jueves, 24 de septiembre de 2026
Chronique d'un été
Lo que escribo aquí siempre es lo que sale de mi mente, mi intelectualidad. El filme es el disparador. Me proporciona el tema. No sólo soy un espectador. No puedo ser sólo eso. No está en mi naturaleza. Alguien no puede catalogarse de objetivo si sólo escoge los filmes pertinentes a su visión, que sólo escribe sobre ello. En todo caso se dirige a un público que espera eso. No estaríamos hablando de cine en realidad. Muchas veces se ha llamado al cine comercial de apolítico o se le adjudica incluso una postura. A esa vera hay quienes lo critican, lo minimizan o les es indiferente, puesto que no va con su mirada. Otros dicen que tal cine refleja el futuro o la realidad/esencia del momento/época, pero pasa muchas veces lo mismo, es la elección de una postura similar a la de uno. Yo trato de dar cabida a todo lo que considere interesante. Dentro de lo normal. Trato de ser ecléctico, libre. No busco decir qué es bueno y qué es malo, sino hablar de porqué el filme que escogí es atractivo de ver, porqué desde mi perspectiva sobresale en el séptimo arte. Es valioso que en todo existan opciones para que cada quien tenga la oportunidad de encontrar su paridad y que exista novedad, riqueza argumental. Yo sólo escribo de lo que a mi ver es interesante. No escucho a nadie. Hago simplemente uso de info general. Se ha podido hablar antes de un filme y ahora estoy analizándolo desde mi perspectiva. Justamente yo escribo porque lo demás no me satisface. Me cuesta escoger cada película, pero me moviliza hallar cine que me produzca entusiasmo. Vivo cada propia elección, cada hallazgo personal. Ésta película dura 1 hora 25 minutos, lo que viene a solventar que toda gran película se irgue bajo un dotado uso del tiempo. Todo momento en ella es valioso, profundo. El director es el documentalista francés Jean Rouch y se ayuda del filosofo y sociólogo Edgar Morin con quien codirige. La única vez que Morin lo hizo. La presente pone en práctica el llamado cinéma vérité que en el documental se llega a explicar. Es el cine de la verdad, buscar que el documental atrape un tipo de verdad, dentro de cierto realismo, aun cuando lo ponen en duda al haber cámaras, interpretarse a si mismo en algunos momentos o repetir algo que previamente se ha dicho. Esto se discute abiertamente en el filme. Se menciona que habrá una edición y que los participantes fluyan frente a la pantalla, se dejen llevar. Alguien lo llega a señalar como hecho conseguido, ejecutado. Aparece tanto Rouch como Morin frente a la cámara en varias oportunidades. Llaman al presente un cine que experimenta con esto de atrapar realmente la verdad. Morin hace entrevistas en éste filme sociológico que tiene de psicólogo. Se escoge a un grupo de gente y se les entrevista. Se les pone a conversar entre ellos además, o hasta a debatir política y al filme en sí mismo. De la misma manera salen haciendo sus actividades diarias, como paseando por el metro de París. Vemos a una persona practicando judo en solitario o a una pareja de amigos yendo a ver una corrida de toros. Atrapar la verdad es contener mucha intimidad o emotividad, que los entrevistados o seleccionados abran su alma. Una joven habla de su fracaso amoroso, estando en pantalla al lado de su pareja, un chico que se define apolítico y que cree que la juventud militante es en realidad un mito, algo forzado. Se menciona la guerra con Argelia, frente al colonialismo francés, a 1 año de que logre su independencia. Rouch hace participes a jóvenes africanos de habla francesa, interactúan en cenas y paseos. Se involucran intelectualmente compartiendo pareceres sobre colonialismo o relaciones interraciales. Tenemos distintos estudiantes presentes. Hay gente de la clase trabajadora que hablan con emprendimiento, sin perpetrar el habitual cine social. Vemos una fábrica de Renault en toda su esencia. Se critica que el trabajo lo absorba todo. Se alude la necesidad de ser uno mismo, de aprovechar la vida. Una chica italiana que es empleada del hogar desde los 24 años, por tres años, menciona su dificultad de hallarse a sí misma, perdida en la vida superficial, una y otra vez. Una muchacha habla de haber estado en un campo de concentración para judíos. Se recrea con su andar y su voz en off memorias de aquel tiempo. Se pregunta en la calle sobre la felicidad, asunto por el que gira la película. Morin llega a decir que por el amor. Es una propuesta que recuerda el talento del brasileño Eduardo Coutinho, alumno aplicado en películas como Edificio Master (2002) y Juego de Escena (2007). Una premisa puede ser sencilla como la de éste documental pero el talento consta justamente de consumar esa búsqueda, contener autenticidad, coger la verdad de las cosas. La mayoría falla. La presente obra lo consigue. Versa sobre la idiosincrasia de la gente común y corriente de Francia. Lo que vemos le saca mucho provecho al sociólogo Edgar Morin que se explaya intelectualmente. Tenemos a una chica hermosa paseando en bañador por Saint Tropez, mientras menciona querer convertirse en una celebridad. Hace de modelo para subsistir económicamente. Refiere la falta de intelecto de muchas aspirantes a actriz o modelos, pero que en efecto a todos les gusta ver mujeres bonitas. El filme analiza mucho a la juventud, incluso hace alusión al aburrimiento natural de la temprana edad, filosófico de paso. No obstante como pregunta un transeúnte, queda en pie que es un filme sobre la naturalidad y la cotidianidad. En eso aunque se oyen temas políticos y sociales el filme no se percibe ideológico, aun cuando hace uso de mucha sociología, lo cual es una verdadera curiosidad, porque hasta a Godard le gustaba, aunque al de 30 años, el de À bout de souffle (1960). Ésta obra ganó el premio de la critica en el festival de Cannes.
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