domingo, 27 de mayo de 2012

A través de los olivos


El célebre cineasta iraní Abbas Kiarostami es el ganador del galardón máximo de Cannes por el filme El sabor de las cerezas (1997). Actualmente asiste al 65avo Festival de Cannes con Like someone in love, compite por la palma de oro; ésta última está ambientada en Japón y nos remite a la aventura amorosa entre un anciano educado y una joven que le vende su cuerpo. Selecciono una película de personal agrado que desnuda su esencia cinematográfica.

El filme nos muestra que Kiarostami busca convertir lo complejo en natural y simple pero no en el fondo sino en la forma, no subyace lo complicado en la trama, que en realidad es muy básica y fácil de resumir en que consta del enamoramiento de un joven analfabeto de una muchacha culta que lo rechaza por serlo y por no tener una casa propia mientras participan dentro de una película, o sea metacine; utiliza de actores a los mismos pobladores, que es algo muy audaz ya que no siempre se logra mesclar realismo y frescura con calidad histriónica, asunto que consigue con notable encanto agregando un aire puro a su realización.

Hay una atmósfera de afecto rondando lo que nos muestra la pantalla, una simpatía que se gana nuestra empatía, fuera de que la insistencia no necesariamente refleje mucho romance o la pareja no sea un canto de poesía sino que se nos hacen muy humanos, muy próximos y en ese cortejo primitivo y sin grandes argucias se parece al de cualquier hombre promedio; ni siquiera la dama se nos hace especialmente virtuosa, puede ser malcriada o insensible pero eso juega a favor del producto, unas figuras muy comunes, la envidia de un postulado no siempre logrado en el neorrealismo, viéndose en el filme un ideal puesto en práctica efectiva.

El concepto del filme es el antes descrito, hacer parecer como que estamos viendo la vida misma, incluso el actor que hace de director nos dice que lo es y nos ubica en pocas líneas sobre lo que referirá el relato. Sin ningún problema, tras las presentaciones, continúa el grupo trabajando la ficción como uniendo verdad con artificio; esto es la grabación de la película en que están Hossein y Tahereh, nuestro vulgar Romeo y nuestra distante Julieta. Da pautas y refleja un cine dentro del cine que no solo muestra su esencia o funcionamiento sino que se acopla a la trama sin fisuras agregando información y sentido al entorno que busca la familiaridad e identificación circulando tranquila por esas aguas.

El quehacer de seducción de Hussein y el silencio de Tahereh va de lo sutilmente melancólico a lo sabiamente dulce hasta lo gracioso, siempre ligero despreocupado con un tono amable para el espectador que se vinculará si está harto de las comedias románticas de resolución de modelo con conclusión feliz, aunque puede ser poco convincente si no somos proclives a esto. Todo confabula por fuera para que se intente un romance pero Kiarostami no va a lo fácil en el enamoramiento y pone muy decididos a ambos en sus antípodas. Sin embargo si bien esperamos una genialidad que los una al final ante tanta resistencia feroz, va más la película de lo que quiere él, de sus circunstancias, de esa persecución y de la nobleza que recalca el amor en juego.  

Empieza como si no hubiera trama y luego de poco crea una casi sin quererlo o pretendiendo que lo creamos de esa manera, con la sensación de espontaneidad e intrascendencia, de que no hay cámaras alrededor o que las vemos en uso como parte de la historia. Sorprende que estemos ante un filme que aspira en toda magnitud a ser sencillo e inocente, que quiere lucir como amateur sin serlo ya que lleva una estética sobresaliente en su reinterpretación cinematográfica.

Éste es un filme que espera que sin que pase nada espectacular nos atrape por completo, basándose en sus pequeños momentos, la broma del eco, los consejos del director (de un Kiarostami oculto que quizás no puede actuar pero si crear un personaje a su semejanza), las consecuencias del terremoto en el poblado persa, la repetición de muchas tomas de actuación para Hussein en una toma fija con un vecino, la impasibilidad de la díscola Tahereh o su trato con su abuela, ver correr a Hussein por el campo detrás de la que quiere que sea su esposa para que instruya a sus hijos, a la que le ofrece comprensión, que siga estudiando o que compartan labores en casa, a la que le dice que son tan buenos como otros para formar un hogar y lograr una vivienda, una retahíla de cositas que con la disposición de asumir esa cotidianidad puede ser vista como una pequeña obra maestra y Kiarostami un genio por llegar y conseguir esa comunicación.

Otro punto clásico de Kiarostami, la geografía rural y pobre es predominante en su arte, que se apega a ese requerimiento de llaneza general, encontrando belleza en todo ámbito menor si se quiere. Hace un constante esfuerzo por romper las reglas del cine de occidente, un cuento amigable y saludable para público que no necesita esforzarse, lo suyo es lo humilde en todo apogeo, pero se entiende la complejidad de lograr esa diafanidad, esa lección de verismo, esa virtud de sus personajes y la empatía con sus población campesina, ese respeto generalizado, un cariño por doquier pero sin facilismos, con la convicción de la esencia. 

My joy

El director bielorruso criado en Ucrania Sergei Loznitsa compite en el 65avo Festival de Cannes con In the fog (En la niebla), una cinta que retrata la convivencia y supervivencia de un partisano ruso acusado de traidor por sus compañeros en medio de la segunda guerra mundial. Su anterior película es la crítica que he escogido para revisar su estilo, el que fue su primer largometraje de ficción convertido por el público en un filme de culto, una rareza siendo documentalista pero que como vemos le ha traído buenos resultados ya que actualmente es segunda vez que se presenta a luchar en la sección oficial del mítico boulevar de la Croisette.

Estamos frente a una trama dura que parece estar adscrita al género del terror ya que asemeja ese regadero de sangre, en la incomprensible ejecución de los hechos, aunque con base relativamente fácil de ubicar en la realidad, sólo que indiferente a las convenciones y es que los guardianes del orden, oficiales del ejército y la policía, pueden ser tan peligrosos como los asaltantes del campo o los mafiosos del mercado que presenta éste relato sanguinario y desmedido, repleto de asesinos despiadados escudados en sus uniformes quienes disparan para robar o encubrir atropellos, una violencia incontrolable que pone a la muerte muy próxima de cualquiera, en una pesadilla que invierte los estatutos de lo que debería civilizar. Ni siquiera la filosofía acomodadiza de un camionero pacifista de que simplemente no hay que estorbar y ser sumiso te equivale a sobrevivir, salvando la locura de volverte un depredador con ese tipo de anarquía en que debes matar primero antes que te maten, o perder el sentido de la realidad.

Los pobladores del medio rural que es el contexto del filme desconfían de sus autoridades o fuerzas armadas, dentro de una Rusia post-comunista, en donde no se teme eliminar a un mayor que se resiste a un abusivo arresto dirigido por subalternos desquiciados. Sin embargo de nada sirve tomar precauciones en el pesimismo de una tierra sin ley en que el terror se da en toda tranquilidad. Loznitsa es implacable con esa imagen creando un aura entre la incredulidad y el impacto, de cara a tanta brutalidad.

La historia central empieza como una atrapante, saludable y lentamente desconcertante road movie para luego ir a negro como en un abismo pasando a habituarnos a un pequeño pueblo aparentemente perdido en medio de la nada, que atisba a sólo enseñar alguna bandera de Rusia en algún traje policial. Llega el giro, enorme, pero seco, mientras quedamos con el asunto en stand by. No obstante ya no hay vuelta que darle, estamos conscientes de que éste es el infierno. Georgy transporta harina al interior del país mostrándonos la idiosincrasia del territorio, niñas prostitutas, iniquidades y venganzas entre compañeros de armas (una matrioska estupenda) o vagabundos que asaltan caminos, hasta que su vida da un vuelco imprevisible que nos lleva a perderlo de vista y reencontrarlo transformado.  

Uno puede creer que hay un personaje principal pero lo más importante más bien es lo que se padece en ese ambiente, la injusticia y el asesinato, que reina sobre todo. Es la ambientación la que ejerce de primer plano y es una salvaje narración que infringe miedo en una sociedad alternativa, fuera de su funcionamiento normal, un discurrir demencial en que al instante se arrebata la existencia. No cabe el efecto de la bondad ya que siempre el desenlace es trágico, no hay hombre que se sostenga en ese medio. Loznitsa lo deja muy claro con varios ejemplos, el maestro explicando el no defenderse incluso en la guerra ya que matar no es una opción para él, el viejo compasivo que recoge al retardado o el mismo minusválido que antes se encomienda torpemente a sus semejantes cayendo en el rechazo y el daño personal.

En el apartado técnico se destaca la constante proximidad de la cámara y secuencias que siguen a distintas personas pasando de una para seguir a otra equivaliendo un personaje secundario a otro protagónico y dándole cabida a diferentes pequeñas historias, a un observar y detenimiento variado que persiste sobre alguien por un rato para pasar a otro que nace y muere en la permanencia y fluidez, o articulando una individualización que agrega más de lo mismo, un caos frenético indisoluble que acarrea negatividad, en que nada mejora, sino se hace más insoportable, más claustrofóbico, desquebrajando toda esperanza para terminar en un callejón (exhibicionista) sin salida, cutremente inverosímil por macabro e inadmisible pero basado en lo que sería un entorno identificable, una crítica implacable de aspecto radical, notoriamente sobredimensionada, focalizada en la nueva forma de gobierno, que funciona mejor o perfectamente como relato de miedo, sin sobrevivientes ni héroes. 

domingo, 20 de mayo de 2012

Hiroshima mon amour

En el 65vo Festival de cine de Cannes hay un autor clásico en competencia, Alain Resnais, integrante de la mítica nouvelle vague. Compite con Vous n'avez encore rien vu (2012). Éste trata de las vicisitudes que genera un dramaturgo junto con sus amigos con relación a la obra Euridice de Jean Anouilh. Para profundizar en el arte de éste famoso cineasta francés, que en menos de 2 semanas cumplirá 90 años, exploraré una de sus máximas obras, que fue su primer largometraje de ficción y una de las mejores representantes del movimiento al que perteneció.

Resnais se apoya en el guion de la escritora Marguerite Duras, creadora de lacónicas frases cargadas de hondo razonamiento algo inexpugnable. El filme se reviste de una elegancia y profundidad en que los diálogos son base de reflexión sobre el romance de una francesa con un japonés en la devastada y vuelta a nacer Hiroshima, espacio geográfico que no piensa olvidar el desenlace de las hostilidades entre Japón y Estados Unidos en la segunda guerra mundial como no logra hacerlo, traumada, Elle (Emmanuelle Riva) que agazapada en un dolor amoroso producto del asesinato de su pareja a solo escasos años de juventud quiere cerrar ese círculo de su memoria al entablar una fugaz aventura con Lui (Eiji Okada), un hombre del que solo sabremos que está casado, muy bien educado y que apasionado insiste en prolongar el affaire.

Bajo la oportunidad de participar en una realización cinematográfica por la paz en la ciudad nipona castigada con la bomba atómica Elle intenta resolver de su mente el inamovible recuerdo de una desgracia acaecida en su ciudad natal de Nevers en Francia, conjugando los dos puntos territoriales en inseparable fusión del lugar y la persona en única humanidad para resolver el pasado pero dejando un pozo en Lui que como factor secundario ayuda y a su vez enfrenta su propio momento decisivo con el que hay que subsistir el resto de la existencia.

Asistimos a conversaciones urbanas, en la intimidad de un cuarto de hotel, por las calles o en un bar. Funcionan para tematizar el seguir adelante sometiéndonos a una especial situación de desgracia que está en pugna para superarse. Hiroshima se vincula con la muerte de un hombre en otra parte del mundo y mientras vemos imágenes derivadas de esa hecatombe que nos sensibiliza sobre la guerra y sus repercusiones acompañamos a esa mujer herida emocionalmente que vive una segunda oportunidad que igual de efímera busca subsanar su corazón y pasar la página. Se lucha con vehemencia, pero no se sabe si podrá lograrlo. Lui pide más que una escapada amorosa, en donde no faltan víctimas que parecen quedar siempre en segundo plano, además de que padecen ellos mismos. Trama de difícil resolución y en las pocas horas que les queda juntos se discute, se rememora, se contextualiza, se usan flashbacks.

Vemos románticas tomas de cuerpos mezclados en las sábanas mientras se repiten frases y se da un tono poético a inquisiciones privadas y vistas detenidamente universales, no exento el producto de fuerte dramatismo, sobre todo en la intensidad visual de lo ocurrido en la ciudad que los alberga actualmente (lleva un comienzo de aclimatación documental a un contexto histórico que puede chocar y desagradar ante su crudeza). Ella dice yo soy Nevers y tú eres Hiroshima, punto central del relato y que articula esa confrontación, esa insistencia de hoy y de ayer, un interminable epilogo que queda en nuestra imaginación rondando luego de tanta cavilación y vacilación, de duda sobre el futuro, para completar como sugiere la trama aunque si vemos a Hiroshima en 1959 (año de la obra de Resnais) hay optimismo, mostrándonos un paisaje bello, próspero y preocupado por la debacle atómica que es un hito de inflexión para sus habitantes y para el resto de los seres humanos como articula Resnais en su tratado cinematográfico. Lleva vaivenes en un hilo que parece espontáneo aunque está bien planificado; es un filme potente y seguro, solo que sin dictaminar respuestas totales sino probas en introspección.

Me resulta infaltable la mención de su relación con la película Casablanca (1942), que podemos ver como denominación de un establecimiento en Hiroshima. En ésta versión un hombre los une y no los separa. La melancolía primero y después el amor de un perfecto romance -aunque pasajero- que hay que vivir para obtener el perdón, el olvido, y cimentarlo finalmente como un recuerdo sano. No obstante es inevitable que tenga de historia triste, ya que todo indica que de igual forma tiene que terminar, desde la que es una experiencia significativa, tanto como concepto intelectual, que es lo que plantea el dúo Duras-Resnais. 

miércoles, 9 de mayo de 2012

EXistenZ

El canadiense David Cronenberg compite por la palma de oro, en Cannes, con Cosmópolis, una adaptación cinematográfica del libro del famoso escritor norteamericano Don DeLillo que contará con la estrella de Hollywood Robert Pattinson, una amalgama curiosa entre una celebridad de adolescentes y un realizador históricamente para minorías ansiosas de rarezas, un director que no es tan popular entre las mayorías ni en festivales o galas de premios pero alguien que es admirado por un grupo pequeño que le rinde culto y que ha ido incrementando notoriedad.

Desde que Cronenberg se inicio su vena fantástica y de terror en películas de tipo B lo han llevado a ser un pequeño ídolo del séptimo arte. A través del tiempo se ha ido estilizando hasta ofrecer mayor calidad sin perder ese aire personal que siempre lo ha definido de alguna forma como un rebelde que articula cultura. Una obra que le brindó uno de sus más grandes reconocimientos es EXistenZ (1999) que le dio el oso de plata a mejor dirección en la Berlinale.

Confundiendo realidad con fantasía tenemos que la creadora de videojuegos Allegra Geller (Jennifer Jason Leigh), ayudada por un publicista que hace de guardaespaldas, Ted Pikul (Jude Law), decide probar su nueva invención metiéndose en un espacio en donde las conspiraciones están a la orden del día. Así somos introducidos en un circulo interminable en que avanzamos en bucle, participes de la enemistad y conflictos por la destrucción del producto virtual en que se rige el filme. Yendo a la parte central es el relato de dos personas dentro de un videojuego que conectados a un cable por la espalda tienen que resolverse en esos límites pseudo reales.

Cronenberg quien también escribe el guion se las arregla para crear un futuro próximo en que recurre a un aspecto sucio y un gore básico en que caminamos sin saber que viene más tarde, siendo un agregado interesante el querer saber en qué consistirá el desarrollo del juego virtual y aunque es bastante extravagante, tampoco define exactamente que pruebas permiten pasar a otro nivel, se las arregla para mantener coherencia. Exhibe muy bien la intriga, se desconoce si los héroes han perdido o ganado, o si los protagonistas han contraído una infección al ser orgánico el aparato que relaciona el sistema de entretenimiento y por ende está malogrado, mientras se formula una constante pregunta de si están fuera de éste mundo alterno o no.

EXistenZ es un filme especialmente sencillo que se logra sostener sobre todo por la curiosidad y la ambigüedad pero que en sí no se trata de mucho, aunque astutamente no baja nunca la tensión. No se hace problemas en la simulación de un espacio nuevo, pero parecido al verídico, ya que además esa es su arma de fondo. EXistenZ se hace una forma divertida de apreciar a través de su perspectiva de continua desconfianza u oscuridad, no clara para nadie, ni siquiera para la autora del invento que está tan confundida como el neófito de su acompañante, quien es también su contrincante. Estamos frente a un cine raro de degustar, pero bastante atrayente, pulido ya por la experiencia, y aunque ésta película no será una obra maestra es muy digna de un séptimo arte aun aventurero, que no parece pretender más que arrastrarnos ésta vez a una locura ligera que representa el recurso mayor que manipula en su filmografía un Cronenberg que sabe transformar el delirio en entretenimiento.  

sábado, 5 de mayo de 2012

Central do Brasil

Estación Central (1998), del brasileño Walter Salles, lleva un indiscutible respaldo, con sendos premios importantes como el Bafta a mejor película en lengua no inglesa, el oso de oro de la Berlinale, el globo de oro, el premio del jurado en el Festival de Cine de la Habana o el premio del público en San Sebastián. Éste es un filme que nos habla de la relación de una mujer sin ningún tipo de familia que vive de estafar a gente analfabeta redactándole cartas que luego rompe, con un niño que pierde a su madre atropellada en la estación central de Rio de Janeiro, y que mostrará el afecto y la sensibilidad que el amor produce en los seres humanos dándoles la oportunidad de reivindicarse o como es, de solo amar tal cual producto de una novedosa experiencia que derrumba los antecedentes de la perenne desilusión y acerca la fe que otros destruyen en un mundo que como muestra Salles en sus panorámicas rurales y en sus caseríos pobres no nos circunscribe a ningún lecho de rosas.

Una misión aproxima a esa pareja de desamparados como en esa hermosa toma de ambos alejándose hacia el interior de una pista al estilo de Tiempos Modernos de Charles Chaplin; encontrar al padre del pequeño Josué, con la ayuda de Isadora, la actriz brasileña Fernanda Montenegro que estuvo nominada al Oscar por ésta actuación. El padre que buscan es un hombre mujeriego, irresponsable y alcohólico que aún así es la admiración de un hijo que no lo conoce y no para de contar que su progenitor construyó por sí mismo su casa producto de su habilidad con la carpintería. Josué sueña con ser conductor de camión y su perspectiva de vida es tan simple como la del contexto y el conjunto de los personajes que nos reúnen frente a la pantalla. Salles hace un acercamiento a una naturaleza muy precaria, una población muy básica que se saben como dice un poblador en el fin del mundo pero sin romanticismos ni exageraciones melodramáticas sino que nos ubica en la religiosidad de la gente y en su quehacer diario como telón de fondo, sin un embellecimiento pero tampoco sin ninguna tragedia. Es como pasear por ese universo que atrae a los turistas o a los urbanos, a esa diafanidad y felicidad que aspiran buscar fuera de la vorágine de sus imponentes ciudades.

En su inicio hay un color que estéticamente pinta el ecran de un aire optimista aun no siendo las condiciones más fiables o más adecuadas. La estación central es un sitio donde los robos se pagan con la muerte, se trafica con niños y está surtida de muchas irregularidades anacrónicas para la bien llamada civilización moderna aunque ésta también es magma de esas realidades adversas. Luego a manera de una road movie la mujer adulta entrada en años de talante duro pero común y el chiquillo lenguaraz de espíritu independiente, noble e inocente, dos personalidades enriquecidas en la trama que solventan ese acompañamiento por los pueblitos del Brasil, crean un sentimiento, en un espacio geográfico pintoresco y a la vez menos evolucionado, arma idónea para un filme que funciona sin exacerbar intrascendentemente la emotividad aunque no faltan momentos claves con el impulso de solventar esa relación y esa esencia, el niño perdiéndose entre el gentío huyendo de su “madre adoptiva” desesperada persiguiéndolo lenta a la distancia, el camionero evitando un encuentro sexual ante su fe evangélica y el consiguiente consuelo en la conversación entre Josué e Isadora que indirectamente desmiente la poca presencia física de ella, el vestido regalado tras la jornada improvisada de trabajo o la fotografía de 3 reales con un santo local. Todo justificado ya que el director carioca termina expandiendo y cerrando cabos, generando conclusiones en la línea de esa confabulación que produce risas además de llanto en la última carta, como en el hurtar de una tienda de comestibles tras la mentira de devolver lo antes cogido o con la pícara pero efímera escena de la cama compartida cuando el niño dice ser un hombre de muchas aventuras sensuales.

Es un filme con distintas aristas, tranquilo y alegre a fin de cuentas, de una llaneza muy ejemplar pero sobre todo porque es natural con los protagonistas en sus múltiples defectos, en su interrelación desigual en años pero en la verdadera horizontalidad y que no juzga aun con pruebas, aceptando y creando una nueva puerta demostrando que las dificultades son el camino del engrandecimiento personal y que mientras vivamos nunca quedamos fuera de mejorar interiormente, sin importar la edad, tal así como humanidad, siendo un tema muy propio de todos, a manera de una suave y discreta lección que explica cambios y voluntades solo con tomar un poco de consciencia sobre los demás, aunque bajo un claro vinculo especial que es lo que fomenta por completo el relato. Isadora no es ningún dulce aunque en el fondo yace alguien golpeado que implica una indiferencia aprendida más que otra denominación desfavorable, y es en las idas y venidas del mundo, en sus choques vitales, que se puede vivir la mejor de las experiencias, un momento único que marca nuestras existencias, el niño con la mujer que nunca va a olvidar sin que ella quiera ser por una vez olvidada.

domingo, 29 de abril de 2012

El viento que agita la cebada


Nos remite a la lucha por la independencia de Irlanda del poder inglés hasta la guerra civil que desunió al Ejército Republicano Irlandés (IRA) en dos bandos, representados por dos amigos desde la infancia, Damien O´Donovan (Cillian Murphy) y Teddy O´Sullivan. El primero es un idealista total, quiere que el rey de Inglaterra no tenga ninguna injerencia sobre su país ni que Irlanda esté separada en dos territorios, además de resentir las diferencias entre la población y su élite en cuanto a contrastes abismales de hambruna debajo de gollerías en el extranjero, mientras el segundo acepta el pacto de paz entre las dos naciones en conflicto a cambio de llevar un gobierno independiente aunque aún relacionado a Inglaterra.

Éste es un filme que aún siendo de origen inglés -por la nacionalidad del director, Ken Loach- sorprende con una propuesta a favor del IRA, poniéndose no solo desde su parte de la historia sino sentimentalmente en todo momento, desde el inicio se ve el abuso infringido por los anglosajones y el valor de ser libres de los descendientes celtas de la opresión foránea invasora que quema sus casas, realiza ajusticiamientos ante el deseo de una propia identidad o hace requisas salvajes en lugares públicos y en el campo. Son esas humillaciones que conmueven y agitan a O´Donovan que solo busca ejercer la cátedra de anatomía y casarse, sin embargo ante la situación decide pertenecer a la guerrilla hasta las últimas consecuencias.

El filme demuestra el alma heroica de los combatientes irlandeses más humildes y aunque no hay una desproporción marcada de fuerzas en el filme se entiende el valor del sacrificio y la desigualdad de un campesinado orgulloso y valiente que son los que dirigen la revuelta. En ningún momento se disminuye su procedencia ni su educación, se ve la esencia socialista de Loach en enaltecer a la población de pie dejando de lado marcadas realidades comunes.

Esta propuesta es fiel al idealismo de sus bases revolucionarias y las estimula reiterativamente como estandarte, como se puede ver en un pequeño juzgado rural que demuestra que el interés personal o la necesidad no se sojuzgan sino ante la ética, la justicia y la honestidad, aunque implique perder ayuda económica. Eso divide desde un inicio a los que representan a O´Sullivan y O´Donovan, dos facciones que están unidas por un deseo conjunto de independencia pero separadas por ideas y acciones, uno de los motivos principales del filme. No obstante recurren a algunas semejanzas, el amigo que debe eliminar al compañero de toda la vida por traidor o por no obedecer los requerimientos de su ideología. Uno de los mejores instantes del filme es la recreación verbal de la entrega del cadáver de un joven ajusticiado por su gente a su madre, viendo más tarde en pantalla ese mismo quiebre emotivo desde la interacción exacta.

El viento que agita la cebada (2006) le da la oportunidad a Cillian Murphy de lucir mayores habilidades histriónicas tras deslumbrar en Batman Begins (2005) en su interpretación estupenda del villano El espantapájaros que ahí con plástica y sugerente expresión nos hace creer su dualidad entre locura y ciencia; ésta vez lo hace nuevamente -ante más compleja exigencia- con vasto e indiscutible talento si bien provoca algo de sencillez a su personaje que lo hace perder algo de valor en general, no por algo intrínseco en el hombre asumido sino por una falta de cierta vitalidad e intensidad –que las tiene sino que sin impresionar ávidamente- o ensanchamiento de lo que podría ser o debería ser, quizás para no sobredimensionarlo o no sacarlo de la imagen global de lo que es su revolución que es lo que prima aun en el peso contextual fabricado en su persona por el ingenio de Loach aunque indiscutiblemente es un punto cardinal en la trama así sea él precisamente una ficción. Su presencia es recurrente, trascendental y representativa para desarrollar perspectivas pero puede justificarse su interpretación a las ordenes requeridas, y eso no quita que lleve escenas magníficas, pero pequeñas o especificas, en sobre todo un compendio de instantes graves, el querer sustituir a O´Sullivan a puertas de la próxima tortura, el deshacerse de un traidor de aparente timidez y atrapado en circunstancias especiales, el dar discursos morales frontales sea en la iglesia a contracorriente de un antiguo aliado eclesiástico o en una celda a costa de la muerte, el involucrarse tan visceralmente con cada etapa del conflicto inglés y entre hermanos de patria; algo que es mucho menos contundente en el actor desconocido Padraic Delaney que hace de antagonista en la guerra civil irlandesa en el papel de O´Sullivan que está conforme con el éxito alcanzando en la independencia y que luchó codo a codo con O´Donovan, quien podría haber saltado a la fama con una actuación predominante, pero que solo cumple tranquilamente su rol aunque sin acaparar atención como para recordarlo demasiado.

Loach crea un filme bello estéticamente –como el título que suena muy literario y que deviene de un poema irlandés- que necesita de poco para sugerir (no vemos mucha sangre ni siquiera en las balaceras o en los ataques mutuos). Loach, con el guión de su habitual Paul Laberty, se muestra solvente, maduro y atinado, sobre todo en sus “sutiles” y necesarios clímax resolutivos que aspiran a motivar y entusiasmar como los cantos a instantes de la inmolación de los once revolucionarios o la carta de despedida del mártir central antes de los tiros, sin perder sentido a elección de evitar exceso ya que todo se sostiene en lo poco más de dos horas de duración de la película, humilde en cuanto a recrear esa etapa revolucionaria aunque clara como para crear afinidad, emotividad y entendimiento.

viernes, 27 de abril de 2012

Air Doll


Air doll (2009) es una película que sale de cierta forma de la filmografía de Hirokazu Koreeda o puede dar solo esa impresión en realidad pero que claramente mantiene el estilo del cineasta japonés, su extrema sensibilidad dentro de la reflexión de temáticas muy duras. La que nos compete se puede ver como la introspección de la promiscuidad de una prostituta y sus emociones más personales, además de un paralelismo general con el vacío, la soledad, la indiferencia y la melancolía de los seres humanos.

La trama nos remite a un relato fantástico en que una muñeca inflable toma vida. Mientras sigue cumpliendo sus funciones de noche con su dueño, de día trabaja en una tienda de renta de vídeos, a la vez que descubre significados en el planeta.

El aspecto general de Nozomi, la estupenda actriz sur-coreana Doona Bae que toma movimientos y estética perfecta, es de una candidez y docilidad extrema pero provista de una dureza irrefutable en aceptar que es una sustituta de la realidad sexual de un hombre, un objeto que brinda placer sin la más mínima negativa. Sin embargo ambigua en su definición esencial ella quiere entender el mundo, provista de un corazón despierta en ella la curiosidad natural de su entorno e indaga en las relaciones humanas.

Los vuelcos por la existencia de quien no conoce nada se dan sin mediarse problemas para el autor del filme, recordando que es propio del género de fantasía aunque de estructura muy en orden realista que es como si algo excepcional se introdujera en toda una cosmovisión convencional e identificable con facilidad.

Éste idóneo drama existencial a manera de parábola abunda en metáforas y la pertinente reflexión de que el mundo es un lugar cada vez más frío, más triste y más individual a pesar de que como nos dice la película, todos dependemos de los demás, somos un constante complemento como las flores que sin el viento ni los insectos no polinizan su pistilo y no florecen. El presente es un filme de base sencilla y entretenido pero cargado de ideas.

El desenlace como en todo filme de Koreeda se alarga constantemente, parece querer resolver todo cuanto pasa por la mente, una valía para los curiosos pero un poco molesto, queriendo cerrar un circulo sin perder una línea, un ir por múltiples posibilidades que cae en la sobre-exposición última. No obstante tiene su mérito ya que acierta en su mayoría, si bien el final es algo tenue, dentro de un aporte que remite a que el contexto central es más que suficiente, ya que inicia igual, de lleno a la narración sin crearse conflictos, un ir al aparato meditativo que refleja la muñeca inflable.

Es notorio el querer pensar a través de ella, como en la banca con el viejo haciendo el símil de lo humano con el objeto de placer. También hay una crítica muy patente a como nos desenvolvemos como seres humanos en nuestra contemporaneidad, las ciudades consumen la vida, el hombre vive y convive mal, no sabe generarse la felicidad sino más bien hace todo por alejarla, en su torpeza. Incluso el amor y la alegría de Nozomi desfallece/muere, siendo concluyente que los cuentos de hadas no terminan muy bien ya, en un contexto masivo humano proclive a lo inmisericorde y al inminente fracaso, un pesimismo palpable, a pesar de que hay un aire de entusiasmo y de fe. Las respuestas no alcanzan ni la bondad surte el efecto deseado en el interior de la pantalla, quizás porque lo desagradable hace mayores estragos en nosotros, aunque como se entiende tenemos la última palabra como espectadores, a ponerlo en práctica tras la lección.

Nozomi, aunque se intuye, parece ocultar ir a un inexorable destino y es que no logra adaptarse -siendo aún en su carácter especial una vista colectiva y reconocible- ya que su aventura está plagada de realidades implacables que consumen y destruyen pero como ser que es tratado como objeto y se ve como tal, aunque su secreto no sea el que define el asunto ya que es un pretexto todo el aparato de la muñeca inflable. Es un filme que va en la línea de Koreeda pero con algo más de fuerza de lo acostumbrado en un salto “abrupto” pero coherente hacia la descomposición digna de las más crueles tragedias, hasta la ausencia del deseo de supervivencia, que existía en Nadie sabe (2004), filme emblemático del cineasta japonés, que era más gradual y abiertamente irremediable.

Se sobredimensiona el drama cuando se piensa mucho, por ello el que sea una muñeca inflable lo hace más digerible, más pedagógico y menos exigente en cuanto a sentimientos, o de repente no si lo vemos desde su posibilidad que lleva una cierta frialdad para no endulzar ya demasiado, notando que Koreeda de por sí es bastante perceptivo, agregando un ambiente ordinario de neutral a algo cálido muy necesario, que puede cansar si no somos cercanos a lo estático en un cine que requiere calma, contemplación paciente, que igual lleva un tema interesante que despierta atención y que es una ventaja que se explota muy bien, que se amolda preciso al requerimiento de un cineasta con las características de Koreeda y que a pesar de mostrar coitos y una banalización recreativa de lo que es el siglo XXI lo hace con el buen tino de un fino pero consistente demiurgo.  

Koreeda mengua a ratos la paliza con un cántico de optimismo circunstancial en que lo cotidiano puede ser encantador pero luego cambia y enaltece a la desventura pero sin paliativos a la hora de la verdad, sea viendo al jefe de la tienda de cine chantajeando a Nozomi a cambio de sexo, las múltiples personas sufriendo en sus ambientes concretos e íntimos o en el juego erótico y el consiguiente terrible error de inflarse al creerse semejantes. Pero como implica el final del filme, hay belleza en el lugar menos pensado, un aliento de reposición cuando Nozomi agradece a la creación, al creador, también a la capacidad de comprender, valorando lo que muchos consideran pequeñeces o desgracias como el nacimiento, el cumpleaños o la vejez, o en el anhelo de sentir, de amar todo y –no literalmente- a todos, por eso su idiosincrasia es triste, que es sello de Koreeda, en el quehacer humano de esos dos embaucadores del verso de Kipling que dice que no hay que dejarse engañar ni por el triunfo ni por la derrota.

La película es más que sobre sexo o amor, eso sería encerrarla en muy poco -siendo temas muy bien manejados además- o muy simple para venderla, es la historia de una niña en pleno mundo, explorándolo cuando éste lo que hace es combatirla por leyes que todos absurdamente nos generamos, un desamparo que requiere ver belleza en lo triste y amor en la comunidad de todos, que es el mensaje que aplica Koreeda.

miércoles, 18 de abril de 2012

Millennium Mambo

El cineasta chino Hou Hsiao-hsien es famoso por muchos reconocidos festivales en que ha logrado recibir alguna premiación importante entre ellas el león de oro del Festival Internacional de Cine de Venecia. Nos trae aquí una historia de búsqueda y supervivencia del amor, la de Vicky (Shu Qi), en medio del comienzo del nuevo milenio en donde observamos en su vida con relación a dos parejas suyas, Hao-Hao, un joven descolocado en el mundo que vive del hurto, la música electrónica y las drogas, y Jack, dueño de un club -en que Vicky hace de anfitriona- y quien aparentemente está implicado en negocios turbios. Ambos de trato muy distinto nos mostraran la convivencia y dependencia emocional entre ellos, su conflicto constante y la idiosincrasia nocturna-liberal de su diario quehacer, los nexos entre ciertos vicios de juerga y el discurrir vago de su existencia muy en la onda de nuestra contemporaneidad juvenil libre de ataduras y de reglas severo moralistas. Vicky es el eje de ese ir sin rumbo que se nos presenta.

No puede pasar desapercibido que hay una narración en off que anticipa recurrentemente el clima posterior de la historia y que nos deletrea los acontecimientos ayudando a entender el ambiente mínimo que ocurre pero que se nos hace como una intrusión que hace recordatorio de una falla general en lo que se ha fabricado, una sorpresa viniendo de un cineasta de la envergadura de Hsiao-hsien. Pero haciendo cierta salvedad puede que él halla estado buscando otorgar un estilo a su obra. No obstante pasa por error técnico ya que desfavorece el producto al incurrir en descripciones que hacen lo que debieran hacer las imágenes y sin tampoco haber tenido que abandonarse a la dificultad.

Una segunda forma estructural especial del filme es una sensación de fragmentación, no en forma ordenada, que se articula como en un especie de rompecabezas de piezas apenas separadas, esto le da dinamismo, versatilidad y se puede ver como una gran virtud del producto ya que de no ser así fuera algo más cansino y tedioso por carecer de intensidad en su trama.

Un síntoma general aún con el ambiente de grave inestabilidad, celos violentos y fastidios complicados de su primera parte o un segundo plano elíptico de su siguiente mitad en relación a repercusiones criminales es lo anodino, lo apacible, lo frívolo o lo intrascendente. Hay una tranquilidad que se pega a la pantalla y aborda al espectador, un querer no impresionar al público, aunque halla una modernidad que es escandalosa, pero que no quiere tocarse de esa forma más que mostrándola tal cual, y que tampoco deja fuera un aire romántico o inocente que distribuye una dosis de fe en la monotonía actual y una diafanidad en medio de todo, una adaptación general y un aire de condescendencia hacia lo que administra el título de la realización, una nueva era, un baile festivo que no lo es tanto pero que no llora sus nuevas maneras sino que sigue creyendo y queriendo la felicidad con un optimismo seco a prueba de derrotistas, depresivos o pesimistas, como con el viaje último para ver paneles publicitarios.

Hay enojo y desencanto, por eso nuestra protagonista bebe y fuma con efusividad o evita caricias o preámbulos sexuales. Sin embargo el tono interior flota leve en toda la historia. A pesar de la gigantesca agresividad existencial negativa, Vicky sigue soñando y viviendo buenos momentos. Cree que quien la dejó quiso llamarla para volver a reunirse con ella en otro lugar fuera de Taiwán; sigue viendo afectos en otros y proyectando una cierta emotividad fuera de los errores amorosos.

Tenemos una película de algunos rasgos psicodélicos en el inicio y luego oscuros en vínculo con el amor de ese llamado nuevo milenio en que nada es tan fácil como antes o así reza siempre la frase del pasado siempre fue mejor. Efectivamente nada es igual. Es una auscultación cinematográfica de un pensamiento conocido pero trabajado con destacada delicadeza sin faltarle fidelidad. Resulta bastante interesante desde la contextualización china aunque desde un sitio moderno como Taipei. No obstante resulta pequeña en esencia por deseo creativo, autoral, pero sosteniendo un aspecto culto, aunque carente de mayor fuerza y quizá mayor relevancia.

martes, 10 de abril de 2012

I saw the devil

Otro nombre importante dentro del cine surcoreano contemporáneo es el del cineasta Kim Jee-woon que nos trae un filme en la dirección de la llamada trilogía de la venganza de Park Chan-wook que nos recuerda en particular a Oldboy (2003). El asesino en serie que es perseguido y torturado por el agente del servicio secreto que quiere hacerle pagar un daño insalvable de su alma, es el actor Choi Min-sik, el que hiciera del protagónico en la mencionada famosa película. Su contrincante en ésta salvaje cacería es el actor Lee Byung-hun, popularmente conocido de otra cinta de Kim Jee-woon, El bueno, el malo y el raro (2008), un western asiático muy libre que invoca a la obra maestra de Sergio Leone.

Bajo la premisa de un monstruo engendra otro monstruo el filme busca la redención del dolor infringiendo el mismo método, cuando un agente decide cobrar venganza ante un asesinato que marca su existencia; pero es cuando el juego de atrapar y soltar a la presa cobra una mayor dimensión y el desenlace parece no augurar ninguna retribución, que finalmente no falla logrando triunfar el conjunto que genera unos vaivenes que ponen a prueba al espectador y le brindan la satisfacción de un constante imprevisto y una sensación de callejón sin salida, cerrando una realización que desde el inicio juega limpio, coherente, y nos enseña de que va la propuesta.

No bien iniciada la película parece todo acabar con velocidad ante un desarrollo precoz cuando nos damos cuenta que nos espera un contexto de sadismo en el ojo por ojo y diente por diente, un alargamiento que se torna pleno en la trama, incluso con explicación de por medio, y no queda ahí nada más sino que se vincula la violencia con el castigo con múltiples ejemplos que desfiguran la línea de lo correcto y lo malvado sin que quede duda de que nada detiene a ninguno de los dos demonios protagonistas, intercalados uno con el otro en esa aparición que delinea y titula la cinta, ante el no entender la dimensión de maldad que se propicia y que no tiene donde acabar siendo la acción próxima mayor a la anterior en una inquietante subida de adrenalina constante, hacia un nivel superior de recurso, para lo que el ingenio último propone una salida que inutiliza el no temer, el resistir a la brutalidad y a la falta de remordimiento que es como la cereza del pastel de cara a venir de otros finales, de los que llegan y se estiran en nuevo reto.

La intensidad es palabra digna en la obra cinematográfica presente, un cuento fantástico de depredadores humanos donde la ira y el sufrimiento se mezclan bajo la frialdad de los actos, acabando donde inicia, en un espejo donde el policía Kim soo-hyeon (Lee Byung-hun) y el criminal Kyung-chul (Choi Min-sik) juegan a destruirse moralmente, uno por naturaleza y el otro por el contexto que inflige el primero para luego en retribución fabricar otros similares en el deambular por la cotidianidad de un asesino pagando sus culpas con la propia sangre.

Lleva actuaciones de lo más destacables de los dos intérpretes principales que se ciñen a la incapacidad de compasión sea por goce o por condena correlativa, sin que medie la constricción en sus semblantes implacablemente herméticos a la debilidad en lo que ejecutan, a la burla en la iniquidad mostrando vehemencia, sinrazón o la justicia por propia mano que se amolda a la convicción de una ley anormal. Un discurrir de dos bestias muy bien dibujadas, una con algún matiz sensible, serio y algo entendible aunque semejante al otro descabellado.

El presionarse para generar sufrimiento en el enemigo es algo que llena la pantalla en cada gesto facial o ademán, hay fuertes emociones que se pueden sentir con ambos, indisolubles para entender la furia interior logradas en la lucha que pone a Choi Min- sik en situaciones límites pasiva o activamente, como el destemple que genera el ya no tener corazón en la dureza que impregna la caracterización de Lee Byung-hun.

Un rito de violencia que implica canibalismo, secuestros, violaciones, mutilación o inmisericordes múltiples apuñalamientos en un auto sin control en lo que puede ser una road movie de castigo mutuo de dos imbatibles adversarios. 

Medianeras


Luego de coger experiencia con cinco cortometrajes, el cineasta argentino Gustavo Taretto recoge la idea de uno de ellos al cabo de seis años y decide convertirlo en un largometraje, el que tenemos ahora. Nos cuenta la historia paralela de Martín (Javier Drolas) y Mariana (Pilar López de Ayala), dos treintañeros principalmente independientes, solteros abandonados por sus respectivas parejas, fóbicos y solitarios que viven en una ciudad donde sus edificios se usan como metáforas de la vida de sus ciudadanos, justamente el título evoca el lado olvidado/secreto de cada existencia humana.

Mientras asistimos al pasar de tres estaciones observamos la descripción de la infraestructura de Buenos Aires que nos remiten a la incomunicación y la dificultad de hallar el amor o la realización personal de dos de sus habitantes representativos. Con un aire fresco asistimos a la vida diaria de Martín y Mariana que buscan adaptarse a la capital que como expresa un narrador en off le da la espalda a su río y cubre el cielo de alambres de teléfono.

Con una simpatía que nos aproxima a sus dos protagonistas los conocemos en su intento por vivir lo mejor que pueden anteponiendo ese recordatorio del filme en que se nos dice que casi nadie planea su recorrido en el mundo sino que lo va descubriendo y aceptando, llevando en sus caracteres la motivación central de buscar encontrar una relación afectiva bajo varios intentos infructuosos, y es que ambos nos hacen saber de su personalidad de boca propia y el contexto en que se mueven con una franqueza digna de confesionario para un católico practicante, y aunque son bastante particulares no dejan de ser sensibles, agradables y a ratos audaces, amenos pero comunes y familiares a cualquiera de nosotros; sus problemas son los que aquejan a muchos y sus rarezas muy afines a las tantas que todos podemos sobrellevar con flema, un vinculo que nos decide a apreciar la temática de mano de sus ejemplos didácticos que al estar bien definidos llevando dentro tantos matices convierten en destacable la propuesta.

Un realización que lleva tintes de novel usando el típico desarrollo tras el detalle de algún arquetipo que a razón del tema es bastante inclasificable y amplio en sus personajes pero a la vez fácilmente identificable reduciéndolo a esa riqueza personal que alberga emotividad y múltiples limitaciones que no merman el conjunto que se despliega con interesante complejidad aún en su llaneza comunicativa, buscando ser fresco sin ser efectista pero con un deseo de trasmitir una preocupación e idiosincrasia general trascedente para muchos, teniendo su mejor arte en la empatía de sus artistas e interpretaciones; la construcción de dos seres humanos en un mundo en que ser anónimo toma importancia en el reflejo del espectador.

Se destaca al funcionar que aún siendo una nueva oferta se quiera ir por el aire clásico en un filme bastante contemporáneo, sin que haya vulgaridades o facilismos metódicos, sino una vena limpia que quiere valer por una identificación moderna pero acorde con una madurez que no pierde su libertad ni su naturalidad, y que no quita que haya una comedia básica y algunos momentos sencillos que se ven sin molestia, también se articula medios actuales de comunicación como internet y mensajes de texto. Es una película que se dirige al resto por medio del adulto joven de la clase media trabajadora preparada que sufre en un aislado-complicado siglo XXI, el centro de la población promedio, para refractarse con cierta neutralidad general luego ubicable en todos que sirve de una suerte de clara elucubración que se da fácilmente para ser visionada, incluso satisfaciendo a los más exigentes sin sobredimensionarla que sobre todo es una decente ópera prima.

Diáfana y precisa sin caer en la nada, es algo tranquilo pero con sustancia, y es que además posee una esencia romántica, ligera y hasta una suave melancolía discreta que pasa con agilidad y sintonía relajando y haciendo reflexionar con un drama con inquietudes existenciales casi no percibidas por sus habitantes, más al tanto de una crisis y su subsistencia que para el filme es solo el pico del iceberg o un síntoma de la nueva civilización.

Directa a la consciencia con tono moderado que tiene pequeños momentos de gloria, detalles valiosos y una ambientación urbana que se siente cerca. Mariana y un maniquí nos remiten al vacío, luego le dice que solo fue sexo, que no se entusiasme, unas plantas que crecen entre el concreto nos motivan a asumir la fuerza en medio de lo imposible, la construcción de un rascacielos es uno de los desquites más grandes que traza un corazón roto, la imposibilidad de hallar una caricatura en un álbum se asocia con la dificultad de encontrar nuestra otra mitad… son todas esas manifestaciones destellos de luz, estrellas en el firmamento que deberían hacernos pensar en que no somos el centro del universo como nos cuenta Mariana en una auto-definición de ella y la humanidad pero que nos debe motivar a cambiar, a ser mejores y a conseguir la felicidad, ya no sentados silenciosos molestos y deprimidos por el ruido de un vecino desconsiderado sino absolutamente contentos de quebrar ese mal ritmo cotidiano y hallarlo (a) en la calle como salida de la fantasía, quebrar estatutos de pesimismo entre la inocencia y la realidad.