Éste filme de Damien Leone es cine independiente y se nota, rompe muchas reglas, no teme ser trasgresor y se distingue. No es fácil con un bajo presupuesto lograr la distinción tampoco, pero también el cine popular grande se distingue en algunas oportunidades, pero tiene como un estilo que no quiere perder y está bien, a un punto; el cine popular grande puede apostar por su propia originalidad, que esa sí deben buscar, como todos. Por un lado Terrifier está bien y por otro no, es un filme bastante violento, muy sádico, muy explícito, su gore es realmente salvaje, esquizofrénico, y en esto puede distinguirse de cierta manera; digo de cierta manera porque el cine de terror tiene mucha agua bajo el puente. No es cliché decir que Terrifier 2 es para estómagos realmente fuertes, pero también ha sido todo un éxito de recepción, un éxito inesperado y sorprendente de cierta manera, sobre todo sin tener una maquinaria formal potente de venta; y finalmente ganan todos, aunque como parte de un lugar ecléctico como el terror, un espacio muy inventivo y por algo tan cinéfilo y querido, agregando a los cineastas en esa fanaticada por el género. Hoy en día el cine de terror tiene una etapa de efervescencia nuevamente, hasta lo toman más en serio, como arte, gente que no solía hacerlo, el terror ha dejado en éste último tiempo de ser un patito feo, ya no es llamado o preferentemente visto como un lugar de muchas malas películas por segundo o un lugar de muchos rellenos, para haber más entusiastas que detractores -en todas partes asoman- y ese es un éxito que recoge y es una raya más al tigre con Terrifier 2 que hace lo suyo y se distingue, aun cuando su gore puede ser demasiado, incluso para los fans de mente abierta del terror, o aun cuando uno puede valorar más el arte del cine de terror más intelectual o más profundo, menos frontal, menos sádico, menos regodeador en lo brutal y literal, aun cuando Terrifier 2 también trata con lo esotérico y con la locura, propio del cine moderno o último, aunque lo hace sin darle mucha profundidad, sino en su propio estilo pedestre. Lo sobrenatural siempre acompaña al protagonista, al maniático y asesino en serie Art The Clown (un excelente David Howard Thornton), pero lo hace de manera que es menor y muy sencillo, llámele si quiere con vacío o si quiere elipsis o propiciando la libertad mental, es mero acompañamiento de lo macabro, pues Terrifier 2 es entretenimiento puro y duro, brutal, muy frontal ante todo, es una carnicería, pero esto sobrenatural también otorga distinción, y presenta escenas interesantes, muy perversas, aporta al terror abierto, pues es eso al final, más halla de tocar lo esotérico que suele ser más complejo. El filme también se distingue con el propio Art The Clown, que tiene un verdadero cruel humor negro y hace uso del cine mudo en su comportamiento, como la maravillosa escena cuando descubre a su pequeña imitadora o compañera, en el lavado de ropa de pago (también visto como un acto de demencia o alucinación que acompañara a la heroína por una parte y a su hermano menor, como estigma familiar, a raíz de las premoniciones esotéricas paternas). La niña clown es una mini Art versión femenina, una Harley Quinn infantil. Con ella y lo sobrenatural que representa se agrega dimensión y algo de matiz al cine puro y duro, al gore brutal, que predomina en la propuesta. Esto sobrenatural será también parte del concepto de quien es Art The Clown, un ser que parece admirar -como el director- a Pesadilla en Elm Street y al universo de Freddy Krueger, como con la pesadilla tras las velas, de la heroína, de Sienna (Lauren LaVera), aunque esto tiene la personalidad de Damien Leone, de cine B, de cine exagerado que tiene de ridículo (ya la canción es como querer tener algo que nos gusta pero no es demasiado logrado; algo absurdo igualmente). Art The Clown como el propio gore hacia él, los palos que recibe, y en sus asesinatos, es algo que denota sobrenaturalidad, aquí no hay realismo al 100%, hay una notoria exageración que unos llamaran divertido y, otros, repulsivo y demasiado, pero es indudable que Terrifier es interesante aun así, pero es un tipo de filme que no debería ser prolífico, pero debe existir como parte del eclecticismo del género. El cine de arte de terror es el que justamente le está dando mayor favoritismo y mejor receptividad actualmente, y esto es porque el terror intelectual trasciende el género, trasciende el solo divertirse, y se difumina un poco en el océano -en mayor alcance y definición- o las palabras mayores en cuanto a arte, juega en la misma cancha que los otros géneros consagrados y alabados, pero ciertamente el género amerita ésta diversidad, y ser también entretenimiento puro y duro, aun con un gore tan extremo, tan sádico, tan enfermo, como se autodenominarían amantes del terror, criticados por sentir pasión por el horror, como Stephen King, aunque éste escritor y ultra fan del género es mil veces más soft que Terrifier (que por algo éste último asemeja un circo del miedo). Stephen King nunca abandona del todo su inocencia y siempre pervive una buena onda en su arte. Stephen King ha hablado con entusiasmo de ésta película, llamándola old school. La perturbadora Terrifier 2 no quiere ser realista, aun con semejante explicites gore que tiene y que puede histerizar tanto como algunas amigas de Sienna repitiendo ochenta mil veces la palabra Molly (jerga americana para un tipo de droga), dentro de una indiscutible lograda representación juvenil americana o de una buena parte; así el background como asesino en serie y una memorable matanza vista en la anterior película de Terrifier es simple intro, no se ahonda en ello o al poco rato Art entra de lleno a lo suyo sin ya pedir permiso o antecedentes, aunque es una excelente intro con el hermano menor (Elliot Fullam) amante de los asesinos en serie y su investigar sobre Art The Clown para hacer un macabro disfraz de halloween. Así la festividad de Halloween tampoco se ahonda demasiado como espacio, es parte contextual sí, pero se diluye mucho hasta pasar a ser complemento menor del filme, que trasciende en lo sobrenatural en fechas y se eleva en su modo de destruir, incluso lo hace con el alma de la gente, aunque lo hace como juego de humor negro y perversa ocurrencia, escenificado vistosamente en ese colofón entre memorable y peliculero del manicomio. La laboriosa hechura del disfraz de Sienna sí es tremendo alegato de la fiesta de noche de brujas y al mismo tiempo genera atmósferas, un ambiente de personalidad y buenas escenas, y también mete en el saco -no de ese de basura tenebrosa de Art de donde saca sus herramientas de matanza- un poco al cine de fantasía, con ésta heroína o final girl con la que se parece pensar en la doble de He-Man, She-Ra.
miércoles, 26 de octubre de 2022
lunes, 24 de octubre de 2022
The Collector
The collector (1965), de William Wyler, puede verse como el despertar de un asesino en serie. Es un filme donde un hombre llamado Freddie (Terence Stamp) secuestra a una mujer de la que está obsesionado, Miranda (Samantha Eggar en el gran papel de su humilde carrera). Él dice estar enamorado y quiere hasta casarse con ella. Tiene un pequeño plan, compra una casa de campo, acompañada con un especie de Mausoleo sótano de esos de estilo gótico que hará de cárcel, y la secuestra. Miranda es una chica pudiente, hermosa -con espacio para la sensualidad- e intelectual, también sensible, y será muy coherente en no dejarse seducir de ésta manera tan ruda y poco ortodoxa, aun cuando el filme tiene momentos donde Freddie es un tipo dulce y curiosamente tímido y a ratos parece que tratáramos con una sutil aunque perversa comedia romántica. Terence Stamp es un tipo de particular presencia. Aunque tiene atractivo físico hace muy bien de un tipo freak, de un raro en toda la palabra. Tenía 27 años y recién empezaba su carrera en el cine. Freddie más que seguro tiene de loco, pero la propuesta de Wyler no va por ahí, le pone fundamentos y personalidad al secuestrador, con él hay ideas sociales, hay ideas de popularidad y marginalidad, hay ideas de distintos intelectos en movimiento. Miranda ciertamente es una mujer sofisticada, aunque también de obvias emociones comunes ante lo que sucede, en que surgen ratos de violencia, aunque pocos, pero el intelecto de ella nunca se desmarca de la realidad, entiende perfectamente lo que está sucediéndole, y al final Freddie se dará cuenta de ello. Miranda no es el tipo de mujer para él, pero en todo el filme participaremos de su anhelo ciego y obsesivo. Freddie es un tipo impredecible por raro. Miranda con toda su capacidad no puede con la situación, pero el panorama es demasiado horrible y Wyler lo deja ver con sutileza y matices, con ingenio, aun cuando su filme tiene de clásico, y es una obra de formas amables, con esa sabiduría de antaño que se siente muy diferente a la actualidad. Es sin duda un cine de otra época, y uno muy bueno hay que decir; sabe ser amable con algo espinoso y difícil, sabe ser coherente y poder llegar a muchos con algo por entonces aun no tan popular. Hoy en día el público masivo es otro, mucho más abierto con la brutalidad. El filme tiene un clímax glorioso, el momento en la lluvia genera tremenda secuencia, estética, visual, argumental y emocionante en una película que siempre genera curiosidad, que piensa bastante y que da con un final -como su título simbólico- perfecto.
martes, 18 de octubre de 2022
Happy Death Day y A page of madness
Happy death day (2017)
A page of madness (1926)
Es una película muda japonesa -cuando no hay muchas de su tipo o época- de corte expresionista y avant garde basada en un cuento del futuro premio Nobel Yasunari Kawabata, dirigida por Teinosuke Kinugasa. Es una propuesta que hace énfasis en la locura, que muestra mucho ese estado mental, desde lo visual y hasta estético, como si fuéramos parte de un teatro de histrionismo (el filme también tiene vínculos con el teatro tradicional nipón), de enajenación ubicuo, continuo, puesto que estamos dentro (casi) todo el tiempo de un sanatorio mental, salvo por los flashbacks del empleado protagonista. Es un filme que no tiene intersticios, subtítulos, palabras escritas, de ningún tipo, por lo que seguir la historia puede ser algo complicado. Éste filme estuvo perdido y décadas después se halló y se reparó por el propio autor. La aclimatación constante y poderosa es lo que puede atribuírsele de terror a la obra, un terror que se erige sobre la demencia, que puede haber alcanzado quizá al empleado protagonista -sobre todo por el final- que llega a ver un festival de máscaras nipón, un acto tradicional y folclórico dentro de lo extraño o no el lugar típico que implica diferentes dimensiones de la mente. La historia que se puede comprender es que un empleado ya anciano halla a una mujer mayor en un sanatorio, y el lugar de trabajo del hombre, que parece reconocer del pasado o identificarla con su propia familia, una familia destruida, señalada desde algún flashback con un muchacho en particular. Éste hombre trata de sacar a la mujer del sanatorio en repetidas ocasiones, es como una misión, una fijación, cuando ella no está capacitada para ello, pero hay fuerzas que no la dejan irse, la locura los persigue, hay hasta hombres locos que ejercen la fuerza sobre el empleado, éste especie de héroe extraño. Puede que todo el filme sea una lucha mental, contra las propias culpas y las perdidas dolorosas. El empleado parece arrastrar una cadena o esclavitud que apunta a la mujer loca (esa que ríe con notoria enajenación), la que es asociada con la bailarina del lado, como si ésta fuera un trasunto de su pasado, de su belleza, puesta desde el teatro y la ubicua demencia, vestida de harapos.
domingo, 16 de octubre de 2022
Vivarium
Vivarium (2019), del irlandés Lorcan Finnegan es una película extraña pero se entiende más o menos bien las ideas que está manejando o intenta manejar. El filme abre con una escena donde un cuco mata una cría de ave e introduce la suya, la escena se toca con frialdad; se dice, el mundo puede ser un lugar cruel, hay momentos de crueldad. En ésta escena conversa la protagonista -una maestra- con una niña que se siente apenada por hallar el ave muerta. La protagonista muestra su sofisticación, habla bien, pero lo toma todo muy normal. Luego aparece su pareja y lo asume a la broma, ésta crueldad a él no le molesta, no le hace mella alguna. Ésta pareja la interpretan la británica Imogen Poots y el americano Jesse Eisenberg. Esto será lo que veremos con personas humanas y en el mismo tono, de frialdad y crueldad, en éste sci-fi con algunos momentos de terror, aunque el filme se puede leer como de tortura psicológica. El filme abre con un tipo notoriamente extraño, abiertamente freaky, con un vendedor de inmuebles, interpretado por el británico Jonathan Aris -un actor muy poco conocido, pero que hace una muy buena performance, representativa de éste universo- que trata de venderles un lugar a la joven pareja protagonista, a Gemma y Tom. Al poco rato llegan a un lugar que es misterioso y raro, un laberinto y una cárcel, luego aparece la idea del cuco y la repetición de un patrón que conoceremos al final. Después surgen las ideas reconocibles, una critica a la clase media americana, a la vida común, a la existencia promedio, es decir, a la vida de las mayorías, esa que se basa en el trabajo y el hogar, una critica a la normalidad, sencillez o, si quieren, ordinariez desde lo anormal o extravagante, partiendo de los representantes más populares o, llámeles, universales. Cavar un hueco día tras día sin hallar triunfo habla del trabajo esclavizante y que no lleva a ninguna trascendencia, moriremos cavando nos dice el filme pesimista y cruel, muy franco y simplista y torpe, pero, seguramente, con cierta infaltable verdad. Estos padres que no son específicamente padres o están obligados a serlo con algo que les permite ser crueles, pues de quien cuidan no es humano, habla de la frustración de ser justamente padre y lidiar con los hijos, que en la modernidad no es que se mienta, pero se aplica renegar de todo ello con alevosía y bastante soltura, nombrémoslo, mucha libertad. Es bueno sentirse identificado, saber que no por sentir algo de frustración o fastidio somos malas personas o malos padres, pero aquí la crueldad no solo viene del ente extraño sino está en los supuestos humanos, en la típica pareja promedio, la que se podría decir que se supone parecerse a todos. Surge maltrato obsceno, que trata de justificarse, ¿no es acaso un sci-fi? Quizá leerse lo que vemos sin su contraparte realista le haga bien al filme, pero esto habla también de una torpeza generalizada para darse profundidad con estupidez. El filme tiene un buen arranque, es bueno en su función de Dimensión desconocida, su repetición y formalismo expresivo cuando yacen atrapados, esa estética que se maneja, pero también hace alarde de inmadurez dentro y fuera de la propuesta. Cuando las cosas están claras luego se introduce algunos elementos de terror notorios que se leen superficiales; ahí da la impresión, como en el final de Hereditary (2018), que entra cualquier cosa. Leído el filme como más oscuro puede ganar desde al abordaje del terror, es una película curiosa finalmente, pero adolece de una mejor narrativa, faltan más recursos.
martes, 11 de octubre de 2022
The face of another
The face of another (1966), de Hiroshi Teshigahara, guion del escritor Kobo Abe, es una película filosófica que versa sobre un hombre desfigurado que mediante un psiquiatra y cirujano se pone una máscara de rostro humano y se convierte en otra persona. Ésta máscara también plantea la posesión de la personalidad como si fuera un maleficio, pero se esboza solamente, en sí el filme filosofa bastante pero ejecuta poco. Se centra más en el adulterio. El hombre de la máscara -quiere tentar al demonio- quiere acostarse con su esposa pero ella no sabe que es él. El filme trasgrede o pica a la sociedad tradicional nipona -aunque inteligentemente-, las leyes de la sociedad y la cultura; lo hace primero levemente, y luego propone un incesto como complemento, dejando en claro su deseo de quizá polemizar un poco con su sociedad, pues para los 60s el mundo es muy abierto, pero es ahí que el incesto deja en claro éste anhelo de trasgresión y animo de cierta polémica. La propuesta es muy delicada y cuidada, se toma mucho su tiempo en planificar y realizar las cosas, es una película lenta, pero también es muy clara, se deja entender perfectamente, aun cuando trata con la ciencia ficción a un punto, y se implica mucho con la filosofía. Se reflexiona sobre la identidad y las responsabilidades y obligaciones, sobre la libertad a esa vera, se habla de la moral y el crimen, se va incrementando éste especie de diálogo, meditación. Con una máscara somos libres de hacer cualquier cosa nos dice el filme, es una idea también que se puede pensar desde lo virtual (aunque por entonces no había tantos avances tecnológicos). Da que pensar que la gente identificada son como autómatas, la nada, metido desde la pequeña cuota de terror visual de la propuesta cuando vemos al psiquiatra y al paciente caminando por la calle entre la gente. En The face of another estamos frente a la historia de un amor en crisis, a puertas de la disolución, teniendo como elemento especial la desfiguración, pero retrata el final del amor. El hombre de la máscara es alguien que no puede soportar éste final, ama mucho a su esposa, pero como se siente fastidiado la maltrata. La decepción de la vida lo tiene como una mala persona al protagonista. A ratos coquetea con la perversidad, pero es su frustración lo que en realidad lo manipula (esa es otra máscara, la personalidad más las emociones pueden tener muchas). Así mismo se estudia la infidelidad, hay un par de giros de ello. Se manifiesta que la libertad es estar solo, es decir, te atas a la sociedad -te beneficias y sacrificas cosas- porque tienes obligaciones y códigos que respetar. El matrimonio es esto también, es orden, y se trabaja desde lo esencial, aun amar y producir empatía. Cuando dejas absolutamente todo atrás te puedes criminalizar, pero también es una puerta de posibilidades, aunque el filme es pesimista.
lunes, 10 de octubre de 2022
Street of Crocodiles
sábado, 1 de octubre de 2022
Tiempo de revancha y Últimos días de la víctima
Tiempo de revancha (1981)
Últimos días de la víctima (1982)
viernes, 30 de septiembre de 2022
Blonde
El neozelandés Andrew Dominik ha hecho una película en la esencia del cine del austriaco Ulrich Seidl, no tan barata como las que él hace en cuanto a producción, y quizá dentro de otro status social, donde debería existir cierta elegancia, pero al igual que el austriaco donde muestra todo de manera atroz, desagradable, penoso, humillante y sucio o sórdido. La vida de Marilyn Monroe es miserable en todo sentido, desde su ingreso a la industria donde la tratan como una prostituta hasta sus parejas que le pegan, la menosprecian o la usan como simplemente un pedazo de carne bajo las sábanas. Marilyn es una chica buena en el fondo digamos y la vida la trata con un asco que Dominik no tiene nada que envidiar a Seidl. Ana de Armas como buena actriz lo hace prácticamente todo, así como Evan Peters en la bastante notable pero mucho de lo mismo que aguantar, la serie Dahmer -Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer, un asesino en serie, necrófilo, caníbal, pedófilo, etc. Éste Dhamer es atroz, como la Monroe de Dominik, trabajos que exigen mucho talento y no son bellos, no generan empatía, sino fastidian, desagradan, incomodan, son retratos horribles, lastimeros y hasta cochinos. Marilyn no parece esto que vemos, aun cuando el filme se basa en la novela de Joyce Carol Oates, una escritora americana quien siempre está cerca de ganar el Nobel. Coge de la biografía del ícono, pero las interpretaciones y los argumentos que plasma son de vergüenza ajena, quizá por la manera de exponerlos en pantalla. Tenemos a JFK obligándola a que le haga sexo oral y toda la escena es muy humillante. En ésta propuesta Marilyn Monroe sentía vergüenza de ser ésta estrella que habían inventado, la rubia hermosa, sexy y tonta, siempre generando deseo. Todo el filme juega con la verdad pero no es exacta, lo hacen ver asqueroso todo, penoso, patético, bajo. Es como tergiversar la verdad y la realidad pero con maña, como para que parezca cierto. En sí el filme inventa mucho, aunque no lo parezca, genera un engaño e ilusión de veracidad, pero todos son interpretaciones y de una mente torcida, corrupta, algo demencial, no sé si es la propia Oates o es el guion de Dominik a los que culpar. Dahmer al menos es ciertamente un hito (secreto), habla especialmente de la homosexualidad, detrás de los asesinatos de Dahmer, lo plasma como pocos lo han hecho, es un retrato totalmente queer, pero lo hace con astucia, lo hacen como si fuera ante todo la locura de un asesino en serie, ahí la mayoría quizá no notan que en realidad están viendo la existencia y toda la esencia de la homosexualidad, aunque se le suma el lado de un desquiciado, como puede que paliativo visual o hacerlo más universal, aunque las muertes pueden ser brutales, él es un golpe certero de le peor brutalidad. Blonde en cambio es todo atroz sin ningún aporte, más bien destruye toda la imagen de Marilyn Monroe, no permite ninguna concesión, todo es vulgarmente penoso, es el horror absoluto, como si Dominik haya pensado en lo peor y lo haya puesto en su película, las peores imágenes sobre su vida. La historia de su padre es cruel (sobre todo al final), la perdida constante de hijos es también cruel, es pornomiseria en toda la palabra. Armas deja todo en la cancha, pero a diferencia de Dhamer no tiene ninguna redención en su retrato, no tiene un sentido mayor, algo rescatable (como exhibir una inclinación sexual en toda fuerza, lo que en realidad es); en Blonde todo es el horror, ¡el horror! Es un filme terrible. Como dicen por ahí en la historia, todo puede ser filmado, pero también requiere arte, no solo estética o ser arty o un autor, el arte va más allá, todo éste retrato es vulgarmente penoso, excesivo, mentiroso. La vida puede ser miserable, pero esto es el colmo, y escogerlo así es digno de rechazo, el cine es más que cualquier tipo de realismo. ¿Dónde están los logros de éste icono?, ¿cómo se convirtió en alguien tan querida?
sábado, 24 de septiembre de 2022
Susana (carne y demonio)
Quien diría que Luis Buñuel haría una película católica y encima una muy buena. La hizo en su etapa mexicana. El filme defiende la familia y el matrimonio y hace ver a la amante -y arquetipo- como una loca, y es literal, en sentido de que se ha escapado de un reformatorio y la busca la ley. No se dice exactamente el porqué ha estado ahí, pero todo nos enseña que seduce a los hombres con su belleza y sensualidad y digamos que los corrompe. En la propuesta Susana quiere un hogar, su propio hogar, y finalmente se da cuenta que lo puede obtener si se convierte en la mujer del hacendado rico que la acoge, de Don Guadalupe (Fernando Soler), cuando le abren las puertas por humanidad, al verla sola, tan joven y sin nada en el mundo. Susana (la argentina Rosita Quintana) también tantea antes, seduce al hijo de ésta familia, un muchacho estudioso y correcto pero algo inocente, aunque con su carácter. El capataz de la hacienda también se vuelve loco por Susana, pero como no es un pez gordo es rechazado por Susana. No obstante en el fuera de campo vemos que Susana por presión acepta avances de él. El capataz es más vulgar, más tosco, típico macho mexicano, un cowboy, y trata de doblegar, forzar, a Susana. Es gracioso ver que quieren entrar a su cuarto y al final ella les chanca la mano con la puerta. Susana tiene un lado muy lógico, común, es una chica abandonada a su suerte en un mundo duro donde nadie quiere pasar frío y hambre y quiere un hogar, no tiene muchas oportunidades y ésta hacienda es su refugio y después quiere que sea su casa para siempre. Quiere romper con su servidumbre (lo cual está bien), pero su elección finalmente es inmoral. Esto la moviliza a seducir al patrón y a enfrentar a su esposa que lentamente se despierta y nota que Susana representa un peligro para ella, habiendo entrado además a tallar la empleada vieja y leal que detesta a la muchacha desde el principio -como buena bruja- y se comporta como un perro guardián de la señora. Ésta empleada vieja adora a dicha familia y rápidamente se percata que Susana es una amenaza para su unidad y tranquilidad, de la mano de su belleza, juventud (hay cierta envidia escondida también, y honra como personalidad de fe, y cualidad de sumisión) y su coquetería, ese juego con el escote del vestido, que es algo muy elegante del filme para sugerir sensualidad (y sexualidad). Lo de la pierna, mostrar y dejarse tocar una bella extremidad, puede ser más directo, pero ese ya es un recurso mayor, e igual aun cuidado del filme. Buñuel no solo recurre a la lógica en Susana, la define hacia un extremo, pero lo hace ver genial, te hace cómplice de cierta ironía, cuando Susana sonríe malévolamente al momento que logra seducir a un hombre. Es pues (abiertamente) una mala mujer, así queda definida, en un especie de demonio, una amenaza a éste bello hogar. Esa sonrisa de triunfo cuando logra enloquecer a un hombre es la clara idea de que ella es la malvada del filme. A la que hay que vencer. Es curioso ver que la propuesta opta por la señora de la casa y no por la empleada humilde; y es que no es una típica telenovela mexicana, no son las ideas modernas que gustan tanto hoy y que se usan como políticamente correctas de cierta manera actualmente. La señora se siente humillada -y el filme la apoya- cuando el patrón y su esposo no acepta que la dueña de casa se imponga a la empleada, a Susana que tiene un poco un tono de altivez (aunque guarda aun las formas); no acepta el patrón que imponga su condición de patrona. Es un filme coherente, pero no del típico que vende hoy en día. Es, a todas luces, un filme de otro tiempo; es un clásico, aunque tampoco un clásico cualquiera porque tiene ideas que estilan condición social defendiendo a la patrona por sobre la empleada, si bien es mucho más raro hoy en día; es decir, no es algo demasiado vendedor. No obstante éste filme fue todo un éxito en su época, y es muy bueno así, aun pudiendo contrastarse algunas cosas, pero es extraño que un filme de corte católico digamos logre ser así de efectivo y perfecto, atribuyéndose cotidianidad, no santería que sería algo más usual de conseguir empatía. Susana es la destructora de hogares, atenta contra la familia, con su carne, con su cuerpo hermoso, esto, sin duda, no es común que se vea así en el cine. Todo esto, por lo dicho, entonces es una curiosidad y maneja distinción, aparte de que Buñuel a ratos exagera bastante o quizá está plasmando ironía secreta. Como se llevan a Susana al final es un alarde de absoluta y total incorreción, propio quizá de la comedia que aguanta de todo, pero por lo mismo es jugársela entera dejando en claro muchas cosas que representan riesgos de empatía muy notorios. Éstas exageraciones le dan personalidad a la obra, triunfan finalmente, es un filme muy contundente y ahí hay otro logro, cuando es algo que por lo general tiende a fallar. Buñuel tiene todo para perder, pero curiosamente no lo hace, paradójicamente le queda un filme muy bueno y es, sin duda, una rareza, un filme peculiar en todo sentido, sin perder un gran porcentaje de revestirse de clásico, con personalidad mexicana. También es genial ver que desde ya habían filmes latinos realmente buenos, que no envidian a ninguna superproducción, sino son obra del ingenio, de la inteligencia y creatividad por sobre todo. En un momento la empleada leal le da un látigo a la patrona y le dice que le de su merecido a Susana (¡a esa perra!). Todo está ahí, pero el filme se las ingenia para hacer de Susana un demonio, una hazaña en cierta manera. La patrona le pide a Dios la ilumine, pide que no destruyan su hogar, y en efecto Susana quiere quedarse con todo, quiere reemplazarla. El capataz ciertamente es una rata, pero lo hacen ver como mejor de lo que es. El problema también es la torpeza de Susana, como hacer que el hijo se enamore de ella y pelee con el padre. Inicialmente ella no tiene una dirección, tampoco obviamente quiere al viejo hacendado, aun habiendo agradecimiento por aceptarla en su hogar por humanidad, pero está claro que cuando el viejo siente atracción carnal él se suaviza bastante. Hay una cierta inocencia de culpar solo a Susana. Inicialmente ella le pide también a Dios, escapar de su cárcel, pero lo que viene es más bien falta de oportunidades. Ella denota no ser tan inteligente. Pero el juego es otro, la gracia es otra, es tener a Susana como un demonio, si bien ciertamente la opción que toma es la de destruir un hogar, la de ser la amante ambiciosa, y al usar la sexualidad queda sentenciada su personalidad, quien es, es decir, toma malas opciones, pero eso somos, nuestras decisiones. Susana tiene una oportunidad y la desaprovecha (cuando Dios le oye), aunque también el mundo es un lugar cruel. El filme leído con ratos de ironía gana mucho.
jueves, 22 de septiembre de 2022
Cortos de Jacques Demy
El francés Jacques Demy es mundialmente famoso y querido por sus musicales, por Los Paraguas de Cherburgo (1964) y por Las señoritas de Rochefort (1967), pero como la mayoría empezó haciendo cortometrajes y lo hizo de manera muy profesional, mostrando desde el inicio talento. Es un autor que no fue político ni experimental, no quiso ser lo más rimbombante digamos, sino opto por lo sencillo, amable y luminoso, opto por ser común podríamos decir, si bien muchas veces en lo común se oculta lo extraordinario, como diría David Lynch. Sus cortos son muy simples pero hermosos. En Le Bel indifférent (1958) adaptó una pequeña obra dramática de su compatriota, el siempre inconforme Jean Cocteau, donde una mujer monologa frente a su indiferente pareja, un hombre de mucha seguridad y supone belleza física que la ignora, nunca le contesta, mientras ella parece suplicar por su correspondencia, le ofrece de todo por que éste no se aparte de su lado, no la deje; es un monólogo sufrido, un poco lastimero, romántico, muy honesto, un poco desesperado, la mujer quiere retenerlo, aceptando todo lo que él quiera para que esto suceda. Desde luego ésta no es la persona indicada en su vida, pero el amor y la pasión muchas veces no es correspondido de la misma manera, es una oda a la belleza, a aquella frase de El ladrón de orquídeas (2002) que dice: "Somos lo que amamos, no lo que nos ama", aunque nuestra imagen sea la de un perdedor al decirlo, pero esto vuela mucho más allá, nos reconforta, define finalmente aunque pueda parecer lo contrario tener personalidad. No obstante no puede negarse que Le Bel indifférent es un retrato algo patético, pero también muy humano, esto último como lo fue y coge en el aire y lo plasma en su obra Jean Cocteau y lo recoge un Demy sensible y con un halo de curiosa sorpresa sobre su manera de ser. El escenario es una simple habitación de hotel, la pareja comparte una sensual cama, definición de una pasión, seguramente muy sexual. La mujer con su monologo parece envejecer. El hombre lo interpreta Angelo Bellini, y será su única actuación oficial; no dirá una sola palabra, será como una escultura. La mujer es Jeanne Allard en su debut en el cine, en quien tuvo una carrera humilde. Le sabotier du val de Loire (1956) es un corto sobre un zapatero, un fabricante de zuecos, zapatos hecho con madera. Demy nos muestra a un hombre humilde, quien habita en el Valle del Loira. Es un anciano que vive con su mujer y su hijo adoptivo que ya está en edad de enamorarse e ir en busca de su propia familia, dejar el hogar. Es el ciclo de la vida el que nos enseña, Demy. Observamos como éste anciano fabrica sus zapatos, artesanalmente, meticulosamente, desde el inicio hasta el fin, desde que extrae un tronco de árbol. Nos muestran sus rutinas, su monotonía, su dedicación, su disciplina, en medio de la sencillez y el afecto familiar, hay tiempo para verlo tomarse una sopa. Es un retrato diáfano, sano, es la humildad y la felicidad más llana. Ars (1960) es un corto sobre un santo francés, sobre Jean-Marie Vianney, conocido como el cura de Ars. En todo el metraje no veremos al santo, no habrá actor interpretándolo. Demy hace un viaje por los lugares donde solía estar, visualiza el espacio, los lugares, los objetos, es un viaje de la cámara subjetiva como si fuéramos fantasmas llevados por el viento y la velocidad. En el trayecto oímos la historia y vida de éste sacerdote católico, escuchamos la voz en off de Jacques Demy, que lo trata con respeto y con un poco de admiración. Nos dice que Jean-Marie estuvo a punto de rendirse, a punto de ser destruido por el enojo, por su pasión que llevaba a restringir la vida de la gente, que quería encaminarlos por la religión y quitarles quizá la picardía y torpeza existencial, la libertad del pecado, lo que enojo a muchos, pero Demy nos habla de alguien que reflexionó y se perfeccionó y aunque no es siempre así logro encontrarse y mostrarle a otros el camino, he ahí su santificación, desde haber logrado proclamar la vida pacifica, familiar, devota. Demy muestra otra pasión, como la del zapatero del Loira por su trabajo repetitivo y laborioso, pero que a él lo halla, lo define y nunca lo agota, le da sentido; como la pasión por una persona -aunque pague mal- en Le Bel indifférent; ahora por Dios y la iglesia, por generar feligreses y darles un sentido. La mujer de Cocteau quiere que la escuchen, así como el cura de Ars, una se dirige a una sola persona, otra a muchas; el zapatero yace en silencio, se habla a sí mismo, como cuando ve por su mujer, como cuando no puede más que dejar ir a su hijo. Unos triunfan, otros fallan, todos tienen sueños, todos empiezan pequeños, todos se equivocan, todos envejecerán, todos buscan construir cosas -chicas y grandes, en nuestras posibilidades- , todos anhelan hallar un lugar en el mundo donde habitar y ser.