sábado, 11 de mayo de 2019

Tinta roja


Un grupo de periodistas celebran en un bar con música criolla –al son de El Alcatraz y su clásica vela detrás de una falda- hasta que llega una noticia fúnebre que les cambia el rostro a todos. Así empieza éste filme del peruano Francisco Lombardi y hacia ahí irá tras varios flashbacks que van completando la figura hasta llegar a un racconto.

Alfonso (Giovanni Ciccia) es un practicante que se une a un periódico popular llamado El Clamor y en éste lugar halla a su mentor, a Faundez (Gianfranco Brero), un hombre muy sexual, muy vulgar de boca, como el filme tan criollo. Se ven muchos casos de periodismo popular donde brillan los crímenes y accidentes, las muertes, y la gente más pobre y humilde lucen como si fueran artistas por un día, parafraseando a la película.

El grupo de periodistas protagonistas está encabezado por Faundez que es el periodista avispado, vivo, malcriado, astuto, el jefe que muestra toda su virilidad y machismo, quien es pícaro hasta lo grotesco, quien es muy criollo, muy ducho en el periodismo más barato. Gianfranco Brero lo hace muy bien, y obtuvo por su actuación el merecido premio de mejor actor en el festival de cine de San Sebastián 2001.

Faundez muestra una personalidad ambivalente, puede ser detestable –donde anida más-, como alguien a reconocer como talentoso, como en su profesión, que es hasta guía, maestro, amigo, tiene un extraño aire paternal, aunque busque lo soez, lo sórdido, trabaje hasta con lo ruin, como pasar por alto siempre el dolor ajeno y ver a las personas como intereses propios y cero altruistas, e igualmente habla curiosamente de la compasión, pero de la que le recuerda a sí mismo, habiendo una escena de boomerang donde ve quien ha sido y se da cuenta de su error. Familiarmente es una ruina, otro punto de la ideología del sexo y el libertinaje que maneja la propuesta. Y pasa por alcohólico en cierta manera, otra idiosincrasia chicha.

Lo secundan Van Gogh (Carlos Gassols), el chofer quien gusta de recitar frases célebres –muchas muy conocidas, sencillas- y luce como un viejito bonachón, pero también es parte del clan del criollismo; un fotógrafo casi mudo, Escalona (Fele Martínez), muy frío para la foto más escabrosa y sensacionalista, pero catalogado de los mejores de su profesión valga la curiosidad; y el nuevo practicante, Alfonso, que pasará de ser un joven educado con ánimos de convertirse en un escritor profundo –de ahí le viene lo de Varguitas, en la mención a Mario Vargas Llosa- y mucha cultura al pupilo de Faundez, su posible reemplazo, un pequeño doble.

El filme muestra a una Lima popular, donde la noticia más fuerte es buscada con ahínco, mientras se forman vínculos entre los periodistas y se van mostrando sus personalidades, en especial la de Faundez que es igualito a lo que significa El clamor, un periódico chicha, vulgar. Faundez en sí es la película, como va adoctrinando e influenciando a Alfonso que vendría a ser el pequeño héroe, quien más es como pasar por una experiencia de madurez, de vida.

La parte romántica la forma Nadia (Lucía Jiménez), pero como el filme busca ser siempre chicha, popular, criollo, sexual, ella pasa finalmente a segundo plano, a ser parte de la ideología o la argumentación de éste submundo de noticia barata y devoción al sexo. Nadia es guapa, independiente, algo sofisticada, una periodista de espectáculos, pero eso no cuenta frente a la verdadera reina del filme, la sexualidad –junto a la violencia-, con la podóloga (Tatiana Astengo) y la periodista amante (Yvonne Frayssinet) representándola.

Es un filme que puede gustar mucho si lo vemos como la peruanidad más humilde, como un retrato implacable y muy realista del criollismo peruano, pero que como su expresividad puede ser vulgar, chacra, o en todo caso su aspecto social es muy contundente y ahí radica su mayor logro, como su tara, dependiendo. Pero eso es lo que busca y por ende es un éxito de película.

Sin duda, es una de las películas más auténticas y más propias de Francisco Lombardi, donde está toda su identidad e idiosincrasia como cineasta. Es nuestro cine, parte importante de quienes somos, parte de nuestra historia como séptimo arte. Tinta roja es identidad, una de nuestras mejores películas, aun cuando es tan social, tan realista, tan vulgar, tan criolla. 

jueves, 9 de mayo de 2019

Rojo


Un hombre discute con otro por una nimiedad, finalmente el que parece perder o resignarse avergüenza a su contrincante, estalla en furia el humillado, más tarde se desata la violencia. Tras un espectacular arranque el filme se dedica a explayarse en sus 2 historias, una sobre un saqueo de una hermosa casa y el otro sobre una discusión en un restaurante. Pero el filme es muy suelto, no esperen un abordaje contundente como el del poderoso inicio. El director argentino Benjamín Naishtat retrata 1975, poco antes de la dictadura de Jorge Rafael Videla. En su filme vemos lugares comunes de lo que sería ésta dictadura, pero en forma trasversal. En Rojo hay desaparecidos aunque por asuntos pedestres y por gente común. El filme salvando distancias es como La cinta blanca (2009) y constatar lo que vendría después en Argentina. Es una obra donde todo no parece tener mucha importancia y el clima está un poco enrarecido. El personaje principal es un abogado, interpretado por Darío Grandinetti, quien viaja a una pequeña provincia con su mujer y su hija. Entre lo curioso y hay mucho de ello, pero en tono muy relajado, que puede pasar por medio dormido, está la contratación de un detective en manos de la interpretación del chileno Alfredo Castro. En Rojo hay corrupción, oportunismo y aprovechamiento, parte de lo que sería la dictadura de Videla. Hay culto a la iglesia, como Castro haciendo de un devoto, un hombre que permite lo sórdido, pero ejerce la crítica social. Grandinetti luce muy competente, es un gran actor. En éste filme hay hasta un eclipse, escenificado en una playa. Es una propuesta muy de cine arte y tiene personalidad. No es un filme demasiado original, pero medio que se distingue, como cine de autor. Tiene un clima algo seco, pero no muerto, y contiene humor extraño, será ironía. Es un filme que se pretende inteligente, quizá demasiado para su propio bien, y no resulta un filme maestro. Es más potente y efectivo al hacer cine sorpresivo y violento como en el inicio. Luego cambia de tono. Es una obra a valorar, aunque decaiga, afloje y sea algo parsimoniosa.

lunes, 6 de mayo de 2019

High Life


Claire Denis hace una película interesante, pero no perfecta, entonces vale, porque tiene su originalidad, su buen cine arte, aunque tiene puntos débiles o criticables. El filme es algo confuso de ver, sobre la misión de reproducción, el por qué la hacen tan complicada; después se suelta el pandemónium que si luce normal ante no ir por la vía rápida y fácil.

El filme tiene su parte fuerte en como desaparece la tripulación hasta quedar padre y bebé solos. Robert Pattinson interpreta a éste padre, y está muy bien. La trama de ir rumbo a un agujero negro suena escueta pero práctica, efectiva, con los muchachos pequeños criminales puestos en el espacio con la doctora asesina (Juliette Binoche) y su investigación.

El sentimiento que emana entre padre e hija del inicio es bueno, luego se vuelve medio intrascendente, pero sigue funcionando. Pattinson con su actitud y performance no necesita verse más viejo, no mucho al menos. High life (2018) es un sci-fi que exhibe herramientas sencillas, pero es muy erótico, sexual, tiene identidad.

Lo interesante es como cada tripulante va a ir desapareciendo hasta que quede la figura previa de los cadáveres que arroja al espacio Monte (Pattinson). Estos cayendo en el espacio son tremenda imagen. Binoche sobresale como cabe esperar. Lo futurista –lo material- está perfecto, sin demasiada extravagancia que no sea alguna máquina de excepción.

Pattinson hace de un buen tipo en general, quien se regenera con la responsabilidad de cuidar de su hija. La propuesta habla de la búsqueda de la trascendencia. Binoche también hace de una mujer en pos de la redención, con lo maternal. Hay un vacío y ser defectuoso –hasta lo criminal-, mejorar como persona, que se trata, que se llena o se transforma con tener un hijo, aunque hay quien reniegue de ello y se muestra incluso violento.

El filme versa sobre ser padre y arranca de ser un muchacho loco hacia esa responsabilidad, mientras esto es productor de mucha intensidad. El filme tiene su toque gore, sus momentos de terror. Hay una buena bomba de tiempo, en como Denis propone subir la tensión, en como lo prepara. High life no es un hito, pero es un buen filme.

domingo, 5 de mayo de 2019

El Motoarrebatador


El Motoarrebatador (2018), de Agustín Toscano, es un filme pequeño y básico. Unos ladrones en moto le roban una cartera a una señora madura y la terminan arrastrando por el piso. El que maneja la moto siente culpa de lo que ha hecho, mandar a la mujer al hospital, la visita y termina siendo como un familiar para ella, la cuida. El hombre se llama Miguel (Sergio Prina) y tiene la suerte de que la mujer está amnésica y esto le permite cuidar de su casa y hacerse pasar por alguien conocido de ella. Elena (Liliana Juarez) es una mujer solitaria, una empleada del hogar que ha juntado su plata y vive tranquila, va a cobrar un dinero y justo la asaltan. Miguel es un tipo pobre y desempleado, vive en casa de su pareja que termina botándolo, tiene un hijo chico. Miguel ve de paso la oportunidad de establecerse, de tener un hogar cómodo en casa de Elena. Elena mientras tanto necesita ayuda por su estado y se apoya en Miguel. Hay una relación algo extraña de definir del todo, ¿hay amistad, atracción o más lo que parece, un cariño familiar? El motoarrebatador no ofrece mucha originalidad, es una película que se siente mil veces vista, pero es ligera y se ve fácilmente, no molesta, entretiene. La escena que sale de lo común es una con Prina desnudo con casco de moto echando aerosol a la casa, dura poco tiempo y parece salida de la nada, algo gratuita. El filme forma un vínculo sólido entre Elena y Miguel, que es de lo que se vale la película, su centro. Ésta relación sin embargo no llega a plasmar gran cosa y llega a una pelea que hace ver a Miguel como un tipo bajo, acomplejado con su estado de criminal. Los protagonistas están bien dibujados, aunque le falta más punche al asunto, un poco de más relleno y novedad. Ésta película argentina estuvo en la Quincena de Realizadores 2018.

miércoles, 1 de mayo de 2019

El Ángel


El Ángel (2018), del argentino Luis Ortega, es una película exuberante, hecha en grande a lo blockbuster de cierta manera, no digo comercial, porque no lo es del todo, tiene escenas que son muy radicales o anárquicas, de paso de mal gusto, como mostrar un testículo latiendo en primer plano para enseñar que el protagonista es un desviado como lo señalan más tarde los medios de prensa. El Ángel compitió en Un certain regard 2018.

Lorenzo Ferro debuta en el cine como Carlos Robledo Puch, ladrón y asesino real que es quien tiene el mayor tiempo en la cárcel de la Argentina, más de 45 años en la cárcel. Pero Luis Ortega hace un filme medio arty, cool, algo humorístico, un poco extravagante. Lo mejor del filme es ver a Ferro bailando al son de La joven guardia y su hit el extraño de pelo largo. Robledo Puch se caracteriza por ser un tipo muy frío, pero también rubio y ojos azules, delgado, lo que sorprende a muchos que sea tan sanguinario y tan brutal.

El gran compinche de Puch es Ramón (Chino Darín), y manejan una cierta atracción entre ellos, sin concretarla; el filme defiende lo gay como en la pelea en el bar. La propuesta es muy intensa y entretenida, está contada bastante bien, con sentido del espectáculo. Los padres de Ramón y Puch también son interesantes, con el chileno Luis Gnecco y Cecilia Roth haciendo de los padres de Robledo Puch, siendo tipos muy decentes, pero de poco carácter. Por el otro lado los padres de Ramón son Mercedes Morán y Daniel Fanego y aportan picardía y perversidad. Fanego sobresale en especial del grupo.

El filme no intenta ser un retrato verídico, es algo mucho más libre, se busca una obra artística ante todo, con un Puch que es un personaje de cine, no uno tan real, aportando simpatía, relajo y humor. No se juzga con fuerza de ninguna manera su brutalidad, es visto todo como mecanismo de entretenimiento e impacto, de hedonismo. No es algo serio en ese sentido. Vemos a Puch comportarse como un niño, como un tipo de poca meditación, es un loco, aunque él se considera normal. Es como que al chico más popular del colegio se le pusiera perversidad, sordidez, criminalidad, y todo fuera conchudo, atrevido, libertino y nihilista.  

lunes, 29 de abril de 2019

La Mula (The Mule)


American Sniper (2014) le bajaba puntos a Clint Eastwood, ya cansa además que siempre esté retratando nacionalismos y patriotismos de su país, un héroe americano más a su filmografía. Con The mule (2018) vuelve el Eastwood que se hace querer, el mismo de la maravillosa Gran Torino (2008), con el mismo guionista, dígase de paso, Nick Schenk.

Clint Eastwood interpreta a Earl Stone, un hombre que ha antepuesto el trabajo a su familia, con una hija (Alison Eastwood, su verdadera hija) y una ex esposa (Dianne Wiest) que no lo aguantan, que mantienen su distancia y siempre lo critican. Earl toda la vida ha sido un outsider, un solitario, un hombre de la carretera, alguien que ha vivido siempre su hedonismo, lo superficial, como horticultor y como viajante. Ha recorrido 41 estados americanos. Earl además es veterano de la guerra de Corea.

Earl una vez que está arruinado, por las ventas de internet, se vuelve una mula, lleva cantidad de droga en bolsos a través de los estados americanos. Lo único que tiene que hacer es llevar la droga en su camioneta sin que lo descubra la policía. Mientras Earl gana dinero empieza a gastarlo en todos sus seres queridos, vuelve a ganárselos, pero lo que su familia quiere en realidad no es dinero, sino que él esté presente con ellos. Eastwood pone de mensaje que la familia es primero que todo, antes de la fama, el trabajo, el éxito y el dinero.

Como en Heat (1995), aunque con distancia, Heat es un obra maestra, al igual que el diálogo entre De Niro y Pacino, entre policía y criminal, hay diálogos maravillosos entre Earl y el policía que ve casos como el suyo, el agente Colin Bates (Bradley Cooper), pero sin que Bates sepa que en realidad Earl es a quien busca, el Tata, la mula que tanta droga ha transportado.

En un momento un narco le dice a Earl: Estás con nosotros ahora porque te has equivocado mucho antes, al ver a Earl tan fresco y feliz en sus transportes. Earl responde: pero es el mejor sanguche de chancho del mundo. Es decir, hice lo que me dio la gana, no me importa lo que dices, repito que vale la pena. No obstante Earl si sabe que ha sido un pésimo padre y esposo, sabe de sus errores, tiene consciencia, humanidad, y trata de hacer ahora feliz a muchos, a sus compañeros veteranos y en especial, a su familia –nieta, hija y ex esposa-.

La mula es ligera, pero hábilmente comercial, es muy entretenida, de gran ritmo. Eastwood luce maestría en su dirección, sabe hacer buen cine comercial, cine hollywodeense de primera. Nick Schenk escribe en el estilo de Gran Torino, aunque sea un filme menor a ese. La mula no es una película ambiciosa, pero es una para querer a Eastwood, para disfrutar de la cinefilia.

Clint Eastwood ya no se luce con la violencia, pero sí con las mujeres, con las jóvenes y voluptuosas, con las despampanantes, pero aunque es pedestre con ellas deja espacio para ser caballero con las mujeres mayores, las llama bellas, les suelta piropos dulces y las respalda. Es un mujeriego con las jóvenes y con las mayores es amoroso.

En el filme Earl tiene 90 años, Eastwood tiene 88 años, es pasivo con la violencia, los narcos mexicanos representan la violencia, Earl no los enfrentará nunca, de ninguna manera, incluso medio que pasa por amigo de ellos, por extraño que suene –ya que son criminales consumados, duros, sin medias tintas, expuestos así, casi todos sin background en el filme, o lo mínimo: la pobreza extrema, el ser nadie, lo típico-. Estos lo comprenden, les parece gracioso, curioso, extraño, Earl es un personaje para ellos, no lo sienten un criminal, parece más una extravagancia, aunque entienden la razón, como la de la mayoría: el tener mucho dinero, simple y llano. El filme cuenta un hecho real, sacado de un artículo periodístico.

Eastwood se muestra buen actor. A su edad sabe expresarse bastante bien, ser gestual, y acomodar el cuerpo al requerimiento, que puede ser algo brusco, primitivo. Igual el reparto mexicano está notable, no tiene fisuras. Bradley Cooper también luce muy bien. Eastwood agrega algunas bromas sobre afroamericanos y mexicanos, pero todo ligero y con la confianza que lo caracteriza, sin tampoco sobrepasarse.

Otra broma recurrente es compararlo con James Stewart, con esa imagen impoluta y correcta que tenía, de americano modelo e identificador, y suena a lo que intenta hacer Earl -se le exige- al pasar del criticable outsider lobo solitario –el Eastwood violento de paso- a un hombre familiar -a un viejito, la realidad-, aunque a Earl Stone se le ve sonreír cuando está preso con sus flores, nuevamente solitario en su mundo, luego de jugársela y apostar por lo criminal -su opuesto- y ser un lobo solitario por última vez, aunque lo sea una y otra vez como una enfermedad o identidad prácticamente inamovible, pero habiendo cumplido con su familia en aquella despedida. De todas formas queda en el aire hasta el final un sutil chascarrillo: no puede con quien es. 

viernes, 26 de abril de 2019

Capharnaüm


Capharnaüm (2018), de Nadine Labaki, retrata la miseria de los habitantes de Beirut, Líbano. Zain es un niño de 12 años que pasa penurias porque sus padres son extremadamente pobres y están llenos de hijos; su familia hace mezclas con medicamentos y las vende a drogadictos.

Una de las hijas es deseada por un joven dueño de una tienda de alimentos y cuando llega su menstruación la hija le es entregada para el matrimonio. Zain que ama mucho a su pequeña hermana se arrebata y abandona el hogar, va a la calle y sobrevive como puede. Afuera, solo, conoce a una emigrante etíope y a su bebé; Zain cuida del niño a cambio de un hogar y trabajo.

Ésta es una película llena de problemas económicos, sociales, y muchos la han tachado de hacer una película de porno-miseria, pero es una realidad que ha conmovido a la directora como ella misma ha dicho, entonces depende de uno con que se queda, si con el sentimiento de necesidad de Zain y mucha gente libanesa que le salpica al mundo, o con una demostración demasiado lastimera y abusadora de precariedad.

Ciertamente que el filme llega hasta las últimas consecuencias en mostrar la pobreza de Zain que llega a estar preso y a demandar a sus padres por su nacimiento. Pero el filme tiene una buena escenificación y tiene sus momentos a rescatar aun así. Uno de ellos es cuando Zain conoce al hombre cucaracha, primo de Spider-Man, y se hace una similitud con el estado de Beirut. El hombre cucaracha es un viejo que fuma como loco. Se le ve todo un personaje.

Zain es un niño sobreviviente, un niño que logra arreglárselas para vivir aun a tan corta edad. El filme exagera cuando Zain va a vengar a su hermana tan ligeramente. La última parte ya es demasiado con un Zain llamando a la consciencia de todos por la pobreza que lo acosa y los padres que tiene y que la propician.

Capharnaüm (2018) no es Slumdog Millionaire (2008) donde se exagera el cine de la India con sus películas lacrimógenas e historias de miserias, en medio de un juego televisivo de preguntas y un rescate romántico, donde todo es hiperbólico adrede –hay hasta una escena donde por un autógrafo un niño se sumerge en excremento-, pero tiene algo de ella en ese sentido, donde tanta pobreza y a todas luces hace cierta mella en uno, toca algo de fibra.

La mirada desde el aire de las casas paupérrimas de Beirut es de una estética avasalladora, hay una geometría y simetría aun en la escasez material. Zain cuidando del bebé africano es toda una clase de neorrealismo, con una naturalidad desbordante. El pequeño bebé para la cámara hace cosas increíbles. Zain como lo cuida es imponente. Lo que vuelve a fallar es cuando Zain hace el trámite con el hombre del ojo azul y el otro marrón, nuevamente se tiende a lo más extremo, a lo más penoso.

Se pudo atemperar un poco el nivel de miseria, pero el filme busca que Zain declare la vida como horrible y culpe a sus padres que tienen hijos sin pensar en cómo mantenerlos o, por supuesto, en que consigan la felicidad. Ésta es una película que capta la atención, se deja ver bien, no es pesada, aun cuando tiende a mostrar la peor cara de Beirut, pero lo hace con ritmo, imaginación, estética y amabilidad hacia el espectador. No será un filme inmortal o memorable, una obra de arte o de culto, pero no es un mal filme.

jueves, 25 de abril de 2019

Barbara


Ésta película ganó un premio especial, premio a la poesía narrativa en Un certain regard 2017, pero se debe a que es una película muy de cine arte, que sigue un poco la estela de Ne change rien (2009), de Pedro Costa. Barbara remite, por el nombre también, a una cantante francesa, nacida Monique Andrée Serf, pero habla al mismo tiempo de la actriz que la interpreta, Jeanne Balibar, que hace de una actriz llamada Brigitte que hace una película sobre Monique Serf, ambas son cantantes y se fusionan. Balibar todo el tiempo está cantando, mientras entra y sale de la vida de Barbara, la cantante famosa gala, y es ella misma también, con mezcla de ficción y documental. Es una película muy marcada en cine arte, es una película típica de festival, no es en absoluto una película comercial o fácil de ver, de ahí que un premio de poesía narrativa le caiga tan lógico. Pero es una película amena, vemos a Balibar dar una gran actuación, es toda una diva, una mujer madura sexy, llena de melomanía y cinefilia. Un piano es sacado a un patio y Balibar sale y toca afuera, hay una clara composición artística, quiere ser una película cool, de cine arte cool, aun cuando sea difícil de ver para muchos porque no es convencional, su narrativa es muy libre y no parece tener rumbo claro, no hay conflicto, no hay desenlace feliz o trágico, es ver a Balibar fluir como actriz y cantante. También hay ficción, como una aventura sexual con un hombre ordinario, pero es mucho el ver estar haciendo una película, metacine. Brigitte luce tacos altos siempre, es sensual, es interesante. Toca donde sea, la vemos componer música y el rol de Barbara, con quien tiene vasos comunicantes profesionales. Mathieu Amalric no sólo dirige la película, también actúa, hace de cineasta, emula su profesión actual, pero se nota un personaje. Amalric estuvo casado con Balibar y tiene 2 hijos con ella, actualmente están divorciados, pero se siente la admiración que le dedica a ella, haciendo de fan suyo, mientras él consigue hacer cine de autor en toda gloria, o eso busca con esmero y amor. A ratos se nota un poco el querer hacer cine arte, es decir, ser arduo y estético, denotando algo un poco artificial, pero la simpatía que exuda el filme lo supera todo. Balibar se luce en grande, es imponente.

sábado, 20 de abril de 2019

Border (Gräns)


Ali Abbasi hace un filme con el folclore nórdico adaptando un cuento del sueco John Ajvide Lindqvist, el mismo escritor de la novela de vampiros Déjame entrar que Tomas Alfredson adaptó a la gran pantalla el 2008 y fue una maravilla. Abbasi ganó con Border el máximo premio de Un certain regard, Cannes 2018.

Border nos muestra la vida de Tina (Eva Melander), una mujer de apariencia gruesa, de aire primitivo y poco agraciada que es policía de aduana y que tiene un don especial, puede oler las emociones con lo que le es fácil arrestar a pedófilos, contrabandistas y cualquiera que se quiera pasar de listo en la aduana.

Tina se siente una freak por su apariencia poco común, a pesar de llevar una vida ordinaria y estable. Tiene una relación con un hombre normal, pero no están muy unidos. No obstante la existencia de Tina cambiará cuando conozca a Vore (Eero Milonoff), quien le revelará que ella es en realidad un troll y no un ser humano.

Tina se reconocerá al fin, en su casi extinta especie, sentirá la razón de su diferencia con los seres humanos y se liberará con alguien físicamente semejante a ella. Tendrá un romance con Vore, y sacará su lado más salvaje. Lo representa la escena de sexo, sus gruñidos y algo tan simple como comer insectos. En el camino habrá una pequeña trama de pedofilia, que sacará aún más de lo convencional su romance y apasionamiento. En esto veremos un poco de terror, teniendo en cuenta que el folclore nórdico y los troll lo tienen en una medida.

Habrá a su vez un macabro intercambio dentro de lo sobrenatural con la suma de la venganza. Todo lo que hacen muy interesante éste filme. Ésta propuesta tiene un aire seco y algo duro. Abbasi en su obra maneja muchas emociones como la depresión en la vida sosa y marginal y trabaja con la identidad. También el filme enfrenta al bien con el mal en la propia esencia, y aunque Tina es alguien compasiva y preocupada por los demás se influenciará de alguien como Vore que tiene crueldad y resentimiento en su haber.

Se dará un deseo de repetición de maldad o supervivencia a la vera de la extinción de los Trolls por lo que Vore es un tipo que hace el mal en favor de su especie, que habla del apocalipsis, y justifica a hombres como a los trolls que hacen de Tina no una freak sino alguien opuesto por naturaleza, alguien que debe hallarse para ser ella misma –dentro de la dualidad de lo común, terrenal, y lo extraordinario, buen cine de género-, con lo que el folclore nórdico y la película suena muy rico, algo perverso y terrorífico inteligentemente.

viernes, 19 de abril de 2019

Cold war (Zimna wojna)


Lo que ofrece el polaco Pawel Pawlikowski es una historia de amor, algo tan sencillo como eso, pero con el fondo de la post guerra mundial, la guerra fría y la ubicación en el socialismo partiendo de 1949 hasta los 60s, donde la pareja como polacos en tiempos socialistas deben adaptarse. Zula y Wiktor (Joanna Kulig y Tomasz Kot) son esa pareja. El filme tiene a Zula como aspirante a un grupo folclórico estatal y a Wiktor como uno de los seleccionadores. Ella con una gran personalidad, belleza y un pasado llamativo dejará prendado a Wiktor, a lo que se suma el talento de la joven muchacha que la hace más especial. Lo que nos mostrará Pawlikowski es lo tantos vuelcos que dará la relación, intensa, llena de amor, pero aun así siempre trunca, hasta ese final de aire ligero bajo decisiones importantes. Otra cosa que suma y mucho es que es un filme con mucha música. También tiene una gran edición, pasan mil cosas en poco tiempo. Los sucesos fluyen en tiempo perfecto, incluso más rápido. La relación da muchos momentos, tiene un lado cool, aun cuando en realidad es una historia triste, producto de la continua imposibilidad de estar tranquilos y juntos por largo tiempo. Es una historia con la que entretenerse, pero que meditándola genera desazón. Las peleas y rupturas no son expuestas en lo visual por largo tiempo, pero se les siente. No hay antipáticos aquí, pero si hay momentos de engreimiento, donde uno es más culpable que el otro, además el fondo social y político se inmiscuye en sus existencias. Lo hace sin grandilocuencia, pero en cada trámite se da poca información. No obstante se entiende bien en general. El fondo hace del filme algo más complejo, una relación muy difícil. El relato es bien nacionalista, aun cuando Francia también aparece. Cold war (2018) es una película con identidad, bien polaca -lo que la hace notable-, y a la vez universal.