martes, 20 de octubre de 2026

The Crucified Lovers (Chikamatsu Monogatari)


El director del filme es el célebre Kenji Mizoguchi, uno de los cineastas más destacados de la historia de Japón. El más popular y admirado de todos es Akira Kurosawa. Le siguen a continuación Yasujiro Ozu y Kenji Mizoguchi. Ésta película no es de sus mayores celebradas, pero yace muy cerca, es una película notable. El título original se traduce como Una historia de Chikamatsu. El título Los amantes crucificados es el nombre comercial que se le puso para distribuirla en occidente, un nombre que alude directamente a la trama, que desde el inicio pone las cartas sobre la mesa cuando vemos desfilar en procesión a unos adúlteros condenados -anónimos para el espectador, como para los empleados de una imprenta quienes yacen como el punto subjetivo de observación-, una señora y su empleado, amarrados, rumbo a ser crucificados que era lo que estipulaba la ley del siglo XVII donde se contextualiza el filme. El título original refiere a una obra de teatro del siglo 17 escrita por Monzaemon Chikamatsu, llamado el Shakespeare japonés y es algo que se nota en la presente película, si bien Shakespeare es el máximo artífice del teatro y ha sido a menudo comparado/mencionado, pero eso habla del talento del autor nipón y en particular de ésta adaptación que ha sabido hacer algo especial con el material literario. Han habido en Japón cerca de 50 adaptaciones en el cine de obras de Chikamatsu. The crucified lovers (1954) es una de las mejores que se han hecho, sino la mejor. La trama se ubica en un hogar de clase alta que también es una empresa, viven todos juntos, como solía ser habitual. Le pertenece al millonario, dueño de la imprenta más próspera de la ciudad de Kyoto, en la isla de Honshu, Ishun (Eitaro Shindo), quien tiene 55 años y quien también es prestamista y tiene agarrados del cuello a muchos que le deben dinero y favores, pero igualmente hay muchos que se quieren deshacer de sus deudas sin cumplir, es decir que su negocio conjunto se venga abajo. El filme habla de la doble moral, lo que significa que hombres casados engañan a sus esposas y no son castigados, pero si una mujer casada engaña a su marido la ley las crucifica literalmente. Al mismo tiempo el marido que es engañado queda desprestigiado, deshonrado y eso le conlleva marginación social. Ishun trata de comprar en secreto a una de sus empleadas a cambio de poder poseerla sexualmente y esto hace que su esposa, Osan (Kyoko Kagawa), de 23 años de edad se sienta fuertemente decepcionada, al enterarse sin que él lo sepa, aun cuando su madre la ha forzado a casarse por ambición económica y nunca lo ha querido en realidad. Ishun quiere guardar ante todo las formas, siendo un hombre autoritario, machista. No se sabe si de verdad quiere a Osan, pero su vinculo matrimonial para él es muy importante. El filme empieza con muchos malos entendidos y después aparece la realidad, el meollo del filme y del título. Un empleado corrupto amenaza con denunciar a Mohei (interpretado por el suave Kazuo Hasegawa), si no le da dinero, y aunque es muy poco, pero un precedente, Mohei prefiere ser frontal. Mohei es el empleado estrella del lugar, un tipo muy correcto, muy pegado a la letra, a la tradición, incluso aceptando sus abusos, pero curiosamente Mohei terminara siendo un rebelde por amor, incluso contra su propia seguridad, al sentirse enamorado de Osan, a quien respeta mucho y con la que se muestra muy humilde, muy del tipo del siervo. Como quien la ama platónicamente. Pero Osan será más pedestre de lo que uno piensa y le corresponderá fácilmente a Mohei. Igual, aun arriesgando su propia vida y sus lujos. Todo esto se pega al melodrama romántico, con un viejo Ishun como el ogro malvado, mujeriego. Todo esto suena a noir clásico, aun cuando el filme adapta una dramaturgia de 1715. No obstante lo único que hacen el delicado pero cada vez más intrépido Mohei -aun en las antípodas del samurái, sino mucho un tipo común y corriente- y la damisela en celo y en peligro Osan es simplemente huir, estando en lo que curiosamente tiene de thriller, una persecución de fugitivos condenados por la ley a la muerte. Mohei tiene un sueño de volverse próspero económicamente y por eso es muy competente como practicante en la imprenta de quien sería su maestro, Ishun, que es revelado como un rico en parte abusivo, pero que se va mostrando débil frente a las circunstancias, e incluso víctima de muchos que lo rodean que lo envidian. Es como que la vida lo castiga en toda fuerza por su soberbia (o por actos muy comunes en general como encapricharse por poseer una bella mujer, interpretada por Yoko Minamida, quien es bastante correcta siendo de un hogar humilde), por su "omnipotencia", por manejar mal su pequeño reino, aunque yace bajo el estado, quienes lo ven como un buen súbdito. Mohei viene de un hogar muy clásico, sencillo, muy firme con las tradiciones y los deberes, como vemos en su padre quien duda de poder salvarlo frente a hallarlo un mal hijo, al romper con la ley y la tradición y porque tira por los aires su futuro (la prosperidad viene de Ishun quien demuestra que es una fuente de evolución para los que lo rodean, es decir no es un explotador) y es que todo parte de un pequeño favor y al mismo tiempo un pequeño acto corrupto, pero dentro de la apariencia de algo intrascendente, que va más allá porque remite al pasado humilde de Osan y el arribismo y la vida superficial. Ishun de cierta manera no parece tan terrible, un tipo que es enojón porque es viejo y algo cerrado, autoritario, al ser jefe de muchos empleados. Pero pega un giro donde se ve vuelve pusilánime y lento, en lugar del tipo que empieza con carácter y poder, todo por forcejear por tener a una mujer que desea sexualmente. Mohei es un pan de Dios con Osan, pero resulta bastante cruel, más allá de las apariencias suaves que tiene, con Otama (Minamida), que como en Vértigo (1948) es la mujer perfecta, pero él quiere lo prohibido, lo peligroso, lo que parece imposible, lo que está fuera de su alcance. Se puede ver a Osan como un especie de trofeo, algo excepcional, pero el padre de Mohei lo ve como una vergüenza para su honor familiar. El momento en la barca me hizo recordar similitudes con la maravillosa L'Uuomo de paglia (1958) donde hay apenas 4 años de diferencia. Mohei y Osan se ven un poco tontos como amantes -aunque yo diría que estar realmente enamorados nos convierte en un poco tontos, nos desarma-, como con el final, que lucen orgullosos, pero es propio del melodrama romántico que se excusa del cliché y la inocencia por la época que se hizo como literatura y porque es notable aun así como película y escritura, como con los gritos de Osan en la montaña al ver que se aleja Mohei y rodar por colinas llenas de hierba, algo muy propio de los japoneses, que aparece en el anime con regularidad.