lunes, 30 de julio de 2018

The Shooting


The Shooting (1966), de Monte Hellman, es un western raro, se parte a partir de una tumba, una muerte misteriosa y una huida, pero no se entiende hasta el final. Tiene a una mujer (Millie Perkins) que le paga a un ex cazarecompensas para que sea su guía, la transporte a un lugar. Willett Gashade (Warren Oates) es éste guía, que acepta a regañadientes por la terquedad de ésta mujer, pero a medida que el filme empieza su recorrido hacia un territorio del que poco se explica Gashade tiene una corazonada de lo que pretende la mujer y es lo que secretamente lo motiva a seguir y aguantarla.

Junto a Gashade está un hombre medio idiota llamado Coley (Will Hutchins) que el guía obliga a la mujer a que le pague y los acompañe. Coley es un tipo bonachón y Gashade lo quiere como un hermano pequeño. Coley no es cómico sino es un tipo lento e infantil. Su participación es algo molesta, además de que se siente fuertemente atraído por la mujer y se comporta más tonto aun. Pero el filme propone cierta originalidad con él, como cuando se topa con un hombre abandonado moribundo en el desierto y le regala caramelos.

El filme es el trayecto sin explicación hacia un lugar, pero a medida que avanza el filme se empieza a intuir de qué trata todo, y es algo sencillo, pero se guarda Monte Hellman de explicarlo hasta el final. El filme se entiende claramente en última instancia con aquellos fotogramas ralentizados del doble, aun cuando la propuesta tiene una argumentación mínima. Pero es un western atípico, hay muy poca o casi ninguna escena de acción.

La rivalidad del héroe Gashade la aporta Jack Nicholson como el pistolero Billy Spear, se trata de crearle mítica, pero Nicholson aunque luce una buena presencia como pistolero, creíble, por su comportamiento y engrandecimiento se nota algo ridículo. Oates en cambio está muy natural, y mejor. Esta rivalidad se pone un poco infantil cuando Coley no puede esconder que le desagrada Spear, y no le teme aunque Coley con las armas sea muy común. Esta interacción de los tres es particular, no lo hace un western tan trascendental, pero mantiene la atención.

Es un filme que en el fondo no parece western, sino una road movie con gente que no se lleva muy bien y no tiene una idea muy clara de que están haciendo, pero siguen adelante porque lo que importa es la interacción entre ellos, las armas parecen meros adornos o juego. De cierta manera el remate es como sacar un truco bajo la manga. Aunque está obviamente planificado parece casual o quizá un pretexto para darle lógica a un filme espontáneo. El filme tiene un toque psicológico si se quiere, un toque muy indie, la acción propia del western es irrelevante. Por todo ello no tiene desperdicio, no es lo que uno espera en el género, pero sí como cine.

Ride in the Whirlwind


Éste western de Monte Hellman fue escrito por Jack Nicholson y es un filme convencional, pero muy intenso, bastante bueno aunque común, sin mucho de por medio. Arranca con el robo detallado de una diligencia y se pone en perspectiva cuando tres vaqueros cruzan la zona y ven a un hombre ahorcado colgado de un árbol. Esto sonaría a película de terror sino fuera un western, lo que significa una alarma para los héroes o, mejor dicho, víctimas.

El filme pone a los tres hombres a descansar en la cabaña y escondite de los asaltantes, liderados por el tuerto Dick (Harry Dean Stanton), y grave error, terminan siendo confundidos como parte del grupo por unos vigilantes de la zona, los hombres que ahorcan criminales. El filme tiene a estos vigilantes como tremenda banda de implacables perseguidores, que se toman la ley en sus manos. Esta premisa sencilla da mucho entretenimiento.

Tanto la banda del tuerto Dick como los vaqueros de paso, Wes (Jack Nicholson), Vern (Cameron Mitchell) y Otis (Tom Filer), quedan sentenciados a muerte y empieza una fuga y un combate fiero contra los vigilantes, que son en mucho anónimos y un número gaseoso, enorme. Salir vivo es casi imposible, pero se lanzan a intentarlo, no les queda otra. El filme genera mucha adrenalina, lo que suma al no poder los vaqueros quitarse de encima el estigma de criminales, y no les queda más que sobrevivir como pueden, aceptando verse como tales, porque los vigilantes disparan a matar y solo piensan en ahorcarlos.

El filme apenas dura 1 hora y 20 minutos y desde que son marcados los tres amigos vaqueros se ven en el infierno, acorralados, agredidos a una cuenta de tres, escondidos, huyendo, hasta llegar a una casa de colonos donde los sobrevivientes juegan damas pensando en la muerte; los flashbacks, la tensión y lo que se avecina parpadea en sus mentes. Nicholson y Mitchell trabajan muy bien el miedo y la expectativa, como su valentía frente a la adversidad.

Es un filme sumamente básico, pero genial por el ritmo que posee y la acción trepidante viéndose vehementemente perseguidos, sin tregua alguna, mientras los criminales capturados son inmediatamente colgados de la manera más sencilla, sin juicio, tal cual abre el robo de la diligencia que es también brutal y abusivo. Justos pagan por pecadores. La propuesta suena a un buen alegato contra la pena de muerte.

La educación del Rey


La educación del Rey (2017), del argentino Santiago Esteves, es un policial. No es un filme con muchas escenas de acción, pero las tiene y cuando llegan cumplen. Es un filme de acción con pocos elementos, se podría decir que son 2 o 3 escenas muy sencillas pero intensas. Lo que más apunta la propuesta es al drama, a raíz del primer crimen de un muchacho, que cae en manos de un hombre que sin demasiada justificación, aunque coherente, se vuelve su protector y un poco como un padre.

Germán de Silva interpreta a éste especie de padre adoptivo o simbólico, además de que como guardia de seguridad y el uso de armas tiene un vínculo digamos que cool con el muchacho, que no es tampoco un punk, pero sí se le describe con carácter y termina violento. Por el lado del crimen se maneja muy bien la imagen de unos policías corruptos. En un inicio la credibilidad no es tan potente, pero a medida que el filme muestra tanta seguridad en sí, se la cree, se convierte en un policial más que decente, descontando lo entretenido que es.

La parte social es leve con el muchacho medio suelto en plaza con el mal ejemplo del hermano mayor, todo expuesto con velocidad. Lo que pesa más en el filme es el drama de padre adoptivo formando a hijo descarriado con potencial emocional de buen muchacho. Éste vínculo hará que los más sensibles gusten del filme, mientras todo decanta finalmente en escenas de acción que complementan muy bien, sin ser muy audaces, ni extensas.  

Algunas escenas tienen ligera originalidad, como cuando van a comprar ropa deportiva, se ve una chica linda, un protector ambiguo, reacciones y alguna pequeña maldad. Es una película muy simple, pero competente. Pasa de una cosa a otra con gran ritmo. Tiene sus momentos predecibles, pero muchos otros no lo son. El segundo conflicto criminal del protagonista, Rey (Matías Encinas), es prácticamente inevitable, si no por donde continúan, piensas. Pero aunque ahí no deja mucho espacio para sorprendernos, lo que viene después sí en una medida.  

La educación del rey no será de las películas más memorables, pero trabaja bien como entretenimiento, como policial o thriller a ese respecto. Piensa la solidez de pocos elementos, es un filme muy práctico, y alcanza. No le pidan demasiada originalidad, pero tampoco es una propuesta sin gracia en lo que ofrece. Se pega al mínimo en todo sentido, justifica lo suficiente como para darle la predominancia a la agilidad narrativa, tramita con la coherencia básica. Pero eso crea un entretenimiento dinámico, intenso y vital, y tienes lo emocional.

domingo, 29 de julio de 2018

Un día en la vida de Andrei Arsenevitch y A.K.


Un día en la vida de Andrei Arsenevitch

Éste es un ensayo cinematográfico del francés Chris Marker que analiza el cine de Andrei Tarkovsky, y hasta lo filma en sus últimos días. Una curiosidad es que menciona que en una sesión de espiritismo que hiciera Tarkovsky se comunicó con Borís Pasternak y le manifestó que haría 7 películas, justamente lo que pasó, y aunque él creía que eran pocas películas le dijeron que serían notables. Según el filme Tarkovsky toma conciencia de ésta premonición cuando lo vemos editando su última propuesta enfermo desde su cama. El documental compara, unifica, las películas de Tarkovsky con su vida real, como con la espera del director ruso y su mujer por la llegada de su hijo, el permiso de la URSS para que salga del país, que lo hacen ver igual que El espejo (1974); o el lograr la toma perfecta del incendio del final de El Sacrificio (1986) y que Tarkovsky grite de alegría lo unen con la celebración tras el levantamiento de la campana en Andrei Rublev (1966). En el estudio del cine de Tarkovsky se menciona que el director hacia sus filmes pensando en los cuatro elementos de la naturaleza. Sus personajes se mezclaban, se revolcaban, con la tierra; se veía incluso a la lluvia y el fuego en una misma toma; el aire se hace presente como con el globo aerostático y la bella mirada desde arriba en Andrei Rublev. Estos elementos se convertían en arte en el cine de Tarkovsky. Igualmente su lado místico, con lo que no buscaba que sus personajes miraran hacia el cielo, sino que el cielo mirara hacia los hombres, que Dios observara su creación. Con el tiempo Tarkovsky –nos dice el documental- se desprende de pretextos y explicaciones. Tarkovsky quiere que el cine iguale a las mayores artes, sea apreciado en la misma liga, con la misma admiración. Utiliza por ello la pintura como un espejo o hace hincapié en la lectura de literatura o de historia en sus personajes. Tarkovsky siempre tuvo trabas y negatividad de parte de la URSS, fue un cineasta exiliado, pero fue el más ruso de todos nos dicen, y se deja ver en Nostalgia (1983). La censura de la URSS incluso le recriminó que el protagonista en Solaris (1971) no llevara pantalones. El documental hace ver que Tarkovsky dejó muchos lugares de fe por creer en su séptimo arte, como la medio inexplicable La Zona de Stalker (1979); creyó en la ciencia ficción como vehículo para lo místico. También nos dice que en una de las primeras escenas de La infancia de Iván (1962) aparece un niño al lado de un árbol joven y se cierra el círculo en Sacrificio con un árbol muerto.


A.K.

Éste documental de Chris Marker es un detrás de cámaras de la película Ran (1985). Nos habla de los lugares comunes del cine de Akira Kurosawa, dividido por secciones, como el amor del director japonés por los caballos que incluso simbolizan cosas en sus películas. También por la lluvia que John Ford le dijera que había notado su aprecio especial por ello cuando se conocieron y el nipón se lo confirmó directamente. Kurosawa luchaba a menudo contra el clima, lo tenía como un rival, como en el Monte Fuji durante el rodaje de Ran, pero esculpía con éste igualmente su arte. Le criticaban la violencia en sus obras, pero el director se defendía que mostrarlo, verlo, era enfrentar y vencer el miedo hacia ello. Afirmaba no gustarle en absoluto la violencia, pero era su manera de catarsis exhibirla en sus películas. La niebla y el fuego también toman mucha parte en su séptimo arte. Vemos a Kurosawa involucrarse en toda la fabricación de Ran, convertirse en un autor en toda la palabra, secundado por gente con quien siempre trabajaba, bien explicado en el uso de tres cámaras al mismo tiempo. Al director nipón se le ve muy tranquilo y amable, luce todo un caballero y alguien humilde, pero estaba en todas, corregía hasta lo más mínimo. Éste detrás de cámaras permite ver la admiración de Marker y del entorno de Kurosawa, a quien llamaban sensei, uso más frecuente en el arte marcial, pero refiere a un dominio excepcional. Kurosawa ya tiene cierta edad en éste documental, como admite. No obstante sigue al pie del cañón dominando cada pedazo de su magistral arte, como mandar a pintar la vegetación de color dorado y fabricar una luna para crear una escena exacta a su gusto e imaginación. Es un quehacer meticuloso como ver la sincronización de flechas encendidas con fuego arrojadas hacia la niebla profunda. El detrás de cámaras es medio gaseoso visualmente, más que todo es ver la arcilla en transición, la grandeza viene después al ver Ran terminada y cada obra suya. Son órdenes, planificación y detallismo lo que presenciamos, gente comprometida, apasionada, hasta los extras, a los que observamos meterse en su rol, vestirse, comer, gritar, coordinar, marchar, bromear, etc. Son parte importante desde el más pequeño gestor hasta su sensei, el gran Akira Kurosawa.

viernes, 27 de julio de 2018

Las herederas


La película del paraguayo Marcelo Martinessi pudo pasar por la historia de dos hermanas mayores enfrentándose al mundo, más un descubrimiento sexual adulto, pero prefiere ser más original, más impredecible, y es en su lugar el relato de una pareja lésbica de mujeres mayores que se enfrentan al desgaste de su relación amorosa, sólo que una únicamente se da cuenta, la más pasiva y clásica femenina, la que anda en el hogar, la que depende de la otra, la del carácter fuerte, más masculino. Al mismo tiempo es la historia de la decadencia de una cierta aristocracia o burguesía paraguaya, desde el plano económico.

Una de las mujeres protagonistas, Chiquita (Margarita Irun), termina en la cárcel por fraude,  pero dentro se maneja con aplomo, a pesar de venir de una familia con dinero, no se intimida por el lugar bullicioso, vulgar y peligroso, con gente agresiva, loca y algunos extravagantes. La que sufre más el embate por paradójico que suene es la que yace afuera, Chela (Ana Brun), que no sabe cómo subsistir. Ya por entonces ambas se encuentran vendiendo las pertenencias de su casa, y se ve ese fastidio y pena silenciosa de ir perdiendo su opulencia, que llega hasta el extremo de que Chela empieza a hacer taxi.

La idea del empleo de taxista exclusiva proviene de una mujer amiga de Chela, una anciana llamada Pituca que va a jugar cartas con amigas de su edad y todas éstas se convierten en clientes en potencia. Pero la que más llama la atención es una mujer adulta, Angy (Ana Ivanova), que también asiste. Angy es una mujer sensual, muy femenina, que pronto genera ésta cierta originalidad narrativa, fomenta la tentación de una infidelidad lésbica.

Chela guarda mucho silencio, yace como intimidada por la seguridad de Angy que es la que toma la iniciativa. En ese trayecto de vender los muebles del hogar y relacionarse con Pituca y sus amigas en el taxi y una comedia suave con sus engreimientos y posición económica Chela duda en serle fiel a Chiquita que yace buscando salir legalmente de prisión. La infidelidad domina el filme por completo, sumido el contexto en la decadencia económica. De ahí el título de las herederas, el cambio generacional, los nuevos tiempos.

El filme tiene un aire clásico con Chela, que guarda mucho las formas, de esto que uno pensara que en lugar de lesbiana era una solterona, pero es el silencio en realidad la simple duda de cambiar a Chiquita por Angy tras varias décadas de estar juntas y una lealtad que le debe. Pero el desmoronamiento económico la tiene a punto de quebrarse. Es un filme con una protagonista que su pasividad se pone en juego en busca de la trasgresión, de buscar pensar más en ella, ser algo cruel también, aunque Chiquita luce muy fuerte.

Lo que es un lugar común es la representación burgués de las empleadas, las tienen por brutas, no trasmiten mucho, y hasta hablan de regalarle a una un desodorante. Esto es algo un poco fastidioso y no aporta mucho, es un recurso fácil además. Es mejor para conseguir el aire aristocrático esa elegancia que mantiene Ana Brun en todo momento, esa introversión, ese recato, hasta un estado infantil y de timidez, muy apropiado con el sobrenombre de muñeca dado por el padre, niña mimada, niña bonita. Brun ganó mejor actriz en el festival de Berlín, y es muy merecido, porque sostiene una cierta original ambigüedad en su manera de ser.

El filme al final parece plantear un robo de juventud, en todo sentido, de aire fresco, un llenado de intensidad, de vitalidad, como que al terminar una mala racha viene algo nuevo, una renovación, una nueva marcha, algo bueno, una nueva Paraguay también, creer en una nueva generación y es algo social y político, aunque la protagonista sea una mujer mayor, una representación simbólica del mismo país, expuesto con la chiquillada de escapar en el auto.

Cierto, dirán, tremendo rollo por una infidelidad –dicho como cine, porque el cine suele ser más radical, audaz, crudo o trasgresor que la vida misma producto siempre de buscar impactarnos, de impresionarnos, de hacernos vivir lo impensado, mil experiencias-, pero es también el arte de la delicadeza, también 30 años de pareja no es poca cosa, una herencia difícil de desprenderse, una fuga suena prácticamente inviable. El filme se mueve mediante una aproximación lésbica de sugerencia, sin contacto físico en pantalla, todo trabajado a través del personaje de Angy, la provocación abierta, con sus ademanes y confianzas. Es un cine arte latino que tiene ya su identidad atrás, bien y mal nos reconocemos en éste estilo.

jueves, 26 de julio de 2018

El reino de la sirena y Siempre andamos caminando


El reino de la sirena

Documental austero, de Luis Rincón, que se contextualiza en un pueblo de pescadores en Nicaragua, que mezcla fantasía con violencia. Vemos la cotidianidad de un hombre en silla de ruedas y lentes negros de sol que ha sido buzo y se dice que quedó así producto de una maldición de sirenas. Dos personas mayores son entrevistadas, hablan de las sirenas, lo hacen de manera muy básica y poco original. El filme tiene mucho de cine social; la gente que observamos es humilde. Otro ex buzo dice haber dejado atrás la vida de gángster y además rechazar el mar. Una mujer joven embarazada que le invita un vaso de agua no le cree, pero él persiste en decir que es cierto aunque con una sonrisa de ironía. Éste mismo hombre habla coherentemente de la precariedad con la que se realiza el buceo en la zona, y cómo ésta misma precariedad es la culpable de tanta invalidez y muerte. Lo dice sin esforzarse en convencer a nadie. Al mismo tiempo el filme deja correr los relatos locales de sirenas, mientras presenciamos las labores de los pescadores. Hay hasta cámara submarina. En un efecto de la cámara –sencillo, pero que queda bastante bien- ésta entra o sale como si formara un pasadizo imaginario, entra a un mercado, sale de un puerto. También el paisaje tiene su belleza, el día común de los pescadores igualmente su interés. El lado más logrado de la propuesta es lo social, que en mucho simplemente vemos, y no lo oímos machacar. Los dos ex buzos protagonistas tienen atractivo narrativo, uno por carismático, otro por muy natural.

Siempre andamos caminando

El documental de Dinazar Urbina Mata abre con un camioncito llevando gente a un pueblo llamado Santa Rosa de Lima. Apiñados atrás observamos una escena sencilla, como una madre da de beber agua a su hijo. El filme tiene a tres mujeres de protagonistas, nos ubicamos en el estado de Oaxaca y se ve como la gente pasa de la sierra a la costa en busca de trabajo. Alberta tiene 21 años, trabaja de agricultura, pero se da tiempo para cuidar a su hijo. La vemos en una bella escena bañando a su bebé en una batea, muy ducha en su cuidado. Catalina vende comida, mientras nos cuenta de una decepción familiar y de cierta humillación de la gente por no hablar bien el castellano. Catalina se siente bendecida por tener un lugar propio, para sus hijos. Julia tiene 28 años y celebra no tener hijos, imagina hijos malogrados, pero llora por una pareja que yace a la distancia. La miramos robusta recogiendo limones. Siempre andamos caminando es una frase que sale de su boca y refiere a estar expuestos a los peligros, en la humildad del trajín diario, pero agradeciendo estar libre de daño. Las tres mujeres son fuertes y sencillas. Las tres hablan muy bien, de manera clara y se ven humildes y auténticas. Es un filme que está ahí para oírlas, para conocer de su sobrevivencia, sus logros, sus afectos. Ninguna habla con amargura, a pesar de tanta dificultad. Hablan sí de la necesidad de migrar para vivir mejor, hablan de gente que las ha decepcionado, pero las tres en su naturalidad muestran felicidad, tranquilidad, en un retrato diáfano y austero de nuestra humanidad.

miércoles, 25 de julio de 2018

Amore, piombo e furore


Western dirigido por Monte Hellman ayudado por el italiano Tony Brandt, es un western de bajo presupuesto que es inclasificable en cierta manera. Tiene muchas escenas sexuales, pero no explicitas, sólo eróticas, entre el protagonista, el pistolero Clayton Drumm (Fabio Testi) y Catherine Sebanek (Jenny Agutter), la esposa del hombre a quien lo han enviado a matar.

El filme puede adscribirse al romance por una parte con ésta aventura e infidelidad que ocurre en medio de la acción, con varias escenas de sexo expuestas con bastante detalle sensual, prolongadas más de la cuenta, que se hacen sentir que tienen demasiado espacio. Pero las escenas de acción son buenas, a pesar de ser un filme algo barato o propio de un cine imperfecto. La trama también no está mal, es atractiva y muy entretenida.

Drumm es perdonado de morir en la horca por la ley pero tiene que matar a un hombre que se niega a vender su terreno a una empresa que quiere hacer una vía de tren. Éste hombre es Matthew Sebanek (Warren Oates), un tipo terco, que es secundado por sus hermanos. Finalmente se cambian los papeles, Drumm huye con la mujer de Sebanek y él va tras ellos en busca de venganza. En el camino Drumm se defiende simplemente, no suele tomar la ofensiva. Al mismo tiempo pistoleros de la empresa del tren van a asesinar a Sebanek.

El enfrentamiento de Drumm contra los hermanos de Sebanek es original, tiene mucha buena adrenalina además, y no solo se usan armas. Luego más tarde habrá tres frentes en una nueva balacera, entre Drumm, los hermanos de Sebanek y el mismo Sebanek y los asesinos del tren. Es un filme que cuando propone acción lo hace muy bien, pero tiene muchos ratos de pacifismo, de meditación y de arreglo, ya que Drumm es tremendo pistolero, pero típico héroe, muy justo y humanitario, inclusive en mucho un tipo sensible con las mujeres.

Warren Oates hace de un tipo mucho más vulgar, algo detestable, pero también razonable, es atacado por su mujer quien incita al pecado a Drumm a quien lo ve no solo físicamente más atractivo tras prolongadas miradas y candentes silencios sino la trata mucho mejor. Luego pretende vengarse de ella, la mujer es humillada, pero se llegan a manejar matices, no es un enemigo cliché, aunque carece de simpatía. No obstante Monte Hellman tiene misericordia para con él, ya que le aplastan la dignidad. Es un tipo valiente también, dice no ser de los que huyen, aun cuando su cabeza tiene un irrevocable precio y enfrenta mucho poder. Así mismo le hace frente a Drumm aun cuando sabe que no está en su misma liga como pistolero.

Tanto Fabio Testi como Jenny Agutter aportan mucha sensualidad, Testi no yace desnudo frontalmente pero si de otras maneras, mientras Agutter muestra todo varias veces. Sin embargo esto es lo menos interesante, lo que lo hace más barato al producto, pero también distintivo en menor medida. Pero toda la acción que propone y el recorrido que sigue Drumm son muy coherentes y excitantes y el affair –que no el exceso de erotismo- tiene sentido. Clayton Drumm aunque bonachón, es un pistolero efectivo, cumple a la hora de la acción.

martes, 24 de julio de 2018

El confidente (Le doulos)


Le doulos (1963), de Jean-Pierre Melville, es cine polar, cine negro francés. Tenemos a Maurice Faugel (Serge Reggiani) como un ladrón y gángster que va a vengarse de alguien que mató a una pareja suya años atrás cuando estuvo en la cárcel. Éste es el punto de partida del filme pero hay mucho más, se trata sobre todo de un soplón con el que jugará la propuesta.

El filme tiene la curiosidad de que prepara escenas a la manera inversa, como con la apertura. Propone un lazo de amistad entre Faugel y Gilbert Varnove (René Lefèvre), los vemos interactuar todo muy cálido y amable, y termina con su asesinato a sangre fría, con el rostro de Varnove sorprendido. Faugel le roba unas joyas y dinero, las esconde. Por más que Varnove había mostrado arrepentimiento y una amistad muy abierta Faugel se deshace de él. Éste filme tiene esa característica, se trata de hombres muy violentos y fríos, clásico del género del que bebe, del cine negro americano, más su toque de distinción francés.

Otra escena magistral en el mismo sentido es la aparición de otro gángster, Silien (Jean-Paul Belmondo), que persigue a Faugel, aunque son amigos, y mata a su pareja, una mujer muy sensual y hermosa (Monique Hennessy). La escena es brutal, muy llamativa como noir. Nuevamente sucede lo que uno no espera, cuando parecía que había una atracción sexual. Silien tiene un amigo en la policía aunque también es perseguido por la ley. Son las extrañas relaciones que mantienen todos, y no se sabe quién es quien hasta el final. El filme manipula mucho las apariencias y ahí yace su maestría como cine negro.

Es un filme complejo, pero muy bien urdido, perfectamente entendible prestando atención. Hasta el último minuto hay sorpresas, todos bajo la ley del crimen, matar, hacerse cargo de los enemigos, defender a los amigos –quien recoge a Faugel herido-, vengar al caído –que incluye a un policía-. En ello entra a colación otro personaje, otro gángster, Nuttheccio (Michel Piccoli), que maneja apuestas y juegos de casino; al mismo tiempo una mujer provocativa pero enamorada (Fabienne Dali), a la orden de los criminales.

Nuttheccio es un personaje importante, pero más pasivo, del que se habla más que todo y sirve para redondear la trama, dentro de una gran planificación y una gran secuencia. Los que más se mueven son Faugel y Silien, cada uno por su cuenta, para converger al final. Silien de manera más audaz, Faugel más emocional, impetuoso. El filme es un enfrentamiento de intelectos, de manera muy novedosa, donde policías y criminales juegan su propia partida, pero los más importantes son los mafiosos.

El silencio es un cuerpo que cae


El documental de la argentina Agustina Comedi remite a su padre, Jaime, a quien ella le rinde homenaje, hablando de su homosexualidad. Jaime de un momento a otro decidió casarse y tener un hijo, era su sueño tener un hijo. Estuvo con un hombre 11 años poco antes, Néstor, quien fue su mejor amigo en su nueva vida. Comedi entrevista a gente cercana a su padre, tratando su verdadera orientación sexual.

El filme desentraña su pasado y resalta que debió ser libre, porque eso es maravilloso expresa, como lo señala el hijo pequeño de la directora al final del filme cuando se le pregunta indirectamente por algunos significados. Comedi no tiene pena ni molestia en revelar el sacrificio que hizo su padre para encajar en la sociedad y en la imagen paterna de ella, hija que confiesa ser bisexual, lo que ayuda también a entender el hacer éste documental. El dolor queda ajeno, en su madre, más que seguramente, aunque el filme dice que Jaime le decía una y otra vez que volvería a casarse con ella, y le llevaba siempre flores.

Pero el pasado era la esencia de éste hombre, a quien su hija ya grande comprende y le conmueve, porque se fue temprano, murió cuando aún era una adolescente, cuando ella tenía 12 años. Su homosexualidad estuvo desde siempre, y no era una pequeña parte que manejar como le refirió un examen psicológico. Todos los entrevistados hablan de la homosexualidad de Jaime, esto es muy sólido, hay hasta antiguas parejas, como un travesti. Lo que más le mueve al filme es que no pudo vivir a plenitud su tendencia sexual, por la sociedad argentina tan represiva que vivió, de la que hablan muchos en la propuesta.

La única persona que se abstiene de hablar es la madre de la directora, Monona, pero la vemos en las imágenes y se habla de ella, se dice que hasta hoy carga consigo una foto de su marido. Se casó con él sin saber de su homosexualidad, recién cuando su hija tenía 4 años supo que su marido era gay, pero como vemos siguió con él. No se dice como lo resolvieron, hay muchas cosas que quedan sin explicarse del todo, una de ellas es la razón del cambio de Jaime, no está tan claro, aunque hay indicios, presión social, querer tener un hijo, una ruptura amorosa, la propia familia dándole consejos y preocupándose por el Sida.

Si Jaime tuvo o no sus escapadas casado tampoco se dice, se habla de un cambio y una parte que dejó atrás tras nacer su hija. No obstante se topaban con él antiguos amigos gays, aunque Néstor, su vínculo más fuerte con su pasado decía verlo muy poco o nada. Jaime filmaba todo, pero no salía en las imágenes, y es como decir que daba paso a su nueva vida y él se borraba o quedaba en segundo plano. En el documental hay mucha presencia de Agustina, de Disney en especial, y esa simbolización de vida familiar feliz.

Pero el filme quiere rescatar y enaltecer la libertad, el ser uno mismo, aun cuando por lo que se sacrificó es por quien habla -la directora- y su realidad, que nazca, tener un hijo, una esposa, una vida heterosexual, una vida familiar tradicional. Pero el amor de hija es inconmensurable, sumada la propia identificación homosexual, y es decirlo, comprenderlo, superarlo quizá también y al mismo tiempo que no se repita en otros, y que todos vivan su sexualidad, libres, felices, aceptados por la sociedad. Lo importante es Jaime, el amor hacia el padre.

Lo que vemos son los videos caseros del padre y entrevistas, en mal estado la mayoría por el soporte y por el tiempo. La cordobesa Agustina Comedi indaga con naturalidad entre amigos, familiares, antiguas parejas y compañeros de ideología, la socialista que Jaime usó – donde muchos negaban la homosexualidad y se lo hacían más difícil- para apoyar a los gays. El filme trabaja con una enorme cantidad de videos caseros, hasta presenciamos bailes de travestis, pero sobre todo a la hija pequeña, dominando por completo la existencia de Jaime. La madre queda relegada en éste culto al padre, pasa a un plano de devoción por sobre todo. Jaime es el protagonista que no aparece, o aparece muy poco, pero que es más que uno, representa a muchos, y esa es la complicidad que fomenta el filme, su empatía, la sensibilidad.  

lunes, 23 de julio de 2018

Robar a Rodin


Robar a Rodin (2017), el documental del chileno Cristóbal Valenzuela Berríos, es como su protagonista, Luis Emilio Onfray Fabres, un filme vital, lleno de intensidad, algo de gracia, cierta particularidad o extravagancia, y dedicado al arte. El filme también nos informa de un incidente, por el que se mueve, el robo del Torso de Adele, del famoso escultor francés Auguste Rodin. Fue sustraído por Onfray Fabres cuando tenía 20 años y causó como hemos de esperar mucho revuelo en Chile, incluso internacionalmente.

El robo ocurrió el 2005, la escultura de Rodin de 20 kilos fue cogida por Onfray Fabres del Museo Nacional de Bellas Artes, en Santiago de Chile. El documental recorre ese incidente y apunta a mostramos todo alrededor de quien hurtó la pieza. Nos dicen que Onfray era un chico especial, y lo vemos hablando también. Éste de muchacho quiso hacer una acción de arte robando el Rodin y querer guardarlo por 2 semanas y esperar a ver como repercutía en el entorno, en la sociedad, pero cuando se dio cuenta del castigo judicial que podía caerle, no hace mucho se estipulaban 5 años inmediatos de cárcel, pensó en como devolverlo enseguida.

El filme nos menciona tres versiones que quedaron en la memoria de los chilenos, creando cierto mito alrededor. Todo esto pasa por una mirada de juventud, de inmadurez y de audacia. También de no meditar muchas consecuencias, lo que hace pensar en la necesidad de un castigo sugerente, aunque al final el documental lo llama un triunfo para el joven. Lo pusieron a trabajar una vez a la semana por un año en la biblioteca de una cárcel.

El filme tiene un lado hippie que se pega al muchacho aunque más contemporáneo, y nos va enseñando curiosidades, como mencionar también un precedente en  el hurto de La Gioconda, del Museo del Louvre en París, ocurrido en 1911. Se entrevistan a todos los implicados, a la jueza, abogados, amigos, etc., y hablan hasta analistas franceses. El filme lo hace con un tono relajado, muy personal y cierto humor además.

Se habla de cómo son los chilenos y de la importancia del arte, hasta presenciar como enardece a muchos una escultura de arte moderno donde cualquier cosa absurda puede convertirse en excepcional, como una silla de playa, que fue robada también como una acción de arte. Consideraban un insulto aquella exhibición y fue defender la verdadera trascendencia. El robo del Rodin aunque denota algo más casual tiene la idea del deseo por la ausencia, que puede ramificar hasta la propia ausencia del padre de Onfray a quien rechaza finalmente.

Se habla de una necesidad del arte, de algo que está muy cerca a uno y no es algo elitista. El Rodin que es una pieza para conocedores es tratado como una joya al alcance de muchos, dicho simbólicamente, porque es una pieza de museo. No obstante el arte que subyace en el trabajo presente del joven ladrón o activista es uno minoritario y más de arte moderno, ironías de la vida aparte, pero también por lo extravagante que es como persona. Sin embargo lo importante es que tiene la necesidad de trasmitir un mensaje en el que cree, discusiones al margen, y eso fue al parecer el robo del Rodin y eso es lo que queda en la propuesta.

Éste documental es ameno, muy moderno, ligero e interesante. De poco saca mucho, sin buscar inventar, forzar nada, sino recurrir a mil ideas y detalles que generan complemento y una visión global, poderosa, que le rinde culto al arte y a una juventud tal cual, criticable en su cierta inmadurez, pero también culta pero de a pie, sin rimbombancias intelectuales, con una rebeldía y locura que el filme celebra, que mira con complicidad.