domingo, 25 de octubre de 2026
The Affair
El director es el japonés Yoshishige Yoshida, perteneciente a la nueva ola japonesa, movimiento que imitaba por una parte a la nouvelle vague y duró un tiempo semejante. Finales de los 50s en Francia y comienzo de los 60s en Japón como origen, hasta mediados de los 60s en ambos. Pero igualmente hay quienes los extienden hasta comienzos de los 70s. Yoshida en la presente película también denota marcada inspiración del cine de Antonioni. Aquí trabaja con su esposa. La pone de protagonista, a Mariko Okada, quien antes trabajó con Yasujiro Ozu y otro renombrado director, Mikio Naruse. Después de trabajar con ellos participó en varias películas de su marido. El relato se sostiene de Mariko. Es una muy buena actriz. Su presencia requiere de escenas sensuales, en medio de puestas de escena muy artísticas. El filme tiene encuadres y cambios de cámara, posicionamientos/secuencias, muy estéticas, que embellecen particularmente lo que vemos. La nouvelle vague y su similar significaba hacer arte con presupuestos pequeños digamos, pero en la actual película hay mucho refinamiento, aun sin ser ostentoso. The affair (1967) adapta una novela de 1965 del nipón Masaaki Tachihara. Es una obra que intelectualiza alrededor del sexo. La temática puede parecer muy recurrente para los 60s, muy en boga. Se sienten muchas cosas como lugares comunes actualmente, pero está hecha con cierta sutileza, cierto misterio, más una pizca de rareza, tanto como delicadeza y emotividad, aunque coquetea un poco con lo ridículo, pero éste riesgo deviene también en algo especial, interesante. Mariko como Oriko, la esposa de un empresario millonario, es de movimientos muy suaves. Muestra mucha elegancia. Su erotismo va por ese lado. Es también de espíritu clásico. Ahí entra a tallar que yace reprimida sexualmente, como si llevara un trauma al respecto que no la deja liberarse o encontrarse en ese aspecto con nadie. Ella culpa a su marido, que la cree por su lado una mujer fría que no sabe ser su amante. Mariko dice no quererlo. Él la retiene dándole dinero, privilegio, y libertad. Le propone liberalidad, pero no les es tan fácil tampoco. En ese trayecto ingresan en su vida un poeta y un obrero. Al estar con el obrero, y más aún, desde lo superficial, hasta nombrarlo peligroso, se habla de como suelen ver los japoneses en general de manera clásica a dicha relación, como un deterioro o una deshonra frente a pertenecer a la clase alta o al reino. El poeta hace de un intelectual. Es de cierta forma el opuesto del obrero. Representa un buen partido. No obstante es presentando como el amante (en la trama es un recurrente segundón), que para algunos sigue siendo lo mismo (un buen partido), es el confidente, porque el enemigo es el marido, que representa lo convencional, el apagamiento. Mitsuharo (Isao Kimura) argumenta mucho con la bella protagonista y ahí hay un poquito de ridículo. Él le habla curiosamente con cierta superioridad en varios sentidos (lleva un halo de sofisticación en varios planos), aunque la trama pasa por una mirada feminista y Mariko tiene la última palabra, pero también muchos silencios y dudas, aunque está en conflicto (le lanzan hasta un vaso). Encima la propuesta termina mismo The sun also rises (1926). Mariko tiene un hermoso rostro y es un deleite como le saca mucho provecho en ello la cámara de Yoshida. El obrero representa un cierto cliché, lo primitivo, el instinto, pero también lleva una estética sofisticada. Tal cual ella queda prendida de un tronco junto a él. Hay varios intentos de simbolismo. Vemos mucho bosque. Mucho correr entre los árboles. Ella entra al cuarto prohibido en medio de tinieblas. Es por ratos una mirada inocente, como cuando ve a la cuñada por la ventana. El trauma recurre a una escena que representa la psiquis cambiante de Oriko, con un camión en un terral o desierto. La sombra de la fatalidad que juega con lo poético. Ella imita su crianza, sus modelos más próximos. Pero al descubrirse un quiebre del modelo predecesor (ingresa el escultor) empieza su viacrucis, así como el sentimiento de culpa. Oriko está imbuida en la pureza pero se entiende de la trama que esto la inutiliza o la hace incapaz de ser feliz o normal y es entonces que pega el salto hacia una cierta corrupción como representación de esa liberalidad que se vive mucho actualmente por una parte, donde se detienen los juicios morales. En adelante uno y todos pueden ser libres/liberales sexualmente. Mueren las inhibiciones. Se propone esa generalización como pensamiento de sociedad. Opcional, claro, porque es finalmente una elección personal. Uno escoge.
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