martes, 10 de marzo de 2026
My Armenian Phantoms
Éste documental de la armenia Tamara Stepanyan estuvo en la sección forum de la Berlinale 2025 y fue la seleccionada por su país para representarlo en los premios Oscars 2026 pero no consiguió ser nominada. Es una película que trabaja con material de archivo, principalmente con películas armenias -que dirige la voz en off de la directora-; junto a archivos de eventos históricos de Armenia (como la caída en 1991 de la URSS con la destrucción de un monumento de Lenin o la ceremonia fúnebre pública de Parajanov en 1990), completado con material de video casero de la directora sobre su familia. Stepanyan llama fantasmas a cosas del pasado que la representan, con las que se siente muy vinculada sentimentalmente, como la historia del cine de su país y su propio padre, Vigen, que fue un actor de cine y de teatro, no muy conocido fuera de su país, un pequeño actor, pero sentimentalmente la película lo retrata como la persona especial que fue para su hija quien parece dedicarle el filme. Tamara le pasa revista a varias películas trascendentales de la historia del cine de Armenia, revisando en el trayecto la vida histórica de su país y con ello lo familiar o nuclear. Lo que muestra parece en realidad elemental, pero para quien no conoce de éste cine resulta novedoso. Es un país con una historia cultural cinematográfica interesante aunque no de muchos títulos. Armenia fue anexada a la URSS desde 1922 hasta 1991 por lo que el cine de Armenia fue dictado/manejado por los soviéticos (con Armenfilm como la primera productora de Armenia, fundada en 1923, bajo las ordenes del Goskino, el comité rector del cine de la URSS; Armenfilm sigue funcionando en la actualidad como entidad estatal), con la habitual impronta socialista y propagandística, pero se deja ver que los directores armenios se las ingeniaron para plasmar su identidad, su folclore, sus tradiciones. Hasta sus ironías, como con We are our mountains (1969), de Henrik Malyan. Trataron de romper un poquito el molde, en lo posible, fuera de lo ideológico o ser simplemente vistos como un anexo de la URSS, cosa difícil habiendo censura. De esta manera uno de los directores más destacados, Sergei Parajanov, georgiano de ascendientes armenios, fue censurado y apresado múltiples veces. Vemos material de archivo donde el mismo Parajanov se queja de ésta persecución, de un arte libre. Podemos observar retazos de su más célebre película, experimental y única armenia que hizo, The color of Pomegranates (1969), con la caída masiva de manzanas de unos árboles, frutas que terminan flotando en una playa o un hombre desmayado sobre un piso de madera rodeado de gallinas agitadas en estado caótico. Escenas llenas de poder visual, vanguardista y estético. Las películas que Tamara presenta aquí son de una buena curaduría, llenas de su sensibilidad, como ella misma señala, y de su gente. Menciona a la primera película armenia, que era de cine mudo y en blanco y negro, Namus (1925). Nombra directamente a su director, Hamo Bek-Nazarian, como un defensor de la mujer, y un feminista no del todo al tanto de ello, digamos que de manera natural, asunto a tomar particularmente en cuenta ya que durante mucho tiempo no han habido directoras de cine armenias e incluso escaseaban los protagonismos femeninos. Bek-Nazarian criticaba la tradiciones brutas, primitivas y abusivas, de poder, de los hombres frente a las mujeres. El propio padre de Tamara da a entender medio entre broma que ella será un problema similar frente al abuso o al poder mal llevado. Le advierte también que la profesión que está escogiendo es ardua para las féminas. Otro señalamiento importante de la propuesta, de la historia del país, es sobre el genocidio armenio en manos del imperio otomano, ocurrido durante 1915 hasta 1922. Lo cual se solía escenificar indirectamente, como con la visión de una gigantesca e imponente montaña o por terremotos, pero que finalmente los soviéticos permitieron hacer una película sobre estos hechos, 60 años después. Ésta película sería Nahapet (1977), de Henrik Malyan. Tamara anexa su vida familiar a su propuesta, su familia estaba siempre alrededor del arte, con la universidad, el mismo cine y la música. El filme muestra bastante a Vigen, al que se le ve a menudo como una persona alegre y de buen humor. Hasta hizo una película como un italiano, ironizando un poco el conocimiento que tenía de éste idioma. El documental pasa de la propaganda soviética inmersa en el cine armenio a la denuncia de los crímenes de Stalin y la URSS en la película Nostalgia (1986). Otro punto de inflexión en el cine armenio, aparte de los 90s que abrían la puerta de la independencia en todo sentido, fue en los 60s con la influencia de las nuevas olas cinematográficas, lográndose que por primera vez una película armenia participe del festival de Cannes, Hello, That´s me! (1966), de Frunze Dovlatyan. Ahí debutaba la rusa Margarita Terekhova, mostrando toda su belleza a los 24 años de edad. Ella se haría famosa más tarde por El espejo (1975) de Tarkovsky, donde haría de la madre del cineasta. De Tarkovsky también se hace mención que fue asesor creativo/artístico de una película armenia, Terpkiy vinograd (1974), de Bagrat Oganesyan, donde Tamara hace un símil entre la película y su vida, una de varias en todo el documental, con el niño que espera a su padre en la estación de tren, que vuelva de la guerra mientras ella habla de retornar a su país (primero de Líbano, después de París), a las raíces de uno, ese lugar importante que representa Armenia para ella por su asociación con su propio padre y sus vínculos con el séptimo arte nacional, que nace de la práctica habitual familiar de su infancia de sentarse los jueves por las tardes a ver una película armenia. Tamara muestra su amor por su padre, por sus familia, por su país, por el arte, por el cine específicamente. Es un viaje por la cinefilia nacional, que ella vincula a contener la esencia de su nación, a través del tiempo y donde quiere insertarse, mirando cada huella (cada película o cada actor en ésta) como un fantasma que va a habitar el mundo eternamente y al que vas a volver con emotividad, tocado por sus tramas y afinidades en común. Tamara se ve identificada con la belleza y modernidad de Margarita Terekhova, en su caminar coqueto por la calle en tacos altos y vestido, recogiendo siempre fragmentos de existencia extraídos de la gran pantalla, sobrevolando cierto feminismo a su paso, frente al intelectual que fuma perdido en sus pensamientos. Un acto de seducción, como que también escriba el guion de éste documental junto a su esposo, Jean-Christophe Ferrari. Su fusión arte-vida es tan grande que ve parecido a Vigen con Frunze Dovlatyan quien normalmente protagonizaba las películas que dirigía y se ve que tenía como él bastante sentido del humor. La sugerente foto del poster de presentación de la película, con una niña pidiendo silencio con el dedo, es de otra película armenia, de lo que presenciamos un extracto en pantalla y me hace pensar en una Elephant (2003) de cierto vuelo fantástico, aun cuando el cine armenio estaba instalado en el realismo y, con los soviéticos, en el realismo socialista, película en la que Tamara participó de niña (ella actualmente tiene 44 años). Esto enuncia que ella siempre ha amado el cine. Lo mismo se siente de la libanesa Jihan K en su documental bastante político My father and Qaddafi (2025) que comparte videos caseros y escenas familiares hasta de actualidad, habiendo recuerdos grabados donde muestra su cinefilia, con imágenes de archivo históricos y biográficos -íntimos y otros públicos- sobre su padre el diplomático libanés Mansur Rashid Kikhia, desaparecido en 1993 en una conferencia en Egipto y del que no se sabe que le pasó (su cuerpo fue hallado casi 20 años después en Libia), pero el documental tiene la hipótesis de que el mismo Muammar Gaddafi al terminar en una amistad desquebrajada con él lo mandó a matar porque lo veía como rival/detractor de su mandato -donde gobernó durante como 40 años- o un futuro traidor que le quitaría el poder. Lo concreto es que Mansur, por lo que señala el filme tenía miras más pequeñas y así lo ve la realidad histórica. Se explica que criticaba pero le guardaba lealtad a Gaddafi y a su régimen político, aunque era activista de derechos humanos. Jihan K como Tamara muestra mucho afecto por su padre, le dedica un documental entero, aunque Johan sólo compartió con Mansur hasta los 6 años de edad, pero las historias y memorias familiares le hablaban de un hombre intachable, incluyéndolo muy amante de su familia. Jihan por su parte así mismo se ve ligada con su ascendencia, libanesa, aunque más convulsa, viviéndola a la distancia.
