domingo, 13 de septiembre de 2026

Wake in fright


Para las películas llamadas de género uno no necesita pensar mucho y eso apunta a todos los públicos, en ese sentido uno se deja llevar por la adrenalina en general. Las películas de entretenimiento no suelen exigirte, son hedonismo, entusiasmo puro y duro como quien se mete en un parque de atracciones y simplemente busca divertirse, relajarse, disiparse, coger felicidad básica, ligera. Wake in fright (1971) fue una obra censurada, que estuvo perdida en buena parte, tenía poco público que le gustara y logró ser redescubierta, relanzada y convertida en una película de culto y hasta apreciada por serios cinéfilos, entusiastas y entendidos, aun cuando la palabra cine de culto puede albergar mucho capricho, remar a toda costa contra la corriente, destilar mal gusto, mucha imperfección, aunque también pueden ser obras minusvaloradas o incomprendidas, mejores de lo que se les ha tratado inicialmente, juzgadas injustamente. Existen algunas que no han sido comprendidas en toda su expresión y generan decentes defensores y propulsores de virtudes descubiertas tras su debacle original o su tiempo. En pocas palabras, algunas valen la pena celebrarlas, aunque no son tantas como uno puede creer. Wake in fright se entiende porqué inicialmente no agradó, es una película sobre la vulgaridad, el primitivismo y la violencia, de la gente común o la gente más ordinaria, enfocada en uno de esos pueblitos abandonados donde existe mucho atraso y poco que hacer y lograr, para el caso, se ubica en el país de Australia y sus desiertos. Es parte del Ozploitation, el cine de explotación australiano que tuvo su movida durante los años 70s hasta fines de los 80s. Actualmente se considera a Wake in fright un pilar del movimiento tanto como desencadenante de la movida, y además de las películas más celebradas hoy en día de esa época. Llegan hasta llamarla una obra maestra del Ozploitation, junto con Mad Max (1979). Las top. Wake in fright la dirige el canadiense Ted Kotcheff y muchos dicen que es curioso que la mejor película hecha en Australia puede estar hecha por un canadiense. También se podría interpretar que el filme tiene numerosa presencia británica y eso hace que la mirada sea más cruda y crítica como foráneos. No obstante la idea del filme encaja mucho más allá de Australia, es una mirada general hacia los peligros de la mayor vulgaridad. Se ve la película como un resacón, ir de juerga en alcohol constante, a un tipo de submundo. Un profesor de colegio tipo rural, John Grant (el inglés Gary Bond en la película de su carrera, de su vida) quiere viajar a Sidney, una gran ciudad, y visitar a su bella novia, para vacacionar, olvidarse un poco de la frustración de ser profesor y estar tan mal retribuido. Para ello hace una parada en un pueblito parecido a donde vive, aunque menos solitario, menos abandonado, más masivo, llamado El Yabba. Quedará atrapado en ese lugar, empujado por los lugareños a tomar y tomar alcohol, que no aceptan que uno se niegue a compartir un vaso de cerveza. Hasta se enojan y aplican fuerza para que se cumpla éste especie de acto protocolar de pueblo chico, infierno grande. Grant se la pasa borracho, invitado por todo el mundo, gente de la peor calaña, aun cuando uno de ellos es un doctor, interpretado por el gran actor británico Donald Pleasence con 52 años, que le cae a pelo el sobrenombre popular en mala crítica de hippie. Pleasence hace tremendo personaje, por algo es un actor de verdadero culto, todoterreno, muy talentoso. Los lugareños intentan ser buenos anfitriones, pero su manera de ser aflora y es tal cual el título, un despertar de miedo. Van hacia lo peor, lo extremo. Es como andar con criminales en potencia, aunque no llegan hasta allá como quien dice matar a nadie, salvo producir/mostrar una feroz cacería de canguros -que fue grabada por cazadores reales y contiene mucho exceso- de realismo sucio y condicionamiento de grupo, para esto, bastante deplorable, en varios sentidos, y que puede tirar abajo el entusiasmo por el filme. Igualmente se muestra a una mujer que es la mujer de todos, de estos tipos con lo que anda el Dr. y Grant, interpretada por la inglesa Sylvia Kay que concibió una carrera de actriz, aunque humilde, que se pega perfectamente al papel de fémina vulgar de pueblito, además de algo rara. Grant por ratos se deja llevar, al estar muy tomado. En pantalla veremos un millón de vasos de cerveza bebidos a prisa. Será arrastrado por una perversa diversión de grupo, por quienes representan a una juventud -o eterna juventud (inmadurez)- descarriada, gamberra. Grant se siente incomodo con estos tipos salvajes, los que por momentos lo tratan como si se creyera más que el resto. Le implican que debe poner los pies sobre la tierra. Quieren que sea más ordinario, más campechano, cuando Grant es de lo más simple en realidad. Inducen a pensar que hacerles caso lo harán una mejor persona, aunque en ello entra el exceso, la violencia, la vulgaridad, la falta de respeto, permitirlo todo, exponerse a lo peor. Entra a tallar que los tipos que rodean a Grant tienen armas y no están del todo conscientes. Grant cae desmayado en más de una oportunidad, de tanto alcohol. Es una película que adapta la novela de 1961 del australiano Kenneth Cook, y Deliverance (1972), que adapta la novela del americano James Dickey de 1970, el que coguionizó la película de Boorman con él, comparte parecido, aunque aquí estos lugareños no buscan agredir a los que sienten foráneos o distintos, sino quieren hacer parte del grupo a Grant observando que ésta vulgaridad suya es su manera habitual de comportarse, su forma de ver el mundo. Así son, dirían otros. Quieren influenciar en los que se acercan o asoman. Meterlos en el comportamiento que practican, un tipo de vida hippie, u outsider. Proponen un mundo paralelo de corrupción/decadencia. A esa vera se adhiere la atractiva simpleza de las apuestas. Muy cinematográficas, hay que decir. Con grandes escenas y tremenda visualidad. Éstas apuestas engañan al protagonista. Lo dejan atrapado en el lugar. Lo meten dentro de una falsa ilusión, del escape de su vida pobre o humilde y mal pagada que es otra critica hacia buscar lo rápido y fácil, y uno diría, lo embaucador, a quien ahora realmente el infierno se lo ha tragado. Wake in fright es una crítica a un comportamiento violento y excesivo, socialmente peligroso, diferente a cierta mirada muy condescendiente y paternalista de lo criminal. De la misma manera que se critica a las élites, aquí se está criticando la parte de abajo, apuntando a fomentar un mejor ser humano promedio. Con el mensaje de radio en el bar se percibe que hay un orden superior, coqueteo con 1984 incluso, pero éste bar con sus muchedumbres y apuestas, incluso teniendo al sheriff compartiendo en el mismo sitio, señalan que el orden yace muy descuidado, aun cuando el lugar de las apuestas luce similar a un especie de corral folclórico de pelea de gallos, pero no obstante el Dr. aparece con monedas en los ojos, semejante a un vikingo muerto, lo cual parece indicar un lugar de guerra, donde entra a tallar cierto surrealismo, tratando con el calor, el sudor, el delirio, ser parte de un mal sueño, quedar atrapado en el infierno, si bien la propuesta parece decir que se encuentra en duda si se halla o no ofendiendo a los humildes pueblerinos. Pero las cosas están claras, debemos construir una buena sociedad.