Le Lac
(2025), del suizo Fabrice Aragno, el director de fotografía de los últimos
largometrajes de Jean Luc Godard, debuta con éste filme que no tiene en
realidad narrativa o un relato entre sí de estricta convencionalidad. El mismo
Aragno ha dicho que dejó de lado hacer un guion y asumió ésta obra con algunas
notas no más, dejando filmar en cierta espontaneidad, interactuar con la
naturalidad del clima y la aventura de su regata de vela colocada en una
competencia equis/cualquiera del lago Lemán. Es valioso cómo compone bajo esa
libertad, cómo coloca las tomas, los cambios, frente al lago, qué recoge de
aquella espontaneidad del clima, como fuertes remecidas, algo de tormenta, la lucha
por dominar a la naturaleza con la habilidad de sus protagonistas, una pareja.
Uno de ellos, Bernard Stamm, un regatista profesional de 61 años de edad, real
regatista. Lo acompaña la actriz Clotilde Courau que coloca la expresividad en
mayor consonancia, las emociones que surgen del lago, el cual simboliza los
estados de unión afectiva entre los dos. Vemos como pelean la relación, hay
miedos, enojos, tristezas, meditaciones, miradas perdidas, desilusiones,
compenetración, ternura, complicidad, hasta una nota sexual, desde la
sugerencia, sin coito, como cuando Stamm yace desnudo en más de una
oportunidad. Sacar las plantas acuáticas que se atoran en la regata, para permitir seguir
adelante, ya lo dice todo. Courau como toda actriz europea se ve
natural/tranquila frente al desnudo ajeno, aun siendo en la vida real una mujer
casada. Ella tiene 56 años y una carrera humilde en cierta manera, aunque
extensa. El filme es una fuente de expresividad emocional a través del lago. El
final puede leerse como el de The Truman Show (1998), mientras pensamos en la
dedicatoria de la película, al mismísimo Godard, que Aragno admira y fue su
amigo cercano por la última etapa de su vida. En ese sentido puede que recoja
parte de la experiencia existencial del mítico director francés, que en el
trayecto/metraje se emparenta con todos los seres humanos, puesto que todos
compartimos semejanzas como humanidad, aun los que podemos tildar de
excepcionales. Incluso muchas veces lo emocional es mayor, por su alto grado de
sensibilidad, de reflexión. Es la mirada a nuestra simplicidad -nuestra
colectividad- y al mismo tiempo a nuestras batallas emocionales que complejizan
todo. Lo difícil que son las relaciones humanas. Así mismo la dificultad de no
sucumbir a la melancolía. La fuerza para superar los problemas que a todos nos
acontecen. Vencer a nuestra mente. Es también así una despedida. Pero antes un
triunfo del amor. El lago es complementado con la parte de la tierra, donde
visto de manera ordinaria son solo actividades frente al agua, como veraneo,
fiestas, puestas de sol, juegos en familia. Los mismos protagonistas viven en
esas orillas, donde hay también bella infraestructura o un tren que impresionan
a la vista. Ésta mirada de la orilla no tiene una explicación específica
(narrativa), puesto que en realidad no existe un guion, no hay un relato, son
como destellos de posibles ideas, que uno con la imaginación puede anexar a la
aventura emocional de la pareja de la regata. Podrías pensar que son la
juventud perdida o la consolidación o no de una familia, etc. El filme remite
al conflicto de pareja, como en aquella casa donde uno está a solas intuyendo
al otro, escondiéndose como un perro herido para después salir en busca de la
otra mitad al pensarla simbólicamente lejos. Pero el conflicto es parte del
viaje, de todo viaje, y más el de pareja. La verdadera esencia es hacer fuerte la
relación, superar todo escollo y generar esa grandeza humana, con la
persona correcta, que es justamente la técnica que hace que el enorme lago sea
atravesado sin morir en el intento o perder la embarcación. La competencia
finalmente es lo de menos, estamos solos contra nosotros mismos finalmente.
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sábado, 6 de septiembre de 2025
78 Festival de Locarno: Le Lac
sábado, 2 de julio de 2016
A la sombra de las mujeres (L'ombre des femmes)
Una película de infidelidades, producto del abandono sentimental
del hombre del hogar, interpretado por Stanislas Merhar como Pierre, y de su
forma de ser machista, creyendo que el hombre puede ser infiel, sin mayores
justificaciones que la despreocupación, no medir consecuencias, el daño
emocional en la relación o destruirla; y el supuesto indetenible libido
masculino, con el cliché de que uno es así y punto, así es la vida, pero cuando
su esposa, Manon (Clotilde Courau) también tiene a otro y encima no es un mal
tipo, el mundo se le cae encima, no puede soportarlo, ella prácticamente es una
puta para él, cuando nos dice que la creía una mujer distinta a las demás. Y aunque
Manon inmediatamente termina con su affair cuando éste se lo pide, surge la
desconfianza continua de Pierre, la vigilancia, revisar todas sus pertenencias,
sus conversaciones casuales, incluso dice –un golpe bajo y audaz de Garrel- mirar
cómo se comporta con los hombres, los amigos, y empieza a ofenderla y agredirla
psicológicamente todo el tiempo.
El cineasta francés Philippe Garrel se hace de lugares
comunes, de una historia que conocemos bastante bien, y se distingue levemente,
con sabiduría cotidiana (observando que por su longeva filmografía, una que se
prolonga desde fines de los 60s, puede catalogársele de experto en relaciones de
pareja, que para quienes aman las variaciones del amor, como el distintivo Hong
Sang-soo, éste es su director), con su propio retrato, cargado de sensibilidad,
realidad y de crítica, sobre todo contra Pierre –como con la voz en off, que le
pertenece a su hijo Louis Garrel, protagonista de varias de sus
películas-. En el típico filme de Garrel, en blanco y negro, como atemporal, un
lugar de toda época moderna. En un digno sucesor de la nouvelle vague.
En el día Manon ayuda a Pierre, que es documentalista (ella
también, pero es relegada a un segundo lugar, espacio simbólico general del
machismo, y el comportamiento superficial con las mujeres, que reina en Pierre,
un protagonista poco romántico, cuando Garrel suele contener roles masculinos
poéticos); aunque no muy talentoso, habiendo un cierto espíritu de vagancia en
su persona. Ellos trabajan con el tema de la resistencia francesa durante la
segunda guerra mundial, y en ese lugar se emparenta la existencia falsa, como
el heroísmo de un mujeriego.
El paso a paso sigue la falta de atención, el escape, el resentimiento,
el conflicto. El panorama es bastante claro, aunque son compañeros de trabajo y
se dice que no suelen discutir. Manon le pide salir con ella por las noches, y
él burdamente siempre se niega, su mujer sale, y entonces Pierre usa ese tiempo
para buscar a su amante, de la que yace hipnotizado de su cuerpo, como se
expresa en diálogos, o sea, no la ama en absoluto, es solo algo sexual, de lo
que la amante es reducida a muy poco, medio consciente de su condición, cuando
ella lo ama profundamente creyendo en el sacrificio. Agregando que la amante, Elisabeth
(la debutante Lena Paugam), siente celos y envidia de que Manon sea la esposa, aunque
la considera bella y no quiere hacerle ningún mal en realidad, pero esta
sub-trama del sentir humano y en parte contradictorio en la figura de Elisabeth
desaparece tal cual su esencia, cuando los reflectores están en el matrimonio
de Pierre y Manon y el tiempo, los protagonistas que remiten a todos nosotros.
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