sábado, 30 de mayo de 2020

Tu vicio es una habitación cerrada y solo yo tengo la llave

Película clásica del giallo con asesino serial suelto por la ciudad, pero aquí está ubicado en un pueblo, donde en una mansión señorial Oliviero (Luigi Pistilli) realiza fiestas para los muchachos locales. En sus reuniones busca ser el centro de atención maltratando a su esposa, a Irina (Anita Strindberg). Irina es dócil y sufrida. Oliviero es déspota y cruel, y actualmente yace sin imaginación para continuar su carrera de escritor. Es un tipo frustrado y amargado, que suele abusar hasta sexualmente de su mujer. Con éste escenario lo del asesino serial suena secundario, pero de esto se cree sospechoso a Oliviero ya que una de sus amantes fue asesinada. El filme de Sergio Martino adapta muy libremente el cuento El gato negro de Edgar Allan Poe. Oliviero tiene un gato negro llamado Satán y el gato fastidia a Irina, que tampoco es la mujer ideal, odia al animal, le trae recuerdos de la madre de Oliviero, que ella odiaba, y él reverencia, como con un vestido de baile de la madre que todos anhelan. Hay una mujer de color que es la sirvienta y es también amante de Oliviero. Irina sabe de todos su affaires y vive sumida en el dolor. Pronto harán entrada 2 personajes. Uno es la sobrina de Oliviero, Floriana (Edwige Fenech), que es una mujer liberal y promiscua, y tendrá sexo con todo el mundo, proponiendo harta intriga a diestra y siniestra. Oliviero no se aguantará, desde luego. Hay una escena de gran suspenso cuando Oliviero escribe a máquina, Irina lo observa inquieta, desesperada. El gato Satán también será protagonista, como observador de todo y hasta es participante directo. Hay su historia de terror con el animal que será vital en la historia. El filme tiene escenas de sexploitation, como acostumbra el giallo, y no falta su misterio e investigación, su traición y su sorpresa. Es un filme muy rico, no faltan tampoco las muertes. El otro personaje lo interpreta Ivan Rassimov y será inicialmente a simple delivery man. Hay conversaciones muy buenas en el filme. Todos actuan muy bien en un filme sencillo, pero ameno. Tenemos la belleza de Strindberg, de Fenech, de la mucama negra con sus escenas eróticas respectivas; y Oliviero es un gran malvado despreciable. Todo sumando un gato macabro y un asesino suelto, condimentos jugosos para una muy buena película de terror y del subgénero del giallo.

El extraño vicio de la sra. Wardh (Lo strano vizio della signora Wardh)

Un hombre sádico, Jean (Ivan Rassimov, que curiosamente en la figura de sus personajes, en su aspecto físico, en su representación, siempre me recuerda al Jaguar de Juan Manuel Ochoa), persigue a su ex, a Julie (Edwige Fenech), la atormenta, le manda rosas con mensajes, fastidiandola -de ahí saldrá la célebre frase que dará nombre a otro famoso giallo de Martino; Tu vicio es una habitación cerrada por dentro y sólo yo tengo la llave-. Ella se ha casado y no quiere saber nada de éste hombre del pasado, que la maltrataba (hay una muy buena escena bajo la lluvia de eso). Julie tiene hoy un amante, el galán George (George Hilton), a quien bien le calza la frase de seductor de: quien la sigue, la consigue. En el trayecto hay un asesino en serie suelto matando prostitutas; como Julie es infiel entra en ese grupo para el asesino; así igualmente la mejor amiga de Julie que ironiza sobre su libertinaje y belleza física. El esposo de Julie, Neil (Alberto de Mendoza), no luce como un mal hombre, incluso es protector, pero es medio viejo, anticuado, muy formal, poco sensual, poco seductor, poco interesante. George es más del tipo latino macho -con moto incluida-. Julie es muy apasionada, muy sensual. Vemos las infaltables escenas eróticas con Fenech, que tiene un cuerpo delicioso, escultural, grande, bien curvilíneo, voluptuoso, que presenciamos especialmente desde una toma desde el techo con ella teniendo sexo, observamos majestuoso su trasero. El filme tiene al asesino en serie como relleno en realidad, para las escenas típicas del slasher, de asesinatos, con una vistosa y brillante larga navaja de afeitar. La propuesta más bien va de crímenes e investigaciones, aunque fáciles, pero con no demasiado suspenso, pero harta acción. La trama tiene varios giros de quien puede ser el asesino en serie. Al final, a media película, se descubre quién es, y éste sale de la cuenta, para volver luego. Es como si estuviéramos viendo dos películas por el mismo precio, una de terror con un asesino matando prostitutas -buena la escena en un lugar laberíntico de mucha vegetación, harto suspenso del bueno- y otra dramática con el triángulo amoroso de Julie más su ex acechador. El filme tiene su trampa con la impactante y escalofriante escena de la bañera ensangrentada. Todo es típico del cine de Sergio Martino, que tiene giallos muy entretenidos. La presente película no será muy original, pero tiene cierto parecido por debajo con su futuro popular giallo Todos los colores de la oscuridad (1972). En la carretera, cuando todo se aprecia finiquitado, aparece una deslumbrante figura fantasmal; aunque breve ésta escena es sobresaliente, con final "anunciado". Después viene la explicación express para juntar las piezas del rompecabezas y dar una solución -clásica del giallo- bastante improbable y rebuscada, pero qué importa si nos hemos divertido ya tanto.

Todos los colores de la oscuridad (Tutti i colori del buio)

Una mujer, Jane (Edwige Fenech), teme por su vida siempre; recuerda constantemente al asesino de su madre que vio matarla cuando tenía 5 años. Ella sueña que éste la persigue hoy en día, un hombre de marcados ojos azules y sonrisa diabólica, burlona, interpretado por Ivan Rassimov. A ese respecto somos partícipes de terror psicológico, ella cree ver al asesino acechándola, a puertas de matarla, pero es sólo su imaginación que provoca harto suspenso y tensión como con la subida por la escalera o cuando lo ve por la ventana. Una vecina le propone curiosamente una celebración pagana como cura. Aquí entra a tallar la otra mitad de la película. En todo esto hay algo medio tramposo, con el asesino de los ojos azules, pero aun así tiene coherencia la película. Jane se queja con su marido, Richard (George Hilton), pero éste es inútil calmándola o dándole seguridad o que ella sienta protección, aun cuando la ama. Jane se la pasa con miedo todo el tiempo. Desde la apertura del filme lo vemos con una fuerte y representativa pesadilla de austera estética, con la visión machacona y medio desértica de una mujer muy poco agraciada despeinada de embarazo avanzado desnuda sangrando y una vieja horrible pintada como muñeca de época que se ríe como una enferma. Una imagen barata ciertamente, pero bastante efectiva para generar miedo, agregándole una banda sonora siniestra de acompañamiento. Cuando en un momento, después de ver por la ventana, el asesino entra al apartamento de Jane se maneja una estética y perspectiva visual, con un cuarto encendido en rojo de fondo y el sentir del giro de la imagen como uno a punto de desmayarse. Ésta escena es notable por sus suspenso. Igualmente sobresale estéticamente la escena de la orgía dentro del culto -de aspecto grotesco, erótico y propio de la mascarada- con desnudo de la hermosa y deslumbrante Fenech incluido. Éste giallo es un thriller en toda gloria, a su estilo; por la mitad final las fichas se mueven sobre éste género. Se torna una investigación policial, una película de misterio, ya no una película de terror psicológico, habiendo mucho menos suspenso. El director Sergio Martino tiene talento para cambiar de figura, tanto como para jugar con la mezcla, aun cuando hay que ser un amante del terror poco purista para disfrutar de la película y pasar del terror en toda regla a la acción de una investigación policial, a una película criminal, pero que es tan propio de éste famoso y entretenido subgénero italiano del terror, del giallo

jueves, 28 de mayo de 2020

In Vanda's room (No Quarto da Vanda)

No Quarto da Vanda (2000), documental -o docuficción si quieren, actuando la propia vida- del portugués Pedro Costa, nos habla de una muchacha llamada Vanda Duarte. Vanda es drogadicta, adicta a la heroína, pero no es la única en su barrio. Incluso vemos también en la misma situación a su hermana Lena con la que comparte bastante tiempo en su habitación, el punto donde se drogan y para metida la protagonista, salvo cuando sale a vender coles y lechugas por los alrededores. Vemos en el transcurso de las 3 horas del filme mucho drogadicto drogándose, como presenciar inyecciones colgando de los brazos. El filme gira sobre esto mientras expone la pobreza del barrio de Fontainhas, barrio ubicado en Lisboa, Portugal. Costa muestra la sobrevivencia de los inmigrantes caboverdianos que dominan la zona de Fontainhas; o es que en realidad simplemente andan ahí sin más proyección. Una persona hace una lista de los trabajos y ocupaciones que sólo le permitía -según él- su existencia, su situación, apunta también al crimen como opción; su rostro yace triste, desilusionado de la vida, de su realidad. En lo que observamos abunda la gente de color, aunque Vanda no es negra. La adicción es el centro de la propuesta, de eso hablan bastante, en toda naturalidad. Así refiere una de las tantas conversaciones a la abundancia de hematomas que dejan los tantos pinchazos que se dan. Es un filme duro de ver, se puede apreciar a Vanda drogándose muy a menudo, aunque también interactúa de otras cosas con su madre o con algunos amigos y vecinos. Fontainhas es un lugar temible en cuanto a realismo, a drogas y pobreza. Los callejones andan con barriles encendidos en fuego, buscando la gente calor en la oscuridad, en un filme de muchas sombras y muchas tinieblas. De ésta manera andan los niños jugando. Vanda es muy flaca, está en los huesos, su físico denota bastante su adicción. Su cara está demacrada, maltratada. Pero ella sigue inhalando los vapores de la heroína, no baja el ritmo, es algo ubicuo. Ella, que habla mucho en el filme, comenta sobre la cárcel y el hospital, lugares que le rondan, que se le avizoran, aunque toma algunas precauciones, como deja oír. Pedro Costa logra coger toda la destrucción del barrio de Fontainhas, que se puede ver además simbólicamente en que están derrumbando muchas casas del barrio. Por todo es un retrato doloroso, aun cuando Vanda parece alguien bastante fuerte.

martes, 26 de mayo de 2020

Las criaturas (Les Créatures)

Las películas de ciencia ficción de grandes presupuestos y efectos especiales impresionantes tienen bastante encanto y cinefilia con obras y sagas con historias sólidas como Star Wars -aun cuando la última trilogía bajaba bastante el listón-, pero el sci-fi chiquito, sin (o casi sin) efectos especiales y con historias curiosas, siempre son cosa especial, excepcional y atractiva, al menos para éste servidor. Tiene un encanto especial también que la obra en cuestión pertenezca además -no es, obviamente, indispensable, pero sí un plus- a un autor respetado que no se dedica al cine de género en particular. Las criaturas (1966) le pertenece a Agnes Varda, autora que cumple a cabalidad con lo antes expuesto. Su película pone a Michel Piccoli como Edgar, un escritor que está justo elaborando una obra literaria. Lo curioso viene a ser que lo que escribe se confunde con su vida íntima; realidad y fantasía se mezclan sin ser tan fácil diferenciar donde empieza uno y donde acaba el otro, aunque se ven indicios decentes para distinguirlos. La cuestión es jugar en estos dos ámbitos fusionados. Edgar nunca deja de escribir, de soñar digamos. Su vida personal bien diferenciada también es particular, el filme arranca con un accidente a razón de la irresponsabilidad de Edgar para con su mujer, la bella Catherine Deneuve como Mylene. Edgar está en el trance de convertirse en papá. Ésta relación tiene su ambigüedad, en varios niveles, se cuela la ruptura de la pareja, y la muerte y la locura además. Pero Varda opta por un cine amable. No obstante siempre interesante y exigente. El filme tiene una escena de una caída sumamente explícita y violenta, híper realista. Como se aprecia, a Varda tampoco le falta carácter como directora y como una profesional de alto nivel tiene mucha apertura mental. Edgar dice en un momento que lo que está escribiendo es una obra de misterio y un sci-fi, y eso es lo que presenciamos. El filme es un poco raro, pero tiene tacto y aunque raro tiene coherencia. Edgar llega a jugar con el mundo contra un ingeniero demiurgo, como en una partida de póker a través de las historias de las personas, esto es el sci-fi en sí. También las pequeñas historias que acompañan versan sobre la ruptura del amor especialmente, pero con otras cosas más -como un anexo atractivo sobre 2 ladrones-, y la interacción con Edgar se hace muy entretenida y llamativa, aparte de que hay buenas actuaciones y buen cine arte. Ésta es una película que en su estreno no agradó y hoy pocos la valoran y conocen, pero, sin duda, no solo es curiosa, tiene su atractivo.

jueves, 21 de mayo de 2020

Nunca subí el Provincia

Puede sonar aburrido filmar simplemente la esquina de nuestra calle, pero el documentalista chileno Ignacio Aguero hace una película decente de esto. Se nota su habilidad para el documental y luciendo, lo que hace, siempre de un alto estándar, empezando por tomas y recorridos bien hechos que dan tono y profundidad al filme. Filma desde el interior de su casa, incluso los jardines próximos, quedándose a ratos en la visión sencilla del revoloteo de algunas aves. Entrevista a gente que anda cerca. Un hombre que vive en la calle, un anciano flaco de mirada perdida y cansada, dice irónicamente que él hacía de todo para subsistir, como el mentholatum. No tiene el cariño de sus hijos y eso es lo que recoge la cámara introspectiva y sentimental pero tranquila de Aguero. Desde la casa actual de Aguero se alcanzaba a ver el cerro Provincia, y ahora un edificio le cubre el panorama, pero igual Aguero lo busca y lo enfoca al majestuoso cerro, proponiendo nostalgia. Niños juegan propios de su edad, ven una película de Chaplin y ríen felices, hermosos e inocentes. Aguero busca indagar y conocer a todos sus vecinos, los enumera por su respectivo piso y va comentando de ellos, así como sale en busca de personas entrañables que trabajan cerca de su casa o menciona a otros que ya han muerto, como un hombre del tipo dandy que señala lo recuerda bastante por su parecido a Peter O'Toole. Por todo el filme se convierte en una obra interesante. Toda ésta gente es atractiva, desde la mayor normalidad y sencillez. Un zapatero, un panadero, una costurera, todos gente humilde, pero atractiva de ver y conocer por el documental presente. La cámara se posa en simples transeúntes también, que pasan por la calle, y algunos de ellos hasta parecen actores de cine actuando para la película que vemos, pero son ellos mismos, sin darse cuenta de la potente imagen que recoge la obra de Aguero. Algunos otros saben de la cámara y se prestan a un poco de artificio, como el hombre que toca la puerta y lo recibe la cámara subjetiva de la presencia de Aguero, pero el concepto queda muy bien, las personas muestran naturalidad y tranquilidad, el hombre habla un poco simplemente de sí mismo. Otro artificio son las cartas que escribe el director chileno a una cineasta, joven y aprendiz, en tono de anécdota y de contarlo como un diario personal. Se puede entender un cierto amor platónico con éstas cartas. 

martes, 19 de mayo de 2020

Siete años en mayo

Mediometraje documental perteneciente al brasileño Affonso Uchoa. Cuenta la historia de Rafael Dos Santos Rocha. El mismo Rafael casi en lágrimas monologa su propia historia, con la cara melancólica mientras la cámara yace estática, él quieto contando, y el fondo desenfocado. Esto domina el filme. La historia es una que va contra la brutalidad y el abuso policial, es una denuncia de la realidad brasileña generalizada. La propuesta parte de un pandilla que se disfraza de policías y rapta de su casa a Rafael y lo tortura psicológica y físicamente. Lo de los falsos policías es también un simbolismo para referir a la policía que no es realmente policía porque es corrupta y abusiva. Por buen tiempo Rafael cuenta como termina inducido a ser dealer y drogadicto, cuenta sus 7 años de perdición, influenciado por ésta corrupción. Más tarde un amigo de Rafael lo compadece y lo conforta, le dice que esto viene de mucho tiempo atrás y sigue, señala que hay muchos muertos, muchos abusos e impunidad. Para terminar hay una representación de asesinato y sobrevivencia de lo que se denuncia, de los muertos bajo la policia violenta y corrupta. El juego infantil se presta para señalar lo macabro. Se trata de escenificar con pocos recursos. Lo de la brutalidad policial también puede venir de más arriba -aunque el filme se dirige en imágenes a la policía corrupta-, de un Estado permisivo con esto, de un Estado también malogrado. Lo que ofrece Uchoa es algo con cero agresividad o incluso libre de ira de parte de los denunciantes, es algo que busca la compasión, es un llamado a algún tipo de solución arguyendo algo masificado, refiriendo a los denunciantes como gente ordinaria, completamente alejada del tipo del pandillero o aspecto criminal, pero en realidad el retrato luce incompleto porque también refiere ciertamente a criminalidad de parte del otro lado a la policía, hablamos de tráfico de drogas por dar una mención. Sería bueno completar el visionado con una película magistral como Tropa de élite (2007).

Van Gogh

La película narra los últimos 2 meses y días de vida del legendario pintor Vincent van Gogh (Jacques Dutronc). Van Gogh es retratado como un tipo coherente en buena parte, no se le ve tan loco, pero sufre de crisis, se siente mal y quiere matarse, se ve en varias oportunidades. Una de ellas es cuando se arroja al fondo del agua, todo repentinamente, mostrando que no era tan cuerdo. Después suele comportarse normal, incluso parece un tipo algo audaz. No un tipo triste, aunque también lo vemos quedar pasmado a ratos, como si un chorro de melancolía lo inundará, igualmente intempestivamente. Así queda lelo, inmóvil, frente a la propuesta de la hija de su doctor, de formalizar como pareja, ante sentir amor por ella que piensa la muchacha no le corresponde del todo. Van Gogh con su extraño silencio da a entender locura y también indecisión y algo de baja autoestima. Con Margarita (Alexandra London) plantea el director, el gran Maurice Pialat, un intercambio e interacción entre la burguesía y el proletariado, bajo la clásica crítica a los ricos. Margarita tiene una educación refinada, pero es una aventurera, una chica osada, y sale con un van Gogh que es un sujeto de cierta vulgaridad, un tipo del pueblo digamos. Van Gogh gusta de las putas, las trata bien dígase de paso, y con una hay un flirteo fuerte que vemos en toda la película. Pialat muestra 2 escenas en especial cargadas de personalidad, riesgo, intensidad, originalidad y mucha fiesta, cuando cenan el doctor Gachet (Gerard Sety), su hija Margarita, Vincent, su hermano Theo (Bernand Le Coq) y la esposa de Theo, y empiezan a hacer representaciones teatrales; el otro es cuando Vincent, Margarita y Theo celebran la vida en un burdel. En el burdel especialmente hay varias buenas bromas light a Toulouse Lautrec, por chiquito, dormilón y putañero. La relación entre Theo y Vincent tampoco es idílica, hay malos tratos y mala voluntad entre ellos, también amor. Vincent también es retratado a ratos como un tipo violento, como con la pelea en casa de Theo y con su esposa, Jo (Corinne Bourdon). Por su parte la relación con Gachet salta del aprecio al odio. Hay resentimiento cuando yace el final de los días de Vincent, que se puede creer que hasta lo dejan morir. Igualmente parece una carga para Theo, que deja ver esto en cierta manera por el mismo tiempo. Parece como que todos se aliviaran de que finalmente vaya a morir. La pintura de Vincent no importaba mucho para su época y eso queda claro cuando todo el mundo se regala los cuadros de Vincent sin sentir nada de ambición. Margarita lo ama, pero ahi la vemos llamándolo loco. Se ve trágica la vida de Vincent van Gogh. No obstante lo vemos reír con las putas y pintar compulsivamente proponiendo el estilo propio y revolucionario. Se permite un affaire con una burguesa bella y joven, ahí se propone algo de ambivalencia. Pialat también plantea la idea del egoísmo como forma de vida, los que viven sin remordimientos y pueden ser crueles sin castigo disfrutando para sí, y los que sufren por los demás y mueren como perros. No obstante siempre hay un poco de humanidad en todos, Gachet parece algo preocupado por su propia actitud y por el deber en su profesión frente al hombre que ha maltratado a su hija doblandole la edad; y Theo siempre ayudó económicamente a su hermano a pesar de que le podía ser insoportable muchas veces y tenía sus personales deberes, con su esposa e hijo recién nacido. Éste van Gogh parece comportarse un poco vil, pero como todo ser humano finalmente, pero como es visto como loco todos abusan de él en cierta forma. Es un retrato muy rico en ideas. Da para pensar muchas cosas a través de un cine muy claro y notable.

domingo, 17 de mayo de 2020

Ash is purest white

La película por tratarse de criminales uno pensaría que es de acción, pero la película va de relaciones humanas, de relaciones truncas, y de humanidad y lealtad y traición. No se podía esperar otra cosa tampoco del cine del chino Jia Zhangke, que aunque su cine ha tenido mayor apertura últimamente lo suyo sigue siendo el cine arte destinado a un público selecto y más hardcore. La presente película no ha sido expuesta a muchos. Es una película curiosa, sin duda. En ella un gángster, Bin (Liao Fan), es mostrado como un tipo con ciertos códigos morales, suele respetar a otros, a los débiles, y trata de ser justo y honorable siempre, a pesar de ser un criminal y un tipo capaz de ejercer mucha violencia. Nada del otro mundo que no sepamos ya después de conocer El Padrino (1972). Bin es un tipo serio, rudo, pero con la personalidad antes mencionada. Todos lo respetan y, desde luego, le temen. Hay una mujer en especial que muere por él, es su actual pareja, Qiao (Zhao Tao). Zhao Tao es la esposa en la vida real de Zhangke y éste le destina un gran protagonismo, un gran papel; Zhao también es una actriz que sabe aprovechar la oportunidad de brillar, tiene su talento. Es la parte más importante de la película, aunque Zhangke se basa en un conocido suyo real para el personaje de Bin, que interpreta el súper talento de Liao Fan, aunque su papel en los hechos en sí no exhibe tanta riqueza, no sólo, sino que brilla por medio del de Qiao. El filme recuerda un poco -en historia y transición- a Million Dollar Baby (2004), más no en estilo, Zhangke hace cine arte minoritario. El filme tiene bastante personalidad, su buena cuota de excentricidad, como cuando Qiao se separa de Bin y se liga con un tipo raro como pareja, uno que le habla de ovnis, con el que Zhangke se permite hasta hacer ver a uno, mientras habla de cárceles de distintos tipos. Éste filme tiene una única gran escena de acción, también parte nuclear en la trama. De aquí en adelante vendrá el vía crucis, más tarde compensado bajo una tragedia. La película de Zhangke está llena de grandes momentos; y sucesos inesperados, poco típicos, que sin embargo son manejados con notable coherencia (la escena de los repentinos golpes con fierros a las piernas o la humillación revanchista hacia un ex-todopoderoso Bin). El filme también se la juega de intrépido y sale bien parado, como con la supervivencia económica de Qiao. Por el final la historia toma una cierta estructura audaz narrativamente, se usa la elipsis y luego en el camino cuando los personajes toman nuevas posiciones van saliendo las explicaciones ya bien distribuidas las acciones. Por todo es un filme muy rico, cargado de variedad. En cierto momento del filme brilla la poesía, cuando Bin se pone místico en busca de querer arreglar la mala relación que ha generado su deslealtad, sobrevuela algo de Wong Kar Wai, en la que es mucho la historia romántica del seductor orgulloso y la mujer sacrificada y mártir.

jueves, 14 de mayo de 2020

Zombi Child

Ésta película de Bertrand Bonello es una película medio rara, no tanto por lo que veremos, sino un poco por cómo está contada. Por buen rato no se entiende de qué va el filme. Más tarde la protagonista, una muchacha de color, alumna de instituto, lo explicará todo, bajo una simple conversación, ya que las imágenes ya la habían precedido, que es lo que estuvimos viendo. Esto puede ser considerado un error, el filme requiere explicar lo que hemos visto. Finalmente lo explicado por la chica da a entender que no había sido tan complicado lo expuesto visualmente. A pesar de todo el filme aun así mantiene cierta virtuosidad. El asunto es que es una película de fantasía, pero sin ser radical, muy distintiva o potente visualmente. Puede tener de terror, pero definitivamente no es una película de terror. Por todo esto se hace una película extraña, curiosa si se quiere, aunque no tan interesante ni tan impactante. No obstante toda rareza siempre es bienvenida, para mí al menos en buena parte, en términos de originalidad y respetabilidad del autor. Bonello trabaja con 2 historias en paralelo. Es el presente con Melissa (Wislanda Louimat), originaria de una familia apegada al vudú, como alumna nueva en busca de ser aceptada en un colegio francés por el grupo cool de compañeritas; y también son los destellos del pasado en Haití de la familia de Melissa, con su padre que fue un zombi. El filme utiliza cosas del terror y la fantasía, pero es un filme dramático en realidad, intentando ser realista con la creencia y fe en el vudú y los zombis, con la cultura de Haití de estos 2 sucesos, pero, claro, aparece una posesión demoniaca y todo se ve algo un poco inclasificable. El demonio además es medio estrafalario, tiene cierto toque cómico. La idea también que subyace en la obra es que esto realmente sucedió -la historia del padre-, que la presente película se basa en hechos reales. Por todo es un filme llamativo, de la mano de un autor siempre atrayente como el francés Bertrand Bonello que exuda harta personalidad, aun a costa del resultado, pero sin caer tampoco en el adefesio.