viernes, 29 de agosto de 2025

78 Festival de Locarno: Dry Leaf

El georgiano Aleksandre Koberidze es dueño de un estilo que viene de antes y mantiene en ésta película, pero aquí resulta más interesante, más cuajado, más experimentado. Consolida sus ideas, sus preferencias cinematográficas. Por ratos parece que hiciera cine experimental, juega con las texturas, como con el agua mojando una ventana de un auto con la cámara encuadrándola bajo una vista subjetiva. Juega con las propias nubes. Con los colores que van metamorfoseándose como por la luz. Las tomas son perfectas, arriesgadas, estéticas, profesionales, creativas, aun cuando graba con un celular de punta y la imagen tiene una definición imperfecta, percibida nostálgica, de vejez, de madurez, que puede hacer pensar en algo más casual que de lo que verdaderamente es, porque se ve un trabajo de alto nivel en general. Pero el filme escoge la imagen más rústica, de orden casero, que se emparenta con el viaje, la road movie, algo que pretende sencillez argumental, que es lo que presenciamos. El propio padre de Aleksandre es el protagonista, David Koberidze, llamado Irakli, un personaje de ficción, pero como la mayoría de los que vemos, es como si se interpretara a sí mismo. Su hija Lisa, según la narrativa, se ha ido, como ha hecho antes, ella es periodista/fotógrafa deportiva, y tenía encomendado fotografiar canchas de fútbol, pero ha dejado una carta y como que ha "desaparecido". Irakli, típico padre, se preocupa más de la cuenta y va en busca de Lisa. Esto hace de pretexto para que Aleksandre ponga en acción la pasión que siente él y su gente por el fútbol, para muchos el deporte rey. Irakli viaja visitando canchas de fútbol preguntando por su hija que iba a fotografiarlas. Lleva al redactor de la revista donde trabaja ella, pero da la curiosidad que no lo vemos en pantalla, sino se finge verle, es invisible literalmente, aunque esto es otro juego poético, estilístico, del director georgiano. Aleksandre busca plasmar su subjetividad, antes lo ha mencionado, proponer una poética personal. De ésta manera escuchamos mucha música que va en esa onda, de amor por lo simple y que es bello. También hay otras más lúgubres o un poco misteriosas. La cámara se detiene en plantas, flores, hierba, árboles, animales, burros, vacas, perros, hojas secas (que bien indica el título). Incluso los troncos que hacen de vallas y las maderas que hacen de arco de fútbol se prestan para que sea romántico. Es un viaje donde el paisaje toma mucha importancia, buscando naturalidad, nada demasiado imponente. Irakli pasea por pueblitos rurales de Georgia y comparte con la gente común, algunos también son invisibles a la cámara. Come con la gente (brillan en particular las manzanas), conversa con ellos (se implanta la confianza de la buena educación), se detiene a apreciar a los animales (que pasan hasta en fila), escucha, mira, guarda mucho silencio. El filme en ese sentido es muy cinematográfico, hablan mucho las imágenes. Es una película de 3 horas de duración y es un trayecto poético en conjunto. Requiere de paciencia, hay que relajarse. Es semejante a sentarse con algún budista a respirar del campo, de la naturaleza, del entorno, apreciar lo básico, lo esencial. El filme dice que la vida tiene muchos caminos (y millones de seres humanos), es decir, diversas aventuras, y ésta es una de ellas, tras la belleza de lo ascético, buscar (conscientemente) paz. Ésta road movie no presenta preocupación de manera abierta, aun buscando a alguien, aunque pone la mirada en empezar a ver/atender a los demás. La búsqueda de Lisa es querer simplemente ver a alguien amado, estar siempre pendiente de éste. Así mismo es porque la familia de Irakli parecen ser muy sentimentales, muy sensibles, y esto puede reflejar melancolía, de la que uno guarda para sí, y de la que nadie se escapa finalmente. Amar es también consolar -y muchas veces no se necesitan de palabras-, provocar felicidad, ¿cómo?, de la manera más simple, justamente de todo lo que participa Irakli. En un momento se dice que hay una conexión espiritual entre padre e hija tras la road movie. Ven lo mismo desde su individualidad, se hace notar un viaje colectivo, eso termina siendo, igual que el planeta. Aleksandre plasma su subjetividad pero está queriendo conectar con los demás. ¿De qué manera? Amando a un tierno perro cachorro suelto alegre y libre en el pasto. Compartiendo un vino con un proyeccionista de una sala de cine rural reparada por él mismo para beneficio de todos (suplir una carencia). Participando de la anécdota sobre un profesor religioso, que no era dogmático, admirado por los niños más traviesos (un héroe invisible). Es atractivo ver mucha novedad/variedad desde la austeridad de la temática de las canchas de fútbol, amor por el deporte. Oímos de lucha amateur, de gimnasia, vemos la foto de Maradona. Se siente la importancia del deporte en la gente, en lo que le despierta una sonrisa. Los caminos, tal si hablara Kerouac del encuentro de Lisa (o mejor, Kiarostami), a razón de una bombilla de la calle que prende y apaga, pueden ser simples, vivos y originales.