martes, 21 de abril de 2026
Resurrection
Ésta película tiene dos secuencias anexas, una introducción como presentación y un cierre de esa presentación, y en sí son 4 relatos los que contiene. La dirige y es el guionista el chino Bi Gan. Es una propuesta en realidad bastante simple de entender, pero tiene un concepto general de sci-fi que la hace más intrincada, que es un homenaje al séptimo arte, como fuente de sueños, que quiere decir, de vida, esa vida que uno sufre y al mismo tiempo lo llena de felicidad puesto que está cargada de emociones, esas que tantas veces nos ponen las cosas más arduas. El concepto general hace pensar en Holy Motors (2012), con alguien que no es un actor pero vive muchas vidas. El filme abre con una puesta en escena fantástica que utiliza de ejemplo a El gabinete del doctor Caligari (1920) y el expresionismo alemán. El hombre monstruo come flores y es un proyector en sí mismo. Lo acompaña la actriz taiwanesa Shu Qi como si fuera la presentadora de una función de cine. La vemos aparecer mucho en salas de exhibición, proponiendo cierta nostalgia de alejarnos un poco de esa tradición. Es a través del cine que vivimos muchas existencias, a través de la imaginación. Una de las historias es cine negro contada de manera misteriosa y onírica, sobre un asesino en serie y la investigación de un policía. Es en mucho un juego de estética y contarlo de manera no tradicional. Pero la trama es básica. Éste asesino es un seductor que enloquece a la gente. En un momento se hace mención de una maleta, pero finalmente se declara que el secreto es él mismo. Posee una connotación elíptica sobre las pasiones sexuales, pero el relato está muy cuidado. Tiene algo de Dark city (1998). Otra historia es sobre un hombre que lleva cierta culpa y cuando cuida un monasterio budista participamos de que un diente suyo termina siendo toda una sorpresa. El filme se contextualiza en el invierno y en soledad que le dan mucha personalidad al cuento. El relato del niño psíquico es pura ternura y se plantea con estafadores, pero anida en los afectos que por la vida dura uno tarda en hallar, pero finalmente definen nuestras existencias, nos transforman, como pasaba en Central do Brasil (1998). El último cuento es un alarde técnico, como nos tiene acostumbrados éste director. Es sobre hallar el amor verdadero y vivir la noche más intensa de nuestras vidas. Yo nunca he mordido a nadie, dice una hermosa jovencita china (Li Gengxi). Yo nunca he besado a nadie, dice el muchacho enamorado. Ambos se pasean -él la persigue- por callejones, karaokes y burdeles. Se presenta dentro de un contexto criminal. Todas las historias sobresalen por su manera creativa de contarlas, aunque son en sí bastante sencillas, salvo la del invierno budista que suena particularmente curiosa y es la mejor del grupo. El filme habla de delirio, pero en realidad es una película muy amable, fácil de que le guste a muchos. La parte del sci fi hubiera dado una película perfecta si hubiera sido más clara, si se hubiera definido mucho mejor. Ésta se siente fallida, aun cuando hasta se le muestra como cine mudo. Es una película que pretende ser un poco extraña, pero aunque busca hacer cine en toda la palabra y lo consigue en buena parte, es decir, juega con las formas de narrar, es en mucho tradicional, una buena narradora de cuentos. Jackson Yee con 25 años, muy famoso en Asia, hace de protagonista en todas las secuencias, como anuncia el título.
jueves, 25 de diciembre de 2025
Die, my love
Ésta
película sigue la estela de Beau is afraid (2023), es una propuesta incomoda,
molesta, exagerada, extrema, delirante. La dirige Lynne Ramsay de quien muchos
gustaron en particular We Need to Talk About Kevin (2011), si bien con
distancia su mejor obra es Ratcatcher (1999), la que aunque es una película
escocesa dialoga con el free cinema, con el obrero, con la clase trabajadora,
de donde proviene Ramsay. We need to talk about Kevin, que le dio popularidad,
tiene algunas conexiones con la presente película. Ahora una mujer es la que
carga la locura en lugar de un adolescente. El filme adapta a la argentina
Ariana Harwicz. El guion es de la misma Ramsay junto a los dramaturgos Enda
Walsh y Alice Birch. El irlandés Enda Walsh tiene su mayor logro como guionista
por un relato que remite a su propio país y es una muy buena película, Hunger
(2008), del británico Steve McQueen con un gran Michael Fassbender -de madre
irlandesa y criado en Irlanda- en uno de los highlights de su carrera. La
británica Alice Birch tiene su mejor pergamino como guionista con la
interesante Lady Macbeth (2016) aunque ahí está para detrimento The Wonder
(2022), ambas con Florence Pugh (con Lady Macbeth como su highlight junto a
Midsommar, 2019). La trama propone a una mujer de fuego, como en la apertura y
en el cierre observamos abiertamente. Lo que veremos de ella no deja
ninguna duda, frente a su comportamiento desenfrenado. Jennifer Lawrence es la
absoluta protagonista de ésta película incendiara, algo polémica si bien actualmente
pocas cosas llegan a impresionar frente a esperar lo inesperable. La bella y
entregada Lawrence, con 35 años, de cuerpo hermoso, voluptuoso, abundante y
naturalmente estético y seductor, a la que veremos mucho desnuda en pantalla,
es Grace, ésta mujer que no quiere una vida familiar, una existencia
convencional, que a partir del nacimiento de su hijo empieza a enloquecer, a
perder los estribos (mención constante visual obvia de un caballo sin
ataduras). Primero bajo pequeños detalles, miradas como a la nada, que engañan,
que implican esperanza o salvación, que buscan contenernos; pequeños gestos,
corporales, faciales, sutiles, algunos bromeando en solitario, tratando de
soltar la pesadez, si bien cosas se van gestando, acumulando y en el fondo no es
que existan culpables externos o rígidos, somos nosotros. Comienza a molestarle
vivir en el campo, empieza a no soportar a su marido, Jackson (Robert
Pattinson, quizá demasiado común y corriente para el terremoto que es Grace),
por la vida matrimonial que no parece compaginar con su personalidad, a lo
Britney Spears, de lo que se dice irónicamente de Grace que en otra dimensión
debe ser una popular rockstar (también señal de verse autoreflejado en una
hipérbole), al poco de (fastidiarle) sentirse diminuta al ver hacia las
estrellas o el universo por el telescopio, en sentido peyorativo (particular,
atípico un poco) de insignificante. Grace, no quedan dudas, es una mujer
problemática, y de ello que valga mucho la autenticidad y honestidad que
propone la novela de Harwicz, el desentrañamiento absoluto. Ahí hay
originalidad que aplaudir aun a costa de llevarlo todo al extremo, a lo
insoportable, que con seguridad a muchos va a molestar, como a los que no
quieren críticas en contra o lo manejan con mayor astucia. Grace quiere sexo
todo el tiempo con Jackson, es una fémina intensa -erótica, se podría decir- en
toda magnitud, la que se aburre de las convenciones, aunque hay una parte de
ella que anhela ser una buena madre y una buena esposa y ser autosuficiente a ese
respecto, pero algo la supera. La podemos asociar con las jovencitas loquillas
sueltas, las que no pueden contraer compromisos con facilidad, no lo quieren en
realidad, o están detenidas en el tiempo, lo cual suena a un punto
políticamente incorrecto de decir/ver, donde se estila mucho más cinismo y no
se pretende juzgar a nadie negativamente, aun mirando dentro de la actual época
de liberalidad que parece enaltecerte. Harwicz lo lleva al límite de lo
aguantable, llegando literalmente a la locura, a la explosión emocional, a la
crisis de quien uno es. Puede que ni siquiera sepa que le gustaría poseer. Le
falta comprensión de sí misma. Se percibe aun como una anomalía. A esa vera a
Nick Nolte se le llega a confundir, haciendo inicialmente de anciano con deterioro
cognitivo producto de la edad. Se puede ver como feminista que la mujer no
quiere depender de ningún hombre en ningún sentido o se defina en su libertad
sexual. Percibe a los hombres por juguetes en sus manos, como con la fantasía
del motociclista (LaKeith Stanfield) que la persigue a Grace como en una
alucinación, y que después se descubre un simple mortal como todos. No obstante
lo que atraviesa Grace se ve como un problema, hasta mental. Se podría decir
que existe cierta autocrítica, porque la obra se propone no ser placentera, no
ser fácilmente empática. No puede criar a su hijo, tranquila, como muchas
mujeres. No puede sostener un matrimonio con alguien que parece querer, o eso
pensaba y vivir en pareja le ha quitado en buena parte esa ilusión, aun cuando
la suegra le ofrece ayudarle, al sentirla golpeada por la realidad de la
maternidad, mientras vive inicialmente en una casa medio tétrica. La suegra es
interpretada por la gran Sissy Spacek, como una sonámbula con escopeta en mano,
tras la muerte de su marido, cuando deambula por el campo abierto, cuando se
expone, como quien hace mención de una psicología, que está alerta a no dejar
entrar a nadie más en su vida, el opuesto entonces de Grace. No obstante al
final se harta un poco de ella, de su actitud, y viceversa, no desea oír. Grace
realmente no quiere aprender nada. La cuestión parece ser lo ingobernable (para
Grace la relación es una cárcel), como quien deja fuego por donde pisa y no es
algo romántico de decir, aunque tiene de narcisista, el canto de la mujer
realmente salvaje, como con la mímica de hacer de tigres en el pasto donde
Jackson "no sabe" en donde se está metiendo. Está, curiosamente,
demasiado enamorado (no obstante la engaña con aventuras pasajeras). No quiere
ver, ni ella tampoco. En lugar de exponer la trama poéticamente, bellamente,
como si fuera un comercial de publicidad donde todos se identifican
rápidamente, se observa el asunto de manera insoportable, de forma bruta, lo
que significa en realidad el comportamiento y las reacciones de Grace (daño).
Existen soluciones para salvar la unión, pero Grace no está hecha para ninguna
de ellas y ahí el relato es realmente duro. La escena cuando se lanza contra el
vidrio puede ser un poco irónica pero deja todo en claro. Lo mismo la escena
donde se queda en ropa interior y se arroja a la piscina en la reunión formal
donde ya la gente es grande. Que en ese momento Jackson se hiperventile pone en
pantalla humor negro. El comentario de que el bebé no respira tampoco es
gratuito y dice mucho más de lo que aparenta, como el propio título.
martes, 23 de diciembre de 2025
It Was Just an Accident
La película abre con una conversación que va de la mano de la temática de la propuesta, las torturas para generar confesiones, los juicios políticos y las ejecuciones oficiales del régimen islámico, del gobierno actual de Irán, contra los que han protestado o se han opuesto al gobierno ante su rigidez institucional dictada por autoridades teocráticas. Una familia se moviliza en carro cuando el padre atropella a un perro callejero. Madre e hija pequeña intervienen en la conversación. Por un lado se dice que lo que ha sucedido es designio de Dios, y que son señales, y todo tiene un sentido superior. Por el otro que todo es casualidad, que no significa más que una realidad mundana, no hay nada místico ahí, está desprovisto de significación y no se le da mayor importancia, cuando ciertamente está muriendo un ser vivo. Así, de la manera más simple, se trata de analizar y argumentar sobre el actual régimen, que implica decir que es un gobierno de hombres, sólo un pensamiento o una forma de mandar que muchos no comparten y no quieren que exista, y no implica ninguna trascendencia espiritual. El final apoyará ésta idea con la confesión gratuita, que es lo más débil del conjunto, mostrando a una persona que más representa la idea que manifiesta la argumentación que proclama el director y guionista en solitario el iraní Jafar Panahi, que a un hombre de carne y uso. No se emparenta con lo que es, un agente devoto -con ansias de mártir- de la república islámica. No invoca realismo. Pero no obstante el filme tiene más que brindar, tiene varios aciertos y virtudes, como su tono de humor. Lo que mejor le cae como obra es que posee humor negro y un cierto absurdo de camino, lo que puede parecerle chocante a algunos amantes del cine político a secas, pero en realidad justamente de eso trata generar séptimo arte, de sorprendernos, sino para ello tienen muchos documentales tradicionales, muchos programas periodísticos, muchos noticieros y hasta muchos libros en su lugar. El cine necesita libertad, imaginación, originalidad, ser sorprendente, siempre (justificándolo). El cine no gana nada siendo anodino y en extremo formal, salvo estemos hablando de rememorar el cine clásico en su claridad y formalismo, del cual también escapaba porque nunca se presentaba estirado o cuadriculado, parapetado en una seriedad simplista. El humor negro del filme es bueno, aunque puede coquetear con cierta tontería, como terminar empujando la Van, quedarse sin gasolina, o que haya un histérico en el grupo dispuesto a ejecutar en el acto a su enemigo mortal, un representante de la república islámica, un enemigo de la guerrilla diríamos. Que haya una pareja joven de futuros esposos vestidos para la ceremonia corriendo de un lado para otro con un cuerpo sedado metido en un baúl el cual quieren desaparecer ya habla de que el filme tiene un halo de sarcasmo y es buena la película en ese sentido. No obstante el filme a ratos frena su humor negro para ser más serio, hay hasta debates en medio de discursos, y ahí más bien pierde un poco, porque lo mejor es ciertamente su humor sacrílego, dentro de una temática que toca mucho a los iraníes y que puede ampliarse a las luchas políticas en general poseyendo una notable universalidad. Ese absurdo proviene de hacer el bien odiando con justa razón al padre de una familia, con lo de dar a luz y sensibilizarse con el llanto de una inocente niña donde en el hospital hasta se arriesgan a ser detenidos (porque todos tenemos familia y eso humaniza, nos hace pensar en no hacer el mal a otros, porque hay gente para la que somos muy importantes y herirnos es hacer un daño mayor). Se exhiben muchos momentos en que nuestro grupo protagonista duda bastante en perpetrar su venganza, aun cuando se ha ejercido mucha violencia sobre ellos, en que se han dado violaciones, suicidios, traumas, cosas serias. El filme es curioso también jugando al pasado que no podemos olvidar con cosas que no están ligadas normalmente, como que pase la tortura por un antiguo amor -como quien menciona a la promiscuidad incluso- o abandonar a alguien por diferencia de impresiones dentro del pleito de pareja, rechazando al tipo violento por el tipo más sensible, más afín a perdonar lo imperdonable. Se habla de que vengarse es complejo para la gente que de verdad cree en Dios o tiene valores, que quieren en realidad una vida tranquila, convencional o que desean seguir adelante. No porque no puedan ejercer violencia, deslindando cobardía o pasividad (carecer de reacción), sino porque no está en ellos. El histérico dice que guerra es guerra, porque es matar o morir, todos discursos habituales de los guerrilleros, pero el grupo protagonista son realmente gente común y corriente, gente honrada, y no se les saca fácilmente de ese estándar, aunque están enfrentando una historia excepcional -acciones extremas- y ahí anida una película novedosa a un punto, porque no se rompen estándares para generar heroísmos cinematográficos, hipérboles o desenvolvimientos fantásticos, sino el grupo está lleno de dudas, de cortapisas, de autolimitaciones, de constantes reflexiones y disputas. El filme abre muy claro, decidido, la cosa parece se resolverá rápida y simple, enterrar vivo a una persona terrible tras el hallazgo en el taller. Pero va volviéndose más complicado de lo que parece cuando surgen más involucrados, cuando se pretende resolver el misterio de la identidad y se medita el asunto, que de eso va el filme con su aventura de comprobar que un tipo fue un cruel torturador del régimen, que se trata de Eghbal El pata de palo y hasta en eso suena irónica la propuesta, aunque ver su pierna amputada maneja una seriedad que se mezcla con el absurdo y el humor negro del conjunto. Absurdo porque no remite al accionar normal de la mayoría al apoyar a alguien odiado, pero se está proponiendo la humanización dentro del ideal (ayudar a un niño, ayudar a una mujer embarazada), frente a simplemente ser igual que lo que combatimos, sobre todo si rememoramos pensamientos de otras épocas políticas. El filme puede verse algo similar a esas persecuciones por el mundo hechas por agentes judíos tras los nazis fugados después de la guerra, pero que no fueron llanamente asesinados, sino llevados a juicios primero. El mensaje es no proclamar la venganza, no deshumanizarnos por el odio, la ira, aunque tampoco el ser humano es de piedra, tiene emociones, vínculos afectivos, y el sufrimiento nos puede secar el alma. El cierre con el ruido siniestro de la pata de palo da a entender que vienen por Vahid (el hombre de baja estatura que cree reconocer al torturador, al topárselo casualmente), que puede verse si bien realista (posible), un poco efectista, contradiciendo el mensaje humanista del filme y viéndose un colofón panfletario -el hombre entonces es un mentiroso y nada agradecido aun luciendo confesiones contra su propio bienestar- como en la película de gloriosa estética y movimientos de cámara prodigiosos, pero destilando propaganda a la vena con narrativas primitivas, Soy Cuba (1964). ¿O es una alucinación?, el miedo de lo que ha quedado suelto, o quizá viene simplemente a dialogar (no confesó ser un simple peón del sistema, hacer todo para escalar la pirámide social, que suena más lógico que lo que proclamaba el histérico, el tipo de mente cerrada). El presente filme parece la continuación de The seed of the sacred fig (2024). Es curioso ver que la policía iraní también pide coima/soborno, hasta mediante la maquinita de la tarjeta de crédito, valga la notoria ironía. Lo mismo el grifero que hasta se toma el soborno a broma (con calle y no de manera dogmática como lo que suele pensarse de Irán que con sus últimos exponentes parece modernizarse de cierta manera), tras pensar que la pareja que se va a casar han tenido relaciones sexuales previas, producto del vomito, vista la escena de manera literal.
jueves, 16 de octubre de 2025
Sirat
Ésta propuesta es una película de aventuras, de entretenimiento, pero con su pequeña sustancia, con su mensaje humanista de unidad, de velar por la gente más humilde, y de paso habla de especies de nuevos hippies, punks modernos, amantes de la música electrónica, pacifistas, aficionados a las drogas laboradas/consumidas con/por hierbas. El ambiente es de raves hechos en el imponente desierto marroquí, en el mismísimo desierto. Hay mucho baile en medio de raves (lo cual se ve muy bien, te genera empatía, y así hay muchos momentos de complicidad de diferente tipo), con gente que recuerda a la contracultura, pero aquí sin mucha política de por medio, o apuntando a la libertad máxima, a la libertad total, en sí misma, en su mirada más pura, sin tanto argumento, sin formular sexualidad (la que muchas personas en la vida la tienen por ubicua) ni corrupción de liberalidad. Es como entrar en el goce de la vida con el baile, inducido por hierbas. El filme habla de europeos con aspecto punk que yacen en el desierto, bailando, viviendo como en medio del campo, fuera de los sistemas muy reglamentados. Ahí vemos aparecer a militares que son el clásico orden contrario a esa libertad que proponen estos (nuevos) hippies, quienes solo quieren vivir tranquilos al margen, en un territorio que como todo tiene un gobierno. Un padre, Luis (Sergi López), está en busca de su hija, una jovencita hippie, que dicen está melancólica, y se ha ido, aunque ya es mayor de edad, pero su padre quiere ver que esté bien, y la va a buscar, con su hijo pequeño, Esteban (Bruno Núñez Arjona). El desierto es peligroso, no es un lugar para cualquiera, y eso quedará claro en el filme, en esa aventura que emprenden Luis, su hijo, y sus nuevos amigos hippies (todos excelentes como interpretes). Hay escenas muy dinámicas, que producen adrenalina, hermosas de paso a la vista, junto a la fotografía de Mauro Herce, que llevan muy buen acompañamiento musical. Se exhiben escenas puras y duras que están excelentes, cine en esencia, que deleitan a la mirada, que son aventura a la vena. Cine, imágenes poderosas. Y no caen en lo innecesario porque son parte de esta película de aventura, de la aventura. Los guionistas son el argentino Santiago Fillol, que ya ha trabajado en varias oportunidades con el director de éste filme, y el mismo director Oliver Laxe. Es como si hubieran tomado por una parte en cuenta los errores y virtudes del filme Sobre todo de noche (2023). Hay momentos de shock, totalmente impredecibles, que se justifican plenamente, que dejan en claro que estamos ante una película de aventura (de entretenimiento, dígale aquí con su toque a lo europeo, si bien se siente universal), un relato de mucho peligros, donde no faltan en éste tipo de películas. El desierto marroquí es como el gran dominio (o "demonio") donde el hombre osadamente trata de atravesarlo, de vivir donde la naturaleza es poderosa, pero también ese peligro es producto del mismo hombre, de lo autodestructivo que es muchas veces. Así el filme remite un poco al mundo de Mad Max, pero en los comienzos de lo apocalíptico. Se llega como a asumirse en un sci-fi de bajo presupuesto, de los a medio camino realistas, o de pocos elementos futuristas. Se deja volar que ha sucedido la tercera guerra mundial, y que el mundo está en el caos, en su etapa de destrucción y estamos viendo a los sobrevivientes (que en sí puede referir actualmente a los que vagan austeramente por el planeta), como en aquel tren como con polizontes. En cierta manera lo que vemos se puede leer como algo postapocalíptico, pero al mismo tiempo identificable contemporáneamente, una dualidad del mismo desierto marroquí, una capacidad para hacernos pensar en ese momento bíblico, bastante utilizado en el cine, en el arte. Es una película sencilla, pero muy competente. Es la búsqueda de alguien, crear una caravana con un tipo de gente especial, una especie de tribu, expuesto en un lugar algo extravagante, y pequeñas aventuras, que recuerdan a la obra maestra del genial Henri Georges Clouzot, El salario del miedo (1953). La música electrónica está muy bien integrada, no solo desde lo más específico, sino como planteamiento de cine de aventuras y sci-fi. La luz tipo holograma de los raves, las cajas de resonancia frente a las minas militares. Es una obra lograda como película de aventuras, con una austeridad que funciona plenamente, estética, de nivel, no sólo audaz. Los que ven una película misteriosa, parece que han visto otra película, es una película de aventuras con pocos elementos, un viaje por el desierto, por lo peligroso que puede ser, sin demasiada grandilocuencia argumental. Lo sencillo puede ser muy potente y eso es justamente éste filme. Tiene una parte que puede hacer de la obra algo espiritual, donde vemos a musulmanes orando/rodeando la sagrada piedra negra en la Meca, como los trances de atravesar la vida, y que puede verse como la búsqueda de un mesías/profeta (o gente que de verdad mejoren a la humanidad), o el desierto (la existencia) como posible trascendencia de la gente común.
sábado, 22 de febrero de 2025
The seed of the sacred fig
The seed of the sacred fig (2024) de Mohammad Rasoulof es una película atractiva para conocer Irán, cómo es allá, y es curioso ver que la vida en Tehran, la capital del país, se parece bastante a cualquier otra ciudad del mundo. Pero no obstante es cierto que un gobierno teocrático que es quienes los rigen suena a cosa del pasado, a una forma de gobierno arcaica, y puede conminar a hacer sentir a sus ciudadanos dentro de un sistema rígido en cuanto a sus derechos civiles y comunes, y cómo se sabe por ser una república islámica, estar muy anclados a la religión que tiene poder y control sobre el país, las mujeres viven sojuzgadas por una forma de vida muy restrictiva, sobre todo si la comparamos con Occidente. La propuesta se contextualiza, y es además un drama político a esa verá, en las protestas del 2022-2023 de las mujeres por la igualdad de derechos, acusando de dictadura al gobierno. La película de Rasoulof utiliza material de archivo o documental sobre las protestas como pequeño complemento social-político. El filme se pone más interesante porque la familia protagonista está muy ligada a la república islámica, al gobierno teocrático, ya que el padre es un abogado que aspira a ser juez dentro de ésta forma de gobierno. Es investigador y pertenece a las cortes revolucionarias, pilar de la teocracia y dirigencia islámica de Irán. Imán (Missagh Zareh), inicialmente, parece sufrir con aceptar el dictamen de la pena de muerte que tiene que dar contra los enemigos de la teocracia, que incluye a los/las jovenes que protestan. Imán parece una buena persona, en un filme que se cocina bastante lento. Se da así mismo mucha presencia de la esposa, Najmeh (Soheila Golestani). Pero la percepción de cómo es irá mutando, siendo esto trabajado meticulosamente. Llegará hasta lucir como un especie de asesino en serie. El filme en última instancia se descubre como un thriller, como un lugar de entretenimiento o más ligero narrativamente cuando el escenario es una zona aislada, desértica y montañosa. Se pone cine de acción, pasando del drama familiar que es la mayor parte del relato. El disparador es el miedo que engendra en Imán ir preso. Es entonces que descubre su verdadera piel, sólo piensa en si mismo, bajo la devoción al gobierno. Anida en él una lucha que llega a la violencia literal. Es particular ésta confrontación, que rompe con toda natural lealtad y afectos, desde varias partes. De manera tangencial y gradual, hasta llenar el conocimiento, entendemos qué trabajo realiza Imán específicamente y por ahí va la crítica, señalando cierta perversidad y extremo cinismo. Es como si toda mujer en Irán le hiciera frente -como si se tratara de bandos opuestos- a todo hombre que defiende la teocracia, puesto que coarta su libertad y esto puede señalar amarlas o no realmente, en lugar de amarse a sí mismos -o cuidarse- por sobre ellas. Es el control y confort masculino frente al derecho moderno, si bien occidentalizarle por completo puede dar pie a que se caiga en el otro extremo, en la liberalidad, como cuando se dice que las muchachas en contra de la teocracia son las que están buscando salir desnudas a la calle que sirve como generalización sexual que es lo que teme el régimen, quienes lo apoyan y ampara su religión. Las hijas de Imán son parte de la modernidad, se identifican con las protestas. La madre es la bisagra entre los dos mundos. Apoyar a su marido y seguir éstas reglas rígidas islámicas que incluyen el futuro familiar o abrirse a la libertad e igualdad del mundo occidental. Hay muchos momentos donde Najmeh hace de fuerte soporte de Imán a quien inicialmente se le ve un poco pusilánime, lo ponen muy bondadoso, pero sus decisiones lo van transformando (o desnudando). Es una película que tiene una narrativa muy cuidada aunque austera. Se toma su tiempo en todo, hasta con detalles simples. Es de aquellas películas que se manejan muy expresivas en las emociones, que pueden pasar por algo efectistas o híper sensibilizadas. Se ve que sigue una forma de hacer cine propio, pegado a lo primario, desde coordenadas algo afectadas, no obstante queda como cine, no telenovela. Rasoulof quiere hacer arte, pone estética, pequeñas puestas de escena en detalles, como cuando Imán mira la ventana goteando por la lluvia y después observamos su reflejo en el vidrio que es donde se enfoca la cámara. Se implica un quehacer de paranoia, de miedo a los que protestan, cuando Imán circula en auto con tapabocas, pero le falta fuerza. Aún así el momento en la tienda del grifo salta a lo impremeditado y se sostiene muy bien dentro del cambio a lo tangible. Lo que viene después es un poco la historia de un asesino en serie que teme ser atrapado y tiene su genialidad (dentro de un gran giro), tal cuándo la hija se tapa con el plástico asemejándose a un cadáver.
lunes, 27 de enero de 2025
Inside the Yellow Cocoon Shell
Inside the yellow cocoon shell, del vietnamita Thien An Pham fue el descubrimiento del festival de Cannes del 2023, ganadora de la Caméra d'or, premio a la mejor ópera prima de todo el festival. Es una película donde se busca lo místico, una conexión trascendental, un vínculo con Dios. Algo curioso de ver es que el protagonista entierra a su cuñada en la religión católica, que es una minoría en Vietnam. El relato tiene de protagonista a Thien (Le Phong Vu) quien debe hacerse cargo de su sobrino de 5 años. La madre ha muerto en un accidente de moto, y su marido, el hermano de Thien, hace tiempo se fue sin decir nada, sin aparente motivo. Thien, como toda la modernidad, duda de las religiones, pero sin embargo busca algún tipo de conexión especial con algo superior. El filme de Thien An Pham apuesta por creer y deja algunas señales de su fe en algo más que la vida terrenal. Su protagonista se embarca en un pequeño viaje de búsqueda mística, no abiertamente del todo, porque va como casual, trotando en la vida, dejando que simplemente las cosas, lo cotidiano, vaya sucediendo. El filme se ve natural, como si Thien, el protagonista, no tuviera ningún plan de vida, pero en el camino, a través del metraje veremos que lo encontrará, resuelto sutilmente, puesto que éste filme es bastante suave en su narrativa, pero no obstante no es difícil de comprender. Es una película que también mezcla distintos tiempos y hasta superpone personas en otras. Por el final el estar echado en el agua parece representar 2 cosas al mismo tiempo, el relajarse y detenerse simplemente a respirar y el que puede haber sido el devenir trágico del hermano. Es una trama donde uno debe animarse a vivir, a hallar sentido a nuestras vidas. Thien no está muy anclado a lo material, como se puede ver del mismo Vietnam, o el que muestra el filme, de pequeñas villas en medio de la selva. Se denota una existencia humilde, enfocada en lo rural. Thien viene de Saigón que es una gran ciudad de su país, superpoblada, pero su búsqueda va por las villas donde va a enterrar a su hermana política. En unas ruinas una mujer hace como de fantasma y duda de salir de las sombras e ir a la luz, se le hace complicado, como a muchos. No ha todos se le hace fácil vivir, o empezar de nuevo. Thien sutilmente le reprocha a Dios algunos sucesos, no los comprende, aun cuando en lugar de pensar en un pretexto de escapismo hay que pensar en una razón de superación, de hallarnos a nosotros mismos, hallar un lugar sentimental. Se dice que a veces pensamos buscar a otros, pero en realidad estamos buscándonos a nosotros mismos. Éste puede ser cuidar del niño (como cuando en el río le oye llamarlo). Igual que deja verlo cuando Thien se hace cargo de una pequeña ave que halla en la calle. La composición de ello también es curiosa, de quehacer brevemente desconcertante, cuando de pronto se agacha debajo de la mirada próxima de la cámara con el fondo desenfocado. Pero al levantarse tiene, por lo que ha hecho el inesperado movimiento, a la pequeña cría entre las manos, en forma de nido. La propuesta también maneja secuencias extensas, sin cortes, bastante logradas, muy bien planificadas, donde se continua con habilidad la narrativa, tal está el recorrido hacia el encuentro del excombatiente vietnamita, de la famosa guerra de Vietnam, ya anciano, hablando de sí mismo. Ésta obra tiene momentos en la carretera, circulando montañas, que junto a la neblina señalan vencer el tiempo, aludiendo atravesar lo místico. Así igualmente se percibe hallar un hermoso árbol repleto de mariposas que puede implicar el avistamiento de un milagro o lo sobrenatural. Una anciana le habla a Thien en un pueblito, de manera entendida en el sentido existencial y el viaje interior, o sobre no saber por donde seguir o qué estamos haciendo inconscientemente, pero a la que se le quita solemnidad diciendo que es parte de una locura senil. El filme se balancea entre mostrar algo excepcional-espiritual y no serlo en realidad, como quien no quiere afirmar nada, pero el filme indica que Thien y muchos sí lo necesitan, necesitan creer. En un momento en la gran ciudad, en Saigón, Thien, yace con una prostituta, y suena el celular. Entonces él dice que lo está llamando Dios. Esto explica perfectamente de que trata la película. Thien quiere que Dios le hable de alguna forma. Montón de gente no puede con el vacío existencial, vivir sin trascendencia espiritual que va con lo emocional, aun cuando no son personas necesariamente complicadas, o temerosas, dentro de un retrato de gente clase media, instruida (como el protagonista), pero gente común y corriente. Es de elogiarse además en particular la escena de apertura donde beben los tres amigos, tiene una sólida recreación, repleta de visualidad, donde hay muchos elementos en movimiento, exhibiendo una notable coordinación que expone gran naturalidad. Se aplaude hallar éste buen cine arte en Vietnam, donde el presente muestra un cine propio.
sábado, 21 de diciembre de 2024
Anora
Anora (2024) de Sean Baker es su mejor trabajo hasta la fecha, demuestra un crecimiento artístico, como seguramente mayor presupuesto y más respaldo ganado detrás suyo. Visto el filme no sorprende que haya merecido la palma de oro (como uno podría haber pensado inicialmente, de un festival como Cannes), es una película sólida de principio a fin. Baker muestra tal cual la realidad de su protagonista, una stripper y una prostituta. No hay falsas ilusiones ni poética entregadas para el espectador en su introducción, ella se dedica a tener sexo con cualquiera que le pague por sus servicios. Camina en busca de clientes, se soba de lo más espontánea con todos ellos, por una propina anda desnuda montada en gran parte del club en que trabaja. No obstante Ani (la espectacular newcomer Mikey Madison de 25 años de edad) como se hace llamar Anora, una chica de ascendencia rusa de 23 años, tiene su personalidad, puede ser dulce y frágil, mostrar sentimientos reales, aun cuando se le nota también que posee calle, lo cual es de esperarse de su oficio y poder tratar con el comercio de sexo y todo tipo de hombres. Ani conoce a Ivan (Mark Eydelshteyn), un muchacho millonario de 21 años de edad y le gusta. Se forma un especie de vínculo entre ellos, lo pasan bien -mediando muchas escenas breves de sexo incluido; sensuales, pero cuidadas- y terminan teniendo un romance, dentro del alquiler de la mujer. Ivan se nota un chiquillo engreído, mimado, pero simpático, y al mismo tiempo muy inmaduro, amante de los videojuegos, de la juerga, del despilfarro de dinero. No obstante sabe moverse en el mundo de los adultos, hasta de lo que puede llamarse de lo sórdido. El dinero le abre la puerta a todo y a todos, y en ese lugar anida una critica, porque no se puede jugar con los seres humanos, incluso de los más discutibles. Ivan siembra el sueño de cenicienta en Ani que muestra que puede pegar fácilmente el salto hacia una vida más tranquila, más decente, aunque privilegiada, donde hay mucho para gastar y disfrutar, porque Ivan le muestra la fiesta constante, propia de un chiquillo millonario, no de la corrupción y el maloliente submundo. Ani queda maravillada con esa vida al estilo de una joven Paris Hilton. Durante 45 minutos todo es felicidad, inclusive Ani se muestra una chica bastante inocente, pero realizada consigo misma. Se casan en Las Vegas, y empiezan los problemas. Los padres de Ivan se enteran que se ha casado con una prostituta y envían gente a solucionar la vergüenza que sienten ha metido a su familia. En adelante Ani es a ratos humillada; maltratada hasta físicamente aunque sin premeditación. Baker transforma su película en una moderna screwball comedy. Pienso en la grandiosa What's Up, Doc? (1972) como inspiración. Ani enfrenta la decepción absoluta, el enrostre de la elección de su oficio de prostituta. Sin embargo Baker abre una posibilidad de redención existencial con un (empático y dulce) "matón" que desde el arranque se ve que queda prendado por su belleza, con lo que ella cree predisposición a una violación, de movimientos en buena parte casuales, pero también salidos del subconsciente. Ani sueña con el príncipe azul, con el chico cool adinerado, y no mira hacia el costado, en el que uno puede creer como un obrero, pero que puede ser mejor. Muy bien Yura Borisov. La última escena es la triste comprensión que le ha quedado a Ani, que no puede abrir su corazón, porque es una prostituta. Sólo que la salida está en cambiar. Lo que le falta a Ani es descubrirse como Anora y, desde luego, no proponer falsas poéticas, sino dejar la mala vida, la vida fácil del dinero a costa de la dignidad y la honra. El check no es que hay gente abusiva (sobre todo con poder adquisitivo), sino que la mala vida engendra abuso alrededor, da a pensar mucho a los demás que no merecemos nada, salvo el trato superficial, enfocarse en el negocio, y va a entrar a tallar cierta violencia. No pidas amor serio si no vas a abandonar la corrupción. Y el filme muestra que Ani si tiene esa voluntad, sin que pegue la desesperación por lo sexual, pero debe ir más allá del dinero, ese gancho que tanto la corrompe, pensar en otras opciones para vivir bien. La sexualidad del filme está muy bien trabajada, se nota real, natural, y no exagera la condición, dentro de un notable erotismo de Mikey Madison. Ani pasa por una chica experimentada, pero capaz de insertarse en una vida más convencional. El final es de esperanza. A todos los que dicen que todo bien con que una mujer sea prostituta, no pidamos para otros lo que no queremos para nosotros.
viernes, 18 de octubre de 2024
The Substance
The substance (2024), de Coralie Fargeat, es una película que lo da todo en la cancha. Es una película que empieza uno diciendo que es obvia en sus postulados, e inicialmente uno puede creer que está frente al Yorgos Lanthimos hollywoodizado o más popular, pero pronto nos damos cuenta que no, que Fargeat es aquí auténtica, real, compleja y pretende el hecatombe, firme, contundente, como el hombre avezado en caída libre que abre próximo del piso el paracaídas consiguiendo vencer el peligro y gozar de la adrenalina, llevando sus postulados hasta las últimas consecuencias, pero no dicho bajo el cliché, sino es la gran bomba tal cual, la práctica hecha verdad. Es una película que enaltece al cine de género y lo propone en toda alevosía, llegando al extremo, es una película que por momentos fastidia, desagrada abiertamente, lo hace adrede, como un Cronenberg llevado a la potencia máxima, donde se hace tremendo homenaje a la magnifica e incomoda The Fly (1986), y es más atrevida, más gory, más impactante, que la mismísima Scanners (1981). Hablamos de El hombre elefante (1980) mutando al humor negro, a la sátira social. Fargeat actualiza el impacto, haciendo lo que pretendía el Cronenberg jovenzuelo, descolocar al público; en ésta época. Pero Fargeat no sólo hace esto, sino se distingue, hace algo muy propio. Implica sátira, humor negro, sobre el temor y el rechazo a envejecer, porque muchas sociedades apuntan a marginar a la gente mayor o a la que empieza a entrar en años, como quien caduca comercialmente, sobre todo cuando el dinero implica vender placer, lucrar con el sexo, y el atractivo físico o erótico o sensual es tan determinante para jugar en esa tribuna, atraer el deseo, y en consecuencia la atención que genere billetes. Hay muchos momentos donde éste filme te fastidia, como con el uso de la comida grasienta. Con su tipo de humor, abiertamente plantea el extremo, hacer que hasta te moleste mirar la pantalla, lo hace explotando el ridículo en determinadas oportunidades, la falta de vergüenza, el ir hasta más allá de los límites, de lo feo, y lo hace con verdadero delirio y con una coherencia que subvierte su obviedad y se convierte en la reflexión extrema -el acompañamiento- de la que es ante todo una película de género, una propuesta que parece no estar destinada a una sala de cine, no a lo convencional, una obra que quiere que mucha gente abandone sus butacas. Curiosamente defiende el derecho a envejecer contento o seguro de sí, pero con un canto de irreverencia juvenil -también como lo es el espíritu del buen amante del cine de género- o de la sabiduría de los años que leen a las juventudes. Pero es un filme coherente. El final desquiciado con litros de litros de sangre y el monstruo en pleno teatro es simplemente el horror psicológico del rechazo de la vejez. Más claro, imposible. El menosprecio que se mete hasta en lo propio, en cómo nos percibimos, como señala la identificación con la estrella del paseo de la fama como punto de retorno tras una mancha de desperdicio de comida rápida. Ese recordatorio de un tiempo otrora de gloria que ha perdido trágicamente su valor, por una sociedad que desmerece una etapa natural de la existencia, como con aquello de que en realidad somos uno, puesto que esa vejez también somos y seremos todos, entonces para que negarla, para que producir complejos, miedos, humillaciones. Pensemos que en realidad llegar a viejo es un especie de triunfo, como quien llega a la meta tras una maratón. El filme es una crítica a la superficialidad del ser humano, de la sociedad. Del ego y la vanidad. A la cultura del espectáculo e incluso a la cultura del sexo, el velar únicamente por nuestros botones más primarios. La trama no hace lección de la inteligencia, de la personalidad, de la experiencia, sólo del cuerpo, en donde la sustancia, como elixir mágico, trata de negar lo natural, el ciclo normal de la vida. El filme satiriza nuestra superficialidad, nuestra búsqueda constante de hedonismo que nos puede llevar a lo peor de nosotros. La propuesta lo hace con entretenimiento extremo, como haciendo una Terrifier arty, festivalera, pero a la vez muy midnight madness, en que se le abre la mente a los del culto de la juventud -a la potencia del físico- mientras nos divertimos con la última locura del cine, puesto que Fargeat lo ha conseguido, ha marcado momento. Es una película a la que no se le puede negar el aplauso, no por tener tremenda profundidad intelectual, si bien es un mazazo como tema de negar la vejez, más allá de la lógica de querer vivir del sexo y esto no remite al coito sino a la fantasía que seduce, como a sus derivados. Sino porque no ha venido a engañar a nadie. Porque se siente que Fargeat es realmente fiel al cine de género. Una maravilla las actuaciones de Demi Moore -sobre todo en el humor- y Margaret Qually -con lo erótico de su rol-. Muy buen manejo con ambas de la desnudez además. También bien por el profesionalismo de Dennis Quaid prestándose para tantos planos detalle desagradables.
jueves, 25 de abril de 2024
Perfect days
viernes, 8 de marzo de 2024
The Zone of Interest
lunes, 4 de diciembre de 2023
El sol del futuro (Il sol dell'avvenire)
lunes, 13 de noviembre de 2023
The Working Class Goes To Heaven
domingo, 12 de noviembre de 2023
Investigation of a Citizen Above Suspicion
miércoles, 8 de noviembre de 2023
Anatomía de una caída (Anatomie d'une chute)
lunes, 10 de abril de 2023
El pagador de promesas
martes, 3 de enero de 2023
Holy Spider
martes, 5 de julio de 2022
Ahed´s Knee
Ahed´s knee (2021) del israelí Nadav Lapid, ganó el premio del jurado en el festival de Cannes 2021. Es una película en buena parte convencional, pero tiene su toque de curiosidad. Parece hacer hincapié en la lucha contra la censura, la censura desde el poder político, del gobierno, poniéndolo desde el Ministerio de cultura en la trama. El tema es el que define mucho al país de Lapid, cómo Israel maltrata a Palestina; y desde ahí cómo desde el gobierno manipulan la información y el pensamiento de su población hacia éste maltrato y destrucción. Pero lo curioso es que el filme de Lapid tiene apoyo del gobierno como vemos en la introducción de los créditos y pareciera no existir en realidad censura o quizá Lapid nos está diciendo que lo que no existe es debate o reflexión, no se dialoga el tema dentro de la gente de a pie o población israelí, ellos no quieren discutirlo, pensarlo y son como autómatas incluso viendo una película crítica. Se comportan -o quieren comportarse- como robots que no quieren sentir culpa ni consciencia para no perder su hegemonía y existencia y quizá subsistencia en el territorio. Lo otro de la trama que visionamos es que hay gente israelí que parecen buenas personas, se comportan con amabilidad y educación, lucen sensibles y tranquilos, no parecen hacer daño alguno, como la protagonista y el objeto de afecto de la historia presente, Yahalom. No obstante ella tiene un puesto alto en el Ministerio de la censura y es parte del engranaje que mantiene subyugada a Palestina y contiene tranquila la consciencia de la población israelí, detiene su reflexión y mea culpa o cualquier cambio hacia los palestinos, que también aunque no se diga hablamos de una guerra con distintos niveles luchando entre sí, los palestinos son más débiles. Yahalom es una mujer atractiva en muchos sentidos para a quien solo conocemos como Y (Avshalom Pollak). Y es un director rebelde digamos, hace películas denunciando a su pueblo y esa es la idea, de estar yendo contra gente que parece hasta inocente, buenas personas, como Yahalom quien lo contrata, es decir que ayuda a que éste gane dinero y progrese; claro, se dirá, dentro del sistema de la censura o del mandato del gobierno. Es como ganarse a todos a una causa conjunta. En un momento Y hace tremenda catarsis, de esas de gran emotividad, grandilocuentes, teniendo incluso algo ridículo en ello de lo tan abierto del sentimiento, se percibe cierta exageración, sumada al artificio de las formas. Y parece caer al suelo por el manejo de las tomas, qué es lo que cierran o dejan ver, pero al final aparece sobre el pecho amamantador de Yahalom, quien lo comprende, le complementa y le afirma las ideas, parece incluso llorar y sufrir con él. Es decir, hay conocimiento de todo, pero como expresa en un momento Y, la guerra no existe, es invisible. Es así que cuando sufre Yahalom por culpa de Y, éste se convierte en un monstruo, en un tipo que se siente patético. En el aire queda la noción de que atacar a Israel es atacar también a gente buena; Israel se lleva muy adentro para la mayoría de judíos, de esto que Y diga que hay que vomitar, expulsar del cuerpo al propio país para hablar, y luce muy difícil, más allá de que el gobierno intente destruirte, que ese no es el temor de Y. El título hace referencia a todo director o disidente judío del orden reinante en Israel y el filme de Lapid es cómo se percibe ésta disidencia en acción. Y es un tipo muy cool, un alterego del propio Lapid seguramente. Pero Israel parece ser mucho más que cualquier judío y al mismo tiempo todos están atentos de que los menos sufran. ¿El filme de Lapid sigue las pautas del Ministerio de la censura que se menciona en la trama?, hay amor, hay mención familiar y un poco de rebeldía, y es cierto en parte, pero deja espacio para profundizar, por lo que finalmente no es así, aunque no existe censura, es aceptación de una palabra más grande que uno mismo y de la que dependen compatriotas "inocentes", como la bella Yahalom. En otro momento Y deja suelto adivinar quien pudo ser en uno de sus recuerdos, queda la duda, ¿el líder de actos colectivos militares, el soldado obediente o el desertor asustado?, es como que sólo existen éstas posibilidades. No hay héroes, parece decirnos aquí, en un tono de cierto relajo y juego estético. Lapid adereza su propuesta con un toque de impronta personal y a ratos hasta sutil y no tan sutil ironía, escuchamos Welcome to the jungle de Gun´s and roses cuando se habla de denuncias y vemos a unas mujeres soldado hacer coreografías de fantasías en un encierro militar. Además Lapid hace de la misma cámara como si ésta fuera literalmente un doble de lo que percibe y siente el protagonista. Puede incomodar el artificio, pero también resulta original.










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