lunes, 13 de diciembre de 2021
The power of the dog
The power of the dog (2021), de la neozelandesa Jane Campion, es una película imponente (sin que tampoco recurra a muchos elementos visuales), una de las sensaciones de la temporada previa a los Oscars 2022, producida por Netflix. Mereció mejor director en el festival de Venecia 2021. Es una obra notable, pero no una obra maestra, porque es demasiado clara, tanto que hasta casi te deja ciego, tiene partes subrayadas, deja todo muy a la vista, como para que no hagas ningún esfuerzo de comprensión; éste exceso de explicación hace que deje una cierta sensación de ociosidad en uno, le quita magia al juego con el cine. Se extraña un poco de sutileza, espolvorearla aquí y allá, esto la hubiera convertido en una obra perfecta. No obstante tenemos entre manos una gran historia, super interesante, además de original, es un western gay, un western sin disparar una sola bala, con una temática labrada en profundidad, con mucha sustancia. Es como la continuación de una Brokekack Mountain (2005) dentro de una versión perversa. Un hombre menciona constantemente a alguien muerto hace más de 20 años, quien le enseñó a ser quien es, a Bronco Henry. Phil (Benedict Cumberbatch) dice que apesta, pero le gusta ser así. Bronco Henry le enseñó un disfraz, que en un mundo como el que vive, un western, donde se remarca el machismo y la masculinidad y la bravura y la tosquedad lo empuja a ser agresivo. Phil yace enfundado en la ira, lleno de miedo. Ha decidido apestar, esto lo lleva a ser una mala persona, un peligro y una peste para una mujer en particular, la madre de Peter (Kodi Smit-McPhee), interpretada por Kirsten Dunst, Rose. Habrá que enfrentar esa amenaza, ese gen de desequilibrio emocional, de destrucción de la paz, victima del mundo también. Rose sufrirá y como dice la voz en off en la apertura, habrá una prioridad, eso hace del filme algo rico. Cumberbatch domina la pantalla, hasta muestra escenas sensuales, éste es el único lugar donde el filme de Campion deja de ser clásico, excesivamente clásico (hasta alejarse un poco de esa gloria de antaño). Es una propuesta que nunca es vulgar, dice las cosas con gran nivel y no es elitista. Una sutileza, una elipsis, es la primera experiencia sexual de Peter, donde Peter finalmente es como dice él mismo, es alguien duro, aunque le digan afeminado, fue quien encontró ahorcado a su padre. Dunst siempre tiene cara de ansiedad, se redunda en ello pero es vital. Otra elipsis, hay algunas, es la ausencia del hermano y marido, que no lo juzgan, pero tiene culpa. Phil trata mal a su hermano, pero en el fondo no puede ni quiere vivir sin éste. Es claro que por ello odia a Rose. Phil muestra matices, es tremendo personaje, domina la obra, llega a mostrar humanidad al verse como en un espejo, el mundo tiende a repetirse. No será un western por las balaceras, pero hay gente igual de dura, digna de esos contextos, sólo que más allá de las apariencias, de las primeras impresiones, inclusive de los lugares comunes y los menosprecios. Phil apesta, pero como dice el gobernador, es una suciedad bien ganada, al ser ganadero, y le es efectivo, aunque como dice un famoso microcuento, al levantarse el dinosaurio seguirá ahí, todos los dolorosos problemas existenciales. Phil es mala persona, se burla del alcoholismo y la autodestrucción por dar una mención, pero en ésta inteligente historia él es más que eso y eso es notable en un filme, tallada su persona minuciosamente eso sí. Es un western clásico en sentido de que se repele la debilidad, pero la pregunta salta a la vista, ¿a qué costo?, de ahí salen mil respuestas y un estudio glorioso, como varios eventos claves.
domingo, 12 de diciembre de 2021
Las leyes de la frontera
Las leyes de la frontera (2021), del español Daniel Monzón (el director de Celda 211, 2009) nos exhibe a un muchacho de 17 años, apodado El Gafitas (Marcos Ruiz), que entra en una banda de muchachos criminales. Lo hace enamorado, atraído, por Tere (Begoña Vargas). El Gafitas era visto como un bobo, pero es con el acercamiento a ésta banda que el chico se avispa y hasta realiza actos reprobables. El escenario es franco, realista, los muchachos estos hasta roban con navajas y pistolas, ponen en peligro a la gente, venden drogas. Un filme no tiene que ser moral, pero ponerle inocencia o simpatía a un muchacho que se dedica a esto es un poco incongruente. No obstante El Zarco (Chechu Salgado), líder de la banda, y el nuevo inspector de policía dejan ver que El Gafitas en realidad no encaja con esto, no tiene la pasta de tipo duro, pero bien que se deja llevar, justificado por su atracción sexual a Tere -que tiene buenas escenas de éste tipo-. Es un filme que cumple con entretener, aunque no sobresale mucho. El final es soporífero pegándola de sensible, encima extenso. Las persecuciones con disparos se ven simples, pero al menos son decentes. Hay una buena relación cinematográfica entre Tere y Gafitas, mientras Tere es libre como el viento. El Zarco tiene su buena imagen, así mismo Gafitas, cada uno en su rol. Tiene una virtuosa ambientación a 1978 y la música tiene personalidad desde lo nacional que otorga un pequeño plus. Es un filme básico, ya visto, pero lo español le otorga cierta novedad, es hacer la versión patria de algo que le pertenece a todo el mundo, el trance a la adultez, salir de la inocencia, intentar ser "cool" de paso y tener sexo con una chica guapa con personalidad llamativa. Ciertamente le falta más acción; lo de la noche de baile a lo Travolta entre tragos o visitar a las prostitutas tiene su encanto frontal y poco más. No es tan memorable (un mínimo), pero tiene una cuota de entretenimiento.
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sábado, 11 de diciembre de 2021
Nitram
Nitram (2021) es una película que se despliega en la temática de la venganza y en la criminalidad, temas que domina el talentoso director australiano Justin Kurzel. Ésta venganza es contra algo gaseoso, la venganza es contra el mundo, contra nuestra vida y nuestras frustraciones y los tantos golpes y humillaciones de la existencia. El filme analiza el por qué de la masacre de Port Arthur, Tasmania, Australia. Al protagonista se le llama despectivamente Nitram (Caleb Landry Jones), es un chico con problemas de adaptación, extraño y quizá un poco loco, pero intenta ser algo decente, pero es el mundo y la gente que lo rodea que con tanto golpe lo empuja hacia abajo medio sin querer; la realidad es así de dura para todos, vivir es complicado y decepcionante muchas veces, hay que lidiar con esto para sobrevivir e intentar ser feliz, pero Nitram es visto como un retardado y cómo a veces se comporta de manera absurda y desequilibrara la caída le llama con fuerza. La historia también es como éste peso recae en especial en la madre (una estupenda Judy Davis), que comete el error de no tolerar ni comprender a su hijo complicado, cree incluso que se burla del dolor ajeno. Nitram es más cercano a su padre (un gordo y carismático Anthony LaPlagia), quien es dócil con él y lo trata con sensibilidad y mucha paciencia, paciencia de santo. No obstante el padre es un hombre muy frágil y hará que Nitram más bien pierda el equilibrio con su debilidad e hiper sensibilidad. Nitram en el fondo tiene buenos sentimientos, necesita rumbo y mentores más sabios. Pero Nitram yace un poco abandonado a su suerte, a sus defectos y a malas interrelaciones personales. No obstante conocerá a una mujer interesante, aunque un poco freak, interpretada por una virtuosa y mayor Essie Davis. Caleb Landry Jones ganó mejor actor en el festival de Cannes 2021 por ésta película y es muy merecido. Nitram en sus manos luce infantil, con continuos exabruptos y reacciones desconcertantes, pero no luce violento. En todo esto entra a tallar una denuncia, la facilidad y hasta la corrupción para conseguir armas para la época en Australia, mediados de los 90s, algo que se dice asoma nuevamente en la actualidad. La desadaptación de Nitram empieza a tomar peor forma cuando descubre las armas, su descontento existencial toma un hobby peligroso. El resto, entonces, es cuestión de tiempo, Kurzel no recrea mucho la masacre (evitando lo más fácil y llamativo), apenas lo mínimo y muy acomodado, porque ya dejó en claro lo que busca razonar, de dónde proviene, cómo llega a suceder, el incidente, todo el cúmulo de errores alrededor de Nitram y además deficiencias de la ley. Vemos como todo golpea a la madre en una toma super sugerente y poderosa, que concentra mucha tristeza silenciosa y puede que hasta culpa. Nitram es también una víctima del mundo. Reducir todo a la locura es no ver el panorama completo, no ir más allá de la superficie, de una parte del problema, mal llevada, incluso se ven médicos negligentes, como gente abusiva, soledad y malos guías. Es un filme notable para pensar en la criminalidad, en argumentar causas sólidas. De paso es atrapante.
miércoles, 8 de diciembre de 2021
The Card Counter
Dirige y escribe el guion Paul Schrader. Versa sobre un jugador y apostador de cartas, ex presidiario, llamado William Tell (Oscar Isaac). Es un antihéroe y un tipo un poco loco, como cuando cubre con sábanas las habitaciones que alquila. Pero finalmente es una buena persona, observando que intenta cuidar de Cirk (Tye Sheridan); se puede ver que es un personaje con matices, un buen personaje. Ésta obra toma el derrotero del juego de cartas, que involucra fuertes endeudamientos. En esto entra a tallar La Linda (Tiffany Haddish), aunque igual que William termina siendo una persona con humanidad. No conocía a Haddish y me ha dejado una grata sorpresa, físicamente es atractiva, una afroamericana grande, exuberante, luce llana pero tiene su cuota de sofisticación. La Linda es un personaje con calle, pero no cae en el lugar más simplista, aun cuando tiene un papel en el submundo y se presta para el entretenimiento. Es una propuesta visualmente austera en muchas partes, en su producción de arte, pero siempre es competente y tiene aun así nivel, como toda la obligada parafernalia que monta ir de viaje a competir en las cartas. William Tell es un nombre de leyenda; como Ana Bolena en Spencer (2021) Schrader seguramente le da similitudes a su criatura con el mito, pero creo que alcanza quedarse con ser un ex preso anónimo, con temor a ser descubierto, por un pasado que agrega solidez al protagonista, sobre las torturas militares en cárceles extrajudiciales. De esto último ingresa en el panorama y crea relación Cirk con nuestro antihéroe, de aquí nacerá el thriller. Es un filme de un par de caras, pasa de algo más simple como el juego de cartas a lo criminal y viceversa, ambas cosas dialogan entre sí. Tiene definitivamente un muy buen guion. Oscar Isaac está soberbio; en un momento dramático mediante un monólogo muestra maravillosamente el fastidio mental que le genera su pasado. Haddish también agrega personalidad y realismo, además de que no se ve una mujer muy común en el cine, y tiene talento, puede verse imponente y sensual y en otro momento romántica o sensible. Es un filme cool con naturalidad, como cuando vemos escribiendo a William mientras bebe whisky en su habitación. En manos menos duchas esto definitivamente hubiera naufragado, contiene muchos elementos para fallar, pero nunca lo hace. El juego de cartas agrega interés con muy buenas explicaciones, y nunca aburre cuando suele ser un juego con mucha pasividad. La austeridad general también está muy bien manejada, hay sequedad pero se siente parte del protagonista y la ciudad.
lunes, 6 de diciembre de 2021
¡Al abordaje! (À l'abordage)
Éste filme francés aparece en el top 10, de lo mejor del año 2021, de la revista francesa Cahiers du cinéma. Es una película sencillita, simpática, básica, con todos los elementos para gustar a muchos, es fácil de generar empatía, sobre todo en quienes quieren valorar mucho más el respeto por las diferencias raciales, y ver una igualdad fuerte, aunque apuntando a enaltecer -a priorizar- a las minorías, como la gente de color en Francia. En éste filme 2 amigos de color, Félix y Chérif, se van de vacaciones a un pueblito francés. Ellos son los únicos hombres de color, pero el filme de Guillaume Brac no quiere colocar conflictos raciales ni esas cosas, sino ver todo muy tranquilo y sin mayor distinción, dentro de una obra típica de verano francés, propio de una comedia ligerita, cero rotura de cabeza, cero polémica, incluso propone inocencia dentro de un empaque super amable, que no teme ser un poquitín tonto. Es una propuesta sensible, donde Chérif un poco se menosprecia, se llama fracasado en el amor, en el arte de la seducción, se ve gordito y no se halla muy atractivo. Él llena sus carencias físicas con una personalidad bonachona y diligente, es así que conoce a una chica bonita, joven, con un niño pequeño, y lentamente se la gana, haciendo de niñera, pero de manera muy práctica y simple. La película tampoco complejiza ésta relación ni lo que hace Chérif para ganarse a la chica. Es un filme del tipo buena onda, feliz, los problemas de los protagonistas son intrascendentes, es el verano y las conquistas solamente (de paso, medio velado, se trata de un poco de sexo), desde algunas diferencias y algunas limitaciones, nada del otro mundo tampoco, estamos en el siglo XXI, hay bastante agua bajo el río. No hay mucho más, pero a veces es justo lo que buscamos, desconectar y ver algo bonito y ya. Félix es un poco más engreído que Chérif, lo suyo cae un poco en la vanidad, pero como se trata de enaltecerle, el desarrollo apunta a dejarlo triunfante, aunque ciertamente hay un poco de rechazo de valor, que dificulta para bien el retrato, lo vuelve más común y real en general, para todos, menos idealizado y paternal. Cuando se pone un poco de picardía a la chica de Félix el filme mejora un poco. La igualdad racial en una película viene mejor en la natural imperfección humana. No en el insulto ni la discriminación, sino en nuestra gama de emociones y complejidad. La chica de Chérif es prácticamente muda y la de Félix no ata ni desata mucho, parece tal cual sus pantaloncitos que traslucen su trasero, una chica para el verano, y así va el filme, finalmente de muy francés. No es una luminaria de película, aquí no hay demasiada trascendencia como propuesta, pero es agradable, bien hecho a esa vera.
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domingo, 5 de diciembre de 2021
Lamb
Ganadora del premio a la originalidad en Un Certan Regard, Cannes 2021. Debut del director islandés Valdimar Jóhannsson. Es una película que tiende a desconcertar, sobre todo al estar uno demasiado acostumbrado a esperar narrativas convencionales, o a buscar explicaciones claras. Pero el filme que vemos es de pocos detalles, pero los tiene, hay que afinar la vista y coger las pequeñas pistas. Ésta propuesta en realidad es más simple de lo que uno puede creer, simplemente hay que separar planos. El filme tiene un plano subjetivo, sin recurrir a la técnica cinematográfica de la toma de la cámara, sino notando que se hace uso de éste recurso literario. Una pista central yace en el cementerio, cuando descubrimos ahí el nombre del extraño bebé que cuidan. La trama trata como una pareja de esposos, Maria e Ingvar, Noomi Rapace y Hilmir Saer Gudnason respectivamente, adoptan a un animal como su hijo, y éste toma rasgos humanoides. Maria e Ingvar han perdido a su hija y el enorme dolor que sienten hace que ellos vean a Ada, como se llamaba, en una oveja que recogen y tratan como a un niña. La rutina es determinante, estos entran en un estado de depresión y silencio, para luego introducirse en un pequeño delirio. Ambos con una simple mirada cómplice se ponen de acuerdo, aceptan un cierto estado de locura, que no es más que llenar el inmenso dolor, una ausencia muy determinante, reemplazable tan solo con éste estado de delirio. Entonces cómplices, compañeros de viaje en el mismo vacío y pseudo salvación trastocan la realidad y lo que vemos es cómo ven el mundo, dentro de un plano subjetivo literario, es decir vemos a la oveja moviéndose como un niño. La fantasía se apodera de ellos, de la pantalla y engaña al espectador o lo hace participe de un lugar bastante emocional, medio escondido en aquella frialdad y soledad de la montaña. También de momentos extraños, pero igualmente tiernos. Es una declaración de paso de los derechos y la defensa y cuidado de los animales en general. Dígase una defensa sólida, porque del primer estado que se halla uno, de sentir cierto ridículo o tomadura de pelo, pasamos a sufrir temor y tensión por la seguridad de Ada, cuando llega el hermano de Ingvar, Pétur (Bjron Hlynur Haraldsson), quien encima tiene pinta de criminal, de tipo duro, mediante una escena sencilla, pero muy sugerente. En ese momento Pétur no entra al juego, le parece que algo descabellado está sucediendo, pero como luego revela sentimientos hacia Maria es ponerse en el lugar del hueco que existe en la pérdida, entiende el estado que presencia. Nuevamente el filme nos engaña. Se cuela la fantasía que es como seguir la cuerda en realidad. Pronto todo deviene en tragedia. Presenciamos un plano fantástico en pantalla, pero lo que sucede en verdad es algo que se entiende perfectamente. Es un malentendido. Ese desenlace de relaciones es muy poderoso, cargado de sorpresas ¿Qué va a hacer Maria frente a un segundo despojo? Se tejen muchas probabilidades, el filme cambia varias veces de decisión en poco tiempo. Luego participamos de la explicación surreal (la venganza de las bestias y lo que puede ser tenido por terror), la fantasía que posiblemente sea la leyenda que se cuente en la zona de ahora y adelante, en que lo humanoide puede significar cierta dificultad de adaptación e identificación de la adopción en general. Es una historia muy escueta como para impresionar, pero es notable como se proyecta desde lo mínimo. Es un filme curioso, apreciable, no cabe duda.
miércoles, 1 de diciembre de 2021
García
Ésta es la ópera prima del director colombiano José Luis Rugeles. El actor mexicano Damián Alcázar hace de un "típico" colombiano (entre comillas porque tira a personaje, hay cierta exageración, pero no le falta el habla por dar una mención), es un hombre híper correcto, un tipo casi santo, muy trabajador (como vigilante de una fábrica), pero un poco mediocre quizá, conformista, sus expectativas son muy humildes. A su mujer le promete una finca, a Amalia (Margarita Rosa de Francisco), pero la que le quiere comprar deja mucho que desear, hay mil cosas por arreglar. Amalia por todo esto vive odiando a su marido en secreto -no le dice mucho, pero para seria, siempre observadora- porque no le da la vida que ella quiere, sino una existencia de pobreza. García (Alcázar) adora a su mujer, y en un diálogo le llega a decir que le ha faltado comunicación y mucha más fe en él. Ésta lucha leitmotiv que va por debajo entre el odio de la mujer y el amor ciego del hombre dan para plasmar cierta perversidad en ésta comedia dramática con algunos toques de humor negro. García es un buen hombre y hasta metódico y bien ordenado. Ésta manera de ser le gana un amigo, cuando no tiene amigos, está muy enfrascado en su mujer. Éste amigo es Gómez (Fabio Restrepo), un tipo intenso, un poco loco y violento, pero finalmente noble. Entre Gómez y García habrán unas pequeñas aventuras de buddy movie con personajes opuestos y versando en la masculinidad hoy recriminable por el ubicuo feminismo; machista, del tipo macho man. El ambiente que retrata Rugeles es humilde, austero, campechano, un poquitín vulgar, realista, se percibe auténtico, pero curiosamente -y no es una critica negativa- no es una película de cine social, aun cuando se habla de aspiraciones, carencias y frustraciones, todas de Amalia que centra todo -apunta a disparar- hacia García. En la trama participamos de distintos delitos (con poco se hace mucho), que permiten su buen enredo y movimiento bien distribuido y bien resuelto, tanto como palpitamos suspenso y emoción, aunque es un poco endeble la actuación de los brasileños, que quedan en cierta superficialidad o nivel muy básico. El filme se pone del lado de los humildes sin notarse forzado, planteando una cierta cuota de aspereza, pegando de humano más que de "realista". El filme apoya la bondad, cree en la gente, aun cuando tiene perversidad, como con esa primera imagen de violación, pero lo hace sin ser sensiblero o tonto, con calle como se diría. Éste filme contiene buenas actuaciones y personajes, como de Fabio Restrepo y Margarita que esta fantástica, es una mujer guapa y hace muy bien de señora humilde, maravillosa en sus tacos altos amarillos. Otro personaje -y performance- notable es del supervisor (Victor Hugo Morant) con su historia a cuestas que complementa la idea del matrimonio que maneja con cierto sarcasmo la propuesta.
martes, 30 de noviembre de 2021
Spencer
No es de las mejores películas del talentoso director chileno Pablo Larraín, pero aun así tiene algunas virtudes y deja un saldo pasable en cierta medida. En ésta película Kristen Stewart interpreta a Lady Di o Diana de Gales o como finalmente se reconocerá, como Diana Spencer, en una obra que es algo obvia y repetitiva, pero que a fin de cuentas funciona. También hay mucho llanto, tensión, melodrama y hasta casi una crisis mental, todo de la mano de Stewart que en mucho del filme actuará como si estuviera siempre sola, con sus frustraciones, penas, decepciones y hasta desesperación, esa que la lleva hasta querer medio como a suicidarse con una escalera vieja, en un momento bien artístico, bien escénico y detallista en efectos. Diana sufre por el amor no correspondido del Príncipe Carlos (el actor británico y desconocido, pero prometedor Jack Farthing, que trasmite cierta melancolía suave en un empaque de dignidad ante el sufrimiento secreto). Carlos ama a otra mujer, que llegamos a ver que le coquetea en una iglesia y Diana llega a presenciarlo, suele ser humillada así, esto se nos manifiesta como no queriendo ni pudiendo evitarse quizá. No obstante Carlos le dice que debe verse obligado a tener relaciones con ella como si fuera algo desagradable, todo en el tono de sutileza que también se maneja en el guion de Steven Knight que a ratos puede ser escandalosamente cursi o excesivamente llorón, muy delicado hasta la afectación, a través de una Diana que no puede ser mala nunca y que todo el mundo dice amarla, inclusive la realeza siente piedad y lastima hacia ella, que puede ser infantil y hasta darse el lujo de ser boba, ir a vomitar repetidas veces -y arrojarse humilde y débil al costado del inodoro- y hacer mil y un escenas como con esa maravilla del collar roto por sus manos en la sopa, que luce una escena incómoda y magistralmente tensa. Diana es comparada con Ana Bolena, y al inicio suena algo tonto, pero a medida que lo piensas -y lo ves- se hace una comparación muy precisa; comparten muchas semejanzas, pero siempre haciendo ver a Diana como alguien intachable, golpeada por el entorno que tampoco pretende dañarla ni tampoco Knight, quien es muy respetuoso o cuidadoso en su guion. Toca llagas, pero luego afloja y deja limpio y despejado el terreno, deja muy poca perversidad en el aire. Parece como que no existen culpables, es más como una mala jugada de la propia vida o el destino caótico y azaroso, dentro de esa responsabilidad que Diana parece no contener en un machaque de humildad y llaneza de la personalidad que nos muestran de ella, la princesa del pueblo, y la dueña de un apellido sin mucho abolengo, Spencer, como cuando terminan en KFC tras una escena sumamente ridícula, poco digna de un cine serio, pero que se entiende como más que un desliz una empatía para calichines (cinefilia para dummies). Diana (Stewart) se arrastra cayéndose por las paredes, huye rota y maltrecha, dolida, intenta escapar y no puede (cosa que está en varias partes simbolizado, como con las cortinas), se va desmoronando y reincorporando -y volviéndose a caer- hasta llegar a dar con el water. Todo esto es muy exagerado, muy notorio en querer sensibilizar de la manera más primaria y medio que funciona y no tanto, todo a media caña o en baja sintonía, sobre todo para la gente exigente. Hay varios momentos donde se trabaja con la humildad de Diana, que se confiesa al cocinero o a su asistente que la viste, interpretada por Sally Hawkins quien interactúa un poco en el filme con quien es en la vida real Stewart, con su lesbianismo y su dirección de cine en ciernes, un agregado quizá de Larraín, que tampoco desentona, pero pega un poco de cursi también. Es un filme sobre el sufrimiento, sobre no encajar, también sobre ser continuamente golpeado, humillado y sometido y encima retenido en el mismo sitio para seguir recibiendo más golpes, todo bajo ese protocolo aristocrático que hace complejo y arduo disfrutar de tanta opulencia, curiosamente tanto dinero notoriamente no satisface y todo por culpa de tantas restricciones (representadas muy bien en el glorioso personaje militar que hace el gran Timothy Spall, pero que guarda una sorpresa), donde un simple espantapájaros desarma tanta imposición y ¿por qué no?, medio que funciona, es creatividad. Mucho sufrimiento más bien adormece, la exageración te pone insensible, pero para ser justos algo sobrevive, no toda fragilidad sirve, pero queda. Ningún filme de Pablo Larraín es malo, pero el presente está lejos de ser notable; a ratos tanto lujo, y perfección en ese sentido, más bien parece de telefilme.
domingo, 28 de noviembre de 2021
Ema
Ema (2019), del chileno Pablo Larraín, es una película cool y que por todas partes exuda y grita popularidad, también es una película con personalidad y que a un punto hace lo que le da la gana. Puede que sea algo efectista y algo notoria en su ansia de ser cool y quizá hasta cinefilia hardcore, pero es una excelente película, no cabe duda, y se disfruta un montón. Qué importa que se noten algunas costuras. En ella se baila y se canta reggaetón. En un momento se argumenta, se le critica a éste baile propio de una nueva época musical, con lo usual, con una exposición de enojo e intensa de alguien inteligente pero de expresión sencilla. Pero enseguida salta a la pantalla como un tiroteo verbal un monólogo poderoso que enaltece al reggaetón y lo fundamenta en un orgasmo y queda perfecto. El filme intenta coger la esencia de éste baile comercial y popular en su postulado máximo, el sexo, que deriva en sensualidad, erotismo de a pie y de paso la libertad del cuerpo. La protagonista es Ema (Mariana Di Girólamo, joven muy popular por un par de telenovelas chilenas) y ella tiene harto sexo en pantalla, con mujeres y hombres, es bisexual, sin tapujos, libre como el viento, pero en un empaque light, medio para la fotografía pero que se percibe simpático, que aprueba, aunque puede que un poco esté demás. Ella deja en claro su liberalidad sexual, se ven muchas escenas de éste tipo, cuidadas, no vulgares, pero sensuales, guapas, en especial con compañeras de baile, queda totalmente claro que esto es el reggaetón o se intenta decir que éste es su mundo y filosofía, simple y contundente, como el filme en cierta medida. El gran Gael García Bernal hace un papel como un tipo y marido tóxico, algo malvado; tóxico es la palabra de la nueva época, una palabra ubicua, de esa otra cara y lugar común o dominante que es el feminismo y la denuncia del patriarcado en nuestra actualidad. Me viene a la mente con ésta película dedicada al reggaetón un debate con el porno donde se podría decir que hay matices y muchas contradicciones por donde se vea, no se sabe definírsele del todo, sí repudiarlo o perdonarle la vida, llamarlo esclavitud y deterioro o liberación o simplemente derecho, así vamos pensando sin querer pensar tanto, es un filme básico en realidad pero bueno. Ema usa un lanzallamas, casi como una seña de su personalidad, como si fuera un cómic, epítome de lo cool, sin duda una gran idea, el fuego es algo muy visual y hermoso, así como el rocío de éste sobre un carro es impactante y efervescente, aquí bajo un plan que al final se desarma en la esencia general -en la temática simbolizante del reggaetón- o es que es sólo cumplir -y ya- con añadir una raya más al tigre de su definición de relajo sexual. Por pantalla pasan algunas luminarias chilenas, actores icónicos o populares chilenos, uno de ellos propio de un gran hit internacional (La Nana, 2009), es la actriz Catalina Saavedra, quien se manda un monólogo riquísimo que le da duro a la pareja protagonista y describe matices, con tremenda solvencia verbal e histriónica, como para darle más momentos así en otras películas. Aunque Mariana es la verdadera estrella de la película y lo hace muy bien, Gael siempre es competente y demuestra el porqué de tanto recorrido profesional y cierta fama. El mexicano sabe ser perverso, Larraín también es un maestro con esto, aunque éste talento a algunos no suele agradar, pero da en la llaga, tiene bastante poder escénico. Un estribillo de sarcasmo y herir al otro asoma en la voz repetitiva de Gastón (Gael) y esto aunque cruel moviliza el filme y a Ema curiosamente, la heroína. Al término del "ingenioso" plan surge un embrollo familiar, un lugar familiar caótico, muy contemporáneo, un poco freak, de muchos colores, pero todos, aunque algo avergonzados, felices. Por el final más parece cierre de comedia de enredos; se diluye un poco el reggaetón, pero como al comienzo -despacio, sólo baile primero, bajo un sol enorme y sugerente- es como subir y bajar los decibeles.
sábado, 27 de noviembre de 2021
Last Night in Soho
Last night in Soho (2021), del británico Edgar Wright, es una película que opta por la franqueza de sus postulados y le queda tremenda película, así mostrándolo todo, explicando todo. Su primera mitad es un poco ambigua, y luego plasma una idea y gira alrededor de ella. Ésta idea es sobre cómo la prostitución termina destruyendo a una mujer, a sus sueños de ser una persona exitosa y famosa. Ésta historia es una historia común a muchas mujeres, es algo que todos escuchamos, sabemos, intuimos o percibimos. Edgar Wright ha hecho la película por antonomasia de ésta situación, de como una chica talentosa, pero igual a muchas, entra al negocio del entretenimiento y termina consumida por la maldad, la lujuria masculina y el aprovechamiento humano. Nuestra historia base se viste de terror bajo ésta temática, con fantasmas y persecuciones sobrenaturales a esa vera, bajo el concepto de la prostitución, que ocasiona un inevitable daño mental. En la ambigüedad tenemos una cara de la moneda, que será interna (en los 60s) y externa (en el presente), interpretada por Thomasin McKenzie, con ella tentamos a la herencia de la esquizofrenia y el golpe ruin del vacío y un Londres intimidante. Eloise (Thomasin) verá fantasmas, tendrá visiones y será como un espejo. El filme tiene 2 posibles caídas, o dos historias bien fusionadas, una con la madre y otra con el pasado en la prostitución, el filme trabaja con la memoria, con esos momentos que quedan detenidos en las cosas y en los lugares, porque por lo general esas historias que no se van son alimentadas con sucesos terribles. La otra cara la representa Sandie (la talentosa y en buenas manos deslumbrante Anya Taylor-Joy) que es de esas mujeres que dejan huella, que impactan e impresionan, no ya con su belleza simplemente, sino con virtudes, con una fuerte personalidad y habilidades para el hedonismo. En ese ámbito entra a tallar el galán y actor británico Matt Smith. El filme guarda una muy buena sorpresa cuando se revelan el porqué de los fantasmas, los hechos. Éste filme es magistral con el uso de la música, crea escenas -sin ser un musical- llenas de potentes y sugerentes bandas sonoras o canciones que construyen momentos y estados impresionantes, que emocionan, que son cine en estado puro, y enaltecen la experiencia de la sala de cine, no solo de manera sonora sino junto a lo visual. Wright tiene un talento muy especial con el uso de la música para crear escenas intensas y gloriosas. El momento en la escalera manipulando la inocencia muerta del pasado -donde habrá compasión y feminismo- es una de las grandes escenas del séptimo arte contemporáneo. Wright no teme mostrar su cinefilia cargada de música, ésta es abundante y, aun así, no falla. Los colores que dominan la pantalla también son hermosos, el juego de la luz a lo giallo o a lo Wong Kar Wai. Los 60s también se disfrutan en éste filme, y su contextualización es super básica pero harto práctica y llena de vida, la moda también en esta época tiene gran motricidad. Thomasin y Taylor Joy hacen una dupla perfecta, nunca mejor escogida. También notable la elección del actor joven Michael Ajao, muy bien incorporado, sin verse forzado, muy bien trabajado, de a pocos, con solidez, un galán de color de perfil bajo, sin querer imágenes fáciles de lo cool con él; yace muy lógico en la trama y por cómo es Eloise. Last night in Soho tiene terror bueno, y sobre todo bien argumentado, con una historia inteligente y de manera totalmente franca al final de la jornada (o, mejor dicho, a media película), y ni que decir de lo entretenida que es la película, Wright finalmente convence y entusiasma hasta al que no lo quiere por hiperinflación y alardes y hambre de cinéfilo pop.
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