domingo, 14 de enero de 2024

Amor a la vuelta de la esquina

Amor a la vuelta de la esquina (1986), es el debut del mexicano Alberto Cortés, película ganadora del premio Ariel a mejor ópera prima en 1987. Es una película que claramente se inserta en el cine independiente latino, con todo ese estilo de austeridad, pero está bien trabajado. Versa sobre la prostitución de María (Gabriela Roel, que por entonces empezaba como actriz, tenía 27 años). El filme da inicio con María escapando de un prostíbulo clandestino por una ventana y se lastima el tobillo, pero logra que un camionero la recoja y le auxilie, luego se enamoraran. No obstante María no dejará su promiscuidad pagada una vez que se recupere. En un momento se enoja cuando alguien dice que no paga por viejas (mujeres en jerga mexicana) y le roba luego de que emborracha a éste muchacho bien en un viaje de vacaciones pagado con otro dinero hurtado. María es la heroína de mala moral, y suele salirse con la suya, no se le lapida, incluso hay un halo romántico con ella, con su tipo de existencia que además pretende lo cool, como cuando roba mientras oye a Tina Turner. En otro momento clásico de cine indie en general, María canta a capela acompañada de la guitarra acústica de un mozo de un burdel, canta “Distante instante" del músico mexicano de rock-folk Rodrigo González, quien murió joven, a los 34 años, y en vida solo lanzó un único disco, Hurbanistorias. La canción de Rodrigo se emparenta con la vida que vemos de Maria en pantalla, aficionada notoria al licor, donde cuesta que te amen diría ella y viceversa, en un mundo que se señala de indiferente a ese respecto, en el panorama que romantiza la propuesta, mientras la protagonista como da a entender la música trata de hallarse a sí misma. En el trayecto de que esto suceda, roba, sobrevive puteando y trata de engreírse en cuanto puede, pero también menciona tristeza y soledad, dificultad de existir, si bien se le ve bastante resiliente y bien segura de la vida que ha escogido, lo cual suena coherente, aunque tiene una frescura, lozanía, y cierto triunfo que va más por otro camino, no por el de una prostituta de cabaret. Pero también es una joven astuta y enamora hombres para que la mantengan, pero igualmente es compañera sentimental como del camionero con quien forma un vinculo tras él cuidar de ella en un mal momento. No hay escenas subidas de tono, sino todo está muy bien cuidado, pero podemos ver las tetas de Gabriela Roel que suele exhibirlas con soltura, siendo una mujer hermosa. Gabriela aporta cierto temple, fuerza, un enojo necesario, sobre todo en el tipo de vida que ha escogido su personaje. La relación con el camionero otorga humanidad a la protagonista, la saca de quedar encasillada solamente en la corrupción, aun cuando el camionero es contrabandista, criminal de poca monta. Es una película que se contextualiza plenamente en México -y se realza desde ahí-, como cuando pensativa observa la ciudad. Se identifica mucho con su país desde su propia época, hasta oímos a Juan Gabriel sonando en una rockola junto a Rocío Dúrcal, cantando Déjame vivir. María es una mujer que quiere -como sugiere la canción de Juan Gabriel- ser liberal, estar libre en toda gama; claro, puteando literalmente, pero a ratos va y vuelve dentro de una relación "formal". También se sugiere lesbianismo de parte de María, sin que halla ninguna explicites, con la amiga y compañera puta que busca. Se exhiben ratos de sensualidad cuidada con la antigua amiga. Todos esos robos a los clientes se pueden convenir como propio de cierto cine noir, aunque nunca llega ella a escalas grandes de criminalidad. Cada pequeño robo lleva picardía, recurseo (sobrevivencia de estilo de vida), o pegarla de más astuto que los demás o cierta planificación contra gente ingenua. Se puede ver cine mexicano de género en una sala de exhibición que María visita. 

El corazón de la noche

El corazón de la noche (1984) le pertenece al mexicano Jaime Humberto Hermosillo con guion suyo y del escritor hispanomexicano José de la Colina. Es una historia con su buen toque de extravagancia y originalidad, pero que se deja entender, no viene a tomarle el pelo a nadie, sino que de verdad tiene fundamentos o background argumental, pero maneja a ratos lo mínimo dejando muchas cosas sin mayores respuestas o datos específicos. El filme nos remite a esas historias de conspiraciones secretas y llenas de misterio, alrededor de gente con alguna minusvalía o ausencia física como parte de una secta o un culto. Éste misterio con ellos otorga la principal cuota de ambigüedad, ¿de qué trata todo?, pero puede ser una forma de unidos somos más fuertes y en todo esto -como buena aventura o cuento cinematográfico- entra cierto aspecto siniestro o de pequeño terror, como que la unión en la minusvalía no solo es por sobrevivencia y resistencia frente al mundo sino ha evolucionado a tomar cierto control sobre la sociedad a lo Gran Hermano, es así que el amigo aparece en la fila de los feligreses. El presente filme también tiene de obra erótica, la amante del líder ciego (Pedro Armendáriz Jr.), una bella muchacha sordomuda (Marcela Camacho), yace hermosamente desnuda frontalmente muchas veces, hasta corre con el protagonista, el instructor de manejo (Jorge Balzaretti), ambos sin ropa alguna por unos techos. La joven sordomuda siente atracción por el sencillo instructor, quien la persigue sin más, desde que la ve en el parque, y la mejor forma que tiene la fémina de expresarse es con su curvilíneo y bien proporcionado cuerpo, con el tacto, con las sensaciones, con su sensualidad, con su provocación, con su poder femenino, con su imán de peligro y placer, con su amor, es así que todo es muy carnal con ella, y solo se deja ver que hay una clásica traición, al líder ciego, acto que también se manifiesta como una de tantas espontáneas sucesiones que ya se percibe en el discurso de la primera reunión del clan. La mujer representa plenamente la definición de la amante, de la mujer de fuego, de la diosa que enloquece al hombre, por eso yace mucho desnuda de lo más natural, delante de muchedumbres incluso. Representa a la mujer que rompe sus cadenas y toma iniciativas, aunque lo hace desde la infidelidad, el pecado o la polémica trasgresión. No obstante ella luce como una sirvienta o una súbdito más que como una compañera al mismo nivel del líder ciego, curiosamente masajista de rehabilitación, que es el parapeto de hacer de lo ordinario un escondite de lo perturbador. El filme tiene detalles que parecen simples, pero son parte de ese estilo o esencia consolidado por David Lynch de hacer de cosas que lucen inicialmente comunes cosas que colindan con la extrañeza (o pegan el salto a ello). Ahí tenemos una simple grúa -que también es como si fuera la representación de un sindicato o un espacio de obreros- o la madre calva que usa pelucas que puede ser muy Philip K. Dick de desconfiar de los que yacen cerca de uno; así como la llamada que sigue al despido del protagonista, del jefe de manejo que hace el reconocido actor Manuel Ojeda. Es entonces que cada vez que alguien muestra que tiene una minusvalía se presenta el truco central, señala oscuridad y rareza, que es algo básico, pero efectivo, en un filme entretenido donde hay una lógica, perseguir al chofer porque se está robando a la mujer del líder, y lo que desencadena desde lo criminal (con un talentoso Pedro Armendáriz Jr. que da la talla en todo siempre, haciendo hasta lo impensable o más superficial con harto decoro, hasta la alta demanda profesional de actuar frente a los desnudos de Balzaretti). El líder le ha extendido la mano y el lacayo se la ha mordido, pero al final el amor es mas fuerte que todo y queda claro cuando llega el siniestro sacrificio a lo terror Cronenbergiano. Una cosa del filme es que la gente perteneciente a la conspiración no es pomposa, sino tiene mucho de pedestre, que toma de Freaks (1932), un aspecto muy humano, más que sobrenatural. El título de el corazón de la noche remite a ir hacia lo que no solemos ver, a lo que se esconde de lo habitual, a un viaje espectacular. 

miércoles, 10 de enero de 2024

Culpable

Hugo del Carril dirige Culpable (1960) a los 48 años de edad y es el protagonista por partida doble. Es un ladrón de bancos llamado Leo Expósito que como en un Cuento de navidad de Dickens es analizada la pasión negativa, las malas decisiones tomadas constantemente, la maldad y la perversidad de su existencia, o como en Que bello es vivir (1946) de Frank Capra, pero aquí el ángel no muestra qué importante es uno para los demás o muchos más, sino que no existe destino más importante que nuestras propias acciones o nuestras propias elecciones de vida, aun cuando alguien importante puede faltarnos o sentirse su desafecto o distancia en nuestras existencias, en éste caso el padre de Leo. Éste ángel o fantasma que se le presenta a Leo representa el acto de consciencia o reflexión frente al lecho de muerte o al juicio final de nuestra vida. Pero Hugo del Carril, y el guionista en solitario adaptando su propia obra de teatro Eduardo Borrás, van más allá, presentando una vida alternativa a Leo, después del magnífico cine negro que presenciaremos por casi 1 hora, como si entráramos en una historia de La Dimensión desconocida, donde a Leo se le señala que uno es capitán de su destino y se le demuestra que no puede culpar a nadie de su debacle sino que Leo tiene mala consciencia o le falta en realidad una. Es así que repite patrones, es mujeriego, ocasiona muertes de inocentes y es propenso a lo criminal, como quien debe culpar a su instinto y a su propia personalidad, sea pobre o rico. Leo es un personaje a lo John Dillinger en la parte del noir. Hugo del Carril genera excelentes secuencias, acribillamientos, persecuciones, ajusticiamientos para robar, policías rodeando la casa de Leo disparándole detrás de los árboles. El reloj despertador señala que el tiempo se detiene y Leo pasa a revisar su vida y luego a convertirse en Pablo Morán. La hermosa Elina Colomer hace de una tentadora vedette o mujer del espectáculo para caballeros, quien es sumisa con el gángster -con breve pero sugerente escena relajada entre las sábanas- y en la otra parte repite -más allá de las apariencias- el papel de mujer fogosa aliada de lo delictivo desde algo más sofisticado. Roberto Escalada primero es un amigo, aunque perfil bajo, de aspecto envidioso con el imponente Leo y luego es al revés, un tipo intachable envidiado por el medio hermano resentido. Ésta película salta de un excelente noir lleno de velocidad y adrenalina, a una vida política de extrema ambición y deshumanización -los huelguistas son carne de cañón en los planes generales- ubicada toda en un solo lugar, una mansión, alrededor de la media hora de metraje y todo luce especialmente coherente y al mismo tiempo como si estuviéramos en una dimensión especial donde estamos metidos en el laberinto del Minotauro que es la vida ahora de Pablo Morán. En un momento Pablo cruza la puerta y mira desde las sombras iluminada solo su mirada, expectante detrás de su siniestro plan, y luego en otra escena también en solitario viene la respuesta en el mismo sentido de la expresión facial de Carlos (Roberto Escalada), creándose expectativa narrativa hacia ese juicio del título al que va el protagonista.

domingo, 7 de enero de 2024

¡Adiós, tierra firme! (¡Adieu, plancher des vaches!)

¡Adiós, tierra firme! (1999), es una película francesa del georgiano Otar Iosseliani, se podría decir que es una comedia, pero de esas muy sutiles, que hasta no lo parecen mucho, pero se entiende que propone ironía fina, más sumarle una porción pequeña dramática. El filme se puede leer como una versión europea del maravilloso filme de Gus van Sant, My own private Idaho (1991) que se inspiraba libremente en Enrique IV, del gran William Shakespeare. Pero en lugar de huir del privilegio al mundo de los putos, es hacia el París de los clochards, de los famosos vagabundos o mendigos parisinos, donde no solo se les empareja con la consecuencia de la pobreza sino muchos de ellos yacen de cierta manera voluntariamente a la intemperie, han optado por salir del sistema hacia la calle. Muchos de estos clochards son seres solitarios, pero en la presente película de Iosseliani es más una especie de comunidad o microgrupos tal cual la película de van Sant donde había hasta líderes o especies de pandillas. El título remite al marinero que deja el hogar por el mar, por el mundo a campo abierto, por la aventura, por el misterio, abandona de cierta manera lo seguro para adentrarse en la pasión de existir, tal cual el joven protagonista, interpretado por Niko Tarielashvili. Pero Iosseliani tiene un estilo esquivo y se aleja de lo común y no hace de éste hijo (Niko) ningún tipo de ser heroico. Su protagonismo es más de inquietud juvenil, de conocer mundo, y, como llega a suceder, puede hasta sentir cierto timo o desengaño con lo que esperaba, lo cual es un mensaje realista a un punto, si bien los clochards, aunque hay un lado criminal en algunos, no son intratables, muchos son propensos a la fiesta, el alcohol y hasta enamorar mujeres, gustan de los perros y son amables con los niños. Hay un chico muy pobre que se presta de mucha gente para salir hecho un galán momentáneo. Es un juego de apariencias también. La madre del hijo protagónico viaja en helicóptero y tiene de mascota una garza, nuevamente Iosseliani se distingue con su comedia, le pone personalidad, cierta originalidad, aun a sabiendas que no es un alarde de popularidad lo que hace pero sí algo especial. Ésta mujer del helicóptero tiene un amante quien es un pimp se podría decir, aunque viejo y de apariencia como dueño de un restaurante gourmet francés, otro gestor de ironía fina. El hijo protagonista sale del mundo del privilegio al opuesto, termina lavando platos y lo hace muy mal, pero esto de salir es como ir a distraerse un rato o una tarde al parque, luego vuelve a casa. Sus escapes son literalmente en una barca, tal cual anuncia el título, como dentro del grito de guerra de un joven marinero. Iosseliani dibuja muchos escapistas del aburrimiento o del encorsetamiento del privilegio, como el padre protagónico, quien es interpretado por él mismo, un hombre que se hace amigo de un clochard de mediana edad y a éste lo persigue como perro fiel, como un buen amigo improbable. Todo esto suena suavemente irónico -inmerso en la formalidad de una cierta inocencia o amabilidad como cine-, sobre todo cuando en el privilegio hay mucho pedante y gente que se considera iluminada por sobre el resto. El mismo Iosseliani hace de un hombre que está encerrado jugando con trenes de juguete o solo sale a disparar a su jardín, con el mayordomo, mientras bebe whisky. Su esposa lo trata como un anciano desvalido o sin facultades, pero para mantenerlo lejos, inofensivo, mientras ella anda de fiesta. Se propone con ello un grado de soledad y pues ese clochard -ese amigo básico, que toma y se ríe contigo simplemente y te presta atención- es como un canto de cambio y libertad de una vida triste, y la interrelación no suena tan descabellada finalmente. Iosseliani ve el mundo distinto al común, o a como lo ve principalmente el capitalista, no se enfoca en el dinero sino en el placer de vivir y éste puede venir de cosas más humildes que tener un sugerente helicóptero o una garza por mascota. Iosseliani también es esquivo con el romance, las mujeres son deseadas por varios y son ellas las que escogen, pero, claro, lo hacen con el que se les presenta más interesante y suele ser el más atrevido, aunque terminen solas bajo la lluvia. Igual, Iosseliani presenta al galán de turno como un tipo noble, como que nadie está desprovisto de fallar. 

sábado, 6 de enero de 2024

The Plot Against Harry

The plot against Harry (1970) del americano Michael Roemer, es una película indie y cuando la quiso estrenar nadie quiso distribuirla, la hallaban en parte defectuosa o, como comedia, poco interesante. Tuvieron que pasar 20 años para que la celebraran en los festivales en un acto de relanzamiento (descubrimiento). Roemer es judío y ésta película es de las más judías que existen, es una oda y un poco sátira de su propia idiosincrasia judía. Es una comedia mayormente muy sutil y a otros (menos) más abierta. Tiene de protagonista a Harry Plotnick (Martin Priest, en la gran película de su humilde carrera), un pequeño mafioso, o criminal de poca monta. Gana mucho dinero en su barrio con apuestas ilegales, controlando un cierto perímetro, pero la proliferación de afroamericanos y latinos le están quitando el territorio y el control de la zona. Esto no se imprime con violencia, simplemente hablan, se sugiere, es apropiarse, meterse a las calles, Roemer lo maneja muy bien. Aunque Harry tiene de judío clásico, un hombre de negocios inteligente y ambicioso, y llevaba éxito, tiene su dinero, como bien anuncia el título empieza a surgirle problema tras problema y en esto yace perder su negocio. Es cuestión de demografía, de quienes pueblan esos barrios donde antes ejercía Harry, es cuestión de identificación y colectividad, mayoría manda se diría, como a su vez tener más soldados. Harry trata de enmendarse, pasar por un hombre honesto y quiere entrar en el negocio de los restaurantes con su ex cuñado, pero la comunidad judía que pinta de idealista no va a permitir que ningún criminal por pequeño que fuera entre en sus filas. Es una cuestión de ética y moralidad, como de marcada espiritualidad judía. Harry tiene la apariencia de un hombre tranquilo y amable, algo tonto a ratos y se deja llevar un poco por los demás, quiere encajar, pero la trama del mundo no se lo permite y cae en problema tras problema. Tiene 2 hijas ya adultas aunque jóvenes que no conoce mucho y son típicas americanas, extrovertidas y algo inclasificables en su espontaneidad. Su ex esposa, si bien disimula algo, es de guardar las formas, toda una señora, no parece soportarlo mucho (seguramente porque Harry representa lo contrario a su total corrección y así son muchas mujeres). Harry tiene de inocente y quiere también ganarse a su ex mujer, volver con ella, pero Harry también posee sus abrigos de piel para regalárselos a las prostitutas, es también un gángster aunque discreto, tiene de joyita. Es un juego curioso entre la moral y un ambiente de efervescencia dentro de la pícara y algo extravagante New York, donde hay un cierto aire de trasgresión cool y una cierta campechanía algo lumpen o de barrio. Roemer maneja de maravillas el mundo de los barrios humildes newyorkinos, maneja bien el lenguaje de la calle y le otorga identidad indie al filme con ello, no es pues una película impoluta Hollywoodeense, pero está formalmente bien hecha, tiene nivel. Una de las hijas de Harry es modelo de ropa interior y se ha ganado el corazón del joven hijo de un millonario y en un momento estos terminan celebrando una fiesta temática en el subterráneo, puesto que nunca se habían subido a éste como clase privilegiada. Harry celebra éstas ocurrencias y cada una que le salta encima, aun cuando le persigue la mala suerte, hasta creer que va a morir y a esa vera piensa en dejar una mejor imagen suya. Las fiestas judías también están muy presentes, el ser un judío en toda regla, lo cual lo persigue como un especie de karma a un Harry que no sigue el patrón. Es una película que bromea con ser un judío correcto desde el opuesto, aun cuando Harry no parece en realidad una mala persona e incluso le fallan horriblemente gente a sus ordenes y no exuda violencia con estos. Harry conoce a la mafia italiana, trata con ellos, pero él les habla muy llanamente, muy simple, sin temor. Harry ha estado en la cárcel, pero es un tipo cool con ese universo, lo ve con normalidad, distinto a mucha gente judía. Los juicios lo ridiculizan, como si fuera un mequetrefe, insultan su orgullo y así todo es recurrente, esto es parte de satirizarlo como pequeño gángster, que ni él se ve así aunque trabaja ilegalmente y la elipsis apunta a que sus clientes son gente ambigua, cosa que finalmente lo mortificara para ser aceptado, aunque hay como un querer ser cool siempre y ese conocer bien de la calle se lo otorga. Existe un péndulo entre quedar como un idiota a ratos y el opuesto por hallarse competente en el mundo criminal. La comedia es sutil en buena medida, quizá por eso no lleve nunca popularidad, pero tiene atractivo, ingenio, sin ser tampoco revolucionaria, pero tiene su originalidad, sin duda capta la esencia del judío ambicioso, pero que como pesada carga individual es algo loser.  

viernes, 5 de enero de 2024

El negro que tenía el alma blanca

El negro que tenía el alma blanca (1951), del argentino Hugo del Carril, se basa en la novela de 1922 de título homónimo perteneciente al español Alberto Insúa y es claramente otro contexto total, uno donde había marcado, abierto, racismo contra la gente de color y estaba instituido, era común, era lo habitual, pero se trata de hacer ver éste racismo institucionalizado para remediarlo o vencerlo, para promover la normal igualdad actual como regla, valores e ideal humano. Nuestro protagonista se llama Peter Wald y es negro, lo interpreta el propio Hugo del Carril maquillado como hombre de color y aunque esto es considerado blackface que es visto actualmente como una práctica racista en sí, es propio de ser una película de los 50s, de otra época y así debería verse en lugar de negarla por completo. Hugo del Carril visualmente se ve creíble. Éste es un melodrama y se va a observar mucho racismo y prejuicio hacia Peter, aun cuando es una estrella del show en vivo en teatros y posee mucho dinero y prestigio y se mueve por los lugares de la élites que lo reciben admirados por su notorio talento para cantar y bailar. Peter es aceptado por la élite, en su círculo social, es visto por los empresarios como una mina de oro, le hacen publicidad por todas partes. Peter baila con mujeres hermosas, mujeres que son caucásicas. Sin embargo incluso la gente que lo quiere es algo racista o tiene prejuicios o cae en ello. Peter vive lamentando estos prejuicios de la sociedad, lo ponen melancólico y a razón de ello es un hombre solitario, sin familia. Uno diría porqué no se casa con una mujer de color, pero Peter quiere pertenecer a la sociedad de su época, a la élite, y lo hace, vive bien, tiene hasta sirvientes blancos que lo respetan, pero quiere una familia caucásica digamos dentro de ésta élite, o quiere a quien él desee dentro de la libertad natural, no la de ningún prejuicio. Participamos de cómo se hace famoso, de cómo Peter halla el éxito; viene desde abajo, desde ser él mismo un sirviente. Aunque éste es un melodrama es un filme clásico, una producción española-argentina, y no hay vulgaridad ni golpes bajos de ese tipo, pero hay un racismo abierto, a ratos básico. El racismo que es fuerte proviene de la mujer que Peter ama, quien también parece que lo ama, pero su racismo hace que sienta incomodidad física de intimar amorosamente (no puede ni besarlo). ¿Esto se puede traducir en cariño o amor?, hoy en día suena literalmente a historia de amor imposible, pero es un filme de los 50s y salido de una novela de 1922. Hoy en día ésta mujer sería lapidada, no habría empatía hacia ella. También la actriz española Maria Rosa Salgado aunque ciertamente es muy hermosa y a un punto competente dentro de lo clásico, le falta más punche para proponer más personalidad o una iluminación más allá del atractivo físico, culpa quizá de la novela o el guion. Hay una pesadilla suya que hace uso del blackface compartido y habla de rechazo a la negritud, ella no quiere formar una familia con él, ella a todas luces no representa una buena pareja, pero incluso una vulgar prostituta francesa se llega a comportar así y pues es otra época. En ese lugar el melodrama y la melancolía de Peter brillan en la actuación de Hugo del Carril quien a cierto modo es atrevido en aceptar el papel, pero ya es la tercera película que se hace de una novela que en su tiempo fue muy popular. Hoy en día se puede ver más como estudio histórico y del mismo cine que lo retrata todo, y en sí ésta propuesta aunque no es perfecta -sobre todo viéndola con los ojos del presente- está bien hecha en buena medida, como las tantas coreografías de baile que llevan mucho esplendor y esa interacción con el show business que es bastante interesante aunque sencilla como buen cine clásico. Peter prefiere tener una familia que ser una estrella, aunque ser una estrella le ha dado no solo una vida privilegiada per se sino una vida privilegiada para alguien dentro del racismo. No obstante Peter trabaja mucho, porque sabe/entiende de ese privilegio, y además a Peter le gusta lo bueno, que es normal, como a todos, pero trabaja tanto hasta enfermarse, obsesionado, excesivamente perfeccionista. En un momento Peter dice algo así como sentirse semejante a un ave cantando bellamente en una jaula de oro como señalamiento del espectáculo de los teatros, de ser artista, como alguien que en ese momento conquista el mundo, pero luego, cuando baja e ingresa a la sociedad o a la realidad, hasta un inocente niño se sorprende negativamente de verle en primera clase de un tren. Peter es un tipo sin resentimiento u odio, solo pura melancolía, es noble hasta pegar de santo, propio del melodrama más que de no darle o pedirle dimensión o matices, pero es obvio que es un filme de otra época. El padre de la mujer que ama (Félix Fernández) es un tipo que no tiene un pelo de tonto y se muestra, aunque sutilmente, de materialista y aprovechado, es un poco inescrupuloso en empujar a la hija al mundo del teatro, aunque puede sonar muy realista o muy real, pero en ello maneja nobleza también y en cierta manera es justo. El mejor amigo, Nonell (Antonio Casal), destila mucha simpatía, es un poco un clown (agradable), es un poco chaplinesco sin llegar, claro, a su nivel de excelencia, pero es un buen personaje como el chico pobre astuto y de buen corazón que con Peter vislumbra una oportunidad honesta de triunfar en la vida y así es Peter, él lleva a todos hacia el triunfo, y eso lo ve claramente el padre de la mujer que amará que contradictoriamente le hará sufrir mucho y ahí no es que falte realismo en esa interacción emocional más allá del racismo, sino que esto es melodrama en grande, del que no se ruboriza de serlo. Es una película curiosa de ver, y no tan conocida actualmente.

jueves, 4 de enero de 2024

Bowling Saturne

Bowling Saturne (2022), de la francesa Patricia Mazuy, queda con un título perfecto en la traducción (pensando en Argentina) de Boliche Saturno, un lugar para sociabilizar (como con el club de cacería), así como para enamorar mujeres, que es lo que pretende el protagonista y administrador del boliche del filme, Armand (Achille Reggiani, hijo de la directora, que lo hace bien), pero lo curioso es que Armand es un asesino en serie y para más agregados interesantes, su medio hermano, Guillaume (un sobresaliente Ariel Worthalter), es el jefe de policía responsable de la investigación. Es una película que denota austeridad en los alrededores narrativos de los crímenes, pero los crímenes, los asesinatos, llevan tremendo realismo, bastante detallismo, que hasta se hace especialmente inquietante y muy incómodo ver el estado en que quedan los cadáveres y esto pasa en varios momentos. Armand tiene un problema grave mental con su sexualidad, pierde la cabeza cuando se excita. Vemos gradualmente su deterioro hacia empezar a matar mujeres por las que se halla muy atraído y logra conquistarlas con facilidad -es un tipo que tiene pinta de galán- y luego las mata tras excitarse. El filme asocia la cacería de animales salvajes con el accionar del asesino en serie y no es algo muy original, pero el club éste permite con su quehacer que se agreguen momentos algo distintivos a la película, aunque son finalmente poca cosa, no demasiado interesantes. Con esto es como si a Patricia Mazuy le interesará la protección o cuidado de los animales salvajes o la discusión de si practicar la cacería es en realidad algo inhumano e insostenible y ahí entra en el panorama la relación romántica del filme, quien tiene una organización de protección para animales, y es una chica que es un poco curiosa físicamente para una película, fémina que tiene ascendencia asiática y es algo gruesita, tal si sumara un lado común al conjunto y esto lo tiene la propuesta en general dentro de su formal austeridad o emparejamiento con un trabajo clínico, donde lo forense es un destaque brutal. Armand es un tipo que parece no haber tenido nunca amor de nadie, un ser solitario, un vagabundo, alguien abandonado de siempre a su suerte, como lo describe a perfección -con cine en esencia, con lo visual- los primeros 15 minutos de apertura de la película, hasta que su medio hermano -quien siente cierta compasión por él o responsabilidad por las acciones ajenas de su padre- quiere ayudarlo, pero no llegan a entablar un vinculo de afecto sino simplemente se tratan con distancia. Guillaume es un poco frío o seco, mientras se nota que Armand le tiene resentimiento (le llaman en un momento el hijo bastardo). De cierta manera Armand se impregna de su padre, de su falta de amor hacia él y de su afición por la cacería, de lo que nace un tipo enfermo. Posee una gran furia interna -como con los gritos que lanza en su camioneta- y se desembaraza de ésta de la manera más siniestra, de la forma más atroz. Es un thriller entretenido. Lleva su cuota estilo arty y una cotidianidad europea parecida al cine independiente americano. 

martes, 2 de enero de 2024

Rollerball y The blood of heroes

Rollerball (1975)

La dirige el canadiense Norman Jewison. Es la película por esencia de los deportes futuristas expuestos en distopías. Está basada en el cuento de 1973 del americano William Harrison quien se encarga del guion y denota ser fiel a su procedencia literaria, a su austeridad en general. Rolleball es más compleja que las películas de su tipo, no obstante opta por planteamientos simples finalmente, como lo del poder controlador de una empresa fantasma -ubicua pero sin identificarse específicamente- que hace de Gran Hermano, con el deporte como nexo popular conquistador/pacificador de las masas. Un deportista de élite, Jonathan E. (James Caan, en una de sus actuaciones más memorables), ha batido todo récord y se ha convertido en un héroe nacional, la máxima celebridad mundial, y cómo haciendo una lectura de la vida de (y quien fue) Muhammad Ali se sostiene que nadie puede ser más grande que el sistema o el orden establecido. Se señala que el deporte en sí debe pesar más que cualquier individualismo, y sin tanta cháchara, con una ambigüedad y misterio light, se le pide a Jonathan E. que se retire, pero Jonathan E. no quiere, aun cuando el deporte se pondrá más rudo, más especial, con él. En el mundo distópico del filme, el poder busca que la gente esté desprovista de profundidad. El poder se encuentra representado en especies de empresarios, a los que se les ve como millonarios entre engreídos y caprichosos y seres robóticos, repetitivos. Estos empresarios ambicionan controlar todo y a eso se dedican. A esa vera los subyugados (la población) tratan de congraciarse con el poder y es así que la mujer amada de Jonathan E. se va de su lado, donde luce en mucho semejante a una dama de compañía. Ella, igualmente, parece una autómata, curiosamente representada por la modelo y actriz sueca Maud Adams. La presente es una película de ideas sin demasiado desarrollo. Hay una atmósfera típica del mundo distópico, un estilo sobre esto, de cierta inquietud, pero es mínimo. El deporte expuesto es extravagante y tiene escenas violentas bajo esa batuta. Tenemos motos, golpes, balones, un velódromo. Es un mix de prácticas deportivas, pero tiene mucho del hockey. Presenciamos muchas secuencias de éste deporte futurista llamado Rollerball y si bien tiene sus momentos emocionantes carga cierto sinsentido como deporte, falta un poco de mayor credibilidad. A Rollerball parece que le falta más sustancia. Es como una promesa trunca ante cierto estado de ambición conceptual. No deja de ser una propuesta atractiva, pero a todas luces había material como para hacer algo más especial, aunque de todas formas la parte deportiva tiene su destaque, su cuota de originalidad. Se siente que coge de muchas partes sin ahondar, en ello lo hace más decente con Antonioni que con Kubrick. 


The blood of heroes (1989)

Ésta es la única película que ha dirigido el célebre guionista David Webb Peoples, guionista de obras maestras como Blade Runner (1982) y Unforgiven (1992) y de la interesante Twelve Monkeys (1995). The blood of heroes (1989) es sólida en su credibilidad como una combinación entre football americano y gladiadores romanos. En la película de David Webb Peoples el deporte es la puerta hacia pertenecer a la élite, al grupo de los privilegiados, dentro de un mundo postapocalítptico como del tipo de los desiertos de Mad Max. La trama es una historia de sueños y segundas oportunidades. The blood of heroes es una propuesta básica esencialmente, no obstante, tiene varios elementos deportivos reales/reconocibles muy bien expuestos en éste mundo distópico. Es plenamente competente, efectiva y notablemente entretenida (con un protagonista, interpretado por Rutger Hauer, que tiene potente pinta de legendario). The blood of heroes se presenta de manera muy frontal y sencilla donde en ese trayecto está llena de empatía de cara en particular a los que les encantan las películas de acción de los 80s y 90s, de la época dorada de éste cine, y para los que aman el deporte. Maneja muy bien la emotividad, la que yace en su punto, presentando a dos personajes valiosos enfrentados a la fragilidad y a su sensibilidad de cara a la existencia y a sus sueños y metas de ser mejores, como de salir adelante. Sus historias y luchas son una preparación para entender y ser plenos en el mundo. Estos personajes los interpretan con mucho talento Joan Chen y Vincent D'Onofrio. Éste último venía de impactar a todos, de ganarse mucha admiración, con su papel en Full Metal Jacket (1987). Joan Chen es una mujer muy fuerte en varios sentidos, especialmente ruda para destacar en el deporte, en la distopía de un tiempo futuro. Tiene que serlo si quiere tener éxito. Buscar vencer las dudas que suelen presentarse frente a una enorme exigencia, no sólo física, muy competitiva (muchos quieren llegar hasta la cúspide), sino existencial, para cumplir sus sueños, complicados, escurridizos para muchos. Incluso debe ser un poco cruel dentro de una cierta firmeza para conseguir sobresalir. El filme plantea solventar la resistencia corporal y auto-motivacional. Kidda (Chen, la que aunque visualmente bastante rústica mantiene cierto atractivo físico) se exhibe además dentro del papel romántico (compañera pasajera del protagonista), inmersa en una existencia en todo sentido áspera, difícil de disfrutar, muy poco embellecida, como aludiendo cierto cine social. Hauer como el mítico Sallow representa al hombre curtido, pero sin vanagloriarse o pintar de que lo sabe todo porque ha sufrido. Él es un samurái, un verdadero gladiador, un hombre experimentado y humilde, que sabe qué tiene que hacer/potenciar para vencer, que entiende qué ha perdido, qué no tiene y qué quiere y qué va a conseguir (por su mentalidad de campeón). Conoce la gloria máxima y la caída en el olvido, como el poema de Kipling. Sabe cual es el camino para volver a la cima. Es el estratega por antonomasia. Su figura es la de aquellos que hablan poco, pero es un maestro, de los jóvenes que lo admiran en silencio, quienes saben quien es, más allá de las engañosas apariencias. Sallow es el hombre que promete, con acciones, como líder, el futuro. Joan Chen tenía 28 años y Vincent D'Onofrio 30 y señalan justamente juventud. Hauer tenía (preciso para el rol) 45, la edad donde el deporte suele dejarse por lo general de practicarse en alta competitividad, y esto habla de la mediana edad y querer alcanzar de cierta manera lo "imposible" o remar contra las probabilidades. 

lunes, 1 de enero de 2024

Muertes y maravillas

Muertes y maravillas (2023) es la segunda película del chileno Diego Soto, de 30 años de edad y es una película de muy bajo presupuesto que toma de título el nombre de un libro de 1971 del poeta chileno Jorge Teillier que está bastante presente en ésta propuesta. Tres muchachos van a visitar a un amigo enfermo hace 2 años, llamado Fuenza. En un momento uno de los amigos visitantes, Juan Pablo, coge un poemario de Fuenza y es justamente el del título. Juan Pablo leerá por primera vez poesía y quedará encantado con el mundo que describe Teillier. Incluso querrá hacer poesía y participará de un pequeño club de lectura. El filme de Diego Soto emerge de su mundo alrededor, de su familia, amigos y gente cercana, pertenecientes a la ciudad de Rancagua. La ficción de su obra aparece de la vida que conoce y comparte. El filme se enfoca en la juventud y vemos toda esa cotidianidad típica de la muchachada. Fuenza será una persona que motivará a Juan Pablo a acercarse a Teillier y habrán vasos comunicantes entre la poesía, la existencia común y nuestros afectos. Tratamos con una película bastante fácil de seguir, muy sencilla, representa la vida de un joven promedio. En un momento se dice que para ser poético no necesitas ser rimbombante o altisonante, puedes ser muy suave, muy sutil. La mirada se siente universal, aunque asoma vivir en un lugar como Rancagua, un lugar mostrado como muy sencillo. Esto es como el principio rector del filme. Hay una pequeña línea narrativa, ésta conduce a encontrar la poesía del mundo, abrir un poco la mente, es el paso hacia cierta inicial madurez. El propio Diego Soto aparece. Le preguntan si hacer películas es rentable, él dice enfáticamente que en su caso -como el de muchos-, no, pero igual hay que hacerlas. En un momento la mamá de Fuenza pregunta a los chiquillos si saben lo que significan las responsabilidades de ser adulto, preguntando por el precio de las cosas del mercado. Como son jóvenes no lo saben, no lo piensan, no es parte de su mundo actual, pero Juan Pablo empezará a descubrirlo, pero medio que se amparará en lo poético (sin dejar de ser el joven simple que es), queriendo embellecer el planeta, como el dolor -expuesto sin ningún dramatismo-. Es una película que denota mucha austeridad. Se vive un gran suceso como es la ausencia, pero se le vive con modestia. Su surrealismo es sumamente básico, acorde con su formalismo. 

Cerrar los ojos

Cerrar los ojos (2023), le pertenece al español Víctor Erice, quien hace su cuarto largometraje tras 30 años del último, a los 83 años de edad. Ésta película es una historia de entretenimiento, es cine que es bastante accesible pero como es minucioso contando su relato puede sentirse un poco lento. Dura además casi 3 horas. La historia nos remite a un actor muy querido, famoso y exitoso, llamado Julio Arenas, interpretado por un gran actor, José Coronado, que andaba a menudo triste, depresivo, y se daba al alcohol y a las mujeres y un día desapareció y no se le volvió a ver por 22 años donde un programa de resolución de misterios empezó a hacer un reportaje e investigación sobre él. Es entonces que interviene Miguel Garay (Manolo Solo). El programa lo busca para que aporte a la investigación y como ha sido buen amigo próximo de Arenas se lo toma personal. Mientras esto sucede se va ampliando el panorama de quien es Julio Arenas y quien es Miguel Garay e intervienen personajes que dan cotidianidad y cinefilia incluso al conjunto, como el editor Max (Mario Pardo) que es de esos que la pegan de criollos o astutos cada vez que hablan, aunque tampoco cae mal, y también una melancólica hija de Arenas, interpretada por Ana Torrent. Es un filme que define muy bien a sus personajes, cada uno lleva humanismo y personalidad, incluso la conductora del programa va en esa misma dirección. Es una película amable de ver, no asoman cosas raras ni perversas u oscuras y nunca es naif o banal aun así -aunque puede uno intuir algunas cosas negativas-. Como película de entretenimiento es sólida; sólida con su relato. Inclusive la trama abre con una película de Arenas y su director Miguel Garay y ésta queda bien pegada a la existencia de Arenas quien es el eje del filme de Erice, a quien se quiere hallar o solucionar su desaparición. Garay es el ente de acción, pero baila a la luz de Arenas. Es una historia también sobre envejecer y pasarle revista a nuestra vida, darle el visto de aprobación en base a la propia mirada, porque cada uno es un mundo. Garay es el héroe y Arenas un especie de ídolo que deviene en muy humano, como si habláramos de gente importante o especial desde un nivel de identificación general y común a muchos. Esto no se nota artificial, sino Erice consigue plasmarlo con la argumentación y la narrativa de su propuesta, hace cine, construye una personalidad. La primera parte termina exponiendo el contexto y proclamando el misterio. Pasamos a una breve cotidianidad, breve felizmente, y retomamos el relato. Lo que viene después no desentona para nada, sigue la película manteniéndose interesante. Entramos en otro concepto, ver y conocer al hombre más humilde y empático del planeta, cero egocentrismo. Es como entrar en el corazón del pueblo, de un obrero, el filme consigue sentirse auténtico, veraz y no se nota que trata de congraciarse con nadie o propiciar una falsa-marketera simplicidad, logra ganarse con justicia al público y sigue teniendo una buena historia. Es un filme austero en cierta manera, pero de una austeridad inteligente, que sostiene un relato, que presenta novedad tras novedad sin efectismo ni vacíos. José Coronado es el mejor actor del grupo, hace una performance excelsa, consigue ser varios marcados estados de ánimo y personalidades a plenitud, pero cada uno de los presentes da excelentemente la talla, como María León, como Petra Martínez. Es un filme que se mueve a través de pequeñas pistas de porqué desapareció Julio Arenas, es una obra existencial. Lo más importante nos dice Erice es el alma de un hombre, no da todo servido, expone rutas de entendimiento, pero deja cabos sueltos para que se piense un poco. Todo hombre necesita que lo miren con verdadero amor, sentirse amado y también es importante aprender a amarse, a vencer la tristeza y el cansancio de vivir, incluso de ser. La gloria muchas veces trae mucha falsedad también. Así como algunos son ambiciosos y quieren su nombre en mayúsculas, hay otros que sólo quieren paz consigo mismos. Es como la historia de una enfermedad. En el trayecto hay escenificaciones propias de quien ama los detalles y pone una gran fotografía en la palestra, como cuando Garay sueña a Arenas vaciando sus zapatos de la lluvia, o cuando, en un cuartito con poca luz, se muestra la humildad, donde suele aparecer todo lo contrario.