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sábado, 9 de diciembre de 2017

El ornitólogo (O Ornitólogo)

Muchos pueden pensar que el lugar natural de la homosexualidad frente a la religión o la iglesia sea el de la confrontación ante la no aceptación de su inclinación sexual. Pero el ser humano es un ser complejo y la homosexualidad también puede rendirle devoción a la fe a Dios y para la presente película en especial a los santos.

El portugués Joao Pedro Rodrigues hace uso de San Sebastián, un icono del cristianismo convertido en icono gay por el arte, en la forma de su muerte, amarrado en taparrabos sucumbiendo a las flechas, la que recrea Rodrigues, pone a su protagonista, un ornitólogo, Fernando (Paul Hamy), a puertas de morir, bajo la curiosidad de caer por las manos de 2 jóvenes turistas católicas chinas que dicen estar malditas y el bosque ocultar algo siniestro.

Fernando, un ornitólogo en vigilancia de un tipo especial de cigüeña, sufre un accidente en kayak y es recogido por éstas 2 chinas locas. Fernando escapa y se mete sin mapa en el bosque y en ese lugar empieza su peregrinaje, su trascendencia, su camino místico. Rodrigues hace su propia recreación e inoculación artística –al estilo de San Sebastián- con la figura de San Antonio de Padua, el santo más famoso de Portugal. Pero lo hace de la forma más extravagante. Fernando terminará aceptando que es un San Antonio de Padua moderno, perseguido por el espíritu santo (una paloma) y fusionado con el mismo Joao Pedro Rodrigues.

En el camino tras el erotismo de la forma que es apresado Fernando a un árbol por las chinas pasa a ver como un pastor sordomudo bebe de las ubres de una oveja, esto tiene de homoerotismo, la imagen parece una alegoría visual de un fellatio. Pronto con el pastor llamado Jesús –nombre que en la película es una clara irreverencia- se bañan desnudos en el río y terminan teniendo un encuentro sexual. Pero Rodrigues salvo estos momentos directos y llenos de su propia sexualidad prefiere la aventura y no sólo quedarse con una tendencia sexual, que queda, desde luego, impregnada en toda la historia, pero pretende ir más allá, y entra a tallar lo rocambolesco y el cine arte, buscando concebir una historia y una mítica por medio de lo trasgresor sobre San Antonio de Padua. 

Fernando se topa con una banda de violentos muchachos alcoholizados que visten de carnaval, confundiéndose como si fueran una tribu, jugando, tomando y peleando con cuchillos, que me recuerda a la fantástica Kill List (2011). Esta banda hace ritos paganos. Desligándose de esa figura Rodrigues hace que Fernando se esconda y tema toparse con ellos (hasta ser orinado encima). Más tarde Fernando sanando sus culpas regresará a la vida a uno de estos muchachos carnavalescos, como a quien cura del pecado, y se irán como pareja, en una canción que hace lucha contra la soledad, que llama a la confraternidad. Rodrigues aplica en ello su sentido del humor y su infaltable toque absurdo e irreverente. El filme es entretenimiento. 

miércoles, 1 de junio de 2016

A Última Vez Que Vi Macau

Un transexual de vestido oriental de nombre Candy (Cindy Scrash), misma femme fatale (punto central del filme), sale haciendo playback de la canción “You Kill Me” que cantaba la provocativa Jane Russell en Una aventura en Macao (Macao, 1952), película de la que cogen ese momento musical y el quehacer de un noir, más nada, por ahí también una mención verbal a Jane Russell. Después, el filme, que cuenta con la codirección de João Pedro Rodrigues y João Rui Guerra da Mata, en el primer largo que trabajan juntos en la dirección, antes Guerra da Mata era colaborador de los largometrajes de ficción de Pedro Rodriguez, toma la particularidad de que sus protagonistas salen fuera de campo o son filmados sin enseñar sus rostros, muchas veces apenas los pies, dentro del contexto turístico, el dato histórico, el exotismo de haber sido colonia portuguesa por más de 400 años (donde hoy casi nadie habla portugués) y la belleza de Macao, como quien ha filmado un documental, y le inserta una historia de ficción encima agregando tan solo unos cuantos detalles para darle forma creativa literaria, logrando que las líneas entre ficción y documental queden difuminadas, habiendo de thriller, noir y hasta el uso de la ciencia ficción en cierto parecido con el método de expresión de La jetée (1962), de Chris Marker.  

A Última Vez Que Vi Macau, tiene de protagonista a João Rui Guerra da Mata (aunque poco nos demos cuenta), que vivió 30 años atrás en Macao, y quiso algún día regresar, y vista la oportunidad plasmar algo de su autobiografía en el cine con respecto a este lugar multicultural, paradisiaco, aventurero, entretenido (mismo Las Vegas) y nocturno. De lo que crean una historia ligera, con su toque personal, por lo que vemos que Candy pide encontrarse con Guerra da Mata y al final resulta secuestrada por una banda criminal inspirada en el zodiaco y en la mutación animal, viendo actuar en un tercer puntal a un sicario que carga una jaula de pájaro cubierta. No es mucho, pero resulta curiosa, amplificada en los sonidos o dibujada en lo austero y pequeño.

El secuestro no deja ver más que un zapato de taco alto en la escena, habiendo sugerencias narrativas que parecen simples ocurrencias, efímeras, como que en un juego de paintball se dé inicio a la persecución criminal, a lo siniestro, en pleno infantilismo lúdico, dentro del llamado de una idea legendaria de plena corrupción en el lugar, misma la película Una aventura en Macao, pero sin un imponente, irónico, seductor y de ojos sobrados Robert Mitchum, sino ver pasar las zapatillas blancas de Guerra da Mata. No obstante, A Última Vez Que Vi Macau, más allá de su llaneza en la caracterización general, especialmente la de los vaporosos protagonistas, logra poseer una cierta atmósfera de sensualidad, digna de Macao.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Odete

Estamos en la última semana del Festival de Cine de Locarno (Suiza), exactamente hasta éste sábado 11 de agosto, por lo que revisaré algunos directores que postulan al leopardo de oro, la más alta presea que corona la pugna del encuentro. Éste año son 19 los participantes. Así vivo un poco a la distancia dicha fiesta cinematográfica. El evento que nos convoca se da como un escaparate para el cine de autor e independiente, se presentan pequeños cineastas de distintas partes del mundo incluyendo -y mucho- al cine indie norteamericano o algunos directores con trayecto pero poco conocidos fuera de un círculo, aunque no estamos hablando de Cannes, máximo cine de autor con nombres consolidados, ni del Oscar, la gala de premiación del mejor cine masivo de entretenimiento. Sin embargo imita al primero y a la vez hace la diferencia por apostar por autores más rebuscados –generalizando son los de segunda plana- o también recién iniciados. Locarno tiene la particularidad de no distinguir entre documental y largometraje de ficción en su galardón oficial del pardo d´oro y de atreverse a un séptimo arte raro y audaz como el que tenemos enfrente que visto bien es más extraño que otra denominación.

El realizador portugués Joao Pedro Rodrigues, reunido por primera vez en un largometraje con Joao Rui Guerra de Mata compite con La última Vez que vi a Macau. Viendo dentro de su filmografía me tope con Odete (2005), la segunda dentro de 4 largos de ficción, que con 2 documentales y 6 cortos completan su hoja de vida cinematográfica. Nos remite al encuentro de la chica del título, una mujer con problemas psiquiátricos que quiere tener un bebé, y Rui, un homosexual que acaba de perder al amor de su vida, Pedro, al que ve transpolado a la obsesiva Odete, la que intempestivamente en el funeral de él confiesa haber sido su pareja secreta y llevar su hijo en el vientre, para luego volver su excesiva motivación hacia Rui, el que sufre la pérdida de forma devastadora. Ese será el panorama general del filme que depende de un tratamiento lleno de elipsis -la relación entre Pedro y Odete, su vecina, no se esclarece en ningún momento aunque observando llegamos a algunas ideas- y un discurrir lento escurridizo en las explicaciones que llegan tras bastante metraje.

El filme tiene la habilidad de lucir misterioso y parece un drama serio pero termina siendo harto inusual, difícil de digerir en cuanto a la sustancia de fondo y en gran parte decepcionante si vamos por la ruta antes dispuesta de “sobriedad”. Sin embargo si caemos en la cuenta de que es una historia nueva para uno nos convencerá mucho más, entre comillas porque tampoco ya hoy en día es del todo original viéndolo bien, con respecto a los cambios de sexo y la aparente bisexualidad, además de tener recurrentes escenas sexuales fuertemente sugerentes de índole homosexual que pueden incomodar a quienes no lo ven erótico, algo gratuitas por más que se comprenda como parte de la depresión de Rui, y hasta alguna peculiar al uso, un poco irónica a mi ver, que resulta extrañamente cursi además, de mal gusto (todavía en el desenlace), perdonable si notamos que Pedro Almodóvar también es proclive a estos ataques de genialidad y ya siendo condescendientes por muchos cineastas que quieren rematar su película con un supuesto cierre creativo, si bien lo que hace Rodrigues lleva la esencia de un cine extravagante que se luce articulado en darlo por natural o entendible en lo real, otra característica del manchego.

Ésta es una propuesta que en su trama se queda en lo superficial pero que como relato resulta curioso, Odete es una de esas personas que han enriquecido con un matiz más el ecran con su particularidad, un nombre digno de esos personajes distintos que provoca escuchar y del que se reviste el mundo en su variedad, de alguien cualquiera pero especial a su misma vez, que no ha hecho nada importante pero que lleva una vida extraordinaria, sin fingir sino porque lo es y en eso ha valido la pena la película.