Mostrando entradas con la etiqueta Festival de Cine de Mar del Plata. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Festival de Cine de Mar del Plata. Mostrar todas las entradas
sábado, 6 de mayo de 2023
El rostro de la medusa
El rostro de la medusa (2022) es la primera película de ficción de la argentina Melisa Liebenthal tras su notable documental Las Lindas (2016). Es una película que es como la versión indie latina de la comedia Freaky Friday (2003), aunque aquí la nueva identidad física es anónima. Es una propuesta que es un poco oscura, con algunos pequeños toques de terror y hasta sci-fi, con esa mediciones por computadora o esa vigilancia nocturna. Es una película un poco (realmente) freaky. Más que entretenimiento se ve así, una película un poco rara. Tenemos una lectura sobre la identidad a través de nuestra apariencia física, en particular por nuestra cara, ya que la protagonista de éste filme, Marina (Rocio Stellato), de pronto un día inexplicablemente cambia de rostro. Antes tenía el de la propia directora, que vemos en fotografías o por redes sociales. En el filme los médicos atienden éste tipo de caso y le dan soluciones simples, como si no fuera nada extraño, como obviamente lo es. En sí la que sufre o se inquieta por ese cambio es la protagonista, el resto parece muy dispuesto a aceptar ésta transformación, como el novio, los padres o los compañeros de trabajo. La abuela hasta lo ironiza. El filme alterna con imágenes y secuencias de visitas al zoológico, como si la cámara fuera la propia Marina visitando a menudo el lugar, pero que no vemos nunca físicamente (visualmente) ahí. A los animales del zoológico se les ausculta y mucho, como parte de intelectualizar sobre lo que significa la identidad física. Ahí notamos que los animales tienen características de identidad, de reconocimiento o distinción, pero muchos otros -la mayoría- son como cortados por la misma tijera prácticamente, no hay mucha diferencia entre ellos, uno se puede confundir con otro fácilmente, si no hay un quehacer científico presente. Liebenthal pone en práctica su pequeña tesis, con la pérdida de su gato. Pero, claro, los seres humanos son distintos, aunque aplica no exagerar con esta noción, lo importante parece decir la obra es la personalidad y nuestro comportamiento. No obstante la identidad pública de Marina -frente al estado- presenta dificultades con el cambio de rostro. Oficialmente es ser otro. Y, medio como juego, entra en ello a tallar una cierta nueva identidad por descubrir, como que también nos reinventamos; así vemos que Marina va a la disco y termina con nueva pareja o, para el antiguo (el tipo familiar), un amante. Participamos de una escena cómica de encuentro sorpresa que termina con el trio afectivo disonante tomando el ascensor. El problema quizá se halla en que ésta comedia es muy seria para serlo, es decir para producir un ambiente de humor, y es en mucho una cierta rascada de cabeza, o genera cierto desconcierto, que lo señala también como un filme curioso. No es tampoco un trabajo intelectual exhaustivo, dentro de un tema bastante rico, es en muchos ratos light, pero freak al mismo tiempo. También se busca anexarlo al mundo de la directora, lucen como sus inquietudes personales, viendo que la familia real de la directora hace de su misma familia, se usa bastante material de identificación de la directora. Se siente como que Rocio Stellato es un instrumento del mundo íntimo de Liebenthal para ahondar en cuanto nos define nuestra apariencia física, y saltan pros y contra. Éste filme ganó (mejor director) en el festival de Mar del Plata 2022 y en la sección Forum -una de las más experimentales- de la Berlinale 2023.
lunes, 28 de febrero de 2022
Hellbender
Hellbender (2021) es una película de terror producida y dirigida por una familia, por John Adams (el padre), Toby Poser (la madre) y Zelda Adams (la hija joven) y es notable lo que han hecho con mucha creatividad, profesionalismo y pocos recursos. El festival de cine de Mar del Plata 2021 la tuvo en su competencia principal y Zelda Adams ganó el premio de mejor actriz. Es una película con una buena historia, con un buen guion. Tiene también sus pequeños pero muy efectivos y variados efectos especiales. Así vemos una cena caníbal con un tórax desmembrado mientras la victima moribunda llora, sangra y grita sobre una mesa como camilla de hospital a lo Hannibal Lecter. Éste filme está repleto de ideas de terror, desde sueños compartidos, y visiones futuristas y esotéricas, hasta una mítica audaz de unos monstruos llamados Hellbenders, mezcla de bruja, demonio y bestia depredadora (monstruos que veremos en el final; esto complementa un uso logrado del fuera de campo previo, de ambigüedad). La propuesta gira principalmente sobre la brujería y la descendencia, sobre la relación madre e hija (interpretadas por las mismas Toby Poser y Zelda Adams). Hay mucho juego con magia (efectos especiales austeros pero sólidos) donde madre e hija comparten enseñanzas y afectos. Es una relación de cuidado de parte de la madre y de descubrimiento de la hija, que está apartada de la gente, por la salud de la muchacha y por ser la joven peligrosa sin saberlo; la madre quiere que la hija evolucione en su linaje y rechace su naturaleza de maldad, pero entra a tallar la perversidad de su naturaleza, propia también de la efervescencia de la juventud. La película está acompañada de mucha música, también a cargo -escrita y musicalizada- por ésta familia de cinéfilos bravos -que hasta ello lo han compenetrado en varias formas-; la música se ve desde una banda llamada también Hellbender, grupo compuesto sólo por madre e hija (hay explicación de porqué el padre no figura en la trama y es creativa, aunque John Adams interpreta otro papel, chico). Su sonido varía, es de rock pesado, también de grunge y algo de pop. No todas las letras están iluminadas, pero en grande parte está bastante bien, aun cuando provocan sus momentos cursis, o amables si se quiere ver de esa manera. Lo saludable es que las buenas y las no tan buenas canciones duran poco tiempo, son como unas especies de intro a momentos particulares. La obra mezcla cotidianidad juvenil, cool, interactuando con cierta inocencia, con terror original si se quiere. El bosque y el simbolismo recuerda a la bruja de Blair (1999), le siguen los pasos en varias cosas como alumnos dotados, pero ostentando su propia personalidad. Es indiscutible que éste es un filme a aplaudir, aun cuando por ratos luce muy austero, pero suele revitalizarse enseguida porque está cargado de novedades y mucho ingenio. El final con el túnel orgánico a lo Cronenberg es un alarde de imaginación, con una escena en tinieblas tratada con muy buen suspenso. También no le falta sensibilidad familiar, aunque no todo sea notable de ello. Tiene a su vez su comedia ligera, su toque cool es intergeneracional, hay un vinculo potente por donde se vea entre madre e hija, es una construcción abundante, de pies a cabeza. La película habla también de ser outsider y alguien especial sin ínfulas, desde lo de a pie, con una sutil mención a lo freak sin exaltarlo, más bien a lo excepcional, a lo que se atreve a romper el molde y cualquier limitación, social o artística; introduce aquí un poco de metacine y una auscultación personal de la identidad. Es un filme que puede tener imperfecciones, pero lo que ha hecho es notable y muy rico. Hay producciones que tienen tremendos presupuestos y hacen cosas muy malas; además el género de terror es muy nutrido, la competencia es brava, y ser original no es fácil, todo lo que hace de Hellbender algo más grande, una cruzada familiar por el arte y encima se siente pasión y que se lo pasan genial haciendo lo que les gusta.
miércoles, 24 de noviembre de 2021
36 Mar del Plata: Jesús López
Jesús López (2021), del argentino Maximiliano Schonfeld, trata de la muerte de un joven llamado Jesús López que tenía de rebelde, algo de abusador, pero también era muy querido por sus amigos; fue un líder con algunas cosas dudosas o reprochables, muerto en un accidente. El filme se enfoca en como su primo, Abel, un chico un poco tímido y más perfil bajo discretamente trata de imitarlo, coger su aura de chico cool. Suele quedarse en casa de sus tíos, padres de Jesús, y como que empieza a llenar el vacío que ha quedado. Entre estos dos personajes hay una pequeña lucha abstracta de personalidades y aceptaciones y rechazos en la provincia de Entre Ríos, en zona rural argentina. El filme en la primera mitad de éste es convencional, pero aun así cautivante y entretenido, luego se torna un poco surreal y toma una forma más explícita con sus abstracciones sobre la usurpación de la personalidad. Abel mediante la simple magia del cine se convierte literalmente en Jesús (o éste se apodera del cuerpo que está invocándolo), hasta coge sus malas mañas. Mientras Abel es un chico más humilde, más del campo, Jesús es atrevido y más propenso a cruzar límites, de toda clase. Abel puede pasar por un poco tonto, Jesús es un muchacho más sensual. Con éstas diferencias el filme plantea su juego de roles, lo maneja de manera sutil -a pesar de su toque surreal-, nunca exagera, es todo propio del cine indie argentino si se le quiere llamar de alguna forma. Es un retrato muy cuidado, no lleva sobredimensión, pero todo luce propio de detalles. Es un filme sencillo finalmente, pero bueno, algo que se disfruta, y no requiere de golpes efectistas ni bajos.
miércoles, 27 de enero de 2016
Santa Teresa y otras historias
Ésta película del dominicano Nelson Carlo De Los Santos Arias fue presentada
en el festival de Marseille 2015 donde ganó el premio Georges De Beauregard,
y luego se hizo con el de mejor película latinoamericana en el festival de Mar Del Plata
2015. Es una propuesta
experimental y una docuficción. Tiene un audiovisual bastante humilde, mientras
hace de pequeño ensayo crítico y denuncia sobre la violencia, una que también es política,
como lo refleja la voz en off de la egresada de la carrera de cine y activista
Judith Gómez en su alter ego Polly Krac. El filme contiene imágenes de
archivo, otras documentadas por el mismo director, o unas que hacen de soporte
narrativo ficticio, como ver una estructura con una chiquilla leyendo escenas de
tipo literario, a continuación recreadas (con contextos rurales, juegos
infantiles o con el deambular de perros), habiendo varias formas de expresión
visual, de lo más simples, como el pase lento o la estática sobre un zaguán poco iluminado o alguna casa vieja, a manera de fragmentos, en buena parte inconexos,
libres, incompletos y paralelos, bajo la idea de un narrador de cuentos que
sobrevuela por todo el formato. La mayor
parte -harto sencilla- es propia del director, pero contiene la inspiración y centro argumental -aunque libre- de la adaptación de un capítulo del libro
2666 de Roberto Bolaño, tomando de contexto la ciudad imaginaria de Santa
Teresa (creación de Bolaño), como también a un guía literario del mismo texto, el investigador y fotógrafo Juan de Dios Martínez, que yace tras los crímenes sin
resolver de mujeres halladas muertas en la frontera de Ciudad Juárez, el lugar real en que se basa Santa Teresa. Presenciamos un México violento sintetizado, como
la idea y sombra de la muerte y lo endeble de la existencia en el soporte
visual sacado del Museo de Momias de Guanajuato. Estamos ante un México que hace de
representación del feminicidio y la brutalidad latinoamericana. La obra está dedicada a las distintas visualizaciones de la mujer,
tanto en su veneración como hacia su agresión, pasando por ver el detallismo de
la transformación de los muxes, travestis con una mítica folclórica zapoteca
detrás.
viernes, 8 de mayo de 2015
La habitación azul (La chambre bleue)
“La vida es diferente cuando la vives que
cuando la cuentas después”
Presente en Un Certain Regard en Cannes 2014, ganadora de
mejor director en el festival de Mar del Plata del mismo año. Película dirigida
por el francés Mathieu Amalric. Adapta la novela homónima de Georges Simenon.
Este filme de apenas hora y quince minutos empieza con un
gran misterio que dura cerca de media hora, ¿de qué se le acusa a Julien Gahyde
(Mathieu Amalric, que por algo es llamado recurrentemente en el cine de autor)?,
en un contraste potente entre la comisaría y el pasado, uno que no revelaré específicamente
para que guarden ansias con la presente película y puedan apreciar esos bellos treinta
minutos primeros, que son el fuerte, el tope máximo, del filme, que luego se
revela con un aspecto/tono casi clínico, aunque no del todo apagado, en lo que
exige un proceso, cargado de mucha información secundaria que entrega y construye
pedazos de lo que habrá que imaginar y deducir para llenar todo la figura y las
circunstancias, aunque lo prioritario raya en la sencillez argumental.
Julien yace disfrutando, o mejor dicho lo ha hecho, de unos momentos
cargados de hedonismo, de lujuria, libertad, paz, riesgo, de dejarse llevar, y
eso describe la esencia de este cine negro, primero pasional, efervescente, estético,
luego neuronal/burocrático, un poco seco, aunque sin ser matemático o enredado,
ni del todo abrumador o frio como nos puede hacer pensar el “ubicuo” azul del
título que remite más a una segunda parte del filme en la que se sobrelleva tristeza,
ya que contiene una cara de pesar, tanto como de locura, un halo emocional, que
se maneja delicadamente debajo de la estructura formal que va indagando, descubriendo
y resolviendo, en un quehacer vaporoso, como la otra cara de la moneda, tras lo
(eternamente) efímero, la llegada de la responsabilidad, la culpa, el castigo.
Nos ubicamos en el presente en que se le investiga e
interroga a Julien que está arrestado en la estación de policía, y lentamente a
través de fragmentos, recuerdos y flashbacks que parecen estar solo en su
cabeza (en una relectura), es decir no toda la información queda al descubierto,
incluso aparece la mentira, vemos dos partes de una vida común, una haciéndose el
desentendido y afectuoso con su esposa, pero honesto y ligado con su hija engreída
(notando la distancia conyugal, bien dibujada en aquella escena en la cama matrimonial
donde el marido se queda mirando insomne en tensión), y la otra que es el eje
de la propuesta, donde es amante de una mujer casada, a quien conoce desde la
infancia, Esther Despierre (Stéphanie Cléau, actriz novel, una mujer de rostro
maduro, de solvente y bella espigada figura) con quien vemos sensualmente, continuamente
desnudos –como en aquel pubis y vulva que parecen hacer flotar al protagonista en
la justificación del no pensar, en una oda intensa a la belleza femenina, y sus
consecuencias- o en diálogos donde Esther se muestra en pleno sueño maravilloso
y no esconde su obsesión y admiración, mientras él parece simplemente gozar de
su cuerpo, y es que poco sabremos de las verdaderas intenciones de Julien que
guarda celoso silencio durante la trama, pero deja ver en un exabrupto que no
está tan entregado como su amante, en un pecado producto del agotamiento, y la monotonía
de un zona donde la gente se conoce; vemos que la esposa de Julien aprecia al farmacéutico
esposo de la amante, y se dice que hay habladurías sobre ellos.
Se revelará en la dura realidad un monstruo, la fascinación,
hasta mensajes y líneas dementes tergiversando lo evanescente, la fantasía, el
deseo, el cuerpo, la inconciencia. En una definición de la desilusión y lo
macabro.
El país de las maravillas (Le meraviglie)
El segundo filme de la italiana Alice Rohrwacher se alzó con
el gran premio del jurado en el festival de Cannes 2014, segundo lugar tras la
palma de oro, y el de mejor guion en el festival de Mar del Plata del mismo año,
en que el meollo del asunto trata sobre el crecimiento de niña a mujer de su
protagonista, Gelsomina (maravilloso debut de Maria Alexandra Lungu), que vive
en un espacio rural en una pequeña población en Umbría, Italia, con un padre
posesivo y autoritario llamado Wolfgang (que destaca imponiendo figura, Sam
Louwyck) con quien tiene una pequeña batalla silenciosa, ya que el progenitor
la ve como el hijo varón que no tiene en una familia de 4 hijas, siendo la
mayor, de la que parece esperar que ella siga con su trabajo en el campo, en un
mundo que parece estar a punto de desaparecer por esa omnívora modernidad que
lo absorbe todo, tras la preocupación que generan verificaciones e intromisión
estatal, uno de tantos problemas. Escúchese el presagio que dicta Wolfgang a la
cámara de tv de un reality (aplicado a la búsqueda del mejor grupo familiar de
trabajadores artesanales de la zona) que involucra a todos los lugareños y a la
emocionada Gelsomina, de que se acerca un apocalipsis de lo pastoril, que destruirá
el sueño y la pasión de Wolfgang, que trabaja especialmente con la apicultura,
produciendo y vendiendo miel, con la ayuda de sus retoños, su esposa Angélica (Alba
Rohrwacher) y una mujer llamada Cocó (Sabine Timoteo, que invoca cierta
vulgaridad y ruda sensualidad), aunque Gelsomina ya con 12 años quiera más
seguir a esa mujer extravagante y bella del programa de televisión, en la
interpretación de Monica Bellucci, en un llamado de la femineidad, y lo que
ello significa, irse.
Nos contextualizamos en un “paraíso” que está luchando por
no desaparecer, como señalan aquellos gritos de Wolfgang que intentan imponer (su)
orden, en lo que luce un velado canto desesperado (relajado con momentos
familiares, especialmente estar echados todos juntos a la intemperie, aunque
haya sus conflictos entre ellos, por dinero, trabajo, responsabilidades o
placeres), mientras Gelsomina parece dar la sensación de sentirse metida dentro
de un pequeño espacio, y quiere volar hacia otras cosas, aun siendo pequeña. Tomemos
de punto la interrelación con el niño raro que no quiere que lo toquen y que
parece autista, y ella comprende, a través de una exhibición de juego, ternura,
de infancia aun, pero que ya depara/vislumbra el futuro como mujer, el romance,
la aventura, al mismo tiempo que las decisiones de la adultez, ya que Le
meraviglie es una mirada premonitoria en varios sentidos.
Por su parte el programa con aire mitológico y vestido romano
tiene también su peso determinante en la protagonista, a pesar de su superficialidad,
representa la válvula de escape a otra forma de vida. Observamos como la opción
lógica se ve muy clara, si tenemos al padre parecido a una dictadura, aunque igual
siempre será cuestión de un vuelo, donde no falta la voz de la libertad que yace
a la vuelta de la esquina, si bien como con la llegada del simbólico camello
(que parece algo salido del realismo mágico, semejante al hielo que llega a
Macondo; lo propio de un circo, pero más un elemento fuera de lugar, aunque se
entienda en un sentido más cercano a uno) esté la mirada de un padre hacia la
niña de sus ojos, de lo que en medio del enfrentamiento con el patriarca
sobrevive la valorización de la dulzura y el amor de una simple palabra: papá, que
ata a un punto e implica esfuerzo, voluntad; y en ello Alice Rohrwacher muestra
mucha sensibilidad (notemos cuando la niña se enternece, piensa maduramente,
con el regalo paterno), que yace en toda la película, habiendo también carácter,
o necesidad de tenerlo, en una propuesta que está muy cuidada, que es delicada
y sutil, en el retrato autoral de un mundo de mujeres, por encima de contar a la
directora (teniendo en cuenta que dependiendo se puede esquivar definiciones a
priori), pero que aun así sabe ir más allá del género, o mejor dicho, hacerse
igual de interesante para los varones, en medio de la apicultura, la ganadería,
la agricultura, la dura y ruda labor del campo, que genera un equilibrio,
gracias a la atmósfera.
Es notable aquel sencillo acto de poner una abeja en la boca
y verla moverse por la cara de uno desde la apacibilidad, ya que no solo es
bello, designa pensamientos, hasta una estética de la emotividad, siendo la apariencia de la simplicidad y un poco de la tontería lo que pretende ser maravilloso, aduciendo el respeto y estima por la labor
del campo, que perdura en la trama a pesar de todo, de lo que no asoman las
fuertes posturas ni los caminos únicos, sino los tempranos, los humanos, y la
dedicación y la austeridad que conlleva sobrevivir en lo rural; a la par que
como filme piensa en las prioridades temáticas, que no solo sea lo mítico (que
inclusive en la presente pasa a ser anecdótico, como con la mención de los etruscos y los milaneses), sino lo
próximo, la humanización.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
Fango
Fango tiene dos historias principales, que aunque forman un
conjunto, más parecen paralelas, siendo en parte polos opuestos, teniendo su propia independencia, o se pueden leer bajo distintos anhelos de
expresión, si se ve con sutileza, dentro de una obra que quiere contar mucho en poco espacio, sea
dicho estando bien dosificada y finalmente fusionada, en que comparten su
idiosincrasia urbana, su gente y sus particulares frustraciones existenciales,
en una por medio de peligros, asesinatos, en otra no poder desarrollar nuestra vocación, no cumplir con nuestros sueños (que no es poca cosa), en un aire más
común, a diferencia del otro mucho más libre y en calidad mayor de cuento.
Una de ellas es de superación, hallar el éxito en nuestra
pasión (en la música), mediante la formación del camino de un grupo innovador
que quiere mezclar el heavy metal con el tango, y construir algo que llaman tango
trash, lugar donde converge la melancolía con la rabia, creando un sonido
intenso, desenfrenado. Para ello el brujo y el indio, dos mejores amigos y
músicos con trayectoria subte salen en busca de integrantes, encontrándose con
genios de barrio, que aún no yacen reconocidos fuera de sus calles, no son
populares a escala nacional o por requerimientos personales han tenido que
abandonar la música, pero son la esencia del arte que los motiva. Su grupo se
llamará como indica el título, Fango.
La otra versa sobre una infidelidad que trae mucha cola,
fatalidad, muerte, entre gente como dice el filme, difícil, de temer, entre
pandilleros con poder y abuso en la cuadra que tienen un líder lleno de
cicatrices, culturistas intimidadores de estilo punk paramilitar o ex
delincuentes y compinches homosexuales y ahombradas. Todo parte desde que una
robusta joven y lesbiana que estuvo en prisión, prima de una esposa y también
muchacha a la que le engañan descaradamente, quiere alejar, luego darle una
lección, y hasta secuestrar, siendo proclive a matar, a la tercera parte en discordia que aunque está también casada
se da sus escapadas. Nada saldría de lo común si no fuera que ésta relación
extramatrimonial se desproporciona por el tiempo y la frecuencia, el desinterés
y la frescura conyugal por la contraparte desleal, y por la suya la convivencia
liberal. Entonces, cuando se le pide ayuda a Nadia, ella se lo toma muy
personal, no solo por el parentesco sanguíneo, sino por la pérdida del
nacimiento del hijo de su familiar que la llama para que intervenga, y que es
algo que la trastorna, le nubla y le hace hacer cualquier cosa en consecuencia.
En adelante es como una bola de nieve, revanchas y contraataques, y es algo
rocambolesco.
Ésta propuesta es un cuento brutal donde brilla el uso de las armas caseras
hechas en la zona, como se podía ver en algunas escenas de Vil Romance
(2008); también los enfrentamientos con cuchillo de carnicero, las palizas o combates a
puño limpio, y los ajusticiamientos. Tiene un tono que da a entender el uso de mucha ficción, donde se crean matones particulares, como
Nadia, que es la protagonista y gestora de tanta violencia, el as de la
película, que como se dice, no puede controlarse, aunque el brujo sería el héroe, solo que yace más implicado en la historia de la banda Fango. Pero terminará asumiendo muchas pérdidas/derrotas en general. A la vera de Nadia se provee el filme de emoción, audacia,
entretenimiento superfluo que atrapa, el que te saca una sonrisa cómplice,
porque la historia no te la tomas en serio, si bien es un buen contexto -con su propia imagen- dentro del extrarradio de Buenos Aires.
El llamado conurbano
bonaerense es importante en la presente película, es el reflejo de lo underground en Argentina (la limitación junto
con la dificultad de sobrevivir, diría; y de ahí que se justifique la cierta
precariedad formal del filme, no total porque está bien grabada a fin de
cuentas). El legado artístico y cultural de Campusano incluye el no hacer uso de actores profesionales, aunque repite con Oscar
Génova, el que hace del brujo, quien nos remite a la edad y
la cercanía de la vejez, en la
que está el director también. Campusano a sus 49 años lo sabe y lo
hace bien, a su modo, mientras la historia es por su lado una decadencia/derrota
abrumadora, pero un goce que da la gran pantalla ante todo. Campusano suele decir que sus "actores" se copian a sí mismos, y eso es algo que suena -si le
tomamos la palabra- bastante curioso viendo la violencia y criminalidad que
entendemos no literal pero representa lo que son sus no-actores. Sin embargo, como además suele decir el director argentino, no está para juzgar, sino para
mostrar todas las caras humanas, hasta lo deplorable, siendo si se viera así una
autocrítica de la ciudad y la esencia de la realidad misma, y hay una necesidad
satisfecha. Las actuaciones tienen sus ratos deficientes, siendo por momentos
vistosamente unidimensionales en su expresividad o que dejan ver asomo de risas
involuntarias o hasta parecen estar haciendo memoria robóticamente. No obstante
terminan funcionando en conjunto. Campusano tiene un estilo visual y una narrativa sencilla agradable, que seduce
con su trama bien hilvanada, que hacen de sus formas
poco agraciadas un arma de identidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





