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sábado, 17 de febrero de 2024

Oppenheimer

Hay que empezar diciendo que Christhoper Nolan no tiene un largometraje malo en su haber, incluso ha hecho tres películas de superhéroes muy buenas, y esto se debe a una alta exigencia que se pone encima en sus trabajos, haciendo cine comercial o cine popular, pero con alto nivel artístico. Nolan es uno de los mejores directores de la actualidad, uno de los máximos artífices que hacen cine para la sala de cine. El presente trabajo se basa en el multipremiado libro, de no ficción del 2005, American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer, de los americanos Kai Bird y Martin J. Sherwin. Es una película muy exigente, que maneja mucha tensión, que vemos incluso fuerte en el protagonista, el físico y teórico Robert Oppenheimer (Cillian Murphy), el que logró crear la primera bomba atómica del mundo, desde el proyecto militar americano El proyecto Manhattan, ubicado el lugar de investigación y construcción en Los Alamos, New México, hasta probar en éste lugar la primera bomba atómica conocida como Trinity. El filme es planteado principalmente desde 3 lugares de tiempo que se van mezclando en todo el metraje, uno en que Oppenheimer trabaja en Los Alamos durante la segunda guerra mundial, reclutando a mucha gente, incluso de otros países; otro a finales de los 40s y comienzo de los 50s con el Mccarthismo o anticomunismo en toda boga en EEUU desde una investigación interna; y a finales de los 50s con un juicio del senado americano. En todos estos tiempos es leitmotiv hablar de la tendencia política de Oppenheimer que en su apertura intelectual podía confundirse como socialista, pero lo investigaban porque se temía que la URSS desarrollara bombas atómicas y que Oppenheimer traicione a EEUU, o alguien de su entorno, donde había simpatizantes socialistas. Se ven muchos momentos en los que se pone en tela de juicio la tendencia política de Oppenheimer, digámosles tentaciones o por algunas afinidades que más iban por lo humanista. Pero también habían lugares lógicos debatibles, como que su esposa y hasta algunas amantes fueran socialistas o ex-socialistas. Pero también era propio de la época. El filme muestra muchas caras de Oppenheimer, se vive mucha complejidad alrededor de su personalidad, que se estudia exhaustivamente, cosa que le exige al espectador, habiendo muchísimo diálogo, que hay que prestar atención porque enriquece la mirada y éste biopic se sustenta mucho de ello, habiendo visualmente mucha tensión, como esa recurrente imagen de una bola de fuego de la explosión de una bomba atómica, que nos rodea de intensidad, de calor, como el nerviosismo del protagonista, que hasta refleja miradas de videncia, hasta posarse en cierto pesimismo (o, mejor, lógico temor), que bien señala una frase que lo describe, ser el destructor de mundos, poniéndonos, como planeta, ahora en peligro de autodestrucción. Se piensa también la responsabilidad y coherencia de crear la bomba atómica, desde diversos ángulos, hasta contradictorios. Hay una conversación que lo explica todo, no se trata de Oppenheimer al fin y al cabo, aunque está para estudiar nuestra humanidad, sino del poder que se esconde en la oscuridad, pues el poder mayormente no es visible. Así el presidente americano, Harry Truman, que ordenó lanzar las dos primeras bombas atómicas del mundo sobre poblaciones, en guerra, a Japón, lo llama a Oppenheimer, a cry baby. Pero habían razones morales que discutir, no sólo por lo que ha inventado (que también es tremendo logro científico e intelectual y por ahí van muchos motivos), sino porque se lleva a ponerlo, a verlo, en práctica sobre gran cantidad de seres humanos. El ataque de ésta bomba es devastador, acotando que el primer gestor de querer crear la bomba atómica es la lucha contra el nazismo. También tenemos entre manos el peligro que produce, en el que nos coloca desde entonces. Es una película que trata de comprender a Oppenheimer, un tipo bastante especial y excepcional pero al mismo tiempo muy humano, y cómo ese premio que recibe, de reivindicarlo en varios sentidos, si bien al mismo tiempo, ese poder que manda, que está detrás, se siente bien consigo, como se dice en diálogos. Es una película que maneja un detallismo enorme, que cansa por lo mismo, en esencia es un thriller, aunque se hable bastante. Maneja a la vez un grandioso dinamismo, sobre todo viendo lo que es, un lugar de juicios en buena parte o en realidad de eso va. Pero también ver a ese intelectual (lograr) ir hacia la creación y consolidación del proyecto Manhattan es -para bien como para mal en la historia- muy interesante como cine, como muestra de arte, y gracias al cine de Nolan, de enorme talento narrativo desde el código de un séptimo arte muy popular, pero que en ésta situación es particularmente arduo de procesar, pues te exige mucha atención como resistir tensión -la bomba atómica siempre latente-, pero que logra no obstante tener semejante ingenio -siendo el guion de Nolan- para hacerse entender dentro de la mayor capacidad, hacia un enorme público. Todos los actores involucrados son de gran nivel, pero aparte de un magnífico Cillian Murphy, en el interior de un protagonista de aspecto muy sufrido en varios ratos, y a quien se le ve por momentos frágil, hay que mencionar en especial a Robert Downey Jr. como Lewis Strauss, un especie de seleccionador de primer estado de éxito, y el malo de la película, la cara visible, pero con complejidad, aun así con matices, aunque también como persona resulta básico (inclusive él mismo se hace llamar un sencillo vendedor de zapatos), quiero decir, semejante a cualquiera. 

jueves, 17 de agosto de 2017

Dunkerque (Dunkirk)

El hecho histórico que cuenta el filme del inglés Christopher Nolan es legendario para Inglaterra, la evacuación de 300 mil soldados de la ciudad y puerto de Dunkerque, Francia, rodeados por atrás por el mar y por adelante por los nazis durante la segunda guerra mundial el año 1940. Nolan recoge lo mejor del cine arte y lo convierte en cine popular, gigante, para todo público. Hace de la propuesta una muy artística mediante su estructura de varias visiones protagonistas equivalentes y representativas. Tenemos a un civil (Mark Rylance) yendo a recoger soldados en su barco particular –como muchos otros, movilizados y cuidados a un punto por la famosa Marina Real Británica- junto a 2 muchachos heroicos, a un joven soldado inglés (el novel pero competente Fionn Whitehead) tratando de escapar como puede de Dunkerque, a un piloto (Tom Hardy) de la aviación inglesa protegiendo a los soldados aliados y a los barcos rescatistas y contratacando al enemigo en el aire –a la poderosa Luftwaffe-, y a un jefe naval (Kenneth Branagh) en un muelle observando el desarrollo del rescate y dirigiendo su parte de la operación. Como complemento panorámico tenemos a otro soldado inglés (Harry Styles) buscando escapar pero a toda costa, saltándose si es necesario la moral y sacrificando a algunos otros en el trayecto. Junto a ello también es complemento el soldado salvado (Cillian Murphy) traumado con regresar a la playa de Dunkerque.

El filme cuenta con otra añadidura artística, se trata de que nunca veremos a ningún nazi en persona, a ningún soldado enemigo, sólo se presencia el impacto -y la superioridad- del ataque alemán, con esto Nolan maneja el terror y el suspenso que genera no saber por dónde y en qué momento serán atacados los aliados atascados en la playa. A lo máximo Nolan permite ver sólo los aviones alemanes de la temida Luftwaffe y en una dosis muy medida. En sí el filme concentra puntos y muestra algo significativo, escenas maestras repartidas por aquí y allá que se proyectan hacia algo mayor de la historia universal, con las que hay que armar una imagen integral, más que algo grandilocuente, detallista y recargado.

La obra de Nolan pretende ser emotiva enfocándose en subtramas enriquecidas, moverse en pequeñas historias, un aviador volando y luchando hasta quedarse sin gasolina, un aviador a punto de ahogarse tras hacer valientes rescates, el descontrol que genera el miedo a morir, el estado perpetuo combativo de sobrevivencia. Kenneth Branagh simplifica y contiene todo esto, expone dolor, compasión, frustración y felicidad mediante su expresivo rostro, sus emociones están repartidas por distintos momentos claves de la trama. El filme muestra mucho heroísmo, aunque recurre un poco a lo inverosímil, a lo exagerado. Tom Hardy es como un superhéroe sin poderes sobrenaturales. Pero sus combates y salidas de improviso generan adrenalina y manejan el entusiasmo del espectador. Mark Rylance por su parte aporta el idealismo y coraje del hombre común. En la propuesta hay algo de maldad o negatividad mezclada en soldados aliados tratando de salvarse a sí mismos por sobre el resto, es poco pero existe y es notable, un avance y concesión contra el esquema del blockbuster.

Un tercer trabajo artístico trascendental y definitorio en el presente filme es la banda sonora, el filme se sostiene en buena parte de la música de acompañamiento, esto puede creerse muy común, no suelen faltar en el séptimo arte memorables bandas sonoras que han catapultado (engrandecido) sus propios filmes, pero el trabajo entre Christopher Nolan y el famoso compositor alemán Hans Zimmer es tremenda simbiosis. La propuesta no tiene muchos diálogos, y la música amplifica –hasta crea escenas- y contagia lo que sentimos –nos trasmite estados de ánimo- con Dunkerque, los avatares y altibajos de la sobrevivencia, la espera, la lucha perdida y, por último, un tipo de gloria, simplemente seguir vivo, aunque se haya tratado de escapar no de destruir al rival y en la guerra uno suele creer que casi todo se vale y existe en el filme una mirada sobre la ética en este lugar. No todo el tiempo cae precisa la música, pero cerca de un 80% es pura maravilla bien compenetrada. Películas como Dunkirk (2017) significan la perpetuidad del cine tradicional, del cine apreciado frente a una gran pantalla.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Interstellar


Los que disfrutamos con intensidad del cine tenemos un lado infantil, que nos reúne a todos detrás de una película, y es que queremos que nos entusiasmen en toda alevosía, que nos maravillen, que por unos momentos nos dejen con la boca abierta, en una sensación que varía de lugar desde luego, pero de lo que hay que decir que existen propuestas de largo alcance mundial y mediático que intentan ese logro a la vera de lo universal, aunque no habiendo muchas al final con consumada perspectiva de cine arte o impronta individual (por debajo), sin embargo es ahí que Christopher Nolan y su hermano Jonathan Nolan entran a tallar perfectamente, en el que es un dúo de guionistas excelsos, de suma creatividad, sentido de la empatía general y dificultad argumental, sumada la dirección y autoría talentosa, dentro de lo cánones hollywoodenses, del primero. 

Los Nolan sorprenden a todo el mundo, una vez más, dando de qué hablar, incluso a los críticos, al mezclar calidad visual, complejidad y tantísimas butacas llenas. Christopher Nolan es en estos instantes vox populi, un eco continuo de discusiones y explicaciones, imparables halagos diáfanos y primarios, como de algunos pocos descontentos que tratan de luchar contra una feroz marea de cautivos. Yo, en ésta pequeña confrontación y apabullante desborde, que tiene un lado potente en el público de a pie, me posiciono dentro de los convencidos, si bien no pretendo ser parte de los acostumbrados fanatismos ciegos con cineastas famosos y admirados, ni abrumar o molestar a nadie con ningún apasionamiento –que los tienen la mayoría de personas, incluso los más serios- y su común redundancia, sino simplemente apuntar las virtudes y desencuentros (que los hay), de ésta nueva película que en lo personal, desde mi total independencia frente a algún bando, considero de las mejores del año.

Interstellar presenta un cierto reto para el entendimiento, no hay que negarlo tampoco, aunque viendo el empaque y algunos recurrentes recursos resolutivos de aire melodramático o simplistas. No se puede encubrir igual que Matthew McConaughey llora varias veces, aunque lo haga bárbaro, acoto. Con astucia se reduce el intrincado aspecto científico y el imaginativo sci-fi a algo tan universal como el amor, específicamente en el inconmensurable afecto de un padre hacia su hija y viceversa, así te dejas llevar sin mayores preguntas. Pero si nos ponemos finos, habiendo tanta complejidad argumental entre manos, teorías (tomando de base las ideas del físico estadounidense Kip Thorne) y nomenclaturas formales apenas pronunciadas para no agotar, nos hallaremos con algo que escapa mucho al conocimiento común. No obstante ésta propuesta teme el rechazo del público masivo, popular, habiendo de por si alta exigencia. 

Éste filme escapa mucho a nuestro background natural, ya que la ciencia es una materia que muy pocos dominan, y más en el uso de los elementos argumentales de la presente obra, aun cuando hay muchas libertades, hipótesis y temas sin aun verificación y con puntos en contra. Nolan juega a mezclar quintas dimensiones y agujeros negros con soluciones de un pasado por entender en el interior de un estilo mesiánico ordinario inmerso en bibliotecas borgeanas, asumiendo la intelectualidad a su vez como complemento, pero dejándola aparente y concesivamente en segundo plano frente a lo más básico, comercial, pero aun así valioso, aunque siendo normalmente sencillo de ver. Tomemos en cuenta que en la trama hay un claro lamento cuando se mitiga el saber o el trabajo mental de cara a lo básico, ante lo manual, en la agricultura, que exige a nuestra especie estar destinada a buscar solo su sobrevivencia, y pensar ante todo en el hambre, lo cual se critica con énfasis en lo que significa el personaje acartonado de Matt Damon.

Ésta propuesta maneja viajes en el tiempo, distintos enlaces espacio temporales y soluciones inter-generacionales de distintas edades individuales en mismos planos reunidas en una verdad que exhibe la trascendencia de la humanidad, en el emparejamiento con la mítica evolución tras la señal cósmica de un monolito que proclamaba como leitmotiv 2001: Una odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick, con la que se le ha comparado, y descargo que tampoco hay que cegarse con fanatismos que recurren a la infravaloración comparativa, en la que a Nolan se le achaca pedantería a lo que uno llamaría suma ambición, un necesario toque de egocentrismo, y personalidad, por no decir una mala palabra. Y es que a Kubrick, a quien confieso admirar en toda su filmografía y legado, se le tiende a sobredimensionar en ésta película que muchos ponen de primera obra de todo el recorrido del séptimo arte. Ya nos dirá el tiempo si Nolan quedará en la historia destacada del cine, lo cual ciertamente vislumbro. La trama se enfrenta al orden apocalíptico ecológico de una tierra absorbida por el omnipotente arrase del polvo, bajo señalamientos simples como el de un fantasma, junto a bastante complicados como el de una anomalía binaria de gravedad y relatividad, en el quehacer e identidad formal del filme en todo ámbito.

El filme que nos compete parte de encontrarse en toda libertad narrativa, por algo es una cinta de ciencia ficción (como de entretenimiento global), no hay que olvidarlo, y lo hace ver desde el arranque. La Nasa yace escondida bajo tierra con un perfeccionamiento increíble aun hablándose de secretismo, una tierra moribunda y ejércitos desaparecidos, con la única esperanza en pos de una ecuación que nos haga cambiar de planeta en otra galaxia como en un diluvio astral universal y una arca de Noé redentora en una elipsis temporal que incluye al protagonista, a Cooper, el astronauta, granjero e ingeniero interpretado por  Matthew McConaughey, cerrando el círculo en Gargantua en aquella abstracción visual tan lograda, cenit y meollo del asunto, tanto como polémica y extraña exigencia a lo que es ante todo imaginación y recreación, si bien hay un cruel plan B que deja mal parado al pobre Michael Caine.

Entre los personajes tenemos al decorativo John Lithgow como el abuelo y recuerdo de unidad familiar; a la solterona “virginal” Anne Hathaway, la solemne propulsora de la teoría del amor, pero a la orden del sacrificio ante la ciencia; a Casey Affleck como el hermano bruto que prefiere morir a dejar la granja y al que hay que arrear con un incendio; al actor Topher Grace con el que uno se pregunta si realmente era necesaria su participación o es que no servía ni de relleno, como compañero y quizá producto de otra elipsis en el futuro marido de Murph (rol de Mackenzie Foy como una muy emocional y caprichosa pero aun así excepcional niña); a Ellen Burstyn como una coherente y engrandecida anciana, de las que poco tiempo tienen para el resto, agárrese esa pequeña ironía, aunque ya deja demasiado en aquel lugar común: ¡eureka!; y sobre todo a Jessica Chastain y sus cuatro mensajes en dos décadas; también está el astronauta que pierde 23 años aguardando tranquilamente, entregado a la filantropía más prodiga, sin ningún rollo, en lo que parece un especie de milagro; y a otro astronauta que muerto ni se acuerdan de él más que en una línea. Eso sí, casi todos son necesarios al fin y al cabo.

En el filme se exhibe la intromisión natural sin presentación -propio de un estilo general- de máquinas voladoras fantásticas de punta y robots al estilo de un más subyugador y determinante H.A.L. 9000, de 2001: A Space Odyssey. También se exhibe toda una aventura a Júpiter (en dos años de periplo), semejanza que se comparte igualmente con la obra de Kubrick. Participan un agujero de gusano y planetas por descubrir (lo que implica en el primer descenso el adelanto del tiempo de una hora en siete años, el otro momento clave interconectado), a razón de la sencilla creatividad de agresivas devastadoras olas como muros o congelamientos poco habitables, para colonizar en nombre de toda la humanidad tras la bandera americana. Interstellar es una obra poderosa que al final es patrimonio mundial del prominente entusiasmo cinéfilo, agradeciendo sus casi tres horas de duración de entretenimiento, uno menos impenetrable de lo que se cree, y sin embargo, o a razón de ello, de lo mejor de su filmografía, una raya más al tigre.

Nolan tiene una estupenda filmografía y una racha ganadora, desde Following (1998), de estética y presupuesto humilde pero de ego imponente, levemente excedida, en medio de precoz madurez, en un discreto y atractivo aire noir clásico, bajo su modernidad contextual y su cualidad de thriller. Con ésta tenemos la obra maestra y cúspide Memento (2000), y dos joyas, la brutal El caballero oscuro (2008) con un anárquico y sublime Heath Ledger, y la audaz y coherentemente laberíntica Origen (2010). Tampoco son para nada despreciables las imperfectas Batman Begins (2005) y El caballero oscuro: La leyenda renace (2012); o la muy accesible, amable, pero aparentosa –aunque de eso trata, de la ilusión de la magnificencia, hasta lograr finalmente lo "imposible"- y harto divertida El Prestigio (2006), pasando por el remake de calidad, nueva versión, en realidad, y elogiosa personalidad pero algo inferior a fin de cuentas al oscuro original, Insomnia (2002). 

viernes, 3 de agosto de 2012

The dark knight rises


Recuerdo con mucho cariño la primera película de la que tengo memoria haber disfrutado en una sala de cine, yo contaba con 9 o 10 años de edad, se trataba de Batman (1989), de Tim Burton, y fue algo impresionante para el tiempo, para muchos ostentaba esa oscuridad que hoy en día se le atribuye a Christopher Nolan. Sentado en una butaca de un viejo cine de Sullana, Piura, pude ver a un superhéroe en carne y hueso con la majestuosidad que el séptimo arte reviste al personaje (el de la tv., el Batman de Adam West, estaba muy cerca de la comedia, voluntaria e involuntaria, de ambas, aunque era entretenido, pero no para tomarlo muy en serio). La escena en el callejón con un joven Joker sonriente preguntando: ¿alguna vez has bailado con el diablo bajo la pálida luz de la luna? me tenía embobado. Más tarde la burla y la fantochada de Jack Nicholson invadirían la pantalla, para luego llegar el esperado protagonista enfrentándose al guasón que quería gasear la ciudad y dar muerte con una sonrisa a la población de Gótica.

El mes de julio nos ha deparado la última película de Batman de la trilogía de Christopher Nolan, finalmente ha llegado y ha sido algo épico como se esperaba, casi tres horas de acción. Nuevamente el sentimiento de la primera vez ha regresado para dar rienda a poder concretar la imagen global que la obra de Nolan ha plasmado desde hace 8 años. La experiencia ha sido distinta pero la magia perdura en otro tipo de producto, Batman sigue imponiendo su magnetismo en aquellos que aun guardamos estima por el superhéroe de nuestra infancia.

Ésta vez tras su retiro el hombre murciélago descansa en el recuerdo como el asesino de Harvey Dent; a los ojos de la gente fue el probo fiscal de distrito que representaba la esperanza de la justicia en la ciudad caótica y siempre proclive a la anarquía de Gotham city. Sin embargo la verdad es que en la oscuridad se corrompió como Dos Caras, gracias al plan macabro del Joker quien aplica la idea de que nada es impoluto de acuerdo a ciertas condiciones, por ello la imagen de Dent debe ser salvada para crear esos ideales que mueven a los seres humanos, algo muy claro en el contexto americano donde sin bases no hay unidad ni destino en común.

Surge un nuevo enemigo para Gótica, que puede ser visto como un sobrenombre para New York o alguna ciudad cosmopolita de Estados Unidos, ya que Nolan aplica a su obra abundante realismo que le da verosimilitud y sustancia a esta ficción que proviene de la –en general- superficialidad de un cómic, incluso se hace alguna broma sobre el disfraz de Batman que luego se justifica con que es una forma de crear miedo y misterio, a lo que el superhéroe desprovisto de máscara revela que se trata de encubrir su relación con sus seres queridos y crear la sensación de que cualquiera puede ser el protector de la libertad y la tranquilidad de la sociedad, para el caso vencer la criminalidad que gobierna alrededor y hace peligrar esa condición.

Surge un nuevo componente que hace retornar la propia fe en ser un vigilante nocturno, repudiado en un inicio por la policía salvo por el comisionado James Gordon (Gary Oldman) que conoce del esfuerzo de ese entregado salvador, de ese envejecido, desilusionado, oculto y renco Bruce Wayne (Christian Bale). Éste componente se llama Bane, un mercenario que sigue el camino que fue impartido por la locura y maldad del Joker (inconmensurable Heath Ledger en el papel que dio el fruto de un merecido Oscar póstumo por actor secundario). Se trata de imponer la anarquía, ésta vez de toda la población inducida a la rebelión al aprovechar la debilidad de los agentes de ley ante una bomba de grandes dimensiones. Sin embargo Batman desliga de las mayorías la teoría de esa aproximación natural humana a la supuesta libertad absoluta engendrada en la utópica anarquía diciendo que la responsabilidad y el deber son inamovibles del compromiso con la sociedad (ante el reino del caos la ausencia de figuras también depara silencio, espera e inmovilidad de las masas). Esto último es algo aceptado que demuestra una necesidad que hay que adoptar sin fantasías, para ello en este caso la paradoja resulta en que el motor de ello es la intromisión de un superhéroe imaginario, ajustado a un especial contexto pero que puesto a cumplir con el realismo del que se adhiere constantemente se defiende arguyendo que el orden es intrínseco a nuestra evolución y convivencia, una segunda piel que nos realiza, por ende la lucha es de todos, para lo que se sostiene no solo de sí mismo sino de un colectivo. Batman es uno más, aún no siéndolo definitivamente, al igual que Bane. Sin embargo son solo líderes y símbolos de algo más grande y masivo, la perenne lucha entre el bien y el mal ajustado a la estructura de la sociedad, lo prodigo y lo destructivo. Por eso ahí vemos a los agentes policiales chocando frontalmente contra los terroristas o al joven oficial John Blake (Joseph Gordon-Levitt), Robin, que lleva una audaz argumentación sobre su persona, en un magma que surge de la relación de admiración que le produce la figura de Batman, el que se convierte en propulsor de heroísmo, de identificación. Wayne representa además un huérfano inspirador, su sufrimiento ampara su lucha y su lugar tiene solidez en clave de epifanía, un llamado para el compañero que ve en el mentor y superhéroe su camino, esa voluntad de paz contundente que quiere prodigar. Gordon sigue siendo indispensable para no salirnos de cánones normales, de no perder la fe en el orden público que es complementario, recordemos que es la historia de Batman pero que Nolan quiere veracidad, por lo que Batman desaparece y se entiende en ese final pausado, no sobre-exaltado aunque valiente y sobre todo afín.

El querido mayordomo Alfred (Michael Caine) temiendo por la vida de su señor al que ha criado desea un devenir ordinario para él y sueña con encontrarlo con la mirada sentado en un café en Florencia con una pareja. Wayne en su condición de soltero y solitario no posee el afecto estable de ninguna mujer, encima vive con el recuerdo de la que perdió, pero nunca le faltan parejas. En el filme tiene dos relaciones. Alfred tiene en la historia una participación bastante menor, muy parecida a la de Lucius Fox, Morgan Freeman, aunque son básicos en el relato. Yace en una sub-trama poco engordada pero que da algo de matiz a la carencia de mundo del personaje de Wayne, poco desarrollado realmente. Caine da realce a un personaje muy pequeño aunque reconocible, en contraste a otro secundario que más bien no funciona tan bien, se trata de Marion Cotillard como la magnate filántropa Miranda Tate, y a pesar de que toma importancia y resulta coherente parece algo muy hollywoodense, que hay que anotar que es muy parte del universo Nolan que mezcla el aparato comercial con ese cariz profundo que emerge de su imaginación y la de su hermano Jonathan Nolan que participa en el guion de éste definido como entretenimiento inteligente.

Un detalle a recalcar son las vueltas y resonancias que toma aquel niño que logra escapar de una prisión inexpugnable a la que hay que salir por arriba escalando sin arneses, se hace alusión de que la desesperanza llama a la fe, y para ello huir parece posible si bien la muerte siempre se manifiesta ante la tentativa. Ésta es una atractiva incorporación, parte del entretenimiento y que reporta un reto para el hombre detrás de la máscara, el que tendrá la oportunidad de intentarlo poco después de la derrota tras un combate a puño limpio muy bien articulado, espectacular, que despliega una simpática coreografía de artes marciales.

Se unen cabos, no solo dentro de ésta realización sino con las anteriores; las tres representan un tríptico, una continuación que puede ser vista independientemente pero que son más que un rótulo de unidad. Resurge la presencia de Ra´s Al Ghul (Liam Neeson) y la liga de las sombras, Bane hace hincapié en que es su sucesor, aunque hijo "ilegitimo", una vez que se descubre mucho más que un peón de causas ajenas al servicio de un inescrupuloso empresario John Daggett (Ben Meldensohn, el recordado Pope de Animal Kingdom) y que termina teniendo una causa afectiva -que tiene mucho de literal- a la cual seguir, el reverso/reflejo de Batman. La oscuridad que ha mantenido toda su existencia lo ha construido, lo ha vuelto cruel y lleno de venganza, algo superficial que recalca su fortaleza y su característica de rival difícil de vencer, y es que la historia requiere un poco de resonancia y simple vitalidad.

Se puede ver a Jonathan Crane (Cillian Murphy), El Espantapájaros, como juez de los ciudadanos a los que se quiere despachar; muerte o exilio clama y obliga a cruzar el hielo quebradizo. Toda la obra y creatividad de Nolan retorna, se asimila como una cosmovisión que predomina como una singular propuesta de un nuevo Batman, único y a la vez verificable en la esencia de su padre Bob Kane que estaría orgulloso de la transformación a la que al día de hoy asistimos. Distinta a lo que hizo Tim Burton, pero que vivirán paralelas como dos opciones destacables. Una más pegada al carnaval, a la extravagancia, a lo puramente fantástico y a lo freak y gótico -valga la redundancia- del estilo Burtoniano; y otra a una resolución mucho más verificable, que admite menos la inocencia y la dramatización de corte infantil, una más adulta, pero ambas divertidas a su modo. El comienzo no tiene nada que envidiar a una cinta del género de acción, en cualquier circunstancia impresionante y trepidante donde la precisión, los adelantos científicos, la CIA y terroristas se dan espacio, y eso gobierna la película, combinando la fantasía y lo que hay en el mundo actual, mercenarios escondidos en lo desagües o un táctico robo armado a la bolsa de valores.  

Junto a Bane, un musculoso y calvo Tom Hardy escondido detrás de lo que parece un bozal y con la voz distorsionada, magnifico en lo que será un escalón más al estrellato en Hollywood, está Catwoman, Selina Kyle (Anne Hathaway). Se veía complicado que superara la actuación de Michell Pfeiffer y no lo ha hecho. Sin embargo ha dejado una buena sensación, mucho pensando que ella se suele presentar algo cómica e intrascendente y requería de sensualidad y algo de oscuridad; en el filme de Nolan levanta las piernas en incontables situaciones misma danzarina de ballet o animadora en un partido de básquetbol, usa ropa apretada, se reviste de seducción, lo que aunado a su rostro hermoso puesto a la seriedad toma razonable contundencia. Se ha hecho loable su interpretación como una ladrona de guante blanco; su disfraz parecía innecesario ya que se podía deducir quien era por lo que más ha sido lucirla lo más apetitosa posible como asumir el personaje, poco ha sido el esfuerzo de no dar a conocer su identidad. Pero el guion justifica esa elección, ella busca limpiarse de un historial delictivo y esa es su motivación principal, y ya que se sabe que es una delincuente menor conocida dentro de los archivos policiales poco implica saber o no quien es a vista de los demás. Otro punto es su ambigüedad en cuanto a sus acciones, termina jugando en ambos bandos pero algo reparable es que Wayne desde siempre le brinda el beneficio de la duda al extremo de caer en desgracia, interesante ya que de arranque ella muestra su verdadera inclinación robándole un collar familiar, comprensible solo porque Wayne descubre que ella quiere algo más, tiene alguna secreta intención que la mueve a tratar con criminales, agregando la atracción que ella despierta y como se sabe el amor perdona hasta lo imposible. Nunca antes Hathaway ha estado más hermosa y eso se aprecia porque asume un papel menos cotidiano a su frescura y ligereza, un acierto de un “osado” Nolan que ha confiado en la que parecía su carta más ardua de superar en cuanto a elegancia y complejidad; con ésta actriz se da otra de su marcas de autor, articular componentes de lo minoritario con figuras populares (la trama tiene cierta dosis de intrincamiento y veracidad, pero visto bien tampoco es demasiado, nunca pierde de vista al público).

Sobre el mismo Batman hay que aplaudir que no cae en lo ridículo esperando de él una versión madura, asunto peliagudo sabiendo de que va el cómic, usar el calzoncillo encima de una malla es algo que puede ser muy risible si aspiramos a la credibilidad o estamos acostumbrados a los dramas relevantes, pero el hombre murciélago revestido de su aura todo el tiempo es rudo, parco, activo y oscuro. Se moviliza bajo el uso de la alta tecnología, usa motos modernas que sirven para posturas sensuales, como las fantasías de Joel Schumacher, si me permiten la ironía, pero respaldadas por el público; un aparato de vuelo impresionante y un vehículo de guerra que parece un tanque, prototipos que se ven bajo la lupa de la ingeniería militar de avanzada. Puesto en el traje, la voz cambiada de Bale y su semblante se imponen haciendo que esta película vibre en la pantalla, se sienta consistente y no nos hace creer en algo kitsch. Estamos ante un filme mayor salido de un cómic y que no deja de serlo, teniendo una perspectiva elogiable que alimenta nuestro lado más efímero con algo mejor y aun así seguirá siendo solo una opción a escoger, notando que no es la banalización de la complejidad sino la complicación de lo menor sin que tampoco lo sobredimensionemos y salga de su lugar de entretenimiento, además de fabricar sustancia en arquetipos con aire de outsiders y con ello estamos ante una gran parte de lo que significa hacer cine, un buen séptimo arte masivo.