jueves, 28 de diciembre de 2023
Los delincuentes
Los delincuentes (2023), del argentino Rodrigo Moreno, parte cogiendo de la trama de Apenas un delincuente (1949), de Hugo Fregonese, película mítica del cine argentino. La primera parte es bastante parecida al filme de Fregonese, pero en ésta película de Moreno el protagonismo se lo reparten Morán (Daniel Elías) y Román (Esteban Bigliardi). Como se puede notar son anagramas. Lo mismo que Norma (Margarita Molfino) y Morna (Cecilia Rainero), aunque esto quizá juegue con las expectativas de con quienes se van a relacionar los protagonistas. En la primera parte hay mucho detallismo partiendo de lo que imaginara Fregonese, por lo que es normal que esto le va a ocasionar diferente ritmo, uno más lento, a éste nueva película. Lo de Fregonese es un buen magma y es por eso que la primera parte de Los delincuentes se hace bastante interesante -aun repitiendo el plato-, que es noir. Esteban Bigliarti hace tremenda performance con su personaje. El filme es la historia del robo de un banco de manera simple, sin violencia, que por lo normal termina siendo una tragedia en la vida real -yendo a parar a la cárcel- y en buena parte del cine, pero la curiosidad de éste nuevo filme es que la segunda parte de la propuesta de Rodrigo Moreno, donde ya es su inventiva en mayoría, es más bien recuperarse del abismo, reemprender el camino, vislumbrar la luz y esperar ir hacia la felicidad, como quien ha accedido o ha comprendido el sufrimiento de existir, materializado como epifanía en robar e ir a la cárcel, o vivir en tensión pensando en ser señalado de cómplice por la autoridad y poder terminar también en la cárcel. Paradójicamente, a lo que se puede esperar, tanto Morán como Román no tienen tantos problemas en lo que se han metido, el peligro a ser maltratado, humillado o vejado en prisión se soluciona, por lo que más bien la cárcel no parece gran cosa como en realidad lo es, y haber robado ese dinero, cambiar un par de décadas de trabajo, de rutina y perder nuestra libertad de cierta manera enfrascado en esa rutina, ha resultado finalmente un gran negocio, un negocio ganador, tal cual lo hacia notar potentemente Fregonese. El filme de Moreno opta por la cotidianidad más que por el espectáculo propio de un robo de bancos, incluso juega con lo bucólico con la provincia de Córdoba. Cómo se enamora Román de Norma tiene de estilo arty y está bien, mientras el enamoramiento de Morán es bastante realista y resulta notable en ese aspecto. Lo de Román con Norma incluso suena a cine francés, un poco a comedia romántica gala. La parte de Morán en el campo es más de relato estilo latino indie y tiene de cinéfilo, primero apocalíptico, luego más de amor esencial. Bigliarti representa muy bien al noir puro y duro y al noir a la vera de lo cotidiano; abiertamente, claro, en el estado de fijarnos al futuro incierto como sospechosos. La música de Astor Piazzolla representa excelentemente a Buenos Aires, donde Moreno actualiza ese especie de culto que maneja Fregonese en su obra como quien se enfrenta a un monstruo a ratos difícil -por la prisión de la rutina que te roba un poco la decisión; y las personales ambiciones- y a otros amable, amable (o llevadero de cierta manera) porque es nuestro, y lo conocemos, aun cuando la única salida a la vista del protagonista es convertirse en criminal, para acabar con el respeto intimidador o la lucha frente a la gran ciudad, de que la pequeñez nos coma, aunque Moreno agrega que el anhelo sea simplemente de una libertad humilde en cierta manera, pero a fin de cuentas, libertad, que se dibuja en la carne y sonrisa de la agradable Molfino, y que viene del campo, de lo poético que se oye la naturaleza, común sueño de identificación, de descanso. Muchos emigran al campo porque la ciudad te exige mayor tensión, mayor esfuerzo, mayor complejidad. Igualmente muchos huyen del campo por las mismas razones, pueblo chico, infierno grande, como por las ambiciones materiales, y en ese pequeño espacio mental se ve por un lapso de tiempo, Norma, pero Moreno plantea/defiende lo pastoral como lo idílico, como la ruta a seguir, la pasividad que le gusta, ahí donde suena el folclore de Violeta Parra y en que se puede ver aunque sutil un cierto romance ideológico, con la idea de pueblo, aunque Moreno como que reniega de la palabra (ser) obrero, así como lo hacia más notoria y potentemente Fregonese. Una idea discutible pero bastante interesante que aporta especialmente Moreno es que no quiere que el hombre indague en el misterio en general, como quien quizá no está preparado para ello y es infructuoso, sino que coloque ahí, donde lo hallas, tus afectos, tus lugares comunes de felicidad, es decir que cambies lo oscuro por lo luminoso, por lo sencillo, nuevamente alumbra lo pastoral. Es entonces que el poema La Gran Salina del argentino Ricardo Zelarayán queda perfecto en la argumentación y exposición de Moreno, y queda además preciso como autodescubrimiento del personaje con la literatura, con el arte. Cuando Morán se va, le dice a los presos y ex amigos, ex compañeros, cultívense, y les deja, entre otros, La gran salina, el camino que remite todo el conjunto y que es un pensamiento simple, pero que vale tener en la mente siempre y se dice sin ser una obra abierta de automotivación cuando se puede leer que señalan lo mismo, pero justamente eso es hacer arte y eso es hacer cine. Cierra con la música de Pappo, figura importante del rock nacional, y no solo es una elección sumamente cool, sino una declaración de principios, la ruta hacia la libertad, como si estuviéramos en el final romántico de un western y ya hemos lanzado los tiros (matado) al enemigo.
lunes, 25 de diciembre de 2023
Falling leaves (Giorgobistve)
Empieza con un aspecto de tipo documental donde se ve como preparan el vino desde lo autóctono georgiano del campo, mostrando cosas particulares para los foráneos, se ve tradición y técnica. Luego pasamos a ver a un joven con sus padres, en su cotidianidad. Y luego a otro joven con sus padres, abuela y 3 hermanas pequeñas así mismo en su cotidianidad, despertándose a desayunar, a horas tempranas. Después en la calle ambos jóvenes se juntan y se dirigen al parecer a su nuevo trabajo, serán los que aprueben la calidad de los vinos en una fábrica de estos. Uno de ellos es nuestro protagonista, Nico (Ramaz Giorgobiani), quien en éste filme soviético del georgiano Otar Iosseliani, director recientemente muerto el 17 de diciembre a los 89 años, se exhibe como un muchacho digamos que idealista, frente a sus compañeros que suelen simplemente acomodarse y no discutir el (pequeño) poder, esto a razón en la trama de aprobar un lote de vino que el joven Nico halla aun no bien fermentado para darlo en la mejor calidad. En sí es un filme de costumbres, desde la gente típica de una fábrica de vinos y prácticamente la propuesta no posee trama o un relato que no sea su día a día. Hay una chica joven muy bella, Marine (Marina kartsivadze), que hace tours por la fábrica de vinos y todo el mundo busca enamorarla, se sienten todos atraídos por ella, y la fémina inocentemente juega con todos, sin llegar a ningún aspecto sexual o sensual, todo es ligero y simpático, familiar se podría decir. Marine gusta de Nico, quien se presenta como más joven que ella, y asistimos a un flirteo. Ésta propuesta se mueve en esos dos frentes, la fábrica, los trabajadores, haciendo sus cosas habituales, todo muy común, como afuera de la fábrica vemos apuestas chicas y beber, sus rutinas familiares y por ahí buscarse una mujer ocasional; y en otro el imán de la chica bella que también es trabajadora de la fábrica. Todo parece el típico filme soviético mostrando a la gente del pueblo y con la idea de hacer bien las cosas en su humildad. Es una película que estética y formalmente es algo elaborada, no es recurrir a un quehacer técnico plano, aunque la narrativa es básica, pero se ve bastante coqueteo, humor y vivencias con querer quedarse con la chica linda y un poco lejos de nuestra liga. Nico le atrae a Marine, a pesar de la edad, por su personalidad. Marine aun tiene de niña. Iosseliani busca hacer un fresco amable y cálido, a lo sumo asoman picardías, no maldad.
domingo, 24 de diciembre de 2023
Talk to me y Vinil verde
Talk to me (2022)
Éste es el 8vo cortometraje del brasileño Kleber Mendoza Filho y se puede ver como película de terror más fantasía cuando una niña traviesa y curiosa no puede cumplir con una simple promesa, no poner y oír un disco de vinilo verde, cuando la mamá sale y la pequeña se queda sola, y aunque esto trae sorpresas macabras, impactantes y desagradables no puede dejar la niña de seguir oyendo el vinilo verde. Ésta simple premisa genera mucha curiosidad, por saber que va a pasar ahora, pero al filme se le puede atribuir un lado intelectual más bien, aludiendo el día a día, y nuestro comportamiento natural y más tarde nuestra manera de ver el mundo. El corto tiene también un estilo, se exhibe como fotonovela, captura y narración a través de fotografías. Es una propuesta que nos dice que no hay que temerle a la vida y hay que tomar nuestras propias decisiones, como afrontarlas. Cada padre enseña su propia forma de vida, pero uno cuando va creciendo debe redondear su propia mirada. Uno debe escoger su camino, por donde seguir. Es la lección de un padre que no es autoritario, pero tampoco se puede ser tan permisivo, flojo, indiferente o despreocupado, de aquí que nazca el terror en la película y, así, en la vida misma, manifestar un exceso de libertad, o no contener reflexión. Igualmente se trata de dejar vivir, y de entender que los niños son un poco como los gatos, muy curiosos, y les gusta hacer travesuras. Ese final que puede desconcertar, sobre todo ante querer subir la apuesta, es más bien un acto de profundidad, con un detalle que aparentemente rompe con el hilo, como una sutil ironía, de paso, pero lo hace para trascender, aun a riesgo de sacrificar el entretenimiento que viene de atrás perverso y lúdico con el suspenso del ¿y ahora que va a pasar?
jueves, 21 de diciembre de 2023
Unrest (Unrueh)
La protagonista, Josephine, dice que ella se encarga de poner en funcionamiento la unrest wheel fitter, las ruedas giratorias del mecanismo de un reloj, en una fábrica de relojes, ubicada en un valle dentro del cantón de Berna, en Suiza, en el siglo XIX, siendo muy famosos los relojes suizos, su clásica celebrada precisión. Ésta es la segunda película del suizo Cyril Schaublin, película ganadora de mejor director en la sección Encounters de la Berlinale 2022, y el premio fipresci en la Viennale 2022. Éste filme casi no tiene trama, versa sobre el funcionamiento de los relojes que vemos armar y poner a funcionar múltiples veces como sólo el cine puede hacerlo, con un detallismo y escenificación milimétrico, dando el privilegio de ver como se trabaja con estos desde un lugar bastante interesante para el tema, pero a esto se le suma un quehacer político que va tras el anarquismo y lo histórico en relación importante, aunque no demasiado conocida fuera de Europa, de Suiza. Éste anarquismo vemos que es cercano al socialismo, y se ve en conflicto contra la llamada burguesía y el poder de su tiempo, representado por la municipalidad y el cobro de impuestos, con los que era fácil someter a la gente humilde o la clase obrera, trabajadora, el mundo de Josephine, si bien ella es muy dócil, tan solo se siente atraída por las historias (recurrentes) de los anarquistas que aquí son vistos con curiosidad, como también como parte de cierta extravagancia, y algunos como héroes aunque lejanos a uno. En esos relatos conoceremos a Pyotr, un geógrafo y cartógrafo de origen ruso, que se relacionara con Josephine, si bien todo es mínimo, como ese final harto sutil del reloj colgando en las plantas y es que los relojes finalmente son lo más importante, inmersos en una obra revestida de una lectura política que recorre toda la propuesta. Los enfrentamientos son delicados, elegantes, al tiempo de potentes. El asunto queda bastante expuesto, aun no existiendo mucha acción. Es un filme notoriamente arty, seco y
austero, con tomas particulares, como mirar y oír habla de lejos, o ver gente pequeñita lateral
dentro de un enorme paisaje. En su aspecto histórico, más allá de una recreación pormenorizada de la época, tenemos la conmemoración de una fecha importante para el nacimiento de la actual Suiza, la batalla de Morat, donde se incluye una fiesta tradicional y una votación electoral. Hay muchos momentos donde se puede observar la fricción entre el anarquismo y el poder, sin llegar a mayores, todo entendible pero también con su cuota elíptica. Se palpa una cierta opresión hacia la clase trabajadora, pero también se ve la belleza de producir algo tan fantástico como un reloj suizo, ver componentes tan pequeños perfectamente ensamblados, con mucha gente destinada a hacer algo muy específico, dentro de un trabajo que habla de comunidad. Se puede pensar el movimiento de las piezas de un reloj como el funcionamiento o la naturaleza de un pueblo. Es una propuesta llena de detalles como la foto que señala un crimen pasional e interracial y luego ver llegar el castigo del colonialismo (frente a la mujer del deseo). Algo simpático es que la productora de Schaublin se llama en honor a una novela del también suizo e interesante escritor Robert Walser y con ésta productora el presente director ha hecho todos sus trabajos.
The urgency of death
El director de éste filme es el argentino Diego
Fernández que antes se ha hecho llamar Rocío Fernández y ahora se hace llamar Lucía Seles. Así, con nombre femenino, y puede que sea homosexual o sólo esté jugando un poco con los nombres, o ambas cosas, no se sabe en profundidad que significado tiene o quiere tomar, aunque puede entenderse como que los límites entre géneros para él no existen, cosa que hay gente que utiliza actualmente. Esto del nombre femenino no solo es eso, hay en todo el filme unos subtítulos laterales que hacen de voz de mujer, suponen la de Lucia Seles que es el narrador autobiográfico de parte del filme. Lo otro lo complementa con lo que llama ocurrencias. Estos subtítulos
laterales izquierdos están abajo en ingles, y encima del inglés está la traducción en el spanglish personal de Lucía Seles. Éste especie de monologo habla sobre la cotidianidad de su mirada, una mirada tal cual lo dice al final, ocurrente. Estos subtítulos acompañan en particular el metro, como si Lucía Seles estuviera viajando dentro. Otra curiosidad, una de tantas (ocurrencias), es que Lucía Seles (Diego Fernández) también aparece frente a cámaras como un tipo que se nota algo raro, con algún tipo de desorden o lentitud. Puede que esté actuando o sea él mismo. Si está actuando es una performance notable porque se ve muy creíble, esa lentitud se nota consistente. Si no lo está haciendo también es un atractivo, y el filme entonces no sea solo un cúmulo de ocurrencias sino realmente propio de una personalidad, pero con tantos cambios de origen y cierta notoria buscada artificialidad el filme encaja más bien dentro del humor digamos "sofisticado", o un humor que enfada, que es molesto, que es adrede además un poco tonto y curiosamente esto lo hace especial, atípico y sofisticado a lo Duchamp. Es aquel del que quiere caer mal y así pasar por divertido o como el filme define muy bien, ocurrente. En un momento Lucía Seles es bañado en coca cola y se va agradeciendo el gesto que ha pedido. Diego Fernández como Rocío Fenández hizo varias películas a mediados del 2000. Ahora, como Lucía Seles, éste 2023 ha hecho 2 películas, una es la presente, la última que ha hecho. El año pasado hizo 3, pero quizá fueron 5, no importa. Otra curiosidad es que sus películas han sido premiadas en el festival de Mar del Plata y en el Bafici, es decir que la ocurrencia sí paga. Lucía Seles, el personaje que vemos, tiene un doble que realmente es mujer, se le llama Lujan (madre), y está llena de la personalidad del (la) protagonista, llena de tics y arrebatos, llena de verbosidad atropellada, de un lenguaje nervioso, y que denota que se ha trabajado con mucha espontaneidad y en sí mucha interacción o conversaciones reflejan mucha imperfección natural. Éste filme tiene también una historia, alrededor del real director español Gonzalo García Pelayo, su hermano también verdadero Javier García Pelayo, y el hijo igualmente real de Gonzalo, Iván. Pero ellos se interpretan como dueños de una conocida confitería argentina, Ritz, que se encuentra en la ciudad de La Plata. Hay un Ritz por el terminal de buses de la misma ciudad, otro lugar (el terminal) que le produce placer a Lucía Seles. En una secuencia, Javier pasea simplemente por las casetas comunicando que el Ritz abrirá 24 horas al día. Iván es músico de verdad y también se habla de una banda musical familiar dentro de la trama; en ésta entra a tallar un baterista al que (tal cual) se le despresentará. Todo esto supone humor, humor absurdo, que yo acuño del tipo: sofisticado Duchamp. Es ser el vivo más vivo. Gonzalo García Pelayo hace de productor además de The urgency of death (2023). Se puede ver que hay vasos comunicantes entre ellos como artistas, en la forma de hacer cine. También hay una parodia con un podcast, llamado La Cordobesa, que juega con el cliché de la vanidad del argentino. En un momento se habla con devoción de la muerte, poéticamente, celebrándola, que es marca distintiva de la personalidad de Lucía Seles y supone que La cordobesa tiene mucho de ella/él. Como clímax glorioso Lucía Seles se lanza a correr por la
calle, por buen tiempo, por barrios lleno de graffiti y algo de escritura política casual, mientras se oye música clásica de fondo. Pero además se celebra irónicamente el pasodoble (o mejor dicho, es otra ocurrencia). Es una película que juega con el hartazgo, o si quieren verlo, con la paciencia, y esto significa humor y un filme finalmente curioso o de cierta originalidad.
lunes, 18 de diciembre de 2023
Trotacalles
Éste filme de la mexicana Matilde Landeta es el tercero de su filmografía y después no haría otro largometraje hasta dentro de 40 años y ese sería el último. Trotacalles (1951) es su obra maestra. Durante ésta obra le surgieron muchos contratiempos y disputas y esto generó que se le dificultara realizar otra película. El presente filme habla sobre la prostitución desde la vida de quien se hace llamar como Azalea (Elda Peralta) y es cero romanticismo, más bien es una historia dura de ver, una historia bastante realista y por ese motivo bastante atípica como arte. La suya como señala su mejor amiga del trabajo -de las calles y bares nocturnos- y una vieja puta, interpretada por la talentosa Isabela Corona, es puro dolor, pura explotación y hasta maltrato. En un momento, uno de miles de desahogo, la experimentada puta ya en su etapa de decadencia, de haber dejado de ser interesante para los cabarets, menciona que hay existencias en la prostitución aun peores que las suyas, finales realmente trágicos, y esto será un augurio. Azalea cree en un hombre, en Rodolfo (Ernesto Alonso), pero éste tipo es despreciable, es un proxeneta frío y calculador, aunque de esos que se disfrazan de cierta elegancia. Rodolfo seduce mujeres para vivir de ellas, y un día pone el ojo en la guapa y sexy esposa de un millonario banquero -puede haber visto algo fácil en ella-, en Elena (Miroslava), y logra -contra el inicial pronóstico- seducirla, pero ambos se enamoran de verdad y terminan siendo honestos a un punto uno con el otro -Elena ve alguien astuto y pobre, no toda la dimensión corrupta de éste sujeto-. Elena señala ser una mujer práctica, se considera a sí misma astuta, al haberse buscado a propósito un hombre viejo con mucho dinero. No obstante cuando hace hincapié el noir en toda esencia, surge el escape, de su matrimonio por conveniencia, y el plan es irse con mucho dinero. Una cosa a tomar en cuenta es que el viejo banquero no tiene un pelo de sonso, suele dar a entender que su dinero le ha comprado una mujer hermosa -una mujer deliciosa, como lo es Miroslava en pantalla, que tiene todo el aire y garbo de la actriz protagonista clásica de la época de oro del cine mexicano- y suele hacer ver que es inteligente que una dama bella se fije primero en el dinero de un hombre y tener una vida cómoda, de lujo, que enamorarse de cualquiera por solamente amor. Éste banquero representa al capitalismo frío, al capitalismo bruto, ese por el cual existe el socialismo. El banquero es un hombre sin profundidad, un tipo práctico. Pero el filme, como buen noir, traerá a la trama la seducción, las pasiones, las emociones, los errores, la aventura, la espontaneidad, lo impredecible, con las decisiones capitales de Elena quien tiene parentesco familiar con Azalea y un pasado de ruptura, aunque la mala suerte siempre ha acompañado a la hoy Azalea, que representa la vida como que tiras al basurero, por creer paradójicamente en los demás, como si los hombres fueran su tragedia y en sí ese parece el fondo de la propuesta, los (malos) hombres arrastrando al abismo a las mujeres hermosas, aun cuando como Elena son un poco femme fatales. Rodolfo es el tipo de la doble moral, de las dos caras, es fácil prever que arrastrará finalmente hacia la prostitución también a Elena, el seductor demoniaco, el riesgo fatal. Es una historia melodramática, pero potente en realismo, con un clímax final poético maldito (con la luz en la calle, en el crimen), si bien las cartas quedan expuestas sobre la mesa, con el abanico de las decisiones a tomar y las consecuencias -donde solamente el amor justo nunca es una opción-. Ahí están las habladurías de las amigas de sociedad y los desahogos existenciales de la vieja puta habiendo pasado por todo lo que habla, como quien advierte, eso que muchas no ven (hasta caer) o por exceso de audacia, creerse más vivas que el propio demonio o, mejor dicho, la propia vida. Elena se jacta de curtida, de no pisar en falso, el camino que toma la otra, el mal del que -contradictoriamente a su pensar- se salvó y sin embargo sólo es puro alarde, exceso de autosuficiencia. Es una película que descree del amor, pero hay que apuntar que es por no hallar el verdadero amor, ese que aunque suene romántico lo encuentras en la sencillez, aunque tampoco son fáciles, ninguno lo es. No se puede justificar al banquero tampoco, aunque suene pan de cada día con muchas mujeres, señoras finalmente. Es un filme que expone decadencia en todo sentido, pero también full realismo.
sábado, 16 de diciembre de 2023
Otra película maldita
Otra película maldita (2023) es un documental de los argentinos Mario Varela y Alberto Fasce y exhibe la historia del cine de terror argentino. Ésta historia empieza en 1934 con El hombre bestia de Camilo Zaccaria Soprani, la que se inspiraba en obras extranjeras y no se asumía como terror solamente, tenía de comedia y en general no hay muchas películas argentinas de terror puro y duro en sus inicios, por mucho tiempo incluso. Durante gran parte de su desarrollo histórico eran mezcladas con comedia y se fijaban mucho en particular en Abbott y
Costello que hicieron humor familiar de la mano de monstruos clásicos y célebres. El cine de terror argentino pasaba por el melodrama, la ciencia ficción o hasta el noir. No
obstante aunque hay un llamado a la preservación de películas argentinas y no
solo de terror, tiene sus hitos nacionales, que el documental irá enumerando y
expurgando con la ayuda de montón de directores argentinos del género. El título de ésta propuesta viene porque muchas películas argentinas del género no se han conservado, se han perdido o quedan pedazos solamente, o recibieron poco aprecio en su época. Al cine de terror argentino le costó ser tomado en serio durante décadas, incluso por el INCAA, organismo del estado que regula y promueve el cine en toda Argentina. El INCAA actualmente subsidia también películas argentinas de terror. Pero esto ha venido a suceder en los últimos 15 años donde el cine argentino de terror pasa por cierto boom, de una gran proliferación de películas, aunque la mayoría van al video o son exportadas al extranjero. Ésta propuesta hace una síntesis de éste especie de boom cuantitativo, y muchas de las imágenes que se pueden ver de éstas obras -muchas de cine B- son bastante interesantes y llamativas. Se ve al vuelo profesionalismo, buenos efectos especiales y harto ingenio. Se exhibe mucha pasión por el terror argentino de gente especializada, en un quehacer que ha ido evolucionando y provocando mayor aceptación en general, partiendo de muchas visiones en el tiempo, hasta ser reconocido tal cual lo que es, y en esto entra en acción opiniones de muchos entendidos nacionales, que obsequian su pasión definiendo su mirada, su perspectiva, su labor en particular y además dan una apreciación universal. El filme apunta a la diversidad de voces actuales que se ven identificadas con el festival Buenos Aires Rojo Sangre, festival argento especializado en terror que inicio en el año 2000. Entre los hitos que se presentan y auscultan, puesto que a pesar de no haber sido abundante por mucho tiempo tienen películas de alto nivel en el horror, tenemos El extraño
caso del hombre y la bestia (1951), de Mario Soffici, que hacia algo ya muy propio. Así también tenemos a un actor famoso participe del género en Argentina, que señala una época de oro nacional para el cine en general, Narciso
Ibañez Menta, con, en especial, Obras maestras del terror (1960), que dicen inspiraría nada más y nada menos que la respetada saga de Poe de Roger Corman. El cine más guerrillero de terror, el de bajo presupuesto y pocos escrúpulos tendría representantes míticos en Emilio Vieyra y Armando Bo, a los que el actual boom puede considerarlos padres de lo que ahora hacen ellos, pero el filme muestra como se van formando los cimientos de la actualidad con gente que luchó mucho por hacer cine de terror y los muestran revolucionarios de cierta manera para la cinefilia nacional, autores muchos de ellos malditos o no tan conocidos en toda magnitud, si bien éste filme es una celebración, una fiesta, por el género hecho en Argentina. La propuesta nos descubre verdaderos apasionados, como cineclubistas coleccionistas de rarezas, productores de culto y otros misteriosos, nuevas generaciones tomando la batuta, directores consolidados ya en sus pequeñas glorias, todos hablan y aplauden el terror, cuentan anécdotas, se ven directores legendarios dando o habiendo dado sus opiniones frescas, porque el terror amerita también libertad y trasgresión, como también se festeja la popularidad como la que genera Aterrados (2018) y esto porque beneficia a todos, se siente una comunidad que aplaude porque cada peldaño que gana uno lo agradecen todos. Muchos directores y público tienen de frikis, gente que vive realmente el cine de horror, que celebran las hazañas que yacen en concretar (y vivir) momentos de una de éstas películas. El filme apunta muchas películas de culto, generando empatía en todo verdadero fan del género -llegando a proponer identidad dentro del conjunto de un ecléctico cine argentino-, con imágenes que cogen destellos de suma creatividad, además de ratos descabellados y algunos hasta afilados. También muestra mucha gente como inspiración (y pasión) para el resto.
Mal vivir
Mal vivir (2023), del portugués Joao Canijo ganó el premio del Jurado en la Berlinale 2023, la Berlinale de Carlo Chatrian; y representa a su país buscando ganar un cupo a mejor película extranjera en los próximos Oscars. Es un melodrama sobre un grupo de mujeres unidas por la sangre y la regencia de un hotel de lujo. El filme gira sobre una de las mujeres en especial, sobre Piedade (Anabela Moreira), una dama bella de mediana edad con problemas de adaptación social, que vive sufriendo mentalmente la vida por cierto desequilibrio, que la hace rechazar a su hija, a Salome (Madalena Almeida), que ha regresado porque su padre acaba de morir, con quien vivía separado éste de su madre. Se dan muchos momentos donde ambas buscan amarse como madre e hija cualquiera, pero la dificultad de una madre de tendencia solitaria hace que la joven le tenga cierto resentimiento y surjan fricciones, que el filme de Canijo plasma poéticamente, muy físicamente, de manera expresiva gestual, donde más bien cuando hablan empiezan inmediatamente las peleas, es entonces que el silencio se presenta sabio, pero no obstante necesitan dialogar forzosamente para hacerse entender, aunque el amor existe, pero la personalidad materna se explota como ardua de convencer, aunque Piedade suele ser amable. Su madre de Piedade, Sara (Rita Blanco), es dura con ella, por ahí viene su desajuste. Hay una escena donde Piedade se infantiliza con su progenitora y ésta más bien en lugar de sensibilizarse, la trata mal. No obstante la lente siempre se posa sobre Piedade. Pero aunque se le deja un poco de lado, salvo cuando menciona que suele hacer el papel de villana injustamente, la madre de Piedade se muestra también alguien complicada, solo que Piedade está a la vista de todos. En el grupo de féminas también yace la hermana de Piedade, Raquel (Cleia Almeida), que tiene una injerencia menor, con cierto libertinaje bisexual, dentro de un filme bastante moderno que no lo toma como generador de un problema importante, como a su vez podría serlo. Es una trama que se ubica en el hotel y de ahí no se mueve, tiene el estilo típico del cine portugués, de los que exudan el ritmo de los calmados, y en sí gira sobre problemas sencillos pero bastante emotivos. Es una obra que presenta muchos choques con Piedade, que hace del cuco pero en realidad es frágil frente a los demás. Como personaje tiene atractivo, pero se tiende un poco a sobredimensionársele, pero como tratamos con un melodrama todo queda en el lugar que le pertenece. Es una película que se posa en los espacios y se toma su tiempo, le saca el jugo al hotel. Es un trabajo que versa sobre la cotidianidad y así saltan los infaltables conflictos de interrelación familiar. Ésta propuesta fluye expresando que ser padre es más complicado de lo que parece. Incluso para madres como Sara que suelen considerarse muy autosuficientes, que son fuertes. También está no poder pasar de nosotros -de cierto ombliguismo- a los demás, incluso no siendo malas personas.
jueves, 14 de diciembre de 2023
Zardoz
lunes, 11 de diciembre de 2023
Sobre todo de noche
Sobre todo de noche (2023) es el debut del español Victor Iriarte, programador y escritor además. Es un filme que abre señalando inspirarse en el chileno Roberto Bolaño, un especie de autor outsider, o alguien que le costo ser popular y esto llegó medio después de su temprana muerte, a los 50 años. La propuesta se divide en tres partes, la mejor es la primera, que juega -como anuncia- al terror y el noir. Se trata de que el estado y la iglesia confabulan para que sea fácil adoptar bebés de madres que no pueden sustentarlos económicamente, pero en la presente propuesta se deja ver que esto se hace dentro de cierto mecanismo oscuro, donde se intenta romper el vinculo con la madre natural o biológica, desaparecer su rastro. La primera parte es la búsqueda de Vera (Lola Dueñas), y la segunda es el encuentro con un hijo a punto de cumplir 18. La madre que adopta la interpreta Ana Torrent y es una buena madre. El filme en sí en la segunda y tercera parte no tiene conflictos, ambas madres se llevan muy bien y el hijo las acepta a las dos. Es una película que reflexiona sobre la adopción mostrando como se sienten a un lado y a otro, como logran concebirlo en sus mentes las madres. El filme tiene momentos artísticos, donde con algunos detalles trata de darse cierta identidad, pero en conjunto es tradicional y fácil de seguir. La segunda y tercera parte entra en cierto estilo que está en boga actualmente en el cine español, es decir manejar una cotidianidad donde prácticamente no pasa nada o nada importante. Hay un pequeño pico -engañoso, porque no germina, aunque pinta de arty light- hacia un especie de robo de archivos, pero, como tal cual muestra el filme, no despega nunca o no presenta mucho atractivo práctico, no tiene mayor injerencia en realidad, más allá de ser un poco poético y en sí el filme tiene bastantes destellos (muchos logrados) de éste tipo, poéticos. La voz en off de Torrent es muy ecuánime e interesante y siempre es muy próxima y sencilla. La primera parte maneja un estado de suspenso y angustia bastante efectivo. Es un filme con su cuota distintiva o creativa, esos señalamientos de los mapas que incluyen el decorado de los cuartos o esa preparación de tipo militar estratégico dibujada en el aire de la madre en son Vengadora Anónima, aunque se queda en puros deseos, lo cual también suena curioso, esperar algo y no verlo, como que el cine se vuelve impredecible, pero el resultado resulta demasiado básico. La cotidianidad que presenta la obra es analizar como asumen la adopción los tres puntales, madre biológica, madre adoptiva e hijo joven y aunque deja de ser un prometedor noir y película de terror tiene su cuota de oír algo que captura la atención, aunque es una cotidianidad demasiado calmada, en esa identidad que está pretendiendo una parte del cine español que anhela ser muy humano, muy amable, aun cuando anuncia todo lo contrario, mucha violencia, como quien quiere que tengas otro interés, te enamores de otro cine. No obstante si bien todo buen cinéfilo es -necesita ser- ecléctico, eternamente curioso y entusiasta e impredecible, el cine es un lugar para dialogar con la efervescencia de lo extraordinario en todo sentido, incluso para mostrar intelectualidad y profundidad. El estilo puede variar pero el cine está hecho para sorprender al espectador, así como decía Kafka: Un libro (una obra) tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro. Y pues con la cotidianidad más sosa y somnolienta no lo vas a lograr, aun cuando nos pretendamos el tipo arty más plus ultra. Y éste quehacer arty hablando del cine en general presenta distintas caras, algunas buenas, otras no. Éste filme no es malo, tiene una gran primera parte y las siguientes sostienen la idea o eje como si tuviéramos dos películas conectadas por una temática y una auscultación por un lado muy normal y otra salida de un adictivo thriller de Hitchcock. El resultado es irregular, la cara más intencionalmente común es débil, pero con su porción de atractivo aun así. El conjunto mantiene puntos de interés. Manuel Egozkue destaca como el chico adoptado, de la misma manera que las notables Torrent y Dueñas. Tiene un momento de baile a lo música electrónica que tiene gracia y personalidad con una performance invocando emociones encontradas. Lo de teñirse todos el pelo o ponerse peluca sin mayor motivo y usar 2 relojes en una muñeca tiene el efecto expresivo espejo de la nada absoluta, pero cuando quieres ser personal no todo será glorioso. Sin embargo se aprecia el intento de no temer fracasar o asumirlo (o querer ser uno mismo) que puede ser muy arduo de manejar, que bien recoge de Bolaño el filme. En un momento cuando el relato empieza a apagar su estrella con una cotidianidad que no aporta nada, como un otrora cierto cine indie latinoamericano, pone de pronto la imagen de un cadáver tendido en el suelo y puede sonar efectista, pero esto despierta la curiosidad, esperar lo inesperado y luego sostenerlo.
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