lunes, 12 de septiembre de 2011

Medianoche en Paris

En abierto homenaje a la ciudad de la luz, Woody Allen vuelve con una película que hace uso de la nostalgia pero que yace con el claro mensaje de aprovechar más nuestro presente y dejar de añorar otras épocas aludiendo mejores tiempos porque es natural que el ser humano se sienta descontento con su propia realidad, por ello revitaliza nuestra visión contemporánea tras viajar hacia el pasado en la que sería la era dorada del arte para nuestro personaje principal.

En ese retorno al pretérito francés, Gil, el actor cómico Owen Wilson, a punto de casarse se halla en medio del que sería su lugar idealizado encontrando que es su espacio de regocijo emocional, mientras trata de escribir una novela en una trasformación vertiginosa que aspira a una realización vocacional y existencial, queriendo dejar su vida como guionista destacado de Hollywood. Su novia Inez, Rachel McAdams, frívola y segura de sí, tan solo espera volver a su patria y a su acomodada existencia placentera, a contraposición de su pareja.

De regreso a los años veinte en el París de la bohemia, de la erudición y de la exaltación estética, conocerá a personajes célebres como Ernest Hemingway, Francis Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Henry Matisse entre otros, cada uno caricaturizados de alguna manera en sus rasgos más típicos y exaltados, con un toque sencillo y bastante funcional que ha quedado correcto para el uso de ésta comedia que no se equivoca en su forma de recrearlos porque los aborda con soltura, sin complicaciones y con bastante practicidad que bajo la admiración de Gil recobran su icónico lugar a la misma vez que el director los toma sin miramientos tan delicados sino los asume con insolencia y convicción brindando caracteres más cercanos. En esa disposición a unos los encumbra y a otros los humaniza destacando sus manías y vanidades.

En la historia Gil pierde un poco la cabeza por Adriana, Marion Cotillard, una dama liberal que es la amante de varios personajes famosos, con ella trata de hallarse con la escurridiza felicidad encontrándose confundido con respecto a su panorama actual. En el reparto como no puede faltar, yace un tipo culto pero sumamente pedante de nombre Paul, Michael Sheen, que sirve para ver que la futura esposa de Gil lo minimiza frente a él, en un notorio rasgo de vilipendio de su situación que lo empuja en búsqueda de cambios. Justificaciones que a través del metraje se entienden perfectamente.

La cinta es muy entretenida con esos viajes de ensueño a donde yace la pasión de Gil exhibidos con una naturalidad y aclimatación que es digna de encomio, y aunque el relato no posee realmente demasiadas complicaciones no deja de ser una propuesta saludable y reconfortante, de catadura sutil y lucida, muy moderna aún mostrándose bajo un espejismo clásico. Owen Wilson sorprendentemente no desentona sino más bien contenido pasea su simpatía por la pantalla, para ello Allen le ha provisto de una cotidianidad y simplicidad que no está peleada con el intelecto, tampoco ha recurrido a los nacionalismos americanos y en cambio ha mostrado una cercanía por apreciar una cultura distinta a la suya desde la inclusión propia del llamado ciudadano del mundo.

Al final las lecciones llegan sin bombos ni platillos, muy acordes con el tono del filme, se resuelve con lógica pero sin dar mayores soluciones. Es que la respuesta a la pregunta ¿cómo hallar la dicha en un mundo proclive a nuestra insatisfacción?, es un asunto personal y aunque la cinta permite identificarnos con Gil no es cuestión tan prepotente de resolver, sino más como se presenta sin ínfulas caminando bajo la lluvia con alguien que valore nuestro amor sin restricciones, con ternura, tranquilidad y comprensión, abiertos a comunicar y recibir afectos, a compartir un espacio territorial que engloba tantas posibilidades, aficiones, pensamientos, música, arte, una ruta de a dos individuos compenetrados dirigidos en un destino común por encima de las obligaciones económicas y las necesidades superficiales.

Allen ha hecho un filme austero, amplio, recurriendo a su técnica y experiencia en hábil dominio que se resalta por quien tiene ya oficio pero sin manifestarse insípido, irregular o efectista sino facilitando un diálogo cinematográfico con toques muy humanos y sin dramas de por medio sino bajo otro género que no teme ser serio en el fondo con otros matices estructurales, dando un toque universal en manos de lo occidental, el individuo descubriendo lo que realmente quiere, aspirando al sentimiento y a la voluntad.

martes, 6 de septiembre de 2011

25 Watts


Ésta es la primera película de los uruguayos Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, prometedora dupla que quedó trunca tras la muerte de éste último que se suicidó en su vivienda a los 32 años de edad, dejando un trabajo conjunto de sólo dos películas, aunque Stoll continúa su labor de cineasta. 25 Watts (2001) significó un debut auspicioso lleno de elogios a pesar de su tono ligero, y es que la buena factura, la verosimilitud de la trama, su solventada chispa e irreverencia y su empatía juvenil logran compenetrar al espectador.

La historia nos retrata 24 horas en la vida de tres mejores amigos. Uno de ellos se le conoce como Leche, un joven apuesto, pero bastante desordenado e informal que anda enamorado de su maestra particular de italiano que está comprometida y lo ignora olímpicamente; Leche comparte un viejo apartamento con su abuela minusválida mental a la que trata con burda indiferencia y no carente de comicidad. Otro es Seba, llamado “Marmota chico”, en una hilarante secuencia; Seba es el lento del grupo al que le caen las bromas constantemente y se mete en incontables circunstancias incómodas; suele tomar de referencia intelectual a un tío que murió batiendo un récord Guinness de comer mayor cantidad de huevos sin detenerse; se destaca uno de sus periplos particulares con un vídeo pornográfico, nunca ha visto uno y en esa trayectoria se encuentra casi raptado por unos cómicos drogadictos conocidos de su hermano, un ídolo en el barrio. El tercer muchacho es Javi, el único que no tiene la apariencia de ser un total vago, trabaja con un carro ajeno promocionando un restaurante de pastas mediante un altavoz; está atrapado en el conflicto de separarse de su desamorada pareja y perder su hámster y las facilidades que proporciona su noviazgo con el sexo.

25 Watts está hecho en un bello y elegante blanco y negro, los escenarios son las calles austeras de Montevideo, el relato es una típica observación de la cotidianidad lumpen, estrafalaria y callejera propia de la juventud descaminada que respira solo del día a día con alegre libertad y alevosía. Uno inmediatamente se identifica con lo que ve por haber sido similar alguna vez o por haber visto mucha gente parecida o porque es un lugar común solo de cierta variabilidad de la perenne imagen rebelde imberbe, siendo siempre divertida la auscultación desinhibida de la modernidad veinteañera, además por la pantalla pasan los tipos más extravagantes que se pueda uno imaginar, un muchacho que es repartidor de pizzas y que escucha voces inexistentes producto de un servicio militar estricto, un tipo grueso que vende películas para adultos y le llaman Sandía que suele dar explicaciones cinematográficas ridículas, un melenudo que maneja el habla con despilfarro incontenible, una persona con discapacidad mental que busca a su perro secuestrado en un carrito de compras, un chiquillo que todo el tiempo está dándole a la pelota, amigos del hermano de Sebastián que son matones discretos y aficionados a las drogas, entre tantos personajes que se van presentando como en un circo de extraños, que no son más que parte de la radiografía de la nueva camada contemporánea de pequeñas joyitas que pululan por nuestro planeta.

El trío de protagonistas atraviesan diversos contratiempos y aventuras sin salir de las pocas cuadras que forman su espacio común. Vemos su forcejeo voluble y voluntario en el quehacer diario, sus gracias y ocurrencias, todo bajo un sentido espontáneo con esa llaneza propia de la edad. Los acontecimientos son muchos y nos dibujan de cuerpo entero las personalidades bárbaras y delirantes que no saben resolverse con mayor acierto, los que son como barcas arrastradas por el mar bajo la gloria de la tontería en estado puro.

Tienen todas las características de movilización autómata y restringida de cierta inventiva, sólo sabiendo vagabundear, tomar cerveza, fumar, tocar el timbre y correr, disfrutar del programa de Don Francisco sentados en el sofá, tener sexo, soñar con tenerlo y verlo en televisión, escuchar música como “Make up your mind” de la banda uruguaya de los sesenta “los Mockers”, interrelacionarse con personas estrambóticas, depender de labores molestas y hacerlas por ende con desgano y además rompiendo las reglas, simplemente echando a rodar pero con vitalidad, sin melancolía y con el entusiasmo ciego de la poca meditación, del antojo, del instante, de la superficie, y sin embargo con cuanta tranquilidad, naturalidad y felicidad.

viernes, 2 de septiembre de 2011

La ventana indiscreta

Clásico indiscutible, muy popular dentro del mundo cinematográfico, perteneciente al director británico Alfred Hitchcock, maestro del suspenso, que está dotado de una filmografía muy rica y admirada alrededor del orbe. Cuenta con la hermosa Grace Kelly, una de las rubias más idealizadas del séptimo arte, sueño de tantos hombres, provista de una belleza en la cual faltan adjetivos para alabarla. Y con James Stewart, el actor del rostro inteligente.

En la película se nos narra que un fotógrafo que viaja por el mundo de nombre Jeff está en reposo en su apartamento tras llevar una pierna escayolada, siendo en medio del tedio que empieza a espiar a todos sus vecinos, y a modo de recreación descubre una fascinante gama de personajes que pululan por los edificios de enfrente a su hogar, como la dama solitaria, el pianista fracasado, la bailarina avispada y en particular un misterioso hombre del cual intuye ha asesinado a su convaleciente mujer.

A partir de ese momento, Jeff (James Stewart), empezará a hacer conjeturas sobre aquel “asesino”, observando cada movimiento que ejerza, junto con su novia Lisa (Grace Kelly), con la que se convertirá en espía de aquellos actos ajenos. En medio de la trama hay un pequeño drama casero, Lisa es una mujer perfecta según la definición de Jeff, ella es guapa, adinerada, sofisticada y culta, trabaja en el círculo de la moda, lo que la hace un poco superficial. Lisa sólo ansia casarse con su pareja, sin embargo Jeff no está muy convencido ya que suele viajar en condiciones precarias y destinarse a una actividad riesgosa, por lo que le parece que su vida es incompatible con el estilo distinguido de su bien amada. Y de ello que estén envueltos en una encrucijada con respecto a su relación.

La confidente de nuestro fotógrafo resulta ser la criada y enfermera que viene a hacerle masajes y a prepararle el desayuno, Stella (Thelma Ritter), una mujer campechana y hacendosa pero provista de una lengua viperina y cáustica. Stella también es participe de la vigilancia de Lars Thorwald (Raymond Burr), el supuesto homicida. Por último hay un cuarto personaje atento al espectáculo que otorga la ventana indiscreta, aunque incrédulo al crimen que se le atribuye a Lars. Se trata del detective Thomas Doyle (Wendell Corey), antiguo amigo de Jeff.

Mientras vemos la cotidianidad de nuestro enclaustrado protagonista, que curioso observa todo lo que sucede alrededor por binoculares o por la lente de su cámara de largo alcance, Hitchcock va alimentando nuestra sospechas con las acciones que se divisan desde el cristal del domicilio de Jeff, pero a su vez desestabilizándolas con argumentos contrarios, generalmente ésta contraparte proviene de Doyle que con sus pesquisas técnicas tratan de desmentir toda hipótesis. En esa discusión que provoca la ambigüedad de un suceso no esclarecido, ni siquiera asumido oficialmente, que parte de una interpretación algo ligera y privilegiada, yace el leitmotiv de la película. Suficiente para fabricar una historia provista de mucho temple, indagación, vaivenes discursivos, aplicada diversión y sobre todo mucho suspenso.

La obra es sencilla en sus postulados creando un in crescendo a medida. Agrega pistas. Nos distrae o nos atrae. Nos hace cambiar de parecer continuamente, con una esencia cargada de inocencia, que raya en lo hermoso, tan característico de éste cine clásico rotundo, dentro de una obra sin complejos, de amable trato con el espectador que rápidamente interviene en toda la realización. Ésta es una obra maestra que ha sido aclamada por crítica y público. Tiene una estructura de orfebrería que a manera de cuento accesible a todos hace hincapié en el misterio, sólo que otorgándole cabida a otros temas secundarios en la relaciones de pareja, en la socialización humana, en el deber para con el prójimo, en nuestra humanidad diaria, pero sin obligarnos a asumirlo por descontando sino viéndolo discretamente, porque el esquema de Hitchcock está desprovisto de enseñanzas rimbombantes, aunque claramente se les ubica si prestamos atención. Es un tómalo o déjalo. Un aprovéchalo, si lo captas, porque el maestro no se hacía problemas de ningún tipo, más que con su propio arte. Tenía una osadía de gigante.

Como plato fuerte sigue la ruta de un thriller que se rige bajo la regla de emular el teatro, en todo garbo e histrionismo consciente, pero que aún así mantiene su proximidad con cualquier individuo promedio, con un producto que justifica por completo su destino, lo que define el cine de éste estupendo director amado e idolatrado con justa razón.

lunes, 29 de agosto de 2011

Los girasoles

Ésta película la dirige Vittorio de Sica. Cuenta con dos gigantes del séptimo arte, como son Sofia Loren y Marcello Mastroianni. Inicia con un enamoramiento apasionado hasta el punto que la pareja decide casarse y concebir los diez días más intensos de sus vidas antes de que Antonio tenga que entrar en combate en la apartada Rusia. Tras tratar de evitar su enrolamiento militar en la segunda guerra mundial finalmente debe partir, pero es cuando comienza el drama de Giovanna, la beldad en estado natural Sofia Loren, ícono mundial de la gran pantalla, que con un actuación doliente y desbordando una espontaneidad que se convierte en magnetismo para el espectador debe comenzar un periplo incansable en busca del ser amado.

Aunque en un principio tanto Loren como Mastroianni deben fingir tener 30 años (Loren tenía 36, pero Mastronianni 46), no resulta menoscabo de lo que se ve en conjunto. La película se hace bastante sencilla pero con un aura que fraterniza con la verosimilitud en contarnos como viven su relación; parece que estuvieran improvisando en su cotidianidad haciendo notar una compenetración sentimental dulce y alegre.

En el momento en que Giovanna decide ir tras los pasos de Antonio parece imposible pensar que llegue a hallarlo asumiendo no solo que pueda ser una búsqueda infructuosa teniéndolo por muerto sino que parece que siguiera una aguja en un pajar siendo un país gigantesco al que se asoma. No obstante en eso Vittorio de Sica juega muy bien sus piezas y logra mientras conmueve acercándonos a la figura del personaje de Loren crear rastros que construyen la sensación de credulidad. Todo bajo una efervescencia que de la mano de las emociones de efusividad y melancolía muy bien trabajadas por la actriz principal que nos guía convencidos por su férrea disposición y meta logran nuestro interés al poner en relieve un filme anclado a una tragedia personal que toma forma en nuestro corazón, porque sin sentir esa andanza como propia se hace inferior el concepto.

Sin embargo la película no se queda en ese hito, el drama se intensifica en una segunda exposición que se mezcla con la desilusión que en pocas palabras metaforizándolo interrumpe el ávido palpitar, surge un conflicto que tira por la borda todo esfuerzo cercano al ideal de la pasión, ésta vez las justificaciones dejan algo de dudas en su total asunción que no llega a explicar demasiado dejando libre el aspecto de la lealtad aunque el agradecimiento se hace réprobo en esa vuelta de tuerca que observamos pero aún ante ello seguimos su inflexión hacia el nuevo rumbo todavía confiando en lo exhibido, ya que ya no seguimos al cariño desmedido sino a su ruptura y su sufrimiento. 

Pasada la sorpresa se pone a prueba el amor, y en ese lugar la película no juega a lo romántico sino se enfrenta al realismo que nos somete cada día, estando de cara frente a las obligaciones que merman o limitan nuestra voluntad por asunto de consciencia, convirtiendo la responsabilidad en algo ineludible que exigen los mejores valores que es lo que se quiere discutir para decidir una salida, lo que pone contra la espada y la pared ese halo de incandescencia emocional que no mide consecuencias y que tiende a conminar nuestras acciones dejando fuera esa racionalidad que obliga a un adulto a hacerse cargo de una vida más restringida y pensar que no es del todo libre sino lo atan como en el caso otros seres humanos desprotegidos y dependientes con los cuales debe cumplir.

Hace acto la sombra del sacrificio, en esto Vittorio de Sica se destaca, le imprime con completa convicción un componente que circula en su filme, la familiaridad con lo mundano, poniendo ante los dardos de la existencia a la sensibilidad, como cuando produce giros que enriquecen el panorama fabricando una proximidad con lo común que como se hace hincapié perfectamente tiene de azar, de deliberación, de imprevisibilidad. El filme no deja de preguntarse ¿quién es primero, los demás o yo?, pero en ello la respuesta no resulta tan fácil ni egoísta ni desarraigada ni indolente sino que antepone un ser por otro en detrimento de uno de ellos para con su futuro y su realización como ser humano porque así de importante resulta el deber o el amor, porque se refiere a diversos tipos de afecto, para eso hasta su conclusión surge un debate que inclina la balanza según la consideración individual.

Varios tópicos se tocan, pero puestos en contextos complejos, proponiendo más físico, menos dogmatismo y evitando el discurso reduccionista, ya que la realidad es más complicada que un manual que da por seguro un único sentido como si todo fuera de lo más simple. Por su composición, comprensión, humanidad y reflexión I Girasoli (1970), de Vittorio de Sica, se presenta digna de la época de oro del cine italiano.

martes, 23 de agosto de 2011

El árbol de la vida

Ganadora de la palma de oro en el Festival de Cine de Cannes, dirigida por Terrence Malick, cineasta americano que en casi 40 años de labor tiene solo 5 películas dentro de su filmografía, se presenta como una obra maestra de los últimos tiempos. El relato nos remite a la familia O´Brien, principalmente sobre el hijo mayor de nombre Jack, desde que nace hasta que entra a la adolescencia. Es el verdadero personaje de la película aunque entre los integrantes del reparto estén Sean Penn y Brad Pitt, famosas estrellas de Hollywood que quedan en segundo plano como quien los ha tenido de pretexto para dar cabida a una realización donde solo cuenta el ingenio del autor y su personal visión artística, sobre todo en referencia a Penn que apenas aparece en escena interpretando a Jack en su adultez, en una mirada hacia su pasado bajo una auscultación que tiene dos lados, uno más extenso de corte realista y otro que ronda su deambular futuro bajo lo fantástico, lo introspectivo y lo onírico.

Dejando estelas de una personalidad que se asocia con un ideal bajo un estereotipo que circula predominante aunque en contadas intervenciones, Pitt ejecuta un destacado papel como el padre autoritario y perfeccionista que quiere que sus hijos sean hombres de bien y que con su disciplina férrea le crea conflictos emocionales a su primogénito que se debate entre un naciente odio y su naturaleza inocente como bondadosa propia de su niñez. Se incita en su cabeza lo sexual, los celos, la frustración, la maldad y hasta el parricidio.

No obstante Malick va más lejos en su absoluta e íntima divagación dando lugar a otra prioridad, la creación de la vida en el planeta, mediante una clase completa desarrolla toda la evolución que acaece específicamente en la tierra a partir del big bang. Puede parecer extraño ésta exhibición científica detallada pero a medida que continua el metraje del filme se muestra una metáfora con el crecimiento del niño central de la historia, cada quien puede interpretarlo a su modo, estaríamos explayándonos inconvenientemente al describir un cúmulo de pensamientos al respecto, pero se ha de decir que brinda mucha materia que hace posible varias conclusiones pero como da para abundantes lecturas es mejor dejar en libertad al espectador. Cada quien debe encontrar desde sus perspectivas las similitudes que se nos presentan. Jack hace una reflexión sobre su existencia, asume su tiempo pretérito como quien acepta un pase inevitable y enriquecedor a pesar de las dificultades. Al final la película se torna mística, con la naturaleza y la humanidad, con quienes han sido parte de nuestro mundo. Es la paz y el amor que viene a rodearnos en medio de la luz.

La cinta toma forma por su último desarrollo que nos permite entender el tratamiento que le ha dado el director que al inicio pareciera tener entre manos un despropósito que termina dejando de ser críptico para producir una sensación de compenetración visual y mental, en la trama sencilla del hijo sufriendo el rigor del progenitor y tratando de entender sus sentimientos, dominarlos y asumirlos para comprenderse está la vida misma en el planeta, su grandeza, su inconmensurable virtud y su inexplicable curso, su malestar, su idiosincrasia, sus secretos. Como quien asiente con la cabeza resignadamente, quieto y permisivo. Es un cúmulo de emociones en el reflejo de una pintura.

Definitivamente es una película atípica pero a pesar de un cierto semblante de aspecto oscuro permite su desciframiento en libre opción. Te deja una sensación de satisfacción por el arte de contar algo de forma original, emotiva y profundamente pero esto no deja de ser subjetivo, será definitivamente una cinta de culto más que una obra masiva, sin embargo la atmósfera que vive la familia parece tan común y tan humana que la identificación con el producto no suena descabellado aún en medio de un clima desasosegante por causa del deseo analítico más que de su estilo que se manifiesta sosegado en el aspecto de la cosmología, de la biología o de la geología y nunca totalmente transparente porque siempre quedara cierto misterio dentro de la apertura, pero no cabe duda que la cinta busca producir respuestas que nazcan en nuestra propia motivación. Luce como la cátedra que aspira el diálogo continuo, sin embargo la película tiene que terminar dejando libre la luz de la sabiduría, de la vida misma.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Zatoichi

El director japonés Takeshi Kitano tiene más de un registro fílmico, aunque suele estar asociado con la exposición de mucha violencia ambientada en lo contemporáneo, en relación a los yakuza, pero aquí aborda el tema de los samuráis, un aspecto clásico que identifica tanto a la raza e historia nipona y que es muy popular alrededor del mundo. Nos coloca a un héroe, un samurái ciego, que es masajista y que deambula como ronin por los diferentes pueblos. Kitano interpreta al personaje que titula el filme, Zatoichi.

Como es de esperar sus rivales son un clan que propician el abuso y la corrupción, pero ese grupo tiene un pasado. Hace muchos años atrás atacaron a una familia adinerada a la que asesinaron y robaron, dejando indemnes físicamente sin desearlo a dos de los hijos. Lo único que los delata es un tatuaje de dragón y algún nombre pronunciado en medio de la fatídica noche, pistas que buscan resolver los sobrevivientes que se han convertido en geishas que entretienen con bailes y música a cuanto comensal pague por sus afectos, sin embargo ellas están en realidad en la ruta de la venganza persiguiendo a los culpables, arrebatándoles la vida de la misma forma y a su vez asaltando clientes para prodigarse mayor dinero. Dentro de lo aún más extraordinario de aquellas geishas está que una es realmente un hombre, su estado nos remite a la pederastia y a la homosexualidad, Kitano no juzga, sólo expone, con brevedad, e incluso toma a la ligera y hasta cómicamente la condición sexual de Osei, como se hace llamar la falsa danzante. En realidad todo el concepto del filme es de esa condición, es una realización de entretenimiento y a la vez muy libre, que aborda la temática de los samuráis casi como un niño a un juguete soñado o un pirómano al fuego, es decir, Kitano está en su elemento, aunque bajo otra época a su estilo, manejando a los icónicos representantes japoneses a su regalado gusto, como se ha de esperar de un cineasta que se prediga bajo el rótulo de autor. Para nada es una revisión histórica, sino algo muy propio del entretenimiento, con mucha exhibición de sangre bajo cortes, mutilaciones, acuchillamientos y muertes de toda clase, para ello Kitano no se inhibe en absoluto, y se explaya aunque verosímil exagerando las escenas.

Prosiguiendo la historia, no falta un buen antagonista, otro samurái llamado Hattori Genosuke, que a diferencia de Zatoichi es joven y tiene una pequeña biografía, es un mercenario al servicio de una paga, con la que busca velar por la salud de su mujer enferma a la que encomienda prácticamente su alma, no presenta escrúpulos frente a sus necesidades y se nos dibuja bastante frío para acabar con cualquiera que se lo manden, es un enemigo en toda regla que al demostramos sus destrezas incentiva nuestra imaginación de lo que vendrá.

Otro personaje hace la caracterización cómica que requiere la obra. Shinkichi es más que todo un apostador en los dados que es como conoce a Zatoichi, es sobrino de Oume, la vieja dulce que asila al masajista. Con esto tenemos todo el escenario que asume el filme. La venganza de las geishas, Zatoichi dando la cara al despiadado clan, Hattori tomando algo de forma con sus andanzas a la par del heroico anciano samurái y los dos personajes emotivos. 

Hay como se aprecia parte de comedia y mucha acción, la trama viene a ser lo suficientemente funcional para permitir la aventura. Los desafíos corporales abundan, y además tiene algunas particularidades, como la ilusoria geisha que se aprecia superficialmente dejando algo nimio para la personal reflexión y que no llega a tomar la seriedad que requiere; y el cobro en el tiempo que hace Hattori con una afrenta de su pasado, ante un maestro de kobudo que lo humilló en una clase. Por ese lado tanto Hattori como Zatoichi hacen los méritos necesarios para augurar un desenlace mítico, ambos son magníficos samuráis y se asume que se desataran muchas chispas al aceptar el reto de eliminar uno al otro.  

Mientras como en el último nivel de un vídeojuego esperamos las mayores dificultades, en ese largo trance no escasean las batallas previas que hacen las delicias del público aficionado a las katanas y a las luchas explicitas que tienen un aspecto gore donde el despliegue visual y los movimientos son de grave espectáculo, siendo base principal de lo que se espera visionar y que el filme cumple ávidamente desbordando cuantiosa adrenalina. 

El final se embrolla un poco tratando de sorprendernos, tanto que hasta se descubre una mentira de Zatoichi que pasa sin pena ni gloria y a esa altura del desarrollo de la cinta la irrelevancia de una justificación es notoria, además tanto se prolonga la identidad de quien es el responsable central de las viejas matanzas de la familia Naruto que no llega a importar tampoco mucho, se hace poco llamativo el hallazgo y se fuerza por gusto porque no es algo que el producto halla dispuesto para generar expectativas, aunque ciertas formas puedan exigirlo.

Se cierra el filme mismo Bollywood, con una parte de tap dance en estilo japonés (usando sandalias de madera) y una broma insignificante. Lo cual es perdonable, porque no es una realización para nada mala, y hay que tomar en cuenta que su atmósfera es más de orden recreativo. Si buscas un filme donde brille por esencia la acción, el combate y el movimiento estarás en el espacio idóneo de la mano de un director que además tiene mucha singularidad y una bien ganada reputación.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Dolls

El amor es un tema que atañe a todos los seres humanos, cada uno en su respectiva individualidad, estando dentro de lo indispensable para ser plenamente feliz, pero qué de la desventura que puede cernirse sobre ese invaluable sentimiento, a modo de fábula el realizador japonés Takeshi Kitano asume ese reto haciendo un homenaje, en la vena de la tragedia griega, bajo la clara visión nipona anclada a lo universal, al proponer tres historias con cierto aire fantástico, pero que no dejan de conmover por su entrega y pasión.

La trama central involucra a Sawako y Matsumoto, los llamados mendigos atados. Por culpa de la ruptura de su relación amorosa Sawako pierde la razón y enferma, arrepentido Matsumoto sacrifica su vida para acompañar a la mujer que ama. Juntos deambulan por las calles como dos autistas libres por el mundo. Otro relato lo conforman Hiro y Ryoko, el primero la abandona para hacer una carrera criminal en la Yakuza, luego muchos años después retoma lo que dejó en su última cita. El día que le dijo adiós ella prometió traerle comida al parque todas las tardes desarrollando la posibilidad de un futuro reencuentro. Parece una absurda penitencia pero la mujer cumple devotamente. Envejecido Hiro va en su búsqueda olvidando su propia seguridad. La tercera trama es un amor platónico, cuasi perfecto e impoluto, Nukui, es fanático de la cantante pop, Haruna Yamaguchi, ella sufre un accidente que la lleva a decidir que no quiere que nadie la vuelva a ver, para ello Nukui hará un acto de renuncia descabellado que aspira a la reunión con su venerada dama.

Esas son las vías de comunicación que se suman a una introducción que exhibe dos títeres que padecen bajo la temática de la película y que se emparentan con el viacrucis de Sawako y Matsumoto. Todo apunta a una realización pequeña y sencilla, pero podemos ver una belleza visual latente, un mensaje de valor abnegado y en general un uso artístico que enmarca las razones por la que rendirle culto al cine. Kitano hace poesía con la cámara, juega románticamente con sus mejores artificios cinematográficos, prolonga hábilmente sus simpáticas adversidades agregando una sensación de grave permutación que propone enaltecer el lugar del amor eludiendo los finales felices, llevando un tono que no apoca sus fundamentos ni cansa.

Resaltando lo singular el director utiliza muchos flashbacks aunque reducidos de tiempo, y una pesadilla que poco aporta realmente, la cual podría ser cualquier cosa ya que la chica está abstraída del entorno. Kitano se detiene en los paisajes brindando énfasis en la fotografía, hace múltiples tomas variopintas que destacan el recorrido junto con los personajes. Ralentiza sus cuentos, no tiene apremio por manejar desenlaces que terminan siendo endebles y hasta alguno previsible pero ya más que suficientemente narrados aún en su minimalismo y su economía argumental que no desmerecen el concepto intrínseco que es lo que importa más no su proyección física sino que se interiorizan y se adscriben a su emanación reflexiva, siendo una cualidad el proveer de mayor valía y drama a lo simple pero dándole un cariz de extravagancia y originalidad que a pesar de ello nos haga meditar en el sentimiento prioritario del amor, volviendo lo efímero perenne dejando en la atmósfera un aroma a melancolía contenida, a ilusión rota, a locura justificada que no desdibuje el sentimiento que se yergue orgulloso de su triunfo, porque no es un lamento, un castigo o un reproche como se puede llegar a comprender e incluso enfocar para analizarlo por esas vertientes sino una auscultación admirativa de una ofrenda sin límites que es lo que circunda el filme.

Hay que resaltar la virtud de Kitano de proveer un filme entretenido y en sus aristas completo sin demasiada complicación, algo que produce placer visual y que nos moviliza como robando esa esencia que asume y encara con seguridad en la franqueza de sus postulados abiertos a juzgarse. No hace falta la genialidad oculta sino vibra el talento en la llaneza de quien muestra, abriendo las puertas del arte a los espectadores para que realmente sientan la empatía sin subterfugios oscuros ni melodramáticos, sino despiertos y abiertos, sensibles y reales aún en lo inverosímil, porque el que no tiene sensibilidad no puede fabricar sueños que en la pureza en que fluyen se han de rescatar siendo indudable que en Kitano se asoma ese don que se muestra sin rodeos y que no nos ha de faltar a nosotros para compenetrarnos con el arte.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La historia de Adele H.

Hablar de ésta película es juntar dos pasiones humanas sobre el arte, la literatura y el cine, pero con su propia leyenda, justamente la que se hizo perenne de alguna forma en el tiempo sobre el personaje principal del que nos narra el maestro francés Francois Truffaut. En ella coincide la hija de ese otro genio que fue Víctor Hugo, hombre poderoso por propio talento, inmortal entre los grandes, figura consumada dentro de las letras universales, personaje político e influyente por convicción. Sin embargo el filme no nos remite a su persona directamente sino tangencialmente; nos aboca a su hija, Adele (Isabelle Adjani), que atraviesa el océano atlántico sola en busca de su “prometido”, el teniente inglés Albert Pinson, que rehúye el compromiso tras consumado su amor y conquista, que menospreciado por el autor francés siente rechazo en desmedro de su ex pareja a la que sedujo en circunstancias en que ella se encontraba en próximas nupcias.

Como se aprecia Adele es intrépida, una soñadora y luchadora por naturaleza que termina víctima de las circunstancias empecinada en que sea correspondida su entrega y honor, su inocencia o irreverencia frente a la sociedad, pero Pinson no pretende hacer gala de su palabra y desestima todo intento de aproximación a su persona. Adele se esconde bajo el apellido Lewly en una posada de buena condición social administrada por la cariñosa y simple señora Sanders; a nadie a comunicado que es la ascendiente del que llaman el hombre más famoso de su época, pero ni corta ni perezosa envía cartas pidiendo altas sumas de dinero para subsistir en el nuevo mundo. Se halla en Halifax, Nueva Escocia, Canadá. Suele escribir todos sus pensamientos en un diario, de ahí que Truffaut ha tomado el magma para plantear su existencia.

La temática del filme se puede describir en cortas líneas, Adele se debate en la ensoñación de sus fantasías con una resolución solida de sus deseos mientras se contrasta su voluntad con la realidad adversa que le niega el amor en un hombre mujeriego, pero disciplinado en el ejército británico tras darle un giro contundente a su propia vida; éste hombre no planea dar su brazo a torcer y la repele con semejante convicción a la que se le opone. Ella vive prácticamente al amparo de su pasión, escribiendo ávidamente sus reflexiones poéticas y sus anhelos más firmes, teniendo pesadillas sobre la muerte de su hermana Leopoldine que murió a los 19 años ahogada, recabando comunicaciones con su padre a la distancia, enclaustrada solitaria sin ninguna compañía, ensimismada en sus ideas, tramando como convencer a Pinson.

Se ha de decir que es un relato básico pero por el esfuerzo creativo de Truffaut se prolonga con hábil manufactura que en ningún momento deja de presentar emotividad o provocar desatención. Se llega a saber del origen de la dama en cuestión pasado cierto metraje, lo que denota buena contención en el uso del desarrollo cinematográfico extendiendo la trama bajo el carácter anónimo y común del personaje central, lo cual nos hace cavilar pensando si hubiera perdurado dicha historia de no ser la hija de Hugo, ¿sería menos importante?¿nos produciría curiosidad? En eso se puede asumir que Adele es nuestra humanidad, nuestra sensibilidad, nuestros escollos, su vivencia se hace cercana y ella pasa a ser tan de la gente como cualquier desconocida porque su lamento silencioso oculto bajo su temple se hace el de todos. Su llanto, su sufrimiento y sus temores, más no su lucha, se perciben sutilmente pero es con nuestra despierta percepción que se dibujan tan claramente.

La protagonista llega hasta las últimas consecuencias, se enfrenta a la sombra del matrimonio de Pinson con la hija de un juez; no escatima humillaciones, tretas y ruegos que van in crescendo, tampoco gastos económicos que la arrastran en persecución del hombre que la ignora fervientemente, con grave indiferencia ante una perseverancia que se transforma en cierta animadversión que hace proclive secas y calculadas venganzas.

La mano diestra de Truffaut insinúa, nos hace imaginar diversos caminos donde puede solo asumirse uno solo, abre puertas y posibilidades, nos engaña, nos confunde, nos moviliza, nos compromete, nos hiere, nos dirige en su frenética profesión de embaucador y prestidigitador. Cabe además un posible amor en el librero cojo que aspira a su propia biografía. Nunca se desecha el cambio de parecer. En suelo virgen el final no se llega a intuir, ensimismados como bajo la neblina que articula un adivino que nos empieza a leer las cartas ante nuestra perplejidad, ceguera y desconsuelo.

El tiempo trascurre como anclado a una idea suspendida en el aire; Truffaut completa los diarios simplemente con un colofón que amplía la intromisión de un lúgubre destino donde su autoría da cabida a mayores complejidades, aún bajo la impronta de la sencillez y del entendimiento elogiable del que enseña con rotundidad y destreza los senderos más crípticos. Es una obra maestra, aunque un pequeño cuento convertido en voluminosa novela, mediante un trazo delicado y ceñido. Es una reliquia portentosa de ánimo humilde, una estratagema cerebral, una joya invaluable, un diamante bien pulido.

miércoles, 20 de julio de 2011

También la lluvia

Fue una de las grandes competidoras por los premios Goya 2011 que solo llegó a obtener un reconocimiento de tres galardones, dirigida por la cineasta española Icíar Bollaín. Tiene como figuras importantes al actor mexicano Gael García Bernal en el papel de Sebastián, director que realiza en Bolivia una película sobre las atrocidades acaecidas durante el descubrimiento de América, y al actor español Luis Tosar como Costa el productor del filme.

Mientras todo el reparto de una realización cinematográfica se traslada al país altiplánico se ven en medio de una lucha que mantiene la población indígena contra las autoridades gubernamentales producto de la privatización del agua. En esa batalla campal sobresale un hombre llamado Daniel que es el que lidera los levantamientos contra el estado, que también participa en el casting que se hace a los pobladores andinos donde es escogido para interpretar a un cabecilla indígena que lidera los ataques frente a los abusos de los españoles. Costa se involucra con él solventando una amistad que empieza por negociaciones que competen a su producción, pero termina entablando una relación fraternal.

En la película se dan dos historias paralelas, una es la película que recrea el descubrimiento de América, la cual se hace de forma entre moderna y antigua, dando a entender que son personificaciones asumidas en la actualidad en que se utilizan escenarios contemporáneos y otras como si volvieran en el tiempo detalladamente y en el contexto realista. En ese aspecto hay un ejercicio de denuncia, se relatan las defensas de los pobladores por parte de personajes históricos de las misiones religiosas a los que se les atañe ideas revolucionarias de igualdad y libertad en comparación con el maltrato y la violencia que ejercen los conquistadores que no dudan en mutilar o asesinar a los autóctonos americanos. Dentro de lo curioso está que Cristóbal Colón es descrito como un tipo ruin, ambicioso y cruel, que promete riqueza y esclavitud en beneficio único de la corona española. El actor Karra Elejalde lo dibuja con la mezquindad necesaria que requiere esa imagen, con lo que se alzó con el afamado premio Goya. En segundo lugar está el problema del agua que viven los pobladores y los lleva a una revuelta con disturbios en las calles que requiere el uso de la fuerza por parte de la policía.

Hay una mirada socialista que defiende los derechos de los indígenas, el enfoque es que el gobierno abusa del poder imponiendo ordenanzas que están fuera del alcance de los pobladores más pobres que no pueden acceder al agua, que se les quita la oportunidad de utilizar pozos producto de que escasea el líquido vital y se ha de distribuir mercantilmente bajo una empresa privada. Si bien es lógico que pueda privatizarse el servicio del agua, la película hace ver que la economía de los indígenas no permite que puedan pagar por ello, colocando una disyuntiva sin solución que solo resalta la indiferencia y la imposición del gobierno que hace hincapié en llamar a esa oposición bajo el eterno rótulo de barbarie y atraso. Hay un claro caso de falta de comunicación y acuerdo como un no deseo de negociación entre ambos bandos, por un lado los aparentemente más débiles que sienten la represión y contestan ávidamente, mientras los otros los poderosos buscan cumplir con la ley que dictan.

Dentro de sus características está que existe una cierta vulgarización contextual, como el uso de un lenguaje coloquial y algo limitado, hay una ambientación que muestra el formato algo rústico, en parte he sentido como si viera una versión española del cine peruano tradicional, de ese que se puede catalogar de poco exitoso y que en los últimos años ha tenido una grata mejoría con algunas excepciones. No es que sea una mala película pero está plagada de defectos, tiene un interesante aire político e histórico crítico aunque con actuaciones que dejan mucho que desear como la irregular performance de Juan Carlos Aduviri que hace de Daniel -y que se le puede perdonar por su inexperiencia- que en ésta realización se convierte en pieza indispensable y recurrente, como las de muchos actores bolivianos carentes de talento; se ve en un momento que hay una asamblea de pobladores que tratan de ver el problema del agua y parece una mala clase de interpretación.

El guión no aporta mucha magia a los protagónicos, Bernal sostiene una personalidad demasiado caprichosa y voluble que puede llegar a entenderse pero no luce demasiado apreciable, en todo caso no logra gran efecto en el espectador, a un tiempo bondadoso y a otro momento insoportable. Tosar es el que mejor sale en pie del asunto, dándole humanidad a su personaje, y aunque también cambia de actitud parece más aceptable, aunque tampoco es mucho.

El mensaje es notorio, notable, el ser altruista, hay buena voluntad pero para quien vive en un mundo ya con mucho uso del tema no convence porque el maniqueísmo es anacrónico y las idiosincrasias sociales son más complejas si bien la revolución que vive el filme sobre el agua parece que ha sido verdadera y la transgresión de la representación de un Colón inhumano se ampara en un hecho contundente como una carta que envía a los reyes católicos.

viernes, 15 de julio de 2011

El americano

Película del 2010 interpretada por George Clooney en el alma de un asesino que se va a esconder a un pueblito italiano huyendo de unos suecos que siguen sus pasos para matarlo, tiene un último trabajo habiendo avisado de su próximo retiro, fabricar un arma de largo alcance a una francotiradora de amplia belleza llamada Mathilde, la actriz holandesa Tekla Reuten. Mientras con grave dedicación se dispone a realizar su misión, suele tener conversaciones con un cura que trata de descubrir sus secretos ante un hermetismo infranqueable, también solicitar la compañía de prostitutas hasta que se enamora de una, Clara, otra actriz preciosa de origen italiano de nombre Violante Placido.

La película tiene un tono crepuscular, con un estilo europeo, se vive un sosiego que solo se rompe por momentos de violencia en que el asesino es perseguido para ser asesinado, en ello muestra sus habilidades como su frialdad. Clooney muestra mucha serenidad y seriedad, sus gestos son medidos, sorprende no exponer su carisma para asumir la imagen que requiere su papel protagónico, uno podría esperar encontrar una actuación fallida pero termina siendo creíble si bien no suele ser su caracterización más representativa, finalmente logra salir a flote con el personaje, no luce forzado sino más bien exacto, como que está en el límite de lo correcto.

La historia está contada bajo varias elipsis, no se nos explica demasiado sobre los implacables criminales que siguen a nuestro antihéroe ni mucho menos sobre el pasado de éste, el relato está enmarcado en un presente que da por conocido el pretérito y que se dedica a desarrollarlo, el guión no sigue una secuencia convencional sino que va descubriendo diversos sucesos que nacen y desaparecen en el transcurso del filme, como la misma existencia, es decir esa espontaneidad que no se puede predecir aunque tenemos nuestras metas y cotidianeidades. Hay un asesino de prostitutas suelto, el hijo del cura es un elemento pasajero y en sí la relaciones son mayormente superficiales, no sonsacan abundante información sino muy parcial y nimia.

Hay un juego con los cromatismos como el color rojo propio de los prostíbulos en el cuarto de nuestro personaje principal, Jack, que vive el instante sin preocupaciones y que no muestra sentimientos aunque llega a reflexionar sobre la soledad mediante actos. Deambula su día entre su tarea, las comunicaciones con su jefe, los tratos con su empleadora circunstancial, los paseos con su amada y su relación de amistad con el padre Benedetto (Paolo Bonacelli).

Hay una simpleza inherente a la narración que nos permite imaginar más que presenciar acontecimientos, hay un aire a ralentizar el tiempo y las actividades, mostrando con paciencia a un hombre llano y plano que sostenga verosimilitud, hay un notorio esfuerzo por hacer verdadero a un Clooney contenido. Es en esencia una cinta muy realista en lo posible que quizás por tener ese efecto no llegue a gustar por carecer de explosividad y dinamismo en su mayor parte de metraje que lo tiene por cortos lapsos pero que se adscriben solo a los ratos de acción en que despierta el lado salvaje de Jack o Edward que parecen ser nombres falsos que escapan de la identificación y dejan en el limbo las referencias biográficas, a un hombre que aún en ese despertar no demuestra efusividad sino movimientos autómatas.

La película posee defectos en su desenlace, cuando está a punto de ser asesinado Jack sucede algo que no tiene sentido y la misma misión se ve corrompida por una cierta incoherencia que puede comprenderse pero nos suena a artificio que no se asocia con un accionar común, pero son vuelcos que buscan dar una agilidad que el filme no llega a consolidar por ser movimientos últimos que ya no cambian nuestra percepción total, lo cual no desestima el producto sino mantiene lo ganado que es un filme que no será una obra maestra, pero si de haber disfrutado su recorrido atípico que promete sin cumplir pero sin desagradar al que ha comprendido sus características y ahí yace el reto porque no está dirigido a una mayoría expectante de adrenalina sino a un inclasificable espectador, como si lo hecho no fuera una realización bajo previo análisis de público objetivo sino simplemente el llevar a cabo una estilo personal.

Dirigida por el holandés Anton Corbijn que se ha dedicado a hacer documentales musicales y videoclips de bandas como Depeche Mode, U2 o Metallica y quizá le falta experiencia en la ficción, que fijo ha ganado unos fanáticos pero mantiene distancia de mayor público.