domingo, 24 de junio de 2018

En legítima defensa (Quai des Orfèvres)


El título original hace referencia al sobrenombre de la unidad de investigación criminal de Paris, nombre lógico cuando se centra el filme en una investigación, con un inspector bastante genial, el inspector Antoine (Louis Jouvet), que es muy perspicaz, imponiendo presión, recorriendo los lugares implicados, entrevistando sospechosos, haciendo preguntas afiladas. Se centra en tres sospechosos, que contienen amores entremezclados, incluyendo un secreto lesbianismo, un amor imposible, como lo adjudica una frase ingeniosa de Antoine.

Uno de ellos es el marido celoso, el bueno de Maurice Martineau (Bernard Blier), pianista que muere de amor por su mujer, la que le da dolores de cabeza con el uso de su sensualidad para lograr ascender como artista. La segunda es justamente ella, apodada Jenny Lamour (la encantadora Suzy Delair), que es pícara pero jura ser fiel, y demuestra amor por su marido. La tercera es la fotógrafa Dora Monier (Simone Renant), amiga leal e incondicional de ambos.

El asunto es muy sencillo, pero muy rico, un hombre viejo y jorobado dueño de muchas empresas, adinerado, Georges Brignon (Charles Dullin), es un viejo verde y suele buscar jovencitas para pasar el tiempo. De esto que tenga especial fascinación por la sensual y provocadora Jenny Lamour que suele juguetear con los viejos, entusiasmarlos, y la invita a una cena a solas, sabiendo que es casada. Pero eso no le importa a Brignon. Ella quiere dársela de lista como siempre -seducir, conseguir algo y luego fugar- pero le sale mal la jugada. Termina golpeándolo en la cabeza con una botella de champagne.

El marido se entera de la cita y tras haber lanzado una amenaza directa va a matar al viejo, pero se topa con que ya está muerto. Por último Dora trata de cubrir a su amiga y se presenta en el lugar del crimen. Por todo lo mencionado los tres quedan incriminados tratando de esconder sus pasos ante las pesquisas, de la audacia investigativa de Antoine. El director Henri-Georges Clouzot como en su obra El asesino vive en el 21 (1942) hace unos interrogatorios jugosos, mejorando todo lo decente de ese filme predecesor.

El filme juega sus cartas a la vista, por un lado está el investigador tratando de resolver el caso con nuestro conocimiento y por el otro los implicados queriendo no ser descubiertos. Tanto Jenny como Maurice temen ser hallados culpables, Dora simplemente los ayuda, pero no le importa quedar como cómplice o hasta como culpable. Tras éste momento criminal se despiertan los afectos, se transparentan las lealtades y las prioridades sentimentales. Es un poco película romántica, aunque predomina la tensión policial.

Quai des Orfèvres (1947) tiene momentos musicales hermosos de la mano de Suzy Delair que como Jenny Lamour trabaja en un music hall, un teatro de espectáculos. A su vez tiene diálogos muy agudos y otros emotivos. También tiene un desarrollo que agrega una pizca de misterio y se resuelve sin ser predecible por más que juega con las cartas a la vista. Es ingeniosa la lucha entre ocultar un crimen y ser perseguidos por la policía.

Es un filme rico en sentimientos y en acciones, por igual, otorgándose una belleza muy clásica, con la inteligencia de un Clouzot que sabe manejar muy bien lo escabroso y ser sutil. Marca de la casa, mostrar elegancia, pero tratar todos los temas –no tergiversar la realidad-, como los propios del crimen pasional, maestría que vemos profundamente en La vérité (1960). Quai des Orfèvres tiene gran ritmo y cada pieza es espectacular, tiene su toque duro, del mejor noir, y una fragilidad secreta, una entrega por sobre lo racional.