sábado, 13 de abril de 2019

Boss Nigger


Blaxploitation de Jack Arnold, escrito por Fred Williamson quien es el protagonista, Boss Nigger, cazarecompensas que con su acompañante Amos (D'Urville Martin) llegan a un pueblo donde se hace del puesto de sheriff cuando todos temen y obedecen a un pistolero, Jed Clayton (William Smith), que Boss Nigger está persiguiendo. El filme tiene mucho de humor, pero tiene su lado serio, pero no es demasiado tampoco. Boss Nigger es una película de lucimiento, de dejar en gran estado a la gente de color, pero propone burlarse del racismo, haciendo ver a Boss Nigger más astuto que todos, a veces parece un poco abusivo y matón pero representa al héroe, al tipo guapo, el más despierto. Les pone el pie encima a los malvados o a quienes no lo aceptan como sheriff, que son la mayoría. No hay impresionantes escenas de acción, pero es un filme competente en ese rubro. Es un divertimento, pero no un gran western. Hay mucha picardía, incluso con una morena (una sexy Carmen Hayward). También hay sus muertes, no es que el filme tema matar a nadie, sea una película familiar del todo, es un filme con harta violencia. Boss Nigger (1975) es uno de los filmes capitales del blaxploitation. El alcalde lo interpreta R.G. Armstrong, un personaje vistoso, como el alcahuete de Jed Clayton, aunque el pistolero lo trata mal. Clayton es un malvado clásico, pero no tan llamativo, tiene músculos, se le ve tosco y cruel, pero visualmente le falta mítica. Boss Nigger pinta mucho a comedia, pero el héroe es atractivo para el espectador. La musiquilla que lo acompaña es verdaderamente mala al oído. Boss Nigger pone de cabeza este pueblo lleno de racismo, pero tampoco nada muy profundo, se lo toma bien ligero. Inclusive Boss parece comprender la situación bastante bien y no exaltarse ni asombrarse. No es ningún llamado a la consciencia, sino hedonismo de cine B.  

jueves, 11 de abril de 2019

The Baby

Ésta obra de culto de Ted Post puede parecer una película idiota en un inicio, pero tiene forma en cierta manera. Un joven de 20 años con grave retardo se comporta como un bebé y es tratado así por su familia, por su madre, Mrs. Wadsworth (Ruth Roman, que luce como una Elizabeth Taylor madura de mirada furiosa), y sus 2 bellas hermanas. Un día, una astuta asistenta social, Ann Gentry (Anjanette Comer), intenta ayudarlo, al creer que es el trato de la familia el que lo tiene así, a quien solo se le conoce como Baby. Pero el filme va un poco más allá y algo de terror propone, un poco de sinrazón especial también por el final, pero tener a un adulto comportarse como bebé lo tiene a montón de todas maneras. Es una propuesta con muy pocas escenas de terror; a la que sumamos algo de suspenso cuando emborrachan a la asistenta social y quieren deshacerse de ella. Ver cómo se comporta éste adulto como bebé realmente se percibe ridículo, no es una actuación muy plausible, pero en conjunto el filme es coherente, tiene sentido. No obstante no es gran cosa lo que aporta. Le falta fuerza como película de terror, y como drama no tiene seriedad suficiente. La familia de Baby sí es curiosa, como con las hijas, una le tiene cólera y lo maltrata, la otra se acuesta con él por las noches. Lo llamativo en general viene con la frase ir por lana y salir trasquilado, lo que ocurre en el desenlace. Pero es poco. Igualmente, como sea, es un filme de culto. Seguramente por la situación del adulto haciendo de bebé, pero lo mejor es la familia y la astucia de la asistenta.

domingo, 7 de abril de 2019

God Told Me To


Estamos ante una de las mejores películas de terror de Larry Cohen y una de las más interesantes del género, con una película intrincada y extravagante. Un detective de policía llamado Peter J. Nicholas (Tony Lo Bianco) investiga unos casos de tiroteos y masacres en New York por asesinos que dicen que Dios les ordenó matar, como gente imbuida en una epifanía religiosa, cuando no eran antes personas proclives a la violencia. Todo esto suena interesante de arranque pero la cosa irá creciendo, poniéndose más alucinante.

El detective es muy católico, pero lleva una vida contraria al dogma de su fe por una parte, tiene una amante y su esposa a la que tiene medio abandonada lo sabe, pero no lo deja, lo consiente. Con éste tipo de vida igual el detective siente mucho apego a la iglesia, por lo que al enterarse de que los asesinos dicen que Dios los ha mandado a perpetrar masacres está muy perturbado e interesado en resolver los casos. Pero efectivamente hay un dios tras todo pero no es lógicamente el típico, entrando a formularse un argumento bastante curioso.

La segunda parte da otro giro al filme, volviéndolo más imaginativo y estrafalario, pero aun así tiene sentido para el observador. Tiene escenas místicas de otro orden, habla de lo bíblico de forma pagana, dentro de un filme de reinvención teológica. No necesariamente nos refiere al demonio pero si a un dios con otras ideas. También el detective tiene un misterio con su adopción que pone al filme en una mayor perspectiva, pero aun así sigue manteniendo el encanto y cierta coherencia, cuando todo es muy radical y novedoso a un punto.

Esta propuesta tiene un muy buen argumento. Aunque encasillarse en el demonio puede ser un poco cuadriculado si coincide algo con el filme La Profecia (1976). El filme aunque habla de religión en realidad lo trastoca todo a ese respecto haciendo algo muy libre y cósmico. Todo el filme es muy estrambótico, pero a la vez muy humano, muy terrenal con el mal y la perversión humana en un dios, con el sentido de la venganza y de la crueldad como camino u opción.

La película puede simplificarse en el demonio y todo fácil para digerir, pero el filme da a pensar en algo más gaseoso y general, pero la última línea de diálogo señala que el camino de lo correcto, de la fe, está por encima de lo sobrenatural, y existe algo más, existe lo ideal, proponiendo a la fe en lo cristiano y su palabra como la mejor vía de humanidad, de estabilidad, por eso el detective se ciñe a esa línea, aunque con una sonrisa irónica. Ya no en el sentido inicial de los hombres dominados, sino como forma de libertad.

El detective tiene que conocerse, aun con ese final. En un momento se lo dicen, si sigues por ese sendero terminarás mal, pero el hombre tiene que indagar, como policía y persona, lo da a entender lo que le cuenta de los hijos su esposa a su amante, hay algo que debe cumplir. Toda esa fe suya tiene que ver igualmente, tanto icono religioso y música celestial a diestra y siniestra y las mencionadas confesiones de culpa. Todo lo que emparenta a la estupenda Teniente corrupto (1992), en forma clásica.

sábado, 6 de abril de 2019

It's Alive, It Lives Again y It's Alive III: Island of the Alive


It's Alive (1974)

Lo mejor de éste filme de Larry Cohen es el sentimiento que emana de los padres hacia su bebé monstruo, esa lucha entre entender que su bebé es su carne y sangre, su amado recién nacido, y un monstruo asesino, literalmente, pero que podemos conjugar e imaginar como que se trata de un asesino humano para pensarlo como idea general, ¿cómo enfrentarnos a esto? 

Pero es aún más complicado cuando entra a tallar lo sobrenatural, el bebé tiene garras y dientes afilados como una bestia y mata gente por instinto, no es que razone demasiado. No obstante el bebé reconoce a sus padres, y ahí el filme trasciende, se vuelve mejor de lo que uno esperaría de una película de terror común, porque matar a una criatura bruta, impersonal y sanguinaria es más sencillo de esperar, menos rico en matices y en alcances.

El filme propone en contraste como ve la policía al bebé monstruo, pensemos al mismo tiempo en un asesino en serie, viéndolo como una bestia lo quiere aniquilar sin piedad –como a los tantos muertos del monstruo-, es una amenaza implacable, algo salvaje e inmanejable para ellos, en cierta manera la policía es bastante dura en el filme. Llega un momento donde el padre demuestra que se le puede dominar de cierta manera, podría si fuera una persona ser simplemente arrestada e ir a prisión, pero éste literalmente es un monstruo, pero también un bebé, pero la policía está cerrada en el filme, no quiere darle oportunidad alguna.

El filme es sencillo, el bebé monstruo mata y se esconde, los padres sufren por él, la madre yace desequilibrada ahora por su existencia y devenir; el padre se vuelve egoísta y piensa en sí, en como lo ven todos, como el engendrador de una bestia asesina, tiene un estigma. Pero cuando el padre, Frank Davies (un genial John P. Ryan), le dispara a su hijo monstruo, él siente algo, lo oye llorar, lo ve indefenso y lastimado y el filme crece con el sentimiento. En adelante uno se preocupa por el bebé monstruo, aun cuando ha matado tan salvajemente, provocando de paso una buena película de terror, un buen entretenimiento.

It Lives Again (1978)

Como es lógico éste filme es inferior al anterior, a una película que ha sido buena y original, pero no es una película mala como la mayoría de secuelas de una buena película. Lo que sigue aquí es la historia de cómo intentar manejar a los bebés monstruos sin matarlos. Vuelve Frank Davis (John P. Ryan), intentando salvar al bebé de Jody y Eugene Scott (Kathleen Lloyd y Frederic Forrest); hay otro parto misterioso, como en la primera película, ésta vez no por qué cosa aparecerá y cómo, sino por cómo controlarlo sin que pueda matar. La solución es simple.

Frank Davis y otros activistas, llamémosles así, doctores -aquí hay muchos doctores-, buscan salvar a los bebés monstruos, mientras la ley con el detective de policía Perkins (nuevamente James Dixon) y la ayuda de otro padre con trágica historia, Mr. Mallory (John Marley), quieren matarlos a todos sin piedad. Éste filme de Larry Cohen es tranquilo en gran parte, las muertes demoran en aparecer, el filme prefiere regirse a formar su historia, basándose en lo bueno del pasado, el sentimiento de los padres por sus hijos, aun de ésta condición.

En ese intento por controlar y salvar a los bebés monstruos algo sale mal –como cabe esperar- y empieza otra vez el caos y la policía enardecida contra unos padres desesperados, angustiados y en una encrucijada, decidir cómo comportarse, frente a una bestia o frente a su hijo recién nacido. La respuesta llega finalmente sin tanto aspaviento, el filme tampoco quiere complicarse, se ve como entretenimiento más que todo, pero deja una sensación decente de que ha intentado un poco más, como en la primera película.

It's Alive III: Island of the Alive (1987)

Ésta película es más descocada que las anteriores, se muestra irreverente, los bebés monstruos son llevados a una isla, pero los van a buscar o se topan con ellos de casualidad. Los bebés monstruos abandonados en la isla en 5 años han crecido bastante, pero siguen con su instinto de matar. Luego se matizará con un viaje y un descubrimiento, pero antes serán como bestias camuflados y al acecho en la selva de la isla. Esa es su naturaleza, difícil aceptarlos por ésta causa, pero hay las dos posturas de siempre, los que quieren matarlos sin piedad, especialmente la policía, y los padres que sienten lastima y amor por ellos.

El filme tiene de protagonista a Michael Moriarty como el padre famoso de una de las bestias, la madre es la actriz Karen Black. Moriarty se hace el gracioso en varias oportunidades. Esta propuesta de Larry Cohen es algo más ligera que las anteriores en cuanto a tomarse en serio, pero tampoco deja de hacerlo del todo, pero tenemos a la Cuba de Fidel Castro, pandilleros y discotecas para ser más irreverentes y despreocupados que antes. Es el filme más endeble del grupo, pero aun así es entretenido, tiene su cuota de hedonismo.

Más que todo son tantas vicisitudes que pasan con rapidez las que entretienen, pero no trasciende en realidad como filme. El amor de padre es tratado muy superficialmente, pero está presente. La posible relación sexual entre Stephen Jarvis (Moriarty) y una mujer en el parque de diversiones habla de una enfermedad contagiosa y el repudio por miedo, pero señalándolo desde la procreación de bebés monstruos. El filme tiene escenas decentes de terror con las muertes, pero nada del otro mundo, cumplidoras solamente. El filme tiene varias aristas como el juicio de Jarvis por salvar a su recién nacido.

sábado, 30 de marzo de 2019

The Captain (Der Hauptmann)


El director alemán Robert Schwentke hace una buena película, con un tema manido, los nazis, volviendo a su natal Alemania a contextualizar la historia, sobre un soldado desertor que encuentra un uniforme de un capitán nazi y se convierte en él volviéndose un sanguinario asesino de desertores, valga la paradoja.

El soldado se convierte en Willi Herold (Max Hubacher) y va acumulando seguidores tras su uniforme, cuando la guerra está por terminar y rinde el caos en las filas alemanas. Herold es un militar duro y efectivo en pleno mundo nazi y esto lo mantiene como líder, mostrando mucha astucia para hacerse cargo del falso cargo. El filme de Schwentke no plantea poner en aprietos a Herold con su sustitución, no va por lo ordinario, sino que el traje y el poder cada vez hacen peor persona a Herold, que se mantiene frío ante los sucesos que van apareciendo.

Otra curiosidad de la temática nazi es que no se habla de judíos sino de desertores alemanes, Herold por quedar bien se imbuye en una carnicería de su propia gente, considerando a los desertores traidores y gente inmunda a su causa recién nacida, por lo que se siente en el derecho de acabar con todos ellos. El filme tampoco sataniza a los alemanes sino los vuelve de carne y hueso y se agradece darles forma y credibilidad más allá de lo de siempre.

The captain (2017) sí los dibuja horribles a muchos alemanes pero lo hace sin caricaturizarlos o convertirlos en figuras exageradas de maldad, son tipos perversos, pero también cantan, ríen, bailan, bromean, se hacen favores, sociabilizan, etc., como con el dúo de desertores haciendo humor para los militares. El filme se centra en el asesinato de desertores, y hay hasta alemanes que ven esto como una matanza inhumana. Herold es visto como un tipo cruel entre algunos alemanes, pero como con el juicio de los nazis se ve que estos lo aplauden en contraste.

También es notorio la lealtad y deslealtad del séquito, entre dos subalternos en especial. Freytag (Milan Peschel) es fiel como un perro, hombre humilde y respetuoso, es el que además inicia toda la mentira con Herold, lo cree inmediatamente un capitán nazi y es su primer seguidor. Luego tenemos a Kipinski (Frederick Lau), un tipo vulgar sin ética alguna, un hombre sin ley en realidad que en más de una oportunidad quiere dejar mal o hasta traicionar abiertamente a Herold. Estos dos lo siguen en toda la película y brindan muchos momentos.

La película está muy bien contada, tiene todo el uso del buen entretenimiento, de la grandeza, la agilidad y el buen ritmo hollywodeense, pero también sabe generar atención e interés un poco más de lo común con lo que cuenta, un hecho real, con la existencia de Willi Herold, que por el final se convierte en un especie de rey de su propio reino en medio del caos absoluto alemán y su inminente derrota, en lo que pudo ser fácilmente una nueva película con la segunda guerra mundial de fondo y éste loco comandando un séquito de asesinos de llamados traidores, en medio de un propio orden y la bohemia, la prostitución, la fiesta y el alcohol.

viernes, 29 de marzo de 2019

The Stuff


Ésta película que escribe y dirige Larry Cohen resulta bastante original, un especie de yogurt-helado llamado the stuff es una sustancia que en realidad tiene vida y hace mil estragos en el cuerpo y control de la gente que por su sabor se vuelve adicta a este producto. La sustancia blanca se come por dentro al cuerpo de las personas, los manipula como zombies o deja salir la sustancia de los cuerpos muertos como una masa viscosa que ataca como una marea. The stuff tiene de protagonista a Michael Moriarty, como un ex miembro del FBI –expulsado- que se dedica a sabotear por dinero las marcas de la competencia, es un pícaro y nuestro héroe. En el filme hay personajes curiosos, como Chocolate Chip (Garrett Morris), empresario de productos lácteos que es famoso por su simpatía, o el coronel Malcolm Grommett Spears (Paul Sorvino), un tipo de guerrillero nacionalista anti-comunista. El filme tiene una crítica social sobre venderle porquerías a la gente, o por el consumismo desenfrenado y la ambición de lucro sin miramientos de las empresas, por algo the stuff no pasa revisión sanitaria, se dice que sus ingredientes y fórmula mantienen el derecho al secreto como Coca Cola. The stuff (1985) tiene una línea general muy sencilla, pero es entretenida, no cabe duda. Moriarty es David “Mo” Rutherford quien con Chocolate Chip y el coronel Spears más una publicista y lado romántico (Andrea Marcovicci) y un niño (Scott Bloom) enfrentaran este ataque mundial. Nunca antes había sido tan fácil conquistar el mundo y luego salvarlo. El filme tiene varios mensajes publicitarios de the stuff y muy buenos y nutridos efectos especiales. Está claro que el hacer dinero sin pensar en el consumidor es pan de cada día donde entra un ataque del tipo de the stuff como humor negro, sci-fi y terror. Es un filme de esos que pueden ser de ataques alienígenas, pero el producto yace vivo de la nada en la tierra. Moriarty tiene un papel desenfadado, no muy exigente, pero tampoco es que The stuff sea una obra de arte, pero no le quita que es ingeniosa en su sencillez y divertida a rabiar. Es emocionante, además.

The Seventh Victim


Ésta película de terror y misterio de Mark Robson versa sobre la muerte, es así que la mujer que buscan en el filme, Jacqueline Gibson (Jean Brooks), es una mujer proclive al suicidio, que tiene una soga para ahorcarse preparada en una habitación para cuando se decida finalmente, mientras su vecina que está enferma terminal quiere vivir su último aliento a mil. Son dos caras de la misma moneda, querer morir y adorar la vida, propuesto desde lo tradicional, el vacío y la depresión versus la enfermedad terminal. Mary Gibson (Kim Hunter) busca a su hermana, ella está atrapada en un culto satánico, pero el filme no sigue el curso natural de gente malvada haciendo daño o matando sino que es un caso más elaborado con accidentes de por medio y traiciones que deben pagarse, pero éste culto satánico es ideológico –como forma de vida-, no quiere ser violento, por más raro que suene tener a la adoración al demonio como tipo de vida. En el trayecto hay relaciones afectivas, entre Mary y el esposo de Jacqueline, Gregory Ward (Hugh Beaumont), y un amigo poeta, Jason Hoag (Erford Gage). Se propone misterio y todo se resuelve inteligentemente, como buen cine clásico todo es claro. Mary tiene 16 años, pero es muy madura, despierta pasiones, al igual que su hermana, pero desde lados opuestos, una representa la luz –la vemos hasta tomando un vaso de leche- y la otra la sombra –con su estilo noir y dark-.Tom Conway hace el mismo papel que en la estupenda Cat People (1942), interpreta al psiquiatra Louis Judd, y pone un lado de sofisticación con un toque de intriga. Tenemos un lado romántico tratado muy suavemente. El economizar tiempo y exhibir mucho es magistral como cabe esperar del cine clásico, como cuando Jacqueline camina por la calle asustada perseguida por alguien que quiere matarla, hay un juego de sombras, pasos, calles y detalles poderoso. En un momento se deja ver un posible enamoramiento lésbico entre Frances Fallon (Isabel Jewell) y Jacqueline, pero la propuesta lo maneja de manera naif y hablan de agradecimiento por ser una buena patrona, cuando en una escena gloriosa se le quiere obligar a morir envenenada a Jacqueline. Val Lewton es el productor del filme con la RKO y su época gloriosa de películas B de terror, debut del director Mark Robson y también debut de Kim Hunter, recordada por ser Stella Kowalski en la obra maestra Un tranvía llamado deseo (1951).

lunes, 25 de marzo de 2019

Mandy


Jeremiah (un estupendo Linus Roache), el líder de una secta, queda prendado de una mujer al verla simplemente pasar, de Mandy (Andrea Riseborough), esposa de Red (Nicolas Cage), y como Jeremiah cree que todo en el mundo le pertenece la secuestra, la droga y trata de hacerla su mujer. Mandy lo rechaza, se burla de él, y éste se vuelve loco. Lo que viene después es la venganza de Red, de un Nicolas Cage totalmente fuera de sí, con un Panos Cosmatos, el director del filme, haciendo una película ultra violenta y muy entretenida.

Cosmatos no teme dar unos diálogos cargados, no teme en absoluto el ridículo, y acierta en todo momento, con un Jeremiah dando discursos entre absurdos, pedantes y cósmicos, esto último como lo es toda la película, con mención a los planetas favoritos de Mandy y Red que veremos al final como si hubiéramos presenciado un sci-fi y no una película de acción y fantasía. Mandy (2018) también es terror, ya de por sí la idea de enfrentar una secta lo es, cuando muchos las han tratado en el género. Pero Mandy además tiene de terror por unos motoristas demoniacos, tipo cómic, que debe enfrentar Cage, a lo sobrenatural.

Mandy manipula los colores, produciendo un filme con identidad propia, con unos colores o tendencias rojizas y purpuras que dan una imagen de terror al conjunto, de oscuridad, de algo siniestro, de algo misterioso, de algo irreal o excepcional. Tener a Cage con la cara ensangrentada, manchada con la sangre que le han salpicado las muertes que ocasiona su venganza es tener un filme híper divertido entre manos, uno que rompe todo limite y quiere ser rebelde en toda esencia. Otro gran momento es ver como Cage prepara su hacha, como la construye, en el momento más artesano y preparativo.

Todo el filme es genial, pero destaco dos secuencias de acción en especial, cuando Cage enfrenta a los motoristas demoniacos, así, sin miedo, frontalmente, a lo loco, sin plan alguno, solo positivo –como menciona un dialogo sarcástico- y cuando se da una lucha con motosierras y enormes cadenas. Ver a Bill Duke, actor de la película Depredador (1987), también tiene su encanto. Duke le explica a Cage sobre la parte sobrenatural del filme, sobre lo oscuro, sobre lo terrorífico, sobre el mal en toda esencia. Destaca a su vez otro momento en la propuesta, cuando un especie de ministro le da la ubicación de la familia-secta de Jeremiah al hombre venganza y es un momento donde solo habla el sujeto y Cage lo mira con la cara de perturbado, mientras este hombre suelta a un tigre.

Cosmatos tiene grandes ocurrencias en su filme, está lleno de imaginación de la buena, y es tan entretenido como un filme de Tarantino, se muestra igual de hábil con el hedonismo. El filme tiene hasta dibujos animados como pesadillas, vemos a Mandy señalarle el camino a su marido, imponiendo el lado místico pagano, y es que el filme es atrevido, como ver la secta de Jeremiah adornada con cruces y señalamientos a lo cristiano, pero con la suciedad de la criminalidad y el peor abuso en las acciones.

Jeremiah es un hombre trastornado, semejante al papel de Cage, y se dará un dialogo final, aunque Cage apenas abre la boca, bastante rico, en el lado de lo irreverente y rebelde, propio del director que no teme fallar y plasma toda su extravagancia a pleno y a mil. El filme juega con lo hippie perverso, con lo religioso demencial, con lo blasfemo. Mandy y su marido viven en el bosque y son algo excéntricos, ella es de otro mundo, señala Jeremiah creyendo conectar con su persona, y el filme se pega a esto, Mandy guía el filme, Cage es su herramienta.

Es un filme que trasciende lo común, es cósmico y putrefacto, con un Cage que divierte con su estado de alta violencia, que destila luz –goce- mediante un camino sangriento. Cuando sonríe con la cara bañada en sangre alucinando a su esposa a la que rememora en sueños húmedos imbuidos en finales de pesadilla es todo locura y placer extremo. Mandy es juerga en toda la palabra, con un pequeño toque freak, como la novela que lee Mandy, como todos los rostros de los miembros de la secta, rostros perversos, perturbadores. Olwen Fouéré, Ned Dennehy y Clément Baronnet están magníficos. 

Dogman


Estamos ante una película de bullying, donde un tipo enorme, un matón, el tipo más odiado del barrio por ser violento, aprovechado y abusivo se mete con un hombre débil, pequeño, querido por todos. Es la historia del matón Simoncino (Edoardo Pesce) y el peluquero de perros Marcello (Marcello Fonte).

Marcello tampoco es un santo, aparte de su negocio de cuidado de perros micro-comercializa droga, pero es un tipo tranquilo, ordenado, buena gente, bonachón, buen padre, pero como vive en un  barrio de esos peligrosos y no le alcanza para subsistir vende droga, justificación valida o no valida es su realidad, y uno de sus clientes es Simoncino, que hace lo que hace con todos, pasa por encima de la gente, no respeta nada ni a nadie.

Por todo esto, en aquella ciudad sacada de un cuento apocalíptico o pueblo derruido donde viven ambos todos comentan que en cualquier momento algo trágico le va a pasar a Simoncino tarde o temprano, pero pasa el tiempo y nada sucede. Más tarde entra a tallar la sorpresa, aunque no tan sorpresa porque el filme cuenta un hecho real muy conocido en Italia. En ello el filme apoya a Marcello, como que lo comprende y perpetra como que una cosa lleva a la otra, y no por un estado de brutalidad semejante al que impone Simoncino.

Marcello va a la cárcel, pero no vuelve tan cambiado, pero quiere respeto, y aunque manifiesta de cierta manera un acto osado de venganza no es que esté dispuesto a ser un criminal en toda la magnitud, como un Simoncino que tiene todas las del matón bruto y primitivo. Marcello siente que se ahoga cuando hace submarinismo con su hija, algo le aprieta el corazón y es justamente la presencia abusiva de Simoncino.

Éste hombre gigante y abusivo no para de darle motivos a todo el mundo, aunque claro, como justificar matarlo, diríamos. Hay una discusión a ese respecto, y se delibera que por más cretino y bestia que sea éste tipo no hay que eliminarlo. Nadie quiere volverse un criminal, o pagar para matarlo, hay cierta ética. Y el ambiente se vuelve tan tenso y opresivo, el hombre bondadoso deja todo su ser y recibe tremendo golpe, es hasta humillado, tratado como si su persona no mereciera respeto alguno, menos amistad ni gratitud.

El filme quiere dar a entender que se puede ser criminal y no ser una mala persona, como el caso de Marcello, porque un hombre que ama tanto a los animales como él no puede serlo; alguien capaz de regresar a un lugar donde recién han robado y han huido –como cómplice del robo- para salvar a un pequeño perro de morir congelado es alguien humano. Simoncino es el monstruo que el pequeño David debe enfrentar, pero a qué precio. El italiano Matteo Garrone vuelve con Dogman (2018) a su mejor estado, el de Gomorra (2008).

martes, 19 de marzo de 2019

Quién te cantará


Es un filme algo misterioso, pero se  resuelve con bastante sencillez. Al final una confesión de la protagonista deja todo súper claro, igual con la narración o lo central no es que uno vea trabajar una alta expectativa de un devenir excepcional. El filme es el vínculo entre Lila (Najwa Nimri) y Violeta (Eva Llorach); la primera es una cantante famosa que está amnésica y la segunda es su fan número 1 que ha venido a rescatarla. Violeta es su imitadora en un karaoke y el pedido que le hacen es extraordinario, pero manejado con mucha diafanidad.

La relación tormentosa entre madre e hija es otra arista del filme, con una hija, Marta (Natalia de Molina), que está fastidiada de la vida y no encuentra mejor manera de desfogarse que hiriendo y molestando a otros, en especial a su madre, Violeta, para que así la joven se sienta una persona malvada o una porquería, para hacer la imagen más deprimente. Esto es interesante y está manejado muy bien, además de que Natalia de Molina lo asume con habilidad. Pero el filme es tan diáfano, tan pulcro, tan mínimo, que faltan destellos, más pirotecnia, incluso más escenas -de la locura de la hija-, por ahí salía algo aún más atractivo, porque esto está jugoso.

Por el final vemos una resolución de cierta oscuridad con un chorro de sangre y con un juego de espejos que recuerda a Persona (1966), y puede que Lila y Violeta se confundan entre sí, pero esto es breve, no demasiado sugerido. No obstante el trato entre Lila y Violeta tiene sustancia, Llorach lo hace bastante verídico; también las canciones, lo musical, está correcto. Nimri mantiene una postura de mujer sufrida, pero sin caer en lo bajo, una mujer que intuye sufrimiento. Con ella hay misterio, de qué oculta su crisis en la playa.

Carlos Vermut hace una película de pocos elementos, es una película austera, narrativamente hablando, pero sin ser para nada desagradable, tiene una estética muy decente, un quehacer profesional, serio, pero recuerda a filmes de bajo presupuesto, en cuanto a qué moviliza en el escenario y en el filme. Al mismo tiempo, es interesante ver como maneja el melodrama, nunca es telenovelero, tiene una alta calidad en ello, tiene un aire elegante con poco recurso, es un canto de admirable austeridad, aunque le falta un poco de fuegos artificiales.

Su melodrama es bueno, más noble y excelso que muchos, sólo que poner una sola escena fuerte huele a poco, me refiero a las paredes sucias. La anterior, la de la amenaza, es un hincón, una contextualización que en ese momento fastidia –ella es insoportable, hay que decirlo, mientras le aplaudimos la actuación- y a la misma vez  se denota notable. Otro destaque es que Llorach es una maravillosa fan, y esto es importante,  es el sostén del filme.

La relación entre las mujeres –entre artistas, digámosles- también se da magistral, en todo campo, no tiene fisuras por ninguna parte. Lo pop específicamente no es al oído genial, pero no deja de ser válido, además de incorporar performances, provocando identidad en la propuesta. Ahí tampoco hay ridiculez, se la salta toda, que hasta intuyéndola lo menciona en un momento.

Vermut es un buen director de cine, lo que hace es buen cine español, uno que no se regodea en el sexo ni en su rareza, como cierta línea ibérica. Habría que invocar en él un poco más de espectáculo, aunque tiene estilo propio. No veo en él nada de Almodóvar, como han mencionado otros, como si fuera un halago, aun cuando Almodóvar no es que me sea malo, tiene harta personalidad y distinción, y es que ambos la tienen. Sin embargo Almodóvar es más pirotécnico, más espectáculo, pero también impone un lado algo chusco y a veces se muestra torpe. Vermut toca a Bergman, pero lo hace con su minimalismo, sin complicarse, para bien y para mal, lo simplifica entre comillas en su propio relato.