los que la gente puede sentirse identificado. Considero que no ganará el premio ni el Oscar lo pretende, aunque con Sandra Bullock o Marisa Tomei se haya hecho tremenda tontería, que no físicamente que son muy guapas y provocativas pero de que sus estatuillas lucen inauditas, estamos seguros. Pero su nominación emitirá voluntad de aspirar a llegar más alto, motiva, y puede que mañana, él u otro actor visto pequeño se convierta en una estrella que en un inicio fue infravalorada; no olvidemos que actores interesantes como Jeff Bridges o Colin Firth han sido subestimados (más si pensamos que todos apuntaban a Hugh Grant como el más vendedor actor inglés) y actualmente nadie osa refutar sus habilidades. Es un estímulo más que una imposición arbitraria. Hill hace una performance mediana, sin nada sobresaliente, incluso no demuestra mucha emoción gestual ni le han concedido parlamentos atrapantes para envolvernos o admirarle, lo que ha hecho es únicamente ser cumplidor, sin embargo en su nominación veo hoy una oportunidad, mañana posiblemente el mérito.

Si apreciamos que una canción puede motivarnos a rechazar una apetitosa y cuantiosa suma de dinero por amar incondicionalmente algo más sustancial como a un ser querido o a un grupo humano que representa nuestra identidad mental y emocional, o que un tipo gordo puede alcanzar cuarta base cuando por su complexión física se espera que solo llegue hasta la primera teniendo “las reglas” que le hacen creer que no puede rendir más, ya tenemos material por el que luchar en nuestras vidas, gracias al arte; el eliminar limites en cuanto a esperanzas puestas a rodar.