miércoles, 25 de julio de 2012

Nostalgia


Uno de los genios irrepetibles que tuvo la gran pantalla fue el cineasta ruso Andrei Tarkovsky, que dejó tan sólo 7 largometrajes de ficción para cine en su filmografía, más su película de tesis de graduación de la escuela de cine (la hoy en día Universidad Panrusa Guerásimov de Cinematografía), The Steamroller and the violin (1961) de 46 min. de duración, junto a un documental de 62 min., alrededor de Nostalgia (1983) llamado Tempo di viaggio (1983) codirigido con el célebre guionista italiano Tonino Guerra (la única película que dirigió), y un par más de cortometrajes, lo que fue suficiente para cimentar su legado en la cinematografía mundial y el aprecio de quienes gozamos del séptimo arte. 

El presente filme que en el guion fue un trabajo conjunto entre Tarkovsky y Tonino Guerra, amigo y reputado guionista de famosos directores como Michelangelo Antonioni y Federico Fellini, se reviste de un aire de dificultad para el rápido entendimiento del público pero deja a la imaginación disfrutar de una propuesta que se circunscribe a la nostalgia sea por el amor a la patria lejana o a los componentes internos de ésta como la familia. Para ello se dan dos historias interrelacionadas literalmente y como en un juego de espejos. La vida de Doménico (Erland Josephson) nos hablará de la esencia de Andrei Gorchakov (Oleg Yankovskiy), dos personajes que sufren de la misma pena, el primero producto de una locura de fe y el segundo que quedará en medio de una elipsis para el espectador que solo sabrá que sufre una depresión, identificado en parte también con el estudio que lleva a cabo sobre un músico y compatriota ruso Pabel Sosnovsky (un nombre inventado pero que se basa en Maximilian Berezovsky, compositor de óperas al estilo italiano que vivió en el siglo XVIII  y que se suicidó). Gorchakov vive el sentimiento por sí mismo a través del misterio develado por su entorno y a través de sueños y remembranzas que se mezclan como con la imagen de un constante pastor alemán que lo une al que acompaña a Doménico al igual que a sus familias en el asombro, el temor o en la curiosidad.

La unión entre estos dos personajes no es casual sino sirve para desentrañar la idea del filme, la melancolía por algo que ya no está próximo a nosotros, lo que hemos perdido y ya no podemos recuperar salvo transformándolo; el deseo de Andrei de conocer a Doménico viene por el entendimiento del propio sentir y por ende vemos su empecinamiento en ver lo que otros no pueden o que juzgan ligeramente; sólo quien sufre desde la experiencia puede entender bien lo que otro padece y ahí donde la comunicación de la traductora italiana no funciona lo de Andrei se hace obligación, la de la bella Eugenia (Domiziana Giordano), joven de exuberante y atractivo cabello pelirrojo crespo, y que en un momento muestra un abundante provocativo seno, una verdadera tentación que no funciona ante la fidelidad y el ensimismamiento si bien hay un juego erótico en una ensoñación muy teatral y evocativa de la escultura. Eugenia sufre por amor en el aislamiento del que solo aspira al mundo interior aunque martirice (una crítica a su vez a los dogmas religiosos y a la naturaleza humana).

Estamos en un mundo donde no se escucha ni se ve al otro, distinto. Doménico lo recalcará en su discurso final antes del sacrificio en pos de la humanidad y de su resolución de sucumbir al mal de la nostalgia producto de la separación y pérdida de sus seres queridos, como acallando un error que lo castiga en el alma –se pregunta ¿cómo pude hacerlo?, imperdonable: generar 7 años de cautiverio sin ver la luz para con su esposa e hijos tras creer que se avecinaba el fin del mundo- y que ya solo le queda en su perspectiva íntima arrojarse a terminar ese infierno como aquel músico que se ve engañado por la nostalgia aún a razón de la autodestrucción, el impulso incontenible del dolor, una trampa auto-inducida por un estado de ánimo incontenible que bien conocen y definen los expatriados rusos una vez lejos de su tierra como la de no aprovechar la libertad producto del miedo y los complejos bastante latentes en la época soviética, y del que sólo uno se ve liberado en el acto de otros, como la penitencia de Andrei de cruzar la fosa de agua termal natural portando una vela encendida, en un plano largo sin cortes en que se siente la tensión de la labor y la grandeza creativa del artista.

Los tonos que vemos en pantalla sobre la realidad que se nos cuenta son oscuros mayormente y el de los sueños son grises verdosos, ambos secos desprovistos de sentimentalismo ramplón aun a costa de lo que se nos narra que es netamente sensible (se busca el romance puro, el que no necesita decirlo todo), capaz de evocar bajo la mirada parsimoniosa más no cansina sino llena del vigor de la introspección de sus postulados. La película va al ritmo de la lírica y de lo solemne, sin incongruencia. Andrei, el seguro alter ego de Tarkovsky, se mete borracho en una construcción destruida e inundada, consumida por la vegetación, y se encuentra con una niña –la pureza, en esa naturalidad personificada que era emblema del cine de Tarkovsky y que no deja confundir a lo terrenal- en un choque contextual pero intrascendente en cuanto a lo que dice, salvando el desahogo y el reproche hacia su tierra, en una imagen de desazón e incomprensión mientras Doménico cabizbajo con una mirada ida ya explica la atmósfera que lo rodea tan igual a su andar de ermitaño y falso profeta arrepentido pero no desprovisto de fe que recuerda y se confunde como una sombra detrás de la vida de Andrei. Tragedia, derrota, tristeza, nostalgia, como en aquel último fotograma de una arquitectura derruida puesta unos minutos para el cierre de la reflexión, sin embargo a su vez mucho amor como el hecho complementario de que Tarkovsky le dedique la película a su madre, muerta no hace mucho.

Se visualiza en la niebla, en el abandono, en el silencio y en el frío de la Toscana que respiraba de la Rusia interpuesta en el ecran y que el autor dejaba. Tarkovky decidió no volver a la URSS en medio de ésta realización. Solía tener la intromisión de censores y una grave carga sobre su creatividad. En ésta película vemos una curiosa influencia de la ferviente devoción cristiana italiana más que del ateísmo de la Unión Soviética, pero que deja espacio para la crítica incluso en Roma. También en las elucubraciones y revelaciones oníricas, en los pasadizos del recinto derrumbado a instancias del lento travelling (la inmensidad omnipotente e imperceptible alejada por la contemporaneidad), en los discursos contenidos en un poema, en una carta o en un acto de constricción verbal en la agonía de resonancia artística y existencial, en la materialización de la devoción de la mujeres en la iglesia mientras dejan volar aves desde dentro de la efigie de la virgen María, en la consumación en el fuego del cuaderno de apuntes del poeta cuando se recitan unos versos al parecer de su pertenencia, en los matices de colores de la pantalla, en el discurrir del calmo y meditabundo metraje, en toda la estructura artística y filosófica del maestro ruso.

El poema que lee en off un desvalido Andrei tendido alcoholizado sobre unas ruinas dice: Mi vigor está demasiado oculto ante dardos diamantinos, la respiración de la casa paterna se confunde a la distancia, los tejidos de duros músculos debilitados, como el canoso buey en el arado, cuando cae la noche ya no brillan dos alas detrás de mí. Durante la fiesta me consumí como una vela, recolectando arriba y abajo mi cera derretida. Y ver en ello un luto por alguien, y así orgullosamente dar la última porción de felicidad, morir brillando y al abrigo de un tejado improvisado. Alumbrando póstumamente como una palabra.

Sucumbe a una desmitificación del misticismo ortodoxo por una práctica más personal pero que conlleva sostener una esperanza en algo mayor. El pensamiento de Tarkovsky parece decirnos que el planeta todavía no tiene las respuestas a ninguna de sus inquisiciones pero la búsqueda continua desde cada yo, en pos del resto. Se siente un estado de desamparo. A pesar de ello se sostiene la fe, porque el hombre no puede más que creer para subsistir o para trascender como ser humano, algo innato, un repetido intento de ir hacia una esencia, reacia a la verdad, pero que se vuelve a intentar a la par sin que cunda necesariamente un final feliz que poco importa frente a la indisoluble necesidad vital.  

La obra cinematográfica del ruso desarrolla teorías y atmósferas individuales, una maqueta del sufrimiento producto de nuestras fallas o de una idiosincrasia inevitable pero también de los otros que nos abandonan o que nos coartan encadenándonos a un sentir. El hombre sufre y quiere separarse de ese sufrimiento. ¿Podrá liberarse? Muchas ideas se pueden desprender de la cosmovisión de Tarkovsky (ganador del título de mejor director en Cannes de 1983 por Nostalgia), el que inspira a cineastas de importante presencia contemporánea como Bela Tarr en The Turin Horse (2011) o a Lars Von Trier en Melancholia (2011) donde vemos que emerge éste filme en sus interesantes propuestas, una prueba más de que su cine como el verdadero arte sigue en pie, es inmortal. Una obra maestra cruda y pesimista pero reticente a dejarse rendir en su espíritu. Un canto de belleza, como toda obra poética.

viernes, 20 de julio de 2012

Identificación de una mujer

Cuando pensamos en el cine nos imaginamos algo para deleitarnos la vista, para entretenernos, pero no únicamente es eso, un filme es también un estudio del ser humano, una puerta a experimentar el saber, un lugar para reflexionar, para lo que en esa búsqueda tenemos directores como el italiano Michelangelo Antonioni. Su alter-ego en éste filme, su penúltimo largometraje de ficción, Niccolo (Tomas Milian), dice no ser un intelectual, pero Antonioni sí lo es y lo utiliza para llevar a cabo una más de sus tesis sobre la incomunicación, la soledad del ser humano y la dificultad de interrelacionarse afectivamente, para ello nuestro protagonista, un cineasta con un filme en proceso, anhela la identificación de su obra con alguna mujer, a la que está queriendo hallar, fusionándose el deseo del hombre y el director personaje con lo que aspira desentrañar la película, un especie de metacine de rasgos autobiográficos con el que podemos auscultar el ideario imaginativo e intimo del director italiano, aunque estemos además frente a la libertad de una expresión artística.

El juego está servido y a su vez nos ofrece un relato en que el amor tiene distintas caras, primero está Mavi y luego Ida (Christine Boisson), la primera de posición opulenta atraída por el intelecto de nuestro protagonista (por su obra) y la segunda más moderna en la de una actriz de teatro seducida por la mutua sensualidad. Es notoria la fijación que ejerce la propuesta por hallar a esa mujer especial o, mejor dicho, a ese otro ser complementario, que rompa con aquella hegemonía pesimista de que venimos a sufrir, aunque Antonioni mediante Niccolo nos diga que la melancolía se presta más a los pensamientos y por ende el creador se mueve mejor como en aquella laguna tan despejada, tan amplia, tan vacía, como el agua que suena a dolor, pidiendo a continuación disculpas y que se da por comprendidas porque la belleza, el amor siempre alberga esa otra cara humana, finalmente es indisoluble.

Las dos mujeres de Niccolo traen ese eje del autor, el conflicto, ninguna lo puede satisfacer emocionalmente por completo, le genera dudas, tensión y decepción, aun teniendo la parte erótica muy despierta, esa fruición sexual. El filme se recrea en mostrarnos cuerpos bien moldeados, desnudos. Esas mujeres son hermosas, las escenas sexuales son abiertas, naturales y a su vez sensuales, pero con una estética que dibuja un buen gusto, sugerente y elegante. Una curiosidad es la bisexualidad de una, aunada a los rasgos algo varoniles, o la melena corta de ambas. Ellas son tan iguales a ese hombre, creando una mayor dificultad en concebir esa unión, ya que son dos gotas del mismo reflejo, en ello tanto hombres como mujeres sufrimos de ese universo del director, no hay diferencia en su cine aunque el título nos remita a una constante, la mujer.

Niccolo luce frío, pero sólo en las palabras, revelándose en su obra alguien perfeccionista encomendado a un arrobo emotivo y a la vera de ello se muestra arrebatado, tanto que llega a intimidar. Luce claramente sensible, según se ve en cada escena contundente, por más que trata de ser fuerte. Las mujeres lo hieren o no lo comprenden, pero también tiene parte de culpa, como con su divorcio, el que señala su hermana fue falla de él, o con Mavi a la que le es un desconocido. Hay relaciones afectivas que dicen te amo o que se entregan al placer, pero que se desvanecen con segundas acciones, con tropiezos, con desconfianza, con la falta de compenetración, contraria a la del ejemplo de los terroristas o al de Ida recordando ese sentido con el hijo a venir, formas distintas bajo la ilusión o el desprendimiento total, a la pareja por antonomasia tan efímera y autodestructiva.

Rememoro ese gran momento de la conversación con el sobrino, con la voz en off, una vez que comprendamos “al sol” ¿qué vendrá después?, no hay más que vivir e intentar que el camino sea más fácil viendo las circunstancias, como la película de ciencia ficción que nunca quiso hacer ni realizó Antonioni y al que sólo le bastó un pedacito de metraje de una nave nacida de un asteroide volando hacia la más grande fuente de calor del universo para develar nuestra idiosincrasia, para conocernos más y el resto es drama e imaginación. No obstante dejando en el trayecto sustancia y emociones como la hermosa toma de Mavi mirando por la ventana a Niccolo en la calle, triste, mientras cada uno sigue un camino propio, semejante a una pintura que nos trasmite una historia, teniendo presente que estamos ante la amenaza de la niebla.

miércoles, 11 de julio de 2012

The Amazing Spider-Man


Si vemos la actual cartelera cinematográfica nacional e internacional resulta ineludible la nueva cinta de Spider-Man, la que convoca mucha presencia en las salas de exhibición, amplias colas y un lleno abrumador digno de la máxima envidia de otras propuestas, agregando el cariño que despierta en el público el personaje del cómic, del que para Marvel es su pieza más popular, ya antes llevado a la pantalla grande en tres oportunidades, en la dirección de Sam Raimi, y a la televisión múltiples veces con lo que reconocerlo y apreciarlo es casi un hecho si se hace un mínimo de mérito creativo siendo una apuesta grande dentro de la industria del séptimo arte.

Si la analizáramos diríamos en palabras directas que ha estado bastante bien para la desconfianza que se temía tras 5 años atrás en que tras la última propuesta disminuyó su éxito en el ecran y sus participantes principales entre protagonistas y director perdieron el entusiasmo. Ésta nueva Spider-Man tiene un perfil bajo o “modesto”, dentro de lo imaginable para una cinta de su envergadura comercial, que le ha jugado en favor, quizás temiendo despertar demasiadas expectativas y rebote contra ésta, sobre todo con lo apabullante que está resultando la proximidad de The Dark Knight Rises y frente a la otra gran producción en el rubro, The Avenger, aun con la distancia afectiva que implica en comparación. Batman en cambio tiene una obligación de agradar mucho mayor y eso -aparte de ser el superhéroe por antonomasia por encima de un Superman perdido en el tiempo pero con una etapa de gloria en la actuación de Christopher Reeve- se debe también a que en manos de Christopher Nolan se ha elevado la profundidad de la propuesta cinematográfica, tarea fácil en comparación a lo que hizo Joel Schumacher destruyendo el alto nivel que implicó lo hecho por Tim Burton y que con Nolan ha llegado al paroxismo. 

Spider-Man llega tranquilamente, casi sin ser competencia y sin ninguna preocupación (afuera, claro, de cara a la percepción de la gente), gracias a la receptividad de las figuras de esa cultura popular global en pantalla grande y a su propia imagen histórica, aunque esperando el espectador un retorno algo distinto, y sucede, entre comillas, ya que el hombre araña se auto-recicla y sale a la carga pero con la misma esencia que ilusionó a los fanáticos en el cine con las dos primeras películas de Raimi y eso quizás porque es inamovible el espíritu del cómic o lo que siempre ha pretendido Stan Lee con éste superhéroe.

Se vuelve a contar la historia del superhéroe arácnido, pero esta vez desde la pérdida de sus padres y su traslado raudo a su nuevo hogar con sus tíos, unos más frescos Sally Field y Martin Sheen en los papeles respectivos de tía May y Tío Ben, dos grandes estrellas del séptimo arte que revisten de nivel a la película, siendo además indispensables en la trama ya que uno inspirará la responsabilidad que el joven superhéroe requiere en su labor y la otra es su vínculo con su sensibilidad y debilidad.

Ésta vez la posta es de Andrew Garfield, el cual logra concebir la juventud que prodiga su director Marc Webb en toda la trama. La filosofía de Stan Lee, el creador del cómic, yace en todo el filme nuevamente pero ésta vez más flagrante aún en la dirección de Webb –un experto en el asunto tras ver su destacada ópera prima (500) days of Summer- con respecto a destacar la edad y el contexto detrás del deber como paladín de la justicia, y aunque ésta apunta notoriamente a un público joven se deja apreciar por un público general dispuesto a disfrutar de una cinta ante todo (únicamente en realidad) entretenida que no pretende nada complejo salvo rodearse de unos toques de identificación existencial bastante básicos pero primordiales en esa primera edad tan conflictiva, el bullying en el centro educativo, el primer amor en la ilusión de la chica perfecta o la adaptación a un espacio social que desprecia o afirma y ubica de forma tajante, agregándole a nuestro protagonista un hogar atípico y un aire independiente y solitario a cuestas.

El rival, algo indispensable para el tipo de película que estamos viendo, fue pensado aquí como algo ante todo superficial en la esencia de las películas de Raimi y los programas de tv. que le han antecedido, es decir todo lo audiovisual que se ha hecho en Spider-Man, a diferencia de Nolan en que el Joker absorbía de la esencia de la anarquía bajo tesis argumental, bastante mejor todavía que lo que aspiraba Ra´s Al Ghul, una limpieza de la iniquidad humana tergiversada de la misma presencia de Batman y mucho más que la propuesta simplista de El hombre araña presente, hacer una raza más fuerte, pero ¿cuál?, de lagartos. No obstante nuevamente hay coherencia en toda la propuesta, recordando que lo que importa aunque no parezca está detrás de la máscara, lo que viene después es el ente puesto en la labor de acatar su responsabilidad entendiendo de que background sucede. 

El doctor sin brazo convertido en lagarto es solo el lógico pretexto para que Spider-Man ejecute su deber, ese recalcar una y otra vez hasta asimilar que ser un superhéroe es asunto de valores y que todos podemos serlo, como cuando el hombre araña le dice al niño que se ponga la máscara, dejando el mensaje de que tú también puedes ser un héroe anónimo. El doctor sin brazo lo caracteriza Rhys Ifans, con quien se apuesta como antes por un secundario no tan conocido, pero interesante en el cine, tal cual lo hiciera Alfred Molina en la mejor película de Spider-Man que se ha hecho hasta la fecha.

Con una misión sencilla de resolver en el guión, la fuerza yace nuevamente en la identificación de la cotidianidad juvenil de Peter Parker, para ello lo acompaña Emma Stone como la otra novia famosa del hombre araña, Gwen Stacy (Mary Jane llegaría después), mención especial y abridora de que se destaquen constantemente las piernas de la espigada actriz a la par de su simpatía. Stone es guapa aun en un tinte extraño a como la solemos ver (pelirroja le queda mucho mejor). Sin embargo lo que más atrae de ella en conjunto es su soltura, esa que nos hace pensar en ese rótulo americano de la chica de al lado, pero, claro, en el fondo, con atributos inigualables (solo es una sensación ficticia), que no choca con un desbordante magnetismo gracias a una estilización proveniente de sus piernas y su altura, la grave sensualidad de la chica hot del instituto, como de un carisma, dulzura y personalidad envidiables, a la que se suma la fuerza que exuda, algo innato en esa seguridad que manifiesta. La química está bastante bien aunque parecen algo comunes en su interrelación, lo que se pude interpretar quizás como una virtud y un gancho típico de cierto cine americano.

Andrew Garfield, el nuevo Spider-Man, luce por su lado una naturalidad para verse entusiasmado que es una parte indisoluble de esa juventud que aborda, como el cambio de un retraído, pero inteligente e idealista muchacho, a un vigilante de la ciudad. Éste Peter no es un nerd, como el de Raimi; al inicio se ve un poco en el maltrato escolar, pero apenas, porque luego hasta se venga de una golpiza, una que enfrenta valientemente al saber que va a perder. Aquello yace sugerido más bajo un modernismo, que lo alcanza a él también, en donde dan a entender que ya no vende la figura medio bobalicona que aparecía más palpable en Tobey Maguire. Sobre todo con semejante contexto, alguien capaz de surcar el cielo desde lo alto de los rascacielos. En Garfield se mezcla la inocencia con la picardía y audacia (bromea con un ladrón y hasta con la policía), y eso es parte de Webb, que se lo adhiere a la personalidad del personaje, como quien estuviera en medio del desarrollo mental, pudiendo ser infantil y rebelde (monta skateboard), compaginado perfectamente con esa mirada del encumbramiento que tiene en ciernes, para cumplir con “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, que dice la frase acuñada por Stan Lee, trasmitida del Tío Ben a Peter.

No puede pasar desapercibida una mención especial al actor Denis Leary, la verdadera novedad del filme, con una estupenda actuación, para quien suscribe la mejor del grupo, éste hombre maneja el sarcasmo como pocos y aunque su papel es menor en la interpretación del padre de Gwen y jefe de la policía pone fuerza en atrapar a Spider-Man y en ayudarlo sin generar incongruencia.

Si hay algo a resaltar de Spider-Man es su frescura; se repite mucho lo ya contado y el enemigo es plano, muy funcional, pero llega rápido el mensaje en un buen empaque, y el ritmo es entretenido. Lo que me parece tremenda falla es la escena del desencadenante de una muerte principal, que parece el comercial de alguna zapatilla para chiquillos "audaces". El 3D más es adorno en todo el filme, a uno le es indiferente a pesar de su presencia atípica, salvo cuando Spider-Man echa a volar y podemos coger algo de esa magia, de esa aventura, sintiendo ese vértigo y agilidad especial. Spider-Man no es en su mayoría novedosa pero sí muy divertida y cool, como dirían los norteamericanos, sin que sea reto para el esperado Batman de Christopher Nolan. Se vislumbra una segunda parte en el desarrollo de la muerte de los padres de Peter: ¡Que venga!

viernes, 6 de julio de 2012

Eva


Una película muy novedosa en el cine español es la presente dirigida por el catalán Kike Maíllo siendo su primer largometraje cinematográfico y que ya ha cosechado tres premios Goya éste 2012 por director novel, efectos especiales y actor de reparto para Lluís Homar. La gran curiosidad es que es una cinta de ciencia ficción, una rara avis en el mundo hispano que conlleva una muy buena estética dentro de una discreta trama de amor de dos hermanos por la misma mujer, la esposa de uno de ellos que fue pareja del que ahora es su cuñado pero que la abandonó hace diez años por motivos desconocidos para el espectador y es que el relato guarda mucho misterio deparando una sorpresa final.

En una ciudad invernal donde la robótica es habitual entre los humanos, el inventor Alex Garel (Daniel Bruhl) tiene la encomienda de crear las emociones de un nuevo prototipo, él encuentra como inspiración a una niña locuaz y extrovertida, su sobrina Eva, hija de su cuñada Lana (Marta Etura), con la que sostendrá un vinculo especial.

El pasado es enigmático en el filme –algo que solo podremos imaginar si bien hay sugerencias, debido a la sencillez de la historia- pero parece vital en la tensión del presente y en medio de relaciones afectivas secretas; la trama se mueve bajo silencios entre los vínculos fraternos y en relación a la familia del hermano menor, David Garel (Alberto Ammann), mientras se nos presenta la cotidianidad de la vida de Alex en su regreso a la ciudad ficticia de Santa Irene, un lugar que tiene vehículos actuales a nuestra era y modelos antiguos, una infraestructura común hasta con óxido y deterioro, siendo nada futurista, lo que solo nos deja de extraordinario las máquinas y los robots avanzados de distinta forma que yacen adaptados a nuestro mundo.  

Alex tiene un gato mecánico que imita uno verdadero y que está libre de órdenes, un artefacto visual que sobresale de la realización, también un amo de llaves, el sentimental Max, Lluís Homar en una actuación entre creíble con algunos movimientos y otros tantos que no lo desligan de su persona, le brillan los ojos y tiene el pelo engominado, es algo rígido, intenta ser verídico y a ratos lo aceptamos, sin embargo se hace muy complicado lograrlo durante todo el metraje, la idea es atrevida pero el resultado casi imposible, algo tibio para caliente –no perfecto pero encomiable- para ser razonables.

No hay mucho que contar porque más parece un ejercicio de cine de ciencia ficción y no una película dispuesta a narrarnos algo importante (no lo logra en ninguno de sus intentos, ni siquiera con Eva o el invento en ciernes), donde priman algunos objetos mecánicos, la fotografía de paisajes nevados o la manipulación en el aire de la bella composición cerebral de un autómata, unos efectos especiales a destacar un poco pero nada aún siquiera como se hace en Hollywood al servicio de lo comercial. Resulta casi inexistente la formación de algún contexto o es bastante escueto, lo hay pero éste se mueve muy lento y básico.

Resalta el encanto de la niña Claudia Vega a la que creemos buena fuente de inspiración como se le atribuye, el encanto de Marta Etura, alguien de quien es fácil enamorarse por su carisma y belleza, y un muy entregado meditabundo, sereno y seguro de sí Daniel Bruhl.

Estamos frente a un filme que no se aleja mucho del presente aunque está adelantado, nos muestra como conviven autómatas con seres humanos, de la mano de relaciones afectivas deficientes o en evolución se nos circunscribe a familiarizarnos con la robótica, se ha diseñado un argumento de su composición mental, vemos a Max en la práctica y en sí hay un imaginario al respecto que aprovechar en el ecran, no obstante el prólogo parece anhelar sin éxito suplir un vacío, ¿qué pasa en dicho contexto inicial?, el desmayo de una niña y una caída al abismo, hay una consciencia de llenar la historia, ahí solo queda conocer las razones y el desenlace vuela sin entusiasmo desfalleciendo en el lugar común y en lo que se vislumbra claramente, a favor está que tiene una estructura coherente y bien relacionada.

Peleas familiares por un tercero en discordia tratados sin aportar nada nuevo no son un pretexto para fabricar un filme memorable. El futuro queda como algo secundario bajo algo inferior e insustancial si se quiere apreciar bajo ese drama. Eva (2011) más será recordada por ser una de las primeras hazañas en España de hacer un sci fi y visto bien Roma no se construyó en un solo día, tiene mérito desde luego.

miércoles, 4 de julio de 2012

Mientras duermes


Proviene del director de Rec (2007), famoso filme español de terror que se adscribe a la cámara en mano imitando un documental, denominado mockumentary o falso documental. Le pertenece a Jaume Balagueró, que ésta vez nos pone en pantalla a un hombre que no puede conseguir sentirse feliz. Deprimido y proclive al suicidio decide hacerle la vida miserable a una chica que vive en el edificio en donde trabaja de portero. Lo hace a escondidas con el más horrible afecto a esperar destruirla.

La tensión es de una notable capacidad creativa. El susodicho llamado César (Luis Tosar) suele esconderse bajo la cama y esperar ahí a su víctima, con lo que se fabrica siempre un riesgo y una continua sorpresa en ese movimiento. En un momento  producto de ello se da uno de los mejores clímax del filme. Sólo una niña sabe que éste trama algo contra la vecina, la bella y sonriente Clara (Marta Etura); pequeña que luego de una magnífica actitud de malacrianza y picardía detrás de algunos chantajes no logra verse convincente como actriz una vez que siente el pavor de verse afectada por ese trastornado que llena un apartamento de cucarachas en busca de sentir satisfacción con el dolor ajeno, como forma de sentir que no es el único negado de la alegría por la vida. El malsano sujeto tiene una confidente que es su madre, una anciana postrada en una cama de hospital que escucha constreñida como su vástago trama las torturas contra una pobre chica que no ha hecho otra incitación que tener la mala suerte de haberse cruzado en su camino.

Luis Tosar nos proporciona una cara productiva de la perversidad en su detestable personaje y aunque logra atrapar la sustancia de éste, pesa sobre él algo de la fama que le atribuye una nutrida filmografía, a ratos cuesta desligarlo de una imagen menos cruel, sin embargo mantiene en general un equilibrio en todo el metraje sosteniendo los actos de iniquidad que son el reflejo de un alma vacía. El filme juega limpio, es muy transparente y hasta simple; ella es la inocencia y la felicidad; él, el odio y la venganza gratuita, la realización en doblegar el optimismo y la buena fe del prójimo.

Balagueró recurre a figuras concretas que focalizan ambas esencias antagonistas, Cesar subido en el filo de la azotea monologando deprimido su situación emocional; Clara bailando libre y entusiasta misma Tom Cruise en Ricky Business (1983). Puesto con claridad el contraste a la vera del punto de inflexión que de arranque nos fabrica el relato, el desarrollo es cabal con el leitmotiv de la película. Aplastarla hasta llevarla a su propio estado de ánimo es la misión que se ha propuesto ese solitario y mediocre portero que mueve los hilos de un castigo perverso, con lo que se desencadena el terror realista que nos ofrece el cineasta catalán, decidido a darle verosimilitud a su obra, sea haciendo presencia la policía o cuando alguien descubre al culpable de tanto percance qué padece Clara. No obstante la reiteración, la convicción y el éxito nos remiten a algo fantasioso, que como divertimento hace maestría, desinteresado de tomarse demasiado en serio, como con algunos sonidos fuera de contexto, algo humorísticos para la vejación que se nos narra a flor de sentirnos culpables de alguna vez haber deseado el mal a aquellos seres humanos que tachamos de irreparablemente excepcionales para contener la buena voluntad, la afabilidad y el optimismo.

En parte duele el sufrimiento y la maldad de donde viene pero también se hace algo superfluo, con cierta falta de empatía para con el espectador. La saña no está edulcorada sea para bien o para mal. Aunque hay una notoria fuente de conmiseración hay algo de justificación en Cesar, punto a favor y necesario del filme. Los gritos desesperados en la ducha algo merman su arbitrario proceder, si bien a fin de cuentas termina siendo algo caricaturesco, pero tampoco el formato lo desvirtúa sino lo hace encajar, funciona. Es un filme con aire ligero, despreocupado, accesible y no por ello reprobable, porque juega bien sus fichas y se hace ágil y entretenido, algo irónico pero real con la magia del séptimo arte que a veces nos acerca y a veces nos distancia, aquí lo vemos de lejos como con esa carta conclusión ya exagerada, la marca de un cuento cruel que nos remite a una metáfora de tener los ojos cerrados con algunos malvados que se mueven como reza el título mientras dormimos, una sacada de vuelta a esa frase de poner la otra mejilla, de no ver y no hacer. Se puede amar lo que se odia nos dice la película, a un caso y en el otro esa es la única salida que encuentran Cesar y Clara.

lunes, 25 de junio de 2012

No habrá paz para los malvados


La gran ganadora de los Goya 2012 fue el presente filme que se llevó 6 efigies de bronce del mítico pintor español, en los apartados más importantes como actor principal, guión original, película y director, dentro de 14 nominaciones. El director es Enrique Urbizu que ha sabido hacer una realización entretenida de buenos momentos de acción y continua persecución.  De arranque el escenario está dispuesto pero pronto invoca un giro tras otro, seguridad que denota convicción y se maneja bien en las distintas sub-tramas interrelacionadas.

El cineasta vasco que además es co-guionista del filme, junto con el francés Michel Gaztambide en su tercera intervención mutua, ha enredado un poco la trama –para bien en cuanto a que con ello ha creado un filme intenso del que no se siente el tiempo, y complejo en apariencia, con hartos vaivenes y actividades criminales del jefe, ambiguo y oscuro, y los villanos- metiendo musulmanes radicales con narcotraficantes colombianos con lo que saltándonos cierta ausencia  de necesidad de claridad detallista ha sabido darle suspenso y prolongación justificada a su obra, a lo que en resumidas cuentas se ha podido –y dice más, y más rápido- reducir a esa doble interrogante puntual que ha tenido la buena disposición de facilitarle al espectador.  La fiscal Chacón, bella española de mirada firme y rostro frío, su sonrisa más bien nos saca de cuadro (véase cuando habla por teléfono con su hijo), apunta a su detenido, el policía de secuestros Santos Trinidad (José Coronado) y nos lo resuelve todo de golpe.

El título es sumamente preciso que nos hace entender el conjunto una vez que nos percatamos de qué condiciona al ex -comando antinarcóticos destinado anteriormente a la embajada española en Colombia; unimos cabos y listo, todo está resuelto, ya tenemos el leitmotiv de la película, algo que a alguien como Sylvester Stallone dicen le ha entusiasmado mucho con lo que pretende llevar a cabo el remake americano. Imagino lastimosamente desalentado la debacle al manipular una figura central que está en el limbo en cuanto a bandos y aceptación del público, puedo anteceder que se maquillará la brutalidad, los detonantes y el background de nuestro protagónico, auguro una total mutilación salvo que se quiera transformar el perenne estereotipo que impone una superstar del Hollywood más comercial,  lo que resta dejando en pie el misterio que no creo suficiente ya que se resuelve a medio camino, inteligentemente porque hay una segunda cara que potencia lo anterior.

Es un filme europeo muy acorde con esa libertad que ofrece no contar con actores más importantes que el relato en sí, excusando solo el atrevimiento de aquellos interpretes que buscan los papeles más ricos que se pueden abordar en el séptimo arte, esos que no temen volarle la cabeza a un ser humano mientras corre desarmado para salvarse de la muerte o ese que es apuñalado como un perro callejero, un mortal que no tiene estrella ni encanto, un antihéroe salvaje que calculador sí, frío también y bien entrenado además, no tiene amigos ni ética policial o moral pero si un plan personal capaz de burlar a todos a su alrededor y acabar así con sus blancos, ocultos en negocios sucios, coludidos con narcos, regentando clubs nocturnos, poniendo bombas o comerciando con drogas.

Visto atentamente estamos ante una sacada de vuelta de un arquetipo cultural, el personaje de Santos Trinidad deja una esencia audaz y desmitificadora, para lo que un aire explicito y la necesidad de violencia mismo gore se hacen indispensables. A último momento poco importa quién tiene la razón, quizás nadie, que no sea la de la bella toma en la silla y la pistola flotando sobre algún dedo. 

El filme es un Imperfecto mecanismo sabroso que prolonga la trama sin repetirse y dando escarceos, tensión bien movilizada, aunque haya algunos ratos sobrantes de parte de las pesquisas de la fiscal, una antagonista interesante a un rival mucho mejor que se pasa por encima las pruebas que nos lo describen y entregan como en una escena cómplice de Hitchcock con el público; un asesino que brilla más que cualquiera y con abundante realismo.

miércoles, 20 de junio de 2012

Prometheus

La nueva cinta de Ridley Scott ha sido uno de los estrenos más esperados del año, llevaba una buena publicidad que logró acaparar la atención, el cineasta inglés decía que iba a ser algo nuevo y que abordaría una de las grandes búsquedas de la humanidad. Ha sido verdad pero también son promesas incompletas las del director de las legendarias Alien (1979) y Blade Runner (1982), que lo sindican como un maestro del sci fi aunque algo dormido tras estos éxitos.

Nos dio algo reciente aunque tampoco demasiado novedoso que nos remite a una etapa anterior a la del octavo pasajero tocando sutilmente los antecedentes del monstruo alienígena. No resolvió mucho en lo central -a lo que nos dispuso- ni tanteando ni presentado ninguna hipótesis en la trama. Lo que sí logró es mantener la tensión en la primera parte del filme en que nos hallamos en un planeta desconocido que ha enviado señales que pueden responder a la grandes preguntas de para qué existimos, de dónde venimos y hacia dónde vamos, conociendo a nuestros creadores. En la cinta, denominados como los ingenieros.

La trama remite al descenso de un espacio extraño que pronto empieza a ser un lugar temible y amenazador para la que se considera una expedición pacífica de reconocimiento e investigación financiada con capitales privados de un mecenas que acaba de morir, Peter Weyland (Guy Pearce, irreconocible bajo tanto maquillaje, una figura visualmente recargada y de aspecto falso) que dejó todo a cargo de la dura y absorbente Meredith Vickers (Charlize Theron) junto con su sirviente el autómata David (Michael Fassbender), una vez que quedó fascinado con las teorías de una pareja de científicos, Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) y Charlie Holloway (Logan Marshall Green, actor americano poco conocido que predomina en la primera parte de la realización).

El filme es atractivo en cuanto a la curiosidad que va despertando, desarrollado con mucha inteligencia y que denota obvia experiencia del director que pone cada encuentro como si de una clase de arqueología espacial se tratara. La cueva en la que se introducen es misteriosa y tiene elementos que van entendiéndose, generando dudas, emociones, desencadenando circunstancias que van poniendo la nota de terror fantástico en el ambiente y anticipan un clímax que nos llevará a un desenlace céntrico y reparador si bien se compone de varios ratos de estupefacción o lucha que lleva un ritmo constante de sacar una novedad más cada cierto tiempo que inevitablemente u adrede va bajo lo que hila/oculta el mundo de Alien repitiendo ideas muy bien tratadas, una autopsia, una inoculación y un space killer. Éste último es el trasunto o germen que da base y sentido a lo que estamos presenciando.

Vuelven las constantes de Scott como en la mayoría de autores que llevan una cosmovisión única procesada, una marca de casa, y en realidad ya de todos en el género del horror mezclado con la ciencia ficción, pero agregando a ésta realización algunas razones filosóficas y literarias, preguntas sobre todo, que quedan rondando por debajo de la acción que lo aborda todo a manera de imán para el espectador, aunque solo se atreve ante la particular interrogante de ¿por qué nos odian? en el enfrentamiento de los padres con los hijos y en relación a la motivación de los actos de ambos, una audacia del cineasta británico en otro nivel que se plantea interesante en la convivencia social e incluso del arte. 

Yendo al meollo del asunto, lo que compete al filme, se pueden hallar contundentes respuestas entorno a ésta inquietud desconcertante y es que parte del secreto de la expedición justifica ese deseo de aniquilación, el ser humano es tantas veces un monstruo al que no le importa nada si tiene algo que quiere. No solo eso, sino porque puede, se adapta fácilmente de uno de los diálogos de David con un desenfadado Holloway que habla con toda franqueza y sencillez cuando el robot hace una comparación entre a que se debe su invención y la del hombre. También principalmente porque la humanidad busca ser su propio dios como en la mitología griega en que el titán Prometeo buscaba equiparar a los hombres con Zeus a quien engañó en varias oportunidades como en el robo del fuego que es como entregar la sabiduría ancestral al control humano, y que es el nombre de la nave espacial que articula el periplo de la aventura.

Un holograma es el disparador oficial de lo que se viene y se van dando descubrimientos, superficiales pero atrayentes que van creando un contexto que empieza a agregar datos que vamos hilando sobre qué pasa en éste lugar que esconde secretos que pueden ocasionar la destrucción de nuestro planeta. Algo se agazapa en la oscuridad y estamos por conocerlo. Las expectativas van disminuyendo a medida que evoluciona el metraje. Más es meterse en sucesos que sólo distraen, perdiéndose ese especial entusiasmo por algo interesantemente oscuro en pos de ser develado, que antecedía como promesa. Vemos esas cápsulas que nos recuerdan a la incubación del alien pero efectivamente se van dando otras “novedades” pero pequeñas, relativamente repetidas, muy acordes con disponerse para un videojuego, lo cual igual está perfecto porque es un filme entretenido, despierto.

Rapace es nuestra actual Ripley que es menos combativa pero aún eficiente. Destila una cierta sensibilidad y delicadeza aunque puede ser fuerte. Debe serlo, ya que es básico en su interpretación que de no ser así no la hubieran escogido. No es tan carismática e impresionante como la caracterización de Sigourney Weaver pero termina funcionando. La mejor de sus intervenciones se da cuando se auto-practica una cirugía que junto con la inmolación del capitán y algunos tripulantes destaca de lo que vemos en la película, generando adrenalina en la primera tanto como épica emoción en la segunda que es lo antagónico de una secuencia en que una transformación crea un ataque frontal a poco de una rociada salvaje de fuego con un lanzallamas. Ésta parte del filme aunque encaja parece estar demás siendo la mala resolución de una expectativa. La actriz sueca contrasta para bien entre lucir pequeña y normal con la actividad a la que debe acometer. Cuando dice ya no puedo más se hace muy verosímil. Da la sensación de estar enfrentando algo muy superior y eso agrega porque sobredimensiona lo que hay, sin increíblemente ser incoherente al resolverlo (punto a favor que ayuda al mismo Scott en cuanto a los rivales).  

Theron, ésta vez, luce en cierto grado forzada para dar la cara de una mujer fría que quiere subyugar al grupo. Esto quizás porque se le quiere en el guion de intrascendente y esquemática siendo muy propio su valor de ese final de para que no moleste más. Fassbender es el personaje más rico del conjunto y el otro sostén de la película. Sobresale en su actuación, sin tampoco reventarle bombos y platillos. Consigue dar la talla como protagonista (quien pasa por indispensable), gracias a que se le emplea como el que se mueve en las sombras y va generando el movimiento que requiere el filme. A un plano el planeta y su enigma; al lado el autómata.

Prometheus respeta el legado de sus predecesoras, razonablemente porque Alien es una obra maestra y el concepto que reúne las cuatro son palabras mayores. No obstante puede verse como algo independiente siendo un filme menor dentro del sci fi, o ser encuadrada como un complemento de la saga ganando la eternidad para los fanáticos. Un quinteto entonces. Que así sea.

viernes, 15 de junio de 2012

Blackthorn


Un filme que compitió por varios puestos en los últimos Premios Goya, un western que imagina al bandolero legendario Butch Cassidy aún con vida escondido ya viejo bajo otro nombre en Bolivia. Dirige el cineasta español Mateo Gil en su segundo largometraje de ficción, quien cuenta con el prestigio de haber sido el guionista en toda la destacada filmografía de su compatriota Alejandro Amenábar (menos en Los Otros, una producción cinematográfica de sociedad americana), haber ganado 3 Goyas por dicha labor y uno por un corto de su autoría. La película que tratamos ganó 4 efigies de Goya de 11 nominaciones.

Tenemos a Sam Shepard fungiendo de Cassidy, al que lo reviste de nobleza más no de salvajismo, sobrellevando una amigable figura que se aproxima al espectador como uno de esos héroes característicos de los western, sin embargo se ha de resaltar que la película no busca ser la típica historia del oeste aunque claramente cubre toda forma esencial, se adscribe tranquilamente a su idiosincrasia pero trae una más exigente perspectiva, una audaz que no crea combativos antagonistas ni retos de mayor velocidad con el arma, sino que nos pone una inteligente historia que es más una sorpresa final, digna de un alegato de honor y honradez, la última aventura de un forajido amigo del pueblo y que avejentado aun guarda algo de fiereza pero no impresionante sino más clásica del que se arriesga a flirtear nuevamente con la ley del más fuerte pero en otra categoría, una de supervivencia ante la juventud de sus enemigos, de preferir la huida al choque, de hacerse con un dinero para cumplir metas, en Cassidy es viajar a Estados Unidos a ver a su sobrino e hijo de su entrañable amigo Sundance.

El contexto es que un ingeniero y también cowboy de origen hispano roba un dinero a unos propietarios de una mina y al estar indefenso –sin caballo y deshidratado a puertas de la muerte- perseguido en el páramo boliviano trata de sacar ventaja de James Blackthorn, el actual sobrenombre de Butch Cassidy, un asunto lleva a otro e inmediatamente (un pequeño defecto es ese desarrollo tan raudo) se vuelven socios decidiéndose a ayudarse mutuamente a favor de disfrutar de ese magnífico hurto multimillonario, para lo que antes deben escapar de quienes esperan recuperar lo que se han llevado. Un punto resaltante de la trama es que no son tan importantes los que vienen detrás (no físicamente, pero sí en otro nivel mental), aunque hay un intercambio de fuego, que no es tan convincente. Un acuchillamiento luce como una clase de efectos especiales de cine barato y no solo eso sino la escena en mención la hemos visto incontables veces en la gran pantalla. No obstante la toma de Blackthorn empuñando su rifle con el fondo del paisaje desértico bien hace gala de esos dos merecidos premios de fotografía y dirección artística que obtuvo el filme en los Goya.

Las dos escenas de violencia de la realización resultan trascendentes e ingeniosas dentro del entendimiento de la historia pero no visualmente, no es un western que valga por su intensidad escénica –no hay emociones viscerales sobresalientes de orden primario pero excitantes- aunque lo intenta de cierta forma, quizás por cumplir o, mejor dicho, es así para darse mayor alcance conceptual y bajo esas características es loable porque funciona, y es que cierra perfectamente el círculo con una muy clara realización propia de alguien muy racional.

Cada personaje juega un papel decisivo, Eduardo Apodaca, el guapo y popular algo infravalorado Eduardo Noriega, es compañero y reverso del principal en las correrías; Yana, la peruana Magaly Solier que apenas sale pone la nota sentimental y autóctona que ayuda a la imagen del gringo comprometido con Bolivia (un gusto ver hablar español a un anglosajón además), y por último está Mackinley (Stephen Rea), el oficial de la ley americana que sirve de llamado de atención a Cassidy.

Otra parte del formato cinematográfico presente es el del pasado, bajo flashbacks donde están tres actores internacionales que son categorizados en el séptimo arte como por lo general secundarios con alguna cinta interesante, el danés Nikolaj Coster Waldau y los irlandeses Padraic Delaney y Dominique McElligott, los jóvenes Cassidy, Sundance y su mujer Etta respectivamente, algo que nos recuerda quien es realmente Blackthorn, el relieve de la historia, de lo contrario se reduce a algo inferior, aunque la personalidad de éste se hace en el filme y en el trance de la última aventura. Lo vemos a Cassidy cantando por buen rato bajo la voz en off en plena cabalgata distante o siendo dulce en una carta para su sobrino. Pero fuera de ser recuerdos necesarios solo sirven de aporte correcto, no generan nada de mucho valor agregado a lo histórico en el ecran siendo algo funcional, casi podrían pasar desapercibidos. Tampoco los rostros se nos dibujan muy bien aunque den la nota curiosa, hay un tono humilde en general, aunque Rea haga de borracho que es algo que se pega a la memoria.

Ésta nueva película de Butch Cassidy transmutada a un tipo autodenominado Blackthorn, nombre que se aplica en la traducción debido a una vida difícil, se ciñe a la característica de que era el cerebro de su banda, o en los atracos con Sundance. Más que de rápido gatillo solía aplicar la inteligencia y sobre esto versa el concepto total de la realización.

lunes, 11 de junio de 2012

Arrugas


Me aboco a una novela gráfica llevada al cine, ganadora de los Goya 2012 por animación y guión adaptado, perteneciente a Paco Roca, dirigida por Ignacio Ferreras. Es la historia de Emilio que llega a un asilo de ancianos, con posibles problemas mentales, y empieza su nueva vida  como en un primer día de clases, pero temiendo ser llevado al piso de arriba donde están los viejos de avanzada enfermedad, un especie de limbo del olvido y la indiferencia, situación que está muy próxima ya que tiene Alzheimer. Conoce a Miguel, un avispado y aprovechado anciano de origen argentino con quien estrechará fuertes vínculos de amistad. La trama vuela sobre estas dos personalidades, una disciplinada existencia menoscabada por los cambios de la edad y otra robusta, desconfiada y a la defensiva.

Desconcierta la situación de Emilio y la del instituto en general, que no se trata de maltrato, ser viejo se convierte en un lugar que se describe en el mundo de la decrepitud solo para comer, dormir y cagar, una monótona falta de intensidad que los recluye en medio de la nada, aunque en el interior muchos guarden el deseo de sentir emociones, de seguir conteniendo vivencias como nadar en una piscina servida solo de ornamento o salir a pasear en auto a la calle cuando no hay permiso, simplezas que se hacen añoradas encerrados tras cuatro paredes cargando sus deficiencias, su taras y su decaimiento físico como mental. Sin embargo afligidos por la impotencia de lo inevitable aspirando a ejercer alguna libertad o recubiertos de sueños e imaginación como la mujer que cree estar en el expreso de oriente, nos dan un llamado de atención; dedicado a los ancianos de hoy, a los de mañana, es decir, a todos nosotros, que pasaremos por ésta etapa.

Emilio influirá con su caso y amistad en Miguel dándole una visión más humana, despertando el compañerismo y la ayuda del prójimo, un ver por los demás a los que se les deja de lado, en la trama a todas esas personas que atraviesan el difícil trance de la vejez, repitiendo mecánicamente lo que dicen los demás, temiendo ser secuestrados por los extraterrestres, creyéndose en un tren de primera clase, solitarios sintiéndose una carga, no sabiendo cuidar a un perro pero queriendo tener alguno, perdiéndose en la enfermedad, en la ausencia de cuidados personalizados más que de trabajo, de cariño que necesitan, como en el ejemplo de la mujer que atiende a su esposo con Alzheimer extendido que parece no reconocer a nadie pero ella lo protege y le ama sin importarle lo que diga la ciencia.  

Es un golpe realista el que presenciamos en el filme, una historieta que no vale tanto por sus ilustraciones en pantalla, que son correctas, pero bastante llanas en cuanto a arte, poco modernas y con un color opaco, pegadas a asumir el relato más que todo y ahí yace su poder, porque lo que se nos cuenta es importante, descrito desde la anécdota pero ejemplificado con inteligencia para notar que el final de nuestros días no puede ser tan cruel, que el pasado -viendo los flashbacks- merece una retribución y continuidad, que no se debe temer envejecer ni caer en un aislamiento feroz sino como en el desenlace tener y crear esperanza, un ambiente de amor y compartir, para lo que se necesita entrega e identificación, algo coherente ya que efectivamente seremos todos viejos en algún momento. Además, porque el filme duele, porque no podemos ser tratados así, con desdén u solo obligación, ni comportarnos como Miguel, decepcionados del mundo y nuestra humanidad; la vejez no debe seguir sus palabras, no puede ser tan desastrosa ni injusta tras una  larga memoria familiar, experiencia vivencial y tanto trabajo sino una nueva realidad que confía, que apoya, que aligera, que facilita sueños todavía, que aspira también a la felicidad.

El filme es muy rico en reflexión con un acento ligero y un poco dramático que se remilga en varias oportunidades, pero sin caer en la vacuidad o en el efectismo que malogre la idea central, siendo aunque algo falto de creatividad en ese aspecto, necesario para invocar ese dolor existencial de la edad, ese decaimiento y esa soledad, teniendo algunos momentos no del todo convincentes por verse notoriamente sentimentales pero que en conjunto y en esencia llegan a puerto, la superficie sirve también a pesar de ese cierto aire flagrante porque se entiende algo más aún en su forma más directa; conmueve el espíritu taciturno de un Emilio desorientado, y es por eso que Miguel en  contraposición, un hombre fuerte y que no queda en la sola emotividad sino en la acción, surge como vehículo de cambios, decidiéndose a solventar el compañerismo y la fe, pero previamente necesitando de ese intercambio que le proporciona un entristecido Emilio, que va hacia el abismo, fabricando con su nobleza y su sufrimiento una enseñanza que no solo quiere trasmitir llanto al espectador sino una salida.   

Es un filme convencional, pero muy bien desarrollado, maduro en la temática que trata y en sus discretos dibujos, suave a fin de cuentas en cuanto a su tono a pesar de que llega  a cumplir su misión que es sensibilizarnos y abrirnos los ojos. Su visualidad resulta afable, familiar y es que opta por ser una animación diáfana, accesible, que pone sus cartas sobre el fondo, repitiendo el mensaje hasta hacerlo muy concreto, creando una atmósfera dura pero no definitiva, que tiene sus bocanadas de oxígeno y quiere volverlas predominantes por encima de ese dolor inevitable al que se enfrenta, poniendo antagonistas que son complementarios, recurriendo a una sustancia, la amistad y el vínculo afectivo que nace de ello, una levantada de oreja no sólo para hijos o nietos sino para cada ser humano que comprenda que no es únicamente una obra de ficción sino una sugerencia y un acercamiento a nosotros mismos, con características que juegan a favor porque aun –o quizás por eso- escogiendo una voz menos oscura llega con éxito a su meta: nuestro corazón. 

lunes, 4 de junio de 2012

Alois Nebel


Muchos analistas y críticos daban como elección fija a éste filme de animación para las cinco candidatas a los Oscars 2012, sin embargo el primer largometraje de Tomás Lunák se quedó fuera; una realización de apariencia compleja pero que se resume en un motivo sencillo, la venganza, tras la muerte y el abuso para con los alemanes tras la segunda guerra mundial en Polonia.

Nos instauraremos en el constante recuerdo de nuestro protagónico, Alois Nebel, un maquinista solitario y taciturno, que nos develará la relación que lo vincula con un tipo misterioso conocido como el mudo, en el contexto subordinado al control ruso, a la vez que busca entablar una relación afectiva con una viuda de la estación en que trabaja.

No parece una historia muy atrapante poniéndolo en términos específicos pero éste filme proveniente de República Checa cuenta con la técnica de rotoscopiado que se basa en animación sobre actuaciones reales, lo cual le da a las ilustraciones un cariz muy realista notando que los movimientos se revisten de grave autenticidad.  Además se perenniza en blanco y negro dándole un sentimiento muy acorde con la dureza del medio; lleva una frialdad que envuelve el producto de una madurez conceptual muy digna del arte de la novela gráfica que está destinada a un público exigente y adulto.  Se basa en la obra del checo Jaroslav Rudis.

Vemos que la creatividad de la novela gráfica se adapta muy bien al séptimo arte como un storyboard o guión visual y no sorprende ver la naturalidad de su éxito. Es en pocas palabras dar motricidad a lo que ya tiene forma pero no es nada espectacular sino sosegado como una historia que quiere ser también intelectual y no solo entretenimiento.

Otro detalle para tener en cuenta es que estamos ante una trama muy breve en cuanto a explicaciones necesitando agarrar  cada información destinada en un punto sino no llegaremos a comprender el conjunto, hay una sensación de ambigüedad y vacío que reviste los dibujos de un semblante oscuro pero cumple si prestamos atención como detrás de una investigación que requiere sagacidad. No admite distracción pero tampoco hay que dejarse impresionar por la intención sino regodearnos en su pretensión de dar un producto de calidad haciendo más arduo el comprender –el sabor de un poco de esfuerzo- pero no cae en la incoherencia o en la ausencia de respuestas centrales.

Entendida la idea de convertir el filme en algo difícil para el espectador, creando un engrandecimiento de lo que podría ser menor y básico, para lo que las imágenes se vuelven importantes para crear no solo una atmósfera sino prolongar sin redundar y dar el aspecto de estar necesitando saber más, se dosifica y se distribuye una estructura que implica diferentes tiempos en juego que giran en torno  a Nebel que vive en el misterio a pesar de ser un ente pasivo, débil, primario que está atado a un suceso de su niñez. Un hombre mayor que representa tópicamente alguien bondadoso pero incapaz de generar nada.

Estamos sometidos al invierno, a los trenes, a un régimen militar y en esos tres cuadrantes atendemos a la personalidad y existencia de un maquinista que vuelve a su memoria. Lleva el filme una sugerencia interpretativa que viene de una cierta filosofía de elipsis. El hombre del tatuaje en la mano se pliega al odio, al amor, a ambos y tiene remordimientos. Existe una división entre los que se cubren la espalda y los que no ven nacionalidades aun siendo de la misma “familia”. Nebel tiene consciencia aunque sin atenerse a consecuencias ya que solo rueda sea hacia el sanatorio mental, su puesto de trabajo o hacia dormir en una banca, empero oculta una postura, es un antihéroe sin carisma, un pobre diablo a fin de cuentas que solo se permite una libertad callando y mirando, incluso atisba la muerte con resignación, solo el amor lo llena finalmente de resolución.

Una historia seca y lúgubre en todo aspecto que lleva un continuo flashback que de a pocos lo completamos, la niebla, la estación del tren, una mujer con un bebe en brazos, un asesinato y el olvido que no llega salvo con la muerte cerrando el círculo. Una próspera manera de contar exprimiendo y repartiendo algo pequeño en un síntoma de alucinaciones y la expectativa de querer resolver las pistas que se van otorgando.