sábado, 28 de marzo de 2026

The Phenix City Story

Escribir a mi ver es un especie de premio, dentro de una curaduría. Es el retorno frente al entusiasmo personal. Querer compartir películas que consideramos realmente interesantes. En ese lugar está Phil Karlson, con algunos de los mejores noir del cine americano, aun cuando enfrentó la austeridad y se hallaba un poco relegado. The Phenix City Story (1955) se basa en hechos reales, en como una mafia americana tenía dominada por 100 años a la ciudad de Phenix en el estado de Alabama, la que asesinó al abogado Albert Patterson cuando se postulaba para un cargo político con el que iba a pelear contra la corrupción y el control de la mafia, ocurrido en 1954, lo que terminó en la intervención del ejército y colocar la ley marcial en la ciudad. La propuesta abre con un aspecto documental de 13 minutos donde se entrevistan a protagonistas reales de la ciudad y del caso. La película no lleva la mítica de la mafia italoamericana que hiciera popular Francis Ford Coppola en 1972, pero se manejan igual de ruines cuando quieren clausurarles sus negocios, cuando se meten con ellos, habiendo una calle entera donde hay apuestas ilegales, máquinas de juego, bares y prostitución a la vista de la población. Los matones a la orden de un gángster llevan sombreros como el Max Cady de Robert Mitchum y Robert De Niro. El gángster protagonista lo interpreta Edward Andrews como Rhett Tanner. No tiene la apariencia de malvado, pero como suele escoger Karlson le atina de manera perfecta al rol. También tiene que ver que todos en la ciudad se conocen. Tanner habla con Albert Patterson (John McIntire) de manera amigable al comienzo del filme. Tanner suele visitar un sauna para conversar con otros viejos mafiosos y compinches de alto vuelo, para ponerse de acuerdo en sus acciones. Alabama es conocido por haber sido un estado racista en particular, hay la muerte de una niña afroamericana como castigo a un empleado -su padre, interpretado por James Edwards en un breve papel- al ayudar al hijo de Patterson, John (Richard Kiley). Con esto Karlson deja ver por como se expresan los policías corruptos que había segregación racial aun y que él haciendo llorar a la mujer de John da a entender que es contrario a ello. Tanto el padre como el hijo Patterson hacen de héroes frente a la mafia. John Larch como el bruto matón Clem Wilson y la rubia de carácter fuerte encargada del casino, Cassie (Jean Carson) dan consistencia a Tanner. Igualmente, la modelo Meg Myles aporta belleza y sensualidad en el bar, pone ambiente. Es una película con todo lo regular de las mafias, se disparan varios asesinatos incluso, mostrando que en realidad el tal Tanner es cosa seria, no el hombre amable y elegante que vemos caminar saludando y sonriéndole a la gente en su barrio. Tiene todo el aire de las películas del sur americano, con pantanos como en el que sumergen a Tanner o donde hay mucha tierra más que urbanidad. Muchos soldados se codean con las prostitutas y los juegos de apuestas, hasta ahí está bien instalada la mafia en la vida común de ésta población. Se habla de vigilantes, gente armada que hace de seguridad ciudadana por voluntad propia, pero se deja en claro que no es ocasión para heroísmos personales o vendettas, sino para hacer uso de la ley, buscar un puesto político y desde ese lugar cambiar las facilidades que posee la corrupción. Por todo esto es entendible que éste filme sea parte del Registro de Preservación de películas americanas y sea parte del archivo del Congreso estadounidense. Va apareciendo gente proba que se opone a la mafia hasta que los Patterson toman la batuta. El mismo Tanner teme tener en contra a Albert que comenta haber trabajado antes como abogado para él, profesión donde muchos no suelen hacer distinción de empleador. Hay un juicio donde la culpabilidad es notoria y queda en claro la impunidad. Es un filme dinámico, que recorre la narrativa de las películas comerciales, amables, de ficción. Tiene toda la parafernalia del espectáculo, y del cine clásico. Se deja ver bien aunque demuestra cierta humildad narrativa, que no deficiencia. Los actores no se ven tan revolucionarios o impactantes y eso la hace ver una película más pequeña; sobre todo en notoria comparación a El Padrino que camina poniendo leyenda por donde pisa, plasmando folclore. Se heroiza mucho a los Patterson, pero se extraña más acción literal de su parte, más practicidad. Hablan con fuerza -le ponen harto drama e histrionismo- eso sí, como buenos abogados o políticos en potencia. No se ve del todo convincente John Patterson en la pelea a puño limpio con Clem -aunque ha estado en la guerra- que se ve así mismo torpe por su lado. Ellie Rhodes, la bella Kathryn Grant, está algo desperdiciada. Se le plasma hasta inocente cuando no debería serlo. Le falta al filme un poco de picante en general, pero no deja de ser un noir entretenido y a destacar. Tiene cosas que coquetean fuera del cine clásico que pudieron explotarse mucho más, como un sur más vulgar que estar en una ciudad llena de modernismo. Karlson sigue las reglas del cine formal, aun desde cierto lugar algo outsider. Fácilmente pudo ser más popular de lo que fue. Pero igualmente se las ingenio para dejar su pequeña huella dentro del mejor cine americano.