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domingo, 7 de febrero de 2016

El renacido (The Revenant)

Con 12 nominaciones a los Premios Oscar ésta es la favorita del evento, aunque su director Alejandro González Iñárritu tiene un pequeño grupo de detractores, una cierta pequeña tendencia en contra, catalogado especialmente de pretencioso, sin embargo eso poco importa porque The revenant es toda una experiencia en la sala de cine, un lugar de mucha adrenalina y entusiasmo, con el retrato de sobrevivencia de Hugh Glass, un explorador, guía y cazador de pieles de la frontera americana en la región del rio Missouri de los hoy estados de Montana, Dakota del Norte y Dakota del Sur, que fue atacado por un oso grizzly y más tarde abandonado por su grupo de expedición.

The revenant se basa libremente en la novela del americano Michael Punke que tiene la figura verdadera de Hugh Glass y mucho de los hechos que padeció por aquellos territorios nevados y salvajes. Hay que apreciar que el filme es una historia de venganza que puede sonar a mucha ficción, sumándole el cine, las marcas de identidad y las lecturas místicas, de sanación y de sufrimiento de González Iñarritu. Centralmente en aquel paisaje que se inspira en The Abbey in the Oakwoo, del fabuloso pintor alemán Caspar David Friedrich. Partimos del capullo con troncos que crea un especie de chamán indio. Tenemos el homenaje y la rememoración de grandes cines épicos y/o místicos como el de Herzog, Malick y Tarkovsky. Es una venganza donde yace la bien aplicada maldad de John Fitzgerald (Tom Hardy) que viendo por sí mismo y detestando en parte a Glass lo deja moribundo frente a la tensión de la perenne amenaza de los indios que yacen divididos y en conflicto, al igual que luchando contra los exploradores caucásicos, habiendo una sub-trama con la búsqueda de una indígena hija del jefe de una tribu secuestrada por cazadores franceses.  

El filme es un derroche de visualidad, arte y puro cine, donde hay escenas que describen a la perfección lo que es transportarse en una sala de exhibición, sentirse inmerso en un espacio del tiempo, los años de 1820s, con una apertura donde los cazadores de pieles son atacados por los indios, y se ve cómo van cayendo muchos muertos, sobre todo los caucásicos, habiendo grandes acercamientos y tomas de un dinamismo y fuerza expresiva realmente impresionantes, creando la sensación de un mejor 3D –sin haberlo- que de costumbre, haciéndonos entrar y salir de la toma, sentir la velocidad de la huida y persecución, propiciando panorámicas intensas, subjetivas cambiantes con finales llamativos, sintiendo el movimiento y ritmo trepidante y brutal, perpetrándose toda una inmersión, al fabularle muy poca distancia al espectador con aquella batalla campal, habiendo explicites, espectacularidad, un sonido confabulador y una sensación de que nadie importa demasiado en ese ataque, mientras todo fluye con el más grande realismo. Eso no es nada, el ataque del oso grizzly es todo un festín cinéfilo, y más.

Leonardo DiCaprio, héroe absoluto del filme (gracias por su parte a la maestría del antagonista que el talentoso Tom Hardy interpreta, un desgraciado en toda regla), hace un alarde de actuación en todo el metraje, con una entrega a toda prueba, y una conversión en Hugh Glass completa, viendo su larga agonía, y combate personal e ingenio por sobrevivir (comer vísceras crudas, cicatrizar heridas a fuego vivo, escabullirse de la violencia de un río o dormir en el interior de un caballo), pasando por una pelea cuerpo a cuerpo con un imponente oso defendiendo a su crías, la amenaza de Fitzgerald, y quedando sumamente herido y solo en aquel territorio inhóspito y poderoso, aunque cierto que es mucho una exageración su lucha y continua agresión, sin embargo se hace algo siempre entre imposible, apabullante e impactante, un entretenimiento grandilocuente, pero hermoso, por sumergirnos en aquellas extremas vivencias cinematográficas, en un nunca detenerse de tratar de impresionarnos, y ofrecernos sorpresa y placer, ya importando poco la total veracidad (o prolongando y variando opciones en el desenlace, un sonido que trasmite harto anhelo, cierta fiesta y furia, recordarnos el cine coreano de venganza y explicites, o el western clásico). 

Logra ser un lugar de sensaciones y hartas emociones, frente a un combate tras otro, como en aquel mensaje de un cuerpo ahorcado siendo inocente, metido(s) en el “todos somos salvajes”, típico del tiempo y espacio en que se adscribe la trama, que en realidad juega a desmentirse en el filme, porque hay un respeto a las diferencias étnicas, porque Glass tiene un hijo mitad indígena a quien llama la razón de su vida y por quien quiere redención, porque el héroe habla y escucha el idioma de la naturaleza, el de las tribus, cuando le espera el amor de su mujer de raza Pawnee, o porque la justicia llega por Dios (y los indios), esos que agreden, pero también defienden su territorio, negocian, curan y sufren daños.  

jueves, 30 de junio de 2011

Biutiful

Dirigida por el director mexicano Alejandro González Iñárritu, fue nominada a mejor película en lengua no inglesa en los Oscar 2011. Nos relata la historia de Uxbal, en el magnífico actor español Javier Bardem. Su personaje está sumergido en el infierno de los problemas como tener un cáncer que en estado terminal lo hace orinar sangre, quedándole solo dos meses de vida, para ello tiene que organizar el futuro de su dos hijos pequeños pero todo se presenta caótico, suele pensar que seguirá viviendo y trata de no aceptarlo. No se ve a un hombre que sufre mucho sino a un tipo valiente que enfrenta la situación, no sé si será un acierto pero permite que veamos tanta debacle con mayor paciencia si bien el exceso suele afectar un poco nuestra asunción de la realidad expuesta.

Uxbal trabaja en una funeraria, es médium, ayuda a encontrar vivienda y trabajo informal a los inmigrantes africanos y asiáticos indocumentados. Con estos últimos, aunque algún socio suyo los maltrata y explota, él siente compasión por ellos y trata de compensarlos. Por ejemplo, ayuda a una mujer de color que tiene a su pareja en la cárcel llevándola con su hijo a su hogar y antes emplea de nana a una jovencita oriental. Dentro de su mundo puesto al revés su mujer es promiscua y adicta a las drogas, están separados pero suelen encontrarse; ella es depresiva e irregular, no es buen modelo para sus vástagos por ello no confía Uxbal en su persona a pesar de que aún la quiere y busca su mejoría.

Hay una escena que arranca y termina el filme que es una premonición de la propia muerte de Uxbal, un sueño anticipado de su final en el que conversa con su abuelo de mozuelo sobre un búho muerto y del sonido del viento, mientras en la cama dialoga con una mujer a la que solo se descubre con cierta sorpresa en el cierre de la cinta ya que es una escena dulce e inocente, a la que le regala una joya cara recuerdo de su madre. Es como ver la felicidad en medio del horror.

Iñárritu es duro con su exhibición del sufrimiento humano sumiendo al espectador en una realización que repite un drama tras otro, pero lo hace con un aire frío y seco. Uxbal se choca contra la misma piedra una y otra vez. No solo es pobre sino confiado como cuando le da su dinero a la mujer de color que cuida a sus muchachos. Asume riesgos por otros, como al encarar al policía corrupto que permite a los inmigrantes vender en las calles. Es algo ignorante cuando habla con la curandera y ésta le regala piedras para la suerte. Es cariñoso con su esposa aún a la distancia y trata de sobrellevarla soportando su personalidad disoluta e irresponsable. En resumidas cuentas es un ser libre de odio y frustración a pesar de que su contexto es el peor.

Por momentos el personaje por el guion y las circunstancias se hace poco creíble, solo se salva –aunque decirlo sea ya un lugar común en la crítica de ésta película- por la actuación de un Bardem estupendo, solo él recupera la verosimilitud del ser humano. Iñárritu es disperso con los elementos de su obra pero bajo una misma temática de propensión a la derrota lo cual proporciona una cohesión en la variedad de casos; acumula catástrofes a manera de currículo del dolor, por eso no necesita ahondar en una de sus aristas enseñadas sino en el todo. Mantiene un sentido de auscultación leve. Mientras sigue andando. Suele ser parejo en su trayecto argumental por lo que no desencadena resultados sino sigue su línea de lamentos sin gritos, en el silencio y la inercia, en el aceptar del destino o quizás peor en la simpleza del pensamiento.

También busca sacar provecho de un lado sórdido y en otros casos efectista, una mujer desnuda alcoholizada jugando sobre un tipo mientras bebe vino y escucha música a todo volumen, el estado terminal visto sosegadamente por un hombre sin recursos, dos homosexuales besándose y tocándose la entrepierna, inmigrantes de color golpeados violentamente con palos por policías, la lista sigue. No es que no se deban usar esas imágenes o narraciones porque entonces que contamos sino que no agregan significación relevante sino se vuelven mero espectáculo sin valor aún queriendo ser existencial a toda prueba y ese es el problema, se pretende demasiado ese ambiente, se hace notorio aunque Uxbal sea firme, dando la impresión de un método y el drama no cala demasiado, juega con nuestros sentimientos. 

Tampoco es que Iñarritu sea un director malo, nada de eso, tiene mucho oficio pero ha debido de reforzar una idea principal, no dejar el conjunto en tanta vaguedad. Se disfruta la cinta pero no deja algo sólido en la mente que no sea un Uxbal en el abismo sin que casi se percate él de ello. A fin de cuentas Iñarritu sabe lo que hace sino que queremos más de él, que pula su arte y finalmente maneje sus herramientas y estructuras, que no se queden en solo eso, que se mueva hacia un nuevo camino dándose más tiempo para hacer un guion con una historia que se sienta más “verdadera”.