Flux Gourmet (2022), del británico Peter Strickland es su película más personal y más extravagante, pero está muy lejos de ser la mejor de las suyas, y tampoco quiere serlo, sino es más una declaración de libertad y clamar ser un autor muy personal o quizá mayor, invocar que uno tiene un mundo muy propio y la voluntad de hacer arte a nuestro gusto y placer, es decir, en total libertad, para ello hace metacine, habla del propio mecanismo de hacer películas, y del cine en general, habla de ser un autor extraño en el cine también, aventurarse en cierta vanguardia quizá, pero al mismo tiempo satiriza ese mundo del cine, poniendo una Academia o Residencia de hacer películas, ilustrada en una casona de una mujer rica, una mecenas y productora, una amante del arte y de la misma extravagancia. Ésta productora representa la élite, la aristocracia, o la disque mente superior, pero en ello hay una mujer mimada, muy engreída y caprichosa también; ésta especie de productora aristocrática es Jan Stevens (Gwendoline Christie). Igual de engreída y caprichosa y artista en estado de gran identidad y trascendencia personal es la directora de las raras performances que auspicia Jan, Elle (la rumana y fetiche del director, Fatma Mohamed, que aparece en todas sus películas y lo hace bastante bien dígase de paso). Elle representa la idea del director de cine, pero la ironía de Strickland vuela alto, refleja más, refleja cualquier tipo de artista en pos de clamarse un genio con estilo, un verdadero artista. Elle comparte escenario y performances con 2 ayudantes, Billy (el británico Asa Butterfield, el del filme Hugo Cabret que actualmente tiene 25 años de edad y hace de un chico un poquito marginal) y Lamina (la siempre curiosa Ariane Labed, fetiche del cine de su esposo real Yorgos Lanthimos), que parecen sus súbditos, que ella los ha adoptado como su familia bajo su yugo (y genialidad digamos); ellos son los técnicos, los que manejan lo electrónico o digamos que los que hacen las películas, los sonidistas o editores de sonido por ejemplo, que eso literalmente son aquí, le ponen sonido u oyen o hacen a la comida hablar, es decir ésta extravagancia genera las performances distintas, esto es el arte en sí (y desde luego se une lo visual o lo estético, como por ejemplo mundos asépticos como hospitales o salas psiquiátricas, o ver la imitación performativa de como se mata a un cerdo). Las performances escogidas para éste tiempo en la Residencia, Productora, Academia y Espectáculo en vivo es justo toda la película, que siguen un camino "impensado", pero éste camino tiene un sentido finalmente, y lo representa el periodista encargado de grabar cada proyecto y entrevistar a los artistas, Stones (el griego Makis Papadimitriou), que sufre de gases, sufre en toda la palabra por ello, no solo porque se habla de que hasta puede enfermar y morir por ello (y le harán en vivo hasta una colonoscopia que es también otra performance), sino porque le crea tremenda vergüenza y lo hace sentirse menos que todos los participantes y personajes de la Residencia, ironías y obviedades aparte. Las performances de Elle mezclan sonido electrónico, cuando Strickland siempre ha trabajo en su cine con el sonido creando personalidad propia, con la comida gourmet (agrega esto), asistiendo con el filme a un plato de Delicatessen artístico, pero también invocará el misticismo del séptimo arte, su cualidad de sanación que es nuestro trayecto narrativo y búsqueda, que es otra forma curiosa de representar lo que en realidad es la introspección del cine, la reflexión, meditación y/o la intelectualización. A Strickland le va mejor la comedia arty e intelectual -una de esas películas que se hacen una vez en la vida- que a Ingmar Bergman, lo cual aunque no es un tipo de película que tenga fácilmente cautivar al público o a mucha gente y ser denominada obra maestra no le ha salido tan mal, pero es lo que es. De paso La Residencia al tener de show extravagante en vivo con un pequeño público selecto asistente -con performances escatológicas incluidas, y Strickland puede no ser siempre muy sutil, como con el olor de una vagina para manipular a un muchacho- hace recordar a la última película de David Cronenberg, Crimes of the future (2022). Tenemos enfrente un reparto de actores no muy populares o conocidos, pero yacen perfectos en su elección y entrega arty, como con el Doctor que hace el actor británico ya mayor Richard Bremmer que está en grado notable de supurar ironías en particular.
lunes, 11 de julio de 2022
Flux Gourmet
Flux Gourmet (2022), del británico Peter Strickland es su película más personal y más extravagante, pero está muy lejos de ser la mejor de las suyas, y tampoco quiere serlo, sino es más una declaración de libertad y clamar ser un autor muy personal o quizá mayor, invocar que uno tiene un mundo muy propio y la voluntad de hacer arte a nuestro gusto y placer, es decir, en total libertad, para ello hace metacine, habla del propio mecanismo de hacer películas, y del cine en general, habla de ser un autor extraño en el cine también, aventurarse en cierta vanguardia quizá, pero al mismo tiempo satiriza ese mundo del cine, poniendo una Academia o Residencia de hacer películas, ilustrada en una casona de una mujer rica, una mecenas y productora, una amante del arte y de la misma extravagancia. Ésta productora representa la élite, la aristocracia, o la disque mente superior, pero en ello hay una mujer mimada, muy engreída y caprichosa también; ésta especie de productora aristocrática es Jan Stevens (Gwendoline Christie). Igual de engreída y caprichosa y artista en estado de gran identidad y trascendencia personal es la directora de las raras performances que auspicia Jan, Elle (la rumana y fetiche del director, Fatma Mohamed, que aparece en todas sus películas y lo hace bastante bien dígase de paso). Elle representa la idea del director de cine, pero la ironía de Strickland vuela alto, refleja más, refleja cualquier tipo de artista en pos de clamarse un genio con estilo, un verdadero artista. Elle comparte escenario y performances con 2 ayudantes, Billy (el británico Asa Butterfield, el del filme Hugo Cabret que actualmente tiene 25 años de edad y hace de un chico un poquito marginal) y Lamina (la siempre curiosa Ariane Labed, fetiche del cine de su esposo real Yorgos Lanthimos), que parecen sus súbditos, que ella los ha adoptado como su familia bajo su yugo (y genialidad digamos); ellos son los técnicos, los que manejan lo electrónico o digamos que los que hacen las películas, los sonidistas o editores de sonido por ejemplo, que eso literalmente son aquí, le ponen sonido u oyen o hacen a la comida hablar, es decir ésta extravagancia genera las performances distintas, esto es el arte en sí (y desde luego se une lo visual o lo estético, como por ejemplo mundos asépticos como hospitales o salas psiquiátricas, o ver la imitación performativa de como se mata a un cerdo). Las performances escogidas para éste tiempo en la Residencia, Productora, Academia y Espectáculo en vivo es justo toda la película, que siguen un camino "impensado", pero éste camino tiene un sentido finalmente, y lo representa el periodista encargado de grabar cada proyecto y entrevistar a los artistas, Stones (el griego Makis Papadimitriou), que sufre de gases, sufre en toda la palabra por ello, no solo porque se habla de que hasta puede enfermar y morir por ello (y le harán en vivo hasta una colonoscopia que es también otra performance), sino porque le crea tremenda vergüenza y lo hace sentirse menos que todos los participantes y personajes de la Residencia, ironías y obviedades aparte. Las performances de Elle mezclan sonido electrónico, cuando Strickland siempre ha trabajo en su cine con el sonido creando personalidad propia, con la comida gourmet (agrega esto), asistiendo con el filme a un plato de Delicatessen artístico, pero también invocará el misticismo del séptimo arte, su cualidad de sanación que es nuestro trayecto narrativo y búsqueda, que es otra forma curiosa de representar lo que en realidad es la introspección del cine, la reflexión, meditación y/o la intelectualización. A Strickland le va mejor la comedia arty e intelectual -una de esas películas que se hacen una vez en la vida- que a Ingmar Bergman, lo cual aunque no es un tipo de película que tenga fácilmente cautivar al público o a mucha gente y ser denominada obra maestra no le ha salido tan mal, pero es lo que es. De paso La Residencia al tener de show extravagante en vivo con un pequeño público selecto asistente -con performances escatológicas incluidas, y Strickland puede no ser siempre muy sutil, como con el olor de una vagina para manipular a un muchacho- hace recordar a la última película de David Cronenberg, Crimes of the future (2022). Tenemos enfrente un reparto de actores no muy populares o conocidos, pero yacen perfectos en su elección y entrega arty, como con el Doctor que hace el actor británico ya mayor Richard Bremmer que está en grado notable de supurar ironías en particular.
domingo, 26 de septiembre de 2021
Malignant, Cold Meridian y Strasbourg 1518
Malignant
El director malasio nacionalizado australiano que hace películas para EE.UU. James Wan, es uno de los genios modernos del cine de terror. En su filmografía hay 5 películas maravillosas del género, Saw (2004), Insidious 1 (2010) e Insidious 2 (2013) y el Conjuro 1 (2013) y el Conjuro 2 (2016). Éste director pues ya ha demostrado bastante maestría. En ésta oportunidad regresa al terror, y lo que ha hecho es en pocas palabras lo que le ha dado la gana y el resultado aprueba, pero con apuntes. Estos apuntes que doy son que es un filme de espectáculo, grande, no algo pequeño como estila el terror en masividad, Wan ha hecho un tanque de película, pero lo ha hecho desde el cine trash, desde el espíritu del cine B, homenajeando al giallo, ese que suele ostentar genialidad, vacilón y ridículo sin cortapisas. Éste filme parece mostrar el sentido del humor o la ironía del director, no teme caer en la tontería. Pero el resultado es un filme super divertido, super entretenido y atrapante. Wan además explica absolutamente todo y le da lógica hasta el más mínimo detalle, está al tanto de todo. Cada pieza es como el engranaje del reloj, todo aporta, todo está unido. Es un filme que no escatima grandilocuencia, y toma retos constantes, como hacer que el policía de ascendencia oriental -que parece un alter ego del propio director- siga al supuesto espectro de muerte en una corredera "típica" de arresto. El filme explica hasta la manera de que se mueve el ente del mal. El filme a su vez tiene de todo, desde visiones paranormales y desequilibrios psicológicos, hasta gore y violencia brutal en el asesinato de presidiaras y policías en pleno cuartel policial. Por momentos es difícil no sonreírse con ciertas escenas de terror, pero ahí están también tres asesinatos brutales principales como exhibición rotunda. El arma del asesino así mismo tiene originalidad e historia. Es un filme muy razonado, pero a la vez muy atrevido. No es una obra maestra ni por asomo, pero qué importa, es un goce con mayúsculas de principio a fin. Una secuela va a requerir osadía, volver a intentar tremendo estado de locura, de desenfreno trash en toda gloria comercial. No cabe duda que el cine sigue queriendo ser original, el cine nunca se detiene.
Cold Meridian y Strasbourg 1518
Cold Meridian es un corto de 6 minutos de Peter Strickland y Strasbourg 1518 uno de 10 minutos de Jonathan Glazer; los 2 son del 2020 y pertenecen a dos británicos y a dos directores super talentosos e interesantes. Glazer tiene 3 películas curiosas, Sexy Beast (2000), Birth (2004) y especialmente la notable Under the skin (2013). Strickland también tiene lo suyo, Berberian Sound Studio (2012) y The duke of Burgundy (2014). Es de esperar originalidad, solvencia y personalidad de ambos. Cold Meridian luce un filme de cosas comunes convertidas en algo extraño propio del sci-fi. Una mujer se lava el pelo mientras repite una línea como si fuera la guía de una computadora. Luego se ve a alguien usando una laptop y otra gente archivando datos. En el ínterin una pareja hace wrestling, y dan la impresión de algo sexual. De esto se pueden sacar interpretaciones personales, da para jugar. Lo que puede creerse es que estamos ante un negocio sexual, algo medio oscuro quizá, puede pensarse en algo así como un cierto universo distópico, pero también puede ser nuestro asombro frente al futuro. En todo caso es un corto peculiar con elementos básicos, y una inmersión sólida de sonidos y sensaciones. Strasbourg 1518 es un poco un cuento de terror -igualmente un espectáculo visual, goce puro y duro-, un lugar de intensidad escénica, a través del baile de expertos danzarines contemporáneos. Se usan mucho las paredes y hasta un balde de agua, creando emociones, estados anímicos. Se percibe exceso, frenesí, locura. También sensualidad. Hay un buen trabajo de montaje y la música electrónica ayuda mucho. Inclusive posee algo de misterio.
lunes, 19 de octubre de 2015
The Duke of Burgundy
miércoles, 3 de abril de 2013
Berberian Sound Studio
Lo que plantea Strickland es un homenaje en toda claridad al giallo desde la paradójica noción de hacer lo opuesto en lo que en sí es. Contrarresta sus defectos como la exageración, su sencillez, efectos baratos, el mal gusto o la brutalidad en un filme inteligente, austero y en cierta forma elegante. En esto pesa o exalta artificios sugestivos como en ese aviso luminoso de silencio, como quien augura que ya viene el pánico en una constante promesa incumplida, que yace generando intriga frecuentemente. La expectación es un alarde del filme, pero sin agotarnos.
Si uno espera algo extraordinario vendrá la decepción, no va de explícito o algo claro, y es que éste terror se mueve en lo mínimo, principalmente en lo discreto o en lo indirecto. Si nos engañamos esperando algo enfático en lugar de poner de nuestra parte no apreciaremos el filme que a su modo es especial, funcionando en el artificio constante del detalle que es indisoluble del conjunto, que es el conjunto.




