miércoles, 18 de abril de 2012

Millennium Mambo

El cineasta chino Hou Hsiao-hsien es famoso por muchos reconocidos festivales en que ha logrado recibir alguna premiación importante entre ellas el león de oro del Festival Internacional de Cine de Venecia. Nos trae aquí una historia de búsqueda y supervivencia del amor, la de Vicky (Shu Qi), en medio del comienzo del nuevo milenio en donde observamos en su vida con relación a dos parejas suyas, Hao-Hao, un joven descolocado en el mundo que vive del hurto, la música electrónica y las drogas, y Jack, dueño de un club -en que Vicky hace de anfitriona- y quien aparentemente está implicado en negocios turbios. Ambos de trato muy distinto nos mostraran la convivencia y dependencia emocional entre ellos, su conflicto constante y la idiosincrasia nocturna-liberal de su diario quehacer, los nexos entre ciertos vicios de juerga y el discurrir vago de su existencia muy en la onda de nuestra contemporaneidad juvenil libre de ataduras y de reglas severo moralistas. Vicky es el eje de ese ir sin rumbo que se nos presenta.

No puede pasar desapercibido que hay una narración en off que anticipa recurrentemente el clima posterior de la historia y que nos deletrea los acontecimientos ayudando a entender el ambiente mínimo que ocurre pero que se nos hace como una intrusión que hace recordatorio de una falla general en lo que se ha fabricado, una sorpresa viniendo de un cineasta de la envergadura de Hsiao-hsien. Pero haciendo cierta salvedad puede que él halla estado buscando otorgar un estilo a su obra. No obstante pasa por error técnico ya que desfavorece el producto al incurrir en descripciones que hacen lo que debieran hacer las imágenes y sin tampoco haber tenido que abandonarse a la dificultad.

Una segunda forma estructural especial del filme es una sensación de fragmentación, no en forma ordenada, que se articula como en un especie de rompecabezas de piezas apenas separadas, esto le da dinamismo, versatilidad y se puede ver como una gran virtud del producto ya que de no ser así fuera algo más cansino y tedioso por carecer de intensidad en su trama.

Un síntoma general aún con el ambiente de grave inestabilidad, celos violentos y fastidios complicados de su primera parte o un segundo plano elíptico de su siguiente mitad en relación a repercusiones criminales es lo anodino, lo apacible, lo frívolo o lo intrascendente. Hay una tranquilidad que se pega a la pantalla y aborda al espectador, un querer no impresionar al público, aunque halla una modernidad que es escandalosa, pero que no quiere tocarse de esa forma más que mostrándola tal cual, y que tampoco deja fuera un aire romántico o inocente que distribuye una dosis de fe en la monotonía actual y una diafanidad en medio de todo, una adaptación general y un aire de condescendencia hacia lo que administra el título de la realización, una nueva era, un baile festivo que no lo es tanto pero que no llora sus nuevas maneras sino que sigue creyendo y queriendo la felicidad con un optimismo seco a prueba de derrotistas, depresivos o pesimistas, como con el viaje último para ver paneles publicitarios.

Hay enojo y desencanto, por eso nuestra protagonista bebe y fuma con efusividad o evita caricias o preámbulos sexuales. Sin embargo el tono interior flota leve en toda la historia. A pesar de la gigantesca agresividad existencial negativa, Vicky sigue soñando y viviendo buenos momentos. Cree que quien la dejó quiso llamarla para volver a reunirse con ella en otro lugar fuera de Taiwán; sigue viendo afectos en otros y proyectando una cierta emotividad fuera de los errores amorosos.

Tenemos una película de algunos rasgos psicodélicos en el inicio y luego oscuros en vínculo con el amor de ese llamado nuevo milenio en que nada es tan fácil como antes o así reza siempre la frase del pasado siempre fue mejor. Efectivamente nada es igual. Es una auscultación cinematográfica de un pensamiento conocido pero trabajado con destacada delicadeza sin faltarle fidelidad. Resulta bastante interesante desde la contextualización china aunque desde un sitio moderno como Taipei. No obstante resulta pequeña en esencia por deseo creativo, autoral, pero sosteniendo un aspecto culto, aunque carente de mayor fuerza y quizá mayor relevancia.

martes, 10 de abril de 2012

I saw the devil

Otro nombre importante dentro del cine surcoreano contemporáneo es el del cineasta Kim Jee-woon que nos trae un filme en la dirección de la llamada trilogía de la venganza de Park Chan-wook que nos recuerda en particular a Oldboy (2003). El asesino en serie que es perseguido y torturado por el agente del servicio secreto que quiere hacerle pagar un daño insalvable de su alma, es el actor Choi Min-sik, el que hiciera del protagónico en la mencionada famosa película. Su contrincante en ésta salvaje cacería es el actor Lee Byung-hun, popularmente conocido de otra cinta de Kim Jee-woon, El bueno, el malo y el raro (2008), un western asiático muy libre que invoca a la obra maestra de Sergio Leone.

Bajo la premisa de un monstruo engendra otro monstruo el filme busca la redención del dolor infringiendo el mismo método, cuando un agente decide cobrar venganza ante un asesinato que marca su existencia; pero es cuando el juego de atrapar y soltar a la presa cobra una mayor dimensión y el desenlace parece no augurar ninguna retribución, que finalmente no falla logrando triunfar el conjunto que genera unos vaivenes que ponen a prueba al espectador y le brindan la satisfacción de un constante imprevisto y una sensación de callejón sin salida, cerrando una realización que desde el inicio juega limpio, coherente, y nos enseña de que va la propuesta.

No bien iniciada la película parece todo acabar con velocidad ante un desarrollo precoz cuando nos damos cuenta que nos espera un contexto de sadismo en el ojo por ojo y diente por diente, un alargamiento que se torna pleno en la trama, incluso con explicación de por medio, y no queda ahí nada más sino que se vincula la violencia con el castigo con múltiples ejemplos que desfiguran la línea de lo correcto y lo malvado sin que quede duda de que nada detiene a ninguno de los dos demonios protagonistas, intercalados uno con el otro en esa aparición que delinea y titula la cinta, ante el no entender la dimensión de maldad que se propicia y que no tiene donde acabar siendo la acción próxima mayor a la anterior en una inquietante subida de adrenalina constante, hacia un nivel superior de recurso, para lo que el ingenio último propone una salida que inutiliza el no temer, el resistir a la brutalidad y a la falta de remordimiento que es como la cereza del pastel de cara a venir de otros finales, de los que llegan y se estiran en nuevo reto.

La intensidad es palabra digna en la obra cinematográfica presente, un cuento fantástico de depredadores humanos donde la ira y el sufrimiento se mezclan bajo la frialdad de los actos, acabando donde inicia, en un espejo donde el policía Kim soo-hyeon (Lee Byung-hun) y el criminal Kyung-chul (Choi Min-sik) juegan a destruirse moralmente, uno por naturaleza y el otro por el contexto que inflige el primero para luego en retribución fabricar otros similares en el deambular por la cotidianidad de un asesino pagando sus culpas con la propia sangre.

Lleva actuaciones de lo más destacables de los dos intérpretes principales que se ciñen a la incapacidad de compasión sea por goce o por condena correlativa, sin que medie la constricción en sus semblantes implacablemente herméticos a la debilidad en lo que ejecutan, a la burla en la iniquidad mostrando vehemencia, sinrazón o la justicia por propia mano que se amolda a la convicción de una ley anormal. Un discurrir de dos bestias muy bien dibujadas, una con algún matiz sensible, serio y algo entendible aunque semejante al otro descabellado.

El presionarse para generar sufrimiento en el enemigo es algo que llena la pantalla en cada gesto facial o ademán, hay fuertes emociones que se pueden sentir con ambos, indisolubles para entender la furia interior logradas en la lucha que pone a Choi Min- sik en situaciones límites pasiva o activamente, como el destemple que genera el ya no tener corazón en la dureza que impregna la caracterización de Lee Byung-hun.

Un rito de violencia que implica canibalismo, secuestros, violaciones, mutilación o inmisericordes múltiples apuñalamientos en un auto sin control en lo que puede ser una road movie de castigo mutuo de dos imbatibles adversarios. 

Medianeras


Luego de coger experiencia con cinco cortometrajes, el cineasta argentino Gustavo Taretto recoge la idea de uno de ellos al cabo de seis años y decide convertirlo en un largometraje, el que tenemos ahora. Nos cuenta la historia paralela de Martín (Javier Drolas) y Mariana (Pilar López de Ayala), dos treintañeros principalmente independientes, solteros abandonados por sus respectivas parejas, fóbicos y solitarios que viven en una ciudad donde sus edificios se usan como metáforas de la vida de sus ciudadanos, justamente el título evoca el lado olvidado/secreto de cada existencia humana.

Mientras asistimos al pasar de tres estaciones observamos la descripción de la infraestructura de Buenos Aires que nos remiten a la incomunicación y la dificultad de hallar el amor o la realización personal de dos de sus habitantes representativos. Con un aire fresco asistimos a la vida diaria de Martín y Mariana que buscan adaptarse a la capital que como expresa un narrador en off le da la espalda a su río y cubre el cielo de alambres de teléfono.

Con una simpatía que nos aproxima a sus dos protagonistas los conocemos en su intento por vivir lo mejor que pueden anteponiendo ese recordatorio del filme en que se nos dice que casi nadie planea su recorrido en el mundo sino que lo va descubriendo y aceptando, llevando en sus caracteres la motivación central de buscar encontrar una relación afectiva bajo varios intentos infructuosos, y es que ambos nos hacen saber de su personalidad de boca propia y el contexto en que se mueven con una franqueza digna de confesionario para un católico practicante, y aunque son bastante particulares no dejan de ser sensibles, agradables y a ratos audaces, amenos pero comunes y familiares a cualquiera de nosotros; sus problemas son los que aquejan a muchos y sus rarezas muy afines a las tantas que todos podemos sobrellevar con flema, un vinculo que nos decide a apreciar la temática de mano de sus ejemplos didácticos que al estar bien definidos llevando dentro tantos matices convierten en destacable la propuesta.

Un realización que lleva tintes de novel usando el típico desarrollo tras el detalle de algún arquetipo que a razón del tema es bastante inclasificable y amplio en sus personajes pero a la vez fácilmente identificable reduciéndolo a esa riqueza personal que alberga emotividad y múltiples limitaciones que no merman el conjunto que se despliega con interesante complejidad aún en su llaneza comunicativa, buscando ser fresco sin ser efectista pero con un deseo de trasmitir una preocupación e idiosincrasia general trascedente para muchos, teniendo su mejor arte en la empatía de sus artistas e interpretaciones; la construcción de dos seres humanos en un mundo en que ser anónimo toma importancia en el reflejo del espectador.

Se destaca al funcionar que aún siendo una nueva oferta se quiera ir por el aire clásico en un filme bastante contemporáneo, sin que haya vulgaridades o facilismos metódicos, sino una vena limpia que quiere valer por una identificación moderna pero acorde con una madurez que no pierde su libertad ni su naturalidad, y que no quita que haya una comedia básica y algunos momentos sencillos que se ven sin molestia, también se articula medios actuales de comunicación como internet y mensajes de texto. Es una película que se dirige al resto por medio del adulto joven de la clase media trabajadora preparada que sufre en un aislado-complicado siglo XXI, el centro de la población promedio, para refractarse con cierta neutralidad general luego ubicable en todos que sirve de una suerte de clara elucubración que se da fácilmente para ser visionada, incluso satisfaciendo a los más exigentes sin sobredimensionarla que sobre todo es una decente ópera prima.

Diáfana y precisa sin caer en la nada, es algo tranquilo pero con sustancia, y es que además posee una esencia romántica, ligera y hasta una suave melancolía discreta que pasa con agilidad y sintonía relajando y haciendo reflexionar con un drama con inquietudes existenciales casi no percibidas por sus habitantes, más al tanto de una crisis y su subsistencia que para el filme es solo el pico del iceberg o un síntoma de la nueva civilización.

Directa a la consciencia con tono moderado que tiene pequeños momentos de gloria, detalles valiosos y una ambientación urbana que se siente cerca. Mariana y un maniquí nos remiten al vacío, luego le dice que solo fue sexo, que no se entusiasme, unas plantas que crecen entre el concreto nos motivan a asumir la fuerza en medio de lo imposible, la construcción de un rascacielos es uno de los desquites más grandes que traza un corazón roto, la imposibilidad de hallar una caricatura en un álbum se asocia con la dificultad de encontrar nuestra otra mitad… son todas esas manifestaciones destellos de luz, estrellas en el firmamento que deberían hacernos pensar en que no somos el centro del universo como nos cuenta Mariana en una auto-definición de ella y la humanidad pero que nos debe motivar a cambiar, a ser mejores y a conseguir la felicidad, ya no sentados silenciosos molestos y deprimidos por el ruido de un vecino desconsiderado sino absolutamente contentos de quebrar ese mal ritmo cotidiano y hallarlo (a) en la calle como salida de la fantasía, quebrar estatutos de pesimismo entre la inocencia y la realidad.

miércoles, 4 de abril de 2012

Love exposure


El japonés Sion Sono es un cineasta de culto, con un cine muy personal por irreverente, exótico, extrovertido, agregándole cierta especificidad visual y una expresión de perversión. Uno de esos nombres claves para quienes quieran conocer el cine asiático moderno, que en ésta oportunidad está repleto de ironía con respecto a la religión en la pasión de Yu por Yoko, a la que considera su virgen María.

Como si viéramos una película para adolescentes hecha por uno de ellos, muy creativa en cuanto a familiarizarnos con una especie de telenovela oriental de corte ligero muy actual y fresca hasta el desparpajo ignominioso, al estilo de ésta pero con otras formas menos sutiles y más sensuales/sexuales donde un joven pecador natural como se le denomina a alguien propenso a trasgredir las normas eclesiásticas queda perdidamente enamorado de una chica a la que por desaciertos del destino la confunde en su orientación sexual cuando disfrazado de mujer, su álter ego Miss Scorpion, la defiende de unos atacantes. Sion Sono juega a no tomar muy en serio a la religión usándola de telón de fondo, incluso maneja abiertamente su iconografía como iglesias, cruces y estatuas pero con un aire pseudo verídico, como si no estuviéramos frente a la broma que representa.

Yu tiene erecciones constantes frente a Yoko, incontrolables, que se asocian con el amor desmedido que siente por ella; viene de desbordarse en un vicio y luego una carrera fotografiando calzones o ropa interior femenina mediante su despliegue de artes marciales, apoyado de tres secuaces torpes que suelen robar prendas de vestir o comestibles. Sin embargo todo no hace más que empeorar su situación con su amada que lo rechaza fuertemente aún siendo su “hermana” (nótese que aquí no hay incesto ya que no hay relación alguna sanguínea sino más bien se usa como que deberían de compartir mayor cariño al vivir juntos) tras la unión de su despierta madre adoptiva con el padre de Yu, un cura católico que pierde la cabeza por dicha mujer avispada que lo trastorna para volverlo un flagelador de su propio vástago hasta llevarlo al pecado como redención y acercamiento afectivo. En el trayecto se inmiscuye una secta religiosa, la iglesia Zero, que tiene una discípula que atraída por Yu y prodiga en un pasado oscuro que cuenta con la aniquilación de su propio abusivo progenitor al que le corta el miembro trata de convertir a nuevos fieles a su congregación en que se hallan los personajes principales, además de querer separar a la idílica pareja formada por Yu y Yoko a los que pretende conquistar.

El filme presenta las relaciones sentimentales con total libertad, hay lesbianismo muy explícito y natural, no se teme hacer triángulos amorosos, también lo heterosexual se muestra sin tapujos con el fetichismo detrás de incontables bellas muchachas asiáticas (extras muy bien dotadas) y la atracción física primordial de la excitación masculina. Yu incluye el travestismo, también a veces luce algo amanerado, muy dúctil en la estética de Sono, al igual que la actriz que hace de Yoko, una dupla bastante expresiva, y como todos los que trabajan con el nipón están dispuestos a no limitar su interpretación en absoluto, mutando y presentando diversas facetas.

Hay una insolencia palpable de parte de Sono en cuanto a su relato, que hasta hace mención de la pornografía y aunque no se pasa de la raya con el realismo práctico de orden sexual lo utiliza en muchas otras distintas formas ya que la perversión es una temática de la película, en esencia una aceptación al verse diferente y una regular presencia que se muestra sin demasiadas reticencias como es signo característico de los filmes de éste autor.

Sono suele ir más allá de las convenciones en las relaciones humanas emocionales y sexuales, también exhibe la violencia de forma brutal en un orden insoportable para la media, siendo explicito hasta extremos salvajes, explotando (sin complicarse) flirtear con esa corrupción a todas luces encendida en su total apogeo y visión dentro de su filmografía, no exento de comedia y de una línea general de fehaciente transformación en sus principales protagonistas que van a existir hacia otras naturalezas radicales, un despertar a un mundo más podrido soportando nuevos retos que adaptan al reciente ser en una realidad más verdadera desde el punto de vista del creador japonés, una apertura a un submundo que se hace el original y que recrea sin ambages toda su putrefacción, sin que haya de por medio lo moral.

Yace carente de visión valorativa de orden social o superior a la usanza y es por eso que en ésta cinta, la religión se presta tranquilamente a la mente de Sono para hacer su jugada maestra ya que le sirve para plantearse su personal cosmovisión y de la modernidad mediante una amplia gama de factores que le permiten ser trascendente sin casi quererlo, bajo las incontables críticas menores que se amoldan a su perspectiva intima aunque con un claro aire ligero que es lo que lo define en cuanto a su trama fuera de esa visualidad enfermiza que lo caracteriza, siendo un esteta del cine sucio, un hombre de las formas, que lleva inventiva en medio de una fijación con la descomposición humana que aquí es menos grandilocuente si bien como en otros motivos de películas suyas más complejas se llega a matar en el alcance de las metas o a exhibirse en lo inmoral con plena solvencia aunque no siempre habiendo un final feliz.

La religión es como un juguete predilecto en las manos de un infante dispuesto a jugar con éste hasta despedazarlo, a usarlo en toda generosidad, no obstante hay mucha libertad pero se queda a fin de cuentas en mero divertimento, fuera de la indisoluble temática que despierta ideas no hay predominancia de grave intelectualidad en el material de Sono, que además escribe el guión de ésta película, mostrándonos una blasfemia menor, que vista bien no es nada destructiva porque parece algo muy juvenil e irrisorio, pero usando motivos carnales y algunas muertes que elevan el nivel de la edad pedida para la audiencia. En realidad es solo un mero pasatiempo recreativo que casi no se hace sentir en su manipulación de los símbolos dogmáticos a pesar de la completa apertura de su filosofía, ya que se plantea como una película de amor fuera de tanta locura, pero notando que lo religioso inflige originalidad a la realización como contexto, como cuando Yoko aparece como la virgen María o cuando los protagonistas de la familia disfuncional y arbitraria cargan una pesada cruz, sin embargo es como un recurso más de tantos otros, como un disfraz o una atmósfera, en una película sencilla debajo de todo, alegre y desenfrenada, como un adolescente que se ríe de las reglas, de lo sacro y articula un libre artilugio que busca tocar cuanto le apetece. Una libertad que el cine agradece, en 4 horas de inquietudes, traspiés y giros en pos del sentido total de todo cuanto se mueve en el planeta y ahí yace una unión entre crítica y fe: el amor, que a prueba en tantos vaivenes cuando es verdadero está por encima de la locura o la perversión, que se hacen parte de ello, como le pasa a Sono en sus filmes en alusión al séptimo arte, un discípulo más de su reino y de su aura; no será la mejor propuesta que tenga el cine pero está llena de esa fe que critica aunque en otra manifestación más pedestre, menos solemne y más desaforada, audaz y recomendable para los atrevidos que no se sientan aludidos estando en semana santa.

viernes, 30 de marzo de 2012

The yellow sea


El cine surcoreano es uno de los más radicales y modernos que hay en el séptimo arte, una invitación a la adrenalina como con ésta propuesta del director Na Hong-jin en su segundo largometraje cinematográfico. Éste es un cine que hay que descubrir dejándonos llevar por sus escenas brutales y su fuerte visualidad, acción de primera mano que no cesa a las convenciones y se impone con vehemencia rompiendo límites en cuanto a un realismo al borde del cataclismo, destruyendo todo a su paso sin ninguna contemplación. Es una anarquía de violencia donde los más salvajes se imponen por sobre toda regla, una orgia de sangre y muerte, justificada desde la implacable trama que articula una cacería donde el bien y el mal no existen.

Uno de tantos chinos descendientes de coreanos, que naturalmente radican marginalmente en la zona limítrofe entre China, Rusia y Corea del Norte, en Yanbian, denominados como población como joseonjoks, accede a un negocio criminal, asesinar a un maestro adinerado de Seúl, un trabajo que no solo le dará una exorbitante cantidad de dinero para sostener su vida y mantener a su pequeña hija, sino le crea la posibilidad de reunirse con su amada mujer que yace en Corea del Sur. Sin embargo lo que no sabe es que la mafia de ese país también planea lo mismo. Visto en medio de un conflicto de intereses personales empresariales será perseguido por diestra y siniestra, tanto por sus contratantes con un líder Myung –ga (Kim Yun-seok), salido de un mundo de asesinos verdaderamente intimidantes que parecen animales, como de una organización delictiva de alto peso en que le llaman presidente a su cabecilla, un elegante y calculador empresario de saco y corbata.

La cinta es una rocambolesca secuencia de persecuciones, escapes surrealistas y batallas sanguinarias con objetos punzo cortantes como hachas o filosos cuchillos de carnicero, incluso se usa como arma un gigantesco hueso que sirve para aplastar cráneos. Las tomas de los vehículos estrellándose y evadiéndose es de una proximidad portentosa, casi puedes oler la sangre y ver saltar los vidrios; el sonido y la verosimilitud, la cámara a unos metros, crea un festín sensorial inigualable, de lo más llamativa.

Algunas persecuciones pueden caer en lo extraordinario pero nunca dejan de ser vivaces y absorbentes, enajenantes y subyugantes para quien las observa con el cuerpo a punto de saltar a la pantalla. Hay una en particular en que los policías se amontonan como gorilas tontos y agresivos corriendo detrás del criminal y protagónico de nombre Ku-nam (Ha Jung-woo), un tipo que va de menos a más, de la docilidad y expresión introvertida a la faz y los actos más implacables. En ésta como que están fuera de sí al ir detrás de él sin hacer algún disparo, en una desorientación y estupefacción grupal ante el deseo de subsistencia y huida del asesino. Es una escena fantástica que no será totalmente realista pero está cargada de imponente extremismo y exaltación que como en la lucha desigual constante de uno contra muchos como en el puerto se hace rústicamente artesanal y desequilibrado concretar semejante hazaña. Pero es el entendimiento del sobredimensionamiento de lo posible que hace de la propuesta de su violencia una empatía intensa y especial que convence sin que uno reproche demasiado sino que se deja llevar por su frescura y naturalidad. El filme sostiene una ejecución muy persuasiva en cuanto a los combates físicos de predominancia con arma blanca que desarrollados hábilmente son el plato fuerte de ésta propuesta en donde se va hasta la última consecuencia, sin lógica, yendo a matar a toda costa, consiguiendo vengarnos y acabar con el enemigo.

Myung –ga, una bestia para asesinar y sobrevivir, baja a un sótano frente a un amplio séquito de guardaespaldas y matones que cubren al denominado presidente, jefe de la mafia surcoreana, y sin miedo alguno sabe a lo que viene. Es esa la direccionalidad del filme, no dudar en cuanto a cumplir con lo que queremos, y aunque Ku-nam inicialmente parece dubitativo termina saltándose todo protocolo y se convierte en un amoral tan igual a todo su contexto, por lo que no hay un solo héroe en la realización, solo criminales, sobrevivientes y homicidas. No obstante éste último es nuestro punto de partida y se nos hace menos cruel, con algo de sentido afectivo, quiere recuperar a su esposa mientras sobrelleva una desolación, pobreza y abandono que inflige un descorazonamiento que lo implica a perpetrar una liquidación por dinero que termina atrapándolo en una vorágine en que tiene que ir contra el mundo, policías y dos bandos mafiosos incluidos, aparte de ser perseguido por perros, patrullas, ser herido y estar de ilegal en otra nación.

Es un filme que arranca muy contextual pero ocultándonos la sanguinaria energía de sus personajes que darán luego la sorpresa, aunque ya se destila la confianza que predispone a creer en su oculta esencia; a cualquiera no se le pide que atraviese el mar en malas condiciones, elimine a un hombre y traiga su dedo gordo como prueba, tampoco quien lo promueve puede ser menos fiero, pero éstos terminan siendo mucho peores de lo esperado.

Primero se nos ubica en el relato sin demasiados sobresaltos físicos, como es normal, y eso va hasta casi la mitad de la película. Nos inquietan un poco de expectativa, aunque sin agobiar, si bien no da mucho crédito a los intereses sino más a la actividad y desplazamiento de los contrincantes cuando ya se decide a acometer su barbarie visual. Vemos una vasta colectividad en varios grupos contra un único ser humano (que terminan traicionándose), un fugitivo que toma las riendas de su acoso y arremete contra sus cazadores.

Cuando llega lo ansiado cumple a todo nivel, acción pura y dura, amplia y bien planteada pero con los rasgos asiáticos, es decir una desproporción que incluye detallismo y mucha brutalidad. Abstenerse quienes no gusten de la sangre y lo específico, pero sí se quiere, estamos ante otra más de esas audaces proposiciones fílmicas que no se achicopalan en absoluto sino salen a impresionarnos. Es una cinta que tiene varios géneros dentro, pero que puede adscribirse a la acción simplificando su objetivo, una propuesta muy entretenida que usa a sus personajes sin pena alguna y les saca sustancia hasta el máximo extremo para divertimiento del público.

domingo, 25 de marzo de 2012

Tyrannosaur

El debut de Paddy Considine en el guión y dirección de ésta película le ha traído reconocimientos importantes en su país como en los Premios Bafta a ópera prima y en el extranjero en el Festival de Cine de Sundance al mejor director. En resumidas cuentas es un filme imperfecto cargado de violencia en donde la vida para gente promedio es como dentro de una pesadilla, en circunstancias que sacan su peor respuesta, incluso para una mujer con ciertos lujos, con tendencia a la bondad y a la religión.

Pesimista y dura por donde se vea, trae la sorpresa desligándose de un hombre de naturaleza salvaje para revelarnos la oscuridad de la dama con la que entabla una relación de amistad y más tarde de amor como de reinserción social y afectiva.

El título hace alusión ingenua a un apodo provocado por la cinta Jurassic Park cuando un Tiranosaurio ataca la camioneta de unos paleontólogos, se compara un ruido personal con el de ese dinosaurio; pero más que eso se nos invoca el pensamiento de una incontrolable furia por la que deambulan los seres humanos descritos en el relato presente.

Contiene tres actores soberbios que manejan el desarrollo de un itinerario que desde el principio sabemos que terminará muy mal. Joseph (Peter Mullan) nuestro personaje principal y una de las materias de reflexión, cobra un dinero y ante el enojo rompe una ventana del lugar, vive al borde del nervio por culpa de un vecino abusivo que utiliza a su perro pitbull como imposición de respeto; entre sus amigos hay gente de mal aspecto aunque de apariencia engañosa en cuanto a sentimientos y un compañero enfermo de cáncer a punto de morir, cuando se mete en la vida de Hannah (Olivia Colman), la otra fuente de introspección, una dócil fémina que sufre maltratos físicos por parte de su esposo, James (Eddie Marsan, en una corta pero impactante actuación) y así Joseph empieza un trayecto en que busca salir de la rutina emotiva que le agobia aunque antes deberá superar unas pruebas.

Es algo predecible ver el lamentable final que se cierne sobre sus participantes con respecto al asunto del perro y el niño en medio de un hogar caótico, y sobre la humillación y martirio físico emocional de Hannah, sin embargo termina habiendo algo de sorpresa. El discurrir del filme es propio de un mundo proclive al dolor y al sufrimiento, empero hay aire de alegría en algunos momentos. Hay que elogiar a gran escala que Joseph llegue a respirar a través de Hannah destacando la escena del beso como una de las más logradas, que luce natural y no hay ninguna sobredimensión ni romanticismo meloso, siendo un estado puro, sano y directo, como también lo es el de los amigos reunidos en el bar poco después de una muerte.

Los personajes tratan de llevar matices, no son como se les pretende si bien hay una predisposición hacia una línea en los dos protagónicos que caminan indefectiblemente hacia la derrota. Son aun así espontáneos e indefinibles en última instancia, resultando creíbles.

Aunque pareciera que Hannah fuera el ángel enviado para salvar a Joseph, no solo va de eso sino que están para ayudarse mutuamente como dos verdaderas almas gemelas (nótese que ella tolera su agresividad pero no le teme al ser su actitud propia de la frustración, a diferencia de la del cónyuge que es ruin), no obstante hay que recalcar que Joseph ya viene estando pensando, arrepintiéndose, queriendo abandonar esa tendencia a la violencia que lo sojuzga hasta dañar a sus seres queridos, y aunque hay fuerzas que lo conducen a destruir su entorno, se inclina conscientemente por querer cambiar, que es la razón por la que se mete en la tienda a llorar, habiendo un entendimiento de poner de su parte y apoyarse en esa dama que le atrae, de la que intuye virtudes que necesita para sobrellevar su rabia y su enemistad con el mundo.

A medida que avanzamos vemos que Joseph también tiene bondad, y Hannah un lado animal como la del mencionado Tiranosaurio. Son dos caras de la misma moneda pero que vienen con empaques distintos, un yin yang visto desde el negro o el blanco.

Hay menciones curiosas a películas americanas, soy Robert De Niro contesta Joseph a una contemplativa Hannah que lo encuentra escondido detrás de unos colgadores con ropa, o muestra éste el culo gritando la última mítica frase de Braveheart, ¡freedom! (libertad).
Es una cinta que se hace ligera sin que se conciba superficialidad o predominancia de rentabilidad, empero muy bien propuesta. Tiene errores estéticos, como la rotura de un vidrio que se prepara mucho en la toma, o cuando el perro muere de una patada sin que ello irradie mucho visualmente o al destruir la cabaña de la mascota con una lentitud y poca intensidad que no asemeja el espíritu del principal, en lo cual hay una ambigüedad que puede destacarse ya que no asume desmedida certificación de rudeza en la actuación para no caer en el efectismo pero que también a ratos se hace corta para impresionar ya que sí busca explotar ese aspecto. Y aunque hay algunas acciones poco contundentes desde lo que vemos, más que lo que se nos quiere proponer, otras lucen espectaculares como en el descubrimiento del cuerpo con las moscas en el rostro.

El filme puede parecer excesivo si somos susceptibles, e incluso hasta mediocre si nos ponemos en un lado ético dejando de ver que puede ser prioritariamente demostrativo en cuanto a su relato (una falla menor de cierta forma ya que se nota algo despreocupado del mensaje y no asume totalmente esa profundidad que parece postular en los actos en relación a sus figuras, aún teniendo una seriedad que conlleva en el estilo y que la eleva del divertimento), sin embargo aunque hay una inclinación hacia la brutal venganza o actuar por nuestra cuenta, la trama se justifica plenamente desde las leyes de una proximidad con una barbarie muy palpable en muchos seres humanos sino en todos pero en diferente medida, que remite en unos a la vulgarización y a otros a la aceptación de lo radical.

Si notamos que la realización se moviliza en una exhibición de la falta de control, hacia una racionalidad del odio, o la estimulación hacia ello, viendo la lucha de Joseph y la resolución de Hannah, no habrá más que comprender que el filme se acopla a una línea, pobre en lo que implica y en cierto sentido también lo es la forma de llevarlo a cabo aunque indudablemente poderosa en su señalamiento, por lo que el filme no será el más inteligente pero sí bastante interesante y seguro como para atreverse a lo que nos ofrece.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Young adult



El director Jason Reitman se vuelve a reunir con la guionista Diablo Cody tras su buena fusión en Juno (2007) con la que Cody ganó el Oscar, una stripper y reconocida bloguera que saltó a la fama con su primer libro, Candy girl: a year in the life of an unlikely stripper (Diario de una stripper, en español). Reitman ha demostrado que es un creador talentoso contando con dos nominaciones a mejor director a la estatuilla dorada luego de cuatro películas dirigidas.

Su actriz principal es Charlize Theron que hace de Mavis Gary, una mujer divorciada de 37 años de edad que pasando por un mal momento en la escritura de libros para adolescentes decide ir a su ciudad natal en busca de su amor de juventud. Sin embargo el inconveniente que lleva pretender su unión con el pasado es que Buddy Slade (Patrick Wilson) es un hombre felizmente casado y acaba de tener una niña, por lo que se le envía una invitación para celebrar su nacimiento, que para ella es una señal del destino y de su situación conyugal, en favor de su aspiración a reencauchar un romance.

Ésta comedia de humor negro no tiene mucho de risa y sí bastante crueldad en su exposición de los llamados perdedores, en una sociedad que juzga a los seres humanos sin clemencia. Mavis es una chica que se cree especial, no solo por guapa sino por haber salido de un pueblito en donde todos son considerados promedio, además habiendo sido popular en el colegio y la reina de la promoción, por lo que vuelve creyendo que encontrará la adoración de quien ella llama su alma gemela. No obstante la verdad es más salvaje de lo que puede imaginar y será como una cachetada a su ego que la terminará aproximando a un lamentable desenlace, con quien a diferencia de ella es un verdadero estereotipo, un nerd grueso que está mal de la piernas y del órgano sexual producto de una golpiza de abuso escolar al creerlo homosexual.

La vuelta de tuerca o trampa final que nos depara Cody en el guión es aplastantemente desconcertante, que sólo salva a la protagonista tras una concesión que la deja intacta en su locura pero que ya nos ha desvelado la esencia real patética de quien es sustancialmente.

Mavis no puede ni debe adaptarse al pasado como tampoco lo harían los que luchan sin querer contra ella (con quienes ha crecido), no estarían bien en su mundo, Minneapolis, conocida sarcásticamente como la pequeña manzana, en alusión a New York. Minneapolis es una ciudad avanzada en comparación de su insulso y diminuto hometown.

Estamos ante una opinión dura sobre las relaciones humanas en donde las personas ordinarias viven vidas tranquilas y realizadas sin grandes ambiciones ni problemas, a contraste de la protagonista que en lo más destacado y alto del éxito está derrotada, solitaria, vacía y se mueve en la superficialidad.

Por donde se mire éste es un filme sin gracia o encanto pero no absurdo sino muy inteligente, sin embargo seco hasta el tuétano y que te deja frío ante su realismo pavoroso. En su visionado, se acomete contra outsiders o emprendedores de capa caída, que quedan mal parados, aunque son rescatados a último momento, albergando una mejor sobrevivencia o quizá un cambio, desubicados del contexto en que el gran golpe llegará para sacudirlos y derrumbarlos, equivocados en su sobredimensión personal y ridiculizados hasta el cansancio, quitándoles la dignidad, en donde la empatía para el espectador no funciona si tienes corazón.

Theron es natural en su representación al resto de los mortales, cuando bebe gaseosa de la botella o al día siguiente del acto pone cara de asco ante un gesto de mimo del acompañante sexual, y a su vez muy guapa hasta deslumbrarnos cuando quiere apabullarnos con su estética de modelo. Resulta muy cool en su performance de mujer joven adulta moderna y segura de sí hasta la demencia. Mavis se comporta extraña en sus decisiones, ya que ir a enamorar a un hombre casado porque cree que están destinados a ser la eterna pareja, a costa de daños colaterales -la esposa y la recién nacida- que ella justifica, no parece lógico. La mujer de Buddy también se muestra bastante cruel, pero aparenta ser inocente y bien intencionada, pero cómo no ver que tiene la vida que Mavis pudo tener, con su ex, con su ilusión de juventud, y que contrasta brutalmente con su fracaso actual. 

Matt Freehauf (Patton Oswalt) se lo hace ver, el parásito de Mavis, la rémora que es aceptado en su universo y que solo puede hundirla mucho más en un oportunismo ocasional. De la boca del rengo sale una crítica directa, además. Le dice: cuando te mirabas incasablemente en el espejo yo estaba en mi mejor época y tú no me veías. Pero suena a palmadita en el hombro para el corpulento fanático de Star Wars, y lo que es más irritante, hacer leña del árbol caído, cuando la dama ha tocado fondo.

El asunto son las falsas efigies y lo que es la felicidad, el mensaje es sigue tu propia ruta, circunscríbete al entorno que te sea propio, aunque apuntando a destacar y elogiar la normalidad de la clase media anglosajona, aun siendo una cinta rebelde e independiente al mainstream.

Mavis no puede con esos padres que cuchichean detrás suyo generando lastima sobre ella y que de hecho repercuten en todo éste drama (aunando el propio desequilibrio), o que guardan la foto que delata su fracaso matrimonial porque su ex marido es agradable a contraposición de ella que solo despierta fastidios por su egocentrismo e imposición de abarcarlo todo bajo su liderazgo. Pero también hay algo de lo que le hace ver la hermana menor de Matt, que la envidia y la mediocridad subyuga a la mayoría de gente del pueblito. Y sí, duele y pica el filme, una hazaña para el cine que no se congracia -en grandes rasgos- con nadie, aunque permite aire en cada capa sacudida.

Arrancarse cabellos y ser proclive al alcoholismo juegan a desdibujar límites hacia el abismo mientras vamos descomponiendo la figura de la independencia, la libertad, la soltería, la escritura o el atractivo físico, todo es menos de lo que implica, sea siendo una redactora fantasma en una serie moribunda o con modeladores de senos que al descubrirlos restan voluptuosidad. Hay una desmitificación de un orden establecido que seguro contentará a algunos, sin embargo seguirá siendo muy poco para ir a contracorriente del deseo de lograr lo que Mavis tiene y se destruye.

Young adult (2011) es un filme audaz sin lugar a dudas, pero pobre en cuanto a emociones, a hacernos soñar y a ser optimistas, está plagado de conformismo, de una misericordia miserable, de una crudeza y sarcasmo que no produce confabulación sino fastidia y que se ajusta a mostrar lo que es en realidad la existencia en éste planeta pero que viene con aspereza por más que quiera otorgarse un aire ligero y superado. Claramente es buena la propuesta pero todavía extraña, es difícil de asimilar, muy en la línea de lo que hace Reitman, un cineasta con bastante futuro, que hace honor a la creatividad personal, a trabajar en lo complicado, como la rubia actriz sudafricana haciendo papeles de antihéroe, saliendo de la gratuidad de su belleza para ser algo distinto a lo que se espera de su persona, sin que eso merme atributos irrefutables e inevitables, pero los tres -Cody, Reitman y Theron- muestran estar dispuestos a romper el molde y por lo tanto a ganarse un nicho importante en el séptimo arte.

domingo, 11 de marzo de 2012

Un dios salvaje (Carnage)


¿Somos tan civilizados como nos creemos?, es la interrogante que se hace el famoso creador de Chinatown (1974), Roman Polanski, junto a la dramaturga francesa Yasmina Reza, reunidos para el guion de la presente película que realiza Polanki quien toma de partida la obra homónima (Le dieu du carnage) de Reza.

Parto diciendo que cualquier filme de éste cineasta polaco nacido en Francia, de Polanski, suele ser entretenido, haga terror, comedia o noir; se visionará con tranquilidad y agilidad, pero con respecto a la calidad del filme actual está un poco menor dentro de su filmografía, sin embargo sigue siendo una propuesta decente.

La trama es sumamente simple, un niño, el hijo de Nancy y Alan Cowan (Kate Winslet y Christoph Waltz) de condición pudiente, agrede con una rama de árbol a otro compañero que está en pandilla insultándolo, con lo que le extrae dos dientes frontales, al vástago de la familia Longstreet, de Penelope y Michael (Jodi Foster y John C. Reilly), de la clase trabajadora. Para zanjar el problema, los padres de la victima invitan a su casa a los ascendientes directos del agresor. Pronto la conversación pasa del trato reconciliador y amigable a una lucha dialéctica que destripa y descubre la esencia detrás de la moral, del orden y de la naturaleza humana, tomando de referencia las características personales de los involucrados en donde el idealismo, el materialismo y la indiferencia chocaran bajo las individuales propias ideologías o carencias.

El filme va de frente al contexto en que los parientes argumentan sus puntos de vista, mientras luce muy próximo a su ascendencia de obra de teatro donde lo que se dice es lo principal de la propuesta y lo minimalista da rienda suelta a feroces vaivenes, invertido en pocos protagonistas.

Tiene diálogos que se hacen extensos y forzosos en comparación con la realidad, teniendo en cuenta que muy pocos en el diario vivir se dedican a explayarse con tanto ahínco y franqueza como los personajes relacionados. Los secretos y verdades afloran con la naturalidad del talento de los actores pero sobrevuela la incredulidad ya que se saltan olímpicamente la vergüenza y el pudor, en el desnudo de toda la idiosincrasia privada de unos ante los otros; con aquellos con los que supuestamente llevan fricciones y que se van incrementando mientras más se interrelacionan, no obstante de eso va la película, de llegar a la sinrazón.

La película se concentra en que estamos ante una realización netamente satírica y mordaz que no busca verosimilitud sino un análisis pormenorizado de nuestra proclividad al caos y a la contradicción. Existe un deseo, aunque prolongado por las circunstancias, de concretar la escurridiza solución, pero el trato por más buenas intenciones que tengan exalta la confrontación (los Cowen incluso quieren irse en varias oportunidades, se acercan repetidamente al ascensor para retirarse), y es solo un recurso que se excusa porque hay parámetros que buscan salvaguardar la paz de la convivencia humana, puesta a prueba cuando más se le inquiere, sin embargo la cinta se hace algo monótona, aunque impredecible finalmente.

Lo giros van revelando el anhelar de la autocomplacencia, el aspirar a que todo quede perfecto, que valga la pena, que exista la justicia, pero las personas con su bagaje personal arruinan ese fin, lo hacen complicado, mostrándonos algunas capas de hipocresía como con los medicamentos insalubres o el acto de castigar/reparar un acto de abuso. El filme nos induce a creer que no somos tan nobles ni tan elaborados como pensamos, aún teniendo altas pretensiones, estatus social, educación o profesión, incluso el personaje más rescatable éticamente -el de Jodi Foster- resulta ser histérico y egocéntrico, además manifiesta también algo de salvajismo que es lo que se nos infiere que contenemos todos.

Peleas por doquier con tuti il mundi, vómitos, revelaciones imprudentes y conflictivas, molestias conyugales, errores indolentes tras alguna fobia, insensibilidad, incongruencias, frustraciones entre otras calamidades solo disminuyen con un whisky y un puro, con la falta de compromiso, o en otro caso empeoran generando la ira en la ironía del ciudadano del mundo, un trato que increpa constantemente las relaciones humanas. Es un filme que abocado a su leitmotiv puede ser insuficiente, se repite y solo repercute como crítica, y así como llega se va, abrupto, incompleto, parcial, exagerado, y aunque quiere generalizar también luce excepcional, pero no quepa duda que todos llevamos parte de él en nosotros, el mundo se nutre de ello.

Lo mejor de la realización son los cuatro actores, magníficos en toda palabra, que saben darle fuerza e interés a tanto devaneo que recoge una cierta profundidad pero que no lleva la mejor de las estructuras para enaltecerla. Divertida por momentos, juega a hacerse bastante superficial para ser reflexiva, se le puede catalogar de una grata astucia intelectual moderna y en parte anárquica, fluida y corta además, ya que dura 1 hora y 20 minutos. El diagnostico es que se hace saludable relajarse con el último trabajo de Polanski pero sin darle mayor cabida que el de la intrascendencia de la trascendencia, como pretende el realizador y su coguionista. 

martes, 6 de marzo de 2012

Shame


Introducción: ópera prima, Hunger (2008)
El director inglés Steve McQueen es más que el homónimo de una leyenda americana del séptimo arte, es un realizador muy prometedor que ya con dos largometrajes -tras varios cortos- en su filmografía se ha cimentado como alguien que hay que seguirle el paso con atención. 

Hunger (2008) nos demuestra el estilo que lo caracterizaría, un cine europeo con componentes definitorios clásicos y a la vez renovados, en un filme rudo y seco con un ineludible toque contemporáneo, puesto bajo una estética fría en lo visual más no en sus propuestas intelectuales asimiladas, capaz de ponernos una lenta y pesada pero indispensable escena de diálogo bastante extensa entre nuestro protagónico Bobby Sands (Michael Fassbender) y un cura católico con tendencia a lo político, en que la influencia de la religión -tan fuerte en los irlandeses- busca doblegar el espíritu del primero a favor de la negociaciones del gobierno inglés con guerrilleros presos, asignando que el mandato de Margaret Thatcher no quiere doblegarse al terror ni a la manipulación en la compasión rechazando acceder a las peticiones políticas de los internos carcelarios pertenecientes al Ejército Republicano Irlandés (IRA); o ante una larga y parsimoniosa toma en tiempo real de la limpieza de un pasillo por parte de un guardia de seguridad. Estos elementos hacen de su cine algo más que público y general.

La decadencia corporal del integrante del grupo terrorista IRA, Bobby Sands, en manos de una huelga de hambre nos retrata la convicción ya antecedida por una anécdota adolescente. La represión en la cárcel con golpes y abusos ante la negativa de aceptar el uniforme, las represalias externas del grupo paramilitar o la mutua lucha por derechos que reconozcan y que creen un estatus en prisión se ven envueltos con una bien distribuida trama que se organiza por medio de unas pocas descripciones y acontecimientos que fabrican un relato que en momentos se acelera y en otros se aborda en la calma. La estructura de las secuencias determinantes hacen que con unas cuantas escenas contrapuestas se coja ritmo y en poco tiempo se concrete la imagen global decisiva. McQueen sintetiza muy bien el deterioro tras una película que no endiosa sino que se hace justa recreando fidedignamente, como un dios permisivo, su historia.

Shame (2011)
En ésta oportunidad vuelve a repetir con el actor de origen alemán Michael Fassbender, que se ha robado el podio que ostentaba Ryan Gosling como figura más importante del cine actual, demostrando un enorme talento en quien considero el mejor intérprete del 2011. Muestra una innata naturaleza creativa e histriónica que en un momento importante en Shame no necesita de palabras sino administra puros gestos excelsos. 

En la conclusión de la película, Fassbender como Brandon Sullivan se quiebra y muestra el dolor que aqueja su vida, un estado de desesperación incontrolable que lo sojuzga impenitentemente al estar atrapado en la filia desmedida de lo sexual, producto de una infancia y juventud traumática que involucra un acercamiento al incesto; todo ocurre en cerca de 20 minutos donde no hay parlamentos sino únicamente acciones. McQueen maneja la elipsis con maestría sin develarnos la verdad del pasado que jala las cuerdas de ese comportamiento desequilibrado, dedicándose sobre todo a contarnos el diario quehacer de éste hombre, que vive solo pero sin sentir la soledad, que tiene sexo continuamente y que respira una obsesión hacia lo carnal sea a través de prostitutas, internet o aventuras, gracias a su presencia física, su condición social y la seguridad en sí mismo; sin embargo hay un aire autodestructivo que es el que lo moviliza, capaz de decirle a un tipo corpulento que ha estado masturbando a su novia en un bar o recurrir a una relación homosexual ante la desbordada libido.

Incapaz de sostener un amor más allá de tres meses, su hermana Sissy (Carey Mulligan, fantástica actriz que matiza la frescura, la tristeza, la provocación y hasta la ordinariez en su personaje) desnudará sus secretos sin darlos abiertamente, solo dejándolos escapar muy oscuramente en un afecto y acercamiento crispado/voluptuoso/peligroso. Ella provista de una melancolía, véase esa hermosa escena en que canta New York New York aludiendo su propia existencia, abandonada en todo ámbito -desprotegida ante un mundo violento al que ella no se obliga a obedecer sino a padecerlo- recurre a Brandon, creando en él un estado de reflexión opresivo y punzante que crea una consciencia que le refriega sus traumas, aunque sin intención sino con una despreocupación que para el personaje de Fassbender lo hiere, lo culpa o lo confunde; correr o intentar una relación amorosa no funciona, la caída es inminente.

El filme recurre a la sequedad, a la morosidad, a la domesticación del alma a través del cuerpo o la experiencia aunque solo se traten de figuras retozando ávidamente en la cama, a la repercusión de lo exógeno en lo interior, en un juego que no se puede manejar, tratando con un vicio que lleva una profundidad que deambula por la psiquis. Lleva una enfermedad que genera consecuencias. El sexo es una válvula de desintoxicación, pero también lleva a la debacle ya que no se atribuye a lo normal en el personaje, y es la hermana la que atenazada en el teléfono o rogándole por un espacio en su hogar se vincula afectándolo, no lo deja libre, como esclavo de su sexualidad, de una historia, que McQueen sugiere, implacable, intensificando la rutina, que es como un barco hundiéndose de a pocos pero dispuesto a sucumbir tarde o temprano, sin ninguna salida más que la derrota, el resto es otra película. Estamos frente al contexto, el discurrir hacia el abismo pero no la huida. Aunque tocando fondo está por llegar la luz al darnos cuenta de la desgracia interna. El enfrentamiento de los problemas.

jueves, 1 de marzo de 2012

My week with Marilyn


Abordar el papel de un ícono como Marilyn Monroe parece fácil cuando no se es muy serio, hacer una parodia o buscar alguna exageración sale en el acto, pero si queremos emularla lo más real posible el trabajo se convierte en uno de los más complicados. La actriz Michelle Williams, nominada al Oscar por éste papel, intenta tomar posesión de esa figura, sin embargo su hazaña no llega a ser la más fidedigna, no obstante hay un cierto parentesco; la inocencia, la sensualidad, la naturalidad con que se es artificial de cara al mundo, la banalidad, la inestabilidad emocional, la fuerza interior para afrontar el estrellato o hasta el aire tonto son signos que se ven en el personaje.

Monroe era más compleja de lo que se le atribuye aún cuando no desbordaba en inteligencia o en aptitudes superdotadas para el séptimo arte, que igual se rendía a sus pies bajo su dulzura, su calidad de boba, la simpatía de sus bondades corporales y sentimentales, la personalidad sencilla en el ecran o la naturaleza artística que siendo un estereotipo podía revolucionar la comedia ligera; una mujer que podía ser desequilibrada a espaldas de la pantalla y una diosa que despertaba la admiración y excitación de quienes se veían atraídos como un imán a sus encantos histriónicos y físicos, a su voluminoso trasero, a sus senos en punta, a su rubia cabellera, a su boca exhalante, a los ojos brillosos moviéndose hacia arriba en busca de las palabras; incluyendo a un cruel recriminador harto de sus tardanzas, engreimientos y torpezas, un Lawrence Olivier (Kenneth Branagh), que con todo su talento, su abundante experiencia en el teatro, su fama como director y actor, sentía el poder de la que fue la mayor estrella femenina de una época.

No solo se puede ver a Vivian Leigh siendo amable con ella mientras envidia su magnetismo sexual sino a un Olivier que confiesa que a pesar de su falta de técnica y lentitud en el estudio, ella era algo impresionante, una imagen que seducía al público, en el fondo era una roca de lo que parecía una capa de gelatina, una atracción que volvía locos a los hombres que caían en la red de sus momentáneas pasiones, como quien nos cuenta sus memorias junto con ésta diva, el director de documentales Colin Clark que siendo el tercer asistente en el circo de Olivier logra tener una corta relación con Monroe a pesar de atribuirse el título de nadie importante; un afortunado escogido por las extrañas decisiones de un ídolo, la que no duda en dejarse llevar por sus afectos cambiantes, dolida por la crítica de un Arthur Miller cansado de no poder pensar, de ser consumido por su gigantesca esposa.

Monroe se hace ardua de concretar, pero el filme del inglés Simon Curtis no desfallece ni se hunde sino se hace bastante entretenido y aceptable viendo como se graba la película El príncipe y la corista (1957) en que la rubia platinada viajó a Inglaterra para dicha realización. En medio yace un amorío con un menor y alguien común por ese entonces, las peleas con Miller y Olivier, una aventura romántica llena de fantasía idílica, la indomable personalidad de una estrella, los entretelones de una película. Me topo como resultado con un producto que contenta sin que sea tampoco tan memorable, es algo pequeño pero bien hecho.

Un pero resaltante es que Williams está lejos de llevar la belleza de Monroe aun poseyendo sus propios atributos ya que también es guapa y parece algo tímida/particular en persona, sin embargo su papel se hace discreto y menor por mucho que lo intenta, no llega a irradiar toda la potencia del aura de Marilyn Monroe; aunque lleva sus gestos, canta suave, seductora y acaramelada, luce fresca o distraída, sale vestida de Eva en repetidas ocasiones con ese desparpajo que daba tanta celebridad a esa dama que decía que dormía solo con perfume en el cuerpo y que podía ser siempre tan libre desnudándose sin ninguna preocupación. No nos sentimos con el corazón acelerado o encendido ni entusiasmado o curioso, como si sucede con la verdadera; no se nos da más que una imitación, segura y valiente pero solo una recreación que termina siendo decente sí, grande no, por lo que seguirá rondando el reto por buen tiempo más, si bien Williams merece todo nuestro respeto por su interpretación, demostrando que es una actriz prometedora e interesante que no deja de sorprendernos con esa actitud ganadora y constante que se puede ver en su filmografía; increíble viniendo de quien salió de esa pequeña serie de tv. llamada Dawson ´s Creek, para ya actualmente ostentar 3 merecidas nominaciones en los Oscar.

Otro actor relevante es Kenneth Branagh, también nominado a actor secundario en el Oscar, que por el tipo en sí hace una caracterización algo ridícula, un egocentrismo y apabullamiento que luego se transforma en cierta inseguridad, deseos de trascendencia pública y realizaciones emotivas; pero que se pierde un poco por el endiosamiento hacia Monroe que circunda en todo el filme, que aunque descrita en sus fallos, no funcionan más que para enaltecerla, y Olivier es otro fanático, se le dibuja en un momento como un talento que requiere el reconocimiento masivo al contrario de Monroe, y que quiere “utilizarla” para beneficiarse. Termina demostrando una debilidad oculta hacia ella pero no en el plano afectivo sino hacia su repercusión mediática.

Es una recreación algo dudosa, parece ser bastante amanerado y débil en su entorno fuera de un cargo que lo mantiene alto, incluso por el maquillaje; si ese era Olivier estamos ante un pequeño hombre, además se hace bastante voluble y no manifiesta carácter. Cualquiera intuye más de alguien que tenía una empresa cinematográfica y tenía mucha experiencia en la gran pantalla o en las tablas; podrían haberlo dejado mucho menos patético aunque se pretenda darle sensibilidad, inestabilidad y realismo, hacerlo de carne y hueso, y es que finalmente se presenta algo inverosímil. Branagh hace una interpretación que va de lo sabio a lo cómico, de lo amargado a lo endeble, pero no vemos por ninguna parte al Lawrence Olivier que dirigió y actuó en una película que le otorgó una estatuilla dorada, una disposición que requiere algo de convicción y virtud, que se hace extrañar. Visto por lo que es, Branagh hace una cierta caricatura, por ese extremismo que infunde está estupendo, pero como auscultación más profunda se queda corto.

El protagonismo se lo reparte Monroe con Colin Clark, de quien se basa la trama, el actor que le da vida es Eddie Redmayne, que cumple perfectamente sin robar cámara como se espera de él; dibuja la idea del tipo que más que guapo o impresionante es seguro de sí, hábil e inteligente. Sirve de nexo para darle libertad a la estrella, como el doctor que nos revela la enfermedad.

Una mención importante es la de Emma Watson, esa bella jovencita inglesa –al natural y simple lo es más- conocida por ser Hermione Granger en la saga de Harry Potter, que en lo personal se hace muy atractiva como la vestuarista que queda en segundo plano ante Monroe; en que de todas formas se hace arduo dejarla y eso juega a favor de la película. Se hace querer en los pocos minutos en que pasa como secundaria. Otra mención va para Judi Dench como una internacionalmente poco popular actriz británica en Dame Sybil Thorndike, la juiciosa actriz socialista que respetada por su edad y una cierta trayectoria en el país anglosajón apoya los desmanes en el plató de parte de la icónica americana (regaña noblemente a un condescendiente Olivier que impone que Monroe se disculpe con ella). Thorndike se hace poco trascendente y ese es el verdadero ámbito del filme, el eje del título lo abarca todo, lo cual agradecemos quienes gustamos de conocer algo más de esa bomba sensual que para el festival de Cannes 2012 tendrá un homenaje por los 50 años de su desaparición. Marilyn Monroe sigue viva y es irremplazable.