martes, 17 de febrero de 2026
Hamnet
Ésta propuesta la dirige Chloé Zhao quien ganó el Oscar por mejor película y mejor dirección con Nomadland (2020). En ésta oportunidad vuelve a estar masivamente nominada a estos célebres premios. Es una película que te hace llorar, que es muy sentimental. Está basada en la novela de la irlandesa Maggie O'Farrell quien escribe el guion junto a Zhao. Es una película entre histórica y ficticia. Es interesante ver a un William Shakespeare de carne y hueso y no pensar en una alucinada historia de algún académico de la alta sociedad camuflado detrás de su figura. El magma de éste Shakespeare es su propio intelecto, sus vivencias, sus sensibilidades, sus propias percepciones, no los libros como única forma de sabiduría, como si esos libros origen no los haya inventado alguien bajo la misma modalidad que éste Shakespeare, su creatividad, nuestra esencia. Pero como pensar por uno mismo realmente no es fácil, es mejor ir a un lugar a encontrar lo que no estamos realmente capacitados para producir por nosotros mismos, volverlo accesible, un mecanismo o hasta simplemente repetir. Refiriéndome a crear conocimiento. Es así que la película hace muchas conexiones entre la vida común y corriente con momentos capitales existenciales y la creación de una obra maestra e icónica como Hamlet. Shakespeare desde el inicio se muestra como un intelectual, desde enseñar simplemente latín a los granjeros. No le es fácil adaptarse digamos como obrero o campesino. Su padre se puede decir que tiene una empresa de guantes o manufactura como micro-emprendedor. Shakespeare es un vendedor y eso le permite afincarse con la gente del teatro, formar su compañía, escribir y exhibir obras de teatro públicas. Realiza una labor que tiene una consecuencia práctica. Shakespeare también es actor y en un momento remite a sentir lo que expresamos en una puesta en escena. El filme es muy fuerte emocionalmente. Hay escenas a ese respecto que producen mucha tensión. Agnes (una sustancial Jessie Buckley, una mujer realmente bella y sensual a sus 36 años, cuando se muestra natural, clásica, campechana, en lugar de querer pintar de visualmente rara) pasa por un trance muy violento. Lo llega a culpar a Shakespeare. Puede rozar hasta el histerismo y coquetear con ser insoportable o demasiado difícil. Es interesante hacer notar que aquí no se satanizan las videncias o experimentar con hierbas, sobre todo para la época, fines del siglo XVI, todo lo que fácilmente puede asociarse con ser una bruja que luce una mirada más actual. Tenemos momentos que se plantean dentro del suspenso, con el terror, con el misterio, con lo sobrenatural, lo esotérico y hasta lo oscuro con ese bosque que posee varias interpretaciones, tal cual sus ramificaciones, sus raíces, su longevidad. El avistamiento recurrente de un hueco negro puede verse como no tener respuesta ante semejante tragedia o no saber del todo los sucesos de la biografía del escritor. La propuesta tiene un claro lado místico. Es como si quisiéramos entender el cielo, la vida después de la muerte (¿a dónde van los que mueren?), y el silencio de Dios, sosteniéndose sobre lo terrenal y lo racional, queriendo hallar argumentos para sanar. El final en el célebre teatro de Shakespeare, The Globe Theatre, es muy emocionante, memorable, el cual sirve como una hermosa catarsis llena de análisis minucioso, con ese Hamlet especialmente inspirado interpretado por el británico Noah Jupe. La obra Hamlet se abre como un brote existencial, ya no simplemente un dotado artificio. Cada oración de la obra Hamlet está llena de vida en las últimas escenas de la película, como quien señala el sentimiento del espectador en una sala de cine donde invoca su participación. Indican una profundidad que se va comprendiendo. A través del hallazgo de Agnes rodeada/inmersa de gente. Atravesada por gloriosa emotividad. El final es cine en estado puro, arte con mayúsculas. Se da una fusión de lo práctico, lo vivencial, con lo intelectual. Muy bien Paul Mescal, finalmente me compro el hype, muestra que es un excelente actor.
domingo, 15 de febrero de 2026
L'uomo di paglia
Creo en el poder de las palabras, aunque montón de veces no retribuyen. No están necesariamente emparentadas con el éxito. Puede que sea falta de empatía, un defecto, o insignificantes, pero lo importante es que son auténticas, sin efectismos o irreflexivas. Escribo porque justamente pienso distinto, porque el resto no me satisface. Esto habla de ser fiel a uno mismo. El director de ésta película es el italiano Pietro Germi, quien es el protagonista además. Es tremendo director, de los mejores de la historia del cine italiano, quien llegó a ser muy popular en vida tanto con películas neorrealistas como por la comedia a la italiana. La presente propuesta tiene una trama que trata de que un tipo tiene una amante, cuando su matrimonio parece feliz. Andrea (el mismo Germi con 44 años) trabaja en una fábrica de mecánica como entrenador y parece un buen marido y un buen padre, pero un día queda prendado de la nada, como por casualidad, de una chica de 22 años que vive en su mismo edificio. Andrea la llama una chica rara porque ella se queda con la mirada perdida, pensativa. La joven es muy reflexiva, muy racional. La situación de ser la amante le mortifica, pero está enamorada de Andrea. Rita (Franca Bettoia, en la actuación de su vida) es una buena chica en general, que ha cometido un error al meterse con Andrea, a quien es difícil de definir. La muchacha es bastante educada y formal. Y se le ve muy bien con vestido y tacos altos. Así mismo cuando se suelta y mueve el cabello y pone una mirada de docilidad, de mujer enamorada. El filme hace elipsis de cualquier acto o idea sexual. Parece la obra algo romántico. También parece que Andrea fuera una buena persona pero es igual a todo el mundo. Muchos van a decir que el sexo nubla, y eso hay. El filme melodramáticamente hace ver que en realidad es un error meterse con alguien casado. Si Rita fuera una chica alegre, la cosa hubiera sido más simple, como hace ver el amigo de la fábrica, Beppe (Saro Urzi). Incluso la chica ayuda en su hogar, a sus padres y hermano. No quiere ni dinero. Lo de ella es amor puro. Le llega a dar a entender a él que podría darle un mejor lugar frente a la situación. En pocas palabras, que se separe de su esposa. Andrea no quiere, y no es honesto del todo con Rita. Intenta dejarla, pero su presencia -su halo de belleza- le hace retroceder, y ella hace lo mismo, sabe que está mal, pero insiste aun así. En las acciones -como suele suceder- la esposa luce como un ente menor, minimizado, si bien parece una santa en todo sentido, no es que su personalidad de ninguna forma justifique engañarla. Ésta es inteligente por una parte y llega a darse cuenta, y es sutil expresándolo. Antes ha sido confiada y algo descuidada, pero por buena madre. Andrea aparece además intachable como antecedente. Como lo sexual no yace en la gran pantalla todos parecen más buenos de lo que son. También lo generan las formas (en ello Beppe se deja ver más abierto, desestima a Rita llamándola una histérica; los núcleos sociales a su vez crean amoralidad). Esto cambia un poco poder ver la verdad del panorama. Es como si estuviéramos hablando de amor, pero en realidad estamos tratando con el deseo sexual. Rita tiene novio y se deja llevar por el mal a través del carisma, la suavidad, la seducción, de la caballerosidad. Uno podría decir qué se la juega. Es un filme que deja mal sabor, como menciona la psiquis de la esposa. Es difícil ser moralista puro y duro, pero Germi escoge un papel complejo, alguien que muchos van a odiar. En un momento se dice que pecar una sola vez hasta ayuda al matrimonio. Se dice como si fuera una superstición. Andrea se descubre como un mentiroso crónico. Surge una escena en la iglesia muy poderosa, muy tensa, capital, un reto que Germi opta por resolver. En adelante puedes amar o no el final de la película, pero Germi ha logrado concebir una obra con personalidad, atrapante, mil veces mejor que la ligereza formal de La piel suave (1964), obra que podría haberse inspirado del lapso en el bote con esa "extraña" (premonitoria) conversación sobre la escopeta. Muchas cosas harán sentir mal la situación, la vergüenza en el restaurante, el atropello (el daño o el caos en el aire), la emotividad del niño, quedarse en abandono en el café, etc.
miércoles, 11 de febrero de 2026
The Return of the Living Dead
El director de ésta película se llama Dan O'Bannon y sólo dirigió 2 largometrajes. Fue el guionista en solitario de Alien (1979), coguionista de Total Recall (1990) y trabajó como guionista junto a John Carpenter en su debut, y con Tobe Hooper. La presente película se autodenomina secuela directa de Night of the Living Dead (1968), aun cuando George A. Romero el mismo año hacia su tercera película del universo de los zombies que él convirtió en legendarios. Y era porque el filme seminal fue escrito por Romero y John Russo y después de finalizarlo habían tomado caminos por separado. Russo sería guionista de la presente película. Éste filme es de culto y a mi ver es la película más entretenida de las que existen de las de zombies, aun cuando la primera de Romero no sólo es justamente popular sino históricamente relevante. La película de O'Bannon es una gran película de terror con sólida comedia. Es una película de entretenimiento puro y duro, aquí no hay filosofía ni nada que pensar demasiado, pero es una película perfecta, que entusiasma, que te saca fácilmente una sonrisa tras otra, que es cool, tiene mucho de punk, hasta con sus protagonistas y en la banda sonora, que está llena de escenas gloriosas, así como posee grandes efectos especiales. Inclusive el final es redondo con su toque irónico. Se oye decir, parece que tenían un plan preparado para esto, y no es algo que le convenga al personaje que habla. Los actores, todo el reparto, son muy carismáticos. Te ganan inmediatamente. Están ilustrados con mucha naturalidad, campechanía y simpatía próxima, aun cuando como Suicide se puede ser muy quejumbroso existencialmente o como Chuck, rogón con las féminas a lo Brian Johnson de The Breakfast Club (1985). En un momento una chica punk, Trash (Linnea Quigley), de cabello rojo corto, delgadita, bastante estética, se excita mencionando la fantasía de querer morir tragada literalmente por muertos. Enseguida su banda de compinches de juerga ponen música y queda completamente desnuda bailando sobre un mausoleo. Tal cual lo que propone la propuesta. Más tarde parece salida de Fright Night (1985). Hay una escena memorable en particular, medio tierna entre cruel, cuando uno de los enfermos por el gas se da cuenta que no tiene salida su destino. El filme empieza con una historia simple y contundente, toda la trama se mueve a esa vera, el devenir errado de unos barriles con pruebas químicas del ejército. Frank (un grandioso James Karen) trata de contarle una gran historia a un nuevo empleado, a Freddy (Thom Mathews), joven punk bastante amable, y en la practicidad, cine puro a la vena, hace un movimiento de jactancia y despierta el apocalipsis zombie acompañado de la música de entrada. Ernie (Don Calfa), el embalsamador, también es otro magnifico personaje. Suelta caras graciosas con sus expresivos ojos. Clu Gulager con 57 años hace del héroe clásico, aunque algo avispado, como buen empresario. Un zombie pensando en la cena pide más paramédicos; otro, más policías. Los zombies de O'Bannon no son lentos en ningún sentido. Incluso llegan a explicar muy inteligentemente porque comen cerebros. Éste filme es un enorme disfrute del cine de entretenimiento, una de las mejores cartas de presentación. Nunca es anodino ni formulaico, sino audaz capturando el hedonismo y al espectador. Es un filme que reboza vida, valga la paradoja, intensidad. Hasta el rigor mortis muestra gracia, originalidad, con sus quejas. El zombie como bañado en petróleo igualmente es un alarde visual.
martes, 10 de febrero de 2026
Privilege
La cuestión con el cine para quien escribe es buscar películas realmente interesantes, valiosas, destacables, alimentar la autenticidad y seriedad de una pasión, que se distinguen sin ser gratuitas, efectistas, vacías, efímeras, sino que argumentan, sostienen pensamientos, sostienen variedad de miradas. Se mantienen en el tiempo otorgando valor a su procedencia. Se trata de obras que trascienden. El cine es arte en toda la palabra, como la literatura, como la pintura, etc., cuando, como en todo, hay talento, por encima de la idea común sobre éste. Aun cuando no se trata de forzar nada. Es ser lo que uno quiere, tienes cualidades sostenibles para, que realmente sea, más allá del papel. El cine es un lugar donde se puede intelectualizar todo. El cine no sólo es entretenimiento o artificio (un lugar de tecnicismos comunitarios). No sólo es colocarte en modo piloto automático. Tampoco es únicamente -y no está mal que lo sea, sino es parte de un conjunto, de ser muchas cosas- un acto social, masivo, colectivo, popular, simplemente placentero (hay muchas variaciones de esto). Bajo mi perspectiva, lo que busco, es un lugar para pensar el mundo. A través del poder de las imágenes y elucubrar creativamente cómo mostrarlas, qué exhibir. En esto encaja la presente película del británico Peter Watkins, que como su compatriota George Orwell, supo trabajar notablemente alrededor de la distopía y las realidades sociales y políticas. Lo que quiso debatir y donde se identificaba. En el presente filme tenemos un sci-fi discreto, bajo un futuro muy próximo -los 70s- a la fecha del filme (1967). Hay una figura de un cantante de pop -el número uno que yace en todas partes- que se ha vuelto un especie de profeta, un tipo que crea opinión masiva rápidamente (ahí yace la ironía de la publicidad de comer 5 manzanas al día y generar un consumo popular o una industria y los cruzados y el nacionalismo en pos de las guerras), que influencia bastante en las masas. Involucra el liderazgo, una figura destacada. Ser famoso pasa por lo mismo. La cuestión es que éste cantante de pop se auto-percibe como la nada absoluta, es una creación de la empresa que representa, que está detrás de él. El cantante Steven Shorter (Paul Jones, un cantante real) no es que sea una mala persona, incluso está cargado de dudas y miradas perdidas, sólo que es simplemente anodino por sí mismo, aun cuando es un buen cantante. Los genios son los que están detrás de él, que desfilan con sarcasmo por la trama (peinándose cuidadosamente o tocando la bateria), pero ven más que todo hacer dinero (hay un poster con Shorter celebrando un puñado de dinero en su mano, celebración de su riqueza). Como el estado y la iglesia están muy pendientes de la opinión pública compran la imagen del cantante. En muchas cosas es un filme obvio, pero se presta para el pensamiento. El guionista es el americano Norman Bogner, un escritor de bestsellers en la vida real. No es que toda figura pública tenga que ser la voz de la consciencia o meterse a hablar de cosas que quizá no le competen, lo político y lo social, pero Watkins se define de esa manera y quiso incluso que otra gente famosa piense igual. El mensaje puede variar dependiendo la celebridad. He ahí lo que señala el filme. En un momento se dice que no se quiere diversidad de opinión (debate) o incluso que no se quiere que la gente sea individualista y creativa en realidad. El filme se puede ver como quien anhela que las figuras famosas deberían ver por un mundo mejor, si bien Watkins lo usa para sus propias ideas, lo que él cree. La propuesta critica que en verdad esa felicidad no venga sola, que no sea honesta. La felicidad es pasajera, va y viene, que ver que algo te la proporcione como arte o entretenimiento me parece muy bueno. Yo diría más que suficiente. Pero no se debe pretender un fanatismo ciego, como vemos en muchas demostraciones de la película (histeria). La idea es no perder la consciencia desde ningún lado. Al final cuando Steven dice odiar al público por lo que se ha convertido, un dios vacío de personalidad, entra en el olvido. El enrostre de la banalidad. Muchos podemos pensar que reflexionar más de la cuenta también no siempre termina siendo saludable. Vivir también es practicidad, no exagerar, todo no es filosofía. Aceptar el proceso, aceptar las frustraciones. La música está para alegrar, para emocionar, como así miraba Truffaut el cine o ir a la sala de exhibición, un proceso comunitario, un proceso emocional, una experiencia social. Éste filme me hace pensar, y el pensamiento que me da es que entretenerse, ser feliz a esa vera, es también algo valioso. Cuando un artista te proponga algo, simplemente pensemos que nos ofrece. Puede ser sólo buena música y eso es mucho también. Puede ser muy fastidioso cuando un personaje se vuelve muy político. Porque eso no es lo que ha hecho que uno se acerque a esa persona. El problema es que Steven Shorter es un monigote. Es ahí que la modelo real Jean Shrimpton -muy bella eso sí; aunque no es una luminaria no actúa mal tampoco- entra a tallar. Curioso que una modelo -una de las primeras supermodelos-, siendo su máximo atributo o fundamento sólo la belleza física, sea una fuente de reflexión, sea la que desencante a Shorter de su universo (si bien alude al amor), hable de la falta de personalidad propia. Ésta es una película curiosa. Muchos de los hits musicales de Shorter son propios de la época y de la música de Paul Jones. La canción Libérame (con los policías como los malvados, la autoridad, pecando al querer ganarse al público a toda costa, otro mal endémico), es poder ser uno mismo, que bien enfrenta la distopía del filme. Muchas canciones suenan melancólicas y se oyen bastante bien. La sátira tiene su encanto, con su sequedad por ratos en el estilo, en otros tiene intensidad. Es un filme de culto. En mucho se puede ver cómo el poder destruye muchas veces a los profetas, como se intentó con Jesús. Otra crítica es que muchas entidades no quieren perder simplemente su lugar. Watkins hizo siempre el cine que quiso. El individualismo de la película remite a un capitalismo reflexivo, autocritico, capitalismo como evolución. El título habla de valorar el privilegio de ser importante. Si está en ti ser un verdadero líder, hay que hacer mejores a los demás.
jueves, 5 de febrero de 2026
Fearless
Ésta es una película interesante. Interesante porque escoge ser muy realista, justificar todo, cuando fácilmente pudo volar como un sci-fi o una película fantástica. El protagonista, Max Klein (Jeff Bridges en una de sus mejores actuaciones y mejores películas), parece que fuera un ángel (o medio que se descubre como uno), pero no lo es. Tuvo una epifanía con la muerte tras vivir un accidente de avión. En pleno vuelo que iba en picada sintió que era su hora de morir y en lugar de temer que pase perdió el miedo a la muerte. En pleno accidente empezó a ayudar a los pasajeros. Desde ahí se volvió un tipo raro, aunque lo miran como un buen samaritano. Se desprende de la existencia que llevaba -donde era feliz- y se pone a vivir hacia/para otros. La epifanía lo hizo sentirse un fantasma y querer buscar empatizar con otros fantasmas, como alguien que tenía/tiene que desaparecer. Esto empieza a quebrar la normalidad de su existencia, a destruir su matrimonio (con una guapa y sofisticada Isabella Rossellini con 41 años), a hacerlo fallar como padre. No obstante ayuda a todas las victimas del accidente. Es de ésta manera que forma un fuerte vínculo con una pasajera que perdió a su hijo de 2 años en el choque. Con Carla (Rosie Perez, en la actuación de su vida). El accidente de avión ha creado muchos traumas, incluso culpas y vergüenza. Max lleva también un trauma, aunque pasa por un ángel. El trauma que lleva se explica muy bien con los veteranos de Vietnam. Simple y al punto. Así es el filme y no deja de ser un filme filosófico, lleno de ideas y al mismo tiempo una obra atrapante y entretenida. El reparto no parece el más impresionante y todos dan la talla y mucho más. Es un filme que escoge ser austero y en ese trayecto es tremenda propuesta. El guionista es el americano Rafael Yglesias que adapta su novela. Es una película que versa sobre el goce de la vida, y enfrentar perdidas demasiado complejas, es un filme que versa sobre la muerte y la vida y sobre el amor. Curiosamente puede verse como una lectura de enamorarse de una mujer fuera del matrimonio, pero inteligentemente el relato logra ser algo más particular. Carla trasciende con éste hombre, siente mucho afecto hacia él, él hace que ella sane espiritual y emocionalmente, justamente cuando llega a manifestar una fuerte crisis. La trama opta en éste momento capital, bastante tenso, por una escena y resolución muy práctica, la cual es cine (puro) a la vena, magnífica, perfecta, y lo hace como con toda la obra, esquivando la grandilocuencia narrativa y sobre todo lo gratuito. Es una película que remite a la percepción, cómo vemos la vida, plasmando positivismo, humanismo. Pero lo curioso es que Max debe también poner los pies sobre la tierra, enfrentar lo convencional, normalizarse, un mensaje a contracorriente de querer siempre llamar la atención o creernos especiales más allá de que cada ser humano es un universo. Es como si dijéramos que la normalidad, desde el panorama de la clase media (habiendo muchos mensajes donde los abogados lucen muy hambrientos), amar y cuidar una familia es muy importante, como también nuestra conversación con Dios. Es recoger de varias partes, está bien ser bueno con el prójimo, es bueno pensar en otros, como humanidad, mientras el pilar deben ser nuestros seres más próximos, a los que nos debemos. Max experimenta el delirio de ir hacia el extremo sin ningún temor (con varias escenas potentes que bien sostienen el título), dentro de un yo hiperbolizado. Pero amar estar en la tierra también es mantener una vida tranquila, ecuánime. Temer es parte de vivir, cosa que hay que aceptar y es más cómo lo manejamos. Es no escoger desaparecer, no huir de las normas o convenciones, sino madurar. Max no obstante no quiere ser famoso. Es como si Max por un tiempo se hubiera transformado en un ángel, como un reverso/relectura de El cielo sobre Berlín (1987). Fácilmente así mismo pudo inspirar al Kiarostami de El sabor de las cerezas (1997). El australiano Peter Weir es un director muy querido con varias obras populares en su filmografía y uno de los máximos artífices de la nueva ola de su país.
lunes, 26 de enero de 2026
As Good as It Gets
Ésta es una de las mejores comedias románticas de la historia del cine y de la comedia en general. La dirige James L. Brooks. Los protagonistas del filme ganaron el Oscar, Jack Nicholson y Helen Hunt. Jack Nicholson es Melvin, un escritor que todo el tiempo dice cosas horribles sin filtro, que es un solitario por normalidad, aunque no es ningún outsider. Está lleno de tocs como no querer pisar las rayas del pavimento. Sigue muchas cábalas para sentirse seguro. Es un tipo difícil de tratar y ahí se inserta la comedia romántica. Un día faltará la mesera que siempre lo atiende y él irá en busca de ella para que simplemente regrese a servirle su comida y en el camino surgirá un romance improbable, de los llamados imposibles. La mesera no es cualquier mesera, sino como dice la madre es una mesera de Manhattan, reinventándose un enamoramiento típico americano. Se crea mucha originalidad con una historia muy próxima al público. Hacer comedias románticas es muy complicado, más allá de las apariencias, sobre todo en los tiempos modernos, muchos no quieren ser tiernos o dulces, no gustan ser románticos fácilmente. También porque muchas cosas han cambiado frente a lo tradicional por una parte en la actualidad. Se ha perdido cierta magia del enamoramiento. En un momento la protagonista, Carol (Hunt), llora frente a sentirse ayudada por un hombre, sin pedirle nada a cambio. Lo cual la tenía ensimismada, y al no tener esa carga, pero que ha sido solucionada más no abandonada, ha podido verse a sí misma y empezar a atenderse, sin que medie el narcisismo, sino todo de forma natural. Melvin no es una mala persona, pero es insoportable. Se enoja rápido, y dice cosas desagradables, pero no es físicamente violento, es más del tipo sarcástico. La violencia física le asusta. En una confrontación verbal, Melvin, quien es rechazado por la gente al no llevar filtro al hablar (se burla de los judíos, de los gays, de los afroamericanos, etc), dice que Carol lo ha hecho un mejor hombre. Le ha producido querer resolver su antisocialidad que lleva de diferentes procedencias. Melvin comete muchos errores donde hay mucho humor. Hunt pone caras muy divertidas además como respuesta a lo que dice, es buen complemento a la grandiosa plasticidad de Nicholson. Igualmente hace de, ésta mesera, alguien sencilla, pero inteligente, sin que se vea forzado. Ella muestra mucha belleza en su humildad. En varias ocasiones Melvin que podría verse de otra condición social (llega a llamar envidiosos a los quejones que tienen vidas arduas), parece un pretendiente con pocas posibilidades frente a lo que consigue crear Hunt y Brooks en pantalla, y es un logro interesante. Melvin a pesar de ser insoportable va haciendo méritos para que lo quieran y esto se consigue sin traicionar la personalidad que tiene, es decir, se siente auténtico. Melvin es una buena persona debajo de toda su superficie. En un momento la gente de su restaurante habitual aplauden/celebran que lo boten. Melvin muestra que está al tanto de todo, lo que implica mucha fortaleza emocional, mucha resiliencia. No es que se regodee en los defectos sino que sabe que le es difícil ser de otra manera. Incluso lo llega a decir, agotado de tratar de ser siempre atinado. La madre defiende al hombre y le dice a Carol que no hay novio perfecto, cuando ella se lo pone arduo a todos. Se oye (y está además argumentado) mejor que en Some like it hot (1959). Tras un estado de meditación Carol expresa que debajo de tanta torpeza ella ve ternura, ve verdadero romance, y esa es otra hazaña del tipo de comedia romántica que tenemos enfrente. Lo que tiene ésta película es que a diferencia de Melvin lo habitual lo dice de manera muy inteligente. No audaz, ni para la foto, sino de manera realmente inteligente y lo hace con una capacidad de claridad que solo los genios poseen. El filme sólo tiene un lapso sórdido cuando unos putos callejeros, que se les recluta como modelos, golpean al vecino gay, pintor, de Melvin, interpretado por Greg Kinnear que lo hace muy bien también. Esto sostiene de que la vida puede ser muy complicada, pero con cierta disposición, como la inspiración de la mente positiva aludiendo el arte como símil, se abren las puertas de la solución. La percepción es todo, aunque muchas veces no nos damos cuenta o nuestras emociones nos obnubilan. Nuevamente el filme exuda magia donde otros pecarían de empalagosos, cursis, de autoayuda básica. De todas maneras hay que hacer notar que el filme no teme ser un poquito cursi, pero no exagera, es lo mínimo si pretendes en realidad ser romántico o te das cuenta que eso quiere decir hacer (o querer ver) una comedia romántica. Melvin empieza a mostrarse bueno, noble, sensible, cuando le dan a cuidar de un perrito que solía odiar, a quien Melvin conquistará con pedazos de tocino (más americano imposible). Entabla un fuerte vínculo que llega a llorar por el perro y no puede creerlo ni él. Melvin le dice a un afroamericano, sé blanco, sé serio, hasta ahí llega su irreverencia, que suena a una critica a esa gente que cree ser auténtica porque dice cualquier cosa que le pasa por la mente. Melvin tiene que aprender a tratar/respetar/amar a la gente, no es fácil, si bien lo suyo no es producto del egocentrismo. Debe salir del yo (donde todos normalmente estamos). Carol también debe aprender a creer en los hombres y lo hace curiosamente con el ser humano más imposible, como indica el título. Es decir, las relaciones no son perfectas, uno construye la felicidad. Así mismo éste filme, de hace casi 30 años atrás, ha pavimentado el camino de la tolerancia a otras sexualidades, proponiendo un personaje gay sólido con Kinnear.
miércoles, 21 de enero de 2026
El diablo nunca duerme
Éste documental de 1994 de la mexicana Lourdes Portillo parte de la muerte de un pariente suyo, su tío Oscar Ruiz Almeida, un hombre que poseía mucho dinero, que trabajó un tiempo relacionado con la política incluso. Tuvo 7 hermanos, los que tuvieron que valerse entre ellos cuando murió su padre cuando la mayoría era chico aun, lo que señala que fueron durante su crecimiento muy unidos en especial. Pero cuando murió su primera esposa se casó nuevamente a tan solo 2 meses de su muerte con una miss local de belleza a la que le llevaba como 20 años de diferencia y dicen era de otra condición social a la de él. De aquí parte un poco lo que veremos. Éste nuevo matrimonio marcó cierta ruptura con la familia sanguínea de Oscar Ruiz, donde la madre de Lourdes era su hermana y su marido su compadre. Incluso la primera esposa de Oscar se la presentaron los padres de Lourdes, fueron muy cercanos. Todos querían a ésta mujer que se murió antes de tiempo de una enfermedad. La nueva mujer buscando asentarse y viendo las reticencias que se vislumbraban con la familia de Oscar y el lugar de residencia, Chihuahua, decidió migrar a otro estado mexicano. Lourdes nació en Chihuahua pero vivió la mayor parte de su vida en EE.UU, hasta su muerte (el 2024 a los 80 años); teniendo la nacionalidad americana. En la película se nota el desagrado hacia la nueva esposa de Oscar. Además Lourdes le pide una entrevista, la graba solamente por el teléfono filmándose en una habitación de hotel, y la mujer no quiere colaborar con el documental. Se huele la falta de amistad, donde llega a ser hasta irónica dentro de su campechanía. El filme evoluciona con la creatividad de Lourdes. Ella convierte el filme en uno de investigación tirando al whodunit literario donde vemos hasta telenovela directamente. No obstante ella deja ver que está al tanto, no pretende mostrar inocencia o desentenderse del asunto que propone, llega a preguntarse abiertamente, retóricamente, si ha manipulado un poco el filme, en el que es un claro documental subjetivo, si bien muchos creen que la objetividad no existe, pero en realidad quiere decir que no es un documental tradicional, periodístico, o que se sustente de manera únicamente informativa, no busca afirmaciones. Lourdes deja volar un poco la imaginación. Coloca algo de sustento, pero suelta todo en el aire. Es como si dudara hasta de lo más pequeño (hasta de la paternidad biológica), todo lo pusiera en tela de juicio, como para que el espectador entre en el mismo juego y escoja entre todos los datos, escoja en que creer. Se podría decir que es un filme abierto a la interpretación libre, aunque la narración también apunta un poco a lo más lógico, o lo más claro y básico, y depende también como vemos el mundo. Mayormente optamos por lo más extraordinario, cuando muchas veces la vida puede ser muy pedestre, muy simple. A Oscar le pesaba hasta la edad, como lo demuestra una cirugía facial. La propuesta de Lourdes pone en la palestra el suicidio de su tío, se pone a discutirlo. La policía justifica el suicidio en pantalla, sin mucha pompa. Lo ven de lo más ordinario. Pero por ahí se puede entender como parte de una austeridad formal como policía, por decirlo amablemente. Igualmente, que todos hablen al gusto, habla de esa hegemonía de que cualquiera da una opinión de cualquier cosa. O que todos somos capaces de manifestar las ideas más extravagantes, si bien hay gente que le pone freno a la entrevistadora que exhibe querer expurgar la verdad a lo periodista de Shock Corridor (1963), aun a costa de esa gloriosa escena psicológica de lluvia en el pasadizo. Cree que pueden haberlo mandado a matar y presenta distintos posibles culpables, hasta uno de estos su última esposa. Muchos familiares dicen que el suicidio no parece algo propio de la personalidad de Oscar. Como el hombre estaba en otro estado y tenía una vida más hermética, por el final de su vida se especula hasta con su sexualidad y una enfermedad terminal. Todo en realidad apunta a una existencia común y corriente, pero que tenia sus curiosidades como no puede faltarle a alguien que fue aventurero y emprendedor. Fue un hombre de éxito además. Emprendió varios negocios, algunos donde no le pagaron cuantiosas sumas y se apunta a otras razones para interrogarse con su muerte, también porque uno puede meterse con la gente equivocada. A la historia no le falta el gángster mexicano. Oscar sabía de acupuntura -parece que como pasa a cierta edad la salud se hace demasiado presente- que Lourdes recrea consigo misma en un póster muy vendedor. No podemos dudar del poder de la publicidad. Estéticamente, el material que se muestra, sus elementos, parecen propios de un documental artesanal, aunque tampoco se nota para nada barato, sencillo sí, pero profesional, si bien Lourdes hace reflejar mediante un efecto de postproducción algunas entrevistas dentro de unos lentes de sol. El título también es muy sugerente, aun cuando como en el ensayo visionario de Haxan (1922) muchos ya no ven lo extraordinario o sobrenatural, como sus miles de maravillosas representaciones del demonio sarcástico y envenenador y sus brujas malvadas en lugar de superstición, una criminal inquisición e histeria, sino algo más material, el mal per se, dificultades comunes, pedestres, la lucha por el amor y la felicidad en general.
martes, 6 de enero de 2026
This Sporting Life
La
relación con la mujer da para mucho diálogo. La relación con Margaret Hammond
(Rachel Roberts). La mujer no quiere volver a comprometerse. Amaba mucho a su
esposo. Éste hombre estaba sumido en la depresión –no especificada- y terminó
suicidándose. Se da a entender que era un hombre débil, frágil. En cambio, el
protagonista es un tipo duro, rudo, realmente fuerte. Frank Machin (Richard
Harris). El opuesto al marido difunto. Dentro de su fuerza mental a prueba de
la realidad, que compagina perfectamente con el rugby o los deportes donde se
requiere mucha confianza en uno mismo para enfrentar violencia digamos, está
verse un poco primitivo, a ratos bruto, tosco, algo vulgar (que suma al
concepto), pero no obstante demuestra querer estar con Margaret, su especie de
casera, que yace desprotegida de la vida, con 2 hijos aun pequeños a cuestas.
La mujer lo rechaza formalmente. No obstante por su contexto accede a dormir con él en varias oportunidades. Ella menciona
que esto le da mala reputación. Pero la realidad es que el
protagonista busca una relación afectiva normal, convencional, y Margaret no
quiere. Frank no habla directamente de matrimonio, la mujer no se lo permite, es por eso que se ve muy libre y tiene aventuras
sexuales ocasionales. Pero nadie le mueve el piso como Margaret. Así mismo lo vemos desechando varias aventuras. Se interpreta que quiere que ella sea su mujer, si bien todos
la creen así de cierta manera, sin embargo Margaret no quiere olvidar a su marido difunto. Ahí están los zapatos como ejemplo bastante explícito. Margaret se halla(ba) en el abandono, lo que incluye algo de culpa para la empresa
que dirige el equipo de rugby del protagonista. La mujer es terca (aunque en un
opuesto autodestructivo a Frank, la oscuridad y la luz frente a la existencia),
similar al marido difunto. Margaret es proclive al suicidio, a un idealismo que
curiosamente colinda con dejarse derrotar por el mundo, si bien ella ha perdido
al amor de su vida. No quiere rehacer su vida. No quiere darse otra oportunidad. Incluso se siente culpable por la muerte del marido,
por no llenar sus expectativas, pero la melancolía puede ser muchas veces muy rara de
entender o de hallar culpables. Su muerte no es su culpa, a diferencia de
ponerle las cosas arduas a Frank. Ella incluso parece haber amado más al marido
muerto que a sus propios hijos, y eso continua hasta su presente. Margaret es
amable, los cuida, pero a ratos importantes los deja de lado. El protagonista
es un luchador neto, de los más bravos. No se doblega con facilidad. Quiere a
la mujer, a toda prueba, movilizando un canto de potente motivación existencial
que es parte de su personalidad. Frank es un cazador de triunfos, es de la
gente que crea éxito, y como bien dice, son pocos como él, aun cuando lo ven
como un simio. No obstante, se deja apreciar vanidoso, pero con Margaret puede
ser muy humilde, y también duro. Es un personaje complejo de definir. La mujer
es una meta, sentimental, real, está enamorado. La mayoría de gente, la
gente común y corriente, se deja apabullar por la existencia, aunque todos
finalmente crean su camino, cuando el mundo es difícil. El devenir de Frank no
trae a colación suerte, ni destino, porque el protagonista jamás deja de
avanzar hacia adelante en pos del éxito, en ir a enfrentar las cosas, como en
el rugby. Perder 6 dientes no lo amilanan, lo que representa literalmente mucho
dolor. Ni cosas mucho peores, como sufrimiento en el alma. Es un filme trágico,
triste, pero éste hombre hace gala de una simpleza que le retribuye, aunque por
una parte lo juzga negativamente. Llega a presionar demasiado, cuando Margaret es un ser muy frágil, si bien lo hace porque cree que le va a abrir los ojos, hacer superar su duelo y corresponderle afectivamente. Frank Machin no
es una mala persona, como para esperar que el mundo haga justicia, aunque la
sugerencia de la araña muestra que se siente culpable. Aunque es un retrato
sobre la clase obrera, estamos viendo el triunfo del hombre que sale de abajo
hacia la gloria (nunca deja de enfrentar el campo de batalla, ese escupitajo
señala carácter), que puede leerse de triunfo capitalista. Pocos pueden ser
como él, ahí hay una clase de cierta excepcionalidad frente a conquistar las
emociones, esas que tiran abajo a todo el mundo. Nadie es de piedra. Uno es
pequeño frente al mundo. Richard Harris está magistral, a sus 33 años, perfecto
en el papel, incluso físicamente como jugador de rugby. Y gestualmente. Todos
sus ademanes imprimen personalidad al filme. Ésta película le da el estatus de
leyenda cinematográfica (junto al director, Lindsay Anderson, y al guionista y
novelista, quien se adapta a sí mismo, David Storey), esa que Clint Eastwood le
roba un poquito, para los entendidos, con Los imperdonables (1992). La película
está contada bajo mezcla de tiempos, aunque no tan lejanos entre sí, los cuales
se descifran con facilidad, manejando maestría estructural, en ésta obra
maestra del free cinema, de principio a fin. Una obra de lo mejor del cine
británico. Está bellamente filmada, sobran las grandes escenas, tiene tremendo
realismo. En la trama se ve también que el éxito contiene el capricho y el engreimiento
de los poderosos. El deporte fuerte igualmente trasuda sensualidad. En pantalla
hay dos socios que compiten entre sí y la esposa de uno de ellos además maneja
decisiones. Oímos de la visión de cada uno, lo cual rige el futuro del
protagonista. Acaso no soy bueno dice, justificando su fichaje millonario,
cuando él mismo se vende caro, pero se deja ver que el éxito puede no ser del
todo justo muchas veces, pero la lección es que el protagonista conquista el
triunfo con la mentalidad del campeón, con la autogestión de la voluntad más
grande. No voy a hacerlo siempre (el rugby), quiero algo eterno, menciona, yo
soy capaz de amar de verdad, como parte de alguien que intelectualiza
situaciones, aun cuando lo creen un simio. Aspira al amor verdadero. Pero puede
que su elección haya sido la equivocada y ahí le juega –jugarreta del destino-
en contra su perseverancia. El deporte del rubgy para él es un medio de éxito
solamente. Hay muchas escenas melodramáticas a lo Un tranvía llamado deseo
(1951), una maravilla con la que hay similitudes, dentro de una película que
tiene personalidad y originalidad.





